Sólo existe en el mundo un equipo como el Real Madrid. Nadie es capaz de lograr el cielo de las semifinales, con serena paciencia, con el culo apostado en la raya de la portería. Resistir y resistir y en el subterfugio de los penaltis cargarse al que se creía que era el mejor del mundo.
Estoy feliz de que me haya equivocado en el pronóstico, porque a veces se me olvida el invencible Real Madrid en la Champions. Es como si quisieras atrapar a un mi
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La afición del Barça ni perdona ni olvida. Luis Figo puede atestiguarlo. De primerísima mano. El ex futbolista portugués, que protagonizó una sonada salida hacia el Real Madrid hace más de 25 años como baza ganadora en las primeras elecciones a la presidencia del club en que logró hacerse con el triunfo, escuchó una serie de exabruptos muy poco amables.
Para no entrar en detalles escabrosos, quizás bastará con señalar que los cánticos, a los que también tuvo que enfrentarse en su momento Cristiano Ronaldo, por ejemplo, hacían referencia tanto a su nacionalidad como a su progenitora. Con muy malos modos.
De nada importó que, horas antes del partido, Joan Laporta asegurara que esperaba que la grada le brindara al ex jugador luso un recibimiento diametralmente diferente. "Figo es miembro del Board de UEFA y para nosotros es absolutamente respetable. Ha sido jugador del Barça, recordamos las tarde y noches de gloria que nos dio, luego él tomó una decisión, pero la vida ha continuado y ha evolucionado. Será recibido con todo el respeto que corresponde", aseveró el presidente barcelonista antes de la protocolaria comida entre directivas.
Antes, el ex presidente Joan Gaspart, que vio precisamente como el ex punta tomaba el puente aéreo en los primeros compases de su etapa en la presidencia barcelonista, había expresado una opinión muy diferente en declaraciones recogidas por el programa Què t'hi jugues. "No saludaré a Figo en el palco", aseguró el que fuera también vicepresidente deportivo en la etapa de Josep Lluís Núñez al frente de la entidad azulgrana.
"Ha sido un partido bueno para ver dónde estamos. Nosotros somos un equipo top en Europa. Esta vez ganaron ellos, pero queda mucho todavía por jugar en la Champions. Aunque duele haber perdido, no es determinante", aseveró en Movistar Frenkie de Jong una vez acabado el partido.
"Creo que ellos estaban mejor en la fase final y la segunda parte en general. Empezamos mejor el partido. Ha sido un poco de tú a tú pero es cierto que en la segunda parte ellos estuvieron mejor que nosotros", abundó el holandés.
"Estamos fastidiados. Creo que la primera parte hemos estado bien, hemos tenido ocasiones y hemos controlado el juego. Cuando nos han metido el primer gol hemos bajado la presión y salían más fácil y, en la segunda parte, hemos ido a remolque y nos ha costado mucho. Teníamos el empate que servía de consuelo, pero al final nos han metido el segundo", reflexionó por su parte un Eric García que fue sustituido al final porque, según confesó, se le subía el gemelo.
"Se ha visto un partido excelente. Cuando ves jugar a dos equipos que no dan patadas, que juegan e intentan jugar y hacerse daño con el balón... Ha sido un encuentro muy completo. Ellos fueron superiores hasta, pero nos hemos recuperado y Nuno ha hecho una jugada increíble. En la segunda parte, mientras, creo que hemos sido superiores", explicó un Luis Enrique que, más tarde, en la sala de prensa, quiso agradecer el gesto del Barça de cederle las camisetas del partido para que sean subastadas en beneficio de la Fundación Xana, creada en memoria de su hija pequeña, fallecida en 2019 a los nueve años, a causa de una enfermedad.
El astuariano, en su intervención en la sala de prensa, señaló que ve al Barça como favorito para ganar la Champions "junto con algunos más que no pienso decir", seguramente en una referencia más o menos velada al Real Madrid. "La primera parte jugamos mucho mejor que en la segunda. Hemos concedido demasiado, porque estábamos cansados, pero lo cierto es que el PSG es un equipazo, tiene jugadores muy jóvenes y muy rápidos y han hecho un partido fantástico. No hemos jugado a nuestro mejor nivel y contra un rival así es necesario. Al final, ellos se han merecido la victoria", sentenció por su parte Hansi Flick al término del duelo.
«Nunca pensé que llegaría al fútbol francés». Sincero y directo. Así se presentó Luis Enrique en París en julio de 2023. Si alguien torció el gesto al escucharlo, hoy pensará por qué el PSG no le llamó antes. El asturiano ha conquistado París y ha hecho creer al club, a sus aficionados y a sus propios jugadores que, ahora sí, pueden ganar la primera Champions esta noche en Múnich ante el Inter.
«Desde el primer día la intención era hacer historia y estamos en condición de lograrlo», explicaba hace unos días el técnico, que sí sabe lo que es ganarla porque lo hizo con el Barça de Messi, Suárez y Neymar en 2015 ante la Juventus. Sin embargo, este proyecto es diferente a aquel en Barcelona y al que han impulsado durante una década los dueños del PSG, Qatar Sport Investiment (QSI), con Nasser Al-Khelaifi a la cabeza. Hoy, han aprendido que no se trata de acumular estrellas, sino de construir un equipo.
«Hemos tenido que ir gestionando perfiles de jugadores, que construir. Tenemos futbolistas de mucha calidad, de alto nivel, pero con mentalidad de equipo», confiesa el entrenador, que no duda en lanzar órdagos propios de su arrolladora personalidad, que puede generar tanta afinidad como rechazo: «Estamos preparados para todo».
Casi dos años después de encerrarse durante los primeros meses en la Poissy y sin saber ni una palabra de francés, el PSG refleja lo que buscaba Luis Enrique. «Tenía un plan clarísimo», cuentan quienes le rodean. Ha amoldado un entorno con muchas posibilidades económicas a su idea. Ha conseguido desde lo más sencillo, una grúa elevadora desde donde controlar los entrenamientos desde las alturas sin necesidad de andamio, al fichaje de futbolistas que, sin ser ya megaestrellas, apuntan a ello. Pero al ex seleccionador nacional no le vale sólo ganar, quiere sembrar. «Que se sientan atraídos por cómo jugamos no sólo los aficionados del PSG, sino cualquiera», advierte.
Sin el peso de Mbappé
En ese reconstrucción, el aparejador que se ha convertido en pieza clave es el director deportivo con el que llegó de la mano: Luis Campos. Cogieron las riendas no sólo para llevar al equipo a ganar dos ligas y la Copa de Francia, sino para reestructurar un vestuario que andaba descompensado. El peso de Mbappé lastraba, como reconoció sin tapujos en un documental el propio Luis Enrique: «El hecho de tener un jugador que se movía por dónde él quería, implica que hay situaciones del juego que no controlo. El año que viene las voy a controlar todas. Todas, sin excepción», aseguraba sin medir sus palabras.
La salida del delantero al Real Madrid ha permitido la transición de un grupo en el que ha integrado el fichaje de jugadores convertidos en esenciales en su once y que han arrastrado a los demás a la fe de Lucho. «Nos dijo que sin Kylian meteríamos más goles y creo que no se ha equivocado», reconocía Zaïre-Emery. Han sido 138 en todas las competiciones frente a los 120 de la pasada campaña, cuando Mbappé marcó 44. La estrella goleadora ha sido Dembélé, con 33 goles, despertado en el arranque de 2025, justo cuando lo hizo todo el grupo, porque el inicio de campaña no fue fácil.
El asturiano observa a sus jugadores en el Allianz.L. BRUNOAP
El equipo se bloqueó en efectividad y marcó uno de los peores datos de Europa, lejos de lo que se esperaba una plantilla como la del PSG. Derrotas en Champions que dolieron como ante el Atlético y el Liverpool, y un trabajo que consistió en «recuperar la confianza generando hábitos de juego».
A eso se sumó el factor generosidad de un grupo que se destapó como solidario. Luis Enrique había buscado en el mercado el talento en jugadores de menos de 25 años con tanta calidad como hambre. El portugués Joao Neves, la perla francesa Douré o el ecuatoriano William Pacho, por el que se arqueó la ceja en las gradas cuando se pagaron 40 millones por su llegada. Sin protagonismos excesivos, ensamblaron, y a ellos se sumó en enero la guinda: el georgiano Kvaratskhelia. En total una inversión de 220 millones pero con mucho crecimiento. «He visto esta temporada todo lo que quería mejorar. Me he maravillado», confesaba Luis Enrique hace unos días, con la mirada ya puesta en la final de esta noche.
La bandera de Xana
Quizá por eso a mitad de enero el asturiano se atrevió a verbalizar un sueño que va incluso un poco más allá de hacer historia en el fútbol francés. «Recuerdo una foto que tengo increíble con mi hija en la final de la Champions en Berlín, después de ganar, clavando una bandera del FC Barcelona al campo. Tengo el deseo de poder hacer lo mismo con el PSG. No estará mi hija, no estará físicamente, pero estará espiritualmente, y eso para mí es muy importante», contó el entrenador sobre Xana, de donde nace parte de su fuerza.
Contará con la ayuda de estos jugadores jóvenes a los que Luis Enrique ha inoculado o estimulado el gen ganador. Estarán sobre el césped cuando arranque el partido en el Allianz Arena y muchos lo harán por primera vez en sus carreras. En una final de Champions sólo tienen experiencia Lucas Hernández y Marquinhos. Los dos en la misma: en Lisboa en 2020. El francés la ganó con el Bayern y el brasileño, único superviviente que sigue en el PSG, la perdió abriendo una herida que no cicatrizado. Han sido semifinales en las que se ha tropezado una temporada tras otra pese a la inversión de más 2.000 millones en fichajes. La Champions es la desea y si Luis Enrique la consigue, conquistará París.