La Liga del Madrid empezó como la Liga de Bellingham, en formato Cristiano, y los que tenían que saltar del banquillo. Lo hizo ya en San Mamés, en la primera jornada, donde marcó el inglés y se lesionó Militao. Una estrella que asomaba y un banquillo que no fallaba, la ecuación perfecta para un equipo, siempre que sea manejada con temple, como es el caso de Ancelotti. Los resultados avalan al italiano, el tipo que mejor convive con la crítica con
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ORFEO SUÁREZ
@OrfeoSuarez
Actualizado Martes,
3
octubre
2023
-
23:25Bellingham, en Nápoles.CARLO HERMANNAFPEl Real Madrid es el Real Bellingham en esta primera...
Con Lamine o sin Lamine, España llega virtualmente al Mundial con pasos de gigante, goleada tras goleada. Lo hacen otras ilustres, claro, pero ninguna con semejante solvencia y variedad de recursos. Sin la estrella azulgrana ni Nico Williams, pero tampoco Rodri, quien levantó el Balón de Oro que la Eurocopa merecía, pasó por Georgia como lo haría una centuria romana, con el orden y la espada, para desesperación del bárbaro Kvaratskhelia o el firme Mamardashvili, dos top en tierra extraña.
La autoridad en el juego y el gol, no sólo la que le confiere el primer lugar del ranking FIFA, no es la misma que España tiene frente a sus estrellas, como ha puesto de manifiesto el caso Lamine. Los jugadores son propiedad de los clubes y eso implica que la Federación deba manejar las convocatorias con sensibilidad, pero también con la exigencia de respeto.
Nadie piensa en un Mundial sin Lamine, ni el jugador ni De la Fuente ni Laporta, que sabe bien dónde y cuándo se revalorizan los activos, pero los resultados demuestran que esta España tampoco depende de Lamine. A todos les conviene, pues, respetarse, porque eso significa respetar a los que juegan, golean y callan.
El azulgrana es, como Nico Williams, un especialista de la banda, pero con un juego hacia adentro mortal. Si están, la dirección del juego es unívoca. Si no, España encuentra otros caminos, dada la versatilidad de los recursos de que dispone De la Fuente. En el centro del campo tiene futbolistas para dos selecciones. La crecida de Zubimendi, la consolidación de Alex Baena o la llegada de Barrios, todos con minutos y brillantez ante Georgia, en un día sin Rodri ni Pedri, son el ejemplo.
Oyarzábal, de nuevo con dos goles, es ya algo más que una alternativa a Morata. Borja, que dispuso de ocasiones, estuvo entre los cambios escogidos por De la Fuente cuando el partido ya estaba definido. Eran sustituciones en un once sin muchos de los titularísimos, y la realidad es que, pese a los intentos de una orgullosa Georgia, España mantuvo el tono en Tiblisi para sumar 30 partidos sin perder, un récord, 19-0 goles en esta fase de clasificación y dejar el pase al Mundial pendiente sólo del sello, un formalismo.
Los misiles de la muerte pudieron hasta con el cíclope blanco. Courtois hace milagros, pero no hay panes y peces para quien no los merece. La caída del Madrid fue algo más que una muerte a balón parado. Fue una ejecución en el paredón de todos sus males, con disparos de Declan Rice que tenían todo lo que, hoy, no tiene este Madrid deambulante: la contundencia y la precisión. Rice, en realidad, sólo apretó el gatillo.
La cruel derrota, consumada por Mikel Merino, un delantero de paso, compromete al equipo blanco, que necesita invocar a todos los espíritus de la remontada, no sólo a Juanito, y compromete a Ancelotti. Con el entrenador atascado, Vinicius perdido y Bellingham desesperado, la esperanza es la épica y quien todavía no sabe nada de esa épica. Mbappé llegó para ganar Champions. Primero debe ganar al destino. [Narración y estadísticas (3-0)]
La forma de caer ante el Arsenal es proporcional a dos cosas: la tendencia del Madrid en los últimos partidos y la proporción del rival. Leganés, Real Sociedad y Valencia, con distintos resultados, ya mostraron los problemas de un equipo frágil en defensa, desenfocado en el centro del campo y no siempre enfocado en ataque.
No es el equipo de Mikel Arteta lo mejor de la Premier, pero es un equipo que crece y crece si le dejas jugar. Si los goles no llegaron antes de que Declan Rice activara el cañón, fue gracias a Courtois, brutal en sus intervenciones ante el propio Rice y Martinelli, en el primer tiempo, o de nuevo Martinelli y Merino en el segundo. El Arsenal hizo lo suficiente para golear de cualquier manera.
parábola inverosímil
La pegada de Rice está fuera de catálogo. Ambos goles llegaron de falta, lejanas, y ambos con una potencia y colocación que redujeron a Courtois a su condición humana. Ni un reproche al portero, todo el mérito para el jugador inglés, que recordará este día toda su vida, sea cual sea el desenlace de la eliminatoria. Primero salvó la barrera con una parábola inverosímil; después, colocó en la escuadra.
Ancelotti sabía bien de la febrícula de su equipo y por eso les mandó abrigarse. El Madrid no tiene la temperatura corporal adecuada y el entrenador sacó la mantita al salir al Emirates para cubrir bien todo el centro del campo. En el Bernabéu habrá que quitársela y jugar a pecho descubierto. No quedan días para 'pechos fríos'
La manta era el 4-4-2, en el que Bellingham se situaba en la izquierda y Rodrygo, en la derecha, con claras instrucciones defensivas. Vinicius y Mbappé, pues, compartían el ataque. Las razones de Ancelotti no se debían únicamente a la peligrosidad del Arsenal por las bandas, con Saka y Martinelli, sino a las componendas que tiene que hacer en la defensa desde el principio de temporada. Valverde volvió al lateral derecho y en el izquierdo apareció Alaba, con una venda en un muslo, todavía bajo mínimos. El austriaco conoce el puesto, ya que jugó en esa posición en sus inicios en el Bayern, pero hace ya largo tiempo. Saka lo sometió a un tormento, pero también puede decirse lo mismo de Martinelli ante el uruguayo. El compromiso en las ayudas de Bellingham y Rodrygo no bastaba.
Bellingham, desesperado tras una ocasión perdida.EFE
El cambio de sistema, del 4-3-3 habitual al 4-4-2, cargaba el mensaje: precaución. El Arsenal de Arteta es un equipo de alto ritmo de juego y llegada por las bandas, pero también de compenetración en las jugadas a balón parado, diseñadas por uno de los ayudantes del técnico donostiarra. Cuando lanza un córner, acumula jugadores casi en la línea del portero, como niños que esperan, ansiosos, que se rompa la piñata. El overbooking hizo que Saliba rechazara un centro-chut que había superado a Courtois. Con esa producción ofensiva no tener en el área a Havertz o Gabriel Jesus es un hándicap. Arteta ha pedido a Merino que se convierta en camaleón. Se ha puesto el traje del nueve con goles, también frente al Madrid, el tercero, después de porfiar mucho frente a Courtois.
El Madrid respondió al acoso inicial con posesiones largas, aunque estériles, para bajar las revoluciones al partido. Cuando pudo, corrió, gracias a los robos o pérdidas que abrían un páramo por delante. Ni Vinicius ni Mbappé, sin embargo, encontraron la precisión para batir al español Raya, sin trabajo, pero con sensación de dominar el área en todas sus salidas.
Más desalentador resultó su nula reacción tras los goles del Arsenal, cuando ya no había que abrigarse más, sino destaparse. La excitación del equipo inglés y la mejor gestión de Arteta pudieron generar un resultado todavía más cruel, mientras Camavinga se autoexpulsaba y las soluciones del banco, como Brahim, no aportaban nada, porque el problema no era de nombres, sino de rumbo. Ahora sólo está a tiempo de la épica.