Dicen que el fútbol es un juego de errores. En apenas 15 minutos no cabían más en la libreta del Tottenham y, la mayoría, con el mismo protagonista. Tudor decidió apostar en la portería por Kinsky, un joven de 22 años, al que le pudo el miedo escénico. Un mal saque costó el primer tanto, una patada al aire en el tercero y, en medio, un resbalón de Van de Ven había puesto el segundo. No aguantó más el técnico croata y lo cambió en el minuto 16. Ya Vicario recibió el cuarto en un cabezazo de Le Normand después de repeler fuego amigo y también el quinto en una carrera monumental de Julián. De poco valen los goles de Porro y Solanke, el segundo tras un favor de Oblak, los cuartos están ahí. No hay partido a partido que valga. [Narración y estadísticas, 5-2]
Resulta increíble que se vean esos fallos en el fútbol profesional. No parecen propios no sólo de jugadores de Primera División, tampoco de amateurs. Se puede decir que el estado del campo no era el mejor, ya lo habían avisado en una multitud de ocasiones los jugadores del Atlético, y tampoco la abundante lluvia ayudó al césped. Se vieron muchos resbalones, más del lado británico y el Atlético los castigó sin piedad. No sólo con los goles, también con la intención.
El equipo de Simeone se tiró a por el Tottenham al verlo en el suelo, como si fuera un combate de MMA. Un luchador noqueado no puede responder y hay que recordar que quedan 90 minutos en Londres. Las ocasiones en la primera media hora fueron casi exclusivas del bando rojiblanco. No sólo los goles. De Llorente, tras el resbalón, de Griezmann, tras otro traspié de Van de Ven, de Julián, después de la patada al aire y de Le Normand, a la salida de una falta. Las ocasiones, como la del francés que no conectó con el balón cuando le encontró Ruggeri con un pase atrás o la de Lookman, después de un gran pase de Julián en profundidad, pudieron poner un marcador aún más sonrojante.
Sin embargo, en el primer tiempo el equipo inglés encontró un gol que le dio cierto aire. Fue en una contra muy bien conducida por Richarlison que finalizó Pedro Porro. Aún hubo tiempo de amenazar otra vez la meta de Oblak con un saque de esquina. El Cuti Romero, objeto de deseo del Cholo, la estrelló en el palo. Habría sido muy injusto el fútbol con los méritos y deméritos de uno y otro, pero a veces esas cosas ocurren.
Lo cierto es que el balón parado era monopolio británico. Las torres inglesas amenazaban en cada córner, falta cercana y hasta lejana aprovechando su superioridad física. Hancko y Pubill son altos, pero estaban superados en número en las acometidas inglesas. La primera del segundo tiempo obligó a Oblak a realizar un auténtico paradón a Richarlison.
De aquellos barros, esos lodos con Griezmann transformándolos en arcilla. Las manos de Oblak encontraron al francés para poner a Julián en carrera. El argentino, si venía falto de confianza, no lo mostró en los 40 metros que tuvo de carrera para encarar a Vicario. Al hacerlo, demostró la calidad y la sangre fría que le trajeron al Atlético para ponerla en el palo contrario del italiano.
No le salía nada a los ingleses mientras que el viento soplaba muy a favor de los rojiblancos, que sabían que el set era cuestión de tiempo. Los británicos seguían intentado apretar arriba con más fe que cabeza y los colchoneros, contentos a la contra, esperaban los fallos de la defensa rival. Igualmente, que el partido quedara 5-1 era justicia poética y venganza histórica con el Tottenham, aunque la victoria por ese tanteo en el año 1963 diera a los británicos una Recopa de Europa.
Solidaridad entre guardametas
Pero no se pudo celebrar ese marcador porque Oblak no quiso. Regaló el balón a Solanke en un intento de sacar la pelota jugada y dio algo de aire a un conjunto británco que ya tenía el gesto torcido. Solidaridad entre guardametas se le podría llamar. Era un atisbo de esperanza para el Tottenham que ya hacía casi las maletas pese a que aún quedaba la vuelta y en su estadio. Buscó acercarse aún más, pero el equipo murió en la orilla.
Durmió el Atlético el partido en los últimos diez minutos porque el botín ya estaba en la buchaca. Se podría agrandar, claro, pero la avaricia no ha sido nunca una característica del Cholo, precisamente. De hecho el argentino fue quitando pólvora del campo para intentar guardar fuerzas no sólo para LaLiga, en la que tiene a un respondón Getafe este sábado, también para lo que queda de primavera con un título en juego y unos cuartos que quien sabe su tocará repetir visita a la ciudad Condal o volver de nuevo a Inglaterra. Tendrá la Premier un ritmo superior a LaLiga, pero el fútbol se juega con pie, con la cabeza y cometiendo menos errores que el rival. Ni adrede los futbolistas del Atlético podrían haber igualado los que hizo el Tottenham. Para la postdata hay que dejar el partido de Griezmann, un clínic, otro más. La gente se pregunta si se irá a Estados Unidos, para qué si en el Metropolitano es capitán general.








