Alta tensión entre Kostyuk y Sabalenka en Brisbane: "Mi hermana duerme bajo tres mantas por el frío"

Alta tensión entre Kostyuk y Sabalenka en Brisbane: “Mi hermana duerme bajo tres mantas por el frío”

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La número uno del mundo, Aryna Sabalenka, superó a Marta Kostyuk en la final de Brisbane (6-4, 6-3), donde revalidó su título de 2025 para conquistar vigésimo segundo de su carrera. La bielorrusa sólo precisó 77 minutos en el Arena Pat Rafter, reforzando su papel de favorita para alzar el Open de Australia, que arranca el 18 de enero.

Tras sellar la victoria, Sabalenka miró hacia su rival y se besó ambos bíceps, probablemente en referencia a comentarios previos de la ucraniana sobre que poseía niveles de testosterona más altos que otras jugadoras.

Los focos se trasladaron a la entrega de premios, dado que Kostyuk, como ucraniana, tampoco ofreció su mano a una adversaria rusa o bielorrusa, en señal de protesta por la invasión de Ucrania en 2022. La derrotada habló apasionadamente sobre su tierra natal, pero evitó mencionar a Sabalenka por su nombre.

"un dolor en mi corazón"

"Quiero decir unas palabras sobre Ucrania", arrancó Kostyuk. "Juego todos los días con un dolor en mi corazón. Hay miles de personas que están sin luz y agua caliente en este momento, a -20ºC, así que es muy, muy doloroso vivir esta realidad cada día. Mi hermana duerme bajo tres mantas por el frío que hace en casa. Me conmovió muchísimo y me alegró mucho ver tantas banderas ucranianas esta semana".

Mientras tanto, Sabalenka felicitó a Kostyuk, afirmando que esperaba que se encontraran en otra final pronto. "Quiero felicitar a Marta y a su equipo por un increíble comienzo de temporada. Les deseo todo lo mejor. Espero que nos encontremos muchas más veces en las finales para demostrar un gran tenis", relató la campeona de cuatro majors, que además aprovechó el momento para pedir matrimonio a su pareja, Georgios Frangulis.

Kostyuk admitió que sus comentarios en una entrevista en 2025 fueron sacados de contexto, pero aumentaron las tensiones entre ambas desde que la ucraniana se negó a estrechar la mano de Sabalenka en Roland Garros 2023.

Lewandowski: "Siempre que ganamos un partido al Madrid es algo grande"

Lewandowski: “Siempre que ganamos un partido al Madrid es algo grande”

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En cuanto Munuera Montero señaló el final del partido, los jugadores del Barça no tardaron ni un segundo en dar rienda suelta a la euforia. Raphinha, nombrado MVP también en la final ante el Real Madrid, empezó a pasearse por el césped con una bandera de Brasil atada a la cintura, que sólo se quitó para ir a recoger la medalla y levantar el trofeo, y luciendo gafas de sol al límite de la medianoche en Yeda, mientras sus compañeros no dudaban a la hora de deshacerse en elogios hacia su persona.

"Rafa nos da muchísimo, siempre está picando al espacio y el trabajo que hace para nosotros es importantísimo. La gente no lo valoró lo suficiente el curso pasado, pero para nosotros es un crack", aseguró Pedri ante las cámaras de Movistar.

"Marca, pica goles, pero lo mas importante es que jugamos como un equipo", asegurò Robert Lewandowski, que marcó contra el eterno rival y recalcó la importancia de vencer al conjunto blanco. "Estamos muy contentos, tenemos un título más y siempre que ganamos partido al Madrid es algo grande", recalcó el polaco, quien no tuvo problemas a la hora de valorar el devenir del encuentro.

"un poco más de paciencia"

"El Madrid jugó con un bloque muy bajo, mientras nosotros intentamos siempre buscar el gol. A veces necesitamos un poco más de paciencia, ir de lado a lado, pero contra ellos siempre hay que dar el 100%. Lo más importante es que hemos ganado 3-2, tenemos otro título y estamos muy contentos", recalcó Lewandowski en los micrófonos de Movistar.

"Vini marcó un golazo, ellos son muy buenos en transiciones, luego llega el nuestro, parecía que iba a pitar, pero entonces vino el segundo del Madrid, así que en la segunda parte tuvimos que seguir buscando la portería contraria", analizó Pedri sobre lo sucedido justo antes del descanso.

El canario, además, desveló que Ronald Araujo, quien volvió a tener minutos de juego en Yeda, tuvo un papel trascendental minutos antes de que el balón empezara a correr sobre el césped. "Ronald nos aporta mucho, tanto dentro como fuera del campo. El discurso que dio antes de salir al campo nos ha ilusionado a todos", apuntó el centrocampista, quien asegura, además, que aún no ha tocado techo. "Siempre se podrá ver un mejor Pedri, soy joven, aún tengo mucho por mejorar y me centro en eso", sentenció.

Y Xabi Alonso... seguirá

Y Xabi Alonso… seguirá

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La peor noticia no es que el Madrid perdiera la final. El drama es que el club tendrá que seguir con Xabi Alonso. No hay excusa para echarlo. Y siempre se podrá decir que fue cuestión de mala suerte perder la final.

Pero uno cree que Alonso no es entrenador para el equipo de Florentino Pérez. Todos felicitan al vasco por su enjambre defensivo que equivocó a los futbolistas del Barça, que cayeron como moscas en él. Pero el gran Real Madrid no puede jugar como un equipo pobre, miedoso ante un rival que indiscutiblemente tiene peor plantilla. Pero juega con Flick como entrenador.

En el minuto 65 vi al Barcelona fiambre. Ni De Jong ni Pedri podían con las botas. Raphinha, cansado y Lamine Yamal, tan ineficaz como casi siempre, inútil para hacer un gol en su vida.

Ese minuto era decisivo, porque hasta Rodrygo y Vinicius pudieron poner al Madrid por delante en el marcador, pero erraron. En ese momento, sacas a Mbappé, ya que ha jugado al gato y al ratón dantescamente y le metes un susto al Barça y le das lo del cachetero en los toros.

El precario Xabi, que había planteado un partido como ya le hizo al Bayern, cuando era entrenador del Leverkusen, no sacó Mbappé y dio la suerte que una jugada de Raphinha de churro, media manga y mangotero, propició que el Barcelona, con la misma suerte de siempre, se pusiera por delante. Sí, digo la suerte, porque se ha cambiado de bando, el Madrid ya no la tiene. Ya es un poco cenizo.

Sacar a Mbappé a los 78 minutos. ¿Para qué? Sólo propició que al despótico De Jong le expulsaran. Desde hace 20 años, el árbitro pita algo en contra del Barça y los azulgrana se comen al juez. No le tienen miedo. Viven en la impunidad desde hace tantos años.

Curiosamente, tengo apuntadas más jugadas de gol para el Madrid que para el Barcelona. Las dos primeras en el primer tiempo de Vini y Gonzalo, aunque luego el brasileño hiciera una obra maestra.

En el segundo tiempo, de Rodrygo, pero le pegó muy flojo y mientras que al final, el Madrid se tiraba de los pelos y se oía el crujir de dientes, Carreras falló el gol del empate y, más tarde, Asencio, con la cabeza tenía también el 3-3. Un gol a las nubes y se acabó.

Hay misterios todavía por descubrir que acaba de suceder en el Madrid. Primero, el de Mbappé, con ese viaje fantasma o esa disponibilidad. Siempre se pone malo en los grades partidos.

El otro misterio fue el de Arda Güler, que estaba previsto que jugara de inicio y alguien dijo que jugara Gonzalo, no el turco. No hace falta tener mucha imaginación para saber de quién era el dedo del destino. Ya dije que el Madrid tiene una crisis más profunda de lo que se creen la Casa Blanca. Y Xabi Alonso no manda nada.

La resurrección de Vinicius y la personalidad de Alonso no bastan al Madrid: "Somos un equipo vivo"

La resurrección de Vinicius y la personalidad de Alonso no bastan al Madrid: “Somos un equipo vivo”

El clásico ha vuelto a arreglar una relación que se estropeó en el primero de la temporada, pero no le valió al Madrid para llevarse la Supercopa de Yeda. "Hay que pasar página, es un partido, una competición, de las que tenemos, la menos importante", destacó Xabi Alonso tras el duelo.

Aquel cambio de Vinicius en el Bernabéu, aquellas palabras de "yo me voy del equipo" y aquella petición de perdón del brasileño en la que omitió a su entrenador, parecen haber ocurrido hace décadas. Será por la falta de represalias del técnico tras el desaire, por sus abrazos en cada cambio posterior tras la conjura de Atenas o por la defensa acérrima a su jugador tras la polémica con el Cholo, pero ahora tolosarra y brasileño parecen uña y carne. Juntos no han podido contra el Barça de un gran Raphinha. "Vini ha hecho un gran partido, el daño que ha hecho por banda izquierda, el equipo ha trabajado mucho y ha dado la cara, pero no ha podido ser", contó Alonso.

El siete blanco solucionó con un eslalon impresionante lo que parecía un drama para su técnico después de que Raphinha abriera la lata del encuentro y consiguió romper su racha de 16 partidos sin marcar. El caño a Koundé fue monumental y la definición posterior dejando plantado a Cubarsí, lo mismo. Ese gol recuperó la fé en el plan de Xabi Alonso, un plan en el que el entrenador quiso hacer bueno aquello que le recomendó Pep Guardiola, el que fuera su técnico en el Bayern, que "meara con la suya".

Y es que el Real Madrid salió descaradamente a defender en esta Supercopa, una suerte que históricamente no ha sido precisamente su seña de identidad. Los blancos se plantaron con una defensa asimétrica de cinco jugadores con Fede Valverde a medio camino entre la última línea y el mediocampo merengue. Un sistema que el tolosarra ya probó en el Mundial de Clubes y que ha recuperado ante un Barcelona que partía como favorito tras aniquilar al Athletic en las semifinales. "Han jugado con el bloque muy bajo y necesitábamos más paciencia para llegar a gol", destacó Robert Lewandowski.

La salida de balón del Madrid se basaba en pelotazos de Courtois, la posesión estaba 78% a 22% para los blaugrana mediado el primer tiempo y, desde el minuto 22 al 29, el balón estuvo únicamente en los pies de los jugadores culés. Sólo un renacido Vinicius amenazaba a la espalda de la adelantada línea de Flick. El brasileño fue aquel jugador que aspiró al Balón de Oro que finalmente fue otorgado a Rodrigo. Encarador, vertical y una amenaza constante a la defensa rival. Al descanso se fue el brasileño con 4 disparos y un tanto además de otras ocasiones de peligro. En ese duelo de estrellas, Vinicius consiguió opacar a un Lamine Yamal que tuvo apariciones con peligro, especialmente en el primer tiempo, pero que no fue tan resolutivo.

Raphinha, en cambio, mostró su importancia en este Barça que adoleció de su pegada cuando estuvo ausente por lesión a principio de temporada. El brasileño no sólo marcó, por dos veces, sino que estuvo en todas las partes del campo para ayudar tanto en fase ofensiva como defensiva. Fue el MVP del encuentro de manera merecida.

Pedri estuvo algo más irregular, pero dio una maravillosa asistencia a Lewandowski para adelantar por segunda vez a los azulgrana en el marcador. Al primer envite serio de este curso, Flick ha optado por el polaco frente a Ferran. Cualquiera duda de un técnico que nunca ha perdido una final, ocho títulos sin fallo.

Cid Campeador

Mbappé apareció en los últimos 15 minutos para intentar la machada como el Cid Campeador. El segundo tanto de Raphinha y tercero del Barça obligó a Alonso a recurrir al francés para buscar el milagro. Prescindió en cambio de Vinicius para el final del encuentro, con saludo y sin desaire del delantero. No hay mayor demostración de recuperación de relaciones que esa sustitución en el duelo en el que el siete había sido de largo el mejor de su equipo. "Confiamos plenamente en él, es un gran jugador y tiene una gran calidad, ha sido una pesadilla para ellos", ensalzó Thibaut Courtois a su compañero. Finalmente no hubo milagro.

Se abre ahora el periodo de reflexión clásico en Chamartín tras una derrota ante el eterno rival y más con un título en juego. El técnico blanco buscó ganar de manera muy diferente a cómo lo hizo en el Bernabéu, bloque bajo y contragolpe. No tuvo tiempo de aprovechar la expulsión de De Jong en el minuto 90. Pero Courtois ensalzó especialmente la segunda parte de su equipo, del que dice que mereció ganar: "Somos un equipo vivo y podíamos haber ganado el partido".

Raphinha, por delante de Lamine y Vinicius: el mejor futbolista del Barça y Brasil no tiene relato

Raphinha, por delante de Lamine y Vinicius: el mejor futbolista del Barça y Brasil no tiene relato

El mejor jugador del Barça y de Brasil no tiene relato. Ni es un producto de la Masía, como Lamine Yamal, ni es un icono de la lucha contra el racismo, como Vinicius. El tremendo protagonismo de Raphinha en la Supercopa, con dos goles al Athletic y otros dos al Madrid, constatan lo que el terreno de juego ya decía la temporada pasada, aunque muchos no se dieran por aludidos. La FIFA no es la única.

A Raphinha le perseguía el haber sido un futbolista de la agencia de Deco, antes de ser nombrado director deportivo del Barcelona. Un asunto feo en unos inicios difíciles. Tiempo después se convirtió en el jugador clave en la primera temporada de Hansi Flick, situado a la izquierda del ataque. No es casual que su lesión este curso haya coincidido con los momentos de dudas del Barcelona, como la derrota en el clásico del Bernabéu. Su regreso ha sido como volver a poner el aceite y la sal en las tostadas tras un tiempo de dieta.

El día que Vinicius resucitó, con un gol colosal y un desequilibrio de altura, y que Lamine Yamal estuvo en una gran versión, Raphinha lo tuvo todo, autor del gol que abrió el marcador y del que lo cerró, aunque fuera con la ayuda involuntaria de Asencio, firme de principio a fin en el área blanca.

Los premios que habían olvidado al brasileño, MVP en la semifinal y final de la Supercopa, tienen la oportunidad de corregirse cuando la temporada está en su ecuador, pero con lo mejor por delante. El Mundial también aguarda a Raphinha, y Ancelotti, con los brazos abiertos. En el azulgrana no sólo tiene un goleador voraz, también un líder de vestuario, comprometido con el equipo, como bien sabe Flick. Esta Brasil lo necesita.

Raphinha permite al Barça volver a recuperar la iniciativa en los clásicos después caer en el Bernabéu, pero con menos holgura de la que anticipaba la final. La razón fue el planteamiento de Xabi Alonso, que decidió intervenir de verdad sobre su equipo para jugar desde la inferioridad. Con tres centrales y Rodrygo en la izquierda, consiguió equilibrar el duelo durante buena parte del choque.

El torneo en Yeda llegaba como una especie de reválida aplazada para el tolosarra, pero el desenlace deja disyuntivas que complican la toma de decisiones. Por una parte, un Madrid ultradefensivo contra el Atlético y adaptado a las circunstancias frente al Barça. Por otra, un Madrid vivo y competitivo. Nadie cree que el equipo blanco deba jugar como lo ha hecho en Yeda. El primero, su entrenador. La pregunta es cómo puede jugar este Madrid, porque media temporada después de la llegada de Xabi Alonso, todavía no lo sabemos.

Raphinha hace supercampeón al Barça en un clásico de oxígeno y piernas ante un Madrid peleón

Raphinha hace supercampeón al Barça en un clásico de oxígeno y piernas ante un Madrid peleón

El Barça, dominante con balón, contundente en el área de Courtois y afortunado en el gol decisivo, reinó en la calurosa batalla de Yeda ante un Madrid peleón, con más entrega y corazón que fútbol, y se llevó una nueva Supercopa de España en suelo saudí. El caos de la primera parte, con dos goles para cada equipo, dejó paso al frenético final después del tanto de Raphinha, con los blancos perdonando el empate ante 10 futbolistas tras la expulsión de De Jong. [Narración y estadísticas (3-2)]

Xabi Alonso se jugó su destino en el Madrid con una carta inesperada. El técnico vasco asumió las condiciones de su equipo, lastrado físicamente por las lesiones en defensa y la duda de Mbappé, y condicionó su once al Barcelona de una manera tan descarada como por momentos efectiva. Contuvo la constante posesión culé (80% en la primera parte) con un muro de tres centrales, con Tchouaméni entre Asencio y Huijsen, dos carrileros en Valverde y Carreras, un doble pivote clavado delante (Camavinga y Bellingham) y Gonzalo suelto entre líneas para tapar todo lo que pudiera. Sólo Vinicius respiró para los contraataques.

La carta del de Tolosa fue conservadora, pero surtió efecto el tiempo que duró la solidaridad defensiva de los suyos, lo que Bellingham aguantó detrás de Pedri y Gonzalo a la sombra de De Jong. Mientras eso duró, el clásico saudí tuvo más miedo en la portería de Joan García que en la de Courtois a pesar del dominio azulgrana del balón.

Pérdida letal

Vinicius, en su mejor partido de la temporada, lo fue todo en el ataque del Madrid. Su arranque fue el de los blancos, que perdonaron varias ocasiones antes de la media hora en las botas del brasileño y de Gonzalo, flojos en el remate ante el guardameta catalán.

Pero a partir de la media hora, el Madrid tembló y el Barça lo aprovechó. Una pérdida de Rodrygo en salida pilló a sus compañeros lejos de su marca y Fermín encontró a Raphinha, que había perdonado tras una pérdida de Valverde un minuto antes, al espacio, amagó el brasileño y definió cruzado ante Courtois para el 1-0.

El Madrid se tambaleó durante unos minutos y el belga tuvo que aparecer ante Fermín y Lamine para evitar el segundo mientras su equipo se mareaba. Con el físico al límite, no buscaba, esperaba demasiado, y el Barça, con el viento a favor, terminaba encontrando un espacio.

Vinicius conduce el balón ante Koundé y Pedri.

Vinicius conduce el balón ante Koundé y Pedri.AFP

Hasta que una contra madridista descubrió a Vinicius en la izquierda y el brasileño volvió a mayo de 2024. Encaró a Koundé hasta el área, le tiró un caño extraordinario cuando venía la ayuda de un compañero, evitó la llegada de Cubarsí y empató el duelo ante Joan. Era el minuto 47 de un final de primer tiempo que entró en caos.

En la jugada siguiente, Lewandowski aprovechó las dudas de Tchouaméni y Huijsen en el marcaje, recibió de Pedri, siempre atento, dentro del área y picó la pelota ante la salida de Courtois. Era un posible golpe anímico al que el Madrid respondió de inmediato en un córner, ya en el 50. Huijsen cabeceó al palo y Gonzalo aprovechó el rechace para mandar el clásico a vestuarios con empate.

El descanso construyó las ideas del Barça, consciente de su superioridad física en Arabia ante un Madrid limitado que creyó en el título todo lo que confió Vinicius. El brasileño dio sus últimos suspiros en el inicio del segundo tiempo, fabricando las opciones blancas y perdonando el tercero ante Joan García. Tampoco estuvo fino Rodrygo, definiendo flojo ante el portero tras otra buena jugada de Vini.

Dos ocasiones clarísimas

Con los minutos, el Madrid desfalleció. Valverde, lesionado, pidió el cambio, Courtois salvó una mano clara ante Lamine y la suerte se alió con el Barça cuando Asencio desvió un disparo de Raphinha mientras el belga ya se vencía hacia un lado. Era el minuto 72 la orilla parecía lejos para el Madrid de Alonso, que recurrió a Mbappé e incluso a Alaba, único central disponible para sustituir a un Huijsen que tampoco pudo seguir.

Mastantuono y Ceballos fueron soluciones de emergencia ante el evidente cansancio de Vinicius y Camavinga, y el Madrid murió como pudo. Compitió, que era lo que la zona noble pedía en estas condiciones al equipo, pero le faltaron piernas y fútbol para aprovechar la superioridad numérica tras la expulsión de De Jong por una entrada con los tacos a Mbappé. Aun así, Carreras y Asencio tuvieron dos ocasiones clarísimas dentro del área para provocar los penaltis decisivos, pero remataron flojo, casi sin fuerza, a las manos de Joan García.

El Barça volvió a conquistar Yeda y la entrega del Madrid en cuanto a las sensaciones y lo apretado del marcador otorgan a Alonso su continuidad en el banquillo del Bernabéu.

Pape Thiaw, ex del Alavés y recién llegado al banquillo: así es el seleccionador más joven de la Copa África que maneja la ‘dinamita’ de Senegal

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La Copa África 2025 no ha deparado ninguna sorpresa. Marruecos, Senegal, Nigeria y Egipto se jugarán el título como corresponde a su condición de favoritas. Sin embargo, alguna ha llegado en los banquillos. Por primera vez en la historia, las cuatro semifinalistas están dirigidas por entrenadores africanos y, entre ellos, el más joven del torneo: Pape Thiaw. El senegalés, a sus 44 años, busca llevar a la gloria a un equipo plagado de estrellas que lideran Mané y Koulibaly cuando acaba de cumplir un año al frente de los Leones de Teranga.

Thiaw se sentó en un banquillo nada más colgar las botas en 2018 tras recorrer campeonatos en Europa sin demasiado brillo. Delantero centro, llevó una vida nómada que arrancó con 17 años en Francia, en el St. Étienne, por el Lausane suizo y el Dinamo de Moscú para regresar al Metz, con quien logró el ascenso a la Ligue 1. Desde allí llegó a la Liga. En el verano de 2004, Dimitri Piterman lo fichó para impulsar el ascenso del Alavés. El aval eran ocho goles jugando tan sólo 14 partidos como titular la temporada anterior, y que formaba parte de la selección senegalesa -aunque fuera como suplente- que dio la sorpresa en el Mundial de Corea y Japón de 2002 ganando a Francia, empatando con Dinamarca y Uruguay y dejando a Suecia en el camino en los octavos de final. Su avance lo cortó en cuartos Turquía, pero la proeza estaba lograda. Solo lo habría logrado Camerún en el 90, y pasó casi una década hasta que Ghana lo logró en Rusia y Marruecos en Qatar.

Ese cartel no le sirvió para sobrevivir en España los cinco años que había firmado. En Vitoria apenas marcó cinco goles y, cuando llegó el descenso, fue cedido al Lorca Deportiva en Segunda. Su aventura, ya como agente libre, la terminó en 2009 en Murcia, esta vez en el Atlético Ciudad en Segunda B. El fútbol le llevó a Senegal y a las Islas Reunión, donde colgó las botas en 2014.

El impulso de la Copa Africana de Naciones

Cuatro después, llega al banquillo del Niarry Tally y, pese al descenso, en 2022 la Federación le da las riendas de la selección A, la formada solo por futbolistas que juegan en campeonatos africanos y que pueden disputar la Copa Africana de Naciones. Es en esa competición donde labrósu futuro. En 2023 se proclamó campeón al vencer a Argelia en penaltis.

Unos meses después, se convierte en asistente en la absoluta de Aliou Cissé, que había sido su capitán en el Mundial de Corea y que había guiado a Senegal a su primera Copa África en 2022. Eso no evitó que, en octubre de 2024, fuera destituido y Pape Thiaw elevado a seleccionador. «Es un modelo a seguir de resiliencia y perseverancia, demostrando a las nuevas generaciones que, con trabajo duro y determinación, todo puede llegar», alabó la federación.

Su primer reto, llevar a Senegal al Mundial de Estados Unidos, lo ha logrado. Se las verá con Francia, Noruega y Bolivia, Surinam o Irak. Antes, tiene que responder a la exigencia de conquistar el segundo trofeo continental. "Cuando me duermo cada noche, sueño con la Copa África", reconocína hace unos días. Para ello tiene dinamita.

Porque a los Mané, Koulibaly o el guardameta del Chelsea Edouard Mendy, ha sumado el empuje de una nueva generación con el centrocampista del Villarreal Pape Gueye, los atacantes del Everton y el Bayern Ndiaye y Nicolas Jackson y, sobre todo, la jovencísima perla de 17 años del PSG Ibrahim Mbaye. «Es una bendición que debemos proteger», confiesa un entrenador que sabe que tiene pólvora para ganar, primero a Egipto, el próximo miércoles y esperan a Marruecos o Nigeria en la final.

Sainz y Roma recortan distancias sobre Al-Attiyah

Sainz y Roma recortan distancias sobre Al-Attiyah

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Ford y Toyota dominaron la séptima etapa del Rally Dakar, en la que Mattias Ekström se alzó con la victoria por delante de João Ferreira y Mitch Guthrie. Nasser Al-Attiyah (Dacia) terminó en una discreta undécima posición, pero conserva el liderato de la general, por delante de Ekström (+4:47) y Nani Roma (+7:15), ambos con Ford.

La jornada con la que daba comienzo la segunda semana de rally, tras el día de descanso, partió de Riad camino de Wadi Ad Dawasir, con un recorrido de 877 kilómetros, 459 de ellos cronometrados, el tramo más largo hasta ahora.

El momento más dramático del domingo lo protagonizó Henk Lategan (Toyota) que se hundió en el último tramo cuando se había colocado provisionalmente al frente de la general. El sudafricano permaneció parado durante 10 minutos en el punto de control situado a 31 kilómetros para la meta.

"dificultades de navegación"

Carlos Sainz (Ford) y Sébastien Loeb (Dacia) terminaron noveno y sexto, respectivamente, en la etapa y quinto y sexto en la general. El madrileño arañó 1:23 al líder y se mantiene quinto a 10:26, con algo más de cinco minutos sobre el nueve veces campeón mundial de rallies.

Era una día señalado para Sainz, que pretendía recortar distancias frente Al-Attiyah, obligado por primera vez a abrir pista. También para Roma, que sólo pudo mejorar 48 segundos el tiempo del qatarí y que aún debió dar gracias porque los daños sufridos en su coche en el tramo final no le causaran mayores sobresaltos.

"Hemos hecho un buen trabajo, tanto yo como Seb", comentó Al Attiyah en la meta. El pentacampeón del Dakar describió la jornada como "complicada, con mucha arena, dificultades de navegación, tramos rocosos y también muchos árboles".

"Salir desde atrás cambia mucho"

Roma entró décimo en la meta y saltó al tercer puesto en la general, después de que los comisarios revocaran una penalización de 1:10 que le impusieron en la quinta etapa.

"Ha sido una especial muy llana y muy rápida. No esperábamos una especial así, no es el mejor perfil cuando sales detrás, pero lo hemos hecho lo mejor que hemos sabido. No tenía ritmo en las dunas y había mucho polvo en la segunda parte, así que era difícil marcar la diferencia. Salir desde atrás cambia mucho las cosas", relató Ekström en la meta.

El lunes se disputa la octava etapa, en bucle alrededor de Wadi Ad Dawasir, con 481 kilómetros de especial que la convierten en la más larga de la carrera.

Retiradas a tiempo

Retiradas a tiempo

Más allá de la Supercopa y del fútbol en general, otros deportes han reclamado estos días su humilde cuota de atención subalterna. El ciclismo entre ellos. Las veraniegas bicicletas no descansan en invierno. Hay pista y, sobre todo, ciclocross, que ha tenido un domingo lleno de Campeonatos nacionales. La UCI, por su lado, ha dictado nuevas normas para 2026 acerca de los desarrollos, los cascos, las llantas y las invitaciones para las mayores vueltas: sólo dos, reservadas las plazas para los 18 equipos World Tour y los tres mejores Pro Team.

Todo eso antes de que, en el estío australiano, se inicie la temporada en carretera, el día 20, con el Tour Down Under. Como aperitivo, Jay Vine se impuso en el Campeonato de Australia contrarreloj. El UAE ha madrugado. Un aviso. Un propósito. ¿Una premonición? Sorpresa en la carrera en línea con el triunfo de Patrick Eddy, del modesto Team Brennan, de categoría Continental.

Mientras en los entrenamientos ya piafaban, nerviosas, impacientes, las bicis, Simon Yates anunciaba súbitamente su retirada. Es un corredor de quilates que ha ganado el Giro y la Vuelta, etapas en las tres grandes rondas y acumulado una cuarentena de triunfos a lo largo de su trayectoria. Vencedor del Giro de 2025, ha dicho adiós a los 33 años. Sorprende el momento que escogió para despedirse. Los ciclistas descabalgan para siempre al final de temporada, después de haberlo anunciado con antelación. Así lo ha hecho, por ejemplo, Nairo Quintana, que dejará los pedales al concluir la campaña 2026. Así lo hicieron poniendo el plazo en 2025, Geraint Thomas, Jonathan Castroviejo, Omar Fraile, Rafal Majka, Arnaud Démare, Romain Bardet, Caleb Ewan...

Yates, en cambio, se ha bajado en marcha del sillín. A destiempo en la forma, pero a tiempo en el fondo. Aunque todavía en plenitud de facultades, lo más granado de su carrera había quedado atrás y era irrecuperable. Optó por dejar su mejor imagen en la retina del aficionado y la memoria del ciclismo. Personas como él prefieren inspirar un sentimiento de nostalgia consecutivo al de admiración, sin dejar lugar para otros intermedios como la decepción o el cansancio.

Es frecuente que el momento de abandonar la escena se prolongue en demasía en los deportistas. Aparte de querer apurar las postreras gotas económicas de la profesión, muchos se resisten a aceptar el declive y tienden a engañarse por miedo al vacío que se abre ante ellos al día siguiente de su jubilación. Pero el fin llega tarde o temprano, y en la duda de cuándo es el momento adecuado, siempre será mejor anticiparlo que posponerlo. Por otra parte, a los 33 años, y aunque pudiera demorarse, ninguna retirada puede considerarse precipitada o prematura.

Durante la guerra de Corea, en un repliegue de las tropas estadounidenses a resultas de la masiva intervención de China, un periodista preguntó a uno de los altos mandos acerca de la retirada. "No nos estamos retirando -respondió éste-, estamos avanzado en otra dirección".

Simon Yates está avanzado en otra dirección. Y si retirarse a tiempo es una victoria, él ha logrado simultáneamente su primer triunfo de 2026 y el último de su vida. "Congratulations".

El Valencia no da para más: se hunde en el descenso tras un empate ante un Elche gris

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"Carlos, vete ya". Lo cantó a coro un Mestalla asqueado que no puede más. La fidelidad tiene un límite y, como de una pasión no se puede dimitir, solo hay una opción: protestar, aunque sea como desahogo porque la Avenida de Suecia queda demasiado lejos de Singapur. El Elche, más gris que nunca, prendió la mecha del estadio con un gol de Diang en el minuto 75 que Pelelu, con un gol de penalti, no pudo apagar. No hay quien aguante tanta mediocridad. [Narración y estadísticas (1-1)]

Corberán llegó hace un año con una varita para salvar al equipo del descenso, pero la magia apenas duró seis meses. Hundido en la clasificación, solo en el palco lo ven capaz de obrar otro milagro. Eso o es que temen más llamar a los Lim para pedirles el cese de otro entrenador.

El Valencia atravesó un calvario ante el Elche. Y no porque le atosigara, sino porque es víctima de sus propios errores, algunos tan inverosímiles que parecen fruto de un mal de ojo. Todo el estadio, asqueado, cansado de empujar, acudió dispuesto a cobrarse facturas. Abroncó a sus jugadores antes de arrancar el partido, la grada de animación le dio la espalda en el primer minuto y no hubo piedad con algún futbolista. Sadiq, el flamante fichaje que esperó en el banquillo su momento, debió pensar que ha vuelto, y esta vez para quedarse, en otro Valencia desquiciado.

Una lesión y un susto

El Elche quiso desplegar su alabado fútbol, pero llegó agarrado al empate a cero al descanso de milagro. Aunque en la estadística la posesión fue suya, Dimitrievski, que se estrenaba en la portería vivió tranquilo. El Valencia encontró la forma de sacar partido a la propuesta casi suicida de Sarabia: cada robo era una ocasión para plantarse ante Dituro. Lo hizo Rioja, en sus duelos con Víctor Chust y abriéndose hueco en una defensa con una pradera a la espalda, pero el sevillano, sobreexcitado después de la suplencia en Vigo, no hizo más que equivocarse.

No había transcurrido un cuarto de hora cuando llegó la primera señal de que al Valencia no le libra nadie esta temporada de empujar una piedra por la ladera sin que, de vez en cuando, corra riesgo de aplastamiento. Eso fue la lesión muscular de Thierry, que hizo a la grada castigar a Foulquier cuando pisó el césped. La marcha del portugués no cambió un panorama en el que el Elche seguía sin arrancar, pero el Valencia, con mal colmillo, no conseguía asestar el bocado y, además, tuvo otro susto. Dimitrievski se fue al suelo con la mano en la rodilla derecha. Una lesión del macedonio, con Agirrezabala en el palco, era otro mal presagio. Por suerte, se recompuso para mantenerse en un duelo soso. Ni el Elche llenaba la vista.

El peligro llegaba a balón parado, desde las esquinas, con balones que Rioja o Pepelu teledirigían al punto de penalti sin encontrar rematador, con contras ganadas en la carrera y perdidas con remates de infantil. Todo en campo ilicitano, con Sarabia intentando que su equipo despertara del sopor, pero todo lo que hizo fue un buen centro de cabeza de Álvaro en el área pequeña que salvó sin despeinarse Copete.

Corberán, el sábado, en la zona técnica de Mestalla.

Corberán, el sábado, en la zona técnica de Mestalla.EFE

El Valencia necesitaba volver del descanso a por más. Un empate no sirve para salir del descenso ni para calmar los ánimos de una parroquia en colerizada ante tanta mediocridad. Por eso aplaudió a Sadiq en cuanto salió a calentar, como quien ve una luz esperanza ante tanta negrura. Lo que llegó fue el gol de del Elche para incendiar Mestalla. Un error de Tárrega en la salida de balón lo aprovechó Pedrosa para asistir a Diang. Pañuelos blancos en la grada y, sobre todo, un cántico contra un entrenador que no consigue que este Valencia no parezca aún más insignificante lo que es.

De un ridículo aún más letal le salvó Diang con una mano en el área que Pepelu, con coraje y personalidad, convirtió en el empate. Esos últimos 15 minutos fueron eléctricos. Ramazani cruzó un disparo ante Dituro, Foulquier se instaló cerca del área y cada pelota a Sadiq era jaleado. Pero los arreones no son suficientes cuando el lastre arrastra cada vez más al abismo.