El Valencia da un giro en el primer mercado de las "cuatro ventanas" de Gourlay: una columna vertebral de veteranos para Corberán

El Valencia da un giro en el primer mercado de las “cuatro ventanas” de Gourlay: una columna vertebral de veteranos para Corberán

Los 26 días del mercado de enero han deparado sorpresas en el Valencia que invitan al análisis sobre la gestión que en los últimos meses ha hecho el club, esos en los que Ron Gourlay está al frente de la parcela deportiva -aunque oficialmente llegara en mayo- y que recuerdan el reto que se marcó en octubre: "Tenemos cuatro ventanas de mercado para hacer el equipo más fuerte".

El primero ha sido este que afronta su recta final, un mercado de invierno en el que no ha habido experimentos ni apuestas arriesgadas, hay certezas. Los goles de Sadiq y su incidencia en el juego ofensivo del equipo, decisivo para enderezar el rumbo hace un año. El equilibrio de Guido Rodríguez, un campeón del Mundo que llega para mejorar el balance defensivo de un centro del campo, en muchas ocasiones, transparente, y que tiene el poso de los grandes jugadores que ha visto Mestalla. A ellos se suma Unai Núñez, que aporta experiencia a una defensa magullada por las lesiones. Quizá la de bilbaíno no fuera la primera opción, pero tampoco es un disparo al aire. Los tres jugadores están preparados para aportar a Carlos Corberán justo lo que necesita: rendimiento inmediato que haga al equipo "más fuerte".

Su encaje en el once titular puede ser casi automático. No lo ha hecho el entrenador con Sadiq por respetar una jerarquía de vestuario, en la que pesa el trabajo incansable de Hugo Duro y también de Lucas Beltrán, y porque es una bala en la recámara, algo que antes no tenía. Entre los tres, siempre habrá uno que amenace desde el banquillo.

Menos dificultades debe encontrar Guido, con Pepelu emergiendo como puntal y despertando la competencia con Ugrinic y Javi Guerra. Si es el jugador que todo el mundo vio en el Betis, con hueco en la Argentina de Scaloni, Corberán tiene que encontrar su lugar porque debe ser la pieza que aporte el equilibrio. Y no solo en este final de temporada en el que el Valencia volverá a tener que apretar los dientes en LaLiga y, si cumple, se podrá permitir soñar con la Copa del Rey, donde espera, de momento, el Athletic.

Sadiq y Guido rozan la treintena, lo que rompe con el patrón de Meriton, y llegan con contratos en firme, lo que permite al Valencia ilusionarse con mantener durante algún tiempo una columna vertebral más fuerte, que no se modifique año a año, obligando a empezar a construir casi desde cero. En el caso del argentino, el club tiene seis meses para cerrar un acuerdo que dure más de seis meses.

Al Valencia desde 2020 llegaban o jugadores con capacidad de explosión -aunque fuera a precio desorbitado como Marcos André o Maxi Gómez- , y por tanto de venta, o cedidos, algunos con buen rendimiento como Samu Lino, Justin Kluivert, Enzo Barrenechea y, seguramente, Lucas Beltrán, y otros sin pena ni gloria como Max Aarons, Peter Federico, el ucraniano Yaremchuk e incluso el mancuniano Nico González y Rafa Mir.

Hay otra categoría que también ha explorado el Valencia, que es la de club rehabilitador. Firmó a Cavani, enfilando su ocaso, buscando que aún diera algo en Mestalla. A Samu Castillejo para rescatarlo del olvido, y no duró ni seis meses, y a jugadores con ansia como Sergi Canós, que tampoco encajó. A este grupo casi se podría unir ya Baptiste Santamaría.

El único que encaja en la categoría de este mercado de invierno, de galones, oficio y rendimiento inmediato es Luis Rioja. Está por ver si la inversión de cuatro millones realizada en Ugrinic, que apunta maneras, y Copete, cada vez más eficaz en el eje de la zaga. El suizo y el andaluz son los fichajes del mercado que, aunque de adaptación tardía, están cumpliendo su papel.

El giro en su manual de mercado se produce porque Meriton, Kiat Lim, con la refinanciación en el bolsillo y el estadio en marcha, no puede dejar al equipo caer. Y tiene el agua al cuello. Eso lo sabe bien Ron Gourlay y se encarga de recordárselo Carlos Corberán. La gerencia confía en el entrenador de Cheste y en su capacidad de hacer despertar al equipo, pero ha reconocido que debe darle herramientas, de las buenas, de rendimiento inmediato y, por tanto, la inversión era necesaria.

Entre traspasos, indemnizaciones y coste salarial, el Valencia tendrá que afrontar un gasto de alrededor de diez millones que diferirá en las cuentas en los próximos años, pero que se ve obligado a afrontar en enero, cuando en agosto no quiso. El caso de Sadiq es el mejor ejemplo.

Pero esta línea se refuerza también buscando veteranos sin coste, como el caso del central neerlandés Justin de Haas, de 29 años, a quien el Valencia ha atado libre en junio cuando finalice su contrato con el Fameliçao portugués.

Gourlay, con una dirección deportiva renovada a su criterio para peinar los mercados en busca de talento, ha cedido en el primero de los cuatro mercados decisivos que apuntó en octubre a una evidencia del fútbol: la experiencia y los buenos jugadores sostienen a los clubes y permiten crecer el talento que eclosiona. En la justa mezcla está la clave.

Los Patriots vuelven a la Superbowl por primera vez en la era post Tom Brady

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Los New England Patriots derrotaron este domingo a los Denver Broncos en una final de conferencia muy física, intensa, bajo un frío gélido y nieve. Un partido no especialmente atractivo en lo técnico, pero destacado en lo táctico y espectacular en lo visual. Marcado por las defensas, por los resbalones, los errores y los pequeños detalles que permitirá al equipo volver por primera vez a la Superbowl en la era posterior a la salida del legendario Tom Brady y el entrenador Bill Belichick

Los Patriots se verán las caras el próximo 8 de febrero, en California, con los Seattle Seahawks, que se impusieron 31-27 a Los Angeles Rams en un partido emocionante, ajustado, lleno de anotaciones, idas y venidas.

La del mes que viene será la 12ª participación de los Patriots, más que nadie antes, con el objetivo, el sueño, de lograr su séptimo anillo para empatar, curiosamente, con su ex quaterback más laureado. Guiados por un entrenador novato en los banquillos, pero que cuenta él mismo con tres anillos como linebacker en la era dorada del club, y que espera hacer historia convirtiéndose en el primer manager en lograr otra liga para la misma franquicia estando ahora a los mandos.

El primero partido de anoche fue en realidad dos diferentes. Una primera parte escasa, con un empate a 7 con dos touchdowns, uno en carrera y otro con un pase largo de más de 50 yardas. Y una segunda completamente diferente, aún más rácana en puntos según las condiciones se volvían brutales y los resbalones, la norma. Sólo dos veces antes un equipo había logrado el título de conferencia con 10 o menos puntos, "Prefiero una victoria fea a una derrota bonita", celebró el receptor Stefon Diggs. "Nadie está satisfecho. Estamos contentos, pero no conformistas. Nos sentimos afortunados de estar donde estamos, pero sabemos que podemos lograr mucho más".

Los Patriots, horribles en la parte ofensiva (si bien llevan tres enfrentamientos seguidos contra equipos que están en el Top 5 de mejores defensas), ganaron porque el roookie Andy Borregales, tras fallar antes dos intentos, fue capaz de convertir una patada después de una posesión entera, de casi 10 minutos y más de 15 jugadas. Mientras que los Broncos, lastrados tras la grave lesión de su quaterback titular la semana pasada, superados por el clima, el viento y la nieve de cara, fallaron su mejor oportunidad, otra patada que se desvió en medio del viento, la aguanieve y el bloqueo de un jugador que hasta hace unos días era un descarte de la plantilla. Los de Denver son el único equipo que no dio ni un minuto a su quaterback suplente en las dos últimas temporadas y hoy, con condiciones muy adversas, pagaron el precio.

Los Patriots en cambio llegaron a Colorado con una marca extraordinaria de ocho victorias a domicilio y ninguna derrota, y lograron mejorarla rompiendo al mismo tiempo una maldición, la de no haber sido capaces nunca de ganar en casa de los Broncos en playoff. Gracias en buena medida al jovencísimo Drake Maye, candidato a MVP de la liga y apenas el tercer quaterback de menos de 24 años en llevar a los suyos a la Super Bowl, uniéndose al club de élite formado por Dan Marino y Ben Roethlisberger. Y a un entrenador en su primer año, Mike Vrabel, despedido por los Titans y que ahora aspira a seguir los pasos de otra leyenda, Belichick y convertir un anillo en los cimientos de una era, liderando la reconversión de una franquicia única.

La otra final de conferencia, tuvomo como protagonista indiscutible a Sam Darnold, que lanzó tres pases de touchdown, llevando al equipo a su primera lucha por el anillo desde 2014, buscando una revancha por la derrota de Super Bowl XLIX que aún escuece.

New England se presentará en California inevitablemente como favorito, aunque sólo sea por los números y el palmarés. Entre 2001 y 2018, la dupla Tom Brady-Bill Belichick llegó a la Super Bowl nada menos que nueve veces. De ellas, ganaron seis, cinco con un marcador muy ajustado. Aunque ahora su ataque no atraviese su mejor momento (han promediado 18 puntos por partido en los playoffs, el dato más bajo de cualquier equipo ganador desde 1979), aunque lleven siete años sin pelear por la copa y aunque su plantilla se haya renovado completamente, nadie ha estado más veces en una final, nadie tiene más victorias en playoff en la historia y nadie tiene más hambre, después de dos temporadas dramáticas en 2023 y 2024, con apenas cuatro victorias en la fase regular.

“Los datos no son esteroides”: Alcaraz y la polémica en el Open de Australia por el dispositivo que le obligaron a quitarse

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Quizá Carlos Alcaraz ya había tomado nota de lo ocurrido unos días antes con Aryna Sabalenka. Antes de su debut en el Open de Australia, la juez de silla Marija Cicak señaló la muñeca de la número uno del circuito femenino y le obligó a quitarse el dispositivo que llevaba, un Whoop, un wearable que mide datos como la frecuencia cardíaca. Sabalenka se mostró extrañada, pero cumplió con la orden. Tal vez por ese precedente, Alcaraz había escondido su Whoop debajo de una muñequera blanca. No sirvió de nada.

A pocos minutos de comenzar su partido de octavos de final del Grand Slam contra Tommy Paul, la misma juez Cicak le advirtió de que no podía llevar ningún aparato y le exigió que se lo quitara. El español obedeció y ahí pareció quedar la cosa. O no.

"Son reglas del torneo, de la ATP, de la ITF... No se puede jugar con ello. Son cosas que te ayudan a cuidarte más, a controlar mejor el descanso, los entrenamientos, la carga... pero bueno, no he podido jugar con él y no pasa nada. Se quita y a funcionar", aseguró Alcaraz sobre el incidente en su charla con la prensa española. No hubo reclamación ni polémica, hasta que Whoop decidió intervenir.

Empresa estadounidense fundada en 2012, Whoop lleva años invirtiendo en publicidad precisamente para que estrellas como Alcaraz o Sabalenka aparezcan con su producto. Patrocina el circuito WTA y tiene acuerdos con el circuito ATP y la Federación Internacional de Tenis (ITF) para que sus dispositivos sean legales y, de hecho, su uso es habitual en muchos torneos. ¿Cuál es el problema, entonces?

La reclamación de la empresa

Que los Grand Slam tienen sus propias normas. La normativa que se aplica en el Open de Australia establece la restricción de "los wearables que permitan la comunicación externa", para evitar el coaching o las apuestas, y los jueces de silla del torneo consideran que Whoop es uno de ellos.

"Dejad que los atletas midan sus cuerpos. Los datos no son esteroides", reclamó este lunes Will Ahmed, fundador de Whoop, mientras la empresa anunciaba que ha contactado con las organizaciones para que revisen su decisión. ¿Podrá jugar Alcaraz su próximo partido con su medidor de datos? Está por ver. Quizá solo dependa de que haya un acuerdo de por medio.

El esperado salto de Garuba: "Cada vez más inteligente"

El esperado salto de Garuba: “Cada vez más inteligente”

En su segunda temporada en el Real Madrid tras su retorno de la NBA es como si Usman Garuba, que pronto cumplirá los 24, hubiera encontrado su lugar. El jugador que siempre prometió, en el molde de quien quizá mejor le conoce, Sergio Scariolo. Toda su energía canalizada. La que le hace único, la que a veces le jugó malas pasadas. "Viene jugando desde hace tiempo de una manera intensa, agresiva, cada vez más inteligente. Y eso es decisivo", le elogiaba hace poco el técnico con el que conquistó el Eurobasket en 2022.

Para saber más

El gran salto en el rendimiento del de Azuqueca de Henares no se mide sólo en lo estadístico, que también. Los números pocas veces hacen justicia a un tipo de jugador tan físico, entregado a los esfuerzos que el resto rechaza. Influyente en lo que intimida, en los balones que roza o desvía, en los bloqueos que coloca o en las faltas que comete. Curiosamente, fue la mayor amenaza la que le hizo espabilar.

La indefinición de comienzo de temporada en el Real Madrid, con los roles todavía repartiéndose y el cuerpo técnico a la búsqueda de los mecanismos que maximizaran el potencial de una plantilla como nunca, hizo que Garuba se perdiera, se diluyera. Scariolo trató de involucrar a Bruno Fernando (fichado a mitad de la temporada pasada, desde los Raptors) como primer recambio de Edy Tavares, pero el experimento fracasó. El angoleño acabó rumbo al Partizan.

Entonces llegó, también desde la NBA, otro gigante. Alex Len, otro competidor de Garuba en la pintura, porque lo que desde hace tiempo quedó claro es que la posición en la que mejor rinde la Pantera es al cinco. El fichaje del ucraniano fue el resorte del canterano. Desde entonces, parece otro. Cambiando partidos desde el banquillo, con su fiereza. El ir a todas. La velocidad para recorrer la cancha. El contrapunto ideal a Tavares. Ha llegado a ser el mejor del Madrid en partidos sin tirar a canasta. Otra de sus cimas fue contra el Barça, en el clásico de Euroliga que resultó revancha blanca. "Usman ha sido más importante hoy en ataque, no tanto en defensa. Cuando hemos decidido acabar con la incertidumbre inicial de quién sería el primer suplente de Edy, con la salida de Bruno Fernando y el fichaje de Len, optamos por él como su recambio. La mayoría de veces nos ha dado la razón y también ha anotado en momentos claves", se sinceró Scariolo.

Garuba, durante un partido reciente.

Garuba, durante un partido reciente.THOMAS COEXAFP

Que en otras ocasiones había puesto la lupa en las irregulares prestaciones de su pívot, que no terminaba de responder en su primera entrada a cancha. "El paso siguiente de mejora es ser capaz en la primera salida de producir esa intensidad, esa energía, ese impacto en el partido que normalmente produce la segunda salida. Es una cuestión mental porque es el mismo jugador", explicó.

A Usman no se le exige acierto y menos desde el perímetro. Pero tampoco se corta a lanzar si le flotan en exceso. En lo que va de temporada, apenas lo intentó seis veces desde el triple, pero acertó en cuatro. Sus porcentajes de dos, acumulando ACB y Euroliga, rozan el 70%. En cuatro de los cinco últimos partidos en competición doméstica ha superado la decena en valoración. En Lugo, este sábado sin Tavares, volvió a brillar. Y dejó una jugada que le define: tapón al base en primera línea y mate para culminar la contra.

Es la madurez de un proyecto de jugador que asombró en categorías inferiores, soñó con la NBA (105 partidos en tres temporadas), que es clave para la selección española con la que ya acumula dos Juegos Olímpicos, un Mundial y un oro continental y que es el músculo del Madrid de Scariolo. Un chico siempre de frente, que el pasado verano se tomó un justificado break con España. No fue sólo cuestión de descanso físico. Usman quería estar presente en el nacimiento de su hija Alana.

Y es el paso adelante del jugador que, salvando al capitán Llull, mejor conecta con las tribunas del Palacio. El reclamo de la Pantera, de sus rebotes ante tipos que le superan en centímetros, de sus tapones, de sus cabalgadas, es ya uno de los grandes atractivos en Goya.

El reencuentro con Mourinho para los nostálgicos de la irreverencia, el orgullo y la ira: herencia, ocaso y conexión con el presidente

El reencuentro con Mourinho para los nostálgicos de la irreverencia, el orgullo y la ira: herencia, ocaso y conexión con el presidente

«Nunca amamos a alguien en concreto. Amamos tan sólo la idea que nos formamos de alguien». El madridismo que ama a José Mourinho, y que empieza por su presidente, lo hace por lo que dejó escrito Fernando Pessoa: ama lo que Mou significó en una etapa crítica. Un tiempo que fue de los aplausos en el Bernabéu a Ronaldinho por parte de un señor con bigote a ver el propio estadio arrasado por el paso de un Atila con zapatillas de ballet. Era Pep Guardiola. Mourinho también lo padeció, pero acabó por llevar a la implosión a su antónimo hasta derrotarlo, hecho que inflamó el orgullo de buena parte del madridismo, aunque fuera a costa de minar el campo con la irreverencia y la ira. El portugués se marchó, desgastado por su propia cruzada, pero la ira se quedó entre nosotros. La nostalgia no siempre es por amor.

La saudade, la nostalgia, es un sentimiento muy portugués. Está presente en los personajes de Pessoa como en los de Eça de Queiros u otros grandes escritores lusos, aunque Mourinho tenga poco que ver con el introspectivo Bernardo Soares, protagonista del Libro del desasosiego. Mou es The Special One, el mejor actor del fútbol, aunque ya sólo un gran entrenador en su invierno.

La nostalgia por el pasado de blanco es mayor por parte de una legión de fieles madridistas que por el propio técnico, cuya saudade es únicamente de sus tiempos de gloria. La realidad es que no los vivió en el Bernabéu, y no sólo por los títulos. También por el feeling. Mou se sintió en su salsa en la Premier, porque en Inglaterra era el personaje de una comedia. Aquí lo convertimos en el personaje de una tragedia, algo muy español. El error fue nuestro.

La superioridad moral del Barça

La era de Mourinho en el Madrid no fue únicamente la de los insultos o el juego extremo y duro. También la de la rebelión frente a un Barça que, además de dominar en el campo, se había situado en una posición moral de superioridad. Era el marketing de los valors. El caso Negreira y los audios de Piqué con Rubiales para repartir el oro de Arabia demostrarían que quienes predican desde atalayas morales suelen tener los pies en las cloacas.

El reencuentro del Madrid con Mou, el miércoles en Lisboa, evoca, pues, esa nostalgia en un tiempo que se asemeja en algunos aspectos al momento en el que llegó el portugués al banquillo del Bernabéu. La crisis deportiva y el dominio del Barcelona durante la temporada pasada invocan la necesidad de invertir la tendencia, aunque para ello haya que «poner una bomba». Es lo que dijo Mou en privado ante la superioridad, entonces, de los azulgrana. La puso. Los resultados fueron evidentes, al destruir al rival, aunque sin conseguir todos los objetivos esperados. Los efectos colaterales, con deterioro de la imagen del club y división, también.

El Madrid ha escogido para salir de su crisis actual a un mourinhito, después de destituir a otro de los entrenadores que, como futbolista, más conexión tuvo con el portugués. Sin embargo, como dijo Arbeloa en la más atinada de sus declaraciones, si intentara imitar a Mou, fracasaría. En lo suyo es único, el «puto amo».

Mourinho, durante un partido del Benfica.

Mourinho, durante un partido del Benfica.ALESSANDRO DI MARCOEFE

Veremos a ese Mourinho antes, durante y después del partido de Champions, porque el personaje necesita más que nunca de sus artes, dado el desequilibrio que existe, hoy, entre el Benfica y el Madrid, por irregular que esté el conjunto blanco. La primera indirecta la dejó al expresar su sorpresa por el hecho de que entrenadores sin experiencia accedieran al banquillo de grandes clubes. Arbeloa no respondió. Acertó.

Asesor en la distancia

«No cuenten conmigo para telenovelas», manifestó el portugués cuando le preguntaron si estaba entre las soluciones para el Madrid, después de la destitución de Xabi Alonso. La realidad es que no ha estado en el debate de las alternativas, aunque jamás haya dejado de ser como un sueño húmedo para Florentino Pérez, en especial en noches de tormenta. El contacto entre ambos ha permanecido, en ocasiones hasta como un asesor en la distancia.

Florentino encontró el éxito después de Mou. De hecho, el mayor de su era, con las tres Champions de Ancelotti, en dos etapas, y las tres de Zidane, dos apuestas suyas y dos personajes de su cabecera. Pero ni el francés ni el italiano hicieron seguidismo de su línea argumental en las guerras del presidente y el club. Tampoco en el maniqueísmo y la división. La que aparecía entre madridistas y «pseudomadridistas» fue acuñada por Mou.

Al portugués le ha ido peor desde que dejó el Madrid. Lo mejor de su carrera, las Champions con Oporto e Inter, fueron anteriores. Volvió a ganar la Premier con el Chelsea, un club con una afición a fuego, donde su estilo encajaba a la perfección, pero no alcanzó la gloria en uno de sus destinos más esperados, Old Trafford, y tampoco encontró el momento para ocupar el banquillo de Portugal. La Eurocopa conquistada en 2016 habría sido uno de sus grandes hits. En cambio, la conquistó alguien que no se parece en nada a Mou. Fernando Santos se había escapado, realmente, de un libro de Pessoa.

Arbeloa, entrenador del Madrid.

Arbeloa, entrenador del Madrid.J.J.GuillénEFE

El Benfica es su último destino, por el momento, pero no un destino más, porque Mou es benfiquista de corazón. Se trata del club de sus orígenes, en el que se formó. El entrenador, que hoy cumple 63 años, fue la baza electoral del actual presidente del Benfica, el ex jugador Rui Costa. Una gran figura para el banquillo del club que más estado de opinión crea en el país. Los resultados no han llegado, lejos del Oporto, líder. Las lesiones han minado a un Benfica en el que Mou hizo voto de prudencia al llegar, pero nadie puede ir contra su naturaleza.

Eso es lo que dijo Arbeloa con respecto a sus futbolistas tras la victoria en La Cerámica, un test de calidad que salvó el técnico. La declaración tiene una parte de sensatez y otra de capitulación para un entrenador que quiera desarrollar su obra. Como si el Madrid fuera El libro de la selva, aunque Vinicius no se parezca en nada a Mowgli ni en esa selva resuene, hoy, un grito como el de Mou, para lo bueno y para lo malo.

El 'carpe diem' de Antonio Serradilla tras perder un ojo: "Hay que vivir el momento"

El ‘carpe diem’ de Antonio Serradilla tras perder un ojo: “Hay que vivir el momento”

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La de Antonio Serradilla (Sevilla, 1999) es sin duda una historia de superación. En 2021, tuvieron que extirparle el ojo derecho a causa de un tumor. Entonces, llegaron a decirle que su paso por el balonmano de élite como jugador podía llegar a su fin. Cuatro meses más tarde, volvía a entrenarse y pudo volver a jugar con el Logroño, entonces su equipo en la ASOBAL. En 2023, el Elverum noruego se lanzó a por su fichaje y, desde allí, dio el salto a un Magdeburgo con el que ganó la Champions el año pasado. El gigante germano no lo retuvo y, desde allí, se fue al Stuttgart, pero ya ha enmendado su error: el verano que viene volverá a sus filas con un contrato por tres temporadas. En los Hispanos, además, es una pieza clave. Pero sabe bien que todo es volátil.

"Hay que vivir el momento, yo sé bien que un día te puede pasar algo y se te acaba todo", comenta a EL MUNDO. "Eso es lo que he aprendido con mi experiencia de vida. Si tienes algo a tu alcance para cogerlo, cógelo ya. Soy mucho de pensar que, en la vida, normalmente no te vienen muchas más oportunidades".

Las medallas han quedado fuera del alcance de una selección en proceso de renovación, pero que tiene todavía un gran presente y un porvenir brillante con la sangre nueva que está llegando, encarnada en este torneo por Marcos Fis. Por eso, y por muchos más motivos, se permite soñar con un gran éxito a un par de años vista. "Por importancia, me haría mucha ilusión sacar medalla en unos Juegos Olímpicos. Siempre, desde luego, aprovechando todas las opciones que puedas tener antes de sumar éxitos. Las oportunidades hay que cogerlas al vuelo", recalca.

"Siempre va a estar ahí"

Su forma de jugar, tras la operación, tuvo que cambiar. En muchos aspectos. "Es muy difícil de explicar, porque son tantos detalles y tantos automatismos que tienes que cambiar, tienes que adaptarte a una nueva normalidad y es básicamente como aprender a jugar visceralmente. Pierdes la visión periférica, hay algunos problemas con las distancias, que tampoco son muy grandes, y tienes que esforzarte por captar la máxima información en el menor tiempo posible. Al final, te adaptas y vives con ello, y para mí ya no supone ningún problema, aunque es algo que siempre va a estar ahí", explica.

Por supuesto, preparar de antemano los partidos es vital. "Analizar al rival, ver vídeos y saber qué jugadas me esperan para mí es fundamental. Por suerte, llevo mucho tiempo haciéndolo y es una herramienta muy útil para mí", destaca Serradilla, que no solo ha logrado jugar un torneo importante con los Hispanos, sino que además lo está haciendo como una pieza clave. "Me siento líder, y eso es algo muy importante para mí para poder desarrollar mi juego", recalca. La fuerza de voluntad, en su caso, ha sido clave para estar en lo más alto pese a todas las pruebas que le ha puesto la vida en su camino. Por todo ello, levantar la Champions en junio del año pasado fue una sensación única.

Atentado terrorista

"Hasta entonces, ha sido el día más feliz de mi vida. Es una experiencia al alcance de muy pocos y poder conseguirlo, con ese trágico problema que tuve en el ojo y otras cosas que me han pasado, como el atentado terrorista que viví de cerca en la Navidad de 2024 en Magdeburgo, hace que haya sido algo muy especial".

"En general, hay tranquilidad en Alemania, pero es cierto que el año pasado hubo bastantes percances similares en varias ciudades, creo que en cuatro. En ese sentido, tuve muy mala suerte, Magdeburgo fue una de las primeras. La verdad es que cuando oía las noticias, se me ponían los vellos de punta", reitera Serradilla, a quien le gustaría tener un club de élite en su ciudad. "Aún tengo cuerda para rato, pero es algo que me encantaría. De hecho, creo que ya hay algo en marcha. Sevilla, además, es una ciudad muy grande, muy bonita y creo que a muchos les encantaría poder vivir allí", vaticina. Tal vez, incluso, con él como técnico. "Entrenar es algo que me llama la atención y sería genial tener un club en casa", finaliza.

La complicada relación entre entrenador o tenista, o cuando pagas una millonada a tu jefe: “A veces es un trabajo ingrato”

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En los días previos al US Open de 2024, Elena Rybakina despidió a su entrenador, Stefano Vukov, y este se dedicó a perseguirla por los pasillos de su hotel en Manhattan, a escribirle decenas de mensajes y a intentar llamarla más de cien veces. Buscaba otra oportunidad, aseguraba. Pero su acoso obligó a Rybakina a presentar una denuncia y a desvelar que durante los entrenamientos la llamaba «estúpida» o «retrasada». «Me decía que sin él todavía estaría recogiendo patatas en Rusia», afirmó.

El circuito WTA intervino para inhabilitar a Vukov, pero el episodio extremo recordó una evidencia: las relaciones entre los tenistas y sus entrenadores son muy, muy, muy complicadas. La ruptura entre Carlos Alcaraz y Juan Carlos Ferrero antes del presente Open de Australia es solo una más dentro de una larga tradición de desacuerdos, separaciones amistosas y, en casos extremos, traumas. A lo largo de la historia ha habido muy pocos jugadores que hayan mantenido al mismo técnico durante toda su carrera, y así seguirá siendo. Es una unión que siempre tiende al divorcio.

Asanka Brendon RatnayakeAP

«Estas relaciones nunca son fáciles. Pagas a alguien para que te diga lo que debes hacer. Es una situación extraña. En el tenis lo vives desde niño, te acostumbras desde las clases particulares que contratan tus padres, pero aun así es raro. Genera rifirrafes y el equilibrio es muy delicado. Si pensamos en los grandes de la historia, incluso las relaciones de Rafa Nadal con su tío Toni o de Novak Djokovic con Marian Vajda tuvieron un final», escribe en este periódico Garbiñe Muguruza, quien a lo largo de su carrera mantuvo un esquema clásico de cambios de entrenadores: de quien le ayudó en la formación -Alejo Mancisidor- a quien la acompañó en sus Grand Slam -Sam Sumyk-, hasta llegar a quien la mantuvo en la élite -Conchita Martínez-. De uno necesitaba una cosa y de otro, otra. De ahí la dificultad para que las relaciones sean duraderas.

La imprescindible conexión

Cada tenista exige algo distinto y, además, sus requisitos evolucionan: los técnicos tienen la imposible tarea de adaptarse a toda velocidad. Contaba el reputado Patrick Mouratoglou que cuando dejó de entrenar a Serena Williams y empezó a dirigir los pasos de Simona Halep descubrió que no podía seguir la misma metodología. Williams quería mandar y Halep quería que alguien le mandara. Para que Mouratoglou lo entendiera, la rumana tuvo que sufrir un ataque de ansiedad en pleno partido durante el Roland Garros de 2022.

WILLIAM WESTAFP

Al final, es esencial establecer una conexión, y para ello hay dos caminos. Está el tenista que abraza a un técnico y lo mantiene durante muchos años para construir ese vínculo, como Aryna Sabalenka con Anton Dubrov. Y está el tenista que va saltando de preparador en preparador en busca de una magia que nunca acaba de llegar, como Emma Raducanu. La británica, ganadora del US Open de 2021, ha trabajado ya con una docena de coaches -el último, Francis Roig, ex de Rafa Nadal- y su carrera aún no despega.

Un 5% de 'prize money'

«Eso puede ocurrir y es muy ingrato para el entrenador. Durante tres o cuatro meses le ofreces todo tu conocimiento a un tenista y, de repente, decide cambiar. Pero no es lo habitual. Todo el mundo sabe que una relación entrenador-jugador requiere de un tiempo mínimo para dar resultados. Nuestro trabajo es muy bonito, pero muy difícil», define Marc López, también ex técnico de Nadal, que ayudó a Jasmine Paolini y ahora aconseja a Marie Bouzková.

«Es un trabajo que también exige muchos sacrificios, sobre todo a nivel de viajes», comenta López, hoy comentarista de HBO Max y Eurosport -la plataforma que emite el Open de Australia-, que por eso no ve a Nadal en el banquillo de algún jugador próximamente: «Me cuesta verlo, ahora quiere otra vida». Aunque algunos técnicos se pierden ciertos torneos, sí es una rareza que un entrenador principal solo acuda a los Grand Slam y a algún torneo más, como proponía Ferrero. El acompañamiento del jugador a lo largo de la temporada es un requisito básico, aunque por supuesto está recompensado.

WILLIAM WESTAFP

Al contrario que en el fútbol o el baloncesto, en el tenis el salario base no es lo más importante: lo fundamental es el porcentaje de los premios. Lo normal es que un entrenador de un tenista del Top 10 se lleve un 5% del prize money y que los jugadores más modestos cedan más, hasta un 10%. En la ecuación pueden entrar muchas variantes, pero es clave establecer en los contratos todos los condicionantes del empleo. Por ahí se rompió la relación entre Ferrero y Alcaraz, aunque antes ya se había tensado. Es una unión que siempre tiende al divorcio.

El Manchester United profana el Emirates y aprieta la Premier

El Manchester United profana el Emirates y aprieta la Premier

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El Manchester United prolongó el exitoso regreso de Michael Carrick al banquillo con un triunfo sobre el Arsenal, decidido por un gran disparo de Matheus Cunha, que permitió al Manchester City reducir a cuatro puntos su desventaja respecto al líder. [Narración y estadísticas (2-3)]

Los empates frente al Liverpool y el Nottingham Forest, ambos sin goles, generaron inquietud entre la afición londinense, acostumbrada a los inexplicables desplomes de su equipo, que acumula 22 años sin un título de la Premier. Mikel Arteta renovó su once respecto a los elegidos que ganaron al Inter, dando entrada a Gabriel, Martin Odegaard, Declan Rice y Piero Hincapié, recuperado de su lesión muscular.

El United, vencedor del derbi hace sólo unos días, intentó aplicar la misma medicina, con presión intensa en todas las líneas y salidas eléctricas al contragolpe. Pero no funcionó igual, porque los gunners manejaron bien la pelota con Martín Zubimendi a los mandos. El 1-0 llegó con una acción desafortunada de Lisandro Martínez, que en su intento por despejar un remate de Odegaard se metió la pelota en su propia portería. Era el minuto 29 y Arteta sonreía.

Casemiro, en el barro

Todo marchaba sobre ruedas, pero el United, con Carrick, goza de un carácter del que carecía. Y fruto de su insistencia, encontró petróleo en un error garrafal de Zubimendi. El jugador más fiable del Arsenal falló en la salida y entregó el balón a Bryan Mbeumo. El camerunés sólo tuvo que regatear a Raya para nivelar el marcador.

Tras el descanso, los visitantes salieron muy enchufados y se adelantaron con el golazo de Patrick Dorgu. El extremo danés combinó al borde del área con Bruno Fernandes y se sacó un zurdazo imparable, que golpeó con violencia en el larguero antes de reunirse con la red.

Al Arsenal le restaban 39 minutos y en ese tiempo Casemiro se hizo enorme. Bajó al barro como sólo él sabe y se multiplicó para frenar las desesperadas acometidas locales. Por el césped aparecieron de golpe Ben White, Mikel Merino, Ebereche Eze y Viktor Gyökeres, pero el United aún se rehizo para volver a merodear el área de Raya.

Dalot, frente a Trossard, el domingo en el Emirates.

Dalot, frente a Trossard, el domingo en el Emirates.EFE

Fue un toma y daca sin ocasiones, hasta que Merino apareció en el minuto 84 para reinar en el caos de un saque de esquina que acabó en gol con incertidumbre, porque Benjamin Sesko despejó su remate cuando la pelota cuando ya había entrado.

La felicidad del Arsenal duró un suspiro, porque apenas un instante después, Cunha, con un derechazo tremendo desde la frontal del área, volvió a adelantar al United para asaltar el Emirates, donde nadie había ganado esta temporada. El Arsenal se desinfla, el United, por fin, con Carrick, sonríe. Y el City, se frota las manos.

De Ferrero a Samuel López: un lenguaje común en el banquillo de Alcaraz

De Ferrero a Samuel López: un lenguaje común en el banquillo de Alcaraz

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Cada tenista puede buscar algo distinto cuando decide cambiar de entrenador. Hay ocasiones en las que después de seis o siete años con el mismo técnico, el jugador no acaba de dar el salto y busca una alternativa para gestionar su carrera. Otros, víctimas de sus propias limitaciones, pretenden encontrar fuera lo que no tienen dentro. En general, un entrenador de cierto nivel suele ser capaz de ver lo que necesita un tenista. Otra cosa es que dé con la manera de acometer esas necesidades, lea lo que éste precisa y sepa adaptarse a su personalidad.

A los 22 años, en lo más alto del ránking y con seis títulos del Grand Slam, el caso de Carlos Alcaraz no responde a ninguna de estas premisas. Su cambio en el banquillo no creo que venga dado por razones técnicas ni por una modificación drástica. Samuel López, el hombre que ahora ocupa el cargo de Juan Carlos Ferrero, ha bebido de las mismas fuentes que su antecesor. Ambos aprendieron de Antonio Martínez Cascales y tienen un lenguaje común. Se trata, así, de dar continuidad a una carrera meteórica hasta ahora llevada con absoluto acierto por Ferrero, al margen de los matices que pueda introducir su relevo. En un tenista de tal caudal técnico, se trata de encauzar bien toda esa energía para que se mueva bien el molino. Una liberación mal entendida entrañaría más riesgos que ventajas.

Es lógico que en los primeros partidos el español pueda tener una sensación de extrañeza cuando dirija los ojos a su box y no encuentre la mirada de siempre, el gesto de complicidad que le ha acompañado desde sus inicios. Ahora bien, esto no tiene por que privarle de seguir ofreciendo lo mejor de sí. Las bases no se han movido. Además, Alcaraz y Ferrero tienen formidables vivencias juntos, mantienen buena relación y espero que estén los puentes abiertos para el futuro.

Estamos, pues, ante un cambio continuista, que no altera la necesaria estabilidad de quien es, junto a Jannik Sinner, el máximo candidato a ganar este Open de Australia. El español se encuentra en disposición de convertirse en el tenista más joven capaz de coleccionar los cuatro títulos del Grand Slam. No hay ninguna razón que le prive de intentar terminar con la secuencia de dos títulos consecutivos de Sinner. Las pistas están en condiciones, no son ni más rápidas ni más lentas, las pelotas son las adecuadas y el escenario es perfecto para que desarrolle todas sus capacidades.

Cuenta con la experiencia de sus anteriores participaciones y llega en perfecto estado. Cierto es que no se ha rodado en ninguna competición oficial previa, pero un jugador de tanto nivel como el suyo se lo puede permitir. Después de dos o tres partidos estará metido de lleno en el torneo.

El Barça capea el temporal y mantiene el liderato

El Barça capea el temporal y mantiene el liderato

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El Barça supo capear la tormenta. El conjunto azulgrana, en un partido en el que fue de menos a más, acabó por imponerse por 3-0 a un Oviedo que se plantó en el Spotify Camp Nou dispuesto a tirar sobre todo de garra en búsqueda de sumar algún punto que pudiera aliviar su más que delicada situación en la tabla.

Los barcelonistas, aprovechando esa presión incansable en tareas ofensivas que tanto le gusta a Hansi Flick, acabaron por ahogar los intentos del equipo carbayón con goles de Dani Olmo, Raphinha y Lamine Yamal que, además, les permitieron recuperar el liderato de Primera División.

Además, cargaron al máximo las pilas con vistas a un duelo frente al Atalanta en la Champions en el que se juegan sus opciones de colarse entre los ocho primeros de la fase de liguilla y esquivar así una eliminatoria previa a los octavos de final que todos los grandes prefieren ahorrarse. Si se ponen a ello como en la segunda mitad de su choque frente a los asturianos, hay pocas dudas de que tendrán serias opciones de conseguirlo.

Con Pedri lesionado, Flick apostó por recuperar para la causa a un jugador que llevaba mucho tiempo sin entrar en sus planes para la medular: Marc Casadó. Ante un Oviedo extremadamente físico, siempre dispuesto a ir al choque, la ocasión parecía venirle como anillo al dedo al de Sant Pere de Vilamajor, pero lo cierto es que el centro del campo barcelonista, donde formó con De Jong y un Olmo que entró aparentemente para darle algo de descanso a Fermín, no tuvo la paciencia necesaria para elaborar un poco más las jugadas.

El conjunto asturiano, de hecho, fue el que más acertó a encontrar el camino de la portería de un Joan García que casi se jugó el penalti en el añadido del primer tiempo. Una recta final en la que Raphinha, a su vez, lanzó un zurdazo con muy poco ángulo, bien repelido por Escandell, que fue la mejor opción de los locales para pescar un gol antes del descanso.

Martinez Munuera se fue a la caseta dejando decisiones incómodas para unos y otros. Y con el meta visitante recriminándole por haberle señalado una falta, por mano fuera del área, que la televisión se encargó de desmentir, pero que le costó una amarilla por sus protestas.

Presión efectiva

El partido amenazó con atragantársele al Barça en la reanudación pero, en apenas unos minutos, los azulgrana supieron sacar un excelente rédito de la presión en vanguardia que ejercen tanto Lamine Yamal como Raphinha.

El primero forzó un fallo en la salida de la zaga rival que Olmo se encargó de convertir en el 1-0, mientras que el segundo aprovechó un error de Costas para, con un toque sútil sobre Escandell, poner el 2-0 en el marcador. Con dos tantos de ventaja, los azulgrana buscaron echarle algo de cloroformo al duelo, pero sin renunciar al ataque.

Y en esas, llegó el 3-0, con un remate acrobático del de Rocafonda que dejó el partido, que acabó disputándose bajo un chaparrón auténticamente de época, prácticamente visto para sentencia. Con todo dicho, Flick pudo dar también descanso a varios jugadores que deberán ser determinantes el miércoles que viene en la Champions. Un partido en el que más les valdrá también salir con el cuchillo entre los dientes desde el primer minuto.