La pretemporada es la estación de los buenos principios. Como cuando al inicio de curso se escribe con cuidado el nombre en la primera página de esos libros que siempre se abren menos de lo debido. Xavi, bien aplicado, vuelve a la caligrafía azulgrana que sigue los puntitos con la pelota, y regresa de forma imaginaria al lugar donde más se utiliza: la cantera. La primera le llevó hasta el gol, esta vez gracias a la estrategia, y la segunda, hasta otro nombre para el futuro. Es Fermín López, una aparición en un clásico, con 20 años, el gol de un cañonero y asistencias de mermelada. Apunten.
La pelota siguió esos puntitos hasta Dembélé, que tiene su propia ortografía del fútbol, indescifrable, para poner en ventaja a este Barça de buenos principios, siempre con la pelota, en busca de la utopía que su entrenador llama la «conservación infinita». Es el Barça del imaginario que, a medida que encuentra oposición, vuelve al Barça de la realidad, replegado. La Liga le ofreció ese sentido de la realidad. La gloria, bien lo sabe Xavi, se alcanza a lo Fermín López, se tengan los años que se tengan.
CUATRO CENTROCAMPISTAS
Ancelotti, en cambio, vive la gloria como otros viven la realidad. No hay sistema anatema, no hay transgresiones en ninguna variación táctica. Barcelona y Madrid se encontraron por primera vez cuando todavía no ha empezado el curso oficial con cuatro centrocampistas cada uno. Xavi partió de un doble pivote, porque para eso ha hecho que volviera a casa Oriol Romeu, el primo de Zumosol que hizo temblar el larguero nada más empezar, junto a Frenkie de Jong. Cuando estaba en el campo, la fórmula le parecía sacrílega. Tempus fugit.
Con semejante primo al lado, el neerlandés puede liberar mejor su talento y adelantar a quienes tanto tienen: Gündogan y Pedri. Para Ancelotti, en cambio, es la mejor forma de ajustar a Bellingham en el vértice más adelantado de un rombo imaginario. El inglés es, en realidad, un jugador de dos rombos. Si tiene espacio, da miedo. En el estadio de los Dallas Cowboys, en Arlington, tuvo poco, tan vigilado como un running back.
VINICIUS, EN EL PENALTI
El Bellingham que asombró en los dos primeros partidos de la gira no apareció, descolocado, achicado en los espacios bien controlados por el Barcelona, y tibio, como demostró en una llegada. Cuando el Madrid empujó, las ocasiones fueron para Vinicius, tres palos incluidos, o Rodrygo, al que frenó Ter Stegen. Uno de los travesaños de Vini llegó de penalti, uno de los primeros que tiraba como madridista. Después de la marcha de Benzema puede ser la señal de quien hereda el trono de los 11 metros, pura jerarquía.
El Madrid empujó para encerrar al Barça en su campo después de un arranque dominador con la pelota de los azulgrana, con de Jong al mando. El centro del campo del Madrid, sin Modric ni Kroos, no fue capaz de contrarrestarlo en el arranque, y tampoco la presión alta de los de Ancelotti surtió efecto en los primeros minutos. El dominio azulgrana en la salida volvió a repetirse tras el descanso. La situación reclamó pronto al eje croata-alemán.
Dembélé no sólo adelantó al Barça sino que demostró ser, hoy, el elemento más desestabilizador del Barça, con el respeto del joven Fermín. Si Mbappé llega al Madrid y el azulgrana es su recambio en el PSG, el club de FP haría un dos por uno. Dembélé señaló el talón de Aquiles del Madrid. Era Mendy, calamitoso. Dejó su sitio a Fran García por unas presuntas molestias. Podría haberlo hecho antes. Si Xavi colocó a Araujo de nuevo en la banda derecha porque es el mejor anticuerpo de Vinicius, en la izquierda tiene a un puñal en banda. Balde emula el rol ofensivo de Jordi Alba, un potencial interesante para lo que viene, y por supuesto para la selección.
El Barça tiene las intenciones pero no la forma de sostenerlas, por lo que en el segundo tiempo volvió a verse metido en su campo por el empuje del Madrid, ya con Joselu en el terreno de juego, y bajo el temblor de otro larguero, de Tchoauméni, tercero de los blancos y cuarto del partido. Ancelotti sentó a Bellingham. Xavi, por su parte, entró en un carrusel de cambios en el que incluyó a Fermín López. El joven de Huelva, de 20 años, que le pegó a la pelota con el alma en cuanto pudo, como si reclamara su lugar en el sol, y la acarició para que Ferran Torres cerrara este clasiquito de la hamburguesa. Para Fermín López, el clásico de su vida. Por ahora.
El Tribunal Administrativo del Deporte (TAD) empezó a deliberar pero aplazó cualquier decisión acerca de Pedro Rocha y el resto de miembros de la Comisión Gestora de la Federación que encabezaba antes de dimitir para ser candidato, con la posibilidad de una inhabilitación que en el entorno del Gobierno desean. De producirse, despejaría los restos del 'Rubialismo' en un horizonte electoral muy incierto, desactivado parte del poder territorial, aunque no todo, con candidatos que son una incógnita y una convocatoria de elecciones posiblemente inservible, dada la cadena de recursos pendientes.
Si Rocha es finalmente inhabilitado y con él los miembros de la Comisión Gestora, ello bloquearía, asimismo, a varios 'barones', entre los que está al menos uno que había valorado presentarse, como es el andaluz Pablo Lozano. En cambio, no impediría hacerlo a Salvador Gomar, presidente de la territorial valenciana, al no figurar en el órgano. Debería volver a constituirse una Gestora, presidida, según los estatutos, por el miembro de la directiva de la Federación de mayor rango que no haya sido objeto de la sanción.
Si Rocha no es inhabilitado, podría presentarse a las elecciones del 6 de mayo, como es su intención, aunque el proceso electoral sería impugnado por Miguel Galán, como ya ha manifestado, y posiblemente por otros de los precandidatos que han aparecido. Por ahora se trata del periodista Carlos Herrera, que ayer se reafirmó en su intención en su programa en la Cope, Eva Parera y Javier González, a la espera de la decisión de otras personas que todavía no se han manifestado públicamente, como Gerardo González, ex secretario general del organismo y candidato en 2004, y Javier Lozano, presidente de la LNFS.
La razón de la más que previsible impugnación del proceso es que no se convocaron elecciones para reemplazar a los miembros de la Asamblea que habían causado baja, como por ejemplo el ex seleccionador Luis Enrique. Buena parte de ellos corresponden al cupo de jugadores. La Asamblea completa tiene 140 miembros y, en la actualidad, posee 98, hecho que complica, además, la consecución de los avales, del 15% del censo. Con el actual, serían 15. Rocha los tiene garantizados. Para el resto es una incógnita, por lo que todo indica que buena parte de los precandidatos optarán por acudir a las elecciones que el nuevo presidente deberá convocar en julio, ya con una Asamblea renovada y completa, para celebrarse en septiembre, después de la Eurocopa y los Juegos de París. Entonces serían necesarios 21 avales.
Carlos Herrera se reafirma
«Me voy a presentar para limpiar, para regenerar, para que el futuro del fútbol sea noticia por sus éxitos y no por los chanchullos. Mi intención es crear una comisión de transparencia y buen gobierno nada más llegar a la Federación, que desempolve todos los asuntos pendientes», aseguró el comunicador en su programa Herrera en COPE. Herrera ha podido pulsar ya a representantes de los colectivos del fútbol representados en la Asamblea, lo mismo que han hecho otros precandidatos.
El Gobierno observa el proceso con preocupación, dado que, además de la imagen del país que se proyecta a través del fútbol, existe un proyecto estratégico clave, como es el Mundial 2030, pendiente del reparto de sedes y partidos. Una posición débil de la Federación, como la actual, es peligrosa. Lo mismo ocurre con la FIFA de Gianni Infantino, que ha desplazado a Madrid a algunos de sus ejecutivos para entrevistarse con el Consejo Superior de Deportes. Entre ellos, su responsable jurídico, Emilio García Silvero, al que algunos verían como el candidato ideal.
De pie, apoyado sobre la barandilla metálica, Oriol Tort saludaba con un leve movimiento de cabeza desde la distancia a los periodistas que salían de presenciar los entrenamientos del primer equipo del Barcelona. No existía ciudad deportiva alguna y en los campos de tierra que se ubicaban dentro del recinto del Camp Nou solían entrenarse los juveniles del Barcelona. Con su cigarro en la mano, podía confundirse con el guarda del recinto, pero en realidad era el guarda del talento. Discreto pero irónico, le gustaba alejarse del protagonismo y el ruido, aunque dejaba frases con retranca en algún corrillo: «Si hacemos bien nuestro trabajo, uno de estos juveniles podría jugar ahí, en el primer equipo, sin que notarais la diferencia». «Pero tenemos que hacerlo bien...», insistía, con su media sonrisa. El tiempo ha mejorado la sentencia del bueno de Tort, con Lamine Yamal, de 17 años, y Pau Cubarsí, que acaba de cumplir 18, dos juveniles, asentados en el Barça de Hansi Flick y en la selección de Luis de la Fuente. En algo se equivocaba: la diferencia se nota.
Para saber más
Tort había llegado al Barcelona en 1959, como entrenador de infantiles, antes de que existiera la Masía, y desde 1980 hasta su fallecimiento, en 1999, fue el director de la cantera azulgrana. Cuarenta años en el club, más de la mitad de su vida. Recorría los campos de Cataluña, porque decía que había que ver jugar a los niños en su ambiente, para descubrir potenciales talentos. Guardiola, Sergi, Amor,Iván de la Peña, Pujol o Xavi fueron algunos de los que captó para el club azulgrana, aunque le gustara relativizar su trabajo: «No somos descubridores, sólo ayudamos a los jugadores a descubrirse a sí mismos».
La captación era, pues, el momento clave, mágico, según Tort, en el que había que observar los pequeños detalles que podían hacer a un jugador especial. En Jordi Roura observó un desborde eléctrico, cuando jugaba en su pueblo, Llagostera, en Girona. La Masía fue su destino, donde coincidió y trabó amistad con Guardiola, Tito Vilanova y Aureli Altimira, que acabaron por formar la peña 'Els golafres', los glotones. El desborde le llevó hasta el primer equipo, el incipiente 'Dream Team' de Johan Cruyff, pero una grave lesión durante la Supercopa de Europa contra el Milan, en 1989, acabó con su carrera. Con 25 años estaba retirado y empezaba su andadura como técnico. De segundo de Carles Rexach en Japón, a asistente de Guardiola en el primer equipo azulgrana, segundo de Tito Vilanova y, finalmente, entrenador interino tras la terrible muerte de su amigo. Con la llegada del Tata Martino al banquillo, el club presidido entonces por Josep Maria Bartomeu lo nombró director del fútbol formativo, en 2014. Estaba en el sitio de su descubridor, donde se convertiría en el padre de la nueva generación, la 'Quinta de Lamine'.
FC BARCELONA
"Qué raro corre este niño"
«Cuando lo fiché tenía siete años. Fuimos a verlo y primero que pensé fue: 'Qué raro corre este niño'. A esa edad, todos corren detrás de la pelota, es difícil ver cosas, hay que captar los detalles. Todos menos Lamine, que se apartaba, no iba al bollo. Era como si quisiera desmarcarse, como un profesional. Hacóa cosas extrañas. Me llamó la atención. Después hizo un control distinto a los demás, y le dije a Aureli: 'Lo fichamos'», explica Roura, en conversación con este periódico. Altimira, uno de sus inseparables desde los tiempos de la Masía y persona de confianza, compartía con Roura y otros técnicos las sesiones de captación.
«Son la piedra angular de este trabajo. Nosotros no buscábamos las condiciones físicas ni nada de eso, sólo el talento, las cosas que pueden hacer a un jugador diferente y que a esa edad ya puedes observar, porque son innatas. Todo los demás, el físico y el trabajo táctico, ya lo pondremos nosotros después», continúa, como si todavía lo viviera, porque «esto es una profesión, un trabajo, pero también es pasión»
Cambios con Laporta
Roura ya no hace ese trabajo, porque el regreso de Joan Laporta provocó un cambio en la estructura técnica. «Estábamos renovados, pero de pronto estábamos fuera. Puedo entender que un nuevo presidente ponga a gente suya, de confianza, pero creo que fallaron las formas, se podría haber hecho de otra manera», recuerda, aunque sin darle más importancia. Con Roura también salieron Altimira y García Pimienta, entrenador del filial, además de Carles Folguera, director de la Masía durante más de 20 años. Un año después, dejó el club el director deportivo Ramon Planes, hombre clave en las llegadas de Pedri y Araujo.
Además de Deco y Bojan Krkic, Laporta nombró director de la cantera a Alexanko, siempre en la sintonía de Cruyff y después de Laporta. Sin embargo, promocionó y protegió a dos figuras esenciales en la estructura de las categorías inferiores, Sergi Milà y Marc Serra. Una forma de hacer política y amiguismo, pero sin perder el método. Entre ambos, suman más de 30 años en el club. Milà es responsable de la metodología del fútbol base y el coordinador de fútbol 11. La responsabilidad le ha apartado de los banquillos, después de dirigir al juvenil A, y en la Ciutat Esportiva hay quien se pregunta si no se ha cortado la carrera de un gran entrenador. Serra, por su parte, es el coordinador de fútbol 7, el fútbol-probeta que todos, Roura el primero, consideran esencial en el éxito de la cantera azulgrana. «Lamine, Cubarsí, Bernal o Gavi proceden del fútbol 7», recuerda. Los tres primeros ganaron la Liga Promises de 2019, en Nueva York, con un 6-1 al Madrid.
«El fútbol 7 es más interactivo, favorece la asociación, se toca más el balón y nos permite empezar a trabajar en el entendimiento del juego. Que los niños pasen de jugar a la pelota a jugar al fútbol. Queremos que se perfilen para recibir, que anticipen en su cabeza el pase que darán antes de que les llegue el balón, que sean mentalmente rápidos. El fútbol moderno es velocidad, pero no sólo de piernas», continúa Roura, que pone en valor el trabajo de Serra. El Barcelona rechazó, cortésmente, el ofrecimiento de este periódico para que tanto Serra como Milá ofrecieran sus impresiones acerca de su trabajo.
Esperando a Toni Fernández
A diferencia de otras épocas, en las que el Barça creaba centrocampistas que parecían clonados, una endogamia que llegó a preocupar a nivel interno, la generación de Roura tiene de todo: portero, defensas, centrocampistas o delanteros. «Pues claro... Es que cuando oigo hablar del ADN Barça me pregunto: ¿Y esto que quiere decir? ¿Qué no podemos contraatacar? ¿Qué no podemos jugar en largo cuando nos presionen arriba? El Barça tiene su identidad, asociada a la técnica y a la posesión, pero para ganar hay que ser vertical. Flick lo ha entendido bien», insiste el técnico. Algunos de los frutos de su trabajo están todavía por llegar, como Toni Fernández, de 16 años, un delantero de poderoso desborde, que comparte las categorías inferiores con su primo Guille. El portero del filial, el estadounidense Diego Kochen.
«Un buen ejemplo es Cubarsí, un central que es vertical y supera líneas con sus pases -continúa Roura-. El puesto es muy difícil en el Barcelona, porque si tienes espacio a tu espalda y has de iniciar el juego, casi nada. Lo fiché con 10 años, del Girona. Era agresivo, con carácter. Su progreso táctico al llegar con nosotros fue impresionante. Tiene cara de niño, pero es duro, con mala leche. A veces le decía: 'Pau, ríete un poco, esto sólo es fútbol'».
"Balde, hay que apretar"
Recorrer los campos era el día a día de Roura, como antes lo fue de Tort. «En la captación has de ser rápido. Ver, decidir y fichar, todo en el momento. Si no, llega otro club y lo hace». Le ocurrió con Marc Casadó. «Estaba en el equipo de la Damm, uno de los que mejor trabaja la formación. Tenía 13 años y me llamó la atención por su colocación, siempre iba a la cobertura. En cambio, no pensaba que llegaría a un nivel físico como el que tiene ahora, brutal». A Alejandro Balde, en cambio, le tuvo que insistir para dar ese salto. «Jugaba en el San Gabriel y lo trajimos muy pequeño para el fútbol 7. Era técnico, hábil, pero un día le llamé y le dije: 'Con jugar bien no vale, hay que apretar'».
«El método es común, pero cada chico necesita sus tiempos y tiene sus circunstancias. Lamine vivía en Mataró, podía seguir en casa, pero como el entorno del barrio podía ser complicado, lo llevamos a la Masía», continúa Roura. Más protección necesitó Fermín, al que decidió fichar al presenciar un torneo de infantiles en Tarragona. «Jugaba en el Betis y, nada más verlo, me di cuenta de que tenía cosas, pero también un problema: era muy pequeño. No obstante, me dije: 'Es igual, lo fichamos'. Pasaba el tiempo y no crecía, no rompía. Las dudas crecían entre los técnicos y hasta su familia, que se planteó si debía volver a casa. Yo les pedí a todos un poco más tiempo, tenía esa intuición. Finalmente, dio el salto que yo esperaba», recuerda Roura, para el que cada jugador necesita sus tiempos. «Es necesario un trato personalizado, es otro de los secretos», aclara.
Mientras ahora intenta traslada todo ese conocimiento a los jóvenes entrenadores a través del proyecto 'Best Version 1', Roura dice estar «orgulloso» por el trabajo realizado. «A partir de ahí -finaliza-, todo depende de que el primer entrenador les de la alternativa. Koeman, Xavi y Flick lo han hecho. En eso el Barça también es diferencial». Diferencial y, en una de las épocas más difíciles de su historia, también una prueba de vida.