Alcaraz, la recuperación exprés para el Godó, un problema reconocido y el halago a Sinner: "Es realmente peligroso"

Alcaraz, la recuperación exprés para el Godó, un problema reconocido y el halago a Sinner: “Es realmente peligroso”

Caía la noche en Montecarlo cuando Carlos Alcaraz llegaba a su hotel para una recuperación exprés. Horas después de su derrota en la final ante Jannik Sinner, este lunes, ya le tocaba ir al aeropuerto para volar hacia Barcelona y este martes debutará en el Trofeo Conde de Godó ante el finlandés Otto Virtanen. Su máxima concesión será saltarse el entrenamiento previo y plantarse directamente en competición.

El calendario ATP no ofrece un respiro, mucho menos unos días para llorar un título perdido, aunque sea un Masters 1000, aunque sea ante su rival histórico. «El objetivo sigue siendo jugar toda la temporada de tierra batida. Ya veremos cómo va. También quise hacerlo el año pasado y no pude por lesión. Así que cruzo los dedos y rezo para que no pase nada. Ahora escucho a mi cuerpo mucho mejor que el año pasado, eso seguro, y si tengo que perderme un torneo, lo haré», comentó mientras su rival, Sinner, anunciaba que no cogería una raqueta hasta el miércoles -no tiene torneo esta semana- y que después decidirá si va al Mutua Madrid Open.

Después de la derrota, Alcaraz podría recuperar el número uno si levanta el título del Godó -el año pasado perdió en la final-, pero eso no es lo primordial. Todo pasa ahora por reconstruir su tenis, por rehacer su confianza, por rearmarse de camino a Roland Garros. En solo seis semanas empieza el segundo Grand Slam de la temporada y, al contrario de lo que ocurrió en el Open de Australia, el español llegará por detrás de Sinner.

«No me sorprende en absoluto lo que ha hecho estos días en Montecarlo. Ya había visto el nivel de Jannik en tierra batida el año pasado, y creo que ha mejorado muchísimo. Está alcanzando un nivel en esta superficie que es realmente peligroso. Ahora entiende muy bien el juego en esta tierra», analizaba Alcaraz que, después del partido, en el típico intercambio en la red, quiso felicitar a su rival histórico por su evolución sobre arcilla. «Pista dura, hierba y tierra batida. Todas las superficies», le dijo, y Sinner le contestó, educado, que «siempre es un placer» enfrentarse a él.

"No jugué bien"

«En los momentos cruciales, en los puntos decisivos, no jugué bien. Tuve muchas oportunidades de break durante el partido y no las aproveché. Fallé en el tiebreak del primer set, cuando él jugó un tenis increíble. Esa fue la clave del partido de hoy. Las condiciones fueron difíciles. Me gusta jugar con viento, creo que me beneficia, y esta vez me pareció molesto porque no soplaba en una misma dirección. Pero el tenis de Jannik fue mejor», reconoció.

EFE

Por su parte, Sinner celebró el título con los recogepelotas y se marchó a su casa, pues vive en el Principado, en el barrio de La Condamine, donde asegura que puede hacer vida normal. Su emoción por la victoria pasaba por ahí, pues por primera vez en mucho tiempo su familia al completo estaba en las gradas. El italiano reconoció estar «sorprendido en el mejor sentido» por su rendimiento a lo largo de la semana.

«Creo que todavía necesito un poco de tiempo para darme cuenta de lo que ha pasado», admitió, antes de explicar que la clave había sido adaptar su juego a cada rival: «No he jugado el mismo tipo de tenis contra todos. Fuimos cambiando pequeñas cosas». De cara a lo que viene, el italiano no se confía: Roland Garros serán duro, pero llega a todos ellos con una certeza nueva bajo el brazo. Nunca había ganado un torneo importante en tierra batida, y ya lo ha hecho. El reto para Alcaraz será mayúsculo.

Sinner derrota a Alcaraz en Montecarlo, levanta su primer trofeo grande en tierra batida y recupera el número uno

Sinner derrota a Alcaraz en Montecarlo, levanta su primer trofeo grande en tierra batida y recupera el número uno

De niño, Jannik Sinner nunca se soñó a sí mismo en París besando una copa enorme. En el refugio de sus padres en los Alpes, allí arriba, muy arriba, solo podía jugar sobre sintético y bajo techo y, por eso, cuando fantaseaba, se imaginaba como un tenista triunfante en Nueva York, si acaso en Melbourne. Pero ninguna leyenda se construye de un único material.

Hace un par de años, en su violento ascenso en el ranking ATP, comprendió que la grandeza pasaba por brillar también en hierba y en tierra batida, y ahora ya domina ambas superficies. Wimbledon cayó el verano pasado. Roland Garros, donde perdió la final ante Carlos Alcaraz, quedó como una deuda pendiente. Esta primavera ha venido a saldarla.

Este domingo, en la final del Masters 1000 de Montecarlo, Sinner venció por 7-6(5) y 6-3 al español, levantó su primer trofeo grande en tierra batida y recuperó el número uno del mundo. Con ese resultado en el bolsillo, París ya no es una quimera: es el siguiente paso lógico. Para Alcaraz, en cambio, las próximas semanas serán de examen. Antes del Grand Slam parisino debe rearmarse, adaptarse y mejorar. Este Sinner es otro, con otro juego, con otro físico, incluso con otra mentalidad. Ahora le toca evolucionar a él.

VALERY HACHEAFP

"Vine aquí para encontrar el feeling sobre tierra batida para los torneos que vendrán y me he sentido muy bien durante toda la semana. En la final las condiciones eran duras: bajó la temperatura, había viento, pero el resultado ha sido magnífico. Estoy muy contento de haber ganado un gran trofeo en esta superficie", resumía al acabar Sinner. En 2022 ya había ganado el ATP 250 de Umag ante el mismo rival, pero aquello era un torneo menor y la deuda con la arcilla seguía viva. Ya no lo está. Solo le queda la conquista de París.

Alcaraz, que en la derrota encontró palabras generosas, le tendió la mano con un dato: "Es increíble que hayas encadenado los títulos en Indian Wells, Miami y Montecarlo. Eres el segundo tenista que lo consigue [el primero fue Novak Djokovic]. Sé lo difícil que eso puede llegar a ser. Enhorabuena". Una frase que dice tanto del campeón como del derrotado.

El viento y el revés

La final, en realidad, no fue un partido excelente para ninguno de los dos. Después de toda una semana de sol, Montecarlo se despertó con nubes y viento, y eso ensució el duelo. El espectador esperaba vértigo y precisión, y hubo de todo; a ratos se encadenaron los fallos. Tanto uno como otro acabaron con el doble de errores no forzados que de golpes ganadores. Tanto Sinner -un 51 %- como Alcaraz -un 58 %- sufrieron para acertar con el primer servicio e incluso se enredaron en dobles faltas. Un desacierto raro en ellos; la culpa era del día.

Si Alcaraz celebraba un break de inicio, Sinner se lo devolvía, y ambos caminaban todo el rato sobre el abismo. En el intercambio de fondo, empate. El español dominaba con la derecha; el italiano, con el revés cruzado. Pero en los momentos clave ya se observaba quién acabaría celebrando. Como le había pasado en otros partidos durante la semana, a Alcaraz le faltó alegría, incluso se le notó irritado, y Sinner se mostró más agresivo.

EFE

El tie-break que decidió el primer set -y el encuentro- fue perfecto para enseñárselo a los críos que quieran dedicarse al tenis. Tanto Sinner como Alcaraz se transformaron de repente para sacar de manera excelente, pero ambos se equivocaron por culpa de los nervios. El italiano estrelló una volea contra la red y, a cambio, Alcaraz le cedió el set con una doble falta. Se suele decir que estos títulos se deciden por los detalles: ahí hubo dos.

El éxito se ponía cuesta arriba para el español, que igualmente intentó escalar. En los primeros juegos del segundo set exhibió su mejor versión y firmó su mejor punto: un pasante de contralejada para conseguir una rotura. Pero justo después reaparecieron sus males y, con ellos, la derrota. Sinner insistió en su dominio de revés y Alcaraz no arriesgó en el resto, siempre demasiado lejos. En cuanto recuperó el break, el italiano se abalanzó a por todos los honores y ya no hubo más discusión.

Queda Roland Garros. Si quiere mantener su reinado en París, Alcaraz necesita sanar algunas heridas de su tenis -el revés, sobre todo- y encontrar de nuevo esa alegría desbordante que le hace diferente. Sinner, mientras tanto, llega a la Philippe Chatrier como lo que ya es: el mejor jugador del mundo en cualquier superficie. Un niño de los Alpes que aprendió a soñar también en ganar sobre tierra batida.

Alcaraz mide la transformación de Sinner en la final de Montecarlo: su primer duelo del año, un duelo clave

Alcaraz mide la transformación de Sinner en la final de Montecarlo: su primer duelo del año, un duelo clave

Hay derrotas que duelen y derrotas que transforman. En el pasado US Open, Jannik Sinner salió de la final ante Carlos Alcaraz sin el título, sin el número uno del mundo y con solo una certeza: había sido demasiado predecible. Su tenis había quedado en evidencia, o así lo entendió. «No hice ni un saque-volea, no usé las dejadas, me quedé siempre en el fondo y, ante Carlos, no puedo hacer eso, tengo que salir de mi zona de confort», admitió en rueda de prensa, donde hizo una promesa: «Voy a perder algunos partidos, pero haré cambios en mi juego. Si quiero ser mejor tenista tengo que ser menos predecible». Aquel objetivo tuvo, en efecto, un coste.

En el último Open de Australia, el italiano perdió en semifinales ante Novak Djokovic y poco después cayó en cuartos del ATP 500 de Doha frente a Jakub Mensik. Pero la inversión ya rinde dividendos. Después de conquistar el llamado Sunshine Double en Indian Wells y Miami, el italiano llegó lanzado al Masters 1000 de Montecarlo y, ayer, en las semifinales ante Alexander Zverev -ganó por 6-1 y 6-4- corroboró que el proceso ha culminado. Este domingo (a partir de las 15.00 horas, Movistar) el nuevo Sinner se medirá en la final a Alcaraz, que derrotó a Valentin Vacherot por 6-4 y 6-4. La rivalidad de la década vivirá su primer episodio de 2026 como un desafío para el español.

Los cambios de Sinner

Porque Sinner ha conseguido mejorar en hasta tres frentes. El primero, el saque. «Voy a cambiar un par de cosas, son pequeños detalles, pero pueden marcar una gran diferencia», avanzó tiempo atrás, y el trabajo ha dado sus frutos. «Ha mejorado mucho su servicio en los últimos meses», admitió esta semana el mismísimo Alcaraz.

EFE

El segundo frente es la variedad táctica. Estos días, su entrenador, Simone Vagnozzi, reconoció que Sinner «antes era más rígido, ahora es mucho más camaleónico», y ciertamente el italiano alterna posiciones y golpes para ser todavía más incómodo para su rival. Y el tercero, y más llamativo, es la red. A lo largo de su carrera apenas subía a volear en el 13% de los puntos y en las últimas semanas ha elevado esa cifra hasta alcanzar el 25% en algunos partidos.

Alcaraz llega a la final en Mónaco como campeón defensor, como número uno y como el jugador que mejor conoce al nuevo Sinner, porque fue él quien lo obligó a reinventarse. Este sábado, ante Vacherot, demostró que la falta de confianza que arrastraba desde su derrota en Miami ya es cosa del pasado. Si en las primeras rondas en Montecarlo se enredó con su mente y su revés, en las semifinales fue el tenista sólido que es, seguro de sus capacidades. Pero ante Sinner todo será distinto.

Una guerra mental

La teoría indica que el español tendrá que impedir que su adversario se instale en el intercambio largo desde el fondo -su terreno más cómodo-, usando las mismas herramientas que forzaron su metamorfosis: dejadas, variaciones de velocidad y subidas propias a la red. Quizá esta vez la clave sea otra. En realidad, el duelo será un espejo: dos jugadores que se han transformado mutuamente, que se piensan constantemente, que se conocen tan bien que la diferencia estará en unos pocos puntos.

Porque en la final estará en juego mucho más que un trofeo. Alcaraz encabeza el ranking con 13.590 puntos, pero esta semana defiende los 1.000 obtenidos como campeón el año pasado sin poder sumar más, solo restar. Sinner parte de 12.400 y no tenía puntos que defender: si gana el encuentro, recuperará el número uno. Los dos han ocupado durante 66 semanas cada uno el primer puesto del ranking, y Montecarlo servirá para romper ese empate histórico. Pero hay algo más trascendente incluso.

Este 2026 todavía no se han medido ni una sola vez -«espero que podamos enfrentarnos aquí, ni siquiera hemos jugado una vez esta temporada», reconoció el propio Alcaraz a media semana- y por ello el duelo llega cargado de una dimensión psicológica distinta. Con los cambios propuestos por Sinner en su juego, quien gane arrastrará esa victoria hasta que empiece Roland Garros el próximo 24 de mayo. Y eso, en una batalla tan cerrada, tan única, tan mental, puede valer oro si se reencuentran en París.

Alcaraz confirma su recuperación para llegar a la final de Montecarlo y medirse a Sinner por primera vez este año

Alcaraz confirma su recuperación para llegar a la final de Montecarlo y medirse a Sinner por primera vez este año

De aquellas dudas ya solo queda el recuerdo. Si hace unos días Carlos Alcaraz parecía otro, envuelto en un halo de inseguridad, ahora ya es él. Está preparado. Este domingo (a las 15.00 horas, Movistar) se medirá por primera vez este año a su rival generacional, Jannik Sinner, en la final del Masters 1000 de Montecarlo después de derrotar en las semifinales a Valentin Vacherot por 6-4 y 6-4.

Pese a la peculiaridad de su rival, un desconocido hace medio año antes de que ganara en el Masters 1000 de Shanghái, no era un partido fácil para el español y lo resolvió en una hora y 24 minutos de juego. La serenidad, recobrada. La confianza, reencontrada. Su fiabilidad en el servicio en el primer set y la capacidad de sufrir en el segundo confirmaron que su mejor nivel está de vuelta. Sinner ha cambiado su juego para poder desafiarle; otro duelo entre ambos que será interesantísimo.

«Es un escenario de ensueño. Yo lucharé por mi segundo título aquí en Montecarlo y Jannik por el primero. Además el número uno del ranking está en juego y eso hace que la final sea aún más especial. Tengo muchas ganas de enfrentarme a Jannik por primera vez este 2026», aseguró Alcaraz tras la victoria ante Vacherot que le dejó varias buenas noticias.

Un enredo en el segundo set

La primera es su recuperación en el servicio. En partidos anteriores había estado incluso por debajo del 50% de primeros y este sábado rondó el 70% en el primer periodo, es decir, regresó a los números del Open de Australia. Sobre tierra batida el servicio no es tan decisivo, pero la mejoría permitió que Alcaraz tomara el control del partido. No tenía que enfrentar bolas de rotura; solo debía mover a su adversario.

THIBAUD MORITZAFP

Vacherot se presentaba en el encuentro con la confianza por las nubes, en casa -es uno de los escasos 10.000 monegascos- y sin presión alguna. Con su altura -1,93 metros- y su servicio obligaba al español a mantener la concentración, un despiste podría tener un alto precio, pero Alcaraz estuvo firme. Si vaciló, fue únicamente en el segundo set, y para entonces ya tenía margen. Con una rotura a su favor, se enredó con un par de errores y una doble falta, permitió que su adversario le devolviera el 'break' y tuvo que sufrir.

Su reacción en los puntos decisivos, especialmente la devolución a la línea de un 'smash' de Vacherot, fue el reflejo de su regreso. «Estoy muy contento por la victoria. Valentin venía con mucha confianza, jugaba en casa y sabía que iba a ser un partido duro. Creo que he estado muy sólido y me voy satisfecho», concluyó Alcaraz antes de su primer enfrentamiento con Sinner de este año. En juego, revalidar el título. En juego, mantener el número uno del ranking ATP. Otro duelo entre ambos que será interesantísimo.

Alcaraz se sacude las angustias ante Bublik y mantiene el pulso por el número uno en Montecarlo

Alcaraz se sacude las angustias ante Bublik y mantiene el pulso por el número uno en Montecarlo

Carlos Alcaraz ya camina por las alturas sobre un alambre: a partir de ahora, si pierde, perderá el número uno. Con ambos en semifinales del Masters 1000 de Montecarlo, Jannik Sinner acecha la mejor posición del tenis mundial y quizá se acabe decidiendo todo el domingo en un cara a cara. Pero de momento el español no se asusta. Si las matemáticas del ranking ATP añaden presión a estas semanas tontas, irregulares, extrañas, a esta leve crisis de confianza, Alcaraz responde con su genialidad.

Este viernes lo hizo para derrotar en cuartos de final a Aleksandr Búblik por 6-3 y 6-0 en una hora y tres minutos de juego y sacudirse las angustias. Hubo más historia de la que muestra el marcador, pero las sensaciones que quedaron fueron mucho mejores que en octavos de final ante Tomás Etcheverry. «En otra vida quizá te gano», admitió el kazajo en la red al finalizar el encuentro, y Alcaraz le devolvió el halago: «Espera a la hierba».

El amable intercambio de palabras, en realidad, sirvió como resumen del partido. Búblik, un bicho raro en la tierra batida, tenista de golpes planos, apareció convencido de que iba a perder y perdió. Capaz de ganar a Sinner dos veces sobre hierba en los últimos años, sabía que ante el español sobre arcilla sus opciones eran pocas, pero tampoco hizo mucho para incrementarlas. Salió a golpear. Salió a arriesgar. Y no le funcionó. Acabó con 28 errores no forzados y, como mucho, dejó alguna invención sorprendente para contentar al público monegasco. Poco más.

THIBAUD MORITZAFP

Lo más interesante del partido estuvo en el rendimiento de Alcaraz. «He vuelto a perder un poco de feeling con la bola, pero he corrido para recuperarlo. Al final he conseguido grandes puntos, he completado grandes intercambios y me voy con más confianza. He sabido jugar ante un tenista anárquico como es Aleksandr, y estoy satisfecho», analizó el número uno que, en efecto, vivió un bloqueo parecido al sufrido ante Etcheverry. Su virtud estuvo en que esta vez lo minimizó.

Un mal rato más corto

Otra vez sus primeros minutos sobre la pista Rainiero III provocaron vértigo y otra vez su tenis se frenó en seco. A los cinco minutos de partido disfrutaba de cuatro bolas de rotura para ponerse 3-0; cinco minutos después no solo había dejado escapar la oportunidad, también había permitido un break de Búblik. Con problemas con su primer saque -acabó con un 57%-, volvió a encallarse en el revés, campo de batalla estos días. Pero se rehizo. Al contrario que el día anterior, controló los pensamientos negativos, estiró los puntos y poco a poco volvió a fluir. De hecho, encadenó nueve juegos consecutivos a favor para decidir.

Con las rarezas de Búblik, tuvo tiempo incluso para entretenerse y multiplicar sus highlights. Si buscan el vídeo del partido, encontrarán la defensa de un smash que cambió el partido, una contradejada deliciosa, un globo a un rival de casi dos metros y, entre otras cosas, un raro remate dándose la vuelta que nadie esperaba. Sus estadísticas no fueron gran cosa -13 ganadores-, pero esta vez se marchó con una sonrisa.

Un hito histórico y a semifinales

«Estoy muy contento de haber llegado a mi victoria número 300 en la ATP», aseguró cuando le mencionaron el hito histórico. Más allá de eso, el valor de haber alcanzado el número 300 está en que solo necesitó 67 derrotas para hacerlo, menos que Novak Djokovic, Rafa Nadal o Roger Federer. De hecho, en toda la historia, solo Rod Laver y Jimmy Connors lo hicieron con mejor balance. «Ahora que sean más», proclamó Alcaraz, y este mismo sábado tendrá la oportunidad.

Ante Valentin Vacherot (no antes de las 15.30 horas, Movistar) buscará el pase a su segunda final consecutiva en Montecarlo para revalidar el título y mantener el pulso con Sinner por el trono del tenis mundial. El italiano se medirá antes (no antes de las 13.30 horas, Movistar) a Alexander Zverev en unas semifinales recurrentes -este año ya se enfrentaron en Indian Wells y Miami- que suelen caer de su lado. El número uno se decide estos días y Alcaraz aglutina argumentos para defenderlo.

Alcaraz supera el bloqueo mental ante Etcheverry para llegar a cuartos de final de Montecarlo

Alcaraz supera el bloqueo mental ante Etcheverry para llegar a cuartos de final de Montecarlo

«Tengo muy poca confianza en el revés». «Es muy difícil confiar cuando no tengo feeling con la bola ahora». «Es complicado insistir cuando tengo cero feeling». Quedan en Carlos Alcaraz heridas de aquella fea derrota en el Masters 1000 de Miami. Qué cruel es el tenis: incluso el número uno del mundo, el reciente campeón del Open de Australia, un virtuoso como pocos en la historia, puede perder su autoestima por culpa de un mal día. Este jueves Alcaraz venció al argentino Tomás Etcheverry por 6-1, 4-6 y 6-3 en octavos de final del Masters 1000 de Montecarlo, pero para hacerlo tuvo que pasar de las dos horas de juego y superar un bloqueo mental.

En el segundo set acumuló un par de errores con su revés y le abordaron todos los pensamientos negativos del mundo. En comunicación con su entrenador, Samuel López, sus palabras recordaban a su desespero reciente en la gira estadounidense: «No puedo», «No me sale»... El técnico insistía en darle ánimos, pero no había manera. Desconectado de su revés, Alcaraz se invertía una y otra vez para golpear de derecha y así se sucedían los fallos y los puntos perdidos. Llegó a estar dos breaks abajo, intentó remontar, no lo logró y de ahí tuvo que salir.

Pese a un primer set electrizante, pese a la extraordinaria velocidad de su drive, pese a su toque en la red, pese a su superioridad, el español se descubrió nuevamente en el barro. Para su fortuna, esta vez supo escapar. En el tercer set despejó las ideas para volver a dominar a Etcheverry desde el fondo de la pista e incluso se soltó con algún winner de revés. Para los próximos días, quizá quedará el recuerdo del atasco, pero también su capacidad para liberarse y vencer.

VALERY HACHEAFP

Aprender de ello es esencial. Este mismo viernes, en cuartos de final, Alcaraz deberá enfrentarse al kazajo Aleksandr Búblik, un rival incómodo por su imprevisibilidad, y si vence, el fin de semana, sin descanso, se encontrará con adversarios de mejor ranking. En el horizonte, como siempre, una posible final el domingo ante Jannik Sinner, que también venció en tres sets -por 6-1, 6-7(4) y 6-3- en su caso a Tomás Machác, pero antes toca rehacer el amor propio.

Medvedev monta el show en Montecarlo: derrota por 6-0 y 6-0 y raqueta en la papelera

Medvedev monta el show en Montecarlo: derrota por 6-0 y 6-0 y raqueta en la papelera

Fue a mediados del segundo set cuando Daniil Medvedev rompió la raqueta contra el suelo, la lanzó hacia el fondo, repitió una y otra vez hasta ocho, la recogió finalmente y la tiró a la papelera. Listo. Ya había soltado la rabia. Luego volvió a colocarse para el resto y acabó por sufrir el peor partido de su vida.

En su debut en el Masters 1000 de Montecarlo cayó derrotado por 6-0 y 6-0 en solo 50 minutos. Matteo Berrettini, que fue un tenista excepcional y hoy intenta resurgir tras sus lesiones, no le concedió ni un juego. Medvedev no dominó ni sus turnos de saque —solo ganó 17 puntos— y acumuló hasta 28 errores no forzados. Lo tiró todo fuera; no le salió nada. De ahí su desesperación.

VALERY HACHEAFP

No era la primera vez que Medvedev perdía los nervios en una pista. En Wimbledon 2017 vació su cartera y lanzó monedas a la silla de la juez Mariana Alves. En el US Open de 2019 hizo un corte de mangas al público de Flushing Meadows y arrancó una toalla de las manos de un recogepelotas. En el Abierto de Australia de ese mismo año fue multado con 76.000 dólares por destrozar una cámara y lanzar la raqueta durante las dos primeras rondas. En el US Open de 2025, tras perder ante Benjamin Bonzi en primera ronda, golpeó su raqueta contra el suelo y el banco lateral en, al menos, doce ocasiones. La multa ascendió a 42.500 dólares. Y así, muchos, muchos episodios.

10 años sin derrotas así

Pero lo de Mónaco este miércoles tuvo otra dimensión. No fue una explosión de rabia; fue un desastre absoluto. El ruso, que fue semifinalista en el Principado en 2019 y venía de ser finalista en el Masters 1000 de Indian Wells, nunca disfrutó en exceso de la tierra batida, pero tampoco había padecido nunca tanto. De hecho, fue la primera derrota por 6-0 y 6-0 de su carrera profesional.

El último jugador del Top 10 del ranking ATP en caer por 6-0 y 6-0 había sido Tomás Berdych, derrotado por David Goffin en Roma en 2016. Una década después, el sucesor es todo un ex número uno del mundo. Berrettini dijo que había completado «una de las mejores actuaciones» de su carrera. Medvedev se marchó sin decir nada. Sus sentimientos quedaron reflejados en la raqueta dentro de la papelera.

Alcaraz vence al argentino Báez en Montecarlo e impone su condición de campeón

Alcaraz vence al argentino Báez en Montecarlo e impone su condición de campeón

Actualizado

Carlos Alcaraz inició la temporada de tierra con autoridad y comenzó la defensa del título de Montecarlo que logró hace uno año con un contundente triunfo ante el argentino Sebastian Báez por 6-1 y 6-3, en una hora y 10 minutos. Alcaraz acepta el desafío de Jannik Sinner; ambos asumen que el punto de partida de esta etapa de arcilla es un mano a mano por el número uno del mundo.

El murciano, que ya sumó su sexta victoria seguida en el Principado y la decimotercera consecutiva sobre polvo de ladrillo, respondió al estupendo arranque del transalpino que todo lo que gane le supone puntos en su cuenta. Sinner, que previamente ganó con facilidad a Ugo Humbert 6-3 y 6-0, no disputó nada hasta el Masters 1000 de Roma por la sanción de dopaje. Lo que acumule ahora, en estas semanas, será de más. Todo lo contrario que Alcaraz que defiende los títulos de Montecarlo, la final de Barcelona, el éxito en Roma y en Roland Garros. Solo se perdió Madrid.

Pero si Sinner tuvo un arranque autoritario en Montecarlo también lo tuvo Alcaraz que ganó por 6-1 y 6-3. Sinner tardó 65 minutos en atravesar la segunda ronda. El murciano, 70. El pulso está en lo alto.

Carlos Alcaraz ganó por cuarta vez a Báez en otros tantos enfrentamientos para citarse en tercer tramo con el ganador del duelo entre el también argentino Juan Martín Etcheverry y el que se imponga en el partido entre el francés Terence Atmane y el estadounidense Ethan Quinn.

No tuvo casi contratiempos ante Báez verdugo en primera ronda del veterano Stanislas Wawrinka y sumar su sexta victoria seguida en Montecarlo y catorce del tirón en arcilla. "Estoy muy contento, hace casi un año desde el último partido en tierra y ya la echaba de menos. Tenía ganas de ensuciarme los calcetines", bromeó el español en la pista, tras ganar a Báez." Creo que he jugado un gran partido. Me he preparado muy bien. Estoy muy contento y veremos a dónde lleva la semana", añadió Alcaraz que dijo que antes o después, lo normal "es perder el número uno".

"Sinner no defiende puntos y es normal que tarde o temprano lo pierda. Luego me tocará recuperarlo", dijo Alcaraz que este año se convirtió en el jugador más joven en ganar los cuatro Grand Slam al vencer en el Abierto de Australia.

El ganador de siete grandes, que el pasado año se apuntó un registro de veintidós victorias y solo una derrota en este tipo de superficie, fue a toda prisa a por su primera victoria en pista de tierra. No dio opción al argentino en el primer parcial y en el segundo con 4-1 perdió por primera vez su saque. Sin embargo, compensó pronto la situación y evitó que Baez equilibrara el choque que cerró en poco más de una hora.

Alcaraz inició su semana 67 como número uno del mundo. Sinner, que llegó a Montecarlo tras vencer en los Masters 1000 de Indian Wells y Miami, se lo arrebatará si gana el torneo.

El dilema de Alcaraz entre pelear el número uno o reservarse para Roland Garros: "Si Miami hubiera ido mejor, se habría saltado Montecarlo"

El dilema de Alcaraz entre pelear el número uno o reservarse para Roland Garros: “Si Miami hubiera ido mejor, se habría saltado Montecarlo”

El pasado domingo de Ramos Carlos Alcaraz pisó de nuevo la tierra batida del Real Club de Campo de Murcia. Las mismas pistas donde aprendió a jugar de niño, la gente de toda la vida paseando por allí. Fue un momento simbólico. Aquí empieza todo. Otra vez. La gira europea de arcilla arranca este martes en el Masters 1000 de Montecarlo para elevar al español en la historia o ahondar en su crisis y lo hace con un dilema: ¿Jugar cuatro torneos consecutivos o reservarse para Roland Garros? La duda ronda a Alcaraz y a su equipo con argumentos para ambas opciones.

«En principio, siempre partimos con la idea de jugarlo todo, de hacer la temporada completa. Si las cosas hubieran ido mejor en Miami, se habría saltado Montecarlo», reconoció su entrenador, Samu López, días atrás en una entrevista concedida a Eurosport y admitió así que el calendario ideal no es el actual. Ahora mismo el número uno está confirmado para jugar esta semana en Mónaco, la semana próxima en el Trofeo Conde de Godó de Barcelona, las dos siguientes en el Mutua Madrid Open y dos más en el Masters 1000 de Roma. Un mes y medio sin descanso, hasta el 17 de mayo. Nadie nunca lo ha ganado todo, pero si lo hiciera jugaría 22 partidos en 40 días. Una barbaridad, más teniendo en cuenta los precedentes.

«Internamente sabíamos cómo llegábamos a Miami. [Alcaraz] tiene que tratar de controlar esos impulsos que él tiene, pero más allá de eso, es una forma de expresarse y quitar tensiones. No hay que darle más importancia», comentó López sobre la desesperación de Alcaraz en su último partido, la derrota ante Sebastian Korda, que mostró la necesidad de parar más. Si el español intenta disputar las cuatro competiciones podría agotarse mentalmente de nuevo de camino al segundo Grand Slam de la temporada o, lo que es peor, romperse.

La presión de Sinner

El año pasado venció en el Masters 1000 de Montecarlo, llegó al límite a la final del Godó y allí sufrió un tirón en el muslo derecho ante Holger Rune que le impidió jugar en Madrid. Para su fortuna después pudo encarar Roma y Roland Garros, pero el riesgo asumido fue alto. Un año antes, en 2024, solo pudo jugar en el Mutua por culpa de una lesión en el brazo derecho, en 2023 renunció a Montecarlo y en 2022 no fue a Roma. Esta temporada la idea era no presentarse en el Principado, pero la derrota en Miami le obliga a hacerlo y a mantener la incertidumbre. Sobre la mesa, ahora, están las opciones de saltarse el Godó para descansar pronto o de esperar a ver qué pasa y apartarse más tarde de Roma.

EFE

La aritmética del ranking ATP es despiadada. En esta gira de tierra batida, si se cuenta Roland Garros, Alcaraz defiende 4.330 puntos por los 1.950 de Jannik Sinner y actualmente cuenta con 1.190 puntos de ventaja. El margen de error es mínimo. Después de vencer en los Masters 1000 de Indian Wells y Miami, Sinner depende de sí mismo para volver al número uno en Montecarlo, donde reside. Si es campeón del torneo regresará a la cima haga lo que haga Alcaraz. Para llegar a París como el mejor tenista del planeta, el español necesita retener el título y seguir adelante; un torneo más, un partido más.

En toda la gira, Alcaraz solo puede sumar puntos en el Conde de Godó por su derrota en la final del año pasado y en el Mutua, por su ausencia. El resto es defender lo conquistado en el extraordinario 2025, es decir, Montecarlo, Roma y Roland Garros. Pero ser número uno no sirve de nada si se lesiona antes incluso de presentarse en la pista central Rafa Nadal de París.

Los cuatro Grand Slam de este año

Bien lo sabía precisamente Nadal. El ganador de 20 Grand Slam pudo dominar la gira de tierra batida al completo, pero también tuvo que parar. En 2010, ganó Montecarlo, Madrid, Roma y Roland Garros. Cuatro títulos sobre arcilla en una misma temporada. Nadie lo ha repetido desde entonces. De hecho, nadie lo había logrado antes: es el único jugador en ganar los cuatro grandes torneos de tierra batida en la misma temporada. Pero incluso él afrontó renuncias. Ese año se saltó el Godó -donde fue 12 veces campeón- para preservar su cuerpo.

La ambición de Alcaraz, que estando sano rara vez ha desistido de nada, empuja a jugarlo todo, pero su técnico, Samu López desveló cuál es el objetivo de máximos este curso: «Soñar es legítimo, siempre con los pies en la tierra. El sueño sería ir a por los cuatro Grand Slam en una misma temporada. Es ambicioso, pero posible». La gira de tierra batida empieza este martes en Mónaco para Alcaraz, pero el dilema ya ha empezado.

Rafa Jódar conquista su primer título ATP a los 19 años: "No me quiero comparar con nadie"

Rafa Jódar conquista su primer título ATP a los 19 años: “No me quiero comparar con nadie”

Hace justo un año era el 1.771 del mundo; apenas existía en el tenis profesional. Este domingo ha levantado su primer título ATP y se ha colocado a las puertas del Top 50 del ranking. Rafa Jódar aterrizó el lunes en el ATP 250 de Marrakech sin haber disputado ni un solo partido en la élite sobre tierra batida y se fue con el trofeo bajo el brazo. En la final ganó al argentino Marco Trungelliti por 6-3 y 6-2 en una hora y ocho minutos. Primera experiencia. Primer éxito. Ya es algo más que esperanza para el futuro del tenis español.

«Sabía que estaba haciendo las cosas bien, que estaba trabajando muy bien», comenta el madrileño en conversación telefónica con varios medios, entre ellos EL MUNDO. No hay euforia en su hablar. Tampoco urgencia. En él hay algo más raro en un chaval de 19 años: calma. Mucha calma. «Los resultados no dependen solo de mí. Hay factores que no puedes controlar. Las cosas han dado sus frutos».

Le preguntan si la presión de jugar su primera final le afectó. Sonríe. «Soy muy joven, me quedan muchos partidos para mejorar, tengo mucho margen», cuenta y luego admite algo de nervios. «A medida que se desarrollaba el partido me he sentido mejor».

La comparación con Alcaraz

Jódar es el décimo jugador en activo de la historia en ganar un título ATP antes de los 20 años. El sexto español de la Era Open en lograrlo, en una lista que incluye a Nadal, Alcaraz, Moyá, Ferrero y Robredo. Pero no se deja llevar por esa lista de nombres. «Yo sigo mi camino. No me tengo que comparar con nadie. Es lo que yo hago, seguir a lo mío», cuenta quien sabe que va a vivir en una comparación continua.

Junto a Dani Mérida, coetáneo que este domingo jugó su primera final ATP en Bucarest -perdió ante el argentino Mariano Navone por 6-2, 4-6 y 7-5- o Martín Landaluce forma una generación con talento y un techo tan alto, tan alto que da vértigo. Jódar no se asusta. «Cada uno tiene que seguir su camino. Me da motivación que haya muchos jugadores buenos en el circuito como Carlos que te planteen dificultades durante los partidos», cuenta Jódar que siempre esquiva aquello de nombrar a un ídolo, sea quien sea, para que no le igualen: «Los consejos que me da Rafa o Carlos en los torneos que estamos juntos siempre los tomo muy bien».

Campeón del US Open junior de 2024, después de pasar un año en Estados Unidos, en la Universidad de Virginia, Jódar se hizo profesional en diciembre, es decir, apenas lleva tres meses en el circuito. En ese tiempo ganó su primer partido en un Grand Slam —en el Open de Australia—, llegó a tercera ronda en el Masters 1000 de Miami y este lunes amanecerá como número 57 del mundo. Por delante, sólo tiene tres compatriotas: Alcaraz, Davidovich y Munar. «He ido torneo a torneo», explica. «Siempre pienso que quiero más, que quiero ser mejor jugador, que quiero mejorar cada día que entreno. Ponerse un objetivo nunca es bueno. No es bueno ponerse esa presión».

Sin cambios en su equipo

«Cuando era muy pequeño me gustaba jugar a todos los deportes. Al final pensé que en el tenis podía pasármelo muy bien», recuerda sobre sus tiempos entrenando en el garaje de sus padres en Leganés, que siempre mantiene la diversión como máxima: «El tenis no es un trabajo para mí. Siempre que juego es para divertirme. Eso es lo que he hecho esta semana».

Por ahora viaja con su padre. Sin entrenador del circuito -le ayudan los técnicos de la Universidad de Virginia-, sin equipo técnico ampliado. «Lo que llevo de temporada está funcionando muy bien. Estoy muy a gusto en el ambiente en el que estoy». La temporada es larga, dice. Ya habrá tiempo. Mientras tanto, sigue. Torneo a torneo. Día a día. Sin compararse con nadie.