Cuando el Madrid ganó su Séptima Copa de Europa yo tenía 20 años, pero en ese mi primer viaje a una final europea aprendí lo duro que es conquistar la orejona. El azar que reventó el motor de aquel bus en el que viajaba y que nos mantuvo horas en una cuneta burgalesa quiso que, cuando empezábamos a resignarnos a perdernos nuestra primera final, un autocar llegara a nuestro rescate después de que los Ultras Sur que viajaban en él la liaran en algún punto del País Vasco, provocando la detención de todo el grupo, y pudimos llegar a Ámsterdam con el tiempo justo para llegar al estadio a ganar la añorada Séptima.
El caos en los aeropuertos de París y Glasgow fue seguramente el menor de los problemas vividos en las ocho títulos de la era moderna.
Para ganar la Décima antes había que perderla. Y yo lo hice en Trujillo, donde paramos a comer camino de Lisboa Luis (entonces todavía Miguelito), Gistau, Ana y yo. Todavía no hemos descubierto cómo me robaron o perdí la entrada seguramente más cotizada de la historia de nuestras finales.
Seguir hasta Lisboa sin boleto confiando en un milagro fue otro de los ejemplos de fe del madridismo. Tocamos tantos palos durante las horas que duró el viaje que la mañana del partido, desayunando en el hotel de la directiva, nos juntamos hasta con tres entradas y terminé viendo el gol de Ramos en la zona noble abrazado a la entonces Balón de oro brasileña Marta y a tres señores entonces desconocidos por mí y que llevaba una chapa de un partido nuevo que estaban creando: Vox.
Toda la preparación del atractivo viaje a Milán por la Costa Azul con mi amigo Pocas se vino abajo dos días antes de la final por la enfermedad de su abuela. Ya no quedaban vuelos y milagrosamente me colé en un bus por una baja de última hora. Y en ese viaje conocí a los Herrero, desde entonces además vecinos de localidad en el Bernabéu.
A Kiev había renunciado por el precio de los vuelos cuando mi amigo Nacho Mata me rescató en su vuelo y descubrí mi primera final en formato Vip.
La de París 2022 fue la del bautismo de mis dos hijos Diego y Vicente. Y como no hay Champions sin sufrimiento, el viaje en coche también tuvo su misterio. Primero un accidente en Burgos. Sí, otra vez Burgos. Por suerte sólo chapa, así que tiramos hasta nuestra meta volante para dormir la noche antes a la final en un pueblo francés a menos de dos horas de París. Al llegar pasada la medianoche el hotel tenía overbooking y nos dejaron en la calle. Sin opciones de encontrar nada a esas alturas y desesperados, alguien se apiadó de nosotros y nos acogieron en un tenebroso agujero que parecía el castillo del Conde Drácula. Al menos pudimos dormir antes de llegar a París y mis hijos aprendieron la lección de que no hay victoria sin sufrimiento. Aunque todavía tuvieron que sufrir un poco más para llegar al Estadio, en cuyo camino robaron a mi mujer la cartera y en la pesadilla de la salida entre atracos indiscriminados. Eso sí, la cena en Saint Germain con la 14 haciendo clanc no la olvidaremos nunca.
Este sábado veré la final por primera vez en casa por la tele con mis hijos. Repetiremos los rituales de cada eliminatoria de Champions, pero llegaré al pitido inicial sin un sufrimiento previo. Y por esto tengo tanto miedo al Borrusia. Porque no hay Champions sin sufrimiento previo.
Todo en Inglaterra pasa y pasará por Wembley, 'La Casa del Fútbol'. El estadio británico acoge no sólo los partidos como local de la selección inglesa sino también las finales de los principales torneos de las islas: la FA Cup, la Copa de la Liga de Inglaterra y la Community Shield.
Este año, vuelve el último partido de la máxima competición continental al interior de sus más de cuatro millones de metros cúbicos, el equivalente a 25.000 autobuses de dos pisos típicos de la capital británica. Es la octava vez que Wembley acoge una final de Champions, el estadio que más lo ha hecho en la historia. En una de ellas, la de 1992, fue donde el Barcelona obtuvo su primer título gracias a aquel mítico gol de falta de Ronald Koeman ante la Sampdoria.
No obstante, esa Champions la celebró el viejo Wembley, la construcción que se inauguró en 1923 y que fue demolida en 2003. Este nuevo estadio, obra del estudio de Norman Foster, se construyó en 2007 y tuvo un coste de aproximadamente 1.260 millones de euros.
Más de 90.000 personas presenciarán este sábado el partido que enfrentará al Real Madrid y al Borussia Dortmund. Un acontecimiento planetario que se podrá ver desde todo el mundo y que contará al característico arco del diseño del arquitecto británico como testigo de excepción. Ese elemento de siete metros de diámetro y 133 de alto es visible desde todo Londres. No obstante, todos los ojos del mundo del fútbol estarán en lo que 22 personas hagan en el césped.
El culturista alemán Kevin Gebhardt falleció hace un par de días a los 31 años por causas desconocidas. El cuerpo del atleta fue encontrado en su apartamento, donde se estaba recuperando de un desgarro en un tendón de la rodilla.
Gebhardt se operó de esa articulación hace unas semanas en su Alemania natal. "¡El tiempo cura todos los descansos! ¡Todavía no puedo creerlo! Sin embargo, gracias al Dr. Julian Mehl por la ayuda rápida y la cirugía perfecta. Posiblemente, el mejor de toda Alemania cuando se trata de la zona de rodilla", compartió el pasado 26 de abril con sus más de 11.000 seguidores en Instagram.
Milos Sarvev, ex entrenador del alemán, ha sido el encargado de confirmar la triste noticia. "Hemos perdido demasiado pronto a otro hermano de hierro. Me informaron quemi ex atleta fue encontrado muerto en su apartamento", ha compartido también en Instagram.
Gebhardt se inició en el culturismo a los 14 años gracias a su tío y compitió en multitud de campeonatos. Yamamoto Cup Pro 2021, Egypt Pro 2021 o EVLS Prague Pro 2021 fueron algunos torneos en los que recibió mejores calificaciones. Ya retirado de la competición, ahora se dedicaba a entrenar a otros atletas.
Es como si no hubiera nada que se pudiera interponer entre Luka Doncic y el éxito. En él lleva instalado desde su niñez, pese a los enormes desafíos que siempre afrontó. Tras conquistarlo todo en Europa con el Real Madrid y dar el salto lógico a la NBA, llega la siguiente estación. A partir del jueves, con 25 años y en la que es su sexta temporada en la mejor liga del mundo, buscará su primer anillo. Lo hará con los Mavericks, a los que ha devuelto a las Finales 13 años después.
Enfrente estarán unos Celtics con ventaja de campo, que sólo han perdido dos partidos en todos los playoffs y que parten claramente favoritos. Pero es tal el estado de euforia y energía de los de Jason Kidd tras pasar por encima de los Timberwolves (4-1) -que a su vez eliminaron al campeón Nuggets en segunda ronda-, que cualquier cosa parece posible para Doncic y su compinche Kyrie Irving. Porque esa conexión con un talento como el del base, tantas veces incomprendido, es la clave del espectacular camino de los texanos en la postemporada.
"Ha sido increíble. Tenemos un buen equipo, pero lo más importante es que tenemos buenos tipos. Desde jugadores a entrenadores, pasando por toda la gente que rodea al equipo. Hemos estado juntos y hemos jugado a baloncesto. Hemos derrotado tres muy buenos equipos y sin tener ventaja de campo", reflexionó Doncic tras el triunfo en Minnesota.
Tras acabar quintos en temporada regular (el año pasado ni llegaron a los playoffs e incluso fueron multados por dejarse llevar para alcanzar una mejor opción en el draft), yendo claramente de menos a más y experimentado una gran mejoría tras los movimientos en la plantilla durante el mercado de invierno -llegaron dos interiores importantes como Daniel Gafford y PJ Washington-, los Mavericks han ido sobreviviendo a derrotas y lesiones durante unos playoffs salvajes en el que Doncic, lastrado en sus rodillas, ha ido de heroicidad en heroicidad.
"Tiene esas orejas de Dumbo. Escucha todo. Escucha desde el aficionado que está en primera fila hasta el que está en la fila número 20. Si lo necesita, encuentra a esa persona que le puede motivar. Le pasaba lo mismo a Gary Payton. Él buscaba a ese aficionado que lo enchufaba, una vez lo encontraba estaba todo hecho. Los entrenadores solo tenían que sentarse", le elogió su entrenador tras el tercer partido de la serie ante Minnesota, donde el esloveno, que minutos antes había recibido una durísima falta de Rudy Gobert, decidió con una preciosa canasta prácticamente sobre la bocina ante el pívot francés. Sus promedios en playoffs son extraordinarios: 28,3 puntos, 9,1 asistencias y 9,6 rebotes, con un 33% en triples y seis triples dobles ya.
Doncic, defendido por Anthony Edwards.DAVID BERDINGGetty Images via AFP
Además está la parte de liderazgo y nada como su compenetración con el excéntrico Irving, del que está sacando toda su calidad para llevar a los Mavericks a la tercera final de su historia y buscar emular lo conseguido por Nowitzki y el propio Jason Kidd en 2011. "¿Es este el mejor backcourt en la historia de la NBA?", se preguntaba estos días su entrenador. "Kyrie ha dado muchas vueltas, ha estado junto a grandes jugadores, y no le importa ser segundo. Eso no es tan fácil de encontrar en esta liga. Sabes que aparecerá cuando le necesites, y eso es lo que ha hecho este año con Luka. Es paciente, es tranquilo, y su energía es positiva. Le encanta Dallas, le encanta este grupo, hacer de mentor a los jóvenes, de eso trata ser un profesional", seguía Kidd sobre un Irving que ya fue campeón junto a LeBron James en los Cavaliers (2016) y que también brilla en lo estadístico 22 puntos y 5,2 asistencias con un estupendo 43% desde el perímetro. En los últimos 50 años, ninguna pareja de estrellas había cosechado hasta tres partidos de 30 puntos cada uno en unos mismos playoffs.
Doncic, que ya alcanzó las finales de la conferencia Oeste en 2022 (entonces cayeron contras los últimos Warriors campeones), ha elevado todavía más su leyenda en unas semanas en las que ha ido superando dos eliminatorias salvajes contra Clippers y Thunder (empezando ambas con derrotas) en seis partidos y arrasando a los Wolves de Anthony Edwards, a lo que ha vencido en las tres ocasiones en el Target Center, la última este viernes con su enésima exhibición.
Además de lo deportivo, está el salto económico que pronto protagonizará el ex madridista. Con un contrato hasta 2027 de 215 millones de dólares y al haber sido elegido por quinta vez consecutiva en el mejor quinteto de la liga (además de MVP de las finales de la Conferencia Oeste y tercero en las votaciones a MVP de la temporada), Doncic podrá firmar una extensión histórica en 2025 por la que se ingresará 346 millones de récord.
El UCAM Murcia volvió a ganar en el Martín Carpena al Unicaja (83-101), esta vez un dominio arrollador y con Rodion Kurucs en versión estelar (21 puntos y 27 de valoración), por lo que tendrá la opción de sentenciar la eliminatoria de semifinales de Liga Endesa en su pabellón el sábado.
Con el 79-88 del primer partido, disputado el pasado martes también en el palacio malagueño, el UCAM se coloca 2-0 y dispone ahora de dos oportunidades en casa para avanzar a la final del campeonato: primero, el sábado (18.00 horas) y, en caso de perder, el lunes (20.30 horas).
Difícil situación para Unicaja, que tendrá que ganar tres partidos consecutivos si quiere optar al título. Precisamente, el equipo malagueño fue el primero de la historia de la Liga ACB que remontó un 2-0. Fue en 2005, en cuartos de final contra Etosa Alicante.
En cuanto al partido, el cuadro entrenado por Sito Alonso ya empezó muy entonado tanto en ritmo y ejecución, poniendo el 4-9 con triple de Rodion Kurucs transcurridos tres minutos de juego.
Un tapón de Yannis Morin a Will Thomas demostró la confianza de los murcianos y la tensión defensiva que impartió desde el inicio, provocando cinco pérdidas al rival y finalizando muy bien en transición para poner el +9.
En un ejercicio de orgullo, pasión y máxima intensidad, el Unicaja logró ver el aro más ancho en sus tiros y recortó hasta el 21-25 con el que terminó un primer cuarto de ritmo espectacular.
Las pulsaciones no bajaron en el segundo, con Unicaja tratando de acercarse en el marcador percutiendo bajo canasta, sin obsesionarse con el triple, buscando el juego físico, aunque fue con un tiros exterior de Kendrick Perry cuando llegó el empate a 3:33 del descanso (35-35).
A poco del descanso se dio el momento polémico del partido, en una acción de rebote con falta a favor de Dylan Osetkowski, quien golpeó con el codo en la cara a Morin.
El pívot de UCAM se fue a vestuarios para frenar la hemorragia de una herida en su rostro, haciendo gestos de provocación a la grada del Carpena, que le recriminó su actitud con una pitada al unísono.
En un intento de ponerse seis arriba, el equipo de la región murciana aguantó con entereza el intento de escapada, pero el Unicaja se fue a vestuarios con un punto de ventaja (45-44).
De un 2+1 de Alberto Díaz a otro de Kurucs, de un gran contraataque local a otro buen balance ofensivo visitante. Canastas difíciles de un lado y de otro. La alternancia fue la constante en el tercer cuarto.
UCAM seguía manteniendo intacta su energía y minando la moral de los de Ibon con buenos tiros abiertos en ataques rápidos que le dieron un gran impulso de ventaja (56-65, min. 25).
Otra vez el Unicaja estaba contra las cuerdas, ahora más que nunca, llegando a perder de trece puntos (61-74). Necesitaba un punto de inflexión para el último asalto, pero no lo hubo, para desgracia de los hinchas cajistas que llenaron las gradas.
El tercer cuarto de UCAM Murcia fue la consagración de un equipo que está a un nivel excelso de confianza: hicieron siete de siete en tiros de dos, cuatro de ocho en triples y cuatro de cinco en tiros libres para 30 puntos.
Le costó hacerlo, pero el Unicaja se puso a diez puntos a falta de cinco minutos y el pabellón cantó el "¡Sí se puede!", pero la realidad fue un golpe tan pronto como un mate de Sant-Roos elevó la distancia a quince puntos.
Hacia el final de partido, con todo sentenciado, un sector de aficionados de UCAM cantaron el "Ibon tiene un plan" como mofa, gesto que condenó el público malagueño, que ahora se tendrá que aferrar a una doble victoria de su equipo a domicilio para forzar un quinto partido.
Los Dallas Mavericks de Luka Doncic y Kyrie Irving arrollaron 103-124 este jueves a los Timberwolves de Minnesota para ganarse una plaza en la final de la NBA que disputarán contra los Boston Celtics.
Doncic e Irving, jugadores del equipo de Dallas, sumaron 72 puntos para ganarse en el quinto partido contra Timberwolves el pase a la serie final con los Celtics de Boston.
El esloveno se apuntó el doble doble de 36 puntos, 10 rebotes y 5 asistencias, mientras que Irving agregó los mismos tantos, 4 rebotes y 5 asistencias.
Los jugadores PJ Washington ( 2,01 metros de estatura) añadió 12 puntos y Daniel Gafford (2,08 metros de estatura) 11.
Por los locales, Karl Anthony Towns y Anthony Edwards hicieron 28 puntos cada uno.
Los Timberwolves iban perdiendo 3-0 en la serie cuando resucitaron este martes al vencer a los Mavericks 105-100 en el cuarto partido de la serie. Esta jueves, el equipo de Minnesota intentó frenar a los Mavericks sin éxito.
Los Mavericks no han llegado a la final desde la temporada 2010-2011, cuando ganaron su único campeonato NBA. Esta temporada, disputarán la final contra los Boston Celtics desde el 7 de junio hasta posiblemente, el 21 del mismo mes.
Doncic, quien como Irving se culpó de la derrota este martes, sumó 12 puntos, 6 de ellos de dos triples, en los primeros minutos de juego, con lo que los visitantes declararon su intención de ganar (8-16).
El entrenador de los Timberwolves, Chris Finch, pidió su primer tiempo muerto y en un abrir y cerrar de ojos los locales empataron a 18.
Pero el ex madridista esloveno acertó otros dos triples de corrido para devolver una ventaja considerable a los texanos e Irving cerró el marcador del cuarto inicial con una internada (19-35).
Doncic concluyó el primer segmento con más tantos (20 con 72.7 por ciento de aciertos) que todo el equipo local.
El segundo parcial comenzó explosivo con un tiro con paso atrás de Irving, triple de Maxi Kleber y los locales con estadísticas de tiro deprimentes (14.3 % en triples y porcentaje de 31 en total).
Rudy Gobert dispara mientras Dereck Lively II y Luka Doncic defienden la canastaAP
Las dos defensas cerradas obligaron a alargar los pases en ataque para ambas escuadras, pero era Dallas la que conservaba un abrumador liderazgo antes de llegar al ecuador del segundo cuarto a pesar de unos brillantes minutos de Towns (32-49).
Triples de Doncic (25 puntos y 5 triples en la primera mitad) e Irving (19) consiguieron que los Mavericks llegaran al descanso con unos abrumadores 29 puntos arriba (40-69).
Los Mavericks inscribieron porcentajes de acierto por encima de 60 mientras que los Timberwolves registraron un triste 34,9 % de éxito con un lamentable 16,7 % (2 de 12 intentos) en triples.
Doncic sirvió un pase que Washington convirtió en 'alley oop' y la siguió metiendo para llegar a sus 29 puntos personales en el minuto y medio del tercer segmento.
El entusiasmo que los aficionados del Target Center de Minneapolis habían mostrado desde el comienzo del partido se apagó cuando Doncic llegó a sus 31 puntos para imponer una ventaja de 36 tantos (46-82).
Tres triples de Edwards en un par de minutos hicieron poca mella a los dominadores visitantes (60-87), pero fueron suficientes para que el entrenador de Dallas, Jason Kidd, llamara a capítulo a sus pupilos.
Towns acertó su primer triple de cinco intentos, Irving le contestó con su tercero de siete y Doncic llegó a sus 33 puntos para dejar el marcador en 73-97 a falta del último cuarto.
Los locales comenzaron el segmento definitivo con un 9-0 que interrumpió Irving con un palmeo (78-103).
El australiano americano clavó su cuarto triple y Doncic su sexto cuando a falta de medio parcial parecía que la final de la NBA de este año ya estaba definida (85-111).
Los Timberwolves se dieron por vencido y Finch sacó a jugar a los suplentes minutos antes de concluir un partido que le dio el pase a la final a los Mavericks (103-124).
En el skatepark de Villaverde, al sur de la capital y lugar en el que ha colaborado en su diseño, Danny León (Móstoles, 29 años) enseña a los periodistas a montar un skate. Entre rodamientos, tuercas, tornillos y lijas, bromea con sus compañeros de RedBull y ayuda a todo el que tiene problemas en el bricolaje con una sonrisa. Paso a paso explica todo lo que hay hacer. No importa ni el tiempo ni el problema. También realiza varios trucos que deja a todos con la boca abierta.
Desde los nueve años, León patina por los parques de su ciudad. Ahora es profesional y acaba de ganar en Dubái la última prueba del World Skateboarding Tour en la que participaron los mejores skaters del mundo. Su próximo reto es hacer historia en los Juegos de París, los segundos a los que asistirá.
¿Se acuerda de su primera tabla?
Más o menos. Yo empecé pidiendo la tabla a la gente que se sentaba. No tenía y comencé a escondidas. En casa no lo sabían. Como si yo ahora que estoy aquí sentado, se la dejo a un chaval que quisiera patinar. "¿Oye, me la dejas? Y así ellos descansaban 5 o 10 minutos. Recuerdo que la primera me la regaló un chico.
Para usted ¿Patinar es un estilo de vida?
Totalmente. Tú puedes viajar con un skate y siempre habrá un sitio o un lugar para patinar en la calle. Ves a alguien y ya sois colegas. Sabéis que podéis compartir una sesión incluso sin hablar el mismo idioma. Lo podéis pasar muy bien y además hay una integridad social increíble. Dan igual tus gustos o cómo vistas, al final nos une una tabla con cuatro ruedas.
Danny León patina en el skatepark de VillaverdeAngel Navarrete
Como skater profesional, las caídas y las lesiones son grandes riesgos que se deben tener en cuenta, sin embargo, Danny León, prefiere usar otros términos: "Más que miedo, es respeto. Sí que puede darlo intentar un truco nuevo porque caer sobre cemento y metal duele y son caídas son muy lesivas. Golpearse en esta superficie es muy duro y arrastras dolores. Pero es más respeto por eso, porque me puedo lesionar y voy a tener que estar un tiempo fuera. ¿A ver cuánto tiempo voy a estar sin patinar? Pero miedo, no.
Tan claro lo tiene que "jamás" se le ha pasado por la cabeza dejarlo. "No me lo he planteado. Alguna vez me lo ha dicho un doctor por una lesión. No es una opción. Ya sea a nivel profesional o no, voy a seguir, asegura.
¿Qué hubiera pasado si enfrente de su casa no llegan a construir una pista de skate?
Pues hubiera hecho otra cosa si hubieran puesto algo diferente [risas]. No lo sé. La verdad es que yo tiraba mucho por el fútbol. Igual es un tópico pero iba por muy buen camino, pero la independencia que te daba el skate me llamó la atención. Se cruzó en el camino del fútbol, me gustó mucho eso y también la manera de ser de la gente en el skate que en el propio fútbol, que había mucha más competencia.
Danny León trasmite felicidad y diversión, pero cómo gestiona las frustraciones era una pregunta obligada: "Cuando estoy frustrado y no me sale algo, lo que hago si estoy entrenando es parar. Irme a casa y a otra cosa. Descansar. Hay que saber cuando hacerlo. Yo soy muy positivo, sonriente, intento buscar el lado bueno de las cosas y entretenerme. Siempre bromeo con la gente".
Danny León, en VillaverdeAngel Navarrete
Esa positividad es una característica que marca su personalidad. "Soy muy extrovertido, bromista y bastante confiado", comenta. ¿Plasma eso en la pista?, le pregunto: "Pues hace un par de semanas me dijeron que sí. Unas chicas de Bélgica y otra de Polonia me dijeron que mi forma de ser, cómo se me ve patinando, sonriendo...Veían que de verdad era así, que estoy con todo el mundo entretenido, hablando... Así que supongo que sí se expresa mi forma de ser patinando también".
¿Otras aficiones?
Surf, skate y snowboard. Para mí está ligado todo lo que sea tabla.
¿Y se le dan bien?
Diría que no se me da mal. Me defiendo. Todo lo que sea en tabla, bien. Ahora me he iniciado con la escalada y el pádel. También me gustan los karts y cocinar.
París es su gran objetivo. Después de Tokio, lograr una medalla es una meta que desea cumplir: "¿Un sueño?: La medalla. Aunque es más una meta. Mi sueño sería llevar al skate a esos lugares donde no existe. Hace un tiempo hicimos un pool (superficie sobre la que se patina) en Sri Lanka, que allí no existía y ahí está. Llevarlo a esos sitios, generar skate y que, igual que lo he tenido yo que lo tengan también en otros lugares. Por ejemplo, en el continente africano o asiático es muy difícil, hay muchos países en los que el skate no existe".
¿Qué hará si finalmente la consigue?
Nada en especial, no cambiará mi forma de ser. Vivo en Móstoles y voy a seguir allí...,estoy buscando casa porque las cosas están imposibles. Pero, igual un tatuaje...porque no tengo ninguno y lo mismo me hago un león con algo de París o algo así. Podría estar chulo. Un tatuaje.
¿Qué le recomendaría a un adolescente que quiere ser skater?
Lo más importante es disfrutar con amigos. Es como más se progresa. Cuando estás creativo y contento es cuando más trucos salen. Que lo pase bien y que comparta siempre, porque eso de patinar solo para que la gente no vea mis trucos y así mejorar solo y llegar a los Juegos, no es el objetivo. La meta es desarrollar algo dentro de ti y enseñarlo.
¿Una cualidad que todo skater debe tener?
Originalidad. Creo que cada uno tiene que hacer sus propios trucos y lo que se le ocurra.
¿Cómo te defines patinando?
Soy bastante perfeccionista. Intento que los trucos salgan bien, limpios y que cuando lo veas parezca que es fácil. Un estilo elegante, eso es lo que intento que parezca. Que cuando lo pruebes digas: 'ostras, esto no es tan fácil'.
En la menuda pista 9 de Roland Garros todo se oye y por eso cuando Paula Badosa replica a su equipo el público se entera. «Millor no em diguis res!», reclama, es decir, «¡Mejor no me digas nada!». Su entrenador, Pol Toledo, le había pedido que arriesgara con el revés, ella había arriesgado con el revés y la pelota casi acaba fuera del recinto. El error no impediría la victoria de la española este jueves ante la kazaja Yuliya Putintseva por 4-6, 6-1 y 7-5 y su pase a tercera ronda, pero sí confirma una certeza: el tenis tiene una revolución pendiente.
Pese a que los técnicos pueden dar instrucciones desde las gradas a las mujeres desde 2020 -antes podían hacerlo bajando a la pista- y a los hombres desde 2022, la comunicación es mínima en casi todos los casos. En la Philippe Chatrier, Nenad Zimonjic, nuevo entrenador de Novak Djokovic, le lanzaba una indicación y él miraba a su palco, ponía la oreja, cerraba un poco los ojos y se concentraba para entender algo que seguramente no entendía. Tampoco importó mucho. Al final ganó por 6-4, 6-1 y 6-2 a Roberto Carballés, pero quizá la propuesta de Zimonjic le habría ahorrado algún esfuerzo.
«Es un poco decepcionante para los que amamos este deporte y lo consideramos muy táctico. Imagínate poder dar indicaciones a un ajedrecista durante una partida. La permisión del 'coaching' durante los partidos no se está aprovechando en absoluto. Actualmente sólo se dicen cosas genéricas, palabras de ánimo, pero podría servir para mejorar aspectos específicos. Podría cambiar el juego totalmente. Estoy seguro que llegará», apunta en conversación con EL MUNDO el analista Craig O'Shannessy, impulsor del cambio que vendrá.
Como experto en táctica, trabajó con Djokovic entre 2017 y 2019 y en los últimos años ha impulsado una empresa de análisis que colabora con varios torneos y federaciones. Hay alguna compañía más, como la que dirige el ex tenista argentino Franco Davin, pero su papel todavía es secundario. Todos los entrenadores les reclaman las estadísticas en directo, la mayoría las observan durante el partido, pero raro, muy raro, es quien las utiliza para aconsejar a su pupilo. «Formamos la primera generación de analistas y, de momento, nuestro trabajo se utiliza para explicar qué ha pasado, a posteriori, no para cambiar lo que está pasando. Para mi el futuro es que haya un analista en cada palco y que éste directamente dé instrucciones al jugador», expone O'Shannessy, muy optimista con el porvenir de su oficio.
Las reticencias del circuito
Porque el tenis, un deporte atado a las tradiciones como pocos, todavía reniega de la importancia del 'coaching'. En primer lugar porque estuvo prohibido durante décadas y quien se saltaba la norma estaba muy mal visto, sobre todo en los países anglosajones. Y en segundo lugar porque es muy difícil que funcione. Son dos o tres segundos de intercambio, normalmente entre los ánimos del público, y el jugador no siempre está receptivo.
«Una indicación puede ayudar a ganar un partido, pero esa comunicación tiene que estar trabajada. Más que palabras, deben ser gestos. Por ejemplo, tocarte el hombro izquierdo si quieres que saque por la izquierda, indicarle con las manos que juegue más largo o que haga más dejadas. Hay jugadores que no hacen ni caso y entrenadores que no saben controlar sus emociones y ponen más nervioso a su pupilo», señala Javi Fernández, responsable de la Tennis Group Academy de Marbella y actual técnico de Mario González, jugador de la quinta de Carlos Alcaraz que intenta hacerse un hueco en el circuito.
"Lo más aconsejable es que animen"
«Hay muy poco tiempo y el jugador está concentrado, por eso el coaching durante el partido es complicado. Lo más aconsejable es que los entrenadores animen, que transmitan su apoyo al jugador, pero que no den muchas instrucciones. Si no, puede llegar lo que llamamos parálisis por análisis. Si en tres segundos indicas al tenista que juegue más profundo, que ataque más al revés y que salte más en el saque, lo normal es que luego cometa una doble falta. Como mucho una indicación y si puede ser comunicación no verbal, mejor», añade Miguel Crespo, doctor en psicología y entrenador de entrenadores como responsable del Departamento de Educación de la Federación Internacional de Tenis (ITF), que pese a todo cree que «el tenis evolucionará en ese sentido», más si vuelven a cambiar las reglas.
Stefanos Tsitsipas, este miércoles, en Roland Garros.CHRISTOPHE PETIT TESSONEFE
Ahora los entrenadores pueden hablar, pero sólo cuando el tenista está en su lado y no en todos los torneos. Los Grand Slam acceden, pero algún Masters 1000 todavía se resiste. «Shut up!», es decir, «¡Cállate!», le exigía Stefanos Tsitsipas a su padre, Apostolos, este miércoles en pleno partido ante el alemán Daniel Altmaier, que también terminaría ganando. Realmente el tenis tiene una revolución pendiente.
Jennifer Shahade es una mujer sonriente. La gran maestra femenina es, de hecho, una de las ajedrecistas más alegres del circuito. Su simpatía es tan desbordante que sorprende incluso a quienes no conocen su historia personal. Nacida en Filadelfia el último día de 1980, no sólo es famosa por ser la primera mujer que ganó el Open de Estados Unidos y por haber logrado dos veces el campeonato de su país. Por desgracia para ella, también es conocida porque jugó un papel capital en la caída del capitán de la selección femenina, Alejandro Ramírez. Sahade sufrió dos ataques sexuales, pero no lo denunció hasta que varias mujeres más, algunas menores de edad, le contaron que también habían sufrido agresiones del gran maestro nacido en Costa Rica.
Abrir la puerta del infierno no acabó con el sufrimiento. El presidente de la Federación de Estados Unidos no sólo no ayudó a la víctima, sino que intentó desacreditarla cuando renunció como directora del programa de apoyo al ajedrez femenino. El depredador acabó perdiendo su empleo, el zorro ya no siguió a cargo del gallinero, pero Shahade tuvo que pagar un alto precio. La iniciadora del #MeToo del ajedrez perdió «incontables amigos y oportunidades».
La entrevista con Jennifer Shahade tiene lugar en Mónaco, donde participa en el European Poker Tour de Montecarlo. La cabeza pelirroja de la ajedrecista se ha convertido en una imagen habitual en los tapetes verdes: el contraste cromático ayuda a destacar su presencia. Unas horas antes de la conversación, Shahade participa en el torneo femenino del EPT, popularmente conocido como el ladies. Muchos se preguntan por qué existen los torneos femeninos, si mujeres y hombres pueden competir de igual a igual. "En primer lugar, son muy divertidos y es una forma excelente para que las mujeres, que tienen una presencia muy minoritaria en el póker, al igual que en el ajedrez, tengan la oportunidad de aficionarse y de aprender a ser más competitivas. También consiguen conocerse mejor unas a otras y, además, el precio de la inscripción suele ser más bajo, por lo que es una buena forma de conocer este mundo sin gastar demasiado".
Jennifer Sahade.EL MUNDO
Las heridas por el caso de Alejandro Ramírez están todavía abiertas, pero Jennifer Shahade accede a hablar de las enseñanzas extraídas de todo lo vivido. "Son muchas, pero sobre todo he aprendido la importancia de decir la verdad. Hay una cita famosa que dice que en el tablero no existen la mentira y la hipocresía, porque llevan a la derrota. Creo que es importante decir la verdad y escuchar a la gente que la dice. A veces es más fácil no escuchar, la gente quiere que todo sea maravilloso, pero a veces hay que enfrentarse a las cosas malas para mejorar el mundo. Esa es la primera conclusión. Luego, me hace sentir solidaridad con la gente del pasado y de la actualidad que ha hecho el esfuerzo de contar la verdad, porque muchas veces no se aprecia al mensajero".
P. ¿Quién le falló más cuando decidió contar la verdad?
R. "¡Ha sido tanta gente! Es difícil nombrar a una sola persona. Por supuesto, Alejandro es de quien más me puedo quejar, pero luego hay demasiadas personas que me dieron la espalda. Dado que estamos en el EPT de Montecarlo, te diré que esta comunidad me salvó. El póker me permitió refugiarme, porque la mayoría de la gente me ha apoyado. Es un buen ejemplo de cómo tienes más libertad en la vida si haces al menos un par de cosas diferentes y tienes más de un trabajo".
P. Igual que el ajedrez está cambiando, ¿también lo ha hecho el mundo del póker?
R. "Creo que sí. Todavía no hay muchas mujeres, pero en general la prensa está más centrada en cómo juegan y no en su aspecto. Creo que hemos mejorado de este error del pasado. Es parte de la naturaleza humana interesarnos más en las personas hermosas, ya sean hombres o mujeres, pero sobre todo es algo que ocurría con ellas".
P. ¿Y alguna vez conseguiremos que haya más mujeres en los tableros y en las mesas?
R. "Estoy convencida. Hay muchas oportunidades en ambos juegos, pero es difícil porque en los dos reciben a veces demasiada atención. Algunas personas simplemente quieren disfrutar, sin la presión añadida de estar en el centro del foco. Es complicado, porque gracias a eso surgen oportunidades, pero al mismo tiempo muchas quieren pasar inadvertidas y simplemente disfrutar. Tenemos que descubrir cómo conseguir que sea una buena experiencia para ambos tipos de personas".
Un guion sobre su vida
P. ¿No ha pensado en escribir un guion sobre su vida?
R. "Quizá no de mi vida, pero definitivamente pienso escribir un guion. Mi marido también trabaja en el mundo del cine y quiero hacer una película o una serie sobre algunos de los asuntos más interesantes que ocurren en el ajedrez".
Jennifer Shahade sigue hablando de sus sueños, de su fundación Nine Queens, que ayuda a convertirse en reinas a simples peones. "Es una utopía, pero quizá algún día se haga realidad". Entretanto, no ha dejado de trabajar en el ajedrez y en sus libros «para hacer que sea un mundo más seguro para las mujeres». ¿Siente que tiene una misión en la vida? «Definitivamente. Ahora creo que por fin he encontrado mi misión, eso seguro. Quiero que las partidas sean más inclusivas y seguras y acogedoras para todos, pero en estos dos años he pensado que hay que aún más allá y mostrar la verdad completa del ajedrez. Sí, siento que tengo esa misión."
P. Quizá eso le dé sentido a todo lo sufrido.
R. "Sí, pero quizá no todo, porque a veces ocurren tragedias sin sentido que no puedes explicar, a menos que creas en Dios. En mi caso, ahora siento que con suerte todo va a ser para bien y que todavía tengo una oportunidad. Así que voy a luchar por ello, para que al final todo tenga sentido y sea bueno".
Shahade viene de una familia de ajedrecistas. Su padre era maestro FIDE y su hermano mayor, Greg, es maestro internacional. Cuando este último empezó a jugar también al póker, ella decidió probar. "Después de escribir mi primer libro, Chess bitch, decidí darle una oportunidad y mi hermano me ayudó, pero al principio el juego no me sedujo. Sólo un poco más tarde, cuando me vi más involucrada con PokerStars y a acudir a eventos como este en Montecarlo, empecé a apreciar su cultura. No es sólo el juego, sino todo lo que lo rodea. Se parece mucho al ajedrez".
Escuelas
Graduada en Literatura Comparada, Shahade prepara ahora otro libro, Thinking Sideways, que trata "sobre algunas de las habilidades de la vida real que se pueden aprender con el ajedrez y el póker". "También de la forma de pensar de los jugadores, no sólo los mejores, y de qué podemos aprender de algunos incidentes recientes, como los casos de abusos y de trampas".
¿Podemos aprender más del ajedrez o del póker? "En términos económicos, el póker es un microcosmos financiero que te enseña que debes aceptar ciertos riesgos si no quieres perder tu dinero lentamente, aunque si te arriesgas demasiado lo perderás rápido. El póker es casi un curso de economía en miniatura. Las lecciones del ajedrez son más filosóficas, pero no menos importantes, sobre la importancia de estar concentrado, analizar tus opciones y ser flexible. Un problema habitual es que la gente tiene un plan y se aferra a él. Nadie quiere desviarse de su ruta, cuando necesitas reevaluar constantemente qué camino deberías tomar y por qué".
Sobre su amado ajedrez, Shahade tiene algunas quejas, no únicamente personales: "Los niños no pueden jugar al póker, pero a veces pienso que el ajedrez se concentra demasiado en ellos y deja un poco de lado a los adultos. Se fomenta la idea de que es un juego para los más jóvenes y olvidamos que se puede disfrutar a cualquier edad, aunque quienes lo practican no tengan opciones de convertirse en campeones del mundo. Si a cierta edad no tienes determinado nivel, se fomenta la idea de que ya no tiene sentido que sigas jugando. Sin embargo, hay grandes historias y oportunidades para el desarrollo y la cultura a cualquier edad".
Por otro lado, el ajedrez también puede ser un ecosistema peligroso para los más débiles. "Tenemos que hacer todavía un gran trabajo para asegurarnos de que aprovechamos todo lo bueno que tiene y apartamos las negativas. Queda muchísimo por hacer, pero al menos ahora la gente se ha dado cuenta de la entidad del problema. A partir de ahí, sólo tenemos que ir paso a paso", afirma la jugadora estadounidense.
El Borussia Dortmund habla algo de español. Poco, pero dentro de la organización que mañana amenazará al Real Madrid en la final de la Champions hay cierto sabor ibérico. Su capitán, Hummels, chapurrea el castellano, mientras que Mateu Morey y Guille Bueno ponen el acento nacional en los entrenamientos. El último, nacido en Vigo en 2002, es un lateral izquierdo con mucho recorrido que llegó en 2021 a Alemania y se ha hecho su camino en el filial, compartiendo entrenamientos con Haaland, Bellingham, Reus y compañía durante estos años. Ahora, horas antes del gran duelo de Wembley, atiende a EL MUNDO.
Fichó por el Borussia Dortmund en 2021, cuando apenas llevaba un año en el Deportivo De La Coruña. ¿Cómo surgió la oportunidad?
Estaba en el juvenil del Dépor y todo fue a raíz del campeonato de España. Ganamos y fue un poco escaparate. Mi padre me dijo que el Dortmund estaba interesado y no me lo esperaba para nada, flipé. Que un club así te llame... Fue todo muy rápido. Hice todo lo posible para que se diera el fichaje y así fue. Es la mejor decisión que he tomado porque creo que he crecido muchísimo futbolísticamente. Muy contento.
¿Qué es lo que más le sorprendió del Dortmund al llegar?
El estadio, la verdad. Nada más llegar fui al Signul Iduna Park y es un estadio enorme, impresionante. Después las propias instalaciones del club, todo lo que tenían.... No tenía mucho que ver con lo que había vivido. Las instalaciones del Dépor están bien, pero este tipo de clubes están a otro nivel. Te impresiona.
Firmó para jugar en el filial, pero desde el principio comenzó a entrenar con el primer equipo. Ahí estaban los Hummels, Reus, Haaland o Bellingham.
Sí, la idea era ir para jugar en el filial. Pero esa pretemporada muchas veces tiraban de nosotros para completar entrenamientos o convocatorias. Eso también me sorprendió, entrenar con las estrellas del primer equipo nada más llegar era increíble.
¿Quién le impresionó más?
Bellingham y Haaland eran conocidos, aunque menos que ahora, claro. Creo que por eso en ese momento lo que más me impresionó fue entrenar con leyendas como Hummels y especialmente Reus, que significa mucho para el club, es una leyenda y era el jugador que más conocía. Verle ahí, poder entrenar con él... Era espectacular. Muy impactante.
Haaland, Bellingham, Sancho, antes Lewandowski, Gotze... ¿Qué tiene el Dortmund para potenciar tanto el talento?
Lo que veo es que a los alemanes les gustan los jugadores trabajadores que intentan ayudar al equipo, y dan preferencia a eso. Y dentro del vestuario hay jugadores como Hummels y Reus que alimentan eso. Son leyendas y ayudan mucho en ese sentido, se les respeta muchísimo y nadie puede tener ego ahí, al momento los capitanes les darían un toque de atención.
Reus ha anunciado que se va. ¿Ha sido un drama para el club?
Sí, yo creo que le quedaba un poquito más... Esta temporada había renunciado a ser capitán tras lo de la última liga, que perdieron el título en el último partido. Ojalá en la final tenga lo que se merece porque toda la ciudad le tiene un cariño enorme por lo que ha hecho por el club. Siempre ha defendido el escudo como el que más, por calidad podía haberse ido a otros equipos pero siempre ha preferido quedarse y ojalá ahora termine como queremos todos.
Entiendo que lo de la última liga y la final de la Champions de 2013, perdida ante el Bayern, son dos golpes que no se olvidan ahí.
No se olvidan, pero se intenta mirar hacia adelante y mira, ahora el club está en esta final que nadie lo esperaba. Han subestimado al equipo en algunas eliminatorias. No ha sido el mejor año en liga, pero yo veo un equipazo, cuando tienen el día hay jugadores a los que no se les puede parar.
Hummels habla español, ¿no?
Sí, de hecho a mí me dejó flipado que las indicaciones en los entrenamientos me las daba en español. Me rallaba un poco porque no me lo esperaba (risas). "¡Solo!", "¡Gírate!"... Cosas así. Sé que lo habla y que quiere mejorarlo todavía más. Yo le hablo en español muchas veces.
Usted coincidió con Bellingham durante dos temporadas. ¿Cómo le veía en ese momento?
Con muchísimo carácter y sobre todo con mucha ambición, que creo que es lo que más ha demostrado esta temporada. Le veía más en los entrenamientos que en la convivencia como tal, pero siempre era muy respetuoso con los jóvenes que subíamos desde el filial. Sin ningún tipo de ego, eso es lo que más puedo destacar porque creo que es lo que ahora le están llevando a todo lo que está consiguiendo. Esa calma y el no tener ego, porque a algunos jugadores les perjudica. Él no tiene ego y es muy respetuoso, eso es clave.
¿Qué tal ha ido esta última temporada?
Pues he podido ir convocado con el primer equipo tanto en Liga como en Champions y es una experiencia inolvidable. Además, con el filial hicimos récord de puntos en Liga. Por ponerle un 'pero', tuve una lesión en la rodilla que me dejó un par de meses fuera, me jodió porque creo que era un momento en el que podía tener oportunidades en el primer equipo, pero me recuperé bien y seguí jugando. Así que nada, ahora a esperar más oportunidades. No me quiero obsesionar con debutar, pero sí que es algo que todo jugador quiere.
¿En qué jugador se ha fijado más en su carrera?
A mí me gustaba mucho la mentalidad de Cristiano Ronaldo. Y por decirte uno de mi posición: Marcelo me encantaba.
Dos del Madrid. No le voy a preguntar con quién va a ir en la final...