Alcaraz atemoriza a Paul como hicieron las leyendas y se clasifica para cuartos de final del Open de Australia

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En el culmen de la era esplendorosa del Big Three había un fenómeno que afectaba a la mayoría de sus rivales, si no a todos. Ante Roger Federer, Rafa Nadal o Novak Djokovic, no había manera. El resto saltaban derrotados a la pista, conscientes de su desventaja. Algunos tenistas que podían discutirles los partidos había perdido tantas veces ante ellos y de manera tan dolorosa que, ante una oportunidad de ganarles, temblaban, se encogían, reculaban. Ese mismo efecto provoca ya Carlos Alcaraz.

A sus 22 años hay adversarios que se entienden incapaces y saltan a la pista con el miedo en el cuerpo. Este domingo el estadounidense Tommy Paul pudo inquietar a Alcaraz, incluso llevarle al límite, y si perdió en tres sets por un rápido 7-6 (6), 6-4 y 7-5 fue porque en ningún momento pensó que podía hacer otra cosa. El partido fue más igualado que lo indica el marcador, pero Alcaraz alcanzó los cuartos de final del Open de Australia sin un rasguño.

Fue también mérito suyo, por supuesto, y de una nueva habilidad que también recuerda a las leyendas. Antes Alcaraz volaba durante la mayor parte de los partidos y, en algunos momentos, se relajaba y se metía en líos. Ahora, alcanzada la madurez, domina esos altibajos: es él quien decide cuándo embestir y cuándo esperar.

IZHAR KHANAFP

Este domingo ambas circunstancias, el temor de Paul y el control del número uno, convergieron en un primer set largo, tenso y decisivo: su desenlace fue el desenlace del encuentro. El estadounidense, de vuelta a su mejor nivel después de una lesión, tuvo hasta tres oportunidades para llevarse el set y entregó las tres. La primera fue obra de Alcaraz, que recuperó un ‘break’ temprano. Pero las dos siguientes fueron errores suyos. En el ‘tie-break’, Paul exageró su tenis duro y adquirió ventaja -se puso 5-4 y dos saques a su favor-, pero acabó deprimido entre fallos y doble faltas.

Fiabilidad con el saque

A partir de entonces, en el segundo y tercer set sólo quedaba esperar la arremetida de Alcaraz. Ante el número uno, muy seguro con su saque y su derecha, el yankee ya no volvió a tener ni una opción de rotura, menos de victoria. Todo estaba decidido.

"Estoy muy contento de haber ganado en tres sets. Tommy ha jugado a un gran nivel desde el principio y yo he tenido que trabajar para igualarle", analizaba el español que ahora se enfrentará al vencedor del duelo entre Alex De Miñaur y Aleksandr Bublik. En la entrevista post-partido, además, se felicitaba por su porcentaje de primeros servicios (70%), una de sus armas durante el encuentro: "Me sorprende hasta a mí, para ser sincero. Llevo mucho tiempo trabajando mi saque y ahora estoy apreciando los resultados"

La guerra civil que está a punto de explotar en el tenis: 1.000 millones, Arabia Saudí y la queja de Djokovic contra Alcaraz y Sinner

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El tenis tal y como lo conocemos podría desaparecer en los próximos años. O no. La única certeza es que entre las pistas y los despachos hay una guerra civil a punto de explotar. A un lado, el Open de Australia y muchísimos jugadores —más de 600—, aunque estrellas como Carlos Alcaraz y Jannik Sinner se hayan alejado de las trincheras. Al otro, los circuitos ATP y WTA y los otros tres Grand Slam: Roland Garros, Wimbledon y el US Open. Entre ambas partes ya hay demandas, multimillonarios dispuestos a intervenir e incertidumbre. Quizá desaparezca el sistema actual. Quizá no pase nada. Pero el precedente del golf y la herida abierta del LIV Golf espantan.

Para entender la situación hay que rebobinar seis años y centrar la mirada en un solo tenista, el más laureado de todos los tiempos: Novak Djokovic. En 2020, el serbio creó un nuevo sindicato de jugadores junto a Vasek Pospisil para reclamar lo que consideraba que era suyo: más dinero, más libertad comercial, menos partidos y menos imposiciones. "Nos merecemos tener más voz en las decisiones que se toman en los despachos", afirmaba entonces Djokovic, que respaldaba la fundación de la Professional Tennis Players Association (PTPA) con datos.

Pese a que los premios de los torneos aumentan cada año, los tenistas solo reciben el 17% de los ingresos que genera su deporte, un porcentaje minúsculo si se compara con el 50% que obtienen los jugadores de la NBA o el 70% que pueden llegar a cobrar los futbolistas. Además, los circuitos ATP y WTA apenas ofrecen espacio para la publicidad individual de cada jugador y, a cambio, les exigen cada vez más días de trabajo, especialmente tras la ampliación a dos semanas de los Masters 1000. "Es un calendario insostenible", argumentaba Djokovic, que pronto encontró apoyos.

Denuncias internacionales

En su primer año de vida, la PTPA afilió a centenares de socios, especialmente jugadores modestos, aunque también se sumaron nombres conocidos como Paula Badosa, Hubert Hurkacz, Ons Jabeur, Reilly Opelka o Pablo Carreño. Con Djokovic a la cabeza, la asociación hizo el ruido necesario, expuso sus propuestas y planteó una negociación a todos los dirigentes del tenis. Pero solo recibió silencio por respuesta. Durante varios años, ni la ATP, ni la WTA, ni los Grand Slam hicieron caso alguno a la PTPA y sus reivindicaciones se fueron apagando.

Hasta el año pasado. En marzo, la Professional Tennis Players Association, hasta entonces criticada por su falta de impacto, presentó por sorpresa varias demandas en Estados Unidos, la Unión Europea y el Reino Unido contra los órganos rectores del tenis por "prácticas anticompetitivas". "Los jugadores estamos atrapados en un juego amañado, con un control limitado sobre nuestras carreras y nuestras marcas, mientras sufrimos un flagrante desprecio por nuestro bienestar", proclamaba el sindicato, que iba incluso más allá al afirmar que los dirigentes de su deporte operaban "como un cartel". Aquello fue el inicio de un terremoto del que todavía se desconocen las consecuencias.

El papel del Big Two

A partir de ese momento, las dos partes empezaron a moverse con rapidez. La PTPA, apoyada económicamente por el billonario estadounidense Bill Ackman, se lanzó a buscar 1.000 millones de dólares entre bancos e inversores para crear un nuevo circuito unificado, el Pinnacle Tour, que debería mejorar el reparto de beneficios y explotar menos a los tenistas. Además, alcanzó un acuerdo con el Open de Australia para colaborar a cambio de retirar al torneo de la demanda. La ATP, la WTA y los otros tres Grand Slam, por su parte, cerraron filas y prometieron batalla mientras maniobraban en la sombra. Durante unos meses se barajó la posibilidad de que el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí interviniera en la revuelta a favor de los jugadores, pero la ATP consiguió su apoyo a cambio de otorgarle un nuevo Masters 1000 a partir de 2028.

Y ahora, ¿qué pasará? Nadie lo sabe. Los litigios jurídicos pueden durar años y, en teoría, antes deberían llegar los pactos. De momento, la PTPA parte en desventaja. Todavía no ha encontrado el dinero necesario para montar su propio circuito y sufre una notable división interna. La pasada semana, de hecho, Djokovic decidió desvincularse de la asociación por "la falta de liderazgo entre los tenistas", una crítica implícita a la falta de apoyo de Alcaraz o Sinner, que no quieren inmiscuirse. Pero si el sindicato encuentra la inversión que anhela y el Big Two decide dar un paso al frente, el tenis tal y como lo conocemos podría cambiar para siempre.

Djokovic se disculpa por el pelotazo que estuvo a punto de golpear a una recogepelotas: "Fui afortunado de seguir en pista"

Djokovic se disculpa por el pelotazo que estuvo a punto de golpear a una recogepelotas: “Fui afortunado de seguir en pista”

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Novak Djokovic ha pedido disculpas este sábado tras un incidente con un recogepelotas durante su partido ante el neerlandés Botic Van De Zandschulp en el Open de Australia, un encuentro en el que consiguió su victoria 400 en Grand Slam y aseguró su pase a octavos de final.

Durante el segundo set, el serbio golpeó la pelota con fuerza después de que su rival la hubiera mandado fuera y estuvo a punto de impactar en una de las recogepelotas de la red, algo que de haber que probablemente le habría costado la descalificación, como ya le ocurriera en el US Open de 2020.

"Me disculpo por eso, no era necesario. En el calor del momento... fui afortunado de seguir en pista y lo siento por causarle estrés al recogepelotas o a cualquiera", declaró el serbio en la rueda de prensa posterior al partido, en referencia a un pelotazo que estuvo cerca de impactar en el joven asistente de pista.

Más allá del episodio, Djokovic valoró positivamente su rendimiento en un duelo que describió como un "muy buen test". "Él estaba jugando agresivo y bien, y creo que me moví genial", afirmó. El campeón de 24 Grand Slams destacó que ha ganado ocho de nueve sets en el torneo y subrayó que se siente "tan bien como en mucho tiempo".

El serbio insistió en que no reserva energía para rondas posteriores. "Intento no pensar en gestionar energía para más adelante. Creo que es importante dar lo máximo cada día para ganar al rival de ese día", explicó.

Djokovic, de 38 años, también habló sobre la edad y su capacidad para seguir compitiendo al máximo nivel: "En un buen día, cuando me siento bien física y mentalmente, sigo creyendo que puedo desafiar y vencer a cualquiera", aseguró. "Si no creyera eso, no estaría aquí, eso es seguro".

Sobre su preparación, explicó que ha reducido la carga de entrenamientos entre partidos como parte de una estrategia para preservar energía. "Cada día evaluamos qué es lo mejor: entrenar duro o ahorrar energía. Entrené fuerte los últimos meses y ahora es más importante no estresar el cuerpo innecesariamente", comentó.

Djokovic avanzó así con confianza en Melbourne, donde busca prolongar su legado y demostrar que, pese al paso del tiempo, sigue siendo una referencia absoluta del tenis mundial. En cuarta ronda, se medirá al checo Jakub Mensik, 18 del ránking ATP.

Sinner sale vivo del fuego en el Open de Australia: mareos, calambres y una remontada al límite

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Durante su infancia en los Dolomitas Italianos, cuando ayudaba a sus padres en el Rifugio Fondovalle y perseguía un futuro como esquiador profesional, Jannik Sinner no podía imaginar que acabaría compitiendo a 40 grados bajo el sol radiante de Australia. Qué martirio. Otra vez, como ya le ocurrió el año pasado en los Masters 1000 de Cincinnati o Shanghai, el italiano sufrió los efectos de las altas temperaturas, pero este sábado se salvó de la retirada.

En la tercera ronda del Open de Australia, ante el estadounidense Eliot Spizzirri, estuvo mareado, acalambrado, derrotado y de milagro, sobre la bocina, le rescató el protocolo contra el calor del circuito ATP aprobado este año. Cuando peor se sentía, prácticamente sin poder andar, el nuevo baremo superó el máximo establecido -un 5 en una escala del 1 al 5- y Sinner revivió. Después de un descanso de 10 minutos y de que se cerrara el techo de la Rod Laver Arena ya era otro. Pese a que mantuvo problemas de movilidad hasta el final, remontó para ganar por 4-6, 6-3, 6-4 y 6-4 y clasificarse para octavos de final, donde se enfrentará a su compatriota Luciano Darderi.

DAVID GRAYAFP

Para conocer el camino de Sinner antes de cada Grand Slam más vale mirar la previsión meteorológica que el cuadro. El calor es su kriptonita y cuesta valorar su culpa. Sus orígenes son los que son, también su genética, pero su preparación para estas situaciones parece mejorable. En el segundo juego del partido -¡el segundo juego del partido!- ya estaba buscando las sombras, con ciertos problemas para moverse y visiblemente molesto.

"No podía ni moverme"

Durante el primer set fue un jugador que no es, un jugador mediocre. Todos los primeros saques iban fuera, todas las derechas, todos los reveses. Que Sinner cometa más de 30 errores no forzados en un periodo es algo realmente insólito. Pronto, además, llegaron los calambres y ya parecía eliminado. Al inicio del segundo set recibió un break en contra (1-3), se le paralizó una pierna y amagó con marcharse. "No sé qué hacer", le decía a su equipo, que le invitaba a seguir en pista.

Dita AlangkaraAP

El partido había empezado con una puntuación de calor de 4.8, al límite de la aplicación de la nueva norma de calor, así que en algún momento se superaría el 5. Ocurrió justo entonces. Y todo cambió para Sinner. "He sufrido hoy fisicamente. Por fortuna he podido aprovechar el tiempo que me ha dado la nueva regla del calor y he acabado contento con mi actuación después. Me han pasado muchas cosas por la cabeza. No podía ni moverme. Sé que es una area en la que tengo que mejorar", reconoció el italiano.

Así son los nuevos entrenamientos de Alcaraz, con más diálogo y más bromas: “Se nota que está más cómodo”

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En una de las pistas exteriores del Melbourne Park, Carlos Alcaraz entrena su saque cortado entre los gritos de los cientos de aficionados que le esperan detrás de las vallas y habla con su entrenador, ahora su único entrenador, Samu López. Antes de encarar el ejercicio, los dos hablan de la posición, de la altura de la pelota, de la velocidad. Alcaraz pregunta y propone; López contesta y aconseja. Hay un diálogo distendido, una conversación entre iguales. Después de unos minutos de diálogo, el tenista lanza a propósito su primer intento contra su mánager, Albert Molina, y su fisioterapeuta, Juanjo Moreno, que descansan a un lado debajo de una sombrilla. Todos se ríen y entonces sí, empiezan las repeticiones en serio.

La escena ejemplifica todo lo que ha cambiado alrededor de Alcaraz desde que decidió soltar la mano de su técnico de siempre, Juan Carlos Ferrero, y trabajar únicamente con López, que el año pasado era ayudante. Con el mismo equipo y la misma filosofía no ha habido una revolución, pero sí ha habido cambios. Después de vencer este viernes a Corentin Moutet por 6-2, 6-4 y 6-1 y de clasificarse para los octavos de final del Open de Australia, donde este domingo se enfrentará a Tommy Paul, el número uno disfruta de su nueva realidad.

«Se nota que está más cómodo. Ahora puede aportar más porque con Samu hay más diálogo», asegura a EL MUNDO durante una sesión un miembro del entorno de Alcaraz, y certifica así aquello visible. De la época con Ferrero a la actualidad con López hay dos diferencias esenciales y ambas encajan con el carácter del tenista.

Largas charlas, muchas risas

La primera es el tiempo dedicado a conversar. Antes Alcaraz recibía indicaciones específicas de Ferrero -«Haz dos derechas y una dejada»-, ejecutaba mientras el técnico observaba detrás, al fondo de la pista, y las correcciones llegaban al final. Ahora, en cambio, debate con López sobre los ejercicios a realizar y éste, constantemente a su lado, le hace indicaciones al momento. De alguna manera son dos metodologías pedagógicas: la antigua educación de clases magistrales y examen y el aprendizaje por proyectos.

Hollie AdamsMUNDO

La segunda diferencia está en el ambiente. Con Ferrero como director, el entrenamiento tenía que ser el entrenamiento. En los minutos finales de cada sesión permitía risas y juegos, como la petanca con la que apostaban en Wimbledon, pero antes exigía concentración. Con López el ambiente es más relajado. Alcaraz se divierte con bromas con los suyos e incluso cierta interacción con el público. Se suda, vaya si se suda, pero de otra manera.

El papel de su hermano Álvaro

«Mi equipo me conoce muy bien y saben qué necesito. Tenemos nuestros códigos. A veces me dicen una palabra y yo directamente sonrío», comentaba este viernes Alcaraz sobre su conexión con su grupo actual, que quedó en evidencia ante Moutet. Mientras el francés desplegaba su paleta de golpes creativos, especialmente su dejada, Alcaraz trataba de mantenerse firme, de negarle cualquier opción y de esprintar para devolver todas las bolas. Hasta 55 veces tuvo que subir a la red, una barbaridad. Al final del tercer set, el número uno se giró hacia su banquillo y les soltó: «Yo ya no corro más». Todos se descojonaban. A la jugada siguiente Moutet volvió a tirar una dejada y Alcaraz corrió, llegó y se llevó el punto. Las risas se hicieron aún más fuertes.

En ese palco estaba Samu López, Albert Molina, Juanjo Moreno y, por último, Álvaro Alcaraz, el hermano mayor del tenista, con su nuevo rol. Hasta este año, Álvaro sólo había ejercido de sparring y de coach, de apoyo emocional, pero ahora participa más de los entrenamientos. No ha habido nombramiento oficial, pero ejerce de segundo entrenador como lo hacía antes López. En la sesión previa al partido con Moutet, por ejemplo, Álvaro daba indicaciones a Adam Jones, el sparring británico que estos días está ayudando a Alcaraz, sobre cómo emular el tenis de Moutet e intentar sorprender al número uno. «Mi hermano va a coger más protagonismo. Sabe muchísimo de tenis y sus opiniones nos aportan muchísimo tanto a Samu como a mí», aseguraba este viernes Alcaraz ya en su nueva realidad.

Alcaraz embiste a Moutet en un duelo de artistas y ya está en octavos de final del Open de Australia

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¿De qué sirve una ovación? En la mayoría de escenarios, una estampida de aplausos lo es todo: el reconocimiento, el éxito. Pero en el tenis no es así. El tenis no es lugar para artistas; tan cruel resulta. Después de cada truco que asombra al público hay que ganar otro punto, y otro, y otro, y al final la magia queda enterrada por la derrota. En el tenis, una ovación no sirve para nada.

Corentin Moutet se presentó ante Carlos Alcaraz con su paleta de golpes de autor —sus dejadas, sus globos, sus liftados, sus tweeners, sus saques por abajo— y los aficionados se lo pasaron bien, vaya si se lo pasaron bien, pero el francés no tuvo opción. El marcador, que acabó reflejando un 6-2, 6-4 y 6-1 en dos horas y cinco minutos de juego, condenó su arte. A ratos, una tercera ronda del Open de Australia se convirtió en una exhibición y fue divertidísimo; ese será su consuelo. Si estaban durmiendo, miren los highlights, porque valdrán la pena.

DAVID GRAYAFP

Hubo múltiples intercambios para el espectáculo y los editores de los vídeos de las distintas televisiones tendrán donde elegir. El resto de puntos, eso sí, fueron dominados por Alcaraz. Su superioridad ante Moutet era tan evidente que podía escucharse; ni siquiera hacía falta abrir los ojos. Sus golpes sonaban como siempre, una detonación tras otra, mientras el francés emitía un ruido distinto, un murmullo. Si no inventaba, le faltaba fuerza. O, mejor dicho, inventaba porque le falta fuerza. De vez en cuando, Moutet soltaba su derecha desde el fondo de la pista y parecía peligroso, pero lo hacía tan pocas veces, era tan excepcional, que no suponía una amenaza real. El riesgo para Alcaraz estaba en la distensión.

Cuatro juegos consecutivos

El segundo set fue la evidencia. En los primeros 45 minutos de partido, todo estaba resuelto. Al número uno también le gusta entretener a los aficionados, pero su juego se basa en la potencia que el tenis actual exige y sus derechazos no encontraban respuesta al otro lado de la pista. Con 6-2 y 3-0 en el marcador, su clasificación para octavos de final era cuestión de tiempo. Pero entonces Moutet le tendió una trampa. Entre la tensión que genera un Grand Slam, en una pista multitudinaria como la Rod Laver, le invitó a bailar con golpes tan raros como un par de saques por abajo, y Alcaraz aceptó la oferta.

Entre el jolgorio del público, ambos empezaron a buscar el más difícil todavía. Y de repente, el español concedió cuatro juegos consecutivos, dos breaks en contra —del 3-0 al 3-4—, y tuvo que ponerse a trabajar de nuevo. Tampoco le costó recuperarse, pero tendrá que aprender de lo ocurrido. Hasta el final del partido podía divertirse, sí, pero lo más importante era la victoria. En la siguiente ronda le espera Tommy Paul, que no será tan ameno.

"No es fácil jugar contra alguien como Corentin, no sabes lo que vendrá. Lo bueno es que ha sido divertido para todos, habrá muchos 'highlights'", comentaba Alcaraz que bromeaba sobre la cantidad de dejadas que le había hecho Moutet. El francés le llevó a la red hasta 55 veces y, al final, aseguraba estar "exhausto": "Ha habido un momento en el que le he dicho a mi equipo que ya no me iba a correr más a las dejadas. Normalmente soy yo el que utiliza ese golpe, ahora veo lo que provoca".

Djokovic, el ‘antimito’ que aguanta en el Open de Australia: abrazos a un árbol y un doctor nuevo para “compensar lo perdido”

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«Es mi viejo amigo aquí en Melbourne. Siempre está ahí para sanar mis heridas y hacerme compañía. Tenemos una conexión preciosa, una amistad que ya dura más de 20 años», comentaba este jueves Novak Djokovic. Pero... ¿de quién hablaba?

La relación del serbio con el Open de Australia, que ha ganado 10 veces, es realmente extraña. Tiene muchos seguidores, pero no mueve masas. Tiene privilegios, pero sus partidos no suelen ser en su horario favorito —la noche—. Quizá su negativa a vacunarse contra el covid y el lío para entrar en el país en 2021 lo estropearon todo. O quizá ya venía de antes. En todo caso, era interesante saber quién le prometió fidelidad hace tanto tiempo en ese lugar, quién era ese «viejo amigo». Pero resultó que no era quién, sino qué.

Desde su primer Open de Australia, en 2005, Djokovic mantiene una tradición que cumple siempre: ir a abrazar a un árbol local antes de que empiece el torneo. Un árbol único para él. Siempre el mismo.

Décadas atrás, el serbio visitó el precioso Real Jardín Botánico de Melbourne, conectó de una forma especial con una de las decenas de higueras de Bahía Moretón que hay allí y decidió mostrarle su cariño. Desde entonces repite el rito cada año. Las higueras de Bahía Moretón son árboles enormes —en España hay ejemplares en Valencia, Alicante, Cartagena o Sevilla—, así que Djokovic va allí, abre los brazos al máximo y se queda un rato pegado a su corteza. Puede parecer extraño —y lo es—, pero a él le funciona.

En el camino de Sinner

De momento, este año el actual número cuatro del mundo ha aparecido en el mejor estado de forma posible a sus 38 años. Si en primera ronda venció al español Pedro Martínez por 6-3, 6-2 y 6-2, este jueves repitió resultado en segunda ronda ante Francesco Maestrelli, y le espera mañana Botic van deZandschulp. En su camino, hasta ahora despejado, podría encontrarse con Jakub Mensik, Lorenzo Musetti o TaylorFritz, pero vuelve a ser la gran amenaza para una nueva final entre Carlos Alcaraz y Jannik Sinner. Si alcanza una semifinal contra el italiano, cuidado.

«Tuve una larga pretemporada y pude trabajar en muchos aspectos. Ese es el objetivo. ¿De qué sirve seguir compitiendo si no intento mejorar cada temporada? Esa es mi mentalidad. Supongo que es lo que me permite seguir jugando a mi edad», valoraba el ganador de 24 Grand Slam, que a simple vista se muestra más fresco, más ligero y más rápido.

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La temporada pasada, Djokovic se dio cuenta de que no podía competir con el Big Two que domina el circuito. Su juego siempre se basó en la rapidez y la anticipación, y los años le estaban arrebatando ambas virtudes. Unas décimas de segundo menos eran una eternidad frente a Alcaraz o Sinner. «Ahora soy más lento que cuando dominaba el tenis; es normal, es biología», reconocía a principios de esta semana. Por eso decidió cambiar su preparación.

Su nueva ayuda

Contrató a un nuevo ayudante, el doctor en Fisiología Marc Kovacs, y se puso en sus manos. Durante un par de semanas en Atenas hizo exactamente lo que le indicó, aunque ninguno de los dos ha querido revelar en qué consistió el trabajo. Kovacs ha realizado investigaciones sobre la biomecánica del servicio, los sprints en pista y la resistencia en el tenis, así que pudieron trabajar en diversas áreas. «En este momento de mi carrera necesito compensar lo perdido, 'ocultar' mis debilidades y potenciar mis fortalezas para poder competir al máximo nivel con Alcaraz y Sinner», aseguró el serbio, que está a un paso de alcanzar las 400 victorias en Grand Slam, un récord histórico.

«¿Es esta la mejor oportunidad de Djokovic para ganar su Grand Slam número 25?», preguntaba este jueves ESPN a los aficionados presentes en el Melbourne Park, y la mayoría decía que sí, que no hay duda. La superficie y las condiciones son las que mejor le van, está sano y lleva varios meses de descanso en las piernas.

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«Entiendo que Sinner y Alcaraz están jugando a un nivel diferente en este momento que el resto. Eso es un hecho. Pero eso no significa que nadie más tenga una oportunidad. Tengo mis posibilidades en cualquier torneo, especialmente aquí. Cuando soy capaz de juntar todas las piezas del rompecabezas puedo vencer a cualquiera», intimidaba en la previa del torneo el número cuatro mundial, que esta vez no está acompañado de su familia, pilar esencial en sus éxitos. Es enero, sus hijos tienen colegio y ya no tienen edad para perderse dos semanas.

«Estoy eternamente agradecido al tenis por darme la oportunidad de vivir mi sueño. Espero que llegue a 25, pero quedarme en 24 tampoco estaría mal», finalizaba Djokovic.

Badosa pierde, cae a los infiernos del ranking y desnuda la crisis del tenis femenino español

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Y ahora, vuelta a empezar. Como ya le ocurrió hace dos años, Paula Badosa regresa a los infiernos del ranking WTA, esas posiciones peligrosas que te exponen a cualquier sorteo en los grandes torneos. ¿Aryna Sabalenka en primera ronda? Puede pasar. El próximo 2 de febrero aparecerá como la número 64 del mundo, con la necesidad de brillar en el WTA 1000 de Miami para frenar la caída. Todo, por culpa de una derrota inesperada en segunda ronda del Open de Australia ante la rusa Oksana Selekhmeteva, por un doble 6-4 en una hora y 39 minutos de juego. En Melbourne, donde el año pasado alcanzó las semifinales —su mejor resultado en un Grand Slam—, esta vez tocó decepción.

Desde el inicio del partido, a Badosa se la vio cabizbaja, quejicosa y, sobre todo, fallona. Selekhmeteva, número 101 del mundo, residente en Barcelona y pupila de la extenista Ana Alcaraz, le planteó un duelo parejo, de largos intercambios, y la española se estrelló una y otra vez contra la red. A los 15 minutos ya se lamentaba de sus equivocaciones en continua conversación con su equipo. Al final del partido había acumulado más del doble de errores no forzados (36) que de golpes ganadores (17).

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"Ella ha empezado muy bien; me ha sorprendido su nivel. Yo no estaba cómoda en pista, no estaba lo rápida que debería ni leyendo bien las jugadas. A nivel de tenis también me ha costado: el saque, el resto —cuando normalmente es algo en lo que soy bastante sólida—, y he cometido muchos errores, quizá demasiados no forzados (36). Creo que todo eso ha acabado marcando la diferencia", analizó Badosa, triste en rueda de prensa por la sorpresa.

De vuelta de su enésima lesión, en este Open de Australia no esperaba pelear por el título, pero sí se imaginaba en rondas posteriores. De haber vencido, en tercera ronda le habría esperado Jessica Pegula y, en octavos de final, Madison Keys; dos rivales ante las que podía perder. "Sinceramente, perder hoy no entraba en mis cálculos. No esperaba repetir lo del año pasado, pero tampoco este resultado. Soy una persona muy competitiva y siempre tengo expectativas altas. Tenía en la cabeza que quizá no iba a competir como antes de la lesión, pero no esperaba esto", reconoció.

Un fracaso

Su derrota expuso el mal momento del tenis femenino español, que se quedó sin representantes en tercera ronda del Open de Australia. Un hundimiento que no se producía desde el US Open de 2023, cuando una lesión suya coincidió con la retirada de Garbiñe Muguruza. Según los resultados que se den en Melbourne, el ranking WTA podría quedarse sin españolas entre las 50 mejores. Un drama.

"He estado en todas las situaciones posibles, por suerte o por desgracia. He estado fuera del top-100 —como cuando en el Mutua Madrid Open de hace un par de años tuve que empezar de cero— y también he empezado una temporada siendo top-10, como el año pasado. He pasado por todo y siempre he acabado saliendo adelante. Eso es lo bueno: como no es la primera vez, sé lo que hay. Me fastidia, sé que hay que pasar por momentos duros, pero también sé que puedo salir de ellos. Así que me preocupa... y a la vez no", se prometía Badosa, aún con margen para levantarse a sus 28 años.

Mensik acaba con el sueño de Jódar

Rafa Jódar lo intentó, pero no fue posible. En segunda ronda del Open de Australia, el joven de 19 años, la nueva promesa del tenis español, cayó ante Jakub Mensik por un claro 6-2, 6-4 y 6-4. Desde el inicio la fuerza de los golpes del checo, especialmente del saque, sobrepasó a Jódar, aunque igualmente aguantó. Ni una queja, ni una mala palabra. En el tercer set, de hecho, llegó a estar un break arriba e intentó alargar el duelo hasta el último punto. Tendrá más oportunidades. Muchas más.

Los dos detalles del nuevo saque de Alcaraz que tenían ‘derechos de autor’: “Simplemente salió así”

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«Yo también puedo ver similitudes, sí, sí», reconocía hace unos días Carlos Alcaraz, al tiempo que se defendía: «Pero no pensé en copiar a Novak [Djokovic], simplemente salió así».

Desde que llegó al circuito ATP, Alcaraz ha aprovechado cada pretemporada para perfeccionar su saque. Cuando celebró su primer Grand Slam en el US Open de 2022 se frenaba hasta dos veces antes de golpear; al año siguiente pasó a hacer únicamente una parada; y la temporada pasada adoptó un movimiento más fluido, sin pausas, muy directo. Fue un éxito. Más puntos ganados con el primer servicio -del 73% al 74%-, más aces por partido -de 3,9 a 4,8- y, más allá de los números, mayor confianza. En su triunfo en el último US Open sobre Jannik Sinner, por ejemplo, el saque fue su argumento más sólido.

Pero aun así, el pasado diciembre quiso introducir algún retoque de la mano de Samuel López. Los cambios de años anteriores le habían dado más potencia, pero también le habían restado fiabilidad. Cada vez tenía que recurrir más al segundo saque -el porcentaje de primeros cayó hasta el 63%- y esa tendencia podía llevarle a problemas en determinados encuentros. Ahí entró en juego Djokovic.

El mayor problema que Alcaraz tenía al sacar era el toss, es decir, el lanzamiento de la pelota al aire antes del impacto. Había días en los que subía recta y firme, pero en otros le bailaba y no encontraba la manera de controlarla. Por ello, en la Carlos Alcaraz Academy, López le propuso dos pequeñas variaciones como remedio. Ahora el número uno del mundo se prepara colocando la pelota sobre la raqueta para sentirla antes de propulsarla. Y, al hacerlo, ejerce la fuerza con delicadeza, con la muñeca hacia abajo en lugar de hacia arriba. Son dos detalles mínimos, pero llamativos: es lo que lleva haciendo Djokovic toda la vida. Ahora el saque de Alcaraz se parece al del serbio. Se parece mucho. Se parece muchísimo.

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«En cuanto vi el saque de Carlos, le envié un mensaje diciendo: 'Debemos hablar sobre los derechos de autor'. Y el otro día, cuando llegamos aquí a Melbourne, le comenté que hay que empezar a hablar de royalties. Por cada ace que haga en el torneo, espero un homenaje. A ver si cumple el acuerdo», bromeaba Djokovic el lunes, después de que el propio Alcaraz admitiera «ver similitudes». «Hay golpes que no he cambiado nunca, pero siempre estoy mirando cómo mejorar mi saque. Prácticamente cada año he introducido algún detalle nuevo. Si me comparo con mi versión de hace cinco años, lo más diferente técnicamente es el saque, eso seguro», aseguraba este miércoles Alcaraz.

Una arma para este torneo

Un análisis certero de los efectos del cambio exige meses, pero en los dos partidos que ya ha disputado en el presente Grand Slam el español ha empezado a encontrar resultados. En el debut ante Adam Walton, su porcentaje de primeros se elevó hasta el 67% y apenas sufrió con el saque -aunque cedió un break en la única opción en contra-. Y este miércoles, frente a Yannick Hanfmann, su servicio le sostuvo en un primer set muy incómodo. Al final venció por 7-6(4), 6-3 y 6-2, y este viernes, en tercera ronda, se medirá a Corentin Moutet, un tenista extravagante que volverá a poner a prueba armas como su saque.

Ante Hanfmann quedó en evidencia que, después de dos meses de parón, el español todavía está en busca de ese no sé qué que te da la competición. Apareció nervioso, perjudicado por el cambio de horario -debutó de noche y esta vez jugaba al mediodía- y molesto por el fuerte viento que soplaba en Melbourne. En el primer set, un periodo que se alargó durante 78 minutos, empezó con problemas con su derecha que le llevaron a cometer varios errores no forzados y muy pronto se vio con un break en contra. El 1-3 en el marcador era una amenaza.

Hubo un buen tramo en el que no le salía nada. Si hacía un malabarismo con la raqueta, se le caía. Si jugueteaba con las pelotas, se le escapaban. Pero la rotura de su servicio por parte de Hanfmann le obligó a reaccionar con rapidez y, en el juego siguiente, todo empezó a funcionar.

Alcaraz y el pequeño espacio para el homenaje a las víctimas del accidente de Adamuz: “No sabía cómo hacer para que se entendiera”

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En el tenis, los ánimos de los aficionados están acotados a un único momento: justo antes de que los jugadores se coloquen para el saque. El público apenas tiene unos segundos para participar en la acción y, por ello, la mayoría de los fans va a lo seguro. "¡Vamos, Carlos!", se suele escuchar en los partidos de Carlos Alcaraz, con sus variantes idiomáticas: "Come on!", "Allez!". Hay quien dice "¡Vamos, Carlitos!" y los amigos murcianos del tenista suelen personalizarlo con su "¡Vamos, Charly!". De vez en cuando, alguien vocea con alma de entrenador —"¡Es ahora, Carlos!"— y también hay quien desata toda su pasión en un único grito —"¡Te quiero, Carlos!"—. Pero no hay mucha más innovación. Ya está.

Este miércoles, en cambio, en la Rod Laver Arena un espectador fue tan original que obligó a Alcaraz a detenerse un momento. "¡Carlos Nadal!", chilló en el segundo set de su victoria de segunda ronda ante Yannick Hanfmann y, como premio a su originalidad, se llevó la risa del número uno del mundo.

Fue uno de los pocos momentos de distensión en otra jornada incómoda en el Open de Australia. Como ya le sucedió en primera ronda ante Adam Walton, el español se encontró con un rival complicado que le llevó al límite en el primer set, donde tuvo que esperar al tie-break para imponerse. "Yannick siempre es un adversario difícil y algún momento del partido me he frustrado. Pero mi equipo me ha tranquilizado. Hablándolo con ellos me he dado cuenta de que he jugado mejor de lo que creía sobre la pista", reconocía Alcaraz, que ya piensa en la tercera ronda, en la que este viernes se medirá a Corentin Moutet, un rival completamente opuesto a Hanfmann. Si el alemán era potencia, el francés es originalidad. Otra prueba en el camino hacia la segunda semana.

El mensaje por el accidente

Al cerrar su victoria, Alcaraz se acercó a la cámara para estampar la tradicional firma del vencedor y no quiso olvidarse de las víctimas del accidente ferroviario ocurrido en Adamuz. "Mucho ánimo...", escribió de un tirón y después se detuvo, miró y reflexionó. En la escasa superficie del objetivo no cabía la frase "a las víctimas del accidente de tren en Adamuz" y tampoco podía permanecer allí mucho más tiempo, así que resolvió como pudo: "Mucho ánimo a lo que está pasando en España". La construcción gramatical de la frase era muy mejorable, pero el mensaje se entendía igual.

"No sabía cómo referirme en la cámara para que se entendiera bien. Cuando me enteré del accidente de tren fue un mal trago. Estoy en la otra punta del mundo, pero eso no quiere decir que no siga lo ocurre en España. Quiero enviar mucho apoyo y mucho ánimo a los familiares de los fallecidos y a todas las personas que han perdido un ser querido en ese trágico accidente", proclamó luego el número uno, que este jueves volverá a entrenarse a primera hora de la mañana y que por la tarde intentará de nuevo jugar al golf.

Melbourne cuenta con varios campos —de hecho, aquí también se disputa el otro Open de Australia— y en cuanto puede se escapa a uno. A principios de semana, sin ir más lejos, se enfrentó a 18 hoyos contra un rival ilustre, uno de sus ídolos de infancia: Roger Federer. "Juega tan bonito al golf como jugaba al tenis. Es increíble. Todo lo que hace lo hace con estilo. Juega muy bien, juega realmente bien", analizó Alcaraz, a quien no le importó reconocer que el suizo le derrotó.

Eso sí, al principio, cuando fue preguntado por el duelo entre ambos, dudó si explicarlo o no, seguramente por respeto a la privacidad de Federer. "Espero poder volver a jugar contra él", concluyó Alcaraz, a quien, después de ver su reacción, seguro que volverán a gritarle aquello de "¡Carlos Nadal!".