En cada Grand Slam hay un momento en el que Carlos Alcaraz se transforma. A partir de entonces sus golpes retumban, alcanza cualquier bola que le propongan y su magia se desborda; es su versión de leyenda. Puede ocurrir en cuartos de final o en semifinales, nunca antes. Antes simplemente se está preparando. Desde ese momento, sólo un rival, Jannik Sinner, es capaz de recordarle que la duda existe. Esa mutación llegó en este Open de Australia este martes, en cuartos de final, ante Alex de Miñaur, para la victoria del español por 7-5, 6-2 y 6-1 en dos horas y 15 minutos.
Pese a que su adversario estaba en el mejor estado de forma de su vida, con la confianza necesaria y todo el público de la pista Rod Laver a su favor, Alcaraz lo anuló y se clasificó para sus primeras semifinales en Melbourne, donde se medirá el viernes a Alexander Zverev. Será la reedición del duelo en el que cayó eliminado el año pasado, pero en esta ocasión está listo.
No había mejor rival que De Miñaur para ponerle a prueba ni hubo mejor rival que De Miñaur para demostrarlo. Nadie más incómodo, nadie más fatigoso. La estadística dirá que Alcaraz ganó en tres set con sólo un 57% de primeros servicios, cediendo dos ‘breaks’ y después de cometer 32 errores no forzados, pero cualquier conclusión basada en esos datos será errónea. No fue un mal partido del australiano, más bien todo lo contrario. Si el español tuvo algún problema durante el partido, especialmente con el saque y el revés, fue mérito suyo.
Dita AlangkaraAP
De Miñaur propone el mejor tenis defensivo del circuito: no es un pegador, no busca el ‘winner’, pero lo devuelve todo y lo hace a toda velocidad para complicarle la vida a quien tenga enfrente. Pese a que el recuento de datos lo ignore, la mayoría de los fallos del número uno llegaron desde posiciones a las que le había llevado un excelente De Miñaur. Pero, aun así, no fue suficiente. Ni mucho menos. Con su derecha como argumento, Alcaraz derrumbó la resistencia del tenista local.
La actitud correcta
En ningún momento vaciló el número uno, y eso que podía haberlo hecho. En el primer set, cada vez que De Miñaur llegaba a una bola que ya estaba perdida, cada vez que respondía a un ‘winner’, Alcaraz se reía, juguetón, mirando a su equipo. En años anteriores, antes de alcanzar su madurez, quizá le hubiera frustrado que su buen hacer no tuviera recompensa. Pero ahora ya es un jugador hecho.
En el primer set tuvo que ganar los puntos una vez y otra, y otra vez, y lo hizo sin rechistar. Luego ya todo sería más fácil. Bajo el calor sofocante de Melbourne, con temperaturas de 45 grados durante el día, De Miñaur insistió en castigar el revés de Alcaraz y este peleó para salir de la trampa. En ocasiones probaba paralelos imposibles; en otras se invertía para golpear con su derecha. Esa estrategia permitió al australiano remontar dos ‘breaks’ en el primer set y presentar batalla, pero no le duró más de una hora. Cuando Alcaraz afinó ese instrumento, todo se acabó.
"Desde la primera ronda mi nivel ha creccido en cada partido. He hablado mucho con mi equipo de ser paciente. Yo lo quiero todo ya. Pero mi equipo ya me decía que mi nivel llegaría y en este partido siento que ha llegado", comentaba Alcaraz al acabar el partido en conversación con Jim Courier sobre la puesa. "De Miñaur es un rival muy difícil. Te hace sentir que siempre estás en problemas, tienes que estar concentrado en cada golpeo, tienes que ganar cada punto tres o cuatro veces", analizaba el número uno.
Cerraron el estreno de este formato de Champions League con un quinto puesto el primer año y en este se sitúan duodécimos en una última jornada de locura en la que tendrán que ganar y esperar que los resultados de los que preceden les favorezcan para entrar en el apreciado top'8 y evitar esos dos partidos de previa que cargarían aún más un calendario apretado. "Entiendo todas las necesidades de goles y resultados, pero no dependemos de nosotros, hay que dejarlo claro. Así que tenemos que con humildad ganar y luego ver lo que no depende de nosotros", ha apuntado Diego Simeone.
El argentino avisó de que necesitarían seis puntos de seis, pero el empate en Estambul ha complicado las opciones rojiblancas que pasan por golear al Bodo Glimt el miércoles y esperar que los ocho equipos con los que empatan a trece puntos fallen para colarse directamente a los octavos de final. "La Champions es espectáculo y eso se muestra en esta última jornada", alaba el argentino que cree que será una noche "emocionante".
El técnico rojiblanco afrontará el duelo ante el Bodo con una plantilla corta y sólo con la ausencia de Griezmann, que no entrenó el lunes con el grupo. No obstante, ha querido esquivar todas las preguntas que le han recordado el mercado invernal del Atlético de Madrid, en el que ha habido cuatro bajas y, todavía, ningún alta. "Hasta el último día puede pasar de todo como llevo diciendo 14 años, puede haber llegadas y salidas y lo que importa es que cuando cierre el libro el Atlético salga beneficiado", ha expresado.
El argentino ha dicho que hay "cero" polémicas con el director deportivo del primer equipo, Mateu Alemany, respecto a las necesidades del mercado. "Estoy tranquilo en el lugar donde estoy", ha expresado sobre los mensajes un tanto contrarios entre el dirigente y el entrenador sobre si hay o no necesidad de tener altas en esta ventana.
En la ley no escrita, el jugador que ha acompañado al técnico en la rueda de prensa ha sido Nico González, así que se presupone que el mediocampista volverá a partir de inicio en el encuentro de este miércoles a las 21.00 horas ante el Bodo Glimt en el Metropolitano.
Nico y su futuro
"Los goles son trabajo, uno entrena para mejorar. Podemos aportar un poco más, pero estamos sacando resultados positivos. Estamos bien como grupo", ha calificado el jugador que, como su técnico, ha explicado que están enfocados "en ganar" y que no les influyen en su juego los otros resultados. "El equipo sabe que tiene que ganar, pero tenemos que estar tranquilos", ha apuntado.
El argentino también apela a la tranquilidad desde su futuro como rojiblanco ya que esta temporada está a préstamo y aunque no depende de él, le lanzó al técnico el guante de que si intención es seguir en el Metropolitano. "Desde que me puse esta camiseta no quiero soltarla. Con el tiempo, si las cosas salen bien se pueden llegar a concretar", ha apuntado un jugador que marcó en su debut y que no ha vuelto a hacerlo, aunque una lesión ha cortado su progresión en el equipo.
Pasan solo unos minutos de las nueve de la noche en Bahréin y en el cuartel general de Ángel Ayora ya pliegan armas para afrontar una nueva semana de competición en el DP World Tour. "Tiene que estar durmiendo a las 22:15", comenta Juan Ochoa al otro lado del teléfono cuando le preguntamos por Ayora. El entrenador del golfista malagueño es el artífice del fichaje más comentado del momento. Juan Carlos Ferrero vuelve a entrenar, pero no será a un tenista, sino a una de las más prometedoras estrellas del golf. Ayora tiene 21 años y en su primer año en la primera división europea fue el único jugador en acabar con 10 torneos entre los 10 primeros y rozando la gesta de conseguir la tarjeta del PGA Tour.
Actualmente, en el puesto 115 del ranking mundial, todos coinciden en que técnicamente es uno de los jugadores más brillantes que han surgido. Tanto sorprendió su incursión, que los codazos se sucedieron el LIV por fichar al joven español, que por otro lado tiene las ideas muy claras. Plató primero a Martin Kaymer y más tarde la oferta de Sergio Garcia para incorporarse a los Fireballs. Y es que el dinero no es la motivación principal de Ángel Ayora.
Solo hay un pequeño 'pero' en el incipiente camino de Ayora: todavía no ha ganado en el Circuito Europeo. Y hay que ponerle remedio cuanto antes. "Llevábamos un tiempo buscando un psicólogo o coach mental, pero no es fácil. Ángel quería a alguien que le ayudara con la actitud mental en el campo con la experiencia de haber competido".
En medio de esa desalentadora búsqueda, las condiciones de los grandes gurús resultaban inasumibles para el joven Ayora. En el pasado Open de España, Ochoa coincidió con Carlos Alcaraz en el madrileño Club de Campo y ya entonces le propuso una partida de golf con él y Juan Carlos Ferrero. "Simplemente quería tener una conversación y aprender de Ferrero a nivel entrenador y ver cómo podría ayudarme a mejorar en mi labor".
El tiempo pasó, la partida nunca llegó y los acontecimientos se precipitaron: la famosa ruptura del número uno del tenis con su mentor fue el detonante que hizo que en estas Navidades, Ochoa se animó a contactar con Ferrero. "Pensé que a lo mejor le venía bien alejarse un poco del tenis y venirse al golf, aunque fuera algo esporádico", comenta Ochoa. Hablaron por mensaje una noche de diciembre y al día siguiente hubo una conversación telefónica. Días más tarde, Ferrero quedó en Sotogrande con Ayora y su equipo para conocerse. El fichaje ya estaba hecho. "Tuvo una noche para pensárselo y nos dijo que sí", explica Ochoa. "Cuando nos preguntó, le dijimos que nuestro objetivo es ser número 1 del mundo". Tanto del lado de Ayora como del propio Juan Carlos nos confirman que encima de la mesa había suculentas ofertas de nombres del tenis. "Está claro que el dinero no ha sido la motivación de estar con nosotros", aclara Ochoa, agradeciendo la generosidad del ex número uno del tenis.
El golf es la otra gran pasión de Juan Carlos Ferrero. Empezó jugando en el año 2000 de la mano de Sergio García. "Yo le enseñaba a perfeccionar su tenis y él a mí a jugar al golf". Pronto se hicieron tan amigos que Ferrero acompañó dos años al de Borriol al Masters de Augusta e incluso le hizo de caddie en un torneo profesional en Bangkok, donde García terminó entre los diez primeros. "La semana siguiente jugué el peor golf de mi vida, quería pegar los mismos golpes de Sergio", comentaba hace unos meses Ferrero en el pódcast PlayGolf.
Ferrero es hándicap 1 y precisamente espera aportar su experiencia y ayudar a Ayora, sobre todo en el plano más mental. "Siempre ha habido la discusión sobre qué deporte es más mental, si el tenis o el golf. En el golf tienes más tiempo para pensar, puede ser bueno o malo...", explicaba.
Tanto Ochoa como Ferrero aclaran que la técnica estará fuera de las competencias del nuevo fichaje. "Todo el tema mental, la actitud a la hora de competir, la planificación como deportista, el desarrollo profesional, generar rutinas", serán algunas de sus responsabilidades. "Explica las cosas desde la experiencia y al final te llegan mucho más". Ya en su primera semana integrado en el equipo se han ido notando los detalles. "En un momento dado Juanki vio que Ángel bostezaba mucho y enseguida chequeamos los datos de la Whoop", comentaba Ochoa, refiriéndose a la pulsera que llevan algunos deportistas y que aporta gran cantidad de datos. "Es otra perspectiva más en el equipo y muy importante y además me quita un poco de presión en el día a día", aclara Ochoa.
Al equipo de Ayora también se sumó desde hace tiempo Álex Ruiz, nutricionista de Carlos Alcaraz; todos, están conectados.
Juan Carlos Ferrero estuvo la semana pasada en Dubái, donde pudo seguir de cerca a su pupilo y anunciar en redes sociales su nueva incorporación. "Necesitaba un cambio de aires. Recibí ofertas para seguir en el tenis, en los circuitos ATP y WTA, pero surgió la oportunidad de trabajar con Ángel en un mundo que conozco y me gusta", aclaraba al portal especializado Tengolf.
"Es difícil ver a Carlos Alcaraz competir y a todo tu equipo sentado en la silla. No es fácil lo que sientes", se sinceraba. En las próximas horas, Juan Carlos llegará hasta Bahréin para afrontar una nueva semana con una nueva ilusión, de momento fuera del tenis.
Juan Carlos Ferrero, que inicia una nueva etapa profesional con el golfista Ángel Ayora, reconoció que le resulta duro ver sentado en una silla, por televisión, como Carlos Alcaraz, al que ha entrenado durante siete años, compite en el Abierto de Australia.
"Es difícil ver a Carlos competir y a todo tu equipo sentado en la silla. No es fácil lo que sientes", dijo en una entrevista Ferrero en Ten Golf. "Estoy muy contento con su juego, porque está ganando y aún no ha perdido ningún set. Está a un gran nivel. Darle la enhorabuena y que siga", dijo.
Sobre su nuevo proyecto, Ferrero destacó que necesitaba "un cambio de aires. Recibí ofertas para seguir en el tenis, en los circuitos ATP y WTA pero surgió la oportunidad de trabajar con Ángel en un mundo que conozco y me gusta", dijo Ferrro que rechazó comparar a Alcaraz con Ángel Ayora.
"Ángel acaba de empezar y Carlos ya lleva varios años. Alcaraz es más extrovertido. Son caracteres diferentes. Carlos está entre los mejores y Ángel puede llegar muy arriba", añadió el exentrenador de Alcaraz.
"El tenis es mi vida y va a seguir siéndolo porque sigo trabajando en mi academia", aclaró Ferrero que afronta como "un período experimental" su paso al golf.
En el US Open de 2008, antes de su eclosión, Novak Djokovic parecía el paciente del juego Operación: cuando no le dolía la cadera, sufría del estómago; si no, una pierna... En octavos de final, ante Tommy Robredo, pidió dos tiempos muertos médicos y, en cuartos, ante Andy Roddick, otro más. "¿Qué será lo próximo? ¿Gripe aviar? ¿Ántrax? ¿SARS?", se cachondeaba Roddick después de su derrota y, en ese momento, nacía la leyenda: Djokovic, maestro de las artes oscuras.
A lo largo de su exitosa carrera —la más exitosa de la historia del tenis—, el serbio ha utilizado en múltiples ocasiones los tiempos muertos médicos —llamados TMO— y las pausas para ir al baño como un elemento estratégico más. "Aprovecho ese momento para reconectar mentalmente y cambiar el entorno", reconocía él mismo años más tarde en Roland Garros y, ante la polémica suscitada por su caso y muchos otros, el circuito ATP respondió en 2022 con un endurecimiento de las normas.
¿Se acabó la polémica? En absoluto. En este Open de Australia, el debate sobre la salud, los tiempos muertos y las tácticas ha regresado con fuerza gracias a otro campeón, Jannik Sinner, que ayer se clasificó para cuartos de final al derrotar a Luciano Darderi por 6-1, 6-3 y 7-6(2), en dos horas y nueve minutos.
¿Qué dicen las normas?
Todo deporte que se precie tiene sus trucos, aquellas acciones que llevan al límite el reglamento. En el fútbol, los delanteros se lanzan en el área en busca del penalti; en el baloncesto, los tiradores chocan contra sus defensores para sacarles la falta... En el tenis, se piden time-outs para parar los partidos a conveniencia.
Desde el cambio realizado hace cuatro años, las normas de la ATP establecen que los jugadores tienen las siguientes opciones: por cada dolencia que sientan pueden pedir una parada de tres minutos y, en un partido a cinco sets, pueden ir hasta dos veces al baño. Esas visitas deben durar menos de tres minutos y, en caso de cambiarse de ropa, el límite se amplía hasta un máximo de cinco minutos. El reglamento, de esa forma, es claro: pocos parones y cortos. Pero, en la práctica, los partidos siguen deteniéndose el tiempo y las veces que los protagonistas desean.
"Los tres minutos de tratamiento empiezan después de nuestra evaluación médica y nosotros no tenemos límite de tiempo. Tenemos presión para ir rápido, pero debemos hacer nuestro trabajo", comenta el fisioterapeuta François Morency, que suele trabajar en torneos ATP. El año pasado aquí, en el Open de Australia, Sinner se mostró mareado en su duelo de octavos ante Holger Rune y su parada médica duró 12 minutos porque incluyó un test cardíaco en el vestuario.
DAVID GRAYAFP
Las TMO suelen alargarse más de los tres minutos reglamentarios y existen otras excepciones: hay quien aduce diversas dolencias para ser tratado dos veces o quien pone excusas leoninas para que su visita al baño sea más larga de lo que toca.
Otras pausas a su favor
El efecto táctico de esas artimañas es imaginable: cambian el signo del partido. Un estudio de la Universidad de Manchester concluyó que los jugadores que están perdiendo piden un 55% más de time-outs que los que van ganando y un análisis del Wall Street Journal reveló que Djokovic vence el 84% de los sets que juega a la vuelta de los vestuarios —cuando su media habitual es del 79%—.
La efectividad de la estrategia es lo que crea suspicacias y el motivo por el que ahora se señala a Sinner. Antes de su duelo en Melbourne ante Rune, hace justo 12 meses, en Wimbledon 2024 ya había parado dos veces un partido ante Daniil Medvedev que acabaría perdiendo y, después, en las semifinales del US Open del año pasado, un tiempo muerto médico frenó la embestida de su rival, Felix Auger-Aliassime.
En la polémica suspensión de su partido de octavos ante Eliot Spizzirri del pasado sábado por el calor, hubo muchas críticas al momento elegido por la organización para detener el juego y techar la Rod Laver Arena, pero también a la posibilidad de que después el italiano pudiera disfrutar de un segundo periodo de descanso. Fue justo lo que necesitaba Sinner, que ya domina las artes oscuras del tenis como Djokovic.
El Mantra 100 de Melbourne es uno de esos hoteles sin recepción en los que si ocurre algo —como que la tarjeta no funcione— hay que llamar a un número y esperar a que alguien aparezca. Lejos del lujoso Crown Towers donde se alojan Carlos Alcaraz o Jannik Sinner, sin piscinas, sin tiendas de lujo y, por supuesto, sin helipuerto, Martín de la Puente atiende a EL MUNDO en el vestíbulo del modesto establecimiento en el que descansa estos días. Es la realidad del tenis en silla de ruedas. En los Grand Slam juegan en las mismas pistas que las estrellas de su deporte, pero su vida es muy distinta.
«El tenis en silla está creciendo, pero si no llegas a las rondas finales de un Grand Slam y no tienes patrocinadores es muy difícil vivir de ello», cuenta quien busca convertirse en el primer español que gane un ‘grande’ en silla de ruedas. Hace dos años llegó a la final de Wimbledon, pero perdió. Esta semana en Melbourne —donde ya fue semifinalista la temporada pasada— buscará otra oportunidad.
¿Entonces usted no vive de ello?
Tengo la suerte de poder hacerlo porque tengo sponsors y ayudas públicas y porque me está yendo bien. El campeón de un Grand Slam cobra unos 60.000 euros, que es un buen dinero. En los torneos que compartimos con los profesionales —los cuatro 'grandes' y algún ATP— los premios están muy bien. Pero el resto del año perdemos dinero. La temporada pasada gané lo que sería un ATP 500 tanto en individual como en dobles y no pude ni cubrir los gastos del viaje. No quiero hacerme millonario, pero es difícil seguir el circuito.
¿Siempre ha jugado al tenis?
De pequeño quería ser futbolista del Celta, pero nunca pude jugar mucho. Me costaba caminar bien. Después de que me amputaran el pie izquierdo con ocho años, iba a ver a mi hermano jugar al tenis en el Real Atlántico de Vigo y me ofrecieron probar. Para mí el tenis fue un refugio. Con la raqueta podía jugar a un deporte con mi hermano, de tú a tú, aunque yo fuera en silla y él estuviera de pie. Aquello me dio muchísimo, me ayudó a entenderme, a integrarme, a normalizarme.
Le diagnosticaron el síndrome de Proteus. ¿En qué le afecta?
Es una enfermedad que hace que los huesos, los músculos o la piel crezcan de manera descontrolada. Nací con un dedo de la mano izquierda un poco más grande y a los tres años me diagnosticaron. Me pasé la infancia en el hospital. Cuando me amputaron recuerdo que me desperté y seguía sintiendo el pie. Pensaba que habían tenido que anular la operación, pero levanté la sábana, vi que ya no había nada y empecé a llorar. Siendo tan niño se me vino el mundo encima. Pensaba en muchas cosas, como en qué pensaría la gente de mí. Pero aprendí a afrontar los problemas, a ver la vida de otra manera. Además, tuve mucha suerte de vivir en una casa familiar muy grande, donde todos me esperaban para hacer una fiesta después de cada operación. Y piensa que hubo un año, cuando yo tenía 15, en el que me operaron 16 veces.
¿Por qué tantas veces?
En la adolescencia mis huesos crecían de más y se me doblaban, me hacían formas raras en el cuerpo. Había que frenar ese crecimiento y entonces cortaban, enderezaban, limpiaban, ponían placas. Siempre había algo que hacer: en la cadera, en una pierna... Tengo muchas cicatrices, pero es la vida que me tocó vivir. Podría estar lamentándome, pero prefiero ver el lado positivo de las cosas. También pienso en lo mucho que me ayudaron mis amigos. Para ellos siempre he sido el patapalo; con ellos me he reído de todo lo ocurrido y eso es esencial, que te traten sin distinciones.
En su deporte, ¿qué es más importante: saber jugar al tenis o saber llevar la silla?
Para mí, aprender a manejar la silla fue lo más complicado al principio y ahora ya estoy más centrado en el tenis. Con la silla siempre he tenido una relación de amor-odio: me permite moverme, pero también me da muchos problemas. Recuerdo que tuve que trabajar mucho la fuerza del tren superior para ir más rápido con ella.
¿Hay jugadores que ganan porque tienen mejor silla?
No tanto. Hay jugadores que tienen una silla más ligera y eso les da una ventaja limitada. Al final hay que saber moverla. El tenis en silla es un deporte muy bonito e interesante porque es justo, no diferencia por discapacidades, y eso genera más competencia.
Rafael Louzán, presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), confirmó que la final del Mundial de fútbol de 2030, organizado conjuntamente por España, Portugal y Marruecos, se disputará en España.
"España tiene una capacidad organizativa demostrada durante muchísimos años, va a ser la que lidere ese Mundial de 2030 y aquí se celebrará la final de esa Copa del Mundo", sentenció Louzán al subir al escenario para recoger uno de los premios de la Asociación de la Prensa Deportiva de Madrid.
El mandatario hizo referencia a los problemas organizativos vistos durante la Copa África celebrada en Marruecos: "Marruecos realmente está sufriendo una transformación en todos los sentidos, unos estadios magníficos. Hay que reconocer lo que se ha hecho bien. En la Copa de África hemos visto escenas que perjudican a la imagen del fútbol mundial".
Además, confirmó que la RFEF tiene la pretensión de organizar "el mejor Mundial de la historia": "Será la del centenario, porque se cumplirán 100 años de ese Mundial celebrado en Uruguay. Tenemos que estar a la altura. Estamos trabajando para que España tenga el mejor Mundial de la historia en 2030".
El pasado diciembre, Carlo Ancelotti mantuvo una conversación con Endrick, un chico que siempre había escuchado sus consejos durante la temporada que compartieron en el Real Madrid. Durante esa charla, el actual seleccionador de Brasil convenció al delantero de que la mejor opción para su futuro sería encontrar un equipo donde pudiese disputar minutos. De otro modo, su presencia en el Mundial 2026, se antojaba imposible, dada la feroz competencia que suponen Matheus Cunha o Joao Pedro para el puesto de '9' en la canarinha. Lo que quizá no podía esperar Carletto, sólo seis semanas después de aquella llamada, era una explosión tan fulgurante.
En sus tres primeros partidos con el Olympique de Lyon, Endrick suma cuatro goles y una asistencia. Durante sus 31 compromisos de Liga y Champions con el Madrid, su registro se redujo a dos tantos y un pase de gol. Este curso, la situación se había vuelto tan desesperada que el propio delantero no dudó en pedir permiso a Florentino Pérez para buscar nuevos horizontes. El presidente, que en principio no lo tenía del todo claro, dio finalmente el visto bueno a la cesión.
El pasado domingo, Endrick anotó el primer hat-trick de su carrera ante el Metz, colista de la Ligue 1, incapaz de sujetar sus arrancadas por el perfil derecho del ataque (2-5). Esas aceleraciones de 50 metros que en 2022 ya cautivaron a los ojeadores de los mejores clubes del planeta. «Hemos hablado con su padre. Ojalá pueda venir porque es un jugador que necesitamos», admitió Xavi Hernández, técnico por entonces del Barça. Endrick apenas había jugado un par de partidos con el Palmeiras, pero ya asombraba por la potencia de su zancada, su disparo con la zurda desde la frontal y su infatigable intensidad en cada acción.
Viaje a Estados Unidos
Esas virtudes se diluyeron a las órdenes de Ancelotti, siempre atento a las jerarquías del vestuario. La verticalidad de Endrick tampoco enamoró este verano a Xabi Alonso, que buscaba a alguien más asociativo en el ataque. Su lesión en los isquiotibiales de la pierna derecha, que le dejaba fuera del Mundial de clubes, iba a coincidir con las apariciones de Franco Mastantuono y Gonzalo García. De modo que unos días después del inicio del torneo, Endrick no dudó en viajar a Estados Unidos para hablar en persona con el preparador donostiarra. En diciembre, la recuperación para la causa de Rodrygo redujo a cenizas sus opciones.
Endrick terminó decantándose por Lyon tras una llamada de Paulo Fonseca, que le prometió un hueco fijo en su ataque. Todo un regalo de Reyes para el técnico portugués, que ha tenido que lidiar con la crítica situación financiera del Olympique, descendido provisionalmente el pasado agosto por una deuda superior a los 500 millones de euros. Incluso en esta tesitura, Les Gones acordaron pagar un millón de euros -la mitad de su salario- hasta junio.
Tras un arranque titubeante, con tres derrotas en las ocho primeras jornadas de Ligue 1, el Lyon enlaza ahora ocho victorias consecutivas en las tres competiciones. De hecho, se perfila como un firme candidato al título en la Coupe de France, donde el PSG ya ha caído eliminado, y la Europa League, donde ocupa el liderato tras su triunfo del pasado jueves ante el Young Boys (0-1).
Endrick, el domingo, ante Colin y Fischer en el Stade Saint-Symphorien.AFP
Buena parte de este salto cualitativo debe atribuirse a Endrick. Sus cifras anotadoras son las mejores en el Stade Gerland desde agosto de 2017, fecha de la irrupción de Mariano Díaz, otro ex madridista. Incluso cuando no marca, la influencia del '9' en el juego resulta apabullante. Contra el Brest, por ejemplo, dejó nueve regates completados, 13 duelos ganados, 12 toques en el área rival y cinco pases que acabaron con disparo de un compañero.
En caso de repetir estos números de un modo regular, Ancelotti podría abrirle por primera vez un hueco en las convocatorias. Porque en sus 14 partidos previos con Brasil, a las órdenes de Fernando Diniz y Dorival Junior, Endrick sólo disputó uno como titular, en los cuartos de la Copa América 2024 ante Uruguay. Sin embargo, hoy vuelve a mostrar todo su potencial con apenas 19 años. Durante este siglo, sólo Jérémy Ménez (17 años y 260 días en enero de 2005), Kylian Mbappé (18 años y 53 días en febrero de 2017) y Ousmane Dembélé (18 años y 296 días en marzo de 2016) anotaron un hat-trick a una edad más temprana en la Ligue 1.
Según algunos tratadistas, el origen del fútbol estaría en China, donde ya hace 2.300 años se practicaba un juego llamado Cuju, de 'Cu', patada, y 'Ju', balón de cuero. Servía para tener en forma a las tropas y derivó en dos modalidades: una de pura habilidad, otra con una portería en el centro del campo, una red sostenida por dos cañas en la que podían anotar los dos equipos indistintamente. Dando crédito a esa afirmación, se hace aún más extraño que China, con su descomunal demografía, no haya participado hasta ahora más que en un Mundial. Y no es que viva de espaldas al deporte por considerarlo algo occidental y ajeno (la prueba está en los Juegos Olímpicos). Ya los organizó en su propio suelo en 2008, y en los últimos, París 2024, obtuvo 40 oros, 27 platas y 24 bronces y quedó segunda, empatada en oros con Estados Unidos, que solo la superó en platas y bronces, 44 y 42 respectivamente.
Para saber más
China tiene selección desde 1913, cuando se estrenó con una derrota por 2-1 ante Filipinas en los llamados Juegos del Lejano Oriente. Entonces era todavía la República de China, no la República Popular China, su nombre oficial a partir del triunfo de Mao en 1949. Antes nunca se inscribió en el Mundial, aunque sí en el torneo de fútbol de los JJ. OO. Berlín 1936, donde cayó a la primera ante Gran Bretaña, y después tampoco lo hizo hasta 1981. Incluso estuvo desafiliada de la FIFA entre 1958 y 1979, porque esta mantenía a Taiwán con el nombre de República de China.
Solo cuando Taiwán pasó a ser inscrita como China Taipéi se afilió la República Popular China, para nosotros China a secas. Consciente del auge del fútbol y su importancia en las relaciones internacionales, se inscribió para España 1982 y la verdad es que estuvo cerca de clasificarse. Tras pasar muchos filtros llegó a la liguilla final asiaoceánica de cuatro, con Kuwait, Nueva Zelanda y Arabia Saudí, que daba dos puestos. Ganó Kuwait, China y Nueva Zelanda quedaron empatadas en el segundo puesto y se enfrentaron a partido único en Singapur, donde ganó Nueva Zelanda 2-1. No fue un mal principio, pero luego China rebotó sucesivamente en su intención de clasificarse para México 1986, Italia 1990, Estados Unidos 1994 y Francia 1998.
Pero existía el empeño de subirse al tren del fútbol y en 1994 se creó una liga profesional (lo anterior era un campeonato de empresas), llamada Jia A. Y lograría por fin clasificarse para el Mundial de 2002, el primero celebrado en Asia y también el primero en ser compartido por dos países, Corea y Japón. Aparte de las organizadoras, clasificadas de oficio, Asia dispuso de otras dos plazas.
Un trotamundos
La clasificación llegó de la mano de Bora Milutinovic, un yugoslavo trotamundos, único seleccionador hasta la fecha que ha dirigido a cinco selecciones en otros tantos Mundiales consecutivos, de las que China sería justamente la quinta. Fue jugador del Partizán, como sus hermanos Milo, una leyenda, y Milorad. Bora era un buen medio, con físico y buen sentido. Mandaba, organizaba, tenía madera de entrenador. Como no le daba para ser internacional, le dejaron salir al exterior con 22 años y eso le permitió recorrer mundo desde pronto: Winterthur, Mónaco, Niza, Rouen y finalmente la UNAM de México, los célebres Pumas. Allí mismo empezó a entrenar, pasó por el San Lorenzo y el Udinese, regresó a México, donde fue encargado de la selección para México 1986. Preparó un equipo competente y movilizó en el país un optimismo patriótico. Salvó la fase de grupos ganando a Bélgica e Irak y empatando con Paraguay; luego eliminó a Bulgaria en octavos y cayó en cuartos ante Alemania, por penaltis, lo que vino a ser una derrota sin reproche. Se hizo popular en todo el mundo por su jovialidad locuaz en cualquier idioma al que fuera desafiado.
A Italia 1990 acudió al frente de Costa Rica. También superó la fase de grupos derrotando a Escocia y Suecia y perdiendo ante Brasil, y aunque perdió en octavos ante Checoslovaquia, había elevado el listón histórico de Costa Rica. Así que no fue raro que para Estados Unidos 1994 se le encargara la selección de las barras y estrellas por recomendación directa de Beckenbauer a Kissinger. Montó un buen equipo casi de la nada tras una concentración de meses en Mission Viejo por la que circularon 60 jugadores. También pasó el grupo, empatando con Suiza, ganando a Colombia y perdiendo con Rumanía, y cayó en octavos honorablemente ante Brasil, 1-0. Un papel muy digno. El siguiente paso fue Nigeria en Francia 1998, con la que también salvó el grupo ganando a España (¿recuerdan el fatídico error de Zubizarreta?) y a Bulgaria, y perdiendo contra Paraguay. En octavos la eliminó Dinamarca.
Un gran especialista en la Copa del Mundo, en suma, al que con toda lógica e ilusión contrató China con vistas a Corea y Japón 2002. La clasificación tuvo dos fases: primero diez grupos de cuatro, luego dos de cinco con los diez campeones. En la primera se quitó de delante a Indonesia, Maldivas y Camboya con seis victorias y un agregado de 25-3. En la segunda sobrevivió a Emiratos Árabes Unidos, Uzbekistán, Qatar y Omán con seis victorias, un empate, una derrota y 13-2 como marcador agregado. La clasificación matemática el día que batieron a Omán desató manifestaciones de euforia en las calles. Aquello equivalía a romper el aislamiento de siglos y comparecer en el escenario internacional. Milutinovic fue elevado a héroe y los responsables de la Televisión Nacional enviaron un grupo de periodistas y realizadores a visitar Inglaterra, Alemania, Italia y España para estudiar las transmisiones. Incorporaron la pareja narrador-comentarista y la práctica de introducir gráficos y datos estadísticos.
El seleccionador en aquel Mundial, Milutinovic.GETTY
China llegó al campeonato nimbada de un aura de misterio y como vaga promesa de equipo revelación, pero fue un desastre: tres partidos (Costa Rica, 2-0; Brasil, 4-0; y Turquía, 3-0), cero goles a favor, nueve en contra. Solo Arabia Saudí quedó peor. Pasados los años, conocí a Milutinovic en Qatar, donde estaba como asesor para el Mundial. Me comentó que China daba, y sigue dando, jugadores técnica y físicamente buenos, pero carentes de iniciativa personal.
Al menos aquella presencia mundialista dejó un fruto: la Jia A mutó en Superliga, con 16 equipos en lugar de 12, una segunda división llamada League One, mejores estadios y la contratación de técnicos y jugadores extranjeros. Pero la selección no prosperó. Arie Haan fracasó en el intento de llevarla a Alemania 2006; para Sudáfrica 2010 se intentó con el yugoslavo Vladimir Petrovic y en 2011 contrataron a José Antonio Camacho, pero tampoco se consiguió el acceso a Brasil 2014. A Camacho le asombraba la falta de picardía y nervio de sus jugadores: «Empezaba los partidillos con un balón a tierra y lo dejaban botar tres veces antes de meter el pie». El periodista Javier Matallanas, que viajó allí, escuchó de uno del equipo del seleccionador la teoría del «hijo único», restricción que China mantuvo desde 1979 hasta 2015 como medida de control demográfico. El auxiliar de Camacho relacionaba esa crianza como hijo único con la falta de competitividad y sentido de la colaboración que detectaba en sus jugadores. Matallanas lo escribió en España, el informe llegó a China y Camacho se vio en apuros ante preguntas de la prensa, molesta por ese asunto, que no había salido de él.
En 2013 accedió al poder Xi Jinping, que apostó muy fuerte por el fútbol con un proyecto a largo plazo para ganar el Mundial de 2050 y con la intención de organizar alguno antes. Hizo del fútbol asignatura obligatoria en los colegios, multiplicó el número de academias con el objetivo de llegar a 50.000 y 50 millones de fichas, animó a las familias pudientes a pagar becas a sus hijos en países donde pudieran adiestrarse en fútbol y dio un nuevo impulso a la Superliga, que se convirtió en una especie de nuevo El Dorado por el que desfilaron grandes figuras, aunque muchos en el tramo final de su carrera, un poco al modo de lo que ahora ocurre en Arabia. Allí fueron Óscar, Tévez, Hulk, Witsel, Jackson Martínez, Lavezzi, Carrasco, Drogba, Anelka... El plan tenía características peculiares: no se podía importar porteros y por cada extranjero en el once tenía que haber un sub'23 local. Se produjo un gran boom, pero la burbuja pinchó por gastos excesivos y corrupción económica y deportiva. Símbolo del derrumbe fue el hundimiento de la superconstructora Evergrande, propietaria del campeonísimo Guangzhou, ocho veces campeón de la Superliga, que llegó a tener 30.000 jugadores en su academia. Hoy simplemente no existe.
José Antonio Camacho, como seleccionador chino en 2012.EFE
Mientras, pasaron por la picadora de seleccionadores los italianos Fabio Cannavaro y Marcelo Lippi, este tras rehusar Gregorio Manzano, al que se lo ofrecieron cuando llevaban un empate y cinco derrotas en la clasificación a Rusia 2018. Para el Mundial por venir contrataron a otro yugoslavo trotamundos, Branko Ivankovic, que metió a Irán en Alemania 2006 y ganó la Superliga con el Shandong Luneng. Ivankovic sucedía a Li Tie, exjugador legendario, mundialista de 2002 y que llegó incluso al Everton, aunque apenas jugó. Después de fracasar en el asalto a Qatar 2022 fue condenado a 20 años de cárcel porque se supo que había comprado el cargo por 300.000 dólares al secretario de la Federación, también encarcelado.
En el nuevo y por ahora último asalto, China salvó una fase de nueve grupos de cuatro equipos, pero en la siguiente, tres grupos de seis, quedó eliminada tras ser quinta (los dos primeros iban al Mundial, los dos siguientes a una repesca), solo por delante de Baréin, y tras Japón, Australia, Arabia Saudí e Indonesia, con tres victorias y siete derrotas, y un -13 en el marcador agregado. Sufrió un lacerante 7-0 ante Japón. El día de la derrota decisiva ante Indonesia, que llevaba 30 años sin ganar a China, se levantó una ola de indignación colectiva. «A mayores expectativas, mayor decepción», escribió el analista Sha Yuansen en The Paper. Dado que a este Mundial van 48 equipos (ocho asiáticos más otra posible plaza en repesca), se esperaba que esta vez, sí. La red social Weibo, que cubre allí la función de X, bloqueada, tuvo 130 millones de visualizaciones en su etiqueta 'La selección queda fuera del Mundial 2026', con duros comentarios y recuento de todas las falencias del fútbol chino, que alcanzaban a jugadores, seleccionadores, estructura, dirigentes y, sobre todo, corrupción. La mayoría abogaba por no intentarlo más.
Ahora se ha nombrado seleccionador a Shao Jiayi, compañero del encarcelado Li Tie en Corea y Japón 2002, y que llegó a jugar con discreto éxito en Alemania. Por la razón que sea, China no da jugadores de la categoría de los japoneses o coreanos. Y, para hacer el misterio más insondable, las chicas sí son habituales del Mundial: han estado presentes 10 veces y fueron subcampeonas en Estados Unidos 1999.
Siete de los 11 equipos de la parrilla pusieron el lunes en pista su monoplaza del Mundial 2026, que cumple con una nueva normativa técnica, con motivo de los primeros ensayos de pretemporada en el circuito de Barcelona. Alpine, Audi, la nueva formación estadounidense Cadillac, Haas, Mercedes, Racing Bulls y Red Bull salieron a rodar en Montmeló en esta primera jornada de test privados disputada a puerta cerrada, sin público ni periodistas.
Según los tiempos que se han filtrado, Isack Hadjar habría marcado el mejor registro del lunes a los mandos de su Red Bull. Lo hizo por delante de George Russell (Mercedes) y Franco Colapinto (Alpine) por cinco décimas y dos segundos, respectivamente. Andrea Kimi Antonelli (Mercedes) habría sido cuarto.
Gabriel Bortoleto (Audi) sufrió un contratiempo en su R26 que provocaría una bandera roja. "Tuvimos un problema técnico", reveló Jonathan Wheatley, director del equipo alemán. "Lo detectamos y decidimos parar el coche. Queríamos comprender realmente el problema, así que lo hemos estado analizando cuidadosamente", añadió el ex ingeniero de Red Bull.
154 vueltas para Ocon
Cadillac, el otro debutante, también reportó problemas en sus coches que limitaron su actividad sobre el asfalto. "Al final pudimos rodar un poco más, así que estos son los primeros pasos para depurar y mejorar el funcionamiento", admitió Valtteri Bottas, de regreso a la parrilla tras un año en blanco.
Al igual que durante la pretemporada 2025, Haas fue el equipo que más vueltas acumuló, con las 154 de Esteban Ocon. Una primera muestra de la fiabilidad del motor Ferrari que monta el equipo capitaneado por Ayao Komatsu.
"El motor de Red Bull ha completado muchas vueltas, lo que, dado que es el primero que fabrican, significa que han hecho un buen trabajo. Haas también ha rodado un número similar al nuestro, así que el motor de Ferrari también ha acumulado mucho kilometraje", analizó Russell tras sus 95 giros con el W17.
Antonelli, con el W17 de Mercedes, el lunes en Barcelona.F1
Las escuderías tienen derecho a realizar tres días de rodaje entre el lunes y el viernes. Luego contará con otras dos sesiones de tres días de ensayos, oficiales esta vez, en Bahrein, del 11 al 13 de febrero y luego del 18 al 20 de febrero, antes de la primera carrera del año, previsto para el 8 de marzo en Melbourne (Australia).
McLaren y Ferrari, el martes
McLaren, vigente bicampeona mundial de constructores, y Ferrari tienen planeado pisar la pista el martes, mientras que Aston Martin confirmó que no rodará antes del jueves. "El AMR26 estará en Barcelona a finales de esta semana para su prueba. Nuestra intención es correr jueves y viernes", anunció la escudería liderada por Adrian Newey.
El pasado verano, el actual team principal identificó datos erróneos y ordenó una recalibración del túnel del viento en la fábrica de Silverstone. Más tarde, el equipo no pudo pasar el crash test con el que la FIA homologa los chasis y a ese problema hubo que añadir los retrasos de Honda con la nueva unidad de potencia.
Williams, por su parte, ya había anunciado el viernes que debía renunciar a participar en esta sesión "debido a los retrasos en el programa FW48, con el fin de seguir optimizando el rendimiento del coche". Una pésima noticia para el equipo de James Vowles, que no podrá acumular kilómetros ni recopilar datos para sus ingenieros durante el primer tercio de la pretemporada.