Según ha confirmado la organización, tiene las imágenes y está tratando de hablar con la familia de la agredida.
Imagen del derbi madrileño.OSCAR DEL POZOAFP
LaLiga denunciará ante la Comisión Antiviolencia la supuesta “intimidación” de un grupo de ultras del Atlético de Madrid a una niña que vestía la camiseta de Vinicius Júnior en los aledaños del estadio Civitas Metropolitano, justo antes del inicio del derbi madrileño entre el conjunto rojiblanco y el Real Madrid. Según ha podido confirmar EL MUNDO, la organización que preside Javier Tebas ya dispone de las imágenes de los hechos y está tratando de contactar con la familia de la víctima para poder esclarecer la situación.
Tal y como adelantó la Cadena Ser, “aficionados violentos del Atlético intimidaron a una niña y a su madre de raza negra por llevar una camiseta de Vinicius”. Ambas se dirigían a ver el partido cuando les increparon con gritos como “Vikingos, no” o “madridistas, hijos de puta“. Según el medio, “varios les insultaron con onomatopeyas de mono”.
Ha sido una imagen lamentable dentro de un ambiente de sana rivalidad entre las dos aficiones, que más allá de ese incidente compartieron la previa sin mayores trifulcas.
LaLiga remite cada semana un escrito de denuncia al Comité de Competición de la RFEF y a la Comisión Antiviolencia con aquellos cánticos que se producen en los encuentros de fútbol que inciten a la violencia o tengan un contenido insultante o intolerante. Estos cánticos aparecen recogidos como comportamientos prohibidos y por tanto sancionables, tanto en el Código de Disciplina Deportiva de la RFEF como en la Legislación contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte.
LaLiga también pone a disposición de los aficionados que acudan a los partidos un buzón de correo electrónico para que envíen sus denuncias, sugerencias o requerimientos con el fin de contribuir a la lucha contra la violencia en los estadios. La dirección es: [email protected].
Países Bajos apagó la revolución turca en Berlín. El conjunto otomano, revelación de la Eurocopa, se adelantó con un tanto de Akaydin a pase de la joya Güler y estuvo a unos minutos de dar la sorpresa y plantarse en las semifinales del torneo, pero entre De Vrij y Muldur, éste último en propia puerta, le dieron la vuelta a su sueño. [Narración y estadísticas (2-1)]
Cada partido de Turquía es una fiesta en Alemania, donde viven casi tres millones de inmigrantes otomanos que cada tarde en cada estadio hacen resonar ese «Ohhhhh Turkiye». Berlín volvió a ser suya, empujando a una selección intensa y divertida sobre el césped, con una sorprendente base de futbolistas del Fenerbahce y el Galatasaray y con Arda Güler y Calhanoglu como estrellas. Sus pies fletan balones que hacen volar a sus centrales, revolución de este torneo y detenidos en la orilla de las semifinales por una poderosa selección de Países Bajos, capaz, como los campeones, de levantarse cuando estaba hundida.
Los de Koeman saltaron al Olympiastadion con ganas de enfrentarse a Inglaterra en la previa de la final. En el primer minuto, Memphis Depay erró una clara ocasión dentro del área y el equipo dominó durante el tramo inicial. Schouten y Reijnders asumieron la posesión y los neerlandeses fueron mejores. Pero Turquía despertó.
Güler se acercó a Montella, hablaron y el conjunto otomano cambió. Dejó jugar a los centrales rivales y presionó cuando Gakpo, Simons o Reijnders tuvieron la pelota. Intensos y generosos en cada esfuerzo, así le dieron la vuelta a las sensaciones del partido.
Ritmo muy alto
Conscientes de que con combinaciones no podrían superar a Países Bajos, Turquía comenzó a buscar balones largos a la espalda de Aké y De Vrij con esos cohetes que tiene en las bandas: Muldur y Kadioglu, a los que Dumfries y Gakpo no seguían en las marcas. El duelo aceleró a un ritmo muy alto, diferente a lo visto en los encuentros de Francia e Inglaterra. Turquía mordió y encontró premio.
Después de un par de centros que murieron en el corazón del área pequeña sin que nadie los rematara, Güler por fin encontró destinatario a sus extraordinarios pases. En el 35, recogió el rechace de un córner y puso un balón magnífico con la derecha al segundo palo de Verbruggen, que dudó lo suficiente como para no llegar y que Akaydin, como hiciera Demiral en octavos, cabeceara a la red.
El shock de Países Bajos fue tan brutal como la locura turca en las gradas. El tanto fue merecido al empeño otomano en buscar el partido, en no tantear a su rival, en asfixiar la insulsa posesión neerlandesa. Baris se hizo grande en punta, forcejeando con el gigante Van Dijk y dando salida a los ataques de su equipo. La pregunta era cuánto tiene podría aguantar Turquía esa sexta marcha.
Gunok, ante Gakpo, tras la acción del 2-1.AFP
La respuesta, en la segunda parte. El conjunto de Montella se encerró en un 5-4-1 convertido en muro y Países Bajos pasó de jugar al fútbol al balonmano. Posesiones eternas de izquierda a derecha en las que se estrellaban una y otra vez con la defensa. Koeman introdujo a Weghorst para tener un referente y juntó a Depay con Gakpo por el carril izquierdo para generar superioridades, pero Turquía todavía tenía oxígeno para más.
Güler, en una falta provocada por él mismo tras una contra, estrelló un zurdazo extraordinario en el palo neerlandés. Podría haber sido otro milagro. Entre él y Baris Yilmaz volvieron locos a Aké y Van Dijk y rozaron el 0-2 en varias opciones, pero el fuelle, como decíamos, no iba a ser eterno.
Heroico Verbruggen
Mientras Turquía bajaba sus pulsaciones, Países Bajos las aumentaba. Toque, toque, toque y toque buscando el espacio y el error rival. Primero Weghorst no estuvo acertado al rematar un centro de Schouten, pero los de Koeman empatarían el partido tras un gran cabezazo de De Vrij a centro de Memphis. 1-1 y el partido cuesta abajo hacia Ámsterdam.
Era el minuto 70 y Turquía parecía K.O. Un par de jugadas más tarde, en el 75, una desconexión de los otomanos en el rechace de un córner terminó con Dumfries poniendo un balón raso al segundo palo que entre Gakpo y Muldur empujaron a la red de Günok.
En el tramo final, Turquía lo dejó todo. Pudo empatar en millones de ocasiones, todas salvadas por un enorme Verbruggen, héroe de su país y verdugo otomano con varias manos casi imposibles, una de ellas a Kilicsoy cuando la grada gritaba gol. Van de Ven, con un pie salvador, también evitó las tablas en los minutos finales. Llora Turquía y sonríe la infinita afición neerlandesa, feliz hacia una semifinal de máximo nivel contra Inglaterra.
En el primer parón internacional de esta temporada, allá por septiembre de 2023, una palabra dejó boquiabiertos a varios internacionales de la selección inglesa: «¡Vamos!». «'¿Vamos?' ¡Pero si sólo lleva unas semanas en España!», clamaban entre ellos. Jude Bellingham ya celebraba en castellano los goles que marcaba en los entrenamientos. Era su forma de volver a mostrarse como el verso suelto de St. George Park, el corazón de la Federación británica, de expresar con una palabra la libertad que había encontrado lejos de las islas, primero en Alemania y después en España. Una libertad vital y futbolística. Una salida a la camisa de fuerza que, presionados por el propio foco mediático del Reino Unido, se suelen poner los jugadores ingleses, llamados y convencidos de que triunfar en casa es Triunfar. El viaje de Bellingham hacia su primera final de Champions confirma un caso único, una evolución extraordinaria. Un cuento de hadas.
En los campos anexos de St. George Park nadie olvida a aquel capitán de la selección sub'16. No se cortaba las medias a la altura de los gemelos ni celebraba sus tantos con el gesto de la cruz, pero ya llevaba el brazalete y cada balón pasaba por él. Sus primeros entrenadores admiraron su planta y vieron en él un mediocentro defensivo, posición que en Inglaterra suele ser para el dorsal 4, pero su fútbol se encargó de rechazar esa idea. Jude era mucho más, aunque nadie observaba el techo, sólo el camino. Algunos vieron a un '8', un clásico box to box, pero el adolescente también tenía último pase, llegada y regate: podría ser un '10'. Quizás por eso, su primer dorsal en el fútbol profesional fue el '22' que llevó en Birmingham y Dortmund. La suma de 4, 8 y 10.
La presión de la selección
«En el fútbol inglés hay mucha presión, especialmente con los futbolistas que juegan en la Premier y en la selección. Es un foco constante», explica Gary Hackett, exentrenador del Stourbridge, club del pueblo de Bellingham. Conoce a Jude desde niño. Cuando Bellingham dijo «no» al Liverpool y al Manchester United, parte de la opinión pública del país se le echó encima. Una supuesta futura estrella dejando el fútbol nacional, casi una herejía en el país de los protestantes.
Criado en un pueblo de trabajadores e hijo de un policía, el momento de su fichaje por el Dortmund podría haber roto el equilibrio de cualquiera. El mundo vivía todavía en pandemia y Bellingham, con 17 años, lideró la salvación del Birmingham en la segunda inglesa hasta finales de julio. Cualquiera hubiera necesitado una pausa mental y física. Él no. A los siete días, cogió un avión hacia el Signal Iduna Park. «No quiso más vacaciones. Nos sorprendió a todos», comentan desde el club alemán. Habían pagado 26 millones por él y quería demostrar que era un precio justo.
Su evolución, en números
Bellingham cruzó el Canal de la Mancha y sólo volvió a casa para visitar a la familia y para regresar a St. George Park con la selección. Esquivó la espiral mediática del día a día, pero Wembley, el coloso del fútbol nacional, le esperó en cada parón para juzgar sus progresos, para ver si aquel chico de Stourbridge podía ser el que guiara el primer gran título de Inglaterra más de medio siglo después del Mundial. Debutó con 17 años, 4 meses y 14 días mientras seguía con su liberación futbolística en Dortmund, concretando techos.
Pasó de dos ocasiones creadas por partido en su primera temporada a 4 en la tercera. De 1,48 aceleraciones con balón por jornada (las veces que un jugador recorre más de 10 metros con la pelota) a 3,24 en su último año. De 10 goles en sus primeros 90 partidos a 14 en los 42 de su último curso en Alemania. ¿Su dorsal? De nuevo el '22'.
En Madrid ha encontrado la libertad definitiva y ha elevado su juego hasta el dorsal '5'. No por posición, sino por el dueño y su zona de influencia. Zidane, icono de Chamartín, futbolista completo. Libre. «Nuestro punto fuerte es la libertad con la que jugamos. Es muy divertido», explicó esta semana durante el Media Day del Real Madrid, donde ha terminado como tercer máximo goleador del torneo, porque ahora resulta que también puede ser un '9'. Pero es que también lleva 12 asistencias de blanco. Un resumen futbolístico alejado de lo que recibió en St. George Park, más rígido, más posicional, menos creativo.
Wembley espera de nuevo al chico que dijo «no» al fútbol inglés para conquistar Europa ante su antiguo equipo. Su cuento de hadas.
Dean Huijsen vivió este martes su primer día en la ciudad deportiva de Valdebebas. Después de disputar la final four de la Nations League con la selección española, el joven central, el más caro en la historia del fútbol español, pasó el reconocimiento médico con el conjunto blanco, fue presentado en el pabellón de baloncesto acompañado de su familia, posó con el número 24 y después acudió a la sala de prensa para contestar a los medios de comunicación. "Desde que llamó el Real Madrid no tenía ojos para otros equipos", aseguró.
A sus 20 años, nacido en Amsterdam pero formado en Marbella desde los cinco años, el Madrid ha pagado 58 millones de euros al Bournemouth para tenerle atado para las próximas cinco temporadas, convirtiéndole en el defensa más caro en la historia del cuadro de Chamartín por delante de Militao (50).
Madridista desde pequeño y con Sergio Ramos como ídolo, el Madrid emitió un vídeo con imágenes de la vida de Huijsen antes de su presentación, incluidas varias fotografías vistiendo la camiseta del equipo.
"Has elegido defender esta camiseta porque ese era tu gran sueño de niño", dijo Florentino Pérez durante la presentación. "En la Premier te has consolidado como uno de los mejores centrales. Muchos de los grandes clubes europeos te querían, pero tu tenías claro que querías forma parte del Madrid", continuó el máximo mandatario del conjunto blanco.
Para Florentino, Huijsen tiene "un talento especial para desarrollar un fútbol elegante, un central moderno desarrollado para el presente y el futuro". "Eres uno de esos jugadores que irrumpen, emocionan e ilusionan. Bienvenido a tu casa", finalizó el presidente.
Después le tocó a Huijsen, andaluz de 20 años, todavía un niño fuera del campo. "Ehhh... ¿Se me escucha?", comenzó entre risas. "Nada, dar las gracias al 'presi' y lo que ha dicho él, yo he querido estar aquí desde el día uno. Desde que llamó el Madrid no tenía ojos para otros equipos", explicó, antes de dar las gracias a sus padres. "Lo han hecho todo, desde conducir para ir a los entrenamientos, viajar conmigo a Italia y a Inglaterra... Todo".
"El club de mi vida"
Y volvió al 'presi': "Lo que ha dicho el presi, llego al mejor club del mundo. Voy a trabajar todo lo posible, seguir siendo humilde y ojalá ganar muchos títulos. El Madrid es el club de mi vida y espero estar aquí muchos años", finalizó ante los asistentes, justo antes de acudir a la sala de prensa para una comparecencia 'cortita y al pie': 12 minutos y 54 segundos.
"Me da igual (la cifra de mi fichaje). Estoy aquí para ayudar y quiero ganarlo todo. Tengo mucha ambición", dijo. El central también reconoció que había hablado "un poco" con Xabi Alonso: "Hemos hablado de lo que espera de mí y creo que encajo bien en el fútbol que quiere".
Cuestionado sobre su ídolo, Sergio Ramos, admitió que recibió un mensaje del de Camas "el día que se hizo oficial el fichaje". "Para mí es el mejor central de la historia. Mi primer recuerdo es la final de La Décima, tendría nueve años y Sergio metió el gol en el último minuto".