Se ha acostumbrado el Valencia a vivir huyendo del descenso con tanta frustración que su parroquia se agarra a cualquier alegría que le recuerde la grandeza del club. Eso, en los últimos años, y pese a sonoros tropiezos, solo se lo da la Copa del Rey. No se resignan a exigir más, pero la realidad es tozuda, la misma que les ha privado de tener en su plantilla jugadores indiscutibles que llegan a Mestalla a punto de explotar o a reverdecer sus laureles. Sin capacidad para pelear en el mercado, históricamente las leyendas se han forjado creciendo en el club, hayan sido canteranos o no, o llegando como veteranos con mucha capacidad de pelea. Villa, Silva, Mendieta, Albelda o Baraja pueden pertenecer al primer grupo; Ayala, Carboni o Cañizares al segundo. En esta tipología encaja Guido Rodríguez.
El argentino, campeón del Mundo y dos veces de la Copa América, es la 'estrella' que los Lim le han traído a Carlos Corberán en el mercado de invierno. Con el agua al cuello, han rebuscado el CEO de fútbol, Ron Gourlay, y el propio entrenador refuerzos fiables que rescaten al equipo. Y el centrocampista lo es.
Guido es un jugador con peso, capaz de argumentar en su presentación que el Valencia «debe mirar para arriba», sin que eso crea que es escupir al cielo. Ambición y fútbol para un centro del campo que Corberán no ha conseguido evitar que, en algunos momentos, se diluya y donde hoy no hay más alternativa que Pepelu y el suizo Ugrinic, porque el resto no hace ralla. Ni Javi Guerra ni Almeida han convencido en este triángulo donde debe nacer el juego del Valencia y empezar a morir el del rival.
Llega a Mestalla para cinco meses, justo los que faltan para que Lionel Scaloni arme la lista del Mundial, y nadie, ni siquiera él mismo, sabe si se quedará más tiempo o, mejor dicho, si el Valencia se puede permitir que se quede más tiempo al coste que tiene un futbolista de esta talla aunque haya cruzado la treintena. Adaptado a LaLiga -salió del Betis en junio de 2024-, también sabe lo que significa la Copa para el Valencia. No en vano le arrebató con vistiendo de verdiblanco la última final que disputaron los valencianistas. Esta noche, ante el Athletic, podrá vivir cómo Mestalla siente pasión por la competición que le ha llevado a dos finales en la última década. «No son unos cuartos de final, es una final. Tenemos que vivir dándole la mayor de las importancias. Sabemos que es un partido de todo o nada», advertía Corberán, muy cuestionado porque sus números le hubieran condenado al despido en cualquier otro club donde no tuviera el apoyo férreo del máximo accionista, que prefiere traerle futbolistas que le ayuden a evitar el cese.
Las bajas del Athletic
El valencianismo se agarra en este cruce a que el Athletic es el único rival de los posibles al que le ganó en Liga, en Mestalla, una de las cinco únicas victorias en 22 partidos. Saben, además, que llega magullado. Y es que si el Valencia solo tiene dos puntos sobre el descenso, el Athletic tiene tres.
No está siendo una temporada fácil para Valverde, y solo el el milagro de Bérgamo, la victoria ante el Atalanta que le mantuvo vivo hasta la última jornada en Champions, ha dado alegrías a los rojiblancos. No se dan las condiciones para que sea fácil repetirlo en Mestalla, porque el equipo llega sin centrales. Paredes, sanciones, Vivian y Laporte saliendo de sus lesiones, Egiluz y Yeray sin poder viajar... el técnico no tendrá más remedio que tirar de laterales, Yuri o Lekue, o canteranos. En el ataque, la lesión Oihan Sancet y, sobre todo, la de Nico Williams son un varapalo.
"Tenía la sensación de que iba a ser grave, pero mantuve la esperanza hasta que tuve los resultados de la resonancia. No he llorado. Sé cuáles eran mis opciones antes del accidente y sé que ahora no son las mismas, pero aún hay una, y mientras la tenga lo intentaré. Me siento fuerte". Con una compostura admirable y su imborrable sonrisa, Lindsay Vonn, que algo sabe de renaceres, afronta el penúltimo percance de una carrera marcada por el éxito y también por las lesiones.El fin de semana sufrió una espeluznante caída en Crans-Montana, a apenas una semana del comienzo de los Juegos de Invierno. Fue trasladada en helicóptero y se confirmó después la rotura de los ligamentos de su rodilla izquierda. Aún así, la esquiadora estadounidense competirá, a sus 41 años, en la que será su quinta presencia olímpica.
Vonn ya estaba protagonizando una historia de película. El pasado mes de diciembre, en el descenso deSt. Moritz, a sus 41 años y 55 días, se convirtió en la mujer más veterana que jamás venció en una prueba de la Copa del Mundo. Nada menos que 21 años después de su primer triunfo. Y tras haber vuelto del calvario de lesiones por el que decidió poner punto y final a su carrera en 2019.
Hace dos años decidió que fuera punto y aparte. Un último baile con el objetivo puesto en Milán-Cortina D'Ampezzo, en el colofón, con medalla o sin ella (sería su cuarta olímpica), a la carrera de una de las mejores esquiadoras de todos los tiempos. Con su prótesis de titanio en la rodilla derecha y los entrenamientos dirigidos por el neozelandés Chris Knight, todo parecía dispuesto para aumentar su leyenda. Hasta que le volvió a visitar la fatalidad en una prueba, la de Suiza, que después se suspendió por el mal tiempo.
Lindsey Vonn, tras la caída sufrida en Crans Montana.JEAN-CHRISTOPHE BOTTEFE
"Quiero hacer el descenso del próximo domingo y el supergigante (del jueves 12). Y no descarto hacer la combinada (por parejas). Hoy fui a esquiar, con una rodillera. Mi rodilla estaba estable y tengo confianza en que puedo competir", sorprendió a todos este martes Vonn en una rueda de prensa en Cortina d'Ampezzo.
"Me rompí completamente el ligamento cruzado anterior, con un edema óseo, que es común cuando sufres esa lesión. También tengo dañado el menisco, aunque no sabemos si fue fruto del accidente o era previo", explicó la esquiadora, Premio Princesa de Asturias de los Deportes en 2019.
Toni Nadal analizó la victoria de Carlos Alcaraz en el Open de Australia en el programa Radioestadio noche de Onda Cero y además de elogiar el mérito del murciano, que se convirtió en el tenista más joven en lograr los cuatro Grand Slam, tuvo una crítica para él.
Y es que al que fuera entrenador de Rafa Nadal no le gustó que el murciano no mencionara a Juan Carlos Ferrero, que había sido su entrenador hasta un mes y medio antes de la victoria en Melbourne, y sólo tuviera palabras de elogio para Samuel López, su nuevo técnico.
"Queda muy bien poner en valor a tu entrenador, pero uno se tiene que acordar del otro también. No sé cómo quedó la relación con Ferrero, pero cuando dice eso me sabe mal decirlo. Seguro que Samuel López ha hecho gran trabajo en estos dos meses pero no puede olvidar el trabajo de Ferrero durante años", dijo Toni Nadal.
Y fue más allá al asegurar que a él le habría molestado si su sobrino hubiera actuado así cuando ambos separaron sus caminos. "A mí no me hubiese gustado que nada más dejar a Rafael él hubiese dicho esas cosas de Carlos Moyà", confesó el ex entrenador de Nadal.
Toni Nadal auguró un gran futuro a Alcaraz ya que "tiene una capacidad altísima porque lo tiene todo y tiene una gran ventaja que es que no veo casi ningún rival que le pueda inquietar mucho, sólo Sinner y Zverev... Zverev es un rival peligroso pero tiene un problema en lo mental...tiene mucha presión por ganar un Grand Slam".
El 30 de julio de 1930 se disputó en Montevideo el partido más tremendo conocido hasta aquella fecha, y aún hoy mantiene una posición relevante en ese 'ranking' imaginario: la final de la primera Copa del Mundo, entre Uruguay y Argentina. En aquel momento, los habitantes de ambas orillas del Río de la Plata estaban convencidos de tener el mejor fútbol del mundo y se trataba de dilucidar la primacía.
Uruguay había ganado el campeonato olímpico de fútbol en París 1924 y en Ámsterdam 1928, doble motivo por el cual Jules Rimet escogió a este país, que además en ese año de 1930 celebraba su centenario como nación, como escenario de la primera Copa del Mundo. Argentina no se sentía inferior en absoluto: había ganado la Copa América en 1927 y 1929, y en cuanto a la final olímpica de 1928, la habían empatado en primera instancia e hizo falta un segundo partido para proclamar vencedora a Uruguay por un apretado 2-1.
Así que no había duda de que, Inglaterra aparte, cuyos profesionales eran tenidos por una clase superior, el mejor fútbol del mundo se jugaba en el Río de la Plata, y esta final ponía en juego el primazgo. Los 35.000 argentinos que cruzaron en vapores o veleros el estuario fueron registrados al desembarcar por si portaban armas, cosa que les indignó hasta que comprobaron que a la entrada del campo se hacía lo mismo con los uruguayos. El despliegue de soldados para garantizar la seguridad del partido fue enorme. Cómo sería la cosa que John Langenus, el árbitro belga designado para dirigir el partido, le exigió a Jules Rimet un seguro de vida para hacerlo.
Una de las principales bazas argentinas era Luis Monti, que estaba en todas las conversaciones. Nació en 1901 en Belén de Escobar, a unos 50 kilómetros de Buenos Aires, de padres decoradores que se ayudaban con una pequeña granja en la que le tocó hacer diversos trabajos de niño, por los que el padre le premiaba llevándole de cuando en cuando a ver un partido en Buenos Aires. Creció muy fuerte, con un tronco trapezoidal cargado de musculatura que iba a justificar su apodo 'Doble Ancho', como se conocían los armarios de dos cuerpos. Le gustaba el atletismo, fue subcampeón escolar argentino en peso con 15 años, y subcampeón y campeón sudamericano juvenil en 200 y 400 metros, respectivamente. En fútbol se definía como 'patadura' (torpe) porque andaba corto de habilidad, pero el entusiasmo y la fuerza le hicieron un sitio.
Un tío suyo, Juan Monti, jugó en San Lorenzo, por el que también iban a pasar sus hermanos y dos primos. Él empezó en un club humilde, el Santos Lugares, pasó al General Mitre, con el que ascendió de Segunda a Primera, le adquirió Huracán, ganó el campeonato de 1921, y tras un paso por Boca fallido por una lesión, se consagró en San Lorenzo, donde ganó el título en 1923, 1924 y 1927, al tiempo que accedía a la selección. Vivió la evolución del 2-5-3 a la WM (3-2-2-3), de modo que empezó como medio centro y pasó a medio volante derecho, siempre con presencia, despliegue y jerarquía de tinte brutal. Era todo un 'guapo', término que en el fútbol rioplatense tiene un significado lindante entre valiente y matón. Mereció hasta unos versos en un tango de Gardel: "Chingás a la pelota / chingás en el cariño / el corazón de Monti / te falta, che, chambón".
La selección argentina, en el Estadio Centenario, en la final de 1930. Monti, tercero por la derecha, de pie..MUNDO
Para los uruguayos era un anticristo. En Ámsterdam, donde marcó el único gol argentino en la final repetida, se había liado a puñetazos con el 'guapo' oficial de Uruguay, Lorenzo Fernández, al que dejó fuera de combate. En lo que ya se había jugado de Copa del Mundo, y según la publicación de la FIFA, rompió huesos ante Francia, dientes ante Estados Unidos y provocó una reyerta multitudinaria ante Chile. Marcó ante Francia (un golpe franco, primer gol de Argentina en un Mundial) y ante Estados Unidos. En Montevideo no se le apodaba 'Doble Ancho', sino 'El Terror'.
De repente, la mañana del partido solicitó no jugar. Los federativos no lo podían creer. Se encontraron sin sustituto, porque Zumelzú, que podría serlo, estaba lesionado, y apelaron al presidente de San Lorenzo, Pedro Bidegain (el actual estadio del club lleva su nombre), para que le convenciera. Cierto que las vísperas habían sido duras, con una murga haciendo ruido constante en el hotel Santa Lucía, donde se hospedaban, y que él había recibido una carta con amenaza de muerte para él, su madre y su hermana. ¡Pero se suponía que a Monti no le asustaba nada!
Deportividad
El caso es que jugó. Con fría corrección la primera parte, tras la que Argentina ganaba 1-2, y pésimamente la segunda, al fin de la cual Uruguay era campeón por 4-2. Monti se comportó con una deportividad esmerada, sin hacer una sola mala entrada y llegando incluso a levantar a rivales que caían al suelo. ¡Lo nunca visto! Los miles de argentinos que han cruzado el estuario están atónitos; las multitudes que se han agrupado en Buenos Aires frente a las sedes de 'Crítica' y 'La Prensa', que instalaron megafonía para que se pudiera seguir la transmisión del partido, se indignan. Él regresa a Buenos Aires convertido en un gusano, un vendepatrias. Corrió lo de la carta con amenazas, claro, pero se consideró poca disculpa para una actitud tan cobarde en el macho alfa del equipo. La explicación solo llegaría años más tarde, cuando concedió una entrevista en 'Clarín' al escritor Roberto Alifano, al que explicó la visita de dos personajes en el descanso: "Me amenazaron con matarme a mí y a mi madre si ganábamos el partido. Tenían la dirección, todos los datos, hasta me enseñaron una foto de mi vieja apuntándole con una pistola. Jugué aterrorizado. No debí jugar, perjudiqué a mis compañeros".
A las pocas semanas se presentaron en su casa los dos mismos personajes que le habían amenazado, dos italianos de nombres Marco Scaglia y Luciano Benetti, para ofrecerle 150.000 liras (8.000 dólares al cambio de la época), casa y coche si fichaba por la Juventus. Monti era un semiprofesional que completaba sus ingresos con un trabajo en la Municipalidad, y además estaba apestado en el país, así que aceptó. Eso sí, tuvo que pasar un año sin jugar para cambiar de club, una norma de la época para combatir el profesionalismo.
Origen en la Emilia-Romaña
Hacía tiempo que Luis Monti, cuyo origen familiar estaba en Italia, concretamente en la región de Emilia-Romaña, había sido escogido para un proyecto de Mussolini con vistas al Mundial de Italia 1934. Vista la cantidad de apellidos italianos en el fútbol argentino, decidió iniciar una leva de 'oriundi' para nacionalizarlos y potenciar la selección. A esa estrategia no le convenía que Monti ganara Uruguay 1930 porque hubiera sido casi imposible sacarle; de ahí que se urdiera ese plan para que no jugara o lo hiciera mal. Finalmente, hasta cinco 'oriundi' llegarían a formar parte de la Italia campeona en 1934: Luis Monti, Raimundo Orsi, Enrique Guaita, Attilio Demaría y el brasileño Anfilogino Guarisi, si bien solo los tres primeros jugarían la final.
Cumplido el año sin jugar, Luis Monti viajó a Italia en el verano de 1931, dejando atrás sus 16 partidos con Argentina. Desembarcó en Génova, tomó el tren a Turín y a los directivos que le recibieron se les cayó el alma a los pies. Lo que salió del vagón no fue un poderoso atleta, sino un gordo infame (11 kilos de más en su 1,70), en el que nadie podía imaginar a un futbolista poderoso. Se justificó con la inactividad, prometió ponerse en forma en tres semanas y se entregó a un plan concienzudo: a las seis de la mañana iba a trotar al campo, cubierto por mucha ropa, o a la Piazza Grande, si no se lo abrían, lo que le hizo muy popular. Y comió como un eremita. A las tres semanas se presentó al entrenador, Carlo Carcano: "Estoy listo". Enseguida fue titular en la Juve, que con él iba a ganar esa Liga y las tres siguientes.
En noviembre de 1932, el seleccionador Vittorio Pozzo le instaló en la 'Azzurra', no sin recelos de una de las estrellas, el delantero Schiavio, al que había maltratado en una gira de la Juventus por América. Monti se convirtió en pieza esencial del equipo, donde ganó un nuevo apodo: 'El León Azul'. Jugó todos los partidos de Italia en el Mundial: contra Estados Unidos, los dos contra España (hubo un desempate en el que faltaron por lesión siete españoles, entre ellos Zamora, al que lesionó él mismo, y cuatro italianos), después la semifinal contra el 'Wunderteam' austríaco, a cuyo célebre delantero Matthias Sindelar, 'El Hombre de Papel', mandó varias veces por los aires.
Musolini
Y, ya, la final, ante Checoslovaquia. Vuelvo al relato de Monti a Roberto Alifano: "Justo antes del partido, Mussolini bajó al vestuario a arengarnos. Lo recuerdo como si lo estuviera viendo, ché. Era imponente, 'il capo'. Con las manos en la cintura y la voz bien casposa diciéndonos: 'Cari ragazzi, o vincete o sarete messi alle armi'. Me quedé helado". 'Messi alle armi' significa enviados al ejército, lo que no era poca amenaza en años de tambores de guerra, pero Monti lo entendió como "pasados por las armas".
Cuando forma en el centro del campo para escuchar, sobrecogido, el 'Himno al Sol' de Puccini, cantado por 55.000 camisas negras, siente que su vida está en juego de nuevo. La impresión se agravó cuando en el descanso llegó un escueto telegrama del propio Duce: "Vittoria o morte".
Ganó Italia. En la prórroga, pero ganó, y Monti y compañía no fueron fusilados sino agasajados con los mejores premios: "Dinero, mujeres, casas, coches, joyas... Pudimos disponer de lo que quisiéramos". En fin, esta final la había ganado, pero sobre todo había sobrevivido a las dos.
Siguió en Italia, donde llegó a ser apreciadísimo. Ganó con la Juve la liga siguiente, 1934-35, y la Copa de 1937-38. Al comienzo de la guerra se retiró, con 38 años y 18 partidos jugados en la 'Azzurra', y decidió emprender su carrera de entrenador en Italia. Empezó por la cantera de la Juve, luego entrenó a la Triestina, la propia Juve, el Varese, el Atalanta, el Vigevano y el Calcio. Se prestigió como especialista en ascensos. Acabada la guerra, en 1947, regresó a Argentina para entrenar a Huracán. A esas alturas ya quedaba lejos su defección en Montevideo y le dejaron en paz. Las explicaciones con Alifano llegarían tiempo más tarde. Dejó Huracán por disidencias con sus directivos y se refugió en su natal Belén de Escobar, en una casa pequeña, con un patio para las gallinas, rodeado de fotografías y diplomas, donde de cuando en cuando iban a visitarle periodistas. A todos les decía lo mismo: "Jugué dos finales, en una me mataban si ganaba y en la otra si perdía". Falleció con 82 años de un ataque al corazón, agobiado por la carrera entre la inflación, que se comía sus ahorros, y la muerte. El mejor elogio póstumo le llegó de Italia, del prestigioso periodista Giglio Panza, director de 'Tuttosport': "Argentina nos ha enviado grandísimos futbolistas, pero Luisito Monti fue distinto de todos. Fue muchos jugadores en uno solo. Varios puestos en un mismo jugador. Varios corazones en un mismo cuerpo. Un gran futbolista y un gran hombre de honor".
El Mallorca sumó un triunfo crucial contra el Sevilla y salió de la zona de descenso tras exhibir mucha puntería con los goles de Vedat Muriqi, Samú Costa, Sergi Darder y Pablo Torre, que neutralizaron el 0-1 del debutante Neal Maupay. Estos tres puntos sacan de una situación crítica a Jagoba Arrasate, ahora con el goal average ganado frante a los hispalenses, que ven quebrada su pequeña racha de dos jornadas sin conocer la derrota. [Narración y estadísticas (4-1)]
A pesar de la difícil situación de ambos equipos en la tabla, la valentía tiñó el arranque del partido, especialmente el de Matías Almeyda. Sin embargo, los bermellones también dieron guerra a la zaga rival y en el ecuador del primer tiempo se adelantaron.
Una acción individual de Jan Virgili fue detenida por José Ángel Carmona, quien zancadilleó sin intención al extremo y provocó un penalti señalado por Soto Grado tras la intervención del VAR. Muriqi transformó desde los 11 metros para certificar su decimoquinto tanto, que iguala su mejor temporada en la isla y ya piensa en grande con 16 jornadas por delante.
Otra vez Virgili
El Sevilla no bajó los brazos y apretó con una buena acción de Akor Adams que provocó una buena intervención de Leo Román, pero el protagonista sería el debutante Maupay. Al filo del descanso, firmó un disparo desde fuera del área que se coló por el ángulo.
Tras el paso por vestuarios, los locales mostraron una entereza pocas veces vista esta temporada tras recibir un golpe y lo devolvieron poco después de reanudar el juego. Otra vez fue Virgili el protagonista, quien llegó hasta la línea de fondo y, con un recorte, puso el balón al segundo palo para el remate definitivo de Samú Costa.
Ahí sí que le costó más al equipo andaluz, más nervioso y errático que en la primera mitad, intentando revertir la situación con la entrada de Alexis Sánchez y Chidera Ejuke, aunque poco le funcionó en la segunda mitad a Almeyda.
Mojica, frente a Ejuke, el lunes en Son Moix.EFE
Y en mitad de las dudas, el cuadro local convirtió el 3-1. El mediocentro portugués volvió a ser protagonista con un gran desmarque, que le propició una posición idónea para dar el pase de la muerte a Muriqi, quien se quedó con la miel en los labios porque su disparo rechazó en Sergi Darder y el gol se sumó a la cuenta de éste.
Siguió intentándolo el Sevilla, pero ni su ataque fue fluido ni el Mallorca concedió oportunidades tal y como viene acostumbrando en las últimas semanas. Incluso tuvo tiempo el conjunto de Arrasate para ampliar la renta. Tras un inicio de curso complicado, Pablo Torre cerró el resultado en el último suspiro para estrenarse como goleador con la elástica bermellona.
En el barro holandés de Hulst, a apenas 40 kilómetros de Amberes y el Kapellen natal de Mathieu van der Poel -neerlandés él nacido en Bélgica, residente gran parte del año en el pueblo alicantino de Moraira y de ilustre abuelo francés, Raymond Poulidor- no hubo resquicio a la duda. El ciclocross presenció la constatación de quien lo dominó como nadie. Fue otra victoria sin emoción, la 51 consecutiva (gana todo lo que corre desde enero de 2024), la 12ª de esta temporada, la que le coronaba como campeón del mundo por octava vez. La que le hacía superar al único que le discutía la honorífica corona de mejor de todos los tiempos.
Erick De Vlaeminck, fallecido hace 11 años, era el rey, el pionero. «Todos somos sus hijos», pronunció quien le sucedió después. El mismo Sven Nys que ahora se rinde a la evidencia, al rival de su propio hijo, tercero Thibau el domingo: «Habría que amputarle una pierna a Van der Poel para que perdiera este Mundial». «Sólo nos queda disfrutarlo. La gente nos dice: 'Sales a no ganar'. Pero es que es el mejor corredor de la historia. Yo podré decir: competí contra el mejor de todos los tiempos», reconoce a EL MUNDO Felipe Orts, heroico y meritorio séptimo puesto el suyo después de sufrir días antes de la prueba un virus estomacal y de tener que remontar varias posiciones tras una complicada salida.
«Es que es el mejor en todo», insiste el de Villajoyosa. «Es el más fuerte, es el más técnico, es el más rápido... No se le puede meter mano por ningún sitio. Incluso con averías nos ha ganado... No tiene un punto más, tiene dos o tres. Está completamente a otro nivel. Se acaban los calificativos», sigue, recordando lo que sucedió hace unos días en la carrera de Maasmechelen. Van der Poel pinchó hasta dos veces. Pero también ganó.
Desafíos más extremos
Es cierto que todavía hay un reto que Mathieu no ha superado en esa especialidad en la que se forjó desde niño. Su compatriota Marianne Vos también presume de ocho coronas mundiales. Aunque la cuestión ahora, deslizada por él mismo -«quizás no sea mala idea saltarme un invierno porque estar aquí siempre supone el primer pico de mi temporada, no sólo a nivel físico sino también mental»-, es si su hambre se mantendrá o si aparcará, por un año o para siempre y por primera vez, sus pujas en el ciclocross. Porque los desafíos llegan más allá del barro y cada vez son más extremos.
Casi sin tiempo de transición, acuden las clásicas, el territorio donde también presume de ser único pero en el que le ha surgido el peor rival posible. A Tadej Pogacar le apetece más, por ejemplo, estrenarse en Roubaix que ganar su quinto Tour. «Si tuviera que elegir...». Y «cuando el resto de los ciclistas están tranquilamente entrenando con el sol de Benidorm, sin estrés, él está aquí pegándose palos, pasando frío y caídas», pone de manifiesto Orts, que le desliza un consejo: «Lo que yo haría en su caso, para que no se le alargara la temporada, sería rebajarlo. Intentaría correr las últimas carreras y asaltar el Mundial cada año».
Del Grosso, Van der Poel y Nys, en el podio del Mundial.AFP
Van der Poel necesita un triunfo más en Roubaix para alcanzar a Tom Boonen y Roger De Vlaeminck (hermano de Erick) en el palmarés. Pero, después de tres victorias consecutivas, siente como la amenaza de Pogacar en los adoquines es cada vez más intensa y mayor su preparación. ¿Le hubiera derrotado hace un año de no ser por esa caída del esloveno? En el Viejo Quaremont, en Flandes, Poggi le aplicó una cura de humildad al neerlandés (igualado con tres coronas con seis ciclistas más: Cancellara, Boonen, Museeuw, Leman, Magni y Buysse). Y en la Milán-San Remo, quizá la más difícil de todas para él, tampoco el del UAE estuvo lejos.
«Siempre pienso en dos cosas: intentar llegar en la mejor forma posible a estos Campeonatos del Mundo y, además, que la temporada de ruta ya está cerca. Me estoy acercando más al final que al principio de mi carrera. En el fondo, pienso en Flandes y Roubaix. Esas son las carreras en las que también podría escribir historia. Todavía me quedan un par de años, así que haré todo lo posible para que funcione», declaró Mathieu antes de Hulst.
Entre un invierno al sol en el Mediterráneo o con frío y barro en centro Europa. Entre celebrar en los carteles de los pueblos españoles durante los entrenamientos con el «Siuu de Ronaldo» o hacerlo haciendo (más) historia en el ciclocross. Al tirano Van der Poel le empiezan a surgir dudas cumplidos los 31.
Las desdichas no tienen fin para André ter Stegen. Después de su cesión al Girona con el objetivo de volver a jugar regularmente, una vez recuperado de su última lesión, y no perder el tren del Mundial con Alemania, un nuevo infortunio vuelve a dejarle en el dique seco y con un peliagudo pronóstico.
Ter Stegen, de 33 años, sufrió una lesión en el isquiotibial izquierdo durante el partido de Liga contra el Real Oviedo, el segundo compromiso con su nueva camiseta. De este modo, se someterá a pruebas médicas complementarias para determinar el alcance de la lesión, según anunció el lunes el club rojiblanco. El germano notó molestias durante el partido, pero no le dio excesiva importancia, completando los 90 minutos de juego. No obstante, las primeras exploraciones hicieron saltar todas las alarmas y apuntan al quirófano.
Al margen de los servicios médicos del club gerundense, el jugador será examinado también por los doctores azulgranas, ya que es propiedad del Barcelona. En función del alcance de la lesión, el Girona podría plantearse renunciar al acuerdo de cesión. La circunstancia puede volver a abrir las puertas de la titularidad a Paulo Gazzaniga en el equipo de Míchel. El argentino había atravesado momentos de irregularidad en la portería, hecho por el que el Girona aceptó la cesión de Ter Stegen. Un contratiempo más en una dura temporada.
«me sabe muy mal por él»
Ter Stegen, que ya se perdió la primera mitad del curso por una lesión en la espalda, recaló en el Girona durante el marcado de invierno para tener minutos de cara al Mundial, porque Joan García es el titular indiscutible en el Barça para Hansi Flick.
Preguntado por la nueva lesión del guardameta durante la rueda de prensa previa al partido contra el Albacete, el entrenador del Barcelona le mostró su apoyo: «Me acabo de enterar ahora y no he hablado con Marc todavía, ni tampoco con Deco (director deportivo del Barça) sobre el tema. Pero me sabe muy mal por él. Hemos de esperar el resultado de las pruebas y a ver qué pasa», declaró Flick.
La sintonía entre ambos no había sido la mejor desde la llegada del entrenador, la pasada temporada. La inactividad de Ter Stegen debido a las lesiones hizo el resto, antes incluso del fichaje de García. La titularidad del ex portero del Espanyol no dejó lugar a la duda desde su llegada.
Jefté Betancor estuvo a punto de dejarlo todo, no lo hizo y unos años después fue pichichi en Grecia y eliminó al Real Madrid en la Copa del Rey. El resumen no hace justicia a la montaña rusa que ha sido la carrera futbolística de este canario de 32 años, pero explica que el destino del fútbol a veces es extremadamente caprichoso. Después de marcar el tanto que hizo hincar la rodilla a los blancos, Jefté y el Albacete reciben ahora al Barcelona en el Carlos Belmonte, un estadio convertido en matagigantes.
Lo de que el fútbol ha sido caprichoso con Jefté no es el clásico tópico del periodista, es que las últimas semanas del delantero han acumulado una serie de casualidades dignas de película. Un par de días antes del duelo de Copa contra el Madrid, Jefté tenía un billete de ida hacia Tailandia para fichar por el Buriram United. No estaba siendo indiscutible en el cuadro manchego y el equipo que le tiene en propiedad, el Olympiacos griego, había llegado a un principio de acuerdo con el Buriram para jugar en Asia el resto de la temporada.
La oferta le solucionaba muchos años de su vida, pero terminó diciendo «no» ante la ilusión de disputar una eliminatoria contra el Madrid y tras una conversación con el director deportivo del Albacete, Toché, otro delantero curtido en la Segunda División española y en Grecia. Las palabras del directivo, alentando al futbolista a disfrutar de la histórica ronda copera, tuvieron eco 48 horas después en el Belmonte, donde Jefté marcó dos goles en los últimos 10 minutos para tumbar al Madrid.
"Lo más grande"
«Esto es lo más grande que me ha pasado en el fútbol. Es lo que sueñas cuando eres pequeño. Hace años quise dejar el fútbol y hoy estoy soñando con esto», repetía en el césped, todavía sudando tras celebrar la victoria de su equipo ante los blancos.
Jefté es el fino ejemplo de un trotamundos del balón. Se formó en la cantera del Vecindario y en edad juvenil fichó por el Hércules, donde llegó a debutar en Segunda, pero a partir de ahí su fútbol fue más de barro que de joyas. Ontiyent, Tenerife B, Eldense, Viera, Badajoz, Las Palmas B, Arandina, San Fernando... Hasta que llegó un punto en el que pensó en la retirada.
«Hace nueve años quise dejar el fútbol, no tenía la cabeza bien amueblada y lo dejé por seis meses, empecé a trabajar, a entrenar en mi barrio con mis amigos... Me puse a trabajar de electricista para limpiar la cabeza porque no la tenía bien puesta. Recibí mucha ayuda, de mi familia, de mi psicóloga... Y hoy me veo muy recompensado», explicó después de ganar al Madrid.
De Austria a Grecia
El impulso de la carrera de Jefté llegó lejos de España. Decidió no colgar las botas y se fue a Austria para jugar en el Stadl-Paura de la Segunda División y después en el Mattersburg, Vorwärts Steyr y Sportvereinigung Ried, con el que consiguió ser Pichichi de Primera. Conseguido el galardón, voló a Rumaria, donde vistió las camisetas del Voluntari, el Farul Constana y el CFR Cluj.
Después de Rumania, tocó Chipre para jugar en el Pafos, que ahora está en Liga de Campeones. Y de su breve paso por la isla chipriota a Grecia, el lugar que le empujó de vuelta a España. Fichó por el Panserraikos, uno de los clubes más humildes de la Superliga, y terminó como máximo goleador de la competición, ganándose un nombre en el país hasta el punto de que el Olympiacos de Mendilibar le fichó en el mercado de invierno, dejándole en el equipo el resto de la temporada. En verano, y sin opciones con Mendilibar, escuchó al Albacete y volvió a España, con la casualidad, otra vez, de hacer historia contra el Madrid. Ahora le toca el Barcelona.
El primer fichaje de Mateu Alemany como director deportivo del Atlético de Madrid ha resultado ser un viejo anhelo de Carlos Bucero, su predecesor en el cargo. Ademola Lookman se convirtió el lunes en el protagonista de la cuarta operación, en el plazo de seis meses, entre el club rojiblanco y la Atalanta, que incluso parecía dispuesta a completar una quinta. Sin embargo, no hubo acuerdo por Éderson do Santos y sí por Rodrigo Mendoza, mediocentro procedente del Elche.
Lookman, de 28 años, ha sido durante las tres últimas temporadas una de las figuras de la Serie A, donde ha destacado por su habilidad en espacios reducidos, sus conducciones desde el extremo izquierdo y su facilidad para llegar al gol también como segundo delantero. A finales del pasado agosto, esas cualidades resultaban más que tentadoras para el Atlético, que no pudo concretar el acuerdo, conformándose con Nico González, procedente de la Juventus.
Seis meses después, el club de Bérgamo ha obtenido una cantidad muy similar a la que pedía en verano: 35 millones de euros, más cinco en variables. Y no ha podido obtener más por la evidente devaluación de Lookman, cuyo rendimiento cayó en picado en los últimos tiempos: tres goles y dos asistencias en 19 partidos desde septiembre. Una minucia en comparación con las dos anteriores campañas: 37 tantos y 15 pases de gol.
Los negocios de Percassi
Los continuos actos de indisciplina de Lookman, en busca de una salida al Inter de Milán, pusieron a prueba la paciencia de los tifosi. «Sabemos lo bueno que es, pero para jugar en este equipo debes estar centrado al 100%», comentó el pasado septiembre Luca Percassi, CEO de la Atalanta. Unas semanas más tarde, el nigeriano protagonizó un feo altercado con Ivan Juric, a propósito de un cambio. Hubo más que palabras entre ambos durante aquella noche de Champions ante el Marsella.
Por entonces Lookman tenía claro que el Stadio Atleti Azzurri d'Italia se le había quedado pequeño. Tras darse a conocer con un hat trick en la final de la Europa League ante el Bayer Leverkusen, fue elegido Balón de Oro africano en 2024, por delante de Achraf Hakimi. Más tarde llegaría el interés del Inter, vigente subcampeón de la Champions y feroz rival de la Atalanta. Una buena coartada para Antonio Percassi, padre de Leo y propietario del club, que exigió una cantidad mayor, frustrando el acuerdo.
Sabe de negocios el patriarca Percassi, dueño de una fortuna que Forbes sitúa en torno a los 1.200 millones de euros. Durante estos 15 años al frente del equipo nerazzurri, las plusvalías de sus operaciones han alcanzado los 700 millones. Ahora se encamina hacia su segunda temporada con mayores ingresos por fichajes, gracias en parte a la buena sintonía con Miguel Ángel Gil, consejero delegado del Atlético. A los traspasos estivales de Juan Musso y Matteo Ruggeri hubo que añadir la reciente adquisición de Giacomo Raspadori, fuera de juego para Diego Simeone.
Lookman y Gil Marín, durante la firma del contrato.ATLÉTICO DE MADRID
El Cholo, desde siempre, prefiere tipos como Lookman, con una estadística de recuperaciones muy por encima del promedio en su posición. Y con un carácter imprevisible, en la línea de lo que un día fueron Diego Costa o Arda Turan. Nacido en Londres, hijo de la precariedad, debutó en la Premier con apenas 19 años a las órdenes de Ronald Koeman, técnico del Everton. Pese a su progresión en las inferiores de la selección inglesa, en 2022 optó por Nigeria, el país de procedencia de sus padres. Hace unas semanas, en compañía de Victor Osimhen, se consagró como una de las mejores delanteras de la Copa de África. Suyo fue el penalti ante Egipto que otorgaría el triunfo en la final de consolación. Su contrato en el Metropolitano se extiende hasta 2030, con siete millones netos por curso.
El perfil de Lookman, por tanto, se sitúa en las antípodas de Rodrigo Mendoza, un centrocampista de 20 años, con sólo 791 minutos en Primera. Uno de esos proyectos de futuro por los que el Atlético puede permitirse ciertas licencias. En este caso, 16 millones, más las consabidas variables.
La NFL volverá al Santiago Bernabéu y a la ciudad de Madrid en las temporadas 2026 y 2027. La liga norteamericana, el Real Madrid, el Ayuntamiento de Madrid y la Comunidad han anunciado hoy un acuerdo multianual para que el espectáculo del fútbol americano regrese a Chamartín. Después del éxito del encuentro celebrado el pasado noviembre entre los Miami Dolphins y los Washington Commanders, la NFL ya mostró su deseo de retornar al coliseo blanco. "Volveremos", anunció Roger Goodell, comisionado de la NFL, en el mismo césped del Bernabéu. Y así será.
El encuentro, que todavía no tiene fecha oficial ni franquicias participantes, podría repetir el mes del año pasado y celebrarse en noviembre aprovechando el parón de selecciones, que dejará el Bernabéu sin partidos del Madrid. Además, no repetirán los Miami Dolphins, sino que los Chicago Bears, uno de los mejores equipos de esta temporada, apuntan a favoritos para una de las plazas al tener derechos comerciales en España. Para el tercer año podría ser el turno de Patrick Mahomes y los Kansas City Chiefs, el mejor equipo del último lustro y uno de los más seguidos en todo el mundo.
"El NFL Madrid Game 2025 en el Bernabéu fue un momento clave para este deporte en España y estamos encantados de confirmar que volveremos a disputar un partido de temporada regular en 2026 dentro de un pacto multianual", afirmó Rafa De Los Santos, Director de la NFL en España.
Emilio Butragueño, Director de Relaciones Institucionales del Real Madrid, aseguró que "para el Real Madrid es un honor y un privilegio que el estadio Santiago Bernabéu vuelva a acoger de nuevo el espectáculo de la NFL". "Vivimos un acontecimiento histórico hace unos meses. La transformación del estadio supone un gran impulso para que el deporte siga siendo un nexo de unión entre millones de aficionados en todos los continentes", indicó.
El Estadio Metropolitano, propiedad del Atlético de Madrid, también se ha mostrado interesado en celebrar encuentros de la NFL, pero al menos durante estas próximas dos temporadas será el Bernabéu el que repita el show americano.
Este anuncio oficial llega justo en la semana de la Super Bowl, que se celebrará en la madrugada del domingo al lunes en Santa Clara, cerca de San Francisco, entre los New England Patriots y los Seattle Seahawks. A ese encuentro volará una delegación del Real Madrid comandada por José Ángel Sánchez, director general del conjunto blanco.
La noticia vuelve a confirmar la estrategia de expansión de la NFL, que en la temporada 2026, que comenzará en septiembre, tendrá partidos en Melbourne (Australia), Río de Janeiro (Brasil), Londres (Reino Unido) y Múnich (Alemania). A esa lista se une ahora Madrid, a la espera de las confirmaciones de Dublín y Ciudad de México.
España es un mercado importante para la NFL a nivel global, con 11 millones de potenciales aficionados. Como parte del compromiso multianual y con la idea de hacer crecer el deporte a todos los niveles en España, la NFL también centrará sus esfuerzos durante todo el año en el desarrollo del NFL Flag, la modalidad sin contacto de este deporte que debutará como disciplina olímpica en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.