El paraguayo Adolfo Daniel Vallejo, de 21 años, protagonizó este jueves uno de los momentos más bochornosos del Roland Garros. tras su derrota ante el adolescente francés Moïse Kouamé en segunda ronda. Lo que comenzó como la frustración comprensible de un tenista eliminado acabó convirtiéndose en un escándalo de machismo que sacudió el torneo.
El contexto importa para entender cómo escaló la situación. En la rueda de prensa posterior al partido, en inglés, Vallejo había sido impecable. El paraguayo habló del público, de su influencia en el resultado y se mostró fair-play, diciendo entender los resortes de aquel ambiente tan caldeado. Sus palabras en ese momento fueron las de un competidor decepcionado, nada más.
Sin embargo, segundos después, en una entrevista en castellano con el medio Clay, cayó en el sexismo más primario, apuntando directamente a la juez de silla del partido, la brasileña Ana Carvalho.
DIMITAR DILKOFFAFP
"Este tipo de partidos tiene que arbitrarlos un hombre, es muy difícil que una mujer tenga la fortaleza para ir contra un público tan intenso", aseguró y no se quedó ahí: "Este tipo de partido debería ser arbitrado por un hombre, es demasiado difícil de gestionar para una mujer. Es un público muy pesado de manejar, así que hace falta mano dura para imponerse ante eso".
La sanción de la Federación Francesa
La queja de fondo de Vallejo era que Carvalho nunca supo hacer respetar las reglas, desbordada por el fervor popular, especialmente en un quinto set muy disputado. "Ganó tiempo muchas veces, tirándose al suelo o rascando segundos aquí y allá. No es normal tampoco que el público pueda gritar durante casi un minuto sin que se pueda jugar", argumentó el paraguayo, mezclando críticas legítimas al ambiente con comentarios claramente inaceptables sobre el género de la árbitro.
La Federación Francesa de Tenis respondió este viernes, calificando los comentarios de inaceptables y anunciando una sanción económica "significativa" (sin especificar la cantidad), reiterando que la competencia arbitral no depende del género sino de la profesionalidad.
Etapa reina y no ganó el rey, sino uno de sus escuderos. Mejor de sus gentilhombres de cámara. No ganó Jonas Vingegaard. Quizás porque no quiso. Quizás porque en el Visma habían reservado el día para Sepp Kuss, en pago por los impagables servicios que ha prestado a su jefe en este Giro (y en cualquier otra carrera). A los 31 años, el estadounidense de Durango, residente en Andorra, se convirtió en uno de esos elegidos que han ganado etapas en las tres grandes rondas.
En la quinta llegada en alto, el danés no obtuvo su quinta victoria. Es cierto que esta vez no concluía el trayecto en un puerto de 1ª, sino de 2ª. Pero venía precedido de una sucesión atormentada de picos dolomíticos, entre ellos la Cima Coppi (el Passo Giau), encerrados del primero al último en 151 kms. entre Feltre y Alleghe, con 5.000 metros de desnivel acumulado.
Vingegaard, en su debut en el Giro, ya no ganará seis etapas como Tadej Pogacar en su, también, debut en 2024. Este sábado, en Piancavallo, de nuevo en un puerto de 1ª, se apuntará probablemente la quinta. Sin que ello suponga más que una anécdota, ha perdido, por así decirlo, ese duelo a distancia, deportivo y psicológico, que mantienen los dos mejores corredores del mundo en las grandes vueltas: el rey Jonas y el emperador Tadej.
Hubo un vencedor feliz, Kuss, y un héroe desdichado, Giulio Ciccone, que pasó en cabeza todos los puertos de la jornada, menos el Passo Falzarego, por detrás de Einer Rubio, para, exhausto, reventado, ceder en el postrer envite. Entró en cabeza en las rampas finales de Piane di Pezze, en los cinco kilómetros decisivos al 9,7% de pendiente media y al 15% de máxima. Lo hizo tras abandonar a sus siete acompañantes en el descenso del Falzarego: Caruso, Gee, Rubio, Hirt, Pellizzari, Kuss y Storer. Detrás, el grupo de la maglia rosa, con Gall, Eulálio, Bernal, Arensman, Hindley, Piganzoli, Lemmen, De la Cruz... Había muchas cosas en juego en algunos hombres de ambos grupos: el podio y el Top-10.
En los dos kilómetros finales, cada uno hacía lo que podía. Dispersos y mezclados, fueron tras Kuss, pero no a por Kuss, que, aunque también agotado, estaba a salvo. Cada cual defendía su suerte sobreponiéndose a la desgracia de estar allí en ese momento. Kuss cruzó la meta, Derek Gee, que había agarrado cuatro segundos en el kilómetro Red Bull, hacía segundo a 13". Y, a 36", Ciccone, todavía él, tercero. Aunque desgraciado por haber perdido la etapa, sonreía por dentro porque era, con toda justicia, maglia azzurra de la montaña. El Lidl-Trek salvaba un Giro no muy afortunado. Pocos segundos más tarde, a 39, Gall, que salvaba el segundo puesto, y Vingegaard, que, sin esforzarse, apuntalaba aún más el primero.
La maglia ciclamino de la regularidad se había decidido a favor de Paul Magnier con el sorprendente abandono de Jhonatan Narváez. Al parecer, el ecuatoriano había sufrido un golpe el jueves en el traslado hacia el autobús y no estaba en condiciones de afrontar una etapa tan dura.
Y, lo dicho, sábado de pasión ciclista con la penúltima etapa, reina compartida, con la doble subida a Piancavallo.
"Here we go". Así ha anunciado el Atlético de Madrid en su red social X la 'oferta' lanzada al FC Barcelona para fichar a Lamine Yamal, Raphinha y Pedri, después de todos los rumores que sitúan a Julián Álvarez como el próximo delantero del Barcelona. "Hemos enviado un fax al FC Barcelona con nuestra oferta de traspaso: 4 entradas para el concierto de Bad Bunny de mañana, una suscripción anual al ABC y una bolsa de pipas. Esperamos ansiosos la respuesta para preparar el 'announce'", afirman en X con el 'fichaje' de Lamine Yamal.
Con el jugador canario, también pronunciaron el famoso "here we go" de Fabrizio Romano, pero esta vez con el siguiente mensaje: "Para esta segunda oferta hemos tenido un problema, se nos han terminado las entradas para el concierto de mañana, así que mejoramos la propuesta anterior con 6 para el del domingo".
Para terminar, también han querido 'fichar' al extremo brasileño 'viniéndose arriba': "Y para completar el 3x1 nos hemos venido arriba y vamos a tirar la casita por la ventana: el jugador llega cedido por una temporada y a cambio nosotros cedemos a Tom Ford y Smith sin opción de compra. Oferta irrechazable
Las redes sociales no han tardado en reaccionar ante una de las idas de olla más grandes que ha tenido el conjunto colchonero. Todo viene provocado por la alta cantidad de rumores y tuits que sitúan a Julián Álvarez, por unos 100 millones de euros, como el próximo gran fichaje del Barça; incluso muchos aseguran que el propio futbolista habría pedido salir del club madrileño.
Cansados de toda la rumorología, momentos antes de publicar el tuit lanzaron otro en el que anunciaban un próximo comunicado "sobre un asunto relevante que está generando numerosas desinformaciones".
No es la primera vez que el Atlético utiliza sus redes sociales para quejarse de forma pública. Los arbitrajes suelen ser una de las grandes reclamaciones del club en las redes, una tendencia que encontró su máximo exponente el día del derbi madrileño de Champions de hace dos temporadas.
El Barcelona, por el momento, no ha querido responder a estos mensajes, pero son muchos los aficionados colchoneros que piensan que, si finalmente Álvarez ficha por el Barça, tendrán que arrepentirse del tuit: "Este tuit va a envejecer terriblemente cuando vendas a Álvarez al Barça", dicen en los comentarios.
Cuando el pasado 14 de mayo presentó su nuevo y rutilante museo en su famosa academia de Manacor, Rafa Nadal deslizó una frase que pasó desapercibida en el radar de los titulares. "El deporte a nivel profesional no es salud, aunque sí lo es a nivel 'amateur'".
No era el eslogan de un manual de estoicismo. Era la autorizada voz de la experiencia de uno de los mejores deportistas de la historia. Un hombre que hizo de su laureada y gloriosa carrera en las pistas -22 Grand Slam, 14 Roland Garros, único jugador que ha sido número uno en tres décadas distintas- una constante lucha contra el sufrimiento. Un pulso agónico, infinito, entre su cabeza y su físico. Una brutal autosuperación, la "exploración de sus límites", como él mismo resume ahora su trayectoria en el documental que este viernes acaba de estrenarse en la plataforma Netflix.
"En mi carrera he tenido que tomar decisiones con mi salud en las que estás en el límite entre lo correcto y lo incorrecto, y ahí la línea es fina", se sincera Rafa en el documental recién lanzado, revelando que llegó a rayar el abuso en el consumo de antiinflamatorios. "Pero creo que si no hubiera explorado [esos límites], a lo mejor tendría 10 grand slams menos...no te digo uno o dos, te digo 10 ó 12, y esta es la realidad".
En esencia, la historia de Nadal es la historia de un gran luchador, la batalla contra sí mismo. "La gente cree que yo era un ganador pero no soy un ganador, soy un competidor", enfatiza Rafa en una de las entrevistas exclusivas para el documental, rodadas en Mallorca, su isla natal.
Dirigido por Zachary Heinzerling, la serie documental se compone de cuatro episodios y tiene como eje la última etapa en la vida tenística de Nadal, el último año de su carrera profesional, el canto del cisne, que apuró hasta donde pudo, fiel a sí mismo. "Me fui en paz, tenía miedo de irme sin intentarlo hasta el final".
Partiendo de ese último año la línea temporal va intercalando la historia de sus inicios con imágenes de archivo, algunas hasta ahora nunca vistas, filmadas en el bunker de sus entrenamientos. Desde que era un niño y se autoexigía "seguir entrenando" tras ganar un torneo infantil, hasta aquellas epopeyas tenísticas con Novak Djokovic y, por supuesto, Roger Federer, al que en su triunfal final de Wimbledon de 2008 le puso una bola más lenta de lo habitual para forzarle a fallar: "le di tiempo para pensar, porque a veces es más fácil golpear sin pensar", confiesa hoy el tenista español.
Y así, golpe a golpe, confidencia a confidencia, la serie va repasando una trayectoria que él mismo ve difícil de repetir.
"Creo que se tardará más en superar mi marca de los 14 Roland Garros que los 24 grand slam de Djokovic, mi récord va a costar superarlo", reflexiona en una de las conversaciones inéditas registradas en el documental, una oda a la épica y a la cara menos visible del deporte, al sacrificio de los campeones.
Impecablemente filmado, emotivo y punteado por la música épica de Martin Crane, la serie camina en la línea de otros grandes retratos de tenistas de la historia, como las famosas memorias de Andre Agassi que en 2016, y con el título 'Open', le escribió el premio Pulitzer J. R. Moehringer. Agassi, de hecho, figura fugazmente en el documental.
Ambas obras son un retrato de lo que no enseñan al público las cámaras: la autoexigencia y la presión sobrehumana que soportan los grandes campeones, atrapados -en la soledad del fondo de la pista- entre su talento, la severa mirada de sus mentores y sus propios fantasmas interiores.
"Estoy cansado, soy el jugador más agujereado de la historia del deporte", le llega a decir Nadal en uno de esos momentos de debilidad a su último entrenador, su amigo Carlos Moyà. El deportista estaba asaeteado por las lesiones: en el documental se explica detalladamente la más grave, el crónico síndrome de Müller-Weiss que mortificó toda su carrera.
Era 2024, Rafa acababa de caer en Roma con problemas físicos y ambos estaban entrenando en Mallorca. "Hay que seguir, no hay opción", le contesta en ese momento Moyà, ex tenista, consciente de que nada iba a detener a Rafa por lograr su objetivo: irse en paz tras haberlo intentado hasta el último aliento en la cancha.
"Eso es lo que hacen los grandes campeones: aguantar una bola más", dice a la cámara con su inconfundible mirada escrutadora Toni Nadal. El tío Toni el hombre con filosofía de hierro que moldeó desde niño al deportista indestructible, aunque para ello tuviera que exprimir su talento a base de constancia, dejándole la "primera hora de entrenamiento sin beber agua" cuando apenas era un niño.
Tío y sobrino separaron sus caminos pero no su mutua adoración, un hilo umbilical forjado en los entrenos. "Goethe tiene una frase que dice: el talento se construye en la calma, el carácter se construye en la tempestad", resume el entrenador. Según revela la obra, el tenista se enteró "por la prensa" de que el hermano de su padre iba a abandonar su equipo tras casi tres décadas juntos.
El retrato de Rafa no sólo se centra en lo tenístico. El documental cuenta algunas confidencias. Como su afición casi prohibida por el chocolate, sus peculiares supersticiones, disparadas por la ansiedad, o aquel día en que tuvo que beberse unos "chupitos de tequila" para vencer su timidez al rodar un videoclip con Shakira en el año 2010.
Además, entra en el santuario íntimo de Nadal, la casa que se construyó en Porto Cristo, en la tierra donde nació y de la que nunca se ha movido.
Junto a la gran pecera de su salón, las cámaras filman a Rafa corriendo y jugando con Rafelet, su hijo mayor, de tres años de edad, o confesando frente a la mirada condescendiente de su mujer, Mery Perelló, que si por él fuese se hubiera quedado más tiempo viviendo con sus padres mientras ganaba trofeos.
El documental da voz a su madre, Ana María Parera, y a su hermana Maribel, dos figuras capitales en su carrera y en su vida. Pero también concede un inusual protagonismo a su padre, Sebastián, un hombre alérgico a los focos y al protagonismo, habitualmente ausente de todos los actos.
Su determinación fue clave para encontrar solución a su lesión crónica del escafoides y suyas son algunas de las escenas más emotivas, como el relato sobre cómo su hijo afrontó sus lesiones: "Muy poca gente hubiera aguantado tanto".
Cuatro horas de lección. Un partido para el futuro. A sus 19 años, Rafa Jódar sigue construyendo su tenis y en esa construcción habrá pocos momentos como su victoria este viernes ante Alex Michelsen. En su primer Roland Garros ya está en octavos de final, pero sobre todo ha ido aprendiendo las exigencias de un Grand Slam, cómo aferrarse a una pista para que nadie le saque de allí, un ejercicio de pura supervivencia. Quizá no fue su triunfo más lúcido; sin duda fue el más importante. Con un marcador de 7-6(0), 6-7(3), 4-6, 6-3 y 6-3 cruzó una ronda más -ya le espera Pablo Carreño- después de una jornada durísima.
Porque este viernes Jódar se descubrió ante Michelsen frente a un espejo. Las coincidencias eran muchas, exageradas. Los dos son de la misma generación. Los dos miden 1,93 metros. Los dos son hijos de maestros. Los dos se han formado en el tenis universitario estadounidense. Los dos visten igual en este Roland Garros, con un conjunto blanco y negro de Adidas. Y, lo más importante, los dos juegan el mismo tenis. Como Jódar, Michelsen exhibió agresividad a raudales, golpes muy planos, restos directos y presencia dentro de la pista; como Jódar, Michelsen padeció en los movimientos laterales y mostró su escasa variedad táctica. Las similitudes entre ambos invitaban a la igualdad, marcaron el encuentro hasta el quinto set y condujeron a una conclusión ajustada.
EFE
Para Jódar, acostumbrado a adversarios más defensivos, Michelsen supuso todo un reto. Desde el inicio se le vio incómodo, como delataban sus numerosas dobles faltas, aunque mantuvo su carácter y su prodigiosa serenidad. Cedió el primer set en el tie-break, cuando el estadounidense dudaba menos en los momentos decisivos. Pero en el segundo y tercer set Michelsen tomó la iniciativa gracias a su potente saque, a su buen juego en la red y a la incorporación de efectos en sus golpes de derecha. El desconcierto cambió de lado y, en ciertos momentos, Jódar se asomó al abismo, cerca de la eliminación. Tan serio como es, se pasó todo el cuarto set levantando los brazos para animarse y, de paso, avivar a los aficionados españoles que le acompañaban en la preciosa pista Simonne-Mathieu.
Un cambio táctico
Y de alguna manera funcionó. Mientras Michelsen empezaba a acusar el cansancio, Jódar multiplicó el riesgo buscando algunos ángulos, moviendo un poco a más a su rival por la pista, y así fue encontrando las preciadas oportunidades. Romperle el saque al estadounidense seguía siendo dificilísimo, pero fueron apareciendo bolas de break, y más bolas de break, y otra bola de break más.
En el quinto set todo ese trabajo floreció. Como si el partido le hubiera enseñado algo en tiempo real, Jódar empezó a leer mejor el juego de su rival, a gestionar los puntos con mayor criterio y a no dejarse arrastrar por el intercambio frenético que tanto había beneficiado a Michelsen durante los sets anteriores. Más entero, más dueño de sí mismo, fue imponiendo su peso físico y mental sobre un rival que se desvanecía. El éxito final no fue un regalo: fue el resultado de un jugador que, en el momento más exigente, encontró dentro de sí la versión que necesitaba. A los 19 años, Rafa Jódar ya sabe lo que cuesta ganar en un Grand Slam. Y también que cómo hacerlo.
"Estoy super contento por estar en octavos, es un sueño hecho realidad. He tenido que luchar mucho y me quedo con mi mentalidad. Alex ha jugado muy bien y yo he sabido dar batalla", proclamó Jódar que fue a celebrar con un grupo de aficionados que le habían estado animando todo el partido y cerró su presencia deseando suerte al PSG en la final de la Champions de este sábado.
Todos los entrenadores mundiales siguen viendo a Zinedine Zidane en la cúspide de la pirámide. El francés es el único que ha logrado ganar la Champions tres veces seguidas. No es el que más tiene que es Carlo Ancelotti, cinco, pero sí el que se despega de los técnicos que la han logrado de manera consecutiva.
Si Luis Enrique vence en Budapest, además de lograr su tercera orejona tras la que obtuvo con el Barça en 2015, entra en un club selecto en el que hay nueve técnicos como Arrigo Sacchi (1989, 1990) que lo hizo con el Milán, Brian Clough (1979, 1980), con el Nottingham Forrest o Helenio Herrera (1964, 1965), con el Inter de Milan, entre otros, que lo lograron antes. "Es muy poderoso ganar la primera, pero es más grande ganar la segunda seguida", ha apuntado el técnico asturiano.
Luis Enrique ha mostrado la confianza del que sabe que ha mostrado al mejor equipo a nivel ofensivo de esta Champions. Pero el sábado se enfrenta a la mejor defensa del torneo. "Somos equipos que se parecen, porque nosotros también defendemos bien, pero que han seguido caminos diferentes", ha expresado.
Con todos disponibles, incluido Achraf Hakimi, que venia aquejado de unas molestias, Luis Enrique se ha mostrado muy confiado en su equipo. "La motivación no es la historia, que ya la hicimos el año pasado, sólo queremos seguir siendo el mejor equipo de europa y del mundo", ha recordado el técnico pese a que perdieron la final del Mundial de Clubes frente al Chelsea.
Igualmente, no quiere el asturiano perderse en los halagos que le puedan hacer sus rivales o la prensa, quiere mantenerse lejos de ese "ruido" que genera un PSG del que, dice, le brinda las mejores herramientas para afrontar retos tan importantes como los que está consiguiendo con el conjunto francés, 11 títulos en tres años.
Líderes en ataque y defensa
Dos de esas herramientas, han acompañado al técnico en la comparecencia previa al gran partido. Uno de ellos, Ousmane Demebele, reciente balón de oro, le ha calificado como "uno de los mejores técnicos que ha tenido en su carrera". "Es de los que más me ha hecho progresar", ha explicado.
Para el asturiano también ha habido halagos del capitán del PSG. Marquinhos dice que casi todo lo que ha probado en el terreno de juego ha funcionado. "Es un técnico de un nivel muy alto y esperemos que siga mucho tiempo", ha pedido el central brasileño.
Si hay una cosa que le ha alabado al entrenador es la capacidad que ha tenido de poner a trabajar al equipo en torno a la misma idea, tanto atacantes como defensores. "Tenemos jugadores que saben hacer de todo", ha apuntado el defensa.
Corría el tercer set y ya llevaban más de dos horas de partido cuando Pablo Carreño, con sus 34 años y su extenso historial médico, decidió pegarse un sprint de camino a su banquillo. Tocaba descanso entre juegos, pero él no lo necesitaba. La galopada era un mensaje para su rival, el argentino Thiago Agustín Tirante, de 25 años: si quería ganar no le bastaría con esperar a que el veterano se agotase; tendría que hacerlo con tenis. Y con tenis, al final, Carreño se impuso.
Este viernes venció a Tirante por 7-6(0), 7-5, 3-6 y 6-4 para clasificarse para octavos de Roland Garros por cuarta vez en su carrera, la primera desde 2021, y alejar el fantasma de una retirada que parecía inminente.
"No quería que la lesión me retirara, quería volver a disfrutar del tenis. Obviamente me planteé dejarlo porque no podía jugar, entrenar, no podía hacer nada. Siempre sufría dolor y fui perdiendo la ilusión. Por suerte me operé, fue bien y poco a poco mejoré. No volveré a mi mejor nivel, pero no lo necesito. Solo quiero acabar mi carrera con buen sabor de boca", explicaba a EL MUNDO el pasado otoño en Nueva York, durante el US Open. Pero esta temporada todo le empujaba hacia el adiós.
Y ahora, quizá Jódar
Después de múltiples lesiones de espalda y codo, el hombro derecho le andaba martirizando y, de hecho, la semana pasada tuvo que retirarse del Challenger de Valencia. "Me dolía el hombro, no podía ni coger la raqueta. Vine aquí a Roland Garros muy justo, pero parece que el tratamiento ha surtido efecto. Me ha sorprendido mucho, la verdad", confesaba Carreño tras derrotar en primera ronda al checo Jiri Lehecka, número 12 del mundo, y en segunda al australiano Thanasi Kokkinakis.
ANNE-CHRISTINE POUJOULATAFP
En la próxima ronda, el domingo, le espera un veinteañero -Rafa Jódar o el estadounidense Alex Michelsen-, pero que le quiten lo bailado. Si quería volver a disfrutar del tenis antes de colgar la raqueta, en París lo está consiguiendo. Vaya si lo está consiguiendo.
Al acabar el partido ante Tirante, Carreño se echaba las manos a la cabeza como quien no se cree lo que acaba de ocurrir, aunque el triunfo fue merecido. Como hizo en los partidos anteriores, el español despegó un juego completísimo, capaz de frenar el ímpetu de su adversario desde el fondo de la pista, con variedad e inteligencia. La única duda que se ceñía sobre él era si sería capaz de mantener el esfuerzo físico y lo hizo.
Florentino Pérez, candidato a la presidencia del Real Madrid, ha manifestado este jueves su deseo de renovar al internacional brasileño Vinicíus Júnior, al que definió como "uno de los delanteros mejores del mundo", y, preguntado por si va a fichar al portugués Jose Mourinho para el banquillo, aseguró que aún no ha hablado con él. "Es un buen entrenador claramente pero no lo voy a anunciar porque todavía no he hablado con Mourinho", ha confirmado en una entrevista con Televisión Española en la que ha adelantado que no va a participar en ningún debate electoral con el otro candidato a presidir el club, Enrique Riquelme.
En su primera entrevista concedida en periodo electoral, Florentino Pérez volvió a cargar de nuevo contra el empresario alicantino, de quien dijo tener la sensación de que se presenta a las elecciones "porque necesita el club para su empresa" y sobre quien volvió a sembrar dudas respecto a su aval. "Dicen que este señor ha pedido un crédito al 54% anual. ¿Pero, cómo se puede pedir un crédito al 54%?", se preguntó. Asimismo, recordó que "quiere mucho" al club blanco. "Cuando veo que van a por él, aquí estoy yo" dijo en referencia a la candidatura rival, que vinculó con la etapa de Ramón Calderón al frente del club, la cual calificó como "la más siniestra que ha habido en el historia del Real Madrid".
Preguntado por el motivo de la convocatoria de las elecciones, Pérez explicó que "estaba detectando un movimiento en la sombra que tenía como objetivo desestabilizar al club" a través de su persona. "Y yo, como sigo creyendo que el club es de los socios dije: a convocar elecciones. El que quiera que se presente". En relación con los comentarios de Riquelme sobre la supuesta intención de Pérez de privatizar el club, éste respondió que el Real Madrid ha sufrido muchos ataques.
"La Liga contribuyó a que nos querían quitar los ingresos económicos del Madrid para repartirlos entre todos los clubes, una cosa insólita. Conseguimos pararlo, pero he llegado a la conclusión de que la única manera de proteger nuestro patrimonio es que pase el valor del club a todos los socios".Cuestionado por el 'caso Negreira', volvió a mostrarse contundente: "Ahí voy a muerte. Precisamente voy a ir este fin de semana a la final de la Champions, me ha invitado el presiente de la UEFA, y le voy a comunicar que cuando termine la campaña electoral le voy a entregar un dossier que hemos elaborado durante tres años. Cuando lo vean todos los que lo tienen que ver, es el caso de corrupción más grande que hay en la historia de fútbol", aseguró."El Madrid tiene la suerte de que estoy yo", concluyó Florentino Pérez.
La noche antes de la final del Torneo Nacional Sub-15 de 2021, en un hotel de Cartagena, Rafa Jódar y Luis Llorens compartían litera. Eran los dos finalistas del torneo, amigos íntimos y compañeros en el Club de Tenis Chamartín. A mitad de la noche, Llorens se despertó sobresaltado. Jódar estaba sonámbulo junto a su cama, con la raqueta en ristre.
"Me dijo: 'Luis, Luis, dame la mano, que te he ganado'. Yo estaba flipando. El tío había visualizado tanto la victoria durante el día que también lo estaba haciendo dormido", recuerda Llorens, que al día siguiente cayó ante Jódar por 6-1 y 6-4. "Me enchufó lo que quiso. Lo mejor es que al despertar no hablamos de lo que había pasado, porque ninguno de los dos sabíamos si había sido real o un sueño. Hasta después de la final no sacamos el tema. Por encima de todo, de Rafita siempre me ha sorprendido su competitividad".
El mismo chico que aprendió a golpear una pelota en el garaje de su casa en Leganés es hoy la nueva sensación del circuito mundial a sus 19 años, cuartofinalista en el Mutua Madrid Open y en el Masters 1000 de Roma, y uno de los aspirantes al Roland Garros, donde hoy (sobre las 13.00 horas) disputa la tercera ronda contra Alex Michelsen. EL MUNDO ha hablado con quienes le han acompañado en el camino para contar cómo se construyó un fenómeno.
El padre que marcó el camino
Todo empieza por el padre. En todas las conversaciones aparece el padre. Detrás de Rafa Jódar, Rafael Jódar. "Yo estoy en un segundo plano y me gustaría seguir así", responde cuando se le pide una entrevista, y ahí está su carácter reservado, discreto.
Licenciado en INEF y profesor de Educación Física, cuentan quienes le conocen que llegó al tenis por descarte. Fue una coincidencia. Antes de sentarse en el banquillo de su hijo por los torneos del mundo, fue preparador físico de atletismo y baloncesto y, de hecho, descubrió la élite con un equipo de baloncesto femenino. Entre 2007 y 2014 formó parte del cuerpo técnico del Rivas Ecópolis, club con el que ganó una Liga Femenina, una Copa de la Reina y rozó el título de la Euroliga.
El Rivas Ecopolis, con Jódar en el centro, atrás.Benito Pajares
Entre sus pupilas de aquella época estaba Amaya Valdemoro, una de las mejores jugadoras españolas de la historia. "Era un tío muy trabajador, que te decía siempre las cosas claritas y un amante del deporte", recuerda Valdemoro. "Hablábamos mucho del atletismo, que nos encantaba a los dos. Y ya por entonces andaba su hijo por allí, con la raqueta a cuestas". Pero aquello acabó de golpe: el Rivas cayó en bancarrota, Valdemoro se retiró y Jódar padre tuvo que reinventarse. Así llegó al tenis. De aquellas ruinas, este imperio.
Rafa hijo nació el 17 de septiembre de 2006 en el Hospital Universitario Severo Ochoa de Leganés, creció sin hermanos en el barrio de Arroyo Culebro de la ciudad y desde pequeño compartió con su padre la misma pasión por el deporte. Pudo haber sido futbolista -jugó varios años en el Santa Bárbara de Getafe- o incluso jugador de baloncesto, dado sus 1,91 metros, pero eligió el tenis.
Los primeros golpes, en el garaje de casa
Los primeros golpes los dio en el garaje de casa, con su padre lanzándole pelotas, y el salto a la pista llegó cuando Rafael padre encontró trabajo como preparador físico en la escuela de tenis del Complejo Deportivo del RACE de Ciudalcampo. Allí conoció a Fernando Varela, entrenador que se convertiría en la voz técnica más influyente de su primera etapa como tenista.
"En la escuela de RACE contrataron a Rafa padre como preparador físico y empezó a traer al niño, que era muy pequeñito, a recibir alguna clase el fin de semana", rememora Varela. "Así empezamos a trabajar juntos, pero la escuela cerró y tuvimos que buscar soluciones. Conseguí que me cedieran unas pistas en mi urbanización, también en Ciudalcampo, y allí entrenaba dos días a la semana a Rafa junto a otros niños. Luego, en el Chamartín, donde era socio, repetía y repetía todo lo que habíamos ensayado con su padre".
Jódar, con Varela, después de un entrenamiento.CEDIDA
Esa dinámica -Varela como guía técnico, el padre como entrenador diario- definiría la formación de Jódar, junto a sus ganas de jugar. En sus muchas horas en el Chamartín peloteaba con quien se pusiera por delante -"hasta con las veteranas", apuntan- e incluso hubo una época en la que se acercaba a las pistas municipales del Polideportivo Olimpia, en su Leganés, para sumar más sesiones. Allí entrenaba Lolo Pastrana, que hoy precisamente es director deportivo del Club de Tenis Chamartín.
Un ecosistema único
"Tanto él como su padre han sabido empaparse del entorno. Rafa siempre ha peloteado con todo tipo de socios del Chamartín y ha escuchado sus consejos. El club tiene un ecosistema muy particular y por eso han salido de aquí Rafa, Martín Landaluce, Dani Mérida, Jessica Bouzas...", se enorgullece Pastrana, que destaca el trabajo de Jódar como jugador de club y el trabajo con su padre: "Es como el padre de las Williams en positivo: es muy metódico, incluso contaba las bolas que su hijo pegaba en cada sesión, pero al mismo tiempo respetuoso con la figura de los entrenadores".
Jódar, junto a Llorens y Cristina Ramos, del ChamartínCEDIDA
Del Jódar niño cuesta encontrar referencias porque entonces no era una promesa, como admite todo su entorno. "No destacaba", define Pastrana. "No era un niño especialmente bueno", confirma Varela, su técnico. "Tardó muchos años en ganarme", añade Llorens, su amigo y compañero. Mientras otros jugadores de su generación marchaban a academias de élite en Barcelona o Valencia y se apuntaban a institutos online para poder entrenar más horas, el ahora número 29 del mundo crecía en Madrid sin expectativas, como un adolescente más. Bajo la influencia de unos padres maestros -su madre también es profesora-, se sacó el bachillerato de Ciencias, con Biología y Química, de manera presencial en el IES Rafael Frühbeck de Burgos de Leganés, y nunca renunció a la normalidad.
En ese tiempo, además, Jódar arrastraba un defecto que con el tiempo ha convertido en virtud. En su niñez y preadolescencia era un tenista lento, incluso muy lento. Quienes se enfrentaban a él sabían que si le movían le podían ganar, y por eso él empezó a jugar como juega ahora. Si hoy resta tan bien, si golpea con tanta velocidad, si es letal al revés es porque años atrás necesitaba acortar los intercambios. ¡Boom!, y se acababa el problema. Así, de hecho, empezó a asomar entre los mejores del país.
De la promesa al fenómeno mundial
Después de la victoria en el Torneo Nacional Sub-15 de 2021 de la somnolencia, Jódar volvió a estar bajo el radar hasta su segundo año como junior, en 2023. Aquella temporada empezó con una victoria en el J200 de Valencia y ahí despegó. "Tenía 16 años y ese torneo le catapultó. Tuvo que empezar en la fase previa porque antes no había jugado mucho. Se perdía muchos torneos porque le coincidía con clases o exámenes y sus padres nunca quisieron que se saltara ni uno", cuenta Álvaro Ribes, entrenador del Chamartín que le acompañó en muchos torneos y que recuerda cómo le favoreció el estirón. A partir de entonces el ascenso: en 2024 ganó el US Open para menores de 18 años, en 2025 se fue a la Universidad de Virginia y este 2026, ya como profesional, la eclosión.
"Siempre estaba en el Chamartín con su padre a pico y pala, con una disciplina, una seriedad y una profesionalidad increíble. Yo entonces entrenaba a una jugadora estadounidense, Peyton Stearns, que ahora está entre las 50 mejores del ranking WTA, le pedí si podía hacer de 'sparring' y lo hizo encantado", recapitula Pato Clavet, que fue Top 20 del mundo y ganador de la Copa Davis de 2000, ahora entrenador en el Chamartín. Admiten quienes vieron aquellos encuentros entre el Jódar junior y Stearns que el español ganaba "siempre y sin pisar el acelerador". "Rafa es muy educado, un chico muy correcto", le define Clavet en la misma línea de todos los entrevistados.
Jódar, en el centro de sus amigos, con la camiseta de España.CEDIDA
"Es un chaval de esos que te puedes llevar a cualquier lado y siempre te va a hacer quedar bien. No es muy extrovertido, pero siempre sabe qué decir", precisa el técnico Ribes. "Es un poco hermético, pero es muy amable y, sobre todo, muy inteligente. Entiende todo lo que está ocurriendo a su alrededor, eso no le va a despistar. Y tiene claro lo que quiere", apunta Pastrana, director deportivo. "Tiene la virtud del trabajo. Incluso diría que es un superdotado cuando hay que acumular volumen de entrenamiento", comenta Varela, que fue su entrenador. "Nosotros la liamos más y él es el tranquilo del grupo, pero no es un tío callado ni serio. Se ríe como todos, pero simplemente es más tranquilo", finaliza su amigo, Llorens.
Según cuenta, Jódar no es muy de móviles ni videojuegos y el hobby al que dedica más horas es el fútbol. Seguidor del Real Madrid, no se pierde un partido, más ahora, que ha hecho amistad con Jude Bellingham. Rafita Jódar, el adolescente que hace cinco años le despertó sonámbulo con la raqueta en ristre, es ahora una estrella mundial.
Diego Poncelet es un tipo curioso. Cuando se le pregunta qué siente a 130 kilómetros por hora sobre su monopatín, bajando una carretera de montaña sin frenos, con el viento amenazando con descoyuntarle si se atreve a levantarse de golpe, lo que elige contestar es «tranquilidad». Ni adrenalina, ni vértigo, ni tan siquiera velocidad. «Es algo parecido a una meditación profunda. Tienes que estar en el momento. Sientes cierta calma. Si tienes claro lo que quieres, todo va a ir bien», cuenta a EL MUNDO después de proclamarse dos veces campeón del mundo de downhill skate.
Su deporte es fácil de resumir: cuatro intrépidos se lanzan cuesta abajo y el primero que llega gana. «Es la Fórmula 1 del skate», dice Poncelet, aunque, al contrario que a Max Verstappen o a Fernando Alonso, no le protege ningún chasis. Viste un traje similar al de los pilotos de motos y lleva casco, pero una caída duele sí o sí.
El riesgo es innegable.
Hay que confiar en uno mismo. Si hago un cálculo del riesgo y decido que puedo conseguirlo, entonces todos mis instintos, todas mis emociones, mis impulsos tienen que estar encaminados hacia ese objetivo. Sin ninguna duda. Es el acto máximo de confianza en uno mismo. Y confiar no solo en tus habilidades, sino también en ese cálculo de riesgo. Eso es aún más importante.
Pero... ¿cómo frena?
Levantándome, pero por partes. Si voy a 130 kilómetros por hora y me levanto de golpe, salgo volando directamente. Primero tengo que levantar las manos, después los brazos, subir un poco el pecho y así, poco a poco, ponerme de pie para generar resistencia al viento.
Un asombro en la infancia
Poncelet habla con acento extraño porque acumula nacionalidades. Es de todas partes y de ninguna. Nació en México, de madre española y padre belga, y cuando era niño se mudó a Lausana, en Suiza, donde ocurrió todo. En una cuesta empinada de la ciudad alpina, un patinador pasó a toda velocidad frente a él y desapareció de su campo de visión en un instante. Con ocho años, corrió hasta la rotonda de más abajo esperando encontrar el desastre. Pero no había nada. El patinador había frenado sin frenos, había sobrevivido a la física. «Aquello me pareció increíble. Que alguien pudiera dominar así un skate», recuerda sobre su momento de revelación. Décadas después vive en Mallorca y ha alcanzado tal dominio en su especialidad que ya no compite. ¿Para qué disputar otro Mundial, otra competición? Ahora solo busca los límites.
Abre Google Maps, localiza las carreteras más empinadas del mundo, investiga el estado del asfalto, consulta la normativa local y viaja para lanzarse cuesta abajo. El objetivo puede ser superar su récord de velocidad punta -ya en 131 kilómetros por hora-, batir la plusmarca mundial -146 kilómetros por hora- o simplemente dar a conocer su deporte. «Después de ser campeón dos veces, me di cuenta de que te vuelves algo defensivo. Si tu sueño es ser campeón del mundo y lo consigues, solo puedes defender ese sueño, solo puedes repetirlo. Yo tengo una noción de la ambición que no depende del logro en sí, de tener la copa en casa para verla, sino de seguir empujándome cada vez más allá», declara quien se ve a sí mismo como un pionero. Ya es más explorador que deportista.
La ayuda de un monje
El descenso en monopatín no es un deporte con décadas de historia ni una federación internacional detrás; todavía está naciendo, y alguien tiene que hacer ese trabajo. De hecho, Poncelet, como todos los practicantes de la especialidad, no fue a ninguna escuela a aprenderlo. Fue a una cuesta, encontró a otros que bajaban y así fue evolucionando. Hoy sigue construyendo comunidad en la Serra de Tramuntana, donde cuenta con compañeros que le avisan de los coches que vienen de frente durante sus descensos y donde, hace unos años, conoció a un coach muy singular.
Le ayuda un monje budista.
Lo conocí en Mallorca porque también patinaba, y fue una suerte. Me demuestra que puedo ser la persona que quiera ser, que no me hace falta ajustarme a ningún molde y que debo desarrollar mi propio carácter. Ahora vive en un monasterio de Estrasburgo y, siempre que puede, pide permiso para venir a patinar conmigo.