En el deporte francés se acumulan los escándalos. El presidente de la federación francesa de rugby, Bernard Laporte, ha dimitido de su cargo este viernes, a petición de la organización. El directivo estaba implicado en varios escándalos. En pocas semanas han dimitido los tres presidentes de las tres federaciones deportivas más importantes (fútbol, balonmano y rugby).
Noël Le Graët, al frente de la de fútbol, fue retirado del cargo hace unas semanas por un caso de acoso sexual. El de la de balonmano, Bruno Martini, hizo lo propio hace dos días, tras ser condenado por abuso de menores. Esta cadena de escándalos se produce cuando Francia se prepara para acoger la Copa del Mundo de Rugby el próximo otoño, además de los Juegos Olímpicos de París en 2024.
Laporte fue detenido el pasado lunes acusado de fraude fiscal, aunque fue puesto en libertad. Ya había sido condenado el pasado mes de diciembre por un caso de corrupción. Los clubes que conforman la federación habían rechazado el jueves en una votación al candidato propuesto por Laporte para sustituirle: Patrick Buisson.
De momento, y mientras se decide quién le reemplazará, tomará las riendas el tesorero: Alexandre Martinez. Laporte había sido condenado en diciembre por haber firmado un pacto de corrupción con el presidente del Montpellier. La inhabilitación, parte de la sentencia, no tenía efecto inmediato. El directivo se había negado a dejar su cargo, pero sí había aceptado designar un delegado, que ahora han rechazado los clubes.
Más escándalos
La ministra de Deportes, Amélie Oudéa-Castéra, saludó la decisión, aunque reconoció el papel de Laporte en este deporte, muy seguido en Francia. Fue antiguo seleccionador y también secretario de Estado de Deportes entre 2007 y 2009, con el presidente Nicolas Sarkozy.
“Obviamente tengo un pensamiento para él, creo que tomó la decisión correcta. es alguien que ha aportado al rugby francés, también tiene elementos positivos en su palmarés”, dijo la ministra.
Hace dos días el presidente de la liga francesa de balonmano (LNH), Bruno Martini, dimitía también tras haber sido condenado por corrupción de menores. El doble campeón del mundo fue condenado el miércoles a un año de prisión y además no podrá ejercer en ninguna actividad que implique contacto con menores durante cinco años.
Hace unas semanas dimitía también su homólogo en la federación de fútbol, Noël Le Graet, es investigado por acoso moral y sexual. El francés fue llamado a consultas por parte de la ministra de Deporte tras haber realizado unas polémicas declaraciones sobre Zinedine Zidane, en las que decía que no le habría cogido el teléfono si el ex entrenador del Real Madrid le hubiera llamado para postularse como seleccionador.
"Yo el que quiero ser es Giuliano". Nunca tan pocas palabras dijeron tanto. Era la reivindicación de la salida del cascarón de un futbolista meteórico. No por su calidad actual, que también, sino por su ascenso ininterrumpido desde una rotura de peroné que pudo ser el fin de su carrera. Giuliano Simeone (Roma, 2002) ya no es un canterano cualquiera que juega en el primer equipo del Atlético de Madrid. Tampoco es el hijo del entrenador que comparte un espacio en una plantilla que dirige su padre. "Él solo quiere ser Giuliano", reafirmó Diego Simeone las palabras del pequeño de su prole, unos días después de que las lanzara él en la rueda de prensa posterior al encuentro ante el Sevilla.
"El Cholo es muy exigente con sus hijos", explica la periodista Vero Brunati, muy cercana a la familia Simeone. En el Atlético aseguran que nunca se ha dirigido a él en un entrenamiento de manera diferente a otro jugador y están seguros de que en el campo, por momentos, se les olvida que son padre e hijo. "Puede que sea más exigente con él", secundan fuentes de dentro del vestuario. Pero esa frialdad que tienen en el césped es muy diferente fuera de él.
Giuliano nació en Roma el 18 de diciembre poco antes de que Roberto Settembrini, agente de Diego Simeone, retomara los contactos con el Atlético de Madrid para que su padre volviera al club de sus amores. Fueron apenas dos años, luego la familia se desplazó a Argentina para que el Cholo colgara las botas en Racing, equipo en el que también comenzaría su carrera de entrenador. Mientras, sus hijos ingresaban en la Escuela de fútbol Ángel Labruna, cantera de River Plate.
"Si te va bien no te veo más"
Giovani, Gianluca y Giuliano fueron quemando etapas en el fútbol base del club millonario. No obstante, aunque el amor por ellos era similar, el abuelo Carlos, padre del Cholo, "siempre pensó que Giuliano era el que llegaría más lejos en el fútbol", revela Brunati. Sin embargo, y la edad fue un factor importante, Giuliano nunca consiguió debutar en el primer equipo de River Plate como tampoco lo conseguiría Gianluca y sí Giovanni.
"Giuliano comenzó jugando como 5 y su familia creía mucho en él por su capacidad de aprendizaje y ambición", cuenta la periodista argentina. El Cholito menor lo máximo que llegó fue a Octava División, categoría que ganó junto a su Banda (futbolistas como Santiago Simón, Francisco Petrasso, Manuel Cocca, Franco Alfonso y Sebastián Sánchez) tras marcar un gol en el último minuto.
De esa progresión no pudo ser testigo el Cholo, que en 2011 tuvo que dejar Argentina para tomar las riendas del Atlético. "Uy, pa, vas a jugar contra Messi... Vas a jugar contra Cristiano Ronaldo... Es espectacular", le dijo Giuliano a su padre según reveló el técnico en su documental. "Después se hizo un silencio y me dice: 'Pero, pa, si te va bien no te veo más'. Cuando te lo dice un pibe de ocho años, que tenía él en ese momento, es muy duro", añade Simeone senior.
Giuliano, en un partido con el Atlético.Denis DoyleMUNDO
Quizás esas palabras calaron en la cabeza del Cholo que, cuando el joven Giuliano cumplió 16, decidió traerlo de River al Atlético de Madrid antes de que firmara su primer contrato profesional aprovechando una figura legal que se denominaba "patria potestad", hoy "responsabilidad parental". "Aquello no sentó nada bien en River", explica Maxi Grillo, periodista que sigue al club millonario. De hecho, cuando firmó Giuliano su primer contrato con el Atlético, el club apenas percibió 185.000 euros por derechos de formación de un futbolista al que veían "gran futuro".
Era la reunificación de dos "locos" por el fútbol. Giuliano tiene la misma pasión de su padre por el deporte que ambos practican y es habitual que vea muchos partidos de fútbol incluyendo los de sus hermanos cuando tiene ocasión. A medida que iba destacando en las categorías inferiores del Atlético (marcó 24 tantos en su última temporada en el filial) surgió la oportunidad de fichar por primera vez por un club profesional. "Es muy profesional, muy disciplinado y siempre con muchas ganas de aprender", apunta Brunati. Su salida la decidieron entre el hijo y el padre en la piscina de la casa familiar. Abrieron Wyscout (una plataforma de scouting) y analizaron el estilo de juego de los equipos que le querían, que eran muchos, hasta que decidieron que fuera el Zaragoza, de Segunda División.
Fueron nueve goles y tres asistencias que le valieron su primera experiencia en Primera, en el Alavés. La llamada de Luis García Plaza terminó por convencer a Giuliano que, antes casi de enfundarse su camiseta blanquiazul, ya le habían partido el peroné en un amistoso ante el Burgos. Su padre, que acababa de volver de la gira norteamericana de pretemporada, cogió su coche en el Cerro del Espino y se marchó a acompañar al Cholito en su operación.
Lesión y recuperación
Otro de sus grandes apoyos fue Carlos Martín, su 'hermano' futbolístico. Su amistad con él, con quien comparte un tatuaje de una celebración que ambos hacen habitualmente juntando los dedos, viene del filial donde también coincidieron con Pablo Barrios. "Se llevaba muy bien con los argentinos, pero a Barrios lo ve muy parecido a él", revelan desde el vestuario. Menos de un año después de ese palo, Giuliano entraba por la puerta de la titularidad del Atlético de Madrid para ya no salir nunca. "El Cholo siempre vio ese potencial, pero no quiere decir que no le haya sorprendido como ha pasado en el club", cuentan fuentes rojiblancas.
Tampoco ha pasado desapercibido su crecimiento para la selección Argentina, donde también es un fijo, y en la que coincide con Leo Messi, uno de sus ídolos. "Cuando Messi habla hay que escucharlo porque es el mejor. Me dijo que estuviera tranquilo, que me tomara un tiempo más en el área porque siempre iba a encontrar a alguien libre para asistir", expresó Giuliano sobre otra de las cosas que le ha permitido encadenar tres MVPs seguidos de los cuatro últimos encuentros del Atlético: la pausa.
Con uno de los sueldos más bajos de la plantilla, apenas tres millones brutos (parecido al de Javi Galán). La llegada de Mateu Alemany ha retrasado una de las renovaciones más esperadas para los rojiblancos, aunque parece que empieza a acelerarse. La del niño que superó la exigencia de su padre-maestro. El joven "maravilloso, muy humano, cariñoso, divertido y muy alegre", como le describen los que le conocen. El que sólo quiere ser Giuliano.
Imperial, majestuoso, colosal, sublime. Se agotan los epítetos superlativos para describir otra hazaña brutal de un ciclista de otra dimensión. Tadej Pogacar es un deleite. Un impagable amante del espectáculo. Este sábado se impuso en la Strade Bianche, la clásica moderna más atractiva, con sus 15 tramos de sterrato, con un ataque a falta de 80 kilómetros. Era su primera carrera de la temporada. Asombroso. Otra vez apelando a la épica, a las gestas de otro tiempo. El heredero más cualificado de Eddy Merckx, lo ya narrado tantas veces.
Este sábado encadenó su segunda edición consecutiva de la Strade Bianche y, como ya hizo tantas veces, ganó por aplastamiento. Un monólogo para la antología, como ya selló en el Tour, en Flandes, en Lombardía, en Tirreno, en París-Niza... Se reducen mucho los territorios por conquistar para este esloveno de 25 años que ya suma 64 victorias.
Una nueva exhibición que el propio Pogacar vaticinó en la salida de Fortezza Medicea de la medieval Siena. ''Me encuentro bien, voy a atacar en el Monte Santa Maria''. Lo dijo y lo hizo sin ningún reparo. En la subida del noveno tramo de tierra, cuando apretaba la lluvia, abandonó la compañía del pelotón y se marchó solo para afrontar un interminable trecho por delante: 80 kilómetros por zonas de barro, subidas y bajadas por sinuosas carreteras de la cautivadora Toscana. La distancia fue creciendo hasta llegar a más de tres minutos. Todos rendidos a la superioridad del líder del UAE, el único interés por detrás era saber quiénes ocuparían los otros dos puestos del podio. Euforia desatada de un público loco que en cada ascensión animaba al héroe esloveno.
Espectáculo total en la tierra y el asfalto, en ese bello tramo de subida a la Piazza del Campo de la medieval Siena, con esas rampas del 16% en las cuestas empedradas de Via Santa Caterina y la avenida Rinaldini.
Y es que la prueba organizada por RCS Sport, la segunda de la temporada Word Tour, lo tiene todo para seducir al público, con paisajes incomparables, 15 tramos de tierra prensada, asfalto, colinas repletas de trampas, zonas de piedra en la entrada de Siena. Imposible caer en la monotonía. Además de una coreografía que es una delicia para los sentidos, este sábado la prueba contó con unos actores que sublimaron la magna prueba. Pogacar dominó ante rivales con pedrigí, como Tom Pidcock, ganador de la edición pasada, Maxim van Gils, Tom Skujins, Christopher Laporte, Richard Carapaz, Lenny Martínez, Julian Alaphilippe o Quinn Simmons.La segunda plaza fue para el letón Skujins y la tercera para el belga Van Gils.
Los Monumentos
Un nuevo triunfo de Pogacar que revaloriza a la clásica italiana en su mayoría de edad. En su 18ª edición, Strade Bianche dio el salto de calidad para opositar su ingreso en la lista de Monumentos, ahí donde están Milán-San Remo, Tour de Flandes, París-Roubaix, Lieja-Bastoña-Lieja y Giro de Lombardía. Los puristas alegan que no debería aparecer en esa nómina porque nunca se superaban los 200 kilómetros de recorrido, una condición cumplida este sábado por la clásica de Siena con sus 215 kilómetros.
Gloria para la Strade Bianche y para un Pogacar que no pierde los buenos hábitos, dominando desde el inicio de temporada. Y eso que este año ha cambiado su planificación para debutar en el Giro de Italia antes de afrontar el Tour de Francia. En este curso concentrará las principales cargas de trabajo en marzo, con la Milán-San Remo (día 16) y la Volta a Catalunya (18). En abril disputará la Lieja-Bastoña-Lieja (21).
Pogacar sólo coincidirá con Jonas Vingegaard en el Tour, ya que el danés tiene previsto afrontar la Tirreno-Adriático (4 de marzo), País Vasco (1 abril) y Criterium Dauphiné (2 de junio). El camino del doble ganador del Tour de Francia es parecido al de Primoz Roglic, que debuta este domingo en la París-Niza y que luego acudirá al País Vasco y al Dauphiné. Sepp Kuss participará en Volta, País Vasco y Dauphiné.
La preparación de los aspirantes españoles al top 10 del Tour de Francia también se concentrará en marzo y abril. Juan Ayuso correrá Tirreno-Adriático, Amstel Gold Race (14 abril) y Flecha Valona (17 abril). Enric Mas se inclinará por Tirreno-Adriático, Volta, Tour de Romandía (23 abril). Carlos Rodríguez irá a la París-Niza. Pello Bilbao, a la París-Niza y País Vasco.
En las permanentemente embarradas instalaciones del Campo de Marte, mientras Niko Sherazadishvili rumiaba otra inmensa decepción olímpica, se oían los gemidos guturales de Ilia Sulamanidze, un georgiano que acababa de perder el oro. Los ojos azules del gigante español contenían las lágrimas. "Esta vez no voy a llorar". Pero dolía igual. O más. Como en Tokio, se le escapó la medalla. Y hay reveses que se clavan para siempre en el alma.
Realmente, Niko no encuentra explicación. Él, el hombre tranquilo, un judoca que es capaz de dormir mini siestas entre combates (se lleva hasta su propia almohada), se bloquea en la hora de la verdad. Eso era la única conclusión posible para él tras perder claramente la segunda pelea de la repesca por el bronce con el uzbeco Muzaffarbek Turobayev, un gigante de dos metros que "es una persona muy incómoda". "Soy mejor de lo que demuestro", pronunciaba Niko, como queriéndose convencer. Antes, el abrazo fraternal con Quino Ruiz, su "segundo padre", contuvo toda la emoción del momento. Su mentor desde los 13 años también sabe lo que es que las medallas olímpicas se escapen de las manos.
El recorrido en París fue igual que el del Nippon Budokan para Niko, aunque allí llegara como doble campeón olímpico de -90 kilos. Ahora el trayecto de tres años ha incluido un cambio de peso a -100 y una operación de rodilla tras romperse los ligamentos que le tuvo ocho meses en el dique seco. Como entonces, Shera perdió en cuartos, ganó el primero de la repesca y volvió a caer para quedarse sin medalla. "Estoy un poco triste, porque no saco mi mejor versión. Entrenando soy muy bueno, en otras competiciones me pongo esa presión, pero aquí me pueden los nervios. Porque me importa mucho. No saco mi mejor versión", repetía.
Niko Shera, en acción.MIGUEL GUTIERREZEFE
"Lo noto cuando piso el tatami, cuando entro. Porque hasta entonces mis sensaciones son muy buenas. Físicamente estaba muy bien, pensaba que estaba tranquilo. Realmente había disfrutado del trayecto, de la preparación. Pero cuando piso el tatami siento que me falta un poco más", reflexionaba. Fue una jornada de vaivenes para el judoca español, llegado de niño a Madrid desde Georgia. Exento por ranking del combate de primera ronda, en octavos, pese a un inicio dubitativo (tuvo que remontar un tempranero wazari), acabó con el joven húngaro Zsombor Veg y se aseguró al menos la lucha por el bronce en la repesca. Como así fue, porque, contra todo pronóstico, Shera perdió el siguiente duelo, ante el Daniel Eich (luego duró 10 segundos en seminifinales el suizo). "Ese combate no lo tenía que haber perdido...".
Se complicó el camino, otra vez los fantasmas para el pupilo de Quino Ruiz. Pero, tras el descanso del mediodía, se rehízo para derrotar en un agónico combate al japonés Aaron Wolf, vigente campeón olímpico. Ambos salvaron varias situaciones comprometidas, pero el español, con 2:47 transcurridos en el Golden Score, acabó con su rival gracias ipon (uchi mata).
Y, ante el uzbeco, irreconocible Shera, dos wazaris para el ipon en menos de 10 segundos. Tan duro, que hasta el propio Niko duda de lo que pasará ahora con su carrera. "Puede ser que esto tenga algo que ver con Tokio. Allí estuve peor, aquí mejor pero no lo suficiente como para sacar una medalla. Es que no soy yo al 100%. Voy a desconectar, a disfrutar y a ser feliz. Y si es lo que me apetece, seguiré", cerró.