El entrenador más querido y más odiado en España es el entrenador que más consenso genera fuera de nuestro país y también del «pequeño país»: el cainismo es la mejor prueba de que son la misma cosa. Es también la razón por la que Pep Guardiola lleva
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El origen del mote de los 'indios' para los aficionados del Atlético de Madrid no sería, hoy, políticamente correcto. Empezó en los años 70 en la capital para aludir a sus jugadores latinoamericanos, como Panadero Díaz, Cacho Heredía o Ayala, la mayoría con sus largas melenas setenteras. Era un mote racista, fuera en los tiempos que fuera, del mismo modo que existe un componente racial en la palabra 'cholo', con la que se alude a su entrenador. El 'cholo' es el mestizo o el indígena que adopta la forma de vida del blanco, según el país en el que se utilice, y no siempre con el cariño con el que acompaña a Simeone. El Atlético de los 70, sin embargo, no tenía tantos jugadores sudamericanos como el actual. Seis argentinos (Musso, Nahuel Molina, Giuliano Simeone, Correa, De Paul y Julián Álvarez), más el uruguayo Giménez, central y capitán. Enrique Cerezo dice que el «Atlético no se entiende sin argentinos». Son parte de la idiosincrasia que Simeone encarna en carne y hueso, y que vuelven a encontrarse ante su montaña prohibida. Velan el siguiente asalto a la Champions sin pensar en la caída en Getafe, sólo en el deseo de que no sea un Everest inalcanzable, sino el Machu Picchu que permite pasar de lo terrenal a lo divino.
Para tener opciones de hollar la cima, los 'indios' deben eliminar a los 'vikingos', como se aludía a los madridistas en la misma época por los alemanes Netzer, Stielike y Breitner, además del danés Jensen, en la batalla de las tribus de la capital, algo más difícil que ascender el Camino del Inca. Lo intentarán en un Metropolitano que podría ser el Metropolitano de la Boca, como se conoce al puerto de Buenos Aires, y donde volverán a verse pinturas de guerra y plumas. Los 'indios' del Atlético no sienten ya el mote de forma peyorativa. El Madrid carga la atmósfera emocional que quiere Simeone, aunque las atmósferas muy cargadas pueden confundir el fútbol. El entrenador las invoca, ataviado como un bailarín de tango, de negro riguroso. El tango, en cambio, es una combinación de aceleración y pausa. Como el fútbol.
El duelo con el Madrid tiene un sentido finalista, aunque la final está lejos, todavía en octavos. Tiene sentido, porque es el equipo que le venció en dos de las tres finales de su historia, y le apartó, en semifinales, de una cuarta. Ello implica un bloqueo mental que el Atlético debe superar. También su gente. También Simeone, al que la caída en Milán, en 2016, le hizo dudar sobre su futuro. Desde entonces, la Champions no es únicamente un objetivo. Es una misión.
El Atlético necesita su Wembley
El Atlético es el único de todos los equipos que han perdido tres finales de Champions o más que no ha ganado el torneo. La Juventus cayó en siete finales, pero levantó dos títulos, hecho que ahonda en su fatalismo, aunque sin urgencias históricas. También Madrid y Barcelona perdieron tres finales, pero los blancos, reyes del torneo, suman 15 títulos, por cinco de los azulgrana, que cayeron dos veces con tics fatalistas, los palos en Berna o los penaltis en Sevilla, antes de cambiar su destino en Wembley, en 1992. El Atlético aguarda su Wembley.
Simeone, durante la ida en el Bernabéu.JUANJO MARTINEFE
Son más de una veintena los argentinos que han conquistado el gran trofeo europeo. El primero, Di Stéfano, lo hizo suyo nada más empezar. En la actual plantilla del Atlético sólo hay uno, Julián Álvarez, con un City en el que no llegó a ser titular. En cambio, los rojiblancos cuentan con hasta seis campeones del mundo, el propio Julián, De Paul, Molina, Correa y Griezmann, al que la larga cohabitación con argentinos y uruguayos le hizo aficionarse al mate, y Lemar, hoy en la segunda unidad. Es el equipo con más integrantes de la gesta de Argentina en Qatar, después de River. En el Monumental no han olvidado la calidad de Julián.
El salto del futbolista al Atlético ha disparado el seguimiento que en Argentina ya se hacía del equipo, especialmente desde la llegada de Simeone. Es conocido entre los hinchas como el Asadito Mecánico, tras tomar parte del apodo de la gran Holanda de Cruyff, la Naranja Mecánica, a la que la albiceleste derrotó en la final del Mundial del 78, en el Monumental, aunque sin el mejor futbolista de su historia. Los componentes del Atlético utilizaron el sobrenombre en las redes en su regreso por Navidad.
«La atención por el Atlético es histórica, porque existe una larga tradición de representatividad argentina. En el pasado, por exigencia, era un salto más sencillo para los jugadores de acá desembarcar en el Atlético que en el Real. Una estación intermedia. En aquellos años para sufrir y, desde la reconstrucción del 'Cholo', para soñar», explica Cristian Grosso, editor de Deportes de La Nación y uno de los periodistas más influyentes.
"El 'Cholo' siempre provoca algo"
«Simeone tiene una debilidad por el jugador argentino, por su carácter, y ya desde el principio fichó a Cata Díaz, a Demichelis, aunque no llegara a debutar, a Augusto y otros muchos en una década», prosigue Grosso, que, no obstante, alude a los sentimientos encontrados que despierta el técnico en su propio país: «El Cholo no pasa jamás desapercibido, es un personaje pintoresco, que siempre provoca algo. Genera odios y amores también en Argentina, pero todos están pendientes. Unos, por ver si fracasa; otros, felices con su éxito».
Julián Álvarez celebra un gol en Mestalla.JOSE JORDANAFP
Para el periodista argentino, el Atlético es el reflejo de su entrenador: «También provoca, a su alrededor siempre pasan cosas. El Atlético garantiza partidos intensos, y eso conecta bien con lo argentino».
«Que el Atlético sea el equipo con más campeones del mundo, junto con River, pero con los más determinantes, salvo Messi, influye, claro. Sobre todo, la presencia de Julián Álvarez, que merece párrafo aparte. La expectación es enorme, mientras todos se preguntan si Simeone le hará ver a Guardiola que se equivocó», concluye Grosso. En el Bernabéu lo hizo, con un soberbio gol, pero en un Atlético demasiado precavido, que perdió la ocasión de castigar a un Madrid herido. El Metropolitano cargará o no de razones la respuesta.
En el interior de un AVE no se tiene la sensación de viajar a alta velocidad. Es necesario contrastarlo, observar desde la ventanilla a otro convoy o vehículo. El Madrid pertenece a la alta velocidad del fútbol, con independencia de quien se encuentre sobre el terreno de juego. La calidad y la imaginación son cosas distintas. Si la pone en práctica, la diferencia frente a un equipo de otro segmento es como una sima. La Copa ofrece esa oportunidad y la posibilidad de la sorpresa, pero una sorpresa imposible si el Madrid entra en el campo sobre las vías del AVE camino de los octavos.
La Deportiva Minera, pese a jugar en Segunda RFEF, la cuarta división, no pertenece a otro fútbol, porque fútbol solo hay uno, pero sí a otra realidad del fútbol. En su día de Reyes no quiso traicionarse y en su lealtad al juego estuvo su prematura sentencia, con 0-4 en el descanso y 0-5 en el desenlace. Con la seriedad con la que se empleó un Madrid con buena parte de meritorios que son estrellas, salvo los canteranos, habría caído de cualquier forma. La voluntad por jugar el balón desde atrás, a lo grande, o el deseo de la presión alta, propiciaron errores y espacios que el Madrid no desperdició, con transiciones rápidas y pegada en el área. El caudal de goles pudo ser una riada de no ser por Fran Martínez, ganador en la mayoría de situaciones de uno contra uno para frustración de Endrick o Brahim. Activo el brasileño, únicamente le falto el gol. Es el alimento del delantero.
Los cambios de Ancelotti
Ancelotti recurrió a las rotaciones, por supuesto, pero sin desfigurar en exceso al Madrid, cuyo centro del campo podía ser el de un día cualquiera, con Camavinga como pivote y Modric y Valverde a los costados, con Brahim entre dos aguas. Las noticias estaban en defensa, con Lorenzo y Diego Aguado, más Asencio y Fran García. Todos son de su cantera, aunque el último regresara después de una etapa en el Rayo. Diego Aguado, de 17 años, pertenece al juvenil A y es uno de los futbolistas de las categorías inferiores en los que más confía el 'staff' de Ancelotti, que lo ha incorporado en más de una ocasión a los entrenamientos. Es la zona donde más necesarios son los relevos, en especial para Rüdiger, al que dejó en Madrid. Lunin aparecía por detrás de todos ellos.
Si la defensa se convirtió en una alternativa de aspirantes a un puesto, el ataque lo era para los aspirantes a estrellas, Endrick, Güler y Brahim. Todos son jóvenes, pero su estatus es distinto. Brahim tiene mucho más recorrido hecho, y lo demostró en el propio partido. Se adapta al ataque como al centro del campo, polivalente, intenso, rápido y goleador. En Cartagonova le dio velocidad al juego por el interior, en combinación con Modric, mientras que Fran García lo hacía desde la banda, como un trueno. Brahim apuró la banda en el centro para Valverde en el primer gol, nada más empezar, y se exhibió en el tuya-mía con el croata en el cuarto. Al internacional marroquí tan sólo le faltó el tanto, pero cuando más cerca estuvo apareció Fran Martínez, portero de principio a fin.
Güler, dos goles
Para la Deportiva Minera nada cambiaba con el gol de Valverde, llegado antes de los cinco minutos, pues salió a jugar como siempre. Cambiaba, en cambio, para el Madrid, que pese a su buen tono necesitaba despejar cualquier duda cuanto antes. El segundo gol tuvo similitudes con el primero, al iniciarse por errores del rival en la salida de balón y acabar con el remate de un centrocampista en el área, en este caso Camavinga. A Güler no le ocurrió como a Endrick y a Brahim, y pudo finalmente batir a Fran Martínez en dos ocasiones.
Omar Perdomo pudo darle a la Deportiva Minera ese gol que hubiera sido más que un gol, al observar a Lunin adelantado y lanzar desde el centro del campo. Hay cosas que un futbolista puede y debe permitirse, aunque juegue en un equipo que no alcanza un millón de presupuesto frente a otro en el entorno de los 1.000 millones. Ni siquiera el equipo murciano pudo jugar en su estadio, en el Llano, por falta de aforo, por lo que se trasladó a Cartagena, en cuya grada todos los habitantes de su pueblo no cubrirían una décima parte de la grada. Había más personas, en realidad, para seguir al Madrid en un lugar donde sólo lo ven por televisión, y a ellos no fue ajeno Ancelotti cuando, ya con una renta de cuatro goles, decidió que saltaran al campo Vinicius o Mbappé, además de al joven Chema, aunque el AVE aminorara ya su velocidad camino de la estación victoria.
Cuando Toni Kroos anunció que regresaba a la selección alemana, dijo que quería que su hijo le viera, al menos una vez, jugar con la camiseta de la 'Mannschaft'. Con independencia de su amor de padre, un tipo cerebral y profesional no toma decisiones de semejante calado por ese pequeño deseo. Para eso están los vídeos. El regreso con Alemania, que disputa la Eurocopa en su país, era el final de una hoja de ruta perfectamente diseñada, porque Kroo
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