La tenista húngara Panna Udvardy, número 95 de la clasificación WTA, ha denunciado haber recibido amenazas de muerte contra su familia para que se dejara perder en un encuentro de cuartos de final en el WTA 125 challenger de Antalya (Turquía) que termina este domingo.
La tenista ha asegurado en la red social Instagram que recibió en su móvil privado mensajes amenazadores antes del partido del pasado viernes contra la ucraniana Anhelina Kalinina (puesto 183), ante la que perdió por 6-7 y 5-7.
Kalinina disputa hoy la final del torneo frente a su compatriota Oleksandra Oliynykova (73).
“Dijeron que sabían dónde vive mi familia, qué coches usan y que tenían sus números de teléfono. Incluso me enviaron fotos de miembros de mi familia y de una pistola”, denunció la deportista en un mensaje en el que adjunta esas imágenes.
Udvardy también muestra una captura de pantalla de un mensaje, desde un número con prefijo del Reino Unido, en el que se le amenaza con ir contra dos de sus parientes si no perdía el partido.
En ese mensaje se amenaza expresamente con secuestrar a la madre de la jugadora de su domicilio en Hungría y de retenerla hasta que se pague el dinero que perderían los agresores si la tenista les desobedecía.
En su mensaje, la tenista explica que contactó inmediatamente con sus padres y con la Asociación de Tenis Femenino (WTA en sus siglas inglesas).
Desde la WTA, asegura Udvardy, se le comunicó que otras tenistas han recibido amenazas parecidas y que se está investigando si ha habido una filtración de información personal de la base de datos de la Asociación.
La tenista ha presentado una denuncia ante la Policía en Turquía. La deportista denuncia que “no es aceptable recibir amenazas” y que no se debe “normalizar este tipo de abusos en el deporte”.
Además, pide que la WTA investigue y tome medidas para proteger la información personal y la seguridad de las deportistas. “Ninguna jugadora debería tener que pasar por algo así”, concluye su mensaje Udvardy.
Las montañas se escalan poco a poco y la que que tiene enfrente Carlo Ancelotti con la selección de Brasil es muy alta. Eso sí, el sello del técnico italiano comenzó a verse ya en su debut como este jueves ante Ecuador, pero no le alcanzó para ganar un partido que la 'Canarinha' empató 0-0 con un juego deslucido y carente de la magia que hace años la pentacampeona del mundo abandonó.
La Verdeamarela saltó al Estadio Monumental, de Guayaquil, con un planteamiento muy clásico del ex trenador del Real Madrid: un bloque ordenado, presión adelantada y un juego directo y vertical que tanto perfeccionó en el equipo blanco.
La idea inicial se fue desdibujando con el paso de los minutos hasta perder la iniciativa del juego y quedar a merced de un rival que no tenía armas en ataque para inquietar la portería de Alisson Becker, debido a la lesión de Enner Valencia, prácticamente el único hombre capaz de hacer goles en Ecuador.
Desde el pitazo inicial, Ancelotti siguió el partido de pie en el área técnica y en pocos momentos se sentó en el banquillo, atento al desarrollo de un juego que la Verdeamarela comenzó bien plantada sobre la cancha, sin dejar sorprenderse por el combinado local.
Sin embargo, apenas generó peligro a Ecuador, que tiene la mejor defensa de las eliminatorias, y ha recibido cinco goles en quince partidos.
La pentacampeona del mundo apenas tuvo dos ocasiones claras de gol, primero en un remate forzado de Vinícius Júnior dentro del área y luego en un disparo desde fuera del área de Casemiro que no tomó suficiente fuerza.
En la víspera, Ancelotti ya había anticipado que esperaba poder lograr "la mejor versión de Vinícius", esas de las grandes noches del Santiago Bernabeú, y frente a Ecuador fue el jugador más destacado dentro de un equipo que brilló poco en la faceta ofensiva.
El delantero del Real Madrid fue el más desequilibrante desde la banda izquierda, tal como reconoció 'Carletto' al terminar el partido, pero tampoco pudo dominar ese flanco del campo y por momentos cayó por la banda derecha sin tampoco encontrar la jugada que inclinase el partido.
El italiano ya había advertido que buscaba un equipo que atacase y defendiese de manera colectiva, porque por mucho talento que pueda tener Brasil "las individualidades ya no son suficiente en el fútbol moderno", como señaló el técnico en la previa.
Uno de los más implicados en esta misión fue Estevao, el joven extremo derecho del Palmeiras, que hizo su debut con la selección absoluta sin que le pesara la Verdeamarela al demostrar una buena sintonía con Richarlison y Vini. Gracias a una recuperación de Estevao llegó la única oportunidad que tuvo el jugador del Real Madrid en sus pies.
El segundo tiempo no cambió la dinámica y, con el cambio de sistema de Ecuador, que pasó a jugar con tres defensas y dos carrileros, la 'Canarinha' se vio más presionada e incómoda.
Así, pasada la hora de juego llegaron as variantes en la Verdeamarela y el italiano optó por renovar los compañeros de ataque de Vinícius al poner en la cancha a Matheus Cunha en lugar de Richarlison y a Gabriel Martinelli en detrimento del debutante Estevao.
"Era para dar energía al equipo", explicó después en rueda de prensa, donde destacó el compromiso y esfuerzo defensivo de los dos atacantes titulares que fueron sustituidos. Al que se le notó más frustrado por el cambio fue a Richarlison, a quien 'Carletto' ya tuvo bajo sus órdenes en el Tottenham Hotspur.
En la recta final, la selección brasileña se contentó con el empate como visitante ante Ecuador, como sostuvo Ancelotti en la rueda prensa posterior, en la que calificó su debut como seleccionador de Brasil de "muy especial" y prometió trabajar para mejorar el juego ofensivo. "Es un buen punto, ahora a ganar a Paraguay", apuntó.
«Salías en el último telediario del año. Es una carrera de gran prestigio. Me gustaba ganar». Isaac Viciosa, vencedor en 1996, 2000, 2001 y 2002.
«La Castellana era tuya. Eras el dueño de la arteria principal del país». José Luis González, ganador en 1983 y en 1987.
«Tenía tantísimo nivel que congregaba a atletas desde el 800 hasta el maratón». Martín Fiz, primero en 1994.
La San Silvestre vallecana cumple este martes 60 años, distinguida desde siempre por una identidad propia, que conjuga su generoso cartel con un aura obrero, festivo y romántico. Inspirado en la prueba que ya se disputaba en Sao Paulo, Antonio Sabugueiro, de quien hablan con sumo cariño nuestros interlocutores, la puso en marcha en 1964. Entonces corrieron 57 atletas. Ganó Jesús Hurtado, que repitió en la siguiente edición.
«Mi mánager, Miguel Ángel Mostaza, ya me dijo que se iba a comer a la brasileña. Y así ha sido», comenta Fiz (Vitoria, 1963), que el año de su triunfo había sido campeón de Europa de maratón en Helsinki. La ilustre nómina de vencedores así lo certifica. Además de quienes han atendido a este periódico, ahí quedan los nombres de Carlos Lopes, que ganó en 1979 y 1980, Arturo Barrios, en 1989, o Eliud Kipchoge, en 2005 y 2006. Paula Radcliffe, Tirunesh Dibaba y Grete Waitz lucieron, entre otras, en la carrera femenina.
José Luis González, en el centro, tras ganar en 1987.
«Cuando entrabas en Ciudad de Barcelona aquello era una caldera por la simbiosis con la gente. Esta carrera pertenece a Vallecas. Había una cuesta tremenda al final, hasta el estadio, con un desnivel de uno 10 o un 15%. Entrabas en el estadio y descubrías la luz», relata con pasión González (Villaluenga de la Sagra, Toledo, 1957), que cuando logró su segunda victoria venía de ser subcampeón del mundo de 1.500 metros en Roma. Siempre mantuvo su lealtad a la cita, donde también logró un segundo y un tercer puesto. Tampoco quería perdérsela Viciosa (Cervatos de la Cueza, Palencia, 1969), oro en 5.000 metros en los Europeos de Budapest de 1998, que la corrió en 14 ocasiones y, además de sus cuatro triunfos, subió siete veces al podio. «Sufrí. Siempre. La mayoría de los atletas sabían que no podían llegar al tramo final conmigo y me atacaban desde muy lejos. Recuerdo también manos a manos con Fabián Roncero, con Fermín Cacho... Hubo una época en la que se apostó mucho por españoles que combinábamos distancias. Nos conocíamos desde chavales y nos llevábamos bien».
El ugandés Jacob Kiplimo, que en 2018 logró el mejor registro de la prueba, con 26:41, y el etíope Berihu Aregawi, plata en 10.000 en los Juegos Olímpicos de París, están llamados a pelear por el triunfo en la noche de hoy (19.55 h.), sin obviar a Adel Mechaal, que el pasado 24 de noviembre se convirtió en el español más rápido de la historia en 10 kilómetros en ruta al acreditar 26:46 en la Speed Run de Madrid. La prueba femenina contará con la keniana Ruth Chepngetich, plusmarquista mundial de maratón, además de una nutrida participación nacional.
Martín Fiz, en el centro, en 1994, año de su victoria.
La fecha y el escenario dotan a esta carrera de un notable componente sentimental. «Se mezcla el confeti con el olor a crema antiinflamatoria», recuerda Fiz. «El ganador siempre tenía que pasar el control antidopaje y con la tensión te costaba orinar. Bebí agua y cervezas sin alcohol hasta que lo conseguí, pero luego el viaje de vuelta se hacía eterno. Eso sí, poco después de las doce estaba de vuelta en Vitoria. La gente se sorprendía, pues sólo unas horas antes me había visto corriendo por la televisión».
González lamenta que con la entrada de Nike y el furor por la carrera popular se haya perdido parte del encanto de la prueba. «Ahora las carreras de montaña están acabando con el cross federado. Ahora salen 35.000, y eso le gusta más al periodista, al organizador y al político. Nike ponía la levadura, el taller, la tienda y el producto. Y lo comercializaba», apunta el atleta toledano, quien evoca su amistad con Saboeiro y sus encuentros en el restaurante El Segoviano. «Pillaba a trasmano, pero siempre hice por tomar parte en ella. Nadie ha puesto tanto interés como yo por correrla».
La San Silvestre tiene su cuota de sacrificios, que también asumía Viciosa, que, además, cumple años el 26 de diciembre. «En esas fechas siempre te apetece más estar en casa. Pero merecía la pena respetar la dieta y mantener la concentración. Tomé las uvas en el coche varios años. En una ocasión, cuando regresaba a casa en el coche con mi mujer, cerraron el túnel de Navacerrada por una nevada. Llamé a Mostaza y despedimos el año en su casa, donde también acudió Martín Fiz. Siempre mereció la pena. Entrabas en Vallecas adelantando coches y motos. Era como en el Tourmalet».