El último reto emocional de Van der Poel: ganar el Tour de Flandes justo 40 años después de la íncreíble hazaña de su padre

El último reto emocional de Van der Poel: ganar el Tour de Flandes justo 40 años después de la íncreíble hazaña de su padre

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Con 10 años recolectó fresas y judías para comprarse su primera bicicleta. El barro, la arena y los adoquines moldearon al neerlandés Adrie van der Poel (Bergen op Zoom, 1959) para convertirse en un ciclista total. Profesional durante dos décadas, campeón de ruta y ciclocross, entrenador, director, organizador, conductor, auxiliar, mecánico... Es el padre de Mathieu, el fenómeno que se pelea con Tadej Pogacar en esta frenética primavera.

Para saber más

Adrie fue uno de los clasicómanos de referencia de la década de los 80. Vencedor del Tour de Flandes, la Ronde van Vlaanderen, el Monumento de los brutales muros de pavés. Ganó la edición de 1986, y ahora su hijo, 40 años después, pretende rendirle tributo cabalístico con una victoria. Es la recompensa a tanto esfuerzo y dedicación. Él fue quien le llevó por primera vez a una carrera, cuando sólo tenía seis años. Fue su entrenador hasta los 24 años, el que le moldeó para imponerse tres veces en Flandes (2020, 2022 y 2024). Este domingo, Mathieu espera frenar a Pogacar, que busca su tercera victoria consecutiva.

La edición del Tour de Flandes conquistada por Adrie van der Poel (6 de abril de 1986) fue terrible. Un suplicio de 275 kilómetros, con frío y viento, que duró mas de siete horas y 10 minutos. De los 200 valientes que tomaron la salida en Sint-Niklaas, sólo 40 llegaron a la meta de Meerbeke. Las rampas empedradas de Oude Kwaremont, Eikenberg, Koppenberg, Brendries y Kapelmuur destrozaron el pelotón. A falta de 30 kilómetros para la meta, después de una ofensiva inútil de Greg Lemond, se marcharon el belga Eddy Planckaert y el canadiense Steve Bauer. Contra pronóstico, el rodador del Panasonic desfalleció y el norteamericano se quedo solo en cabeza.

A ocho kilómetros de la llegada, ya en el tramo llano y sin pavés, saltaron del pelotón el irlandés Sean Kelly y el belga Jean-Philippe Vandenbrande. Poco después se unió a ellos Van der Poel. El trío neutralizó a Bauer y el cuarteto avanzó impulsado por la potencia de Kelly, que destacaba por el luminoso color amarillo del maillot del Kas.

Mathieu van der Poel, ganador el pasado lunes en la E3 Saxo Classic.

Mathieu van der Poel, ganador el pasado lunes en la E3 Saxo Classic.EFE

Sean Kelly era el gran favorito, dos semanas atrás se había impuesto en la Milán-San Remo. El irlandés y el generoso Vandenbrande hicieron todo el trabajo. Van der Poel viajó a cola de grupo, sin dar un relevo, reservando energías. Por detrás apretaba un grupo de lobos, con Claude Criquelion, Van Holen, Hennie Kuiper, Yvon Madiot, Bruno Leali, De Wolf y Eric Vanderaerden, a menos de un minuto. Los cuatro fugados consiguieron mantener la renta y se presentaron en la recta final con un margen de 30 segundos. Kelly no abandonaba la punta de lanza. A falta de 400 metros, Van der Poel se colocó a la estela del poderoso irlandés, que sprintó pegado a las vallas, por la derecha de la calzada. A falta de 100 metros, Van der Poel le superó por la izquierda y le batió ante el asombro de todos.

El neerlandés, que el año anterior se había impuesto en Clásica de San Sebastián y en la Flecha Brabanzona, se exhibió en su prueba predilecta, la que siempre soñó ganar cuando se compró aquella bici recogiendo los frutos del campo. Fue el triunfo de la inteligencia táctica. «No era el más fuerte en las subidas, así que esperé mi momento. Sabía que si llegábamos en un grupo pequeño, podía ganar al sprint. Los favoritos se vigilaban demasiado, y eso me dio mi oportunidad», explicó el hijo del granjero.

La conquista de la Ronde van Vlaanderen sirvió como rampa de lanzamiento de una sobresaliente carrera como sprinter y rodador, con medio centenar de triunfos en sus 20 años como profesional, desde 1981 hasta el 2000. Tras vencer en Flandes, en enero de 1987 conoció a Corinne, la hija de Raymond Poulidor, en una discoteca de Martinica. Poco después se casaría con ella y tendría dos hijos, David (nacido en junio de 1992) y Mathieu (junio 1995).

En Flandes fue tercero en 1988 y en ese mismo año se anotó su segundo Monumento, la Lieja-Bastoña-Lieja. Fue primero en la Amstel-Gold Race de 1990, en la París-Tours de 1987 y en el Campeonato de ruta de su país de 1987. Ganó etapas en el Tour de Francia (dos, fue líder en la cuarta etapa de 1984), París-Niza, Tirreno-Adriático, Dauphiné o Vuelta a Andalucía. En 1996, con 37 años, ya siendo yerno y padre de corredores, se anotó el Campeonato del mundo de ciclocross. El ciclista absoluto al que ahora su hijo quiere homenajear y cerrar el círculo en el lugar donde comenzó todo hace 40 años.

Milán-San Remo: la obsesión de Pogacar que 'resucitó' a Merckx hace 50 años y encumbró a Coppi con una epopeya irrepetible

Milán-San Remo: la obsesión de Pogacar que ‘resucitó’ a Merckx hace 50 años y encumbró a Coppi con una epopeya irrepetible

La gran obsesión del nuevo prodigio del ciclismo es la Milán-San Remo. La Classicissima frustra a Tadej Pogacar. Dos veces ha sido tercero y este sábado persigue terminar con la maldición, para ello se ha preparado como nunca con entrenamientos grupales, tras moto e individuales en las cotas de Poggio y Cipressa. Unas subidas en las que imprimirá un ritmo diabólico para desprenderse, tras completar un recorrido de 298 kilómetros, de los velocistas y presentarse en solitario en la meta de Via Roma.

Esa estrategia de eliminación la ha desarrollado en las dos últimas ediciones, pero fracasó ante la resistencia de Mathieu van der Poel -el fenómeno neerlandés persigue su tercera victoria-, Filippo Ganna, Jasper Philipsen y Michael Mattheus.

Pogacar se ha obcecado con el primer Monumento de la temporada, destinado al lucimiento de sprinters y rodadores. Un escalador de tronío quiere demostrar que es capaz de imponerse en terreno hostil y para ello ha trabajado tozudamente. Tiene memorizado cada curva, bordillo, bache y pendiente del Poggio y Cipressa, a 22 kilómetos de la llegada. Algunos de sus rivales creen que podría ataca en Capo Berta, un ascensión a falta de 40 kilómetros. Una temeridad. .

Milán-San Remo y París-Roubaix (más adecuada a sus características) son los únicos Monumentos que faltan en su espléndido palmarés. El esloveno suma dos Tour de Flandes, tres Lieja-Bastoña-Lieja y cinco Giros de Lombardía.

La cita que obsesiona a Pogacar marcó el destino de Eddy Merckx (espejo en el que se mira) y de Fausto Coppi.

Eddy Merckx, ganador de la Milán-San Remo de 1976.

Eddy Merckx, ganador de la Milán-San Remo de 1976.EM

El belga (el sprinter que mejor ascendía y el escalador más veloz) se anotó la Milán-San Remo en siete de las 10 ocasiones en las que participó. Récord absoluto de triunfos. Ganó en las ediciones de 1966, 1967, 1969, 1971, 1972, 1975 y 1976. La última, hace justo 50 años, fue inolvidable para El Caníbal. Se presentó a la salida con la intención de ratificar que su ciclo no estaba finiquitado. En el Tour de 1975 había fracasado en su objetivo de sumar la sexta victoria. Claudicó ante el francés Bernard Thévenet en una ronda en la que se cayó y sufrió la agresión de un espectador.

Esta semana, en la Gazzeta dello Sport, recordaba su postrero éxito en San Remo. «Entonces quise demostrar que no estaba acabado. Desde luego, mucha gente no esperaba mi triunfo. Lamenté que muchos periódicos escribieran: 'Merckx está acabado. Merckx ya no existe'. Demostré que aún no estaba muerto, a pesar de los problemas físicos que sufrí tras el accidente y las fracturas del Tour de 1975». Aquel 19 de marzo fue la última vez que ganó una clásica. Se retiró en 1978.

La Milán-San Remo nació el 14 de abril de 1907, con 290 kilómetros de recorrido. Sólo terminaron 14 de los 62 inscritos. Venció el francés Lucien Petit-Breton en una jornada infernal de frío y lluvia. La edición más cruel fue la 1910: sólo llegaron a la meta siete corredores, adheridros por el frío y la nieve, luego tres de ellos fueron descalificados por hacer trampas. Ganó el francés Eugène Christophe.

Coppi, vencedor de la Milán-San Remo de 1949.

Coppi, vencedor de la Milán-San Remo de 1949.GETTY

La gran gesta la firmó Fausto Coppi en 1946, la primera carrera tras el paréntesis provocado por la Segunda Guerra Mundial. En una Italia deprimida por la contienda bélica, el ciclismo suponía un nexo de unión y rearme moral. Coppi, junto a otros cuatro corredores, atacó a 200 kilómetros de meta. A Falta de 147 km se quedó sin compañía. Durante cuatro horas pedaleó en solitario y se presentó en la meta con 14 minutos de ventaja sobre el segundo. Aquella heroicidad de Il Campionissimo impulsó la reconstrucción anímica del país.

La Milán-San Remo, una clásica de epopeyas que obsesiona a Pogacar, coleccionista inagotable de hazañas.

Aular, el samurái latino del Giro de Italia que comenzó con una bici de retales

Aular, el samurái latino del Giro de Italia que comenzó con una bici de retales

El nuevo estandarte del Movistar es un venezolano que abandonó el fútbol y el béisbol por una bicicleta de retales. Orluis Aular (Nigua, 1996) dejó de divertirse con el balón y el bate cuando un primo suyo le regaló el marco de una bicicleta y su padre, poco a poco, fue comprando el resto de piezas: pedales, ruedas, cambios... A los 14 años se propuso emular el camino de José Rujano, el ídolo local, que en 2008 también fichó por la formación dirigida por Eusebio Unzué.

A sus 28 años, Aular ha encontrado el hueco en el ciclismo que tanto ha buscado desde que dejó su país siendo un chaval. En este Giro de Italia ha proporcionado una notoriedad inesperada al Movistar. En seis etapas ha conseguido dos terceros puestos y un cuarto. Es un sprinter que sabe buscarse la vida en solitario. El jueves, en una etapa accidentada por una caída y que fue neutralizada durante 14 kilómetros, finalizó 15º. El australiano Kaden Groves ganó en la meta de Nápoles.

La revelación de la Corsa Rosa es un trotamundos. A los 20 años, se marchó de su país para abrirse camino en Europa. En 2017 aterrizó en España y se enroló en el Cartucho, grupo fundado por Jesús Rodríguez Magro. Luego fichó por dos equipos con licencia boliviana (Start-Vaxes y Start Team Gusto). En su periodo de formación también pasó por Bélgica, donde quedó atrapado por las clásicas. «Desde entonces me convencí que algún día correría por las colinas de Flandes. Sueño con ganar una etapa en el Tour, vencer en una clásica flamenca y subir al podio de la Milán-San Remo», dijo a Sporza. [Este año terminó 36º en el Tour de Flandes y 28º en la prueba italiana].

En 2019, Orluis Aular, en un giro inesperado, se fue a Japón y fichó por el grupo profesional Matrix-Powertag, donde entabló amistad con Paco Mancebo, el abulense manchado por la Operación Puerto y que continúa compitiendo con 49 años. En la escuadra nipona mostró sus notables dotes como velocista, anotándose el Tour de Kumano y la Vuelta a Venezuela, más cinco etapas. Un año después, El samurái latino volvió a España para incorporarse al Caja Rural, donde inició su definitivo despegue internacional. «Sabía que debía aprovechar al máximo la oportunidad que se me brindó en Japón y que realizando una gran campaña podría llamar la atención de los equipos europeos», dijo tras unirse al equipo navarro, con el que sumó victorias en Vuelta al Alentejo, Clásica de Arrábida y en los campeonatos venezolanos de contrarreloj y ruta.

El yaracuyano sprinta con soltura y supera sin agobios la media montaña, como ratificó en la Vuelta a España 2023, con un segundo puesto en la etapa séptima, y el pasado curso con victorias en el Trofeo Joaquin Agostinho, Trofeo Matteotti y Tour de Limousin. Ahora, en el Giro, da lustre al Movistar.

La misteriosa crisis de Van Aert, entre la crítica y el infortunio: "No tengo nada que demostrar"

La misteriosa crisis de Van Aert, entre la crítica y el infortunio: “No tengo nada que demostrar”

"No tengo nada que demostrar", pronunció en la previa Wout van Aert, acorralado por las críticas, consciente de que demasiadas miradas se posan ya en su preocupante bajón de rendimiento. Volvía el belga a A través de Flandes, el eléctrico anticipo del Tour de Flandes, allí donde hace un año se dejó media temporada en una caída en la que se fracturó la clavícula y varias costillas. Y lo que parecía que era su regreso a la victoria acabó en otro drama con el que acrecentar las dudas.

Neilson Powless le arrebató el triunfo donde antaño era imbatible, en un sprint mano a mano en el que, para más inri, a Wout le acompañaban dos compañeros del Visma Lease a Bike. Un escarnio colectivo y otra punzada en lo personal para el que hace nada era considerado el corredor más completo del mundo. "Soy totalmente responsable. Fui demasiado egoísta. Quería tanto esta victoria, especialmente después de las críticas que he recibido y de la mala suerte que he tenido... Estaba pensando en mí mismo", se sinceró como nunca, para recibir de inmediato el apoyo público de compañeros y rivales, desde Demi Vollering a Tadej Pogacar.

Para saber más

Tras su irrepetible Tour 2022, Van Aert no es el mismo. Todo a su alrededor es sinónimo de infortunio. Ya ni siquiera aparece en las quinielas como favorito a las clásicas de primavera. Tanto para el domingo en el Tour de Flandes como para la París-Roubaix del siguiente están muy por delante Mathieu Van der Poel o el propio Pogacar.

Cuando Jonas Vingegaard conquistó su primer Tour no pudo más que rendirse a un gregario impagable. "Es el mejor ciclista del mundo, he tenido la suerte de que me ha ayudado a ganar", dijo de un Van Aert que se lo puso en bandeja -el golpe de gracia a Pogacar en Hautacam...- pero que, además, atacó a diario (a veces, de salida), se llevó el maillot verde, se enfundó varios días el amarillo, ganó tres etapas y en otras cuatro entró segundo.

Una salvajada que le proyectaba a un futuro en el que, por qué no, ser él mismo el que intentara ganar la Grande Boucle. Porque en la edición de 2021 ya había firmado algo 'imposible', vencer en todos los terrenos: en contrarreloj, en el sprint masivo de los Campos Elíseos y en alta montaña (tras coronar el Mont Ventoux).

Van Aert, con Benoot, Powless y Jorgenson en 'Dwars Door Vlaanderen'.

Van Aert, con Benoot, Powless y Jorgenson en 'Dwars Door Vlaanderen'.AFP

Ese mismo 2022 Van Aert había sido segundo en Flandes y tercero en Roubaix. Tras ganar la Milán-San Remo en 2020, que en su palmarés se acumularan Monumentos parecía un hecho inevitable. Pero, a día de hoy, apenas la Classicissima sigue luciendo. Van der Poel, su enemigo íntimo desde niño, desde el ciclocross que les formó, le ha borrado del mapa. Aquel pinchazo fatídico en el Infierno del Norte de 2023 pareció precipitar el mal fario. "Especialmente en Roubaix nunca he tenido suerte. Es una carrera en la que tienes que correr de forma perfecta, pero siempre me ha pasado algo o había alguien más fuerte. En esas carreras especialmente cada detalle puede ser decisivo. Ojalá algún día la suerte este de mi lado", se sinceraba en una entrevista con este periódico.

Desde febrero de 2024 no gana una carrera de un día (La Kuurne-Bruselas-Kuurne). Al percance en A través de Flandes se unió el gravísimo (en su rodilla se aprecian las consecuencias) del final de temporada en la Vuelta, camino de los Lagos de Covadonga, cuando ya sumaba tres victorias de etapa y recuperaba la sonrisa y el espectáculo.

Una lesión durísima de la que no parece haber vuelto como antaño. En 2025, donde volvió a alzar los brazos en dos pruebas de ciclocross (aunque en el Mundial volvió a perder ante Van der Poel), hasta el segundo puesto en la meta de Waregem su registro era muy pobre. No brilló ni en la Clásica de Jaén (39º) ni en la Vuelta al Algarve (Vingegaard le ganó en la crono). Tampoco en clásicas que antaño conquistó como la Omloop Nieuwsblad o la Kuurne. Tras ellas, se marchó a una larga concentración en el Teide, de la que sigue dejando dudas sobre su estado de forma. En la E3 Saxo Classic entró a casi tres minutos de Van der Poel y el miércoles un calambre en el sprint le hizo ceder ante Powless. ¿Es el final de una estrella o será capaz de volver a ser el Van Aert de antaño? En el pavé busca redención.

Van der Poel desencadena su furia en Harelbeke con otra escapada formidable

Van der Poel desencadena su furia en Harelbeke con otra escapada formidable

La Bestia desató su furia tras un ataque de Oier Lazkano y una caída de Wout van Aert. Mathieu van der Poel, en estado puro, fulminó a todos sus enemigos con una de esas cabalgadas formidables que sólo los privilegiados pueden culminar. El neerlandés se adjudicó este jueves la E3 Saxo Classic, la cita tradicionalmente conocida como Harelbeke, en la zona de Flandes, y que supone el gran aperitivo de las clásicas de los adoquines de primavera, con sus 207 kilómetros de recorrido y sus 17 cotas de pavés.

El campeón del mundo de fondo en carretera volvió a encandilar al público con una ofensiva de larga distancia. Al falta de 43 kilómetros para meta, en la entrada del emblemático tramo adoquinado de Paterberg, soltó a sus compañeros del grupo cabecero y se marchó ante la mirada impotente de sus adversarios.

Un ataque que se generó tras una maniobra valiente de Lazkano. El chaval del Movistar estuvo otra vez entre los mejores y a falta de 47 kilómetros intentó fugarse. Un desafío frustrado por la ambición del líder del Alpecin. La respuesta de MVDP coincidió con una acción desgraciada de Van Aert, que se cayó en el inicio de la rampa del Paterberg. El belga, con un leve raspón en el codo derecho, se levantó y, tras quedar descolgado, se lanzó a la caza.

Van Aert, enrabietado, aceleró en una persecución formidable, que le permitió acercase a 400 metros del maillot arcoíris. Pero su ejercicio se desinfló a falta de 10 kilómetros, cuando Van der Poel volvió a volar en los adoquines para imponerse en el primer duelo del año a Van Aert, su eterno rival desde la niñez en la carretera y en el barro del cliclocross. Desfondado, el belga terminó tercero, por detrás de su compatriota Jasper Stuyven.

VdP, que entró en la meta haciendo un saludo militar, se anotó el primer gran examen antes de afrontar el Tour de Flandes (31 de maro) y la París-Roubaix (7 de abril).

En el reino de Merckx

En el reino de Merckx

Actualizado Domingo, 10 marzo 2024 - 17:37

Desde los años 80, la aparición de un corredor superlativo remite indefectiblemente a Eddy Merckx, la unidad de medida, la tabla de equivalencias del ciclismo. En su grandeza intacta, en su inmunidad, Merckx no deja de suponer un freno, amén de un to

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