El fútbol español ha tenido nueve campeones de Liga en su historia y sólo uno de ellos está en manos extranjeras. El 17 de mayo de 2014, el patronato de la Fundación del Valencia CF eligió por unanimidad vender su paquete accionarial de control del club ( 70,6%) al empresario de Singapur Peter Lim. Su oferta se había impuesto a la de un grupo ruso, Zolotaya, la del fondo americano Cerberus y la china de Wanda. El compromiso pasaba por abonar los
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No se podía pestañear en el Parque de los Príncipes sin perderse un gol. Desacomplejados, sin especular, PSG y Bayern interpretaron una oda al fútbol, retándose a pecho descubierto, golpe tras golpe de dos de los mejores ataques de Europa, como si no estuviera en juego un billete a la final de la Champions. De momento, lo tienen los parisinos, pero el 5-4 es una ventaja corta cuando nadie especula. Qué importa cómo se defiende cuando hay letalidad en ataque. Ni Luis Enrique ni Kompany son entrenadores que les pidan a sus futbolistas contención. Al contrario, el mensaje, o eso pareció en 90 minutos que pasarán a la historia, es que pisaran el acelerador a fondo. [Narración y estadísticas: 5-4]
Lo demostró el Bayern durante los primeros 20. Se quedó la pelota y, a una velocidad endiablada, fue cercando a Safonov. Olise empezó a ser una pesadilla para Nuno Mendes y Kane a demostrar que, si bien el arrebato lo ponen por las alas el francés y Luis Díaz, él tiene la capacidad de tomar la decisión perfecta. El dominio bávaro se tradujo en que apenas apareció Vitinha, Dembélé no tocó pelota en los primeros diez minutos y el PSG no trenzó una jugada, que acabó con centro de Kvaratskhelia buscando la cabeza Balón de Oro, hasta el cuarto de hora.
Y ahí empezó el vértigo. El centro lo escupió Upamecano y lo cazó Luis Díaz en una contra salvaje en la que se apoyó en Olise, Kane y Kimmich antes de meterse en el área y que Pacho lo arrollara. Penalti que el 9 inglés convirtió para abrir el partido (0-1). Pudieron los alemanes aprovecharse de la ligera zozobra parisina con otra internada de Olise hasta la línea de fondo para sacar un pase atrás que salvó Safonov y rebotó en Marquinhos para estrellarse en el poste. El equipo de Kompany, sancionado y dejando los mandos a Aaron Danks, parecía jugar con una velocidad extra que el PSG no había encontrado.
Como también la tiene, apareció. En cuanto la pelota empezó a pasar por su brújula portuguesa, siguió por Doué y Kvaratskhelia y acabó en Dembélé. Fue el Mosquito quien primero tuvo el empate, pero solo ante Safonov, abrió en exceso su remate desde el costado izquierdo. No pasó ni un minuto cuando el georgiano, engañando a Stanisic con un amago, ajustó su rosca al segundo palo para sorpresa de Neuer (1-1).
El empate fue un toque de zafarrancho. A Olise no lo podía parar Nuno ni con la ayuda de Marquinhos, con amarilla desde muy pronto, pero Doué había espabilado tras una regañina de Luis Enrique y montó una contra con disparo ajustado que Tah envió a córner. De la bota de Dembélé en la esquina a la cabeza del bajito Joao Neves y al fondo de la portería alemana. El partido había girado por completo (2-1)
Upamecano marca el tercer gol del Bayern para recortar la ventaja del PSG.EFE
El estadio veía a su equipo por delante, con otro mano a mano de su 10 que evitó Upamecano, pero también a un Bayern en el que Luis Díaz generaba pánico por la banda izquierda, poniendo balones al área que Musiala se atrevía a desperdiciar. Era un duelo de dos equipos descosidos. De esa locura sacó primero provecho, de nuevo, el Bayern, con Olise metiéndose hasta el área pequeña rodeado de rivales y, en un palmo, soltar un zurdazo para volver a empatar (2-2). Era el minuto 41 y, en el añadido, hubo tiempo para que el VAR revisara una mano de Davies. El colegiado suizo las vio y señaló un penalti que Dembélé no falló (3-2).
Tenían que reaccionar los alemanes en la segunda mitad, pero no esperaban que Hakimi encontrara una autopista y que asistiera al punto de penalti, que saltaran Dembélé y Zaïre-Emery y apareciera Kvaratskhelia para marcar el cuarto (4-2). No tardó en llegar el quinto, del Mosquito con una carambola con el poste (5-2).
Lejos de bajar los brazos, el Bayern aceptó el reto: si la eliminatoria iba a goles, los marcarían. Upamecano, cabeceando una falta de Kimmich, recortó (5-3) y Luis Díaz, en una contra bailada con Marquinhos, dejó la diferencia en un gol. Llegaban los alemanes más enteros al tramo final, donde el PSG trató de sujetar su ventaja. Lo logró, aunque vio cómo Mayulu se estrellaba en la escuadra y cómo Pacho sacaba un remate de Kimmich bajo palos. Fue lo único que tiraron a puerta que no acabó en gol. Una descomunal oda al fútbol.
Hansi Flick es hombre de pocas polémicas y menos a 24 horas de su primera final como técnico del Barcelona. El revuelo creado por el Real Madrid en torno a los árbitros y las lágrimas de De Burgos Bengoetxea le permitió lucir su lado más conciliador. "No es fair play no cuidar a los árbitros", sentenció el alemán. "Los clubes, los entrenadores y los jugadores tenemos que respetarlos y protegerlos. Los necesitamos. Esto solo es deporte, fútbol. A veces hay decisiones en el campo que hacen entrar en juego las emociones, pero después hay que dejarlo todo atrás", añadió.
No estaba la mente de Flick en los colegiados sino en frenar la euforia del entorno culé tras las goleadas en Liga y en la final de la Supercopa. "Todo eso es pasado. Jugamos contra uno de los mejores del mundo y una final siempre es distinta, no hay favoritos. El Real Madrid tiene un equipo fantástico y nos puede hacer daño. Tenemos que respetar al rival y hacer lo deberes para jugar como queremos y para luchar por este títulos los 90 minutos o los que sean necesarios", advirtió el alemán, que no soltó prensa sobre si habrá cambios en el lateral izquierdo, con Araújo por Gerard Martín, pero sí apuntó a la titularidad de Ferran como 9: "En los partidos de Copa ya ha demostrado lo bien que puede jugar de 9. Es una muy buena posición para él".
Como entrenador, Flick no ha perdido una final, pero dirige a un equipo en el que para muchos será su primer gran título con el Barça tras la Supercopa. Lejos de ser presión, el alemán lo ve como un acicate. "Es la oportunidad que buscamos cuando iniciamos el viaje a principios de temporada y vamos a luchar por ello. Será difícil, porque es el Real Madrid, pero cuando veo al equipo entrenando, cómo se esfuerza y lo concentrados que están, creo en ellos. Tenemos una idea clara de cómo jugar y lo visteis contra el Mallorca, el Celta... Luchamos siempre y en la final será lo mismo", explicó el técnico que tiene ante sí dos retos en pocos días: este primer título y las semifinales de la Champions ante el Inter. De cara a ese duelo, "jugar una final siempre es positivo para mejorar y aprender".
Su situación es, por tanto, más cómoda que la de Carlo Ancelotti. "No lo creo. Es lo mismo para los dos. Queremos ganar esta final y estamos preparando a nuestros equipos para que puedan hacerlo", admitió.
La sorpresa de Lamine
Un arma con la que él cuenta es Lamine Yamal, que emerge en los partidos decisivos de esta temporada. "Lo hace porque es un jugador increíble", se limitó a decir el entrenador que, con una sonrisa, desveló que su joven estrella tenía preparada una sorpresa. "Ahora os sorprenderéis", algo que no ocurrió porque Lamine entrenó con un gorro que cubría su cabeza. Su peinado será una sorpresa para la final, como lo fueron los brackets azulgranas en el duelo liguero en el Bernabéu.
La forma en que estos jugadores recién llegados al primer equipo encaran esta final ha sorprendido a Ronald Araújo: "Su mentalidad es increíble. Tienen una tranquilidad inmensa porque vienen haciendo esto desde chiquitos en la Masía. Me sorprenden porque no tienen miedo".
La de mañana puede ser la primera final de muchas por el crecimiento que se augura a esta joven plantilla, pero el uruguayo no quiso ver más allá del Real Madrid. "Ganar un título siempre es importante y más contra el mayor rival. Pero la mentalidad de este equipo es diferente. Queremos ganar, pero si no pasa, seguiremos buscando La Liga y los máximos títulos posible. Vamos a intentar ganar todo, partido a partido y con humildad, aunque es cierto que este equipo puede dar miedo", zanjó.