El club inglés, tras despedir a Steven Gerrard, que deja al equipo décimo quinto, paga los seis millones de la cláusula de rescisión. Marcelino y Quique Setién suenan como sustitutos
Unai Emery dirigiendo al Villareal la semana pasada en el Camp Nou.Enric FontcubertaEFE
El Aston Villa, un histórico de la Premier League, será el destino de Unai Emery, que ha llegado a un acuerdo para entrenar de forma inmediata al club de Birmingham que, a su vez, ha abonado los seis millones de euros que figuran en la cláusula de rescisión del contrato del preparador. Si hace un año fue el Newcastle el club que intentó hacerse con el preparador del Villarreal, ahora ha sido el Aston Villa el que ha puesto su punto de mira en Emery, y ha logrado convencerlo con un contrato por cuatro temporadas a razón de unos siete millones de euros por cada una de las mismas. Mañana tiene previsto despedirse en una rueda de prensa en la Ciudad Deportiva por lo que este jueves ya no se sentará en el banquillo para dirigir al equipo en el partido de la Conference League ante el Hapoel Beer Sheva.
Tras despedir hace pocos días a Steven Gerrard, los villanos buscaban un entrenador para reflotar un proyecto que está protagonizando un decepcionante inicio de campeonato pese a la importante inversión realizada en verano. En este momento el equipo es décimo quinto. Y aquí apareció el nombre de Emery, con una amplia experiencia internacional y que ya pasó por la Premier tras dirigir al Arsenal.
En una negociación rápida y, pese a barajar otros nombres como los del portugués Amorim o el alemán Tuchel, los dirigentes del Villa contactaron con Emery que esta vez sí dio el visto bueno.
Emery fichó por el Villarreal en el mes de julio de 2020 y firmó un contrato por tres temporadas por lo que su vínculo finaliza el próximo 30 de junio de 2023. Hasta el momento, no había cerrado la puerta a una posible renovación con el club de la Plana. En este tiempo, el preparador guipuzcoano ha logrado la mayor gesta en la historia de la entidad al conquistar la Europa League tras derrotar en la final al Manchester United el 27 de mayo de 2021. Este año llegó a las semifinales de la Champions en las que cayó frente al Liverpool.
Sin entrenador y con un par de semanas antes del parón por el Mundial, el Villarreal busca de forma urgente un sustituto para hacerse cargo del equipo lo antes posible. Uno de los nombres que aparece subrayado es el de Marcelino García Toral, ex técnico del Villarreal entre otros equipos y que ahora se encuentra sin equipo. Quique Setién es otro de los técnicos que podría encajar.
La frase de que el destino baraja las cartas, pero somos nosotros quienes las jugamos, se atribuye tanto a Shakespeare como al filósofo alemán Schopenhauer. No hace falta leerlos para jugarlas. Es lo que hizo el adolescente Mikel Arteta al dejar la Masía, lugar idílico al que le había invitado ese mismo destino. Con su decisión de irse al PSG, en realidad, lo desafió, como el Holandés errante condenado a surcar los océanos sin tocar jamás puerto. Cuando lo hizo con un regreso a la Real Sociedad para estar en San Sebastián, en casa, y evitar el divorcio de sus padres, nuestro español errante sufrió la maldición de la leyenda. Fracasó y volvió a los mares. Hay cosas que están escritas.
La toma de decisiones de Arteta, alejado de los días de vino y rosas del fútbol español, sin llegar a vestir un solo día la Roja de los mayores, le permitieron una suma de experiencias poco común, sintetizadas, hoy, a sus 44 años, en la figura de un entrenador moderno, intervencionista, iconoclasta y nada esclavo de sistemas o tradiciones, ni por su crianza en el Barça ni por el tiempo compartido en el banco con Pep Guardiola ni por las sensibilidades del Arsenal al que dirige.
El suyo es un equipo camaleónico, que juega en continuidad o en jugadas episódicas y que puede defender como no se defiende en la Premier, como lo hacía el Atlético del primer Simeone. En lucha por una Champions y una Premier que se comprime, Arteta lo controla todo en el Emirates. Es el mánager. Con ruido o sin ruido a alrededor, ahora en aumento, se ha ganado barajar las cartas.
Los golpes de mano
Con mirada de águila y barba de cubierta, Arteta combina bien la visión periférica y la acción, y eso se aprecia en el Arsenal que ha construido, táctico, pero sobre todo eficaz en los golpes de mano. El balón parado es únicamente un ejemplo. En una Premier bajo la colosal influencia de Guardiola, un entrenador español que pasó por la escuela azulgrana, ocupó su misma posición en el campo y fue su segundo en el Manchester City, podría entenderse como una réplica del catalán. No es así. El vasco sabe cómo dominar el juego, pero es más pragmático, más vertical, más metálico.
La relación entre ambos es una historia de encuentros y desencuentros. Cuando Arteta debutó en el Barça lo hizo, de hecho, para sustituir a Guardiola, en un partido europeo ante el Hertha Berlín. Tenía 16 años. Después del encuentro, Guardiola lo sometió a un tercer grado, le preguntó por sus sensaciones y le ofreció algunos consejos. Arteta lo recuerda, ya entonces, como el discurso de un entrenador. La cohabitación en el banquillo del City, 20 años después, fue como un máster. Cuando el vasco decidió irse, la relación se enfrió, dejaron de comunicarse, algo que, en plena disputa por la Premier, han vuelto a hacer. Las relaciones intensas son de ese modo. Con Guardiola no hay otra forma.
Guardiola y Arteta, antes de un partido.EFE
Es influencia no ha sido la única para Arteta, cuyo paso por varias ligas le ofreció una perspectiva muy valiosa. Cuando todavía no era mayor de edad, se encontró en el PSG a Pochettino, un cacique del área que, nada más llegar a París, lo apadrinó. Fue como un padre en el campo. En aquel equipo que dirigía Luis Fernández, todo un carácter, deslumbraba ya Ronaldinho.
Ni Xabi Alonso, ni Cesc
La experiencia en el PSG, al que fue cedido, fue incomparable a la que tuvo en Ibrox Park. Los años en el Glasgow Rangers fueron realmente los que le curtieron, por la adaptación al altísimo rito de juego, con más nivel físico, y los balones aéreos. Cuando llegó al Everton y al Arsenal, ya dominaba todos los códigos de las islas, sin haber perdido los de su origen. No había podido ser Guardiola, tampoco Xabi Alonso, al que se planteó sustituir sin éxito en su año de regreso a la Real Sociedad, ni Cesc Fàbregas, leyenda en Highbury como en el Emirates. Pero había logrado reunir en su diario los secretos de todos ellos.
Parte de esas anotaciones trasladó a los lectores de EL MUNDO durante dos años, mientras jugaba en el Everton, bajo el epígrafe de Corresponsal en la Premier. No era un futbolista en una burbuja, sino alguien con una tremenda curiosidad por todo lo que pasaba a su alrededor. «Siempre he sido un poco guindilla», admite. Jugaba en la Premier y vivía Inglaterra, donde acabó por formar su familia junto a la ex Miss España Lorena Bernal. Escribía, montaba negocios y llegó a apoderar hasta a un joven novillero de Chiclana de la Frontera, Jesús Vela, junto a Gabi Heinze, por petición de Lorenzo Buenaventura, un mago del sur en la preparación física y la fisioterapia. Para muchos, incluido Areta, un oráculo.
Arteta celebra un gol con el Everton.GETTY
Penaltis y comidas
Entonces estaba en uno de los epicentros de la Premier, ya que a Liverpool llegaron Rafa Benítez, Pepe Reina, Xabi Alonso y Fernando Torres para relanzar a su gran rival. De nuevo, los reencuentros. Reina había sido su compañero de litera en la Masía, del que todavía no ha podido olvidar sus ronquidos. Durante el tiempo compartido en Liverpool, se jugaron más de una comida en tandas de penaltis, aunque nunca le lanzó uno en partido oficial.
Con Xabi Alonso había jugado en el Antiguoko, club de San Sebastián en el que también coincidió con Andoni Iraola, que antes de irse al Athletic de Bilbao apura sus últimos días al frente del Bournemmouth, ante el que recientemente Arteta sufrió una derrota clave en el Emirates (1-2) que apretó la lucha por la Premier, después de haber tenido una amplia ventaja.
Primera Premier en 22 años
La caída en el Etihad (2-1) frente al City de Guardiola igualó el pulso, siempre que los citizens ganen su partido aplazado. Antes del duelo con el Atlético, el miércoles, el Arsenal mantuvo sus constantes vitales ante el Newcastle (1-0), lo mismo que hicieron los de Guardiola, seguramente en su último año antes de tomarse un tiempo sabático para dirigir a una selección. Quiere hacerlo con su séptima Premier y Arteta quiere ganar la primera en 22 años para el Arsenal.
Ambos se conocen hasta los huesos, saben sus secretos. Simeone estudia al detalle a Arteta, después de caer por 4-0 ya este año en la liguilla. No parece, hoy, el mismo Arsenal, pero mejor no fiarse de este español errante que puede jugar a toda vela o emboscar a su equipo entre la niebla.
El Bayern vuelve a las semifinales de la Liga de Campeones, el halo de luz que puede iluminar una temporada aciaga. Se atrincheró ante un Arsenal que logró llevar la eliminatoria viva pero que fue incapaz de dañar al equipo de Tuchel. Apenas tuvieron oportunidad porque, como obreros de una siderurgia, los bávaros se arremangaron para que la eliminatoria no se escapara hasta que se agarraron al solitario gol de Kimmich.
Hubo demasiado respeto entre los dos equipos en el arranque del partido, como si el duelo en Londres hubiera dejado una profunda huella en ambos además de un empate que no daba ventaja a ninguno. Para el Bayern el 2-2 en el Emirates fue un aviso de que en un segundo se le puede escapar la única competición en la que sigue vivo. Para el Arsenal un recuerdo de que los errores se pagan caros y no siempre se pueden enmendar en el último instante.
Se tantearon y se protegieron, sin querer descubrir las cartas, pero los alemanes, jaleados, despertaron a los 20 minutos, justo cuando Musiala cogió el mando empezó a entrar en juego. Lanzó primero el ataque por la banda derecha para que Guerreiro y Mazraoui se plantaran en el área y el marroquí sacara un disparo cruzado que rozó en White para desviarse junto al poste de David Raya. Después fue él mismo quien probó con un disparo desde la frontal.
No se asustó el Arsenal. Buscaba Arteta que Jorginho mordiera los tobillos del alemán y logró incomodarle lo justo para que le costara lanzar al Bayern. Lo sufrió Harry Kane, desesperado y pasando de puntillas por el duelo, sin poder acercarse con peligro a la meta del Arsenal. Esa idea tenía un coste, y es que Havertz y Saka anduvieron tan perdidos como el goleador inglés.
La prioridad de los gunners era no equivocarse, manejar la pelota con ritmo mientras encontraba cómo acelerar para crecer. Encajado el primer golpe de los bávaros, Odegaard apareció para provocar que Neuer, a mano cambiada, salvara su disparo y para servir un centro a Martinelli que no logró empujar la pelota desde el punto de penalti. Era el aviso de que serían valientes y que la pelea por las semifinales estaba muy viva.
Se lo debió recordar Tuchel a sus jugadores en el vestuario. La Champions es la tabla de salvación a la que se agarran los alemanes, poco acostumbrados a cerrar las temporadas en blanco. La efervescencia con la que arrancaron la segunda parte tuvo pronto premio. Un testarazo de Goretzka se estrelló en la escuadra y el rechazo lo cazó Guerreiro y lo desvió al poste Saliba. Empezaba a engrasarse el Bayern y logró que apareciera Sané, se colara hasta la linea de fondo para colocar un centro pasado al segundo palo que recogió Guerreiro para pensar, colocarse y telegrafiar un centro perfecto que no dudó en rematar Kimmich en plancha.
El Bayern acababa de dar un pase de gigante en una eliminatoria incómoda que estaban logrando domar. Pudo sentenciarla Sané, pero envió a la grada el balón raso que le sirvió Guerreiro. No era capaz del Arsenal de crearles problemas, pero seguían expuestos a que un latigazo de los ingleses les llevara a una peligrosa prórroga.
Lo sabía Arteta y buscó a Trossard y a Gabriel Jesús para conectarse y asustar más. Contrarrestó Tuchel buscando piernas frescas con las que resistir lo que suponía que iba a ser el asedio gunner y encomendarse a rápidas transiciones que dibujaba Musiala.
Lo primero no ocurrió. El Arsenal no fue capaz de agitar el partido ni en la locura de los instantes finales. Tenían vida extra a un gol, pero la desesperación guiaba sus ataques. Tanto que desperdició una falta en la frontal en el tiempo añadido con la que Saka quiso sorprender. Murió el equipo de Arteta sacando de córner, incapaz de tumbar al Bayern.