La reacción era casi obligada. Y fue contundente, como un zarpazo. Silencioso a lomos del imperial Tavares. Estruendoso con la electricidad de Garuba. Dos tipos en las antípodas, dos pilares sobre los que cimentar, una pintura envidiable. El Real Madrid le dio la vuelta al clásico en 12 días. Sensaciones y números. Corazón y estadística. Capaz de hacer irreconocible al mismo Barça que le trastabilló con 105 puntos. Esta vez se quedó en menos de la mitad (61). Ver para creer. [80-61: Narración y estadísticas]
Garuba puso en pie al Palacio. En ese tramo de sentencia, desdibujó a un Barça ausente. Lo acuchilló en el suelo donde ya lo había tumbado antes Tavares. Fue quizá la noche más redonda de la era Scariolo, una mole su equipo de principio a fin. Y la más gris desde la reentré de Xavi Pascual. Como si ser consciente de que ganar dos veces seguidas en el Palacio fuera una tarea casi imposible, su equipo salió, al contrario que el 4 de enero, sin creer en sí mismo.
En la sucesión de clásicos de cada temporada -a veces ni con las dos manos se pueden contar-, la trascendencia varía según el momento y las urgencias. El Madrid había enhebrado nueve de carrerilla, casi un aplastamiento al eterno rival. Pero Pascual y su particular milagro cortaron la racha. Las miradas y las dudas tomaron el puente aéreo. Y se plantaron sobre Scariolo, más en estos tiempos donde se cortan cabezas en el club. Pero, reconocida la herida -aunque sin ninguna urgencia clasificatoria para los blancos ni en ACB ni en Europa-, la cuestión era saber si este proyecto del ex seleccionador no sólo acaba de despegar, también si esa exuberante plantilla posee el amor propio competitivo que distingue a los buenos de los campeones. El orgullo estaba dañado, el Palacio observaba con lupa y el Madrid apenas encajó dos puntos en los seis primeros minutos.
La diferencia en los blancos fue la solidez alargada en el tiempo. Primero dominó Tavares, algo que no es novedad. Pero después, cuando Shengelia, saliendo desde el banquillo, asestó dos triples seguidos y Willy desplegó su nueva dimensión, hubo respuesta contundente. Los triples de Deck (acabaría con cuatro de cuatro, a puñalada por cuarto), el ímpetu ya de Garuba (que ha enterrado a Len al olvido), la clase de Trey Lyles. Un más 10 que sólo alivió, momentáneamente, Laprovittola, que ya fue pesadilla en el duelo de ACB. Porque todo este rato Tavares descansaba en el banquillo. Cuando regresó fue como si Godzilla entrara en la pista. Otra vez. El mismo equipo que hace 12 días recibió 105 puntos, dejaba al mismo rival en 31. En la pregonada batalla por el rebote, el elemento Okeke (en el quinteto de Scariolo), fue diferencial.
Tavares, en la defensa sobre Satoransky.Kiko HuescaEFE
El paso por vestuarios trató de ser reinició para un Barça errático. Refrescó energías y Brizuela intentó dar otro aire. Un 2-9 de salida que cortó en seco Campazzo con un triple y Hezonja con seis puntos. Una respuesta que elevó la máxima (55-40), más pujanza todavía con la segunda unidad, los triples de Deck, la bravura de Garuba... Los azulgrana zozobraban.
Y naufragaron al poco, en una noche de esas en las que conviene pasar pronto página. Aplastado en el rebote, sin puntería desde el perímetro, sin héroe sobre el que sostenerse. El clásico completamente del revés. El Madrid, que es líder de la Liga Endesa, ya es tercero en la Euroliga. La tragedia nuclear, que bromearía Scariolo.
Desde que el pasado martes se presentó ante la prensa como nuevo entrenador del Real Madrid, Álvaro Arbeloa se ha convertido en el escudo del vestuario del conjunto blanco. A veces en exceso. La plantilla está en la diana por la crisis de resultados de las últimas semanas, con la derrota en Albacete como desastre final, y por los problemas que derivaron en el despido de Alonso. Muchos jugadores, como Vinicius o Bellingham, son los señalados por la grada en esa rebelión interna que provocó la salida del vasco, pero la estrategia de Arbeloa frente a los rumores ha sido clara: proteger, quizás demasiado, a la plantilla, asumir, quizás demasiado, las culpas de todo lo que suceda y pedir a la afición, apelando al espíritu deJuanito, que no pite a los futbolistas en el duelo liguero de esta tarde ante el Levante.
«Respeto la opinión del Bernabéu y la entiendo, pero les pido apoyo. Juanito dijo que '90 minuti en el Bernabéu son molto longo', no dijo '90 minuti en el Bernabéu contra los jugadores'», declaró el técnico ayer por la mañana en Valdebebas.
Arbeloa ha dado tres ruedas de prensa como entrenador del Madrid y en las tres ha repetido la misma reflexión, centrada en el elogio a sus estrellas y a Antonio Pintus y en la crítica a la preparación física como punto principal de la crisis de las últimas semanas. Su plantilla es, según él, «extraordinaria» y el vestuario necesita «disfrutar», con Vinicius como ejemplo de lo que debe ser «un líder del Madrid» por su participación en el Carlos Belmonte.
«Cuando quise valorar el esfuerzo de Vini en Albacete es porque sabía de dónde venía, de una semana muy dura. Eso es lo que necesito de él, eso es ser un líder», dijo, y recordó que «no estoy diciendo que los que se quedaran no querían venir, todo lo contario. Todos los que estaban disponibles, vinieron con nosotros. Decidí que no quería asumir riesgos y lo volvería a hacer», señaló, de nuevo protegiendo a jugadores como Bellingham, Mbappé o Tchouaméni, que no entraron en la lista para Albacete y que fueron criticados por el entorno por ello.
Esta serie de declaraciones han puesto a Arbeloa como el escudo de la plantilla, buscando el salmantino la reacción positiva de un grupo descompuesto por la turbulenta relación con el cuerpo técnico de Xabi Alonso. «Si alguien quiere que mis palabras sean una crítica hacia Xabi, no las van a encontrar. Lo que pasó en Albacete fue una falta de ideas y de físico... de muchas cosas de las que el responsable soy yo», repitió.
Pero la realidad es que muy poco se le puede atribuir a un entrenador que aterriza un martes de lo que pase un miércoles. «Hemos tocado fondo y los responsables somos nosotros», aseguró Carvajal, más lógico, en la zona mixta de Albacete. «Todo lo que pasa en el terreno de juego es responsabilidad mía», respondió ayer Arbeloa, cuestionado por las palabras del capitán. De nuevo, el escudo delante del vestuario. «No necesito nada, lo único que necesito son a unos jugadores tan fantásticos como los que tengo», finalizó. Pues eso.
«¡Vinga, ara a rematar!», le gritaba Samu López a Carlos Alcaraz en uno de sus partidos de las últimas ATP Finals de Turín en noviembre. El mensaje era lógico, habitual, esperable... pero no así el idioma. ¿Por qué le hablaba en catalán? Cosas suyas. «Es una broma interna que tenemos Samu y yo. Me hace reír y ahí es cuando mejor saco mi tenis», comentaba entonces el número uno, sin desvelar más.
En los meses anteriores, la pareja ya había demostrado complicidad en múltiples ocasiones, como cuando Alcaraz celebró sus victorias en el Trofeo Conde de Godó simulando que surfeaba, porque precisamente eso, «surfear sobre la pista», era lo que pedía López. Luego, el mes siguiente, concretamente el 17 de diciembre, la sintonía entre ambos fue parte primordial de un anuncio sorpresa: Alcaraz rompía con su entrenador de siempre, Juan Carlos Ferrero, y se quedaba con los consejos de Samu López, hasta entonces su técnico ayudante, siempre en un segundo plano.
Mucho se ha escrito y hablado sobre el divorcio, pero todas las fuentes consultadas coinciden en que se ha infravalorado el papel de López. Su presencia en prácticamente todos los torneos de la temporada pasada, su adaptación a Alcaraz e incluso su carácter fueron esenciales para que el entorno del tenista pudiera negociar a la baja el nuevo contrato de Ferrero. Si las conversaciones iban mal, como ocurrió, estaba López.
Dita AlangkaraAP
No había dudas de que sería el primer entrenador, y él tampoco dudó cuando recibió la oferta. De hecho, fuentes cercanas al jugador aseguran que no se llamó a ningún otro técnico, que no se contratará a nadie más «como mínimo esta temporada» y que, el día que se anunció la ruptura con Ferrero, se declinó amablemente el ofrecimiento de hasta seis entrenadores con un palmarés superior al de López. De la supuesta llamada a Andy Murray, publicada en algunos medios, nadie sabe nada.
Con un preparador de perfil bajo, un currante del tenis como López, Alcaraz sabe que pone el cuerpo ante las críticas si no gana el Open de Australia, que empieza mañana con su debut ante el local Adam Walton (11.00 horas, HBO Max y Eurosport), pero apenas le importa.
Una relación horizontal
«Para mí todo está prácticamente igual. Obviamente ha cambiado el entrenador principal y cada uno tiene sus pensamientos y su forma de trabajar, pero yo ya venía trabajando con Samu desde el año pasado. Que sea segundo o primero no quiere decir que haya cambiado su manera de entrenar, de aportar sus opiniones o de hacer las cosas. Nos conocemos muy bien, así que no ha cambiado nada en mi rutina de entrenamientos», contaba en la madrugada de ayer el número uno del mundo sobre su entrenador, que ha descubierto en su banquillo una presencia muy cercana.
Pese a que López es diez años mayor que Ferrero, la conexión entre entrenador y jugador ahora es más horizontal, más animosa, incluso más divertida. Ferrero era una figura paternal de las de antes, severo pese al éxito de su pupilo. En el pasado US Open criticaba el uso del teléfono móvil por parte de Alcaraz ante los periodistas españoles presentes en Nueva York, aunque éste, con Instagram o sin él, estaba a unas horas de ganar su sexto Grand Slam. López, en cambio, no entra en esos terrenos.
JOEL CARRETTEFE
Cuando se incorporó al grupo, Alcaraz ya era una figura mundial y sus tareas se limitan a lo que ocurre en la pista. Sobre sus hábitos, sus vacaciones o sus intereses, nada que opinar. En el estricto sentido técnico, por ejemplo, esta pretemporada ha vuelto a introducir una pequeña modificación en el saque del número uno.
Lo ha hecho en Murcia, en la Carlos Alcaraz Academy, de donde no saldrá el tenista en sus escasos días en casa. Se acabaron sus viajes a Villena para prepararse con Ferrero. De ahora en adelante será López quien se desplazará y, con él, el resto del equipo. Porque, pese a la ruptura, ni uno solo de los miembros habituales de su grupo ha abandonado a Alcaraz, y eso también es relevante.
El apoyo del equipo
Samu López, el fisioterapeuta Juanjo Moreno y el preparador físico Alberto Lladó proceden de la Ferrero Academy y viven en los alrededores de Villena, pero seguirán trabajando con el número uno. Les une un proyecto profesional y un contrato laboral, por supuesto, pero también un vínculo personal. «Otro tenista, con otro carácter, hubiera perdido a medio equipo o hasta se hubiera quedado solo. Dice mucho del trato que da Carlos», analizan en su entorno, donde siempre se valora su carácter. Su alegría le ha ayudado a seguir arropado y es una de sus armas para lo que viene.
Porque, tan relajado como habitúa, Alcaraz encara estas semanas un desafío histórico. Si vence en Melbourne por primera vez, será el jugador más joven en ganar los cuatro Grand Slam con notable diferencia. Lo conseguiría un año y medio antes que Rafa Nadal, por ejemplo, pero cinco antes que Roger Federer o seis antes que Novak Djokovic. Los últimos partidos no sirven para valorar su estado de forma -su último encuentro fue hace dos meses-, pero por delante apenas observa amenazas.
En tercera ronda asoma Sebastian Korda como relativo peligro; en cuarta, Tommy Paul o Alejandro Davidovich podrían exigirle; y rumbo a una nueva final contra Jannik Sinner, sólo se entiende como obstáculo a Alexander Zverev, verdugo el año pasado y posible adversario en semifinales. Hasta ahora, Alcaraz nunca ha llegado a esa fase -cayó en cuartos de final en 2024 y 2025-, pero esta temporada el objetivo va mucho más allá. Lo hará después de haber soltado la mano de Ferrero, pero igual de acompañado que antes.
La separación de Carlos Alcaraz y Juan Carlos Ferrero fue un shock para todos. Normalmente, en el tenis, los cambios llegan cuando hay una mala racha y Carlos venía del mejor año de su carrera. No me lo esperaba, como nadie se lo esperaba. Pero hay que dar tiempo para saber cómo influirá en su carrera.
De momento, lo veo feliz, lo veo animado, incluso lo veo aliviado. Empieza un Open de Australia con mucha presión, por el cambio de técnico y porque es el único Grand Slam que no ha ganado, pero se le nota relajado. Por primera vez en su carrera ha pasado por el despido de un miembro de su equipo, nada menos que el entrenador principal, y eso nunca es fácil. Pero tarde o temprano tenía que pasar.
Los jugadores que siempre han tenido el mismo entrenador son casos muy contados. Lo normal en los circuitos ATP y WTA es abrir y cerrar etapas. Es bastante habitual que el técnico que te ha dirigido de junior no siga contigo cuando estás luchando por ganar torneos grandes porque las necesidades son distintas. De joven te ayuda alguien que te organice también fuera de la pista, que te haga de padre y de psicológico, que te incluye disciplina y te enseñe hábitos. Después ya no hace falta esa figura o no debería. De ahí que haya tanto cambios de entrenador.
Y también es que estas relaciones nunca son faciles. Pagas alguien para que te diga lo que debes hacer. Es una situación extraña. En el tenis lo vives desde niño, te acostumbras desde las clases particulares que contratan tus padres, pero igualmente es raro. Genera rifirrafes y el equilibrio es muy delicado. Si pensamos en los grandes de la historia, incluso las relaciones de Rafa Nadal con su tío Toni o de Novak Djokovic con Marian Vadja tuvieron un final.
En mi opinión, Carlos acabará contratando un segundo entrenador. Lo necesita porque juega muchos torneos, viaja mucho, y sobre todo para tener un contrapunto. En un banquillo debe haber un técnico serio y un técnico relajado, al igual que debe haber uno técnico y otro experimentado. Sentir la ayuda de alguien que haya jugado finales de Grand Slam es muy importante y, aunque todo le vaya muy bien, en algún momento puede echarlo de menos.
Nasser Al Attiyah no ha dado opción a la sorpresa en la penúltima etapa del rally Dakar. El catarí, dos años después de su quinta victoria, y tras abandonar hace dos años y ser cuarto en 2025, prácticamente ha asegurado su sexto título aumentando su ventaja en 6:22 minutos sobre un Nani -Roma que, a la postre, consiguió salvar su segunda plaza en la tabla casi in extremis. Un percance más que inoportuno con una de las ruedas de su Ford propició que acabara muy justo la especial y, posteriormente, Laia Sanz lo remolcó para no verse penalizado por llegar al campamento más allá de la hora establecida. El sentido abrazo que le dio a la piloto de Ebro una vez logrado el objetivo fue mucho más elocuente que cualquier palabra.
El catarí, si se confirma su triunfo en el trámite de este sábado, se convertirá en el segundo piloto más laureado en coches en toda la historia del Dakar. Este sexto galardón le permitirá ponerse a solo dos triunfos de un Stéphane Peterhansel que tiene ocho en su haber, tres de ellos conquistados antes de que la prueba tuviera que abandonar en 2009 definitivamente su recorrido más clásico, y a los que se le suman también seis más en motos. Por lo menos, eso sí, tendrá la honrilla de superarlo a nivel de victorias en esta nueva etapa moderna.
Mejor en Arabia Saudí
Hasta ahora, ambos contaban cada uno con cinco triunfos y Carlos Sainz les pisaba los talones con cuatro. La primera victoria de Al Attiyah, de hecho, llegó a muchos kilómetros de distancia, cuando el Dakar se disputaba en los desiertos de Sudamérica, en 2011. Cuatro años después, consiguió hacerse con el segundo. Y en 2019, antes de que la prueba cambiara otra vez de continente para empezar a celebrarse en Arabia Saudí, sumó el tercero.
El cambio de escenario le sentó muy bien. Tras un 2020 en el que Carlos Sainz logró hacerse con su tercera victoria en el Dakar y un 2021 en el que Peterhansel completó su repóquer, el catarí igualó los cinco Touaregs del francés, alzándose con el triunfo en las ediciones de 2022 y 2023. El año de transición en Prodrive, en este caso, acabó con un final que Al Attiyah, a buen seguro, no se esperaba. Su coche acumuló un montón de problemas en forma de averías mecánicas y, al final, acabó por dejar tirado a la práctica a su equipo, haciendo que su compañero Sébastien Loeb acabara peleando en solitario con un equipo Audi mucho más conjuntado, en una lucha en la que Carlos Sainz acabó haciéndose con el triunfo final y el francés acabó tercero.
En 2025, mientras, en su primer año con Dacia, el catarí fue cuarto en la general, en una edición en la que la victoria acabó cayendo en manos del piloto local Yazeed Al Rajhi, al volante de un Toyota no oficial.
Este año, en cambio, las cosas han pintado mejor para un Al Attiyah que, pese a todo, no lo ha tenido precisamente fácil. Aunque se encaramó al liderato en la segunda etapa del raid, mantener ese puesto de privilegio no ha sido precisamente fácil. De hecho, tanto Nani Roma como Carlos Sainz fueron capaces de adelantarlo por muy poco en la novena, pero solo para ver cómo en la décima el catarí daba un primer golpe sobre la mesa que ha acabado teniendo una muy seria continuación en las siguientes. Hasta tal punto que, salvo sorpresa, nadie va a poder apartarlo de encaramarse de nuevo a lo más alto de un Dakar que, con sus seis triunfos en el zurrón, se ha colocado a tres de convertirse en el piloto de coches más laureado en la historia del Dakar. Un hito que, seguro, buscará en las próximas ediciones.
48 horas después del desastre de Albacete, Álvaro Arbeloa volvió a comparecer ante los medios para valorar el futuro a corto plazo del Real Madrid y pidió al Bernabéu apoyo a sus futbolistas citando a Juanito, ídolo de la grada. "Entiendo a la afición, pero Juanito dijo que '90 minuti en el Bernabéu son molto longo', no dijo '90 minuti contra los jugadores del Madrid'. Yo pido el apoyo", sentenció, a la vez que confirmó la presencia de Kylian Mbappé en la lista de convocados para el duelo ante el Levante.
"La convocatoria estuvo formada por jugadores que podían jugar. Los que se quedaron en Madrid era porque estaban lesionados o había riesgo de lesión. Agradecí el esfuerzo de Vini porque sé de dónde venía y el esfuerzo que había hecho en Arabia. Eso es ser un líder y eso es lo que necesito de Vinicius", declaró el entrenador, que mandó un mensaje a aquellos que han criticado a la cantera: "También he leído muchas críticas a los canteranos y me vais a tener siempre enfrente porque la cantera del Madrid es la mejor del mundo".
El técnico llegó a las 6:57 de la mañana a Valdebebas y realizó una rueda de prensa de mensajes directos a los críticos, como a aquellos que dicen que sus declaraciones sobre la preparación física son críticas indirectas a Xabi Alonso: "No soy ajeno a todo lo que se dice y si alguien quiere que mis palabras sean una crítica hacia Xabi no las van a encontrar, están equivocados. Lo que pasó en Albacete fue una falta de juego, de físico y de todo y el responsable soy yo".
Elogió a Bellingham y a Fede Valverde, del que dijo que "encarna el espíritu de Juanito", e hizo una larga reflexión sobre lo que habló con los jugadores después del duelo contra el Albacete. "Entiendo que se busquen culpables, pero trabajo para encontrar soluciones. Me siento muy responsable de lo que pasa en el campo y de esa derrota en Albacete no cambio ni una coma. Les conté una anécdota en el vestuario, que tardé muchos años en ganar una Copa de Europa. Yo era campeón del Mundo, de la Euro, había perdido una final de Champions... Y cuando por fin gané esa Copa de Europa, que era la Décima y que era muy importante, me subí al bus y tenía detrás a un compañero que llevaba un año y me dijo: 'vamos a por otra, ¿no?'. Le mira como diciendo '¿qué dices?'. Y le he dicho al vestuario: '¿Sabéis quién es? Vuestro capitán (Dani Carvajal)', que ya pensaba en otra. Esa es la mentalidad. El pasado no importa", argumentó.
Carlos Alcaraz seguía siendo Carlos Alcaraz. Look fresquísimo, con una camiseta de béisbol Nike ‘oversize’ y una gorra del estilo, sonrisa preparada y un discurso diáfano, muy sincero. Este viernes, el número uno ofreció su primera rueda de prensa desde noviembre y todo parecía igual. Pero su concentración al escuchar las preguntas demostraba que la ocasión exigía un esfuerzo extra. En Melbourne, un día antes de su debut en el Open de Australia ante el local Adam Walton (09.00 horas, Eurosport), Alcaraz habló por primera vez de su ruptura con su entrenador de siempre, Juan Carlos Ferrero, y se notaba la precaución en sus palabras.
"Era un capítulo de la vida que debía terminar", comentó ante los medios internacionales. "He aprendido muchísimo. Probablemente gracias a él soy el jugador que soy hoy. Estoy realmente agradecido por estos siete años", aseguró, aunque tampoco quiso ofrecer más detalles de los motivos de la separación.
"Cerramos este capítulo de mutuo acuerdo. Seguimos siendo amigos, tenemos una buena relación, pero simplemente decidimos hacerlo así", añadió Alcaraz en una versión de lo ocurrido que se aleja de la versión de Ferrero que desde el primer momento aseguró que le hubiera gustado seguir. Según el número uno, la decisión de cambiar de entrenador fue parte de un proceso que vivió junto a todo su equipo, de una deliberación conjunta: "Fue algo interno, algo nuestro. Es algo que decidimos como equipo. Al ser un grupo tan profesional y tan unido, no hay un simple movimiento que no pongamos todos encima de la mesa y se hable. Así que fue una decisión interna y al final se llevó a cabo de esa manera".
La relación con López
"Para mí está todo prácticamente igual. Obviamente ha cambiado el entrenador principal y cada uno tiene sus pensamientos y su método, pero yo ya venía trabajando con Samu [López] desde el año pasado. Que sea segundo o primero no quiere decir que haya cambiado su manera de entrenar, de aportar sus opiniones o de hacer las cosas. Nos conocemos muy bien, así que no ha cambiado nada en mi rutina de entrenamientos", aseveraba Alcaraz que cerraba así el trámite de tener que hablar de su cambio de técnico y abría su temporada con el objetivo claro de vencer en el Open de Australia y convertirse en el jugador más joven de la historia en ganar los cuatro Grand Slam.
De hecho, el propio jugador aseguró que el torneo en Melbourne es su "objetivo principal" de la temporada, una intención que nunca se había planteado a lo largo de su carrera. "He hecho la pretemporada centrado únicamente en el Abierto de Australia, para llegar en muy buena forma aquí física, mental y tenísticamente. En todos los aspectos", finalizaba Alcaraz que este viernes descansará -no entrenará en el Melbourne Park- antes de encarar un debut de Grand Slam ya sin Ferrero, su técnico de siempre, en su palco.
No quería sustos Hansi Flick y saltó al Sardinero con las rotaciones justas para un duelo que le enfrentaba al líder de Segunda, pero se agarró a quienes no le fallan: Ferran, Joan Garcia y a ellos se sumó Lamine Yamal. El Barça, crecido tras la victoria en la Supercopa, vio tropezar al Real Madrid y apretó los puños. Un rival menos en el camino siempre que cumplieran con su deber en Santander. Le costó sudarlo. El Tiburón apareció para, en un latigazo en el minuto 66 que fue su único disparo, encarrilar una clasificación, que sostuvo Joan Garcia para birlarle la prórroga al Racing en último suspiro y remató Lamine Yamal en el añadido. Objetivo cumplido, pero no fácil.
El Racing fue digno competidor. El primer aldabonazo que les ancló las botas al césped lo dio Arana presionando y robando a Gerard Martín una pelota y armando un disparo que acabó salvando Joan Garcia rozándolo para enviarlo por encima del larguero. El Racing tocaba zafarrancho con la doble intención de evitar que los azulgranas se acomodaran el partido y golpearles. Apenas pudieron sostener esa intención porque, aunque el Barça no era tan vertical como le gusta, encontraba espacios para intimidar.
Fue Koundé hasta línea de fondo para poner un centro raso a Dani Olmo, y a punto estuvo de cazar con el empeine una pelota cruzada de Rashford al área pequeña. No se asustó el Racing, que intentó estirarse hacia campo culé, cómodo conteniendo al rival, que a la media hora le puso de nuevo a prueba con un disparo de rosca de Marc Bernal, a quien Flick le dio la titularidad para que vaya cogiendo ritmo y los minutos que no tiene en Liga. Amagaban los azulgranas sin conseguir avanzarse en el marcador, en el que iban pasando los minutos con un empate que no les servía. Lo intentó deshacer al filo de descanso Rashford con un tiro que se envenenó al tocar en Castro pero que, sin verlo, atrapó Ezkieta.
El Barça tenía a Lamine Yamal y a Ferran a los que Flick les pidió que encontraran la forma de ser protagonistas en la segunda mitad. Lamine se lo tomó al pie de la letra. Primero con un disparo y después encontrando el desmarque de Rashford en la otra orilla del campo para que el inglés armara un golpeo que se perdió por el lateral de la portería. No marcaban, pero ya se habían instalado a vivir en campo racinguista.
Como les faltaba un empujón, llamaron a Fermín para sustituir a Marc Bernal. El panorama no cambió: el Barça dominaba sin mordiente y el Racing se defendía esperando a poder armar una transición eléctrica que cogiera desordenado a su enemigo. Se acordó entonces Lamine de las instrucciones de Flick, burló a media defensa en un palmo y buscó a Ferran con una pelota que solo tenía que embocar. El gol lo evitó, esta vez, Ezkeita, pero no un córner que Lamine se la jugó a olímpico y la estrelló en el larguero.
Ya no hubo más fogueo del Barça. Desde la orilla derecha a la altura del círculo central filtró Fermín una asistencia a Ferran que, ganando la carrera al defensa y burlando al portero, convirtió en la ventaja culé un minuto antes de que su entrenador lo enviara al banquillo. Porque Flick ya no especuló: al campo Raphinha, Pedri y Lewandowski.
El plan estuvo a punto de hacerlo estallar Lozano, cuando se escapó a la espalda de toda la defensa para batir a Joan Garcia... aunque en fuera de juego. Eso fue suficiente para volver a recordarle al Barça que quedaban casi 20 minutos de partido y el marcador era corto. Parte de la culpa era de Ezkieta que, como si fuera la manilla de un pinball, salvó el remate de Fermín y el rechazo que cazó Lewandowski. Para entonces, el Racing también tenía toda su artillería sobre el césped, aunque fueron víctimas de la mecanización del Barça en los fueras de juego -dos goles anulados- y de la magia de un portero extraordinario.
Con la llegada del agradable sol invernal, los golfistas surgen como caracoles poblando los campos madrileños. Es media mañana de un sábado de enero en uno de los impresionantes cuatro recorridos del Real Club de La Moraleja. Aquí llevan años viendo a Eugenio y Carolina López Chacarra. Desde niños despuntaban. Ahora, como los turrones, vuelven a casa sólo por Navidad, pero lo hacen como referentes del golf y con la curiosidad de que dos hermanos hayan llegado a la élite. Hermanos varones hay alguno, pero ellos, chico y chica, son únicos. Sólo el australiano Min Woo Lee, ganandor de un torneo PGA, y su hermana Minjee Lee, con 11 victorias en el LPGA (tres Majors), son un caso similar.
«Desde pequeños hemos entrenado juntos y eso ayuda, pero sin nuestros padres hubiera sido muy complicado llegar donde hemos llegado», afirma Eugenio, el mayor y más conocido. Jugó en el LIV Golf, fue el primer español en ganar. Triunfó en el Circuito Asiático y salió de la liga saudí desmotivado y sin rumbo hasta que el año pasado ganó en el DP World Tour jugando en la India con una invitación. Esta será por fin su primera temporada con un calendario completo y una hoja de ruta muy clara.
«Euge es la razón por la que yo juego. Cuando era pequeñita tampoco me llamaba la atención el golf, pero como él jugaba, empecé. Es mi referente en todo momento. Alguien que con trabajo ha cumplido sus sueños, y eso me anima a mí a seguir», dice Carolina, tres años menor que Eugenio, la nueva sensación del golf femenino español. Ha cumplido una gran carrera amateur, pero su explosión apenas llegó en su primer mes como profesional con una de las machadas del año: en dos semanas se sacó las tarjetas para jugar el exigente circuito americano y el europeo, una gesta al alcance de pocas.
«Uno podría ser casualidad, pero dos», afirma Ignacio López Chacarra, aunque el padre de las criaturas se quita mérito. «El sacrificio de los dos y su trabajo todos los días del año», define como la clave del éxito. La mirada de Eugenio desprende fuego. Sus ganas de comerse el mundo en cada campo contagian. Carolina parece más serena y pausada. «Somos muy parecidos en muchas cosas, pero muy diferentes en otras», afirman, aunque los dos coinciden en que golfísticamente tienen más semejanzas. «Los dos somos buenos en el juego largo y nuestros resultados dependen un poco más del putt; quizás siempre hemos entrenado más el juego largo», afirma Eugenio, que a finales de 2025 estuvo a punto de ganar en Sudáfrica: «Quedé tercero, finalizando en la estadística de putt alrededor del puesto 80».
Los hermanos, cuando eran pequeños.H. C.
Maribel Coto, la madre, es otro de los ejes de la familia. De hecho, no se separó de su hija en la escuela de clasificación en Estados Unidos ni en Marruecos, donde logró la tarjeta del Circuito Europeo. En América, arropada por su madre, la primera llamada que hizo Carolina fue a su hermano. «Si haces algo, hazlo lo mejor que puedas», es el consejo que siempre le ha dado a su hermana, aunque reconoce que tampoco faltan las discusiones. «No le digo las cosas que quiere oír, le digo las cosas que creo que son buenas para ella». Carolina interrumpe a su hermano: «Un hermano es para lo bueno y para lo malo; ya ha vivido todo lo que yo estoy viviendo, me ha ayudado mucho». Sus padres reconocen que no tenían que empujar a sus hijos para entrenar. Más bien era al revés, y sólo había una condición: había golf si las notas en el colegio acompañaban. «Mínimo notable», apostilla Ignacio.
Fruto del hambre por ganar, Eugenio ha entrenado todos los días en esta pretemporada: «Me daba igual, Nochebuena, Nochevieja, el día 1...». Su temporada empezará en solo unos días en Dubai y llega mejor que nunca: «Ha sido la mejor pretemporada de mi vida y me he rodeado del mejor equipo posible», dice. Pello Iguarán es su nuevo y experimentado caddie, el único español con un major en su palmarés, el Open que ganó junto a Francesco Molinari. Por su parte, Carolina se muestra más tranquila: «Tengo muchas ganas, pero por mi estatus de novata no puedo entrar en los primeros torneos. Probablemente tenga que esperar a China en marzo para debutar en el LPGA. Siempre tienes la ilusión de ganar en tu primer año, sería un sueño, pero tengo que seguir mejorando y aprendiendo», se muestra serena.
Eugenio lo tiene clarísimo: «Mi objetivo principal es jugar y ganar en el PGA Tour». Tras su paso por el LIV Golf ya ha cumplido la sanción correspondiente y no descarta poder competir este año en América a través de alguna invitación o una clasificación previa. Eugenio ronda ahora mismo el puesto 120 del mundo y no está lejos del Top-100, que le daría acceso a uno de los majors, el PGA Championship, donde ya compitió el año pasado.
Las últimas noticias de la renuncia de Brooks Koepka, la primera gran deserción del LIV Golf, no le pillan por sorpresa. «La verdad es que no me ha sorprendido, yo viví algo parecido. Tomé esa decisión y el tiempo me ha dado la razón: estoy más motivado, mucho mejor de juego, físicamente, y supongo que a su nivel Koepka habrá pasado por un proceso parecido al mío», apunta.
Durante el mes de julio, Eugenio viralizaba sus redes con una publicación de una jornada de golf y comida con el mismísimo presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Su amistad con el presidente y su familia viene de su etapa en el LIV Golf. «Tengo la suerte de ser muy amigo de la familia Trump; todo empezó en el LIV Golf cuando jugué con Erik, su hijo. Hicimos un buen partido, nos caímos bien y seguimos en contacto, y luego tuve la suerte de que me hicieron embajador de Trump, llevo su logo en la bolsa. Le veo como una persona a la que puedo pedir ayuda y consejo, hablo con él bastante, y con Erik, y son personas que siempre me han ayudado. Dejando atrás la política, que en eso no me meto, son personas magníficas y estoy encantado de poder tenerles ahí apoyando. Ahora que hace mucho frío en Oklahoma, voy a sus campos en Florida». Juego partidos con todos, tengo relación con toda la familia, siempre me han tratado como uno más".
Desde el primer día que jugaron, a Eugenio le sorprendió el nivel competitivo del presidente: "Es muy bueno para tener casi 80 años, le gusta ganar y siempre es muy divertido jugar con él, siempre hay apuestas y risas. Para mí es muy sorprendente, con la edad que tiene, lo largo y bien que le pega. Normalmente jugamos en sus campos, que conoce bien, falla poco y es muy competitivo; es divertido jugar con él".
Una de las cosas que no deja de sorprender a Eugenio en sus encuentros con Trump es la seguridad que rodea al hombre más poderoso del mundo. "Yo he jugado con él cuando no era presidente y cuando lo ha sido. Antes tenía seguridad, pero ahora es una locura: igual hay 300 personas entre seguridad y servicio secreto, hay agentes escondidos en los árboles, francotiradores, cortan siempre tres hoyos por delante y tres hoyos por detrás, es como estar en un videojuego. Es una de las personas más poderosas del mundo, pero cuando estoy con él se te olvida y le veo como un amigo. No eres consciente de estar jugando con una persona que cambia el mundo de un día para otro".
"Hemos hecho una plantilla de grandes jugadores de la que soy el único responsable. Les he maleducado y se han confundido. He actuado como un padre por darle lo mejor a los niños y eso hace que se confundan. Soy el único culpable". En poco más de un mes se cumplen 20 años de la dimisión de Florentino Pérez, un momento clave en la historia moderna del Real Madrid. Después de caer contra el Arsenal en la ida de los octavos de Champions y ante el Mallorca en Son Moix, el presidente del conjunto blanco decidió poner fin a la primera era Galáctica del Bernabéu. Lo hizo con una Copa de Europa, la de 2002, como techo de una galaxia convertida en el club con mayores ingresos del mundo. Pérez terminó echándose a un lado "para que los jugadores vean que lo único importante es el Madrid". Esas reflexiones del presidente sobre el vestuario tienen su eco ahora, en la realidad actual del club tras los últimos meses y el desastre de Albacete.
Dos décadas después, la nueva galaxia del Madrid (basta cambiar a Beckham, Zidane, Ronaldo o Robinho por Vinicius, Bellingham o Mbappé) afronta algunos de los problemas que tuvo la primera. Pérez regresó en 2009 con los errores aprendidos e inició una segunda etapa extraordinaria e irrepetible, con seis Champions y decenas de títulos que le han puesto por encima de Bernabéu en la historia de la institución, situado de nuevo el club como la organización futbolística con mayores beneficios, remodelado el estadio y ganando Balones de Oro más allá de Cristiano Ronaldo. Pero el paso de esa segunda galaxia (Cristiano era su rostro visible) a la tercera acumula 18 meses con más defectos que virtudes. Sin Modric, Kroos, Benzema, Marcelo o Casemiro, jugadores que fueron parte de la etapa dorada y sirvieron de puente entre galaxias (y que, por cierto, no responden al estereotipo de galácticos fuera del campo), el vestuario parece descompuesto.
La eliminación ante el Albacete, 17º clasificado en Segunda División, en los octavos de la Copa del Rey es un ejemplo más de esa situación. Una derrota que ha puesto en el punto de mira, más que nunca, a los futbolistas. No a Xabi Alonso, tampoco al recién llegado Álvaro Arbeloa, que intentó asumir la culpa del fracaso en la Mancha a pesar de llevar 24 horas en el cargo y quiso proteger a la plantilla, quizá no con las frases adecuadas. "Hay que agradecer a Vini que haya querido estar aquí", dijo exhibiendo, por un lado, pleitesía ante lo que debería ser normal y, por otro, abriendo la opción de pensar en cuál fue la postura de otros jugadores ante el partido de Albacete. No viajaron, sin aparente problema físico (el jueves entrenaron con normalidad) Bellingham, Mbappé, Tchouaméni y Carreras. Unos futbolistas que, más allá de la táctica de quien les dirige, llevan mucho tiempo lejos de su mayor nivel técnico, físico y mental.
El enfado de Vinicius, "un antes y un después"
Según fuentes cercanas a la plantilla del Madrid, el enfado de Vinicius en el clásico fue "un antes y un después" en Valdebebas. La protección de la dirección del club al brasileño, que no mencionó a Alonso en su comunicado de disculpas, provocó una catarata de actitudes en el día a día que agrietaron la relación con el entrenador y dieron mucho mando en plaza a los futbolistas. "Ahí supieron que tenían mucho poder", admiten en el entorno de uno de los pesos pesados de la plantilla. "En los años anteriores no había esa sensación", insisten, a pesar de que en el mes de diciembre, en plena crisis de resultados después de las derrotas contra el Celta y el City, el club les advirtió que serían los próximos señalados si no mejoraban su actitud.
El presidente, durante la última asamblea de socios.GETTY
Para la zona noble del Madrid, los jugadores siempre han sido más importantes que los entrenadores. Es un hecho y la forma en la que se han construido los éxitos dentro y fuera del campo de la era reciente del club. Un éxito rotundo a nivel futbolístico y económico. Las estrellas marcan goles, venden camisetas, consiguen patrocinios y llenan el estadio. Son activos económicos que generan trofeos y riqueza. Mientras, los técnicos son temporales. Van y vienen, con más o menos tiempo en el cargo, pero son prescindibles. Aún así, el Madrid de los últimos años solo ha ganado en Europa con dos: Ancelotti y Zidane.
Entrenadores que han tenido una buena relación con las estrellas, que dejaban hacer pero que también eran duros cuando había que serlo... Y lo eran porque el club también lo era. Los casos de Cristiano o Ramos, a los que Florentino abrió la puerta cuando tantearon con su futuro en el Madrid, muestran la dureza del presidente en determinados momentos.
"Hemos tocado fondo"
Ahora, la salida de Alonso parece algo diferente. El vasco llegó como una apuesta a medio-largo plazo para liderar la transición entre galaxias después de triunfar en Alemania con el Leverkusen. Era una leyenda del club, un caso distinto al de Benítez o Lopetegui, pero ha durado seis meses. Parte del vestuario se rebeló frente a las altas esferas del Bernabéu por sus métodos y Florentino decidió elegir a Arbeloa, que ha admitido a Pintus a su lado y en Albacete rechazó criticar a sus nuevos jugadores: "No puedo reprocharnada. Han querido ganar".
El Madrid ha pasado del vestuario "más sano al que he entrenado", como admitía Ancelotti en 2024, a uno que parece corrompido por el prematuro éxito. "Hemos tocado fondo estrepitosamente. Tenemos que hacer autocrítica a nivel individual y colectivo", reconoció Carvajal en Albacete. El capitán es el único superviviente de la segunda galaxia dentro de una plantilla joven que ha ganado una o dos Champions al abrigo de futbolistas que son leyenda de la institución. "Estamos a tiempo de reaccionar, quedan dos títulos", admiten en el club. La sombra de la primera galaxia es alargada.