La UEFA sanciona al Barça sin poder vender entradas para el partido ante el Estrella Roja por comportamientos racistas de sus aficionados ante el Mónaco
El Comité de Control, Ética y Disciplina de la UEFA ha sancionado al FC. Barcelona por comportamientos racistas de sus aficionados tras el partido de la Liga de Campeones ante el Mónaco, que terminó con derrota (2-1) para el equipo de Hansi Flick, con una multa de 10.000 euros y la prohibición de vender entradas para su próximo partido a domicilio ante el Estrella Roja, que se disputará el 6 de noviembre.
Con esta decisión y aplicando el artículo 26 (3) del Reglamento Disciplinario, el organismo resuelve ejecutar la sanción que el club tenía suspendida durante un periodo de prueba de un año debido a otro episodio similar ocurrido el 17 de abril en el partido que les enfrentó al Paris Saint Germain.
En esta ocasión, durante el encuentro ante el equipo monegasco se pudo observar, en la grada donde estaban ubicados los aficionados culés, una pancarta con la consigna “Flick Heil”, similar al utilizado por el régimen nazi. Por ello y además de la cuantiosa cantidad de dinero, esta decisión incluye la prohibición de ventas para otro partido más a domicilio, pero ésta queda en suspenso por un periodo de prueba de un año, a contar desde la fecha de hoy.
En este sentido, la UEFA también ha recordado que las medidas disciplinarias durante un periodo probatorio no son efectivas de forma inmediata, pero pueden ejecutarse si se comete una ofensa de naturaleza similar durante ese espacio de tiempo.
Antecedentes
El pasado mes abril, la misma comisión disciplinaria impuso varias multas al Barça por un montante de 32.000 euros y le castigó con la prohibición de vender entradas condicionada durante un año.
Cuando Mats Hummels debutó en el Borussia Dortmund en la temporada 2007/2008, era el más joven del campo. Cuando Mats Hummels salte al césped de Wembley este sábado, será el más viejo del terreno de juego... hasta que salga Modric. Han pasado casi 17 años desde que disputó su primer partido como jugador amarillo y, a día de hoy, todos los compañeros de aquella plantilla están retirados.
No es que Hummels sea alguien muy mayor, 'solo' tiene 35 años, pero ha sido uno de esos jugadores rara avis que se mantienen en la élite mucho tiempo. Tanto y a un nivel tan alto, que el central amarillo es, por puntución UEFA, el mejor jugador de esta Champions, por delante de Mbappé y Vinicius. El alemán tiene 586 puntos, por 576 del francés y 504 del brasileño. Dependerá de lo que ocurra en Wembley que la clasificación se mantenga así, toda vez que Mbappé ya no podrá sumar más puntos en su casillero.
Precisamente, su marcaje al parisino y las dos porterías a cero del Borussia frente al PSG en las semifinales de la competición son los que le han permitido distanciarse de los dos grandes delanteros del momento y que, si no hay un terremoto, jugarán juntos en el equipo blanco el año que viene.
"Mats supo cuestionarse para volver a ser imprescindible. Actualmente es impresionante. Han pasado años desde que fue tan convincente. Permite a nuestro equipo estar mejor equilibrado y gestionar situaciones de peligro con mayor tranquilidad", es Edin Terzic quien elogia a su pupilo y el nivel que ha alcanzado este año.
Hummels le limpia un balón a Mbappé.FRANCK FIFEAFP
Seguro que tras llegar a la final, algo que el jugador alemán calificó de ser "un sueño" en un aceptable español que aprendió en el colegio, obtuvo el pulgar hacia arriba de su padre y representante Herman Hummels. Costumbre que realiza con su hijo, al que entrenó en las categorías inferiores del Bayern, después de cada encuentro. "Conoce el fútbol desde hace 35 años y no me gustan mucho los representantes", explicó el futbolista sobre él en una entrevista. A día de hoy, ninguno está ya en las filas del gigante bávaro, pese a que Mats volviera tres años entre 2016 y 2019.
Precisamente fue Hermann, como entrenador de fútbol base del Bayern Múnich, quien retrasó la posición del pequeño Mats desde la punta de ataque, primero hasta el mediocentro defensivo y después hasta la posición de central que ocupa hoy. De hecho, cada vez que le preguntan a Hummels quién es su jugador preferido, sigue eligiendo a Zinedine Zidane, fruto de ese deje ofensivo que le dejaron sus años en el último cuarto de campo.
Ya son muchos años jugando como central, primero formando una pareja indiscutible junto al serbio Subotic, que llegó a la cumbre en 2013. El 25 de mayo de ese año se jugó en Wembley la primera final alemana de Champions de la historia. Borussia y Bayern disputaron 90 minutos a sangre y fuego, pero Hummels no llegó en las mejores condiciones. Al final, los bávaros impusieron su condición de favoritos ante el imberbe Dortmund de un ya conocido Jurgen Klopp.
Amistad con Klopp
Precisamente, el ya ex entrenador de Liverpool fue uno de los primeros en felicitar a Hummels cuando fichó por el Bayern en aquel periodo de tres años. El central alemán siempre ha admitido que sin sus consejos no cree que pudiera haber llegado al nivel que está exhibiendo hoy y el que le ha permitido tener una nueva oportunidad en Wembley.
Aunque mantenga el 7-1 de Alemania a Brasil en el Mundial carioca como el partido preferido en su carrera, quién sabe si no tiene la oportunidad de hacer historia en Londres y ayudar al Borussia a conquistar su segunda Champions. Lo que es seguro es que si lo consigue, no lo celebrará con una cerveza, la aborrece, lo hará con uno o varios gin tonics.
"Hay dias que se juega mal". Lo más obvio suele ser la explicación más sencilla para las cosas y ante el Benfica no hubo otro motivo para que el Atlético de Madrid sufriera su primera derrota de la temporada, no por ello menos dolorosa y así lo explicó Diego Simeone en la rueda de prensa posterior al encuentro.
El técnico argentino no puso paños calientes y, además de recordar que el partido fue malo por parte de todos los jugadores, también se puso a sí mismo como principal culpable de lo ocurrido en Da Luz. "No busquemos excusas, el responsable es el entrenador", afirmó.
Fueron cuatro goles, como aquella noche hace 10 años. No hizo falta minuto 93. El partido se liquidó antes. Mucho antes. Definitivamente, Lisboa no es una ciudad amable con un Atlético de Madrid que en unas horas salía sancionado y derrotado de la capital portuguesa.
Tres partidos estará sin el fondo sur en liga y tendrá que pagar una sanción de 45.000 euros. Así valoraba el técnico argentino el dictamen del Comité de Disciplina de la Real Federación Española de Fútbol que se hacía público apenas una hora y media antes del encuentro. "Aceptar lo que han dictado, es una gran oportunidad para el club para crecer como entidad", contó en la entrevista postpartido.
Todo eran malas noticias en el conjunto rojiblanco sin nada bueno que llevarse de Portugal. Marcos Llorente, en una carrera en la primera parte, cayó lesionado llevándose la mano al muslo de la pierna derecha. Pendiente de evolución. El único consuelo es que, sancionado con roja directa en el derbi madrileño, ya no iba a poder disputar el duelo ante la Real Sociedad y, con el parón de por medio, tendrá más tiempo para recuperarse.
La penúltima de las malas noticias es lo abultado del resultado. Parecía que Simeone había vuelto a encontrar la solidez defensiva de otras épocas, había recibido sólo cinco goles en nueve partidos, pero en el décimo llegó la sangría. Cuatro goles en 90 minutos.
Miradas al futuro
Sorprendió que Simeone hubiera hecho debutar esta temporada a Javi Serrano. El canterano solo había jugado en Primera RFEF y de repente se vio sustituyendo a su ídolo y capitán en el centro del campo. No fue él, el problema del Atlético, pero es verdad que cuesta ver a cateranos en encuntros cuesta arriba.
Había dos jugadores que volvían a enfrentarse a un equipo al que llegaron a defender su camiseta, pero con una participación completamente dispar. Mientras que Oblak es una de las leyendas del Benfica, Reinildo apenas disputó un amistoso con las águilas.
Ambos jugadores fueron igual de críticos que su entrenador. "Es fácil la explicación a nuestro partido, parece que no hemos estado aquí", explicó el esloveno. Por su parte el defensa mozambiqueño comentaba que "había sido un mal día" pero insistía en que el equipo "no tenía tiempo para llorar y había que seguir trabajando".
No pudo contener Nasser Al-Khelaifi su euforia tras ver al PSG proclamarse campeón de Europa. "Es el mejor entrenador y el mejor tío. España puede estar orgullosa", decía interrumpiendo la entrevista que Luis Enrique estaba haciendo con Movistar. Quince años, y 2.000 millones, después del desembarco de Qatar en el club habían encontrado un filón en el banquillo.
El asturiano era centro de todas las miradas como constructor de un nuevo PSG que se reivindicó endosándole una goleada histórica al Inter. Era hacer historia a lo grande, por eso sus jugadores le hicieron levantar el trofeo y luego le lanzaron por los aires.
Se había puesto la camiseta de homenaje a Xana, había posado con el trofeo con su mujer y sus hijos Sira y Pacho, este con la camiseta de Dembélé, y hasta había secado las lágrimas, convertidas luego en sonrisas, de su escudero Rafel Pol. Era un hombre feliz con el partido que había hecho su equipo. Era tiempo de disfrutar, pero sin perder de vista lo que viene.
"Gestionar el éxito es difícil", advertía ante de apuntar el siguiente objetivo: el Mundial de Clubes. "Es una competición increíble. El broche sería ser competitivos y ganar el quinto título de la temporada". Mientras eso pasaba en la sala de prensa, en el vestuario Kimpembe, lesionado, había metido un altavoz gigante.
A la fiesta no faltó ni el jefe Al-Khelaifi ni Luis Campos, el asesor deportivo que ha hilvanado junto a Luis Enrique esta plantilla. Se abrazaron en el césped y en las entrañas del estadio, de donde salieron juntos. El nombre al que Qatar miraba con dudas se ha resarcido con su apuesta por el técnico español.
Al-Khelaifi alza el trofeo de la Champions.EFE
¿Qué hizo Luis Enrique para ganar? "Nos dijo que teníamos todas las opciones", resumía Fabián, menos dado a los elogios que Marquinhos, Nuno o Neves porque ya conocía las artes del asturiano. La primera, quitarles presión. "Había que tener control mental, poner calma a tanta excitación. Yo no miro redes sociales, pero mis jugadores están todo el día con el móvil", confesaba Luis Enrique. La segunda clave era activar a futbolistas. Si a Douré no hace falta, porque es de una generación con descaro, a Dembélé tampoco.
"¿Qué 9 de Europa presiona así la salida de Sommer o Acerbi? Yo le daría el Balón de Oro por cómo ha defendido. Eso es liderar", elogió el técnico, que también repartió a Vitinha, de quien nace la jugada del tercer gol. "¿De dónde ha salido ese jugador?", bromeaba Luis Enrique. El Oporto le lanzó una felicitación en redes sociales para recordárselo.
El portugués, que cuenta cómo Messi le dijo que nunca ganarían la Champions, desfiló por la zona mixta exultante, puño arriba y gritando campeones. En un escalón más abajo iba Arnau Tenas, alma fiestera del vestuario. "Imaginaba ganar, pero 5-0... Lo he celebrado como si fuera el último día de mi vida", confesaba el guardameta mientras Donnarumma le hacía bromas y Pacho recordaba que es el primer ecuatoriano campeón de Europa. Primera final, primer título. "Ahora vendrán más", decía.
Luis Campos, con el trofeo.AP
Kvaratskhelia dejó el campo con el balón bajo el brazo y echaron la llave al vestuario Dembélé -que espera llegar "en silla de ruedas" a la concentración con Francia el lunes-, Hakimi y Marquinhos. Ninguno llevaba la copa, que rescató el team manager Dorian Godard. Pero tanto tardaba el capitán pese a los cánticos y el claxon del autobús, que fue el propio Luis Campos quien acudió a rescatarle, Champions en mano, para recordarle que era el momento de festejar.