La semana de Dani Olmo acaba con un baile en el que Olmo sólo disfrutó de los últimos compases. El baile de un Barça que fue incapaz de seguir un Madrid lento y patoso, salvo por los primeros pasos del Mbappé verdadero, aunque pasos insuficientes para el ritmo coral de su rival. Ni siquiera la deseada coyuntura de adelantarse en el marcador para esperar y lanzarse a los espacios, pudo detener a un Barça que ganó a lo Barça y a lo Madrid, que fue
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ORFEO SUÁREZ
@OrfeoSuarez
Actualizado Lunes,
5
junio
2023
-
12:27Benzema celebrando un gol en la Champions League.PIERRE-PHILIPPE MARCOUAFPBenzema no se va a...
La explicación al apagón de Kylian Mbappé está en su mente. A esa conclusión llegan quienes están cerca del futbolista, también quienes le conocen y le observan, hoy, desde la lejanía. La regularidad y la presencia en el juego puede encontrar razones en el funcionamiento colectivo del Madrid, algo que debe anotarse en el debe de Carlo Ancelotti, pero los errores continuos en la toma de decisiones cuando se encuentra frente a frente con el portero, a solas, responden a un problema emocional de alguien sometido a un cóctel de presiones. En el punto de penalti estallan.
Presiones que empiezan por su desafío en el Madrid, un club que nada tiene que ver con el PSG. Mbappé mira a un lado y a otro, y observa a jugadores a los que las Champions se les caen de los bolsillos. La urgencia por alcanzar el trofeo se convirtió en obsesiva para su antiguo club y, por añadidura, para el futbolista: una unidad de destino perversa. La pasada temporada ya dejó ver a ese Mbappé hastiado y errático en su búsqueda. Le sucedía a Zidane, a pesar de llegar al Bernabéu ya como campeón del mundo, al igual que Mbappé, hasta que la volea de Glasgow fue como un exorcismo. También sus comienzos fueron difíciles.
Una llegada muy preparada
Mbappé preparó su desembarco en el Madrid al detalle, incluso con el aprendizaje del español, con cada gesto y hasta con el traje de su presentación, más cerca de Florentino Pérez que del estilo 'grunge' de sus compañeros. Ha querido agradar, pero en ese deseo ha dejado atrás un punto de rebeldía, parte de su ego. En su equipo lo ha encontrado en Vinicius, alguien que compite hacia afuera y hacia dentro, contra todos. Con sus virtudes y sus excesos, Vini llena el campo, lo revienta. Es el Mbappé de la final del Mundial, el que marcó tres goles, el segundo de penalti para empatar, y también lanzó con éxito el primero de la tanda ante Argentina. Cayó Francia pero emergió el astro. Este Mbappé es otro.
"Hemos de darle tiempo", dice Ancelotti, que insistió en que el francés lanzara el penalti ante el segundo penalti ante el Getafe, después de rechazar el primero tras su error, capital, en Anfield. El VAR lo impidió. En San Mamés, volvió a fallar. Como ante el Liverpool, no era un penalti cualquiera, sino el que servía para empatar. Por ello el italiano lo pedía desde la banda ante el Getafe, era un lanzamiento con menos presión, para romper el bucle negativo en el que está el jugador.
Ayuda psicológica
Si Mbappé ha buscado ayuda psicológica o debe hacerlo es algo que el Madrid deja a su criterio. Es una norma no escrita en el primer equipo, que no tiene un psicólogo adscrito como otros clubes de la Liga.
Los problemas de Mbappé, sin embargo, no sólo están en el Madrid. El divorcio con su país, ejemplificado en la última no convocatoria de Didier Deschamps, son otro frente. El jugador hizo todo lo posible para ser nombrado capitán cuando parte del vestuario y de la opinión consideraban que debía ser para Antoine Griezmann. Si la repentina renuncia del atlético a la selección, una vez comenzada la Liga de Naciones, responde o no a ello es una incógnita. Pero el hecho de no acudir a la convocatoria anterior por estar lesionado, volver a jugar poco antes con el Madrid y acudir a Suecia en un viaje personal hicieron que las críticas se dispararan. El día que Francia jugaba su partido, además, estaba en un local de ocio. El hecho abrió una crisis en el vestuario de Francia y dañó su credibilidad en el país, ya minada por los canales que controla Nasser Al-Khelaifi, presidente del PSG, tras su cruenta salida del club parisino.
Mbappé no quiere ser un caso Benzema, no pretende romper, sino liderar a su país y al Madrid, dos vértices sobre los que construir su figura. Necesita a las dos, necesita la Champions y el Mundial como plateas.
Una violación en su hotel
En Suecia, además, se produjo un hecho escabroso, al llegar a la policía una denuncia por violación en el hotel donde se encontraba el futbolista, que viajó a Estocolmo acompañado de algunos familiares y amigos, como el jugador Nurdi Mukiele. Determinados medios locales vincularon esa denuncia con la presencia del jugador del Madrid, aunque desde su entorno, en Francia, se trasladó que Mbappé habría mantenido relaciones consentidas con una mujer. Las investigaciones por la denuncia continúan.
El Madrid sigue con inquietud su evolución. La colosal apuesta de Florentino Pérez por el jugador recomienda precaución, la misma que tiene Ancelotti cuando dice que "seguramente no está a su mejor nivel". El público del Bernabéu le aplaude hasta en el fallo, consciente de que dentro de ese jugador dubitativo está el verdadero Mbappé. Necesita un estallido que rompa el estallido. Como Zidane.
Cuando corren, tampoco. Es la conclusión fácil para abrir la base del cadalso sobre el que han situado a Xabi Alonso, con la soga anudada al cuello. La conclusión tiene una trampa, y es que no es lo mismo correr contra el Celta que contra el City. Un Madrid atónico, lento y errático frente a un Madrid intenso, presionante, veloz y sufriente. Un Madrid de jugadores dimitidos en una derrota sin perdón contra un Madrid de futbolistas entregados en una caída con honra ante un grande de Europa. La pregunta es cuál de los dos pertenece a su entrenador y cuál a la idiosincrasia desnuda que anida, como una musa, en el Bernabéu. En la respuesta está la solución: Xabi Alonso, si; Xabi Alonso, no. Ese es el dilema. [Narración y estadísticas (1-2)]
A Florentino Pérez le toca resolverlo, pero hacerlo de verdad, en una u otra dirección, no con la indefinición que sucedió al numerito de Vinicius en el clásico. Que Xabi Alonso es un buen entrenador lo dice el mercado, su brillante pasado reciente en Alemania. Que Xabi Alonso es o no un entrenador idóneo para el Madrid lo tienen que decir los resultados, hasta ahora irregulares, pero en el top-8 de la Champions y a cuatro puntos del líder en la Liga. Jamás podrá serlo, sin embargo, sin la autoridad debida, algo que no siempre ha sentido bajo un fuego que puede ser tan peligroso como el fuego del City. Es el fuego amigo.
La entrega de los futbolistas desde la salida del vestuario tampoco es la más indicativa de si están a full con su entrenador, porque la Champions invoca siempre algo especial en el Bernabéu, algo que trasciende las batallitas familiares, incluso las cuentas pendientes, en una atmósfera de eucaristía colectiva. Rodrygo las tiene, con el técnico y consigo mismo, pero apareció como si hubiera soltado todo el lastre, camino de su primer gol en nueve meses. Pasó del ostracismo a ser lo mejor del Madrid, frente a un Vinicius desenfocado y un Mbappé quebrado en el banco. Después del tanto se abrazó a Xabi Alonso en la banda. O el brasileño es un actor de primera o se trata de un gesto difícil de entender en un contexto de guerra soterrada contra el entrenador.
Sobrehumano Courtois
Rodrygo concluyó una contra sacada del álbum de fotos del Madrid, un prodigio en el que intervinieron la presión, la velocidad y la precisión. Carreras robó a Bernardo Silva, Gonzalo fue el vértice en la transición y Rodrygo cruzó lejos de la envergadura del gigante Donnarumma.
Era el arranque que siempre se espera del Madrid, a fuego, pero de un Madrid mermado, globalmente en defensa y especialmente por la ausencia de Mbappé, el mástil del equipo en este arranque de temporada. Al Madrid, al menos, le quedaba la quilla. Courtois volvió a sostener a los suyos, con intervenciones sobrehumanas, como una doble parada ante Haaland y Cherki, cuando llegó la ola del City, contemplativo y pasivo primero, pero persistente y profundo después, con Doku como un cuchillo en su izquierda. El fútbol de los ingleses es como un caldo, empieza a fuego lento, a veces demasiado lento, más de lo que le gustaría a Guardiola. Sólo había que ver cómo gesticulaba en la primera parte.
Ese City sin profundidad, en cambio, consiguió equilibrar el partido en una acción que señala al trabajo de Xabi Alonso y a la plaga de lesiones en la defensa, a la que se ha unido la del mejor en la zona, Militao. Mal defendido el balón parado, Gvardiol cabeceó y O'Reilly remató desde la salita de estar de Courtois sin que el portero tuviera visión. Cuando el Madrid necesitaba el descanso, Rüdiger agarró a Haaland con disimulo, pero no hay disimulo posible en el VAR, que nada más empezar sacó un penalti a Vinicius fuera del área. En ambas acertó.
Rodygo, ante Bernardo Silva, el miércoles en el Bernabéu.AFP
Ser objeto de la pena máxima y acertar en el lanzamiento fue toda la contribución del ogro noruego, suficiente para cualquier delantero, pero escasa para lo que se espera de un personaje de su talla. Con mucho tiempo por delante, Guardiola lo sustituyó, al refrescar todo su ataque, puesto que también se marcharon Foden y Cherki.
Xabi Alonso lo hizo por necesidad en una segunda parte de riesgos, no había otra. Si en el once había prescindido de Güler en favor de Ceballos, llamó entonces al turco, como también a Brahim o hasta Endrick, que estaba en el último estante del armario para el tolosarra. Suya fue la mejor ocasión del partido, salvo el gol de Rodrygo, en un remate al larguero.
Cambios que llevaban el mensaje de la carga ante un equipo al que el Madrid no podía dominar, ni al principio ni al final, porque no tiene la madurez colectiva ni el juego necesario. El primero que lo sabe es Xabi Alonso, por eso decidió esperar y salir a la contra en el primer tiempo hasta que la desventaja le hizo descoserse a la desesperada ante un City que jamás se exprimió. A la desesperada espera, hoy, decisiones para saber si, como dice Guardiola, puede mear en el Madrid con la suya.