La guerra entre Florentino Pérez y Enrique Riquelme vuelve a las fachadas. Después de las declaraciones del alicantino en El Hormiguero y del anuncio de Erling Haaland como jugador del Real Madrid si este gana las elecciones, Florentino contraatacó con el fichaje de Mourinho nada más finalizar el programa. Ahora, el accionista mayoritario de Cox vuelve a mover ficha. Esta vez, con una gigantesca lona ubicada en la calle Velázquez, 106, de Madrid.
En ella se muestra una imagen del Santiago Bernabéu y un cartel de “se vende”, haciendo referencia a la idea central de la candidatura de Riquelme: la crítica al cambio societario que propone su rival para el Real Madrid.
Como ya ha dejado claro el aspirante sobre el presidente en muchas de sus intervenciones, todos sus mensajes van dirigidos principalmente al socio, aquel que decidirá quién logra ganar estas elecciones. En esta acción no ha sido diferente: “Y tú, ¿qué vas a hacer? El Real Madrid no se vende”, se leía en la lona.
No es la primera vez que vemos algo así durante estas elecciones. Florentino Pérez ya utilizó este recurso en dos ocasiones. En la primera, recordó, en un edificio próximo al Bernabéu todas las Champions que ha ganado el club blanco con él al mando. La segunda, hace tan solo dos días: otra lona gigante en la que presumía de los grandes fichajes que ha conseguido el ingeniero de caminos a lo largo de los años, comenzando por Figo y acabando con Mbappé.
Parece que los dardos entre los candidatos no van a cesar. Con la ciudad patas arriba este domingo por los conciertos de Bad Bunny y la visita del Papa, las elecciones del Real Madrid acabarán de poner a prueba la capacidad de la capital. En medio del caos, los socios tendrán la última palabra en unas urnas que decidirán la presidencia. El desenlace, ahora sí, está a la vuelta de la esquina.
Los propietarios reales no son los propietarios del sentimiento, son los dueños del dinero. Escuchar a uno de los prohombres del dinero, Florentino Pérez, decir que es necesario convertir a los socios del Real Madrid en los «propietarios reales» del club es abrir una nueva era que hasta ahora era considerada anatema, sacrilegio, puesto que el mecanismo para hacerlo es crear una sociedad mercantil y añadir a la condición de socio la de accionista.
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GP de Bélgica
MIGUEL A. HERGUEDAS
Enviado especial
@herguedas
Spa
Actualizado Viernes,
28
julio
2023
-
18:55Ver 1 comentarioEl líder del Mundial firma una gran...
España también celebra éxitos que se crearon en otros lugares, especialmente en Cuba, como el oro de Jordan Díaz en los últimos Juegos Olímpicos o el bronce de Lester Lescay en el último Europeo en pista cubierta, pero mientras asciende una generación tan propia como las precedentes, formada en sus escuelas, enseñada por sus entrenadores. Si en los primeros casos se entiende el debate, en los segundos carece de argumentos. En el Mundial indoor de Nanjing que acabó este domingo, la selección de atletismo acabó con tres medallas, un número que no alcanzaba desde hace 15 años, gracias a Ana Peleteiro, Fátima Diamé y Josué Canales, tres atletas que maduraron en los tartanes del país. Si acaso la diferencia con los medallistas de Doha 2010, el proscrito Sergio Sánchez, Natalia Rodríguez y Ruth Beitia, está en la piel.
Después del éxito de Peleteiro el sábado, los bronces de este domingo de Diamé en la longitud y Canales en los 800 metros confirmaron la ascensión de un grupo que en este ciclo olímpico debería confirmarse como histórico. Junto a ellos, estos años, otros como Mohamed Attaoui o Paul McGrath, de apellido foráneo, hechos en casa.
La emoción de Canales
«He venido para quedarme y quiero seguir dando alegrías al atletismo español», proclamaba Canales, el descubrimiento del campeonato. Nacido en Honduras y criado desde los tres años en el barrio de Santa Eugenia, en Girona, al lado de Salt, esperó una eternidad para poder correr como español y, en cuanto lo hizo, se colocó entre los mejores del mundo. Nadie como él ejemplifica el valor del conjunto. Hijo de padres adolescentes, víctima de un mal divorcio, acabó corriendo de casualidad, pero en el club GEiEG le enseñaron a disfrutar del deporte y en el CAR de Sant Cugat, a disfrutar de la vida. Por eso antes de cada carrera señala su número de habitación en el centro, el 313; un agradecimiento. El otro, este domingo, fue para su abuela, Ruth Liliana, Nana, que voló de Tegucigalpa a Girona cuando él era adolescente para construirle un hogar, un lugar donde vivir en paz.
Dar YasinAP
«La dedicatoria de esta medalla tiene nombre y apellido, mi abuela Ruth Liliana. Yo no sería nada de esto si no hubiera sido por ella. Le debo el cielo a esa señora, la amo con todo mi corazón», se emocionó Canales que también agradeció a su entrenador, el ex maratoniano Carles Castillejo. En pruebas anteriores, Canales lo había perdido todo por no creérselo, «el síndrome del impostor», como reconoció, pero esta vez nada de eso. En la final, donde dominó el estadounidense Josh Hoey, se pegó a la espalda del belga Eliott Crestan y con él se fue hasta el podio.
El salto que espera a Diamé
Queda por ver a Canales -amigo íntimo de Attaoui- brillando en una competición al aire libre, pero a sus 23 años tiene mucho tiempo por delante para hacerlo. Como Diamé pese a sus 28 años. Horas antes que el mediofondista, la saltadora de longitud también acabó en tercera posición, la misma que hace un año en el Mundial de pista cubierta de Glasgow. De padres extranjeros como Canales, en su caso de padre senegalés y madre portuguesa, Diamé nació en Valencia y vivió tan cerca de sus pistas de atletismo del cauce del Turia que acabó apuntándose casi sin querer. Todos los días, a todas horas, veía gente corriendo, saltando, lanzando, ¿Qué hacer si no?
Desde hace unos años entrena en Guadalajara a las órdenes de Iván Pedroso y su progresión es innegable, pero continúa en busca de su gran salto. Este domingo, de hecho, acabó entre la alegría y la decepción por no haberlo conseguido. «Pensaba que podía llegar a 6,85 metros, pero es una medalla, no me voy a quejar», comentó después de quedarse con los 6,72 metros de su primer intento, superada por la estadounidense Claire Bryant (6,96 metros) y la suiza Annik Kalin (6,83 metros). Con molestias en la pierna derecha, su pierna de batida, durante todo el invierno, el bronce ya era mucho.