El central, que estaba hablando con la televisión tras la derrota ante el Athletic (0-2), recriminó a un hincha que le estaba criticando por su actuación.
Sergio Ramos se encara con el aficionado.DAZN
El Sevilla está ahora mismo dos puestos por encima del descenso. Es decimosexto, con 16 puntos, apenas uno más que el Cádiz, que es el equipo que marca el infierno de los lugares que mandan a Segunda División. El ambiente, pues, es muy tenso en el Sánchez Pizjuán, y más este jueves después de la derrota (0-2) ante el Athletic de Bilbao. Eso ha propiciado un feo incidente entre Sergio Ramos y un hincha.
El central, que regresó este verano al equipo que lo vio nacer como profesional, daba explicaciones en DAZN, la televisión que ofrecía el partido, cuando, de repente, interrumpió sus palabras para, señalando a la grada, gritar: “¡Ten un poco de respeto, que estamos hablando, ten un poco de respeto, a la gente y al escudo. Respeta a la gente, estamos hablando. Respeta a la gente y cállate ya, anda!“.
Visiblemente enfadado, Ramos volvía a dirigirse a la periodista: “Hay que aguantar de todo. Entendemos la frustración de la gente, es mucho tiempo sin ganar”, explicaba su salida de tono, que no pasó desapercibida para los dos centenares de aficionados que estaban justo detrás de las cámaras de televisión donde tenía lugar la entrevista.
La llegada de Quique Sánchez Flores no parece haber reactivado a un equipo que fue despedido por su afición con muchos silbidos y con gritos contra el nuevo presidente de la entidad, José María del Nido Carrasco, que apenas lleva unos días en el cargo.
El brasileño Gabriel Medina, tres veces campeón del mundo, sale disparado de una ola de cinco metros, aparece al otro lado y completamente en vertical, como si levitara por encima del agua, hace el símbolo de la victoria. Ha ganado: el oro en shortboard es suyo. Pide un 10 porque su ejercicio ha sido sublime y le dan un 9.9, la mejor puntuación de la historia de los Juegos Olímpicos, pero se lleva otro premio.
Desde un barco cercano, Jerome Brouillet, fotógrafo de la agencia AFP, capta el momento. "Pam, pam, pam, pam". Ya está. La mejor foto de estos Juegos de París y seguramente la mejor foto deportiva del año.
"Las condiciones eran perfectas, las olas eran más altas de lo que nadie esperaba. Yo estaba en el barco junto a otros seis fotógrafos y no podía ver a Medina, que estaba dentro de la ola. De repente apareció, hice cuatro disparos y uno de ellos fue este", explica Brouillet que se ríe de quien asume que fue Photoshop o Inteligencia Artificial y resta mérito de su toma: "No fue una fotografía difícil. Sólo había que calcular el momento y el lugar por dónde Medina saldría de la ola. Ha tenido repercusión, pero estoy seguro que mis compañeros fotógrafos, con los que estaba en el barco, no la recordarán la semana que viene".
La viralización y sus motivos
"Me sorprendió la repercusión, en redes sociales he tenido muchas interacciones", añade Brouillet, cuya instantánea apareció casi de inmediato en centenares de medios de comunicación del mundo, entre ellos en la retransmisión en vivo de la ESPN, por lo que tuvo mucho impacto en Estados Unidos.
El gesto tranquilo de Medina, consciente de su victoria tiene fuerza, pero el valor de la fotografía reside en su apariencia engañosa: el surfista parece que está de pie en tierra firme, la tabla también está recta e incluso la cuerda aparece completamente horizontal.
Había ganado Unicaja en el Palau para ahondar más en la tristeza del Barça, fuera de la Final Four. Para meter presión a su rival, quien lo diría, por el liderato de la Liga Endesa. Y el Real Madrid sucumbió después en La Fonteta y perdió la cabeza de la ACB a falta de una jornada. Los malagueños, que reciben el domingo al descendido Palencia, dependen ahora de sí mismos. Aunque seguramente no fue la pena más grande para Chus Mateo. "Lo peor de todo", en palabras del técnico blanco, fue la lesión de Gaby Deck a falta de cinco minutos. [99-93: Narración y estadísticas]
Se fue el argentino con las manos en el rostro, paralizado desde el mismísimo instante en que su compañero Yabusele le cayó encima y su rodilla derecha hizo un extraño. Quizá fue el dolor y seguramente fue el recuerdo. Hace un año, en Belgrado, fue Zach Leday el que, también involuntariamente, arruinó su temporada, esta vez en la otra rodilla. Se perdió la Final Four. Ahora aguarda veredicto médico.
El estupendo duelo por el liderato dio un vuelco en la penúltima jornada. Pocas veces fue tan honrado ese primer puesto que no garantiza nada, apenas el factor cancha en todos los playoffs. Pero Madrid y Unicaja están empeñados en llevarlo hasta el último suspiro y así será, pues este domingo se resolverá todo. Los malagueños, en su ola particular, vencieron en el Palau con una canasta final de Kendrick Perry. Los blancos, ausentes en defensa, no pudieron hacer lo mismo ante un Valencia con un acierto insólito: acabó con 15 triples de 20 intentos.
Campazzo, ante Justin Anderson.Miguel Ángel PoloEFE
Algunos de ellos en el mismísimo desenlace, donde contrastaban las canastas naranjas y los fallos blancos. Ahí, con Justin Anderson pletórico, tuvieron los locales la máxima y no soltaron presa. Pradilla se sumó al carro del acierto y Chris Jones, el mejor de la noche, sentenció. El Valencia Basket no ganaba al Madrid en la Fuente de San Luis en partido liguero desde abril de 2013. Los de Xavi Albert pelearán el domingo por acabar terceros.
El duelo había sido un intercambio constante, ritmo agotador, con los ataques imponiéndose claramente a las defensas y una estupenda intensidad en la que ninguno de los dos era capaz de distanciarse demasiado. A ambos les ha dado un respiro la Euroliga, los taronjas sin playoffs y los blancos, que han disputado un partido en los últimos nueve días, resolviendo por la vía rápida ante el Baskonia su billete a Berlín. Y esa frescura se reflejó en el juego.
El Madrid ajustó algo su defensa en el segundo cuarto, pero le seguían penalizando las pérdidas ante un Valencia sin Brandon Davies pero con el mando de Chris Jones y la confianza recuperada de un colectivo que, desde la llegada al banquillo de Xavi Albert en lugar de Alex Mumbrú, ha ganado cuatro de los cinco últimos partidos. Eso se reflejaba en el acierto exterior, en los triples de Ojeleye, Jovic e incluso Inglis, que siguieron tras el descanso y por momentos desesperaron al Madrid.
"No hemos defendido nada. Hemos permitido demasiadas licencias", concluyó Chus Mateo, quien tras la alegría del pase a la Final Four ve cómo se le aleja el objetivo del liderato ACB. El domingo recibe al Baskonia sin depender de sí mismo.
En otoño Ana Peleteiro lo cambió todo, pero quiso cambiarlo todo, todo, todo, todo. Después de los Juegos Olímpicos de París 2024, dejó atrás a su entrenador en la última década, Iván Pedroso, y su casa de Guadalajara, para irse a su Galicia a prepararse con los consejos de su marido, Benjamin Compaoré. La mudanza, con razones profesionales y personales, ya era atrevida, pero la saltadora quiso llevarla más allá. A la misma pista, al mismo foso. De la mano de Compaoré, Peleteiro intentó modificar su pierna de batida, de la derecha, que había utilizado toda la vida, a la izquierda, para colmar así un viejo anhelo. Pese a que Pedroso lo desaconsejaba, Peleteiro siempre había pensado que con la otra pierna podría saltar más fácil y saltar más lejos y las primeras semanas le dieron la razón.
La que fuera bronce en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 realmente volaba con su nueva técnica y soñaba con un futuro de marcas imposibles, quién sabe si más allá de los 15 metros. Pero empezaron los dolores en la pierna izquierda, la rodilla se quejó, y el doctor Pedro Guillén, especialista entre especialistas, mandó parar. Si quería seguir sana, tenía que volver a su batida de siempre.
Hace menos de un mes, aún curándose de esas molestias, Peleteiro regresaba a su técnica antigua en el Campeonato de España y triunfaba y se ganaba un lugar de privilegio en el Europeo indoor, donde este viernes (desde las 18.50 horas, Teledeporte) buscará el oro, pero al mismo tiempo se guardaba un secreto. Tiene que batir con la derecha como antes, pero ya no salta como antes. Si su estilo se basaba en unos brincos exagerados, arriba, muy arriba, ahora se impulsa sin coger altura. La revolución de Peleteiro se mantiene: consistir en volar bajo.
Peter DejongAP
"Estoy intentando saltar de forma más horizontal y mejorando de una vez por toda la técnica, que al fin y al cabo era algo que se me atravesaba desde hace años. La parte técnica es muy importante para ganar sobre todo en salud y longevidad. Benjamin es un crack planificando y confío mucho en su criterio. Las cosas están fluyendo muy bien y me encanta como entrenador", aseguraba este jueves, en la primera jornada del campeonato en Apeldoorn, Países Bajos, donde sólo hubo una final.
España, cuarta en el 4x400 mixto
En el nuevo relevo 4x400 mixto, España acabó cuarta por detrás de los Países Bajos de Femke Bol, de Bélgica y de Reino Unido. Fue un día con decepciones, como la eliminación de Mohamed Attaoui e Ignacio Fontes en los 1.500 metros y también con alegrías como la clasificación para la final de Esther Guerrero en los 1.500, de Jaime Guerra y Lester Lescay en la longitud y, claro, de Peleteiro en el triple salto.
Su clasificación fue breve. En el primer intento no consiguió el pase directo porque se dejó demasiada distancia en la tabla -36 centímetros-, pero en el segundo lo logró sin apuros. Campeona ya en el Europeo indoor de 2019 y subcampeona en 2021 -en la última edición estuvo ausente por maternidad-, pocas rivales parecen capaces de rebasarla. Con Patricia Mamona y Maryna Bekh-Romanchuk fuera de las pistas, su éxito depende de ella misma. Deberá observar a la turca Tugba Danismaz, campeona hace dos años, y a la finlandesa Senni Salminen, y esquivar sorpresas.
En todo caso, con su espíritu competitivo, parece más que preparada. "Estoy en un remanso de paz absoluto. Creo que la cabeza es un 80% y estar bien mentalmente me ha ayudado a estar bien físicamente. Me siento en el mejor momento de forma de toda mi carrera. Entreno todos los días al máximo y creo que aún no he tocado ni mucho menos mi techo", proclamaba Peleteiro en plena revolución.