Feliciano López: "Garbiñe es lo mejor que nos podía pasar"

Feliciano López: “Garbiñe es lo mejor que nos podía pasar”

En la sala de reuniones de ELMUNDO, donde cada día se interpretan y jerarquizan las noticias, conversan en la sobremesa del viernes el director y la codirectora del Mutua Madrid Open, que abre este lunes su vigesimocuarta edición. Él, Feliciano López (Toledo, 1981), cumple su octavo año como máximo responsable de la competición. Ella, Garbiñe Muguruza (Caracas, 1993), se estrena en un cargo de nuevo cuño. En el camino hacia la redacción del periódico les llega la noticia de la baja de Carlos Alcaraz, que ya se retiró por lesión del Conde del Godó tras ganar su primer partido. Será el segundo año consecutivo sin el mayor reclamo de un torneo que, no obstante, se encuentra plenamente consolidado.

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Garbiñe Muguruza. Es una pena que Carlos no pueda acompañarnos en esta ocasión, más aún con la ilusión que nos hacía contar con él tras la ausencia del año pasado. No obstante, como hemos visto en Barcelona, su retirada responde a la necesidad de priorizar su recuperación. Le trasladamos todo nuestro apoyo. Aun así, el torneo sigue adelante y contará con un espectáculo deportivo de primer nivel.

Feliciano López. Los torneos como Madrid somos privilegiados, porque los jugadores tienen la obligación de disputar los Masters 1000. El problema es que hay cosas que nosotros no podemos controlar, como una lesión. Estas cosas pasan y van a seguir pasando.

Pregunta. ¿Hay un cierto vértigo a pocos días del inicio?

F.L. Las dos semanas previas al comienzo son bastante intensas. Hay muchas cosas que hacer. El montaje se empieza un mes antes. Luego, patrocinadores, firmas...

P. ¿Cómo ha sido su aterrizaje, Garbiñe?

G.M. Muy bueno. Es un torneo muy familiar. Conozco al staff de los años que he jugado. Me han recibido muy bien. Es fácil trabajar con Feliciano, nos conocemos desde hace muchos años. Me han dado una buena bienvenida.

P. Siempre hubo sintonía entre ustedes. Coincidieron incluso en alguna pretemporada.

F.L. Sí, cuando entrenabas con Conchi [Conchita Martínez] coincidimos un año en Marbella. Yo tengo 44 años. Aunque no seamos de la misma generación, hemos coincidido durante bastante tiempo en el circuito. Siempre hemos tenido afinidad y cuando surgió la opción de poder contar contigo, no sólo por mi parte sino por la de todo el equipo, tuvimos claro que era lo mejor, que era un lujo: una española, doble campeona del Grand Slam, en un torneo que siempre le ha encantado. Reúnes todos los requisitos. Garbiñe ha sido lo mejor que nos podía pasar.

P. Y también con la experiencia como directora de las WTA Finals...

G.M. Sí, en un torneo muy prestigioso pero de otras características, más pequeñito. Este es mucho más grande, mixto. Ya sabes, Feli, que te pido consejo constantemente, dado que llevas muchos años en el cargo.

P. A pesar de haber tenido algunas finales recientes fantásticas, como las dos protagonizadas por Aryna Sab alenka e Iga Swiatek, tal vez aún le falte impulso al torneo femenino.

G.M. Es posible. Hay buenas jugadoras españolas, como Paula Badosa, que se está recuperando, o Cristina Bucsa, pero esperemos que con el tiempo podamos situar a alguna top ten que alcance las últimas rondas y amplíe el interés de los aficionados.

P. ¿Qué es lo más difícil para los dos de ponerse a trabajar fuera de la pista?

F.L. Cuando estás en activo, supongo que estarás de acuerdo, Garbiñe, sólo piensas en jugar y en entrenar, estás en tu partido, en tu mundo, y no tienes ni idea de lo que hay detrás. Cuando pasas al otro lado, te das cuenta de muchas cosas. A veces los tenistas nos volvemos un poco egoístas sin querer. Ahora nos toca gestionar las expectativas de los jugadores, las peticiones. Ni tú ni yo, Garbiñe, hemos sido muy exigentes en ese sentido. El tenis va cambiando. Antes viajabas solo con tu entrenador y ahora un jugador te viene con seis personas. Todo eso repercute en el torneo. En 15 años ha cambiado todo muchísimo.

P. Tiene algo magnético el tenis. Ambos desarrollan también una labor como comentaristas.

G.M. Es un mundo bonito, aprender a observar y a trabajar en el tenis behind the scene.

F.L. Es el camino natural poder trabajar en la industria que conoces. Hay gente que tira por el coahing. Mi relación era muy buena con Gerard [Tsobanian, presidente y consejero delegado del torneo] y con Ion Tiriac [ex propietario del torneo] cuando aún jugaba. Fue un paso difícil, pero pensé que era el momento de subirme a ese tren porque me iba a ayudar a hacer la transición después del tenis.

P. Hablaba, Feliciano, de coaching. ¿Se ven a medio plazo entrenando?

G.M. A nivel individual, como entrenadora full time no, porque al final lo único que te falta es salir a jugar. La vida es tan absorbente como la que llevábamos antes. Quizás en un futuro, en la Billie Jean King o algo parecido, sí podría verme

F.L. Ha habido algún jugador que me ha tanteado en este tiempo...

P. ¿Quién? ¿Se puede saber?

F.L. No, no [risas]. Algún extranjero, pero ahora mismo mi vida familiar, entre este torneo, lo que hago en la tele, la Copa Davis... no me permite viajar ni involucrarme con un jugador ni siquiera part time. Me encanta la enseñanza, como con la academia que hemos abierto ahora en Madrid, pero me falta tiempo.

Feliciano López y Garbiñe Muguruza, codirectores del torneo de Madrid.

Feliciano López y Garbiñe Muguruza, codirectores del torneo de Madrid.MUNDO

P. ¿Qué se busca con la figura de una codirectora?

F.L. Es importante contar con gente que no sólo conozca bien el tenis sino que tenga cierta cercanía con las jugadoras, como es tu caso, Garbiñe, que te has retirado hace poco. Y ya vienes con experiencia en este tipo de tareas. No buscábamos lanzar un mensaje de igualdad, aunque sea el único torneo codirigido por una mujer y un hombre. Queríamos dar un paso más y ofrecer a los jugadores la mejor experiencia posible. He tenido la suerte durante estos años de haber sido jugador y como director es más fácil empatizar. Se trataba contigo, Garbiñe, de replicar esa figura en el circuito femenino, con alguien que cumple todos los requisitos. Los torneos por un lado y los jugadores por otros, a veces con intereses distintos. Una figura como ella o como yo es positiva y facilita el entendimiento.

P. ¿Qué recuerdos tienen del torneo en su etapa en activo?

F.L. Yo era un crío cuando Manolo Santana [primer director del torneo] me invitó a jugarlo por primera vez y es el torneo que me hizo darme cuenta de que podía competir con los mejores. Fue en 2002, en el Madrid Arena, y llevaba poco tiempo en el circuito. Perdí contra Andre Agassi, que fue el campeón. Aquel partido ante Agassi fue un punto de inflexión en mi carrera, entonces me di cuenta de que podía competir contra los mejores. Estaba la pista llena, nunca había vivido un ambiente así.

G.M. ¡Ay! Este torneo siempre se me resistió. Nunca pude llegar a la final ni a las semifinales. Sufría mucho. Creo que también era la autoexigencia que me ponía por jugar en casa. Con Carla Suárez disputé dos finales de dobles en un estadio donde no había nadie que no nos apoyara. Pensaba: 'tenemos aquí a 8.000 personas que están todas con nosotras'.

F.L. La manera de involucrarse del público de Madrid es especial. Aquella final de Rafa [Nadal] con Ljubicic [2005, victoria del español tras remontar dos sets], fue asombroso cómo le empujó la gente. La semifinal con Novak [Djokovic] en la Caja Mágica [2009, victoria de Nadal en el partido elegido como el mejor de la historia del torneo]. Diría que el público de aquí es más parecido al del sur de España, por mi experiencia allí en eliminatorias de Copa Davis.

G.M. En general el público español entiende de tenis. Sabe leer el momentum del partido, está familiarizado con el juego.

P. ¿Qué es lo más difícil de gestionar, Feliciano?

F.L. Sobre todo, algo que supongo que a ti también te pasará, Garbiñe, cuando existe el riesgo de que colisione la amistad con un jugador con un tenista con el rol de director del torneo. Tienes que saber poner un poco de freno: 'yo soy tu amigo, te aprecio, hemos compartido muchas cosas, pero ahora me tienes que ver con una persona con otra responsabilidad'. El tema de los wild cards es complejo, porque hay mucha gente que los merece. Desgraciadamente, no somos los dueños del torneo. Tú y yo, Garbiñe, somos españoles y nos gustaría que nuestro tenis siempre fuera el más beneficiado, como lo fue durante toda la época de Ion Tiriac. Ahora los dueños son otros y tienen unas obligaciones contractuales con clientes a los que representan. No obstante, tendremos tres españoles invitados en el cuadro masculino y otras tres españolas en el femenino.

P. ¿Qué echan de menos en el tenis en relación con la época en la que comenzaron a competir?

G.M.El circuito ha mejorado mucho en relación a como era antes, en todos los sentidos

F.L. Es mil veces mejor. Hace 20 años ibas a jugar un 250 en determinados sitios y decías: 'a este torneo le falta mucho'. Ahora eso no pasa. Antes había menos dinero y estaba todo menos profesionalizado.

P. Y en el terreno, digamos, sentimental.

F.L. Antes te relaccionaba más. No había plataformas ni redes sociales. Quedábamos los españoles en el lobby del hotel a las nueve de la noche y nos íbamos a cenar juntos. Eso ya no pasa. Son otros tiempos, se vive de otra manera y hay que aceptarlo así. Los jugadores tienen unas cosas que antes nosotros no teníamos, y su forma de ser, de pensar y de vivir es diferente.

P. Supongo que cuando empiece la competición será algo distinto, pero, ¿cómo es, Garbiñe, una jornada cotidiana en su nuevo desempeño?

R. Por la mañana nos reunimos con las novedades y hacemos un guion de cómo afrontar el día. Luego, durante el día se trata de comprobar que todo el estadio está tomando forma, y de que se hagan bien las cosas nuevas que se implementan. Ahora, a esperar que vayan llegando poco a poco más jugadores y cumplir también labores de protocolo, como darles la bienvenida.

P. ¿Ven en el horizonte algún jugador que pueda incorporarse al mano a mano que ahora mantienen Alcaraz y Sinner?

F.L. No. Creo que la distancia se está ampliando cada vez más entre ellos dos y el resto, como demuestran los torneos más recientes. Tenísticamente son buenísimos, al igual que física y mentalmente. Y además, con la voluntad de seguir mejorando. No veo a nadie listo para plantarles cara de verdad. El tenis es imprecedible, quién sabe si en un par de años surgirá alguien.

G.M. Soy de la misma opinión. No veo un competidor capaz ahora mismo de entrometerse en esa rivalidad. Habrá momentos puntuales en los que algún jugador podrá elevar su nivel y ellos no estarán al máximo. En el cuadro femenino, pese al dominio de Sabalenka, el circuito se encuentra más abierto.

La factura de la guerra para la Fórmula 1: 200 millones menos, un desplome en bolsa y... ¿un problema para Mercedes?

La factura de la guerra para la Fórmula 1: 200 millones menos, un desplome en bolsa y… ¿un problema para Mercedes?

A pocos kilómetros de la Meca, en Jeddah, el domingo pasado tendría que haber sido un día grande: monoplazas a toda velocidad, el mundo observando, los hoteles llenos, la ciudad -más bien aburrida- en su máximo esplendor. Pero no hubo nada de eso. Silencio y vacío. La Fórmula 1 no fue a Arabia Saudí por culpa de la Guerra de Irán, el Gran Premio quedó cancelado, y sólo hubo quietud en el circuito urbano del Corniche.

Muy lejos de allí en cambio sí había movimiento, mucho movimiento. En las oficinas de Colorado de Liberty Media, la empresa organizadora del Mundial, la anulación de las carreras en Bahréin y Arabia obligó a trabajo extra para arreglar el desaguisado. El certamen perdió algo más de 200 millones de euros entre cánones de organización y patrocinios asociados y todavía no sabe si podrá ir a Qatar o Abu Dhabi para cerrar la temporada. Los países del Golfo pagan más que el resto por albergar una carrera -Arabia y Qatar superan los 50 millones, Bahréin ronda los 45-, aportan una parte esencial de los ingresos por sedes y su estabilidad se ha convertido en un factor importante. No en vano Liberty llegó a perder cerca de un 12% en bolsa tras anunciarse las cancelaciones.

Pero igualmente la compañía insiste en que no hay crisis y, para mostrarlo, se apoya en su estructura de ingresos. En 2025 la Fórmula 1 facturó cerca de 3.870 millones de dólares, y sólo algo más de una cuarta parte procedía de lo que pagan los países organizadores. El resto llegó por vías más estables: los derechos televisivos -que se mantienen intactos mientras el calendario supere las 16 carreras- y los acuerdos globales de patrocinio, diseñados a largo plazo y desvinculados de una prueba concreta.

La lectura de las pérdidas así debe ser optimista. Aunque se cancelen Grandes Premios, el núcleo del negocio sigue funcionando y el campeonato conserva su capacidad de generar ingresos a escala global. Incluso dentro del paddock el efecto no es lineal. Bajo el límite presupuestario vigente, cada carrera que desaparece del calendario reduce costes logísticos -menos vuelos intercontinentales, menos transporte de material, menos personal desplazado- y libera recursos que los equipos pueden redirigir al desarrollo técnico. En un deporte donde las diferencias se miden en milésimas, ese ahorro puede tener impacto competitivo. De hecho no es descabellado pensar que un parón altere jerarquías y que, cuando la temporada se reanude en Miami el próximo 3 de mayo, habrá equipos que habrán sabido aprovechar el momento.

MotoGP, un problema a futuro

El impacto es distinto en MotoGP. El campeonato de motociclismo mueve cifras inferiores a la Fórmula 1 y depende más directamente de cada carrera. En 2024 cerró su facturación en 462 millones de euros, un 5% del curso anterior por culpa de la cancelación de los Grandes Premios de Argentina y Valencia. Su estructura es más frágil porque no hay grandes contratos globales capaces de amortiguar un parón prolongado, pero se salva de esta crisis porque su calendario está menos diversificado. Este curso el certamen sólo tiene en su calendario un viaje al Golfo, el Gran Premio de Qatar, y aún espera salvarlo con el aplazamiento hasta noviembre.

Lo que preocupa más es el medio plazo. La perspectiva del campeonato siempre ha sido expandirse hacia Oriente Medio -se proyectaba una carrera en Arabia Saudí a partir de 2028- y la crisis actual ha puesto en duda ese crecimiento. La internacionalización del campeonato motero, clave para aumentar ingresos y reducir su dependencia europea, queda en suspenso. Si la Fórmula 1 ha sabido resistir el impacto de la Guerra de Irán, está por ver cómo afecta al futuro de MotoGP.

El Atlético, el equipo de los grandes de Europa con más kilómetros en las piernas en 2026

El Atlético, el equipo de los grandes de Europa con más kilómetros en las piernas en 2026

Salió Diego Simeone a la sala de prensa de La Cartuja tras perder en los penaltis la Copa del Rey frente a la Real Sociedad con una lucha interior. Aceptar la derrota sin excusas, pero a la vez poner de manifiesto el kilometraje del Atlético de Madrid en este 2026. "El partido era en los 90", quiso exponer como realidad de que los rojiblancos se cayeron estrepitosamente en la prórroga. "Tras jugar 90 minutos con el Barcelona, el equipo pudo tener esa baja en el alargue", apuntó para luego concluir que "el equipo dio todo lo que tenía".

No se trata de recordar que la eliminatoria de Champions contra el Barcelona dejó a los rojiblancos con casi cuatro días menos de descanso que la Real Sociedad. Sino que el Atlético de Madrid es, simple y llanamente, el grande de Europa con más partidos en este 2026. El equipo del Cholo ha jugado 27 partidos en cuatro competiciones: 15 de Liga, seis de Champions, cinco de Copa del Rey y uno de Supercopa. Mientras que los donostiarras, por ejemplo, llegaban a esta final de La Cartuja con 19 partidos (14 de Liga y cinco de Copa), ocho menos que los rojiblancos.

Cómo será la exigencia que está sufriendo la plantilla rojiblanca para que un futbolista como Llorente, un portento físico donde los haya, se retirara acalambrado en el minuto 99 por Lenglet. Aunque tampoco quiso el polivalente jugador madrileño hablar del físico en la final de Sevilla y lo definió más como una falta de atención. "Salimos dormidos y nos marcaron un gol, luego hicimos un penalti... Se puso cuesta arriba todo", apuntó después del partido y añadió: "Hoy no fue. No estuvimos efectivos en las dos áreas y pasan cosas como éstas".

Es la contundencia, claro, un factor importante y muy repetido por el técnico atlético. Pero los datos no engañan y si el Atlético lleva 27 duelos en este 2026 y la Real, 19, hay otros grandes de Europa que también han jugado mucho menos que los rojiblancos. Por recordar los dos con los que comparte competición doméstica: el Real Madrid ha disputado 24 y el Barcelona, 25.

Y si nos vamos a la otra competición en la que el Atlético es el único superviviente español, como es la Champions, hablamos del semifinalista con más partidos en 2026. Aunque el Arsenal, con el duelo que disputó ayer ante el Manchester City en el Etihad le igualara a 27, las dos jornadas que quedan en la Liga frente a una que resta en la Premier antes del duelo que les enfrentará, les dejarán 29-28. En la otra semifinal, los contendientes están completamente igualados con 22 encuentros cada uno, cinco menos que españoles y británicos.

Simeone volverá a repartir minutos ante Elche y Athletic de Bilbao en los dos duelos que quedan antes de afrontar otro asalto al gran sueño rojiblanco y la obsesión del argentino como es la Champions. "No estoy pensando en el Arsenal. Me duele mucho lo de hoy", declaró después de la final de Copa, pero sabe el argentino, pese a su habitual "partido a partido", que el único objetivo vivo para el Atlético está en Europa. Desde que se alejó del líder en la Liga, la Champions y la Copa han sido la proridad.

Dinámica negativa

Pero debe el entrenador plantear un cambio de mentalidad en los suyos porque, aunque antes de la Copa del Rey pareciera que todo eran buenas noticias, el Atlético ha perdido seis de los últimos siete partidos. Bien es cierto que algunos de ellos los ha jugado con hasta cuatro canteranos, pero el equipo necesita volver a la dinámica positiva para intentar asaltar una competición que ya le ha reportado unos 100 millones de euros y que podría sumar, al menos, otros 30 más. El club ha ido creciendo estos años gracias a su regularidad europea y el salto definitivo sería levantar el trofeo en Budapest.

El Sinaí de Simeone: Introspección, mística y supersticiones en busca de la energía perdida

El Sinaí de Simeone: Introspección, mística y supersticiones en busca de la energía perdida

Poco antes de iniciarse la temporada, Diego Pablo Simeone sentía que debía reencontrarse consigo mismo, con el Cholo del pasado. Eran ya 14 años, una larga travesía que empezó en el desierto, llevó a las gentes del Atlético incluso a abandonar la casa de sus padres, el Calderón, y acabó por convertirlo en mucho más que un entrenador, en un líder, en un mesías para las tribus rojiblancas. Un rol que el argentino interiorizó, pero que es imposible desempeñar cuando el líder se siente vacío, sin energía, sin capacidad de transmitir sus ideas y sus sentimientos, dos conceptos indisolubles en el personaje.

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De esa forma se lo confesaba a personas de su entorno, preocupado, hasta que buscó el modo de recluirse y, mediante la introspección, volver a conectar con el Cholo. No fueron 40 días y 40 noches, como Moisés en su cita con Dios, pero fueron suficientes para que Simeone encontrara su Sinaí. Tras su descenso para proseguir el camino hacia la tierra prometida de la Champions, la caída en la Copa ha sido como la metáfora del Becerro de Oro. Desorientado y otra vez cuestionado por parte de quienes tanto lo adoran, necesita, al igual que Moisés en el Éxodo, regresar a su imaginario monte sagrado.

El líder adorado y cuestionado

Simeone es un entrenador excepcional, dicho sea con el viento en contra de la derrota ante la Real Sociedad y con independencia de los gustos futbolísticos. La final de La Cartuja fue como un revés del destino para el Atlético, con errores en cadena poco habituales, escenificados en el primer gol, y decisiones desde el banquillo, como la retirada de Lookman, que reabren los debates en torno al líder y debilitan la fe, al igual que los israelitas en su travesía, asediados por el hambre y la sed. En el fútbol sólo las sacian los títulos.

El argentino es la personificación de las principales emociones del fútbol, expresadas sin filtros en el campo, y que nos devuelven a la identidad en su forma más primitiva. A la tribu, a los nuestros. Es un concepto sagrado para el argentino. Hace un tiempo, mientras almorzaba en un restaurante argentino próximo al Cerro del Espino con su pareja, dos niños se acercaron a pedirle un autógrafo. El Cholo los miró, sonriente pero escrutador, y les preguntó el nombre. Una vez hubo firmado, les sorprendió: «Pero vosotros sois del Madrid, ¿verdad?» Los niños se quedaron mudos hasta que uno de ellos admitió con la cabeza. Simeone volvió a sonreír y, mientras les entregaba los autógrafos, les dijo: «Pues lo que tenéis que hacer es defended a vuestro equipo a muerte».

Simeone se queja durante la final.

Simeone se queja durante la final.Jose BretonAP

La evolución del personaje desvela que se siente cómodo en el relato construido, se gusta, pese a las dudas que en momentos le asaltan. Las crisis existenciales las tienen los inteligentes. Las expresiones espontáneas han llegado a convertirse en eslóganes, como el «sí se puede» o el «partido a partido». A medida que esa dimensión crece, lo hacen las necesidades de dar respuesta a lo que tu gente espera, y eso no es sencillo. Sobre todo, cuando aparecen las derrotas, como en Sevilla.

«La gente no necesita mensajes, necesita ganar», manifestó el entrenador rojiblanco, lacónico, con el rostro ajado, exhausto como todo su equipo. El desgaste que arrastraba el Atlético, con muchos más minutos acumulados durante la temporada que su rival en la final, tras la batalla europea con el Barcelona, días atrás, no era únicamente físico. Era mental.

Los signos del zodiaco

Las emociones que la razón no explica encajan bien con lo místico, desde lo religioso a lo profano, desde la fe hasta la superstición. Simeone las explora todas. Vestir de negro tiene un sentido. Cambiar al azul cobalto, como hizo durante una Champions, también. El negro lo utilizó en el primer título conquistado, la Europa League de 2012, y desde entonces ha sido fiel a la vestimenta, incluso repite las prendas y zapatos con las que gana. Seguidor de la astrología, se fija en el signo del zodiaco de sus futbolistas. Las apelaciones del técnico a Dios son, asimismo, habituales. El pasado Viernes Santo, un día antes de enfrentarse al Barcelona, acompañó al Cristo de Medinaceli, junto a su pareja Carla Pareyra, en la procesión por el centro de Madrid.

En Sevilla, el técnico estuvo acompañado por toda su familia, el clan del Cholo al completo, con su madre y sus sobrinos. La implicación de un Simeone, Giuliano, en la serie de errores que dieron lugar al primero gol realista, a los 14 segundos, fue, para alguien supersticioso, como una señal, fatal señal.

Musso ve la tarjeta amarilla tras el penalti.

Musso ve la tarjeta amarilla tras el penalti.CRISTINA QUICLERAFP

Musso fue otro de los implicados. El portero repitió fallo con el penalti cometido. Suplente de Oblak, el argentino habría disputado la Copa aunque el esloveno no viniera de una lesión, porque Simeone es un tipo de códigos. Lo mismo hizo Pellegrino Matarazzo con Marrero, el héroe de la final para la Real Sociedad. Musso, sin embargo, se había ganado algo más durante este periodo de ausencia de Oblak. El Cholo antepuso meritocracia a jerarquía al colocar a su compatriota bajo los palos ante el Barça cuando el esloveno ya tenía el alta. Si hubiera seguido en el mismo nivel, es muy posible que hubiera mantenido a Musso frente al Arsenal, dentro de 10 días. La Copa lo cambia todo, devuelve a cada uno a su lugar.

A Simeone, también, a su introspección, señalado de nuevo, pero esta vez con la sensación de saber lo que sucedió. Su frase lo demuestra: «El partido estaba en los 90 minutos». El argentino dijo que necesitaban la Copa, pero no sólo por ser un título, sino por lo que podía reforzarles en su verdadera obsesión: la Champions. Después de perder la segunda ante el Madrid, en Milán, Simeone se planteó el adiós. Ahora no puede dudar. Necesita volver a su Sinaí, reafirmarse en sus mandamientos, convencer de ellos a los suyos y reemprender el camino de la tierra prometida.

Matarazzo, un nuevo Toshack para la Real: "Necesitábamos alguien de fuera que nos dijera qué no hacíamos bien"

Matarazzo, un nuevo Toshack para la Real: “Necesitábamos alguien de fuera que nos dijera qué no hacíamos bien”

Cuando en 1985 la directiva de la Real Sociedad estimó que la exitosa etapa de Alberto Ormaetxea en el banquillo había acabado, pese a los dos campeonatos de Liga, puso sus ojos en un técnico sin mucho cartel. No era el preferido, pero contactaron con el entrenador que había dirigido al Sporting de Portugal y, sobre todo, compaginando su labor con la de futbolista, había llevado al modesto Swansea City galés de la cuarta división inglesa a la Premier. John Benjamin Toshack es una leyenda en Guipúzcoa y no solo por sus éxitos, la Copa de 1987 y los subcampeonatos de Liga y Copa un año después, sino por la huella que dejó en el club y en los realzales.

Desde diciembre, y especialmente desde que Marrero fue un muro y Pablo Marín metió el último penalti de la tanda ante el Atlético en La Cartuja, el 'vasco de Gales' tiene sucesor en el corazón de los aficionados. Nadie lo esperaba cuando en diciembre, Erik Bretos, el director deportivo, puso su nombre sobre la mesa ante la necesidad de destituir a Sergio Francisco. La Real estaba a dos puntos del descenso con una plantilla pensada, con la base de Zubieta, para pelear por Europa. «Quizá necesitábamos alguien de fuera que nos dijera qué no hacíamos bien», reconoció el presidente Jokin Aperribay. Justo lo mismo que en 1985.

Esta vez, la apuesta sería un americano, nacido y criado en Nueva Jersey, licenciado en matemáticas aplicadas en Columbia y con apenas dos años de experiencia en la Bundesliga. Si alguien temía que fuera un Ted Lasso, -el personaje que representa a un entrenador de fútbol americano de Kansas, protagonista de una exitosa serie, que llega a la Premier sin saber nada de fútbol-, pronto comprobó que no era el caso. Pellegrino Matarazzo (Wayne, 1977) tiene el alma atravesada por el balón desde que veía con su padre al Nápoles de Diego Armando Maradona. Puede que su nombre no sonara, y menos después de un año fuera de los banquillos, pero Bretos ya había visto en él todo aquello que le haría encajar en Anoeta.

Ni táctica ni big data ni trabajo físico exigente. Su camino para rescatar a la Real y llevarla al éxito ha pasado por la mente y el corazón de sus jugadores. Si Toshack se los ganó haciéndoles divertirse con balón en los entrenamientos, Rino ha estimulado su confianza. «Es cercano, vacila, habla contigo...», describía Álex Remiro. En eso sí se parece a Ted Lasso. «Pero es enorme e impone cuando se enfada», añadía Turrientes en estas páginas.

«A los jugadores hay que darles confianza y claridad, después ellos van solos». Esta reflexión ha sido la clave de la transformación que ha logrado el técnico, que no duda en reconocer que una de sus mayores fortalezas es la «habilidad» para adaptarse. La Real no necesitaba tanto su faceta táctica y matemática como la emocional. Sus conversaciones, uno por uno, con los jugadores le hicieron llegar a Oskarsson o a Sucic, pero también a Turrientes, Soler o Guedes. Todos han dado con el americano su mejor versión.

Del club y de su gente tampoco se olvida. «Sientes su voluntad de conectar con nuestra cultura y nuestra historia. Viene a contribuir», relatan desde dentro. Porque además de preparar entrenamientos, partidos y estar al lado de sus futbolistas con dedicación plena, conecta con los donostiarras tomándose dos copas de vino y unos pintxos en el Casco Viejo con sus ayudantes el día después de una victoria, descubriendo el placer de dormir la siesta o de dar paseos de tres horas como forma de calmar los nervios, como hizo antes de la primera final de su carrera. También pone empeño en aprender español -su lengua materna es el italiano, el inglés y habla alemán- y algo de euskera por respeto a su afición, «que tienen un fuerte sentido de quienes son», reconocía en una entrevista a los medios del club.

Matarazzo con su jugador Duje Caleta-Car tras ganar la Copa.

Matarazzo con su jugador Duje Caleta-Car tras ganar la Copa.J. BRETÓNAP

Esa faceta psicológica ha hecho volar a sus futbolistas y ha hecho añicos en apenas cuatro meses algunas maldiciones. El 13 de enero en El Sadar tumbó una que se arrastraba desde 1989: la Real no superaba una tanda de penaltis. Lo hizo ante Osasuna y también para proclamarse campeón de Copa.

Matarazzo ha dado gloria a la Real, pero también ha escrito su nombre en la élite del fútbol que, como jugador, le despreció. Tras acabar la carrera, se marchó a Italia, al pueblo natal de su madre, Ospedaletto D'Alpinolo, cerca de Salerno, para perseguir un sueño. Un agente le prometió una prueba en la Salernitana que nunca llegó y, tras meses entrenando entre olivos, firmó por el Nocerina.

Sin suerte en Italia, volvió a Estados Unidos antes de volver a probar después en Alemania. Deambuló por clubes de cuarta hasta llegar al Nuremberg en 2010. Jugaba de pivote con su 1,98 de estatura y parecía «de madera», como confesaba en The Guardian, pero veía el juego. Por eso se sacó el título de entrenador. Para llegar al UEFA Pro tuvo que solicitarlo dos veces, pero logró entrar en la misma promoción que Julian Nagelsmann.

Trabaron amistad y el hoy seleccionador alemán le llamó para ser su segundo en el Hoffenheim. Saltó al Stuttgart para llevarlo a la Bundesliga en 2019 y regresar al Hoffenheim para guiarlo de nuevo a la Europa League en 2024. Sin embargo, la relación se rompió y el italoamericano se quedó sin banquillo.

Los viajes con su hijo por Japón o Costa Rica llenaron algunos de esos meses, en los que vio cómo Mauricio Pochettino se convertía en seleccionador de Estados Unidos, un puesto para el que había sonado su nombre. Entonces la Real le llamó. «Congeniamos en todas las reuniones. Conocía el equipo, cuáles eran los puntos de mejora y por dónde pasaba la evolución. A partir de ahí, no tuvimos dudas», confesaba el presidente. Rino, tampoco. Ya ha superado el logro de Jesse Marsch, otro americano campeón... pero en Austria. Nada equiparable.

Marcelinho y Patty Mills, 80 años entre los dos, acaban con la racha del Real Madrid

Marcelinho y Patty Mills, 80 años entre los dos, acaban con la racha del Real Madrid

Hacía 13 años que el La Laguna Tenerife no ganaba en el Palacio. Una victoria en 19 partidos de un equipo instalado desde hace tiempo en la nobleza de la Liga Endesa. Lo volvió a conseguir este domingo, un ejercicio de consistencia, rebote, mente dura y baloncesto sin fisuras. Su ADN. Pero, sobre todo, un alarde de dos tipos que son únicos. Por lo que fueron y por lo que son. Marcelinho Huertas y Patty Mills, dos bases históricos a los que el destino ha concedido en el último tramo de sus carreras un baile juntos. [90-95: Narración y estadísticas]

Para saber más

80 años entre la pareja, más los 37 de Gio Shermadini, otro que nunca falla. Demasiado para todo un Madrid. Dominó el Tenerife desde mitad del primer cuarto y no se arredró en la recta de meta. Ahí, ante el aluvión habitual blanco, agarraron por la solapa la responsabilidad los tres veteranos del equipo insular. "Canastones", en palabras de su propio entrenador. Una victoria que le hace mirar con ambición a los cuatro primeros puestos de la tabla.

Los dos púgiles acudían tras una semana de deberes hechos en Europa. El Tenerife, de regreso a la Final Four de la Champions League que ya ganó en 2017 y 2022. El Madrid, como cabeza de serie a los cuartos de final de la Euroliga. Precisamente eso estuvo bien presente en las tribunas del Palacio, recelosas de lo que sería una estafa competitiva: contra el Hapoel de Tel Aviv ya se jugó sin público en temporada regular a causa de la guerra en Oriente Próximo. "Queremos animar en cuartos de final", gritó la afición blanca, a la espera de lo que decidan las autoridades pertinentes. Se viene lío.

Shermadini atrapa un rebote ante el Madrid.

Shermadini atrapa un rebote ante el Madrid.EFE

Para eso le quedan dos semanas a los blancos, a las puertas de regreso a una Final Four. Mientras tanto, avanza la Liga Endesa que han convertido, pese a lo fiero del calendario, en el patio de su recreo. 12 victorias de carrerilla sumaba, líder sólido (24-2), hasta que llegó el Tenerife...

Porque, pasan los años, y los aurinegros siguen siendo uno de los oponentes más ásperos de la ACB. El método Txus Vidorreta, la longevidad sin precedentes de Marcelinho Huertas, también la de Gio Shermadini y, el fichaje mediático, desde hace unos días. El plus de toda una estrella de la NBA (también veterana, cómo no), nada menos que Patty Mills.

59 de los 95 puntos del Tenerife fueron del trío. Mills silenció el Palacio con una estupenda racha a falta de cuatro minutos. Revivió el Madrid -que había vivido en parte del dominio de Tavares- con Andrés Feliz y, entonces aparecieron Huertas y Shermadini. El gigante no falló ninguno de sus nueve tiros libres. Y el Tenerife celebró una victoria de las buenas.

Así es Paula Blasi, la nueva joya española que supera a ganadoras del Tour de Francia: alumna de Pogacar,formada en el duatlón y nacida en el mismo pueblo que Lamine Yamal

Así es Paula Blasi, la nueva joya española que supera a ganadoras del Tour de Francia: alumna de Pogacar,formada en el duatlón y nacida en el mismo pueblo que Lamine Yamal

Hito sin parangón de la nueva joya del ciclismo español. Paula Blasi (Esplugues de Llobregat, 2003) consiguió en los bosques de Valkenburg lo que antes no sólo fue imposible para Joane Somarriba o Dori Ruano, sino también para Miguel Idurain, Alberto Contador, Óscar Freire, Alejando Valverde o Samuel Sánchez. La catalana se impuso este domingo en la Amstel Gold Race, la clásica neerlandea que siempre fue hostil para el ciclismo español. Una victoria para enmarcar conseguida a lo grande, un reflejo de la fenomenal trayectoria que acompaña a una corredora acostumbrada a los podios. El pasado año se proclamó campeona de Europa en ruta y logró el bronce en el Mundial sub 23. Todo lo bueno que apuntaba en categorías inferiores se consumó ayer en la prestigiosa clásica de primavera.

Paula Blasi, nacida en la misma localidad que Lamine Yamal, se coronó en la primera cita del tríptico de las Ardenas ante las mejores del planeta. La española venció como sólo lo hacen las privilegiadas. Para firmar su proeza se fijó en Tadej Pogacar, su ídolo, con el que comparte maillot. La española milita en el UEA, la formación que ha encumbrado al esloveno. Se unió al grupo de Emiratos el pasado año, tras sorprender por su rápida progresión.

Blasi comenzó tarde en el ciclismo. Se formó en el duatlón, especialidad que abandonó en 2024 tras lesionarse en el Campeonato de España, desde ese momento decidió dejar la carrera a pie y centrarse en el ciclismo. Pleno acierto. En 2024 se proclamó campeona de España de contrarreloj sub'23. Un año después se adjudicó una etapa en el Tour de Romandía y se consagró en el Mundial de Ruanda. Ella y la navarra Paula Ostiz ( 19 años) tomaron el relevo de una osada generación.

Un sueño

Blasi, como hace Pogacar, atacó de lejos, en la ascensión del emblemático Cauberg, a más de 20 kilómetros de la llegada, y ya no miró atrás. Con autoridad, sin descender el ritmo y bajo la lluvia, desafió a un selecto grupo de perseguidoras, entre las que figuraban la polaca Kasia Niewiadoma (Canyon) y la neerlandesa Demi Vollering (FDJ), dos ganadoras del Tour de Francia y de la Amstel Gold Race. «No pensaba ni correr hoy. Tengo que meditar lo que ha pasado porque no me puedo creer lo que ha pasado. Me dijeron que atacara, ataqué, y estoy viviendo un sueño", dijo la española en la meta.

La inesperada vencedora se aprovechó del marcaje de unas perseguidoras que se negaron a colaborar en la captura de la española. A 15 de la meta atesoraba cerca de 20 segundos de renta y 42 sobre el grupo de las favoritas. La lluvia no atemorizó a la española. En la última ascensión al Cauberg incrementó la cadencia de pedaleo y se presentó en la meta con 37 segundos de ventaja sobre Niewiadoma y Vollering. Manos a la cara y brazos al cielo.

«A menudo he ido haciendo la goma durante la carrera. Así que opté por la escapada para salir de este pelotón un poco loco. Y ha dado resultado. Voy a necesitar tiempo para asimilarlo. Es increíble. Ni siquiera estaba previsto que participara en esta carrera. Me llamaron en el último momento para sustituir a compañeras lesionadas», dijo Blasi tras abrazarse a Mavi García, que terminó 13ª, en un gesto simbólico del relevo en el ciclismo español.

El Manchester City vence al Arsenal y pone la Premier patas arriba

El Manchester City vence al Arsenal y pone la Premier patas arriba

Poco a poco, como el agua erosionando una roca, el Manchester City de Pep Guardiola ha ido enjugando la ventaja del Arsenal hasta que, con la victoria de este domingo, esta ya depende que los citizens ganen o no su partido aplazado ante el Cristal Palace. Cherki y Haaland hicieron inane el esfuerzo de Haavertz por conseguir rédito para los gunners.

En la liga el Clásico es un partido inamovible. Un duelo que para el mundo futbolístico. Pero la igualdad de la Premier hace que el encuentro más importante de cada temporada vaya cambiando según la capacidad de los contendientes. No obstante, Arsenal y Manchester City llevan ya un tiempo, con permiso del Liverpool, ganándose ese privilegio de encender todos los focos.

Y si hay un jugador al que le gusten es Ryan Cherki. El francés ilumina los campos por los que pasa. Su gol ante el Arsenal, con el que abrió el marcador en el Etihad, no fue una carrera sino un baile. El centrocampista fue quitándose defensores gunners como quien esquiva conos hasta poner el balón en la cepa del poste de la portería que defendía David Raya.

Lo había merecido el City y lo había rondado Haaland. Un poste tras un rechace a una presión del noruego y un bloqueo a un despeje de Raya había puesto el miedo en el cuerpo de un conjunto gunner que veía que su ventaja se encogía ante su más inmediato perseguidor.

Pero el que verdaderamente se despistó fue el italiano Donnarumma que, con un control impropio, dejó como Haavertz llegara a taponar su despeje y se introdujera el balón en su propia portería. Esta casualidad fue, además, apenas unos minutos después del tanto citizen.

En la primera parte, el peligro del Arsenal venía del balón parado, su gran arma este curso, mientras que el City se aprovechaba de la fuerza y el músculo de Haaland y la habilidad del francoargelino. Sin embargo, fueron los skyblues al inicio de la segunda mitad los que casi se adelantan a la salida de un córner.

La segunda mitad estuvo marcada por un mayor dominio del City, no sólo por jugar en casa, sino porque si ganaba ya sí podría depender de sí mismo al tener un partido aplazado. El Arsenal defendía con intensidad, y salía rápido a la contra como en una en la que generó una doble ocasión de Haavertz y Martinelli, que permitió a Donnarumma rehacerse de su fallo en el primer tiempo. Poco después, el Arsenal devolvió el poste al City con un zambombazo de Eze.

Sin embargo, quien aprovechó un contraataque para ponerse de nuevo por delante fue el City. En tres pases llevaron el balón a Haaland y el noruego no perdonó. El ritmo del partido presagiaba goles y tres parecían, por lo pronto, insuficientes. Y el Arsenal dio la razón golpeando otro palo tras una falta lateral poco después.

Los de Guardiola intentaron dormir el duelo, conscientes de su ventaja y el Arsenal quiso seguir empujando pero las energías no eran las del inicio de partido, así que se puso a colgar balones hasta que en el descuento Donnarumma volvió a aparecer ante un cabezazo de Haavertz. Victoria del City y la Premier se pone al rojo vivo.

Sinner estrena su número 1 con una racha de 22 victorias consecutivas en Masters 1000

Sinner estrena su número 1 con una racha de 22 victorias consecutivas en Masters 1000

No estará Alcaraz, pero sí Jannik Sinner, que competirá por primera vez en Madrid como número 1 del mundo, rango recuperado gracias a su victoria ante el español en Montecarlo, donde logró su título más importante hasta la fecha sobre tierra batida. Será la cuarta participación del italiano en un torneo donde su techo está en los cuartos de final de 2024, cuando no pudo disputar por lesión la antepenúltima ronda ante Felix Auger-Aliassime.

Sinner presenta una secuencia intimidatoria en torneos Masters 1000. Desde que el pasado 5 de octubre, víctima de severos calambres, se retiró ante Tallon Griekspoor en la tercera ronda de Shanghai, suma 22 victorias consecutivas, las que corresponden a los títulos de Paris-Bercy, en 2025, y de Indian Wells, Miami y Montecarlo en la presente temporada. Desde 2015 nadie había ganado los tres primeros Masters 1000 de la temporada.

Tras descansar la pasada semana, en la cuidada administración de energías para llegar con todo a Roland Garros, donde en 2025 dispuso ante Alcaraz de tres pelotas para hacerse con el torneo, Sinner buscará corroborar su potencial en la superficie, en unas circunstancias muy distintas a las del Principado.

Su presencia será el mayor atractivo de un torneo que cuenta con sobrados reclamos para el público madrileño. Rafael Jódar aparece como brillante semifinalista del Conde de Godó después de conquistar su primer título en el ATP 250 de Marrakech. Martín Landaluce lo hace como cuartofinalista del Masters 1000 de Miami.

La baja de Djokovic era previsible. En el que parece claro que será su último curso en activo, el ganador de 24 títulos del Grand Slam pasará de puntillas por la tierra batida, en busca de apurar sus remotas opciones de añadir un major a sus incomparables registros en Wimbledon o el Abierto de Estados Unidos. Su derrota de entrada ante Matteo Arnaldi en la pasada edición quedará como la despedida de un torneo que ganó en tres ocasiones: 2011, 2016 y 2019. Hoy se presenta el torneo y se sortean los cuadros, con la presencia de los dos defensores del título: Casper Ruud y Coco Gauff, además de José Luis Martínez- Almeida, alcalde de Madrid, y de Feliciano López y Garbiñe Muguruza, codirectores de la competición.

Arthur Fils gana el Godó de los nervios frente a un desesperado Andrei Rublev

Arthur Fils gana el Godó de los nervios frente a un desesperado Andrei Rublev

Hay una generación entera detrás de Carlos Alcaraz y Jannik Sinner con talento a raudales y físicos asombrosos, pero todavía desprovista de la confianza necesaria. Tenistas que tiemblan cuando se aproximan al éxito. Jóvenes de enorme potencial y enfoques inciertos. Uno de ellos es Ben Shelton, que este domingo venció en el ATP 500 de Múnich. El otro, Arthur Fils, campeón horas después en el Trofeo Conde de Godó.

A sus 22 años, recuperado de la lesión de espalda de la temporada pasada, el francés podría ser considerado incluso candidato al título de Roland Garros, pero cuesta imaginarlo triunfar en un escenario tan grande.

En la final del ATP 500 de Barcelona ante Andrei Rublev, sus virtudes y sus defectos quedaron al descubierto. Tan pronto dominó al ruso para derrotarlo por 6-2 y 7-6(2) en una hora y 40 minutos, como tembló en situaciones inverosímiles. En el segundo set ya se vestía de campeón con un 5-2 a favor cuando empezó a mandar todas las pelotas fuera y permitió que Rublev alcanzara el tie-break. Para su fortuna, el ruso es todavía más inestable que él, y cerró esa muerte súbita lanzando la raqueta contra el suelo y chutando pelotas a la grada.

Durante una hora, Fils ofreció un despliegue de potencia en sus golpeos y sus movimientos en el Real Club de Tenis Barcelona. El resto del encuentro fue para mirar a otro lado. El galo acabó alzando el trofeo y regresa al top 25 de la ATP, pero las dudas a su alrededor persisten.

La derrota en Doha

Ya ocurrió hace un par de meses, cuando alcanzó la final del ATP 500 de Doha. Su tenis fue excelso hasta que llegó al partido decisivo ante Alcaraz y se deshizo como un azucarillo para perder por 6-2 y 6-1. En la entrega de trofeos, después de haber roto una raqueta y de haber pedido perdón al público y a su equipo, miró al español a los ojos y le soltó en un castellano muy claro: «¡Cabrón!». Alcaraz se rio.

Su partido había sido un desastre, pero todavía le quedaba humor. Su partido había sido un desastre, pero confirmaba la distancia sideral entre el Big Two y el resto.

No hay duda de que Fils, al igual que Shelton, Musetti o Rune, aún tiene tiempo de evolucionar, pero la batalla mental parece muy desequilibrada. El francés, que de niño ganó la prestigiosa Orange Bowl y el Roland Garros júnior, lleva toda su carrera en esa línea intermedia entre el asombro y el desencanto. Le quedan algunos pasos por dar; habrá que ver si los consigue. De momento parece que su unión con Goran Ivanisevic -ahora en su equipo- funciona y que sigue trabajando en ello. El Trofeo Conde de Godó ya es suyo; ahora toca acortar la celebración para analizar los problemas que aún arrastra.