El circuito de Le Mans al fin pudo ver a un ganador francés en la era MotoGP. No fue Fabio Quartararo, por mucho que partiera desde la pole, si no Johann Zarco, a quien la presencia de su madre por primera vez en el mítico circuito galo le dio suerte. El más veterano del paddock, en una carrera con muchísimos movimientos por culpa de la lluvia, apostó por mantener en todo momento los neumáticos de mojado y eso le permitió imponerse con una ventaja abismal sobre un Marc Márquez que, con su segunda plaza, se afianza aún más en el liderato.
Ni su hermano Álex, que se fue dos veces al suelo y tuvo que abandonar, ni Pecco Bagnaia, quien sufrió una caída en el convulso arranque de la prueba, lograron sumar punto alguno a su casillero. La desgracia de ambos contrastó con la alegría de un Fermín Aldeguer que completó el podio conseguido en la sprint race volviendo a hacerse con la tercera plaza esta vez en un domingo de carrera tras arrebatarle el puesto a Pedro Acosta en el tramo final de la prueba.
“Al ver la previsión, pensé que sería complicado, pero al final pude tener un gran ritmo y me siento muy feliz de haber logrado este primer podio en Gran Premio”, resumió el murciano. “Ha sido una carrera de locos. Con estas normas, a todo el mundo le queda más claro lo que tiene que hacer. Cuando vi que Alex entraba, hice lo mismo, creía que era la estrategia correcta, pero Johann ha sido más rápido. Es una pena que Álex se haya caído, pero estoy contento por haber podido mantener la posición, porque en este tipo de domingos puedes perder muchos puntos”, sentenció por su parte Marc Márquez.
A quien le costó más encontrar las palabras, en este caso, fue a un Johann Zarco visiblemente emocionado. “Cuesta creer, sigo sin entender qué ocurrió, las últimas vueltas se me hicieron bastante largas. Necesito tiempo para procesarlo, pero ha sido mágico”, señaló el francés, quien firmó una mala salida y tuvo que marcharse a la grava en el incidente en el que cayeron tanto Bagnaia como Joan Mir para evitar irse también al suelo. Le ocurriría a más tarde tanto a su compatriota Quartararo como a Brad Binder, Jack Miller o Miguel Ángel Oliveira.
En cuanto al resto de españoles, Pedro Acosta fue cuarto, Maverick Viñales, quinto, Raúl Fernández, séptimo, y Álex Rins, finalmente, duodécimo.
Entre todos los delirios megalómanos con los que Arabia Saudí pretende cambiar su imagen en el exterior sobresale Neom, un descomunal proyecto urbanístico en la provincia de Tabuk, al noroeste del país. Desde 2018, la familia real viene publicitando a bombo y platillo esta utopía futurista, que incluye The Line, una ciudad formada por una sola hilera de rascacielos, con 170 km de largo, 500 metros de alto y 200 de ancho, ideada para nueve millones de habitantes.
Mucho menos conocidos son, sin embargo, los planes del príncipe heredero, Muhammad bin Salman, respecto al Neom SC, un modesto club recién ascendido a la primera división saudí. Entre tanto sigilo, el periodista británico James Montague ha viajado a la zona para evaluar sus progresos, recogidos en Engulfed: How Saudi Arabia Bought Sport (Bonnier Books, 2025), un libro que llegará a nuestro país a finales de año. Antes, EL MUNDO ha conversado con el autor para arrojar algo más de luz sobre el Neom SC, el equipo que ya rivaliza con Real Madrid, Manchester City o PSG para convertirse en el más rico del mundo.
"Los accesos son muy complicados y parece imposible llegar hasta allí, pero claro que se puede. Hay hoteles y complejos turísticos abiertos, aunque completamente vacíos, así que de momento es muy difícil comprender su verdadera escala", arranca Montague sobre las obras en The Line, que en los últimos meses han sufrido un frenazo debido a sus desaforados costes.
De los 500.000 millones de dólares presupuestados de inicio se ha pasado a una cifra cuatro veces superior. Todo parece poco para la joya de la corona de Vision 2030, el plan con el que BinSalman pretende diversificar la economía y reducir su dependencia del petróleo. Y en ese frenético despliegue de poder blando, el fútbol juega un papel esencial.
El pasado 11 de diciembre, la FIFA designó a Arabia Saudí como sede única del Mundial 2034. El mayor triunfo, a nivel de imagen, de un régimen autocrático que ya había invertido enormes sumas en el circuito LIV de golf, la Fórmula 1 o las veladas de boxeo y artes marciales mixtas. A través de su fondo soberano (FIP), la monarquía saudí tampoco dudó en comprar el Newcastle, reciente campeón de la Copa de la Liga inglesa, ni en incorporar a Cristiano Ronaldo, Karim Benzema o Neymar, estrellas de la Saudi Pro League (el brasileño ya no está).
Interior del campo del Neom.E. M.
Lo que ha pasado con mayor sigilo fue su apuesta por el Neom SC. Al modo de Red Bull en Leipzig o Salzburgo, la familia real rastreó en busca de un equipo humilde, situado en la pequeña ciudad de Tabuk, tomó las riendas para reconstruirlo y utilizarlo como vehículo promocional. El pasado enero incorporó al delantero argelino Saïd Benrahma, procedente del Olympique de Lyon, como complemento a los fichajes de Salman Al-Faraj, capitán de la selección saudí, y el egipcio Ahmed Hegazi, ex del West Brom.
La prioridad, a corto plazo, era incluir al club entre los cuatro grandes del país (Al-Hilal y Al-Nassr, ambos de Riad, más Al-Ittihad y Al-Ahli, en Jeddah). "Me sorprendería que la próxima temporada el Neom SC no incorporase otros grandes nombres, incluso alguno de los más importantes", vaticina Montague, para quien el objetivo de largo alcance será "la conquista del Mundial de Clubes de la FIFA".
Grandes nombres
Hace apenas un mes, Sky Sports adelantó el interés de Neom por Kevin de Bruyne, un veterano en busca de nuevos horizontes después de 10 años en el Manchester City. Otros rumores recientes apuntan a Jorginho, que no cuenta para Mikel Arteta en el Arsenal, y André Onana, portero del Manchester United. En caso de concretarse, estas operaciones deberían pasar el filtro del ya célebre comité que regula las contrataciones en Arabia. "De ese modo aseguran el equilibrio competitivo y evitan que un equipo lo acapare todo", explica Montague. No hace falta mencionar que la última palabra en la toma de decisiones correspondería al príncipe heredero.
"Bin Salman se ha involucrado personalmente y tiene grandes expectativas con Neom. El hecho de que el Mundial también vaya a disputarse allí demuestra la importancia del proyecto deportivo. A la luz de todo esto parece claro que Neom es demasiado grande como para quebrar", añade el periodista, en referencia a las turbulencias aireadas el pasado noviembre tras el adiós del CEO, Nadhmi al-Nasr.
Proyecto imparable
Según una auditoría interna a la que ha tenido acceso The New York Times, la falta de mano de obra y los problemas con la electricidad estarían provocando múltiples retrasos y sobrecostes. En cualquier caso, Montague no encuentra razones para temer un contagio hacia el fútbol: "Neom no ha colapsado. Lo que sucede es todo nació con una ambición desmesurada".
El autor de Engulfed, en cambio, prefiere situar el foco en el futurista estadio de Neom, proyectado a 350 metros de altura -algo así como el Empire State Building- e incrustado entre gigantescas paredes de cristal a orillas del Mar Rojo. "Han acortado los plazos y sus pretensiones. Los 170 km iniciales de The Line se reducirán a tan sólo dos, donde construirán el recinto del Mundial", analiza sobre esta colosal obra de ingeniería, alimentada con energías renovables. "Aunque actúan de un modo bastante secreto, podemos saber que algo enorme está sucediendo por el gran número de trabajadores asiáticos que van allí y la enorme cantidad de acero que se está enviando, nada menos que el 20% de la producción mundial", concluye.
Por las que llevan años aguardando y por las jóvenes que llegan. Miki Oca no se dio ni un gramo de importancia en un oro para la historia del deporte español. Para desesperación de los periodistas, el seleccionador, en el cargo desde 2010, sólo hablaba de ellas. "¿Pero no habéis visto el partido, quién lo ha ganado?", despejaba. Ellas, un grupo tan cohesionado que ríen y celebran juntas, que bailan al ritmo de la DJ, la boya Paula Leitón, Hay Lupita y Potra Salvaje son sus himnos en el autobús.
Desde la concentración, ya en junio, en el CAR de Sant Cugat. Después en la altura de Sierra Nevada, un éxito a fuego lento. "Desde entonces ellas sólo me repetían que querían ganar el oro", admite Oca. Que mira a su lado a Bea Ortiz y sus cuatro goles, tres decisivos a la vuelta de vestuarios, y Martina Terré, y tampoco quiere personalizar. Porque "lo llamativo son sus paradas, pero sin el trabajo del resto..." Pero la protagonista es la portera, sin duda.
Una chica de 21 años con la timidez lógica de su edad. Que arruinó a los Países Bajos con una espectacular parada a su lado derecho en la tanda de penaltis. Y que en la finalísima fue una absoluta pesadilla para Australia: 15 intervenciones nada menos, un asombroso un 83% de acierto bajo los palos. Y todavía se lamentaba de las que no atajó. "Me estudio a todas a las rivales. Y mira, estoy pensando que hay algún gol que podría haber parado, que iba al sitio donde sabíamos y no lo he parado", se lamentaba con su afonía.
"Les entraba el ansia de chutar"
Ahí, en su voz rota, está otro de los grandes secretos de este oro logrado en el inmejorable marco de La Défense, repleto de banderas rojigualdas. Una de las grandes novedades introducidas por Miki Oca y su cuerpo técnico es la de contar en voz alta los 10 últimos segundos de cada posesión. Y esa tarea recae en Martina. "A la primera posesión ya pierdo la voz: 10, 9, 8, 7, 6... que me tiene la garganta...", admite la catalana, a la que cuesta hacerse oír en el estruendo del pabellón. "Antes sólo hacíamos el 10 y el cinco y les entraba un poco el ansia de chutar cuando decías el cinco. Esto gasta la voz, pero sirve. Porque hoy hemos hecho algún gol al final del tiempo. Así que estoy contenta", reconocía.
Terré irrumpió en la portería de la selección en el último Europeo, del que fue MVP. Fue desplazando poco a poco a una mítica como Laura Ester. Y esa convivencia es la que emociona a la joven de Barcelona, a la que se le saltan las lágrimas en zona mixta. "Laura, para mí, es algo muy grande. Tenerla a mi lado, como compañera de equipo, una mujer con tanto palmarés, tantos partidos jugados...", enumera la guardameta del Sant Andreu.
Martina Terré, en acción.Luca BrunoAP
Terré fue, junto con Elena Ruiz -otra perla que con 16 años debutó en Tokio 2020- campeona del mundo júnior en 2021, en Netanya. Allí estaban también Nona Pérez y Marta Camus, el relevo generacional. Y esa sangre nueva es, para ella, la que ha posibilitado el éxito, ese maleficio olímpico después de dos finales perdidas (Londres y Tokio, fueron quintas en Río), el colofón a un equipo de leyenda.
"Las jóvenes aportamos la inocencia de no haber jugador finales, de no tener dolores de cabeza, de saber que hemos perdido. Intentamos aportar ese momento de disfrutar, de jugar como sabemos, sin que nos tiemble nada. A veces se hace como un muro delante a las más veteranas. Nos dan la tranquilidad de saber que es una final y nosotras el empuje para ir a por todas", razonaba Martina, que estudia en la Universidad Pompeu Fabra y desde ayer es leyenda del waterpolo. Y que quita mérito a sus intervenciones felinas, porque "con lo bien que defiende mis compañeras es fácil encontrar los huecos para parar. Me dejan mi lado y ya está". Y ya está.
Real Madrid 130-126 Anadolu Efes
LUCAS SÁEZ-BRAVO
@LucasSaezBravo
Madrid
Actualizado Sábado,
6
enero
2024
-
01:08Ver 4 comentariosEl Real Madrid y el Anadolu Efes...