El mejor partido posible

El mejor partido posible

En un partido cargado de simbología y también de nostalgia, Carlos Alcaraz conquistó el único Grand Slam que le faltaba frente a quien lo ha ganado más veces. La mejor final posible no era el mejor partido posible, categoría reservada, por definición, al disputado entre el primero y el segundo del ránking. Pero Australia mostró al tenis, entusiasmado por los nombres, los antecedentes y las circunstancias, que un enfrentamiento inesperado y desigual puede suscitar el mayor interés que cabe pedir y celebrar.

Dos semifinales eternas habían puesto en la final, frente a frente, a dos hombres y dos épocas. Una nacida como ley natural para aplicar la última pena a la otra. Y ésta decidida a resistir como un deber consigo misma, con el propósito de aplazar la sentencia por medio de una victoria insospechada. O, en la presumible derrota, extinguirse con un grito y no con un gemido. Con una explosión y no con un crujido. Se medían el más arrollador presente y el más glorioso pasado, reunidos en un punto común a través de un destino devenido neutral tras haber tomado partido por ambos con el fin de juntarlos en un mutuo homenaje.

Alcaraz es depositario de una herencia individual que crece y se expande. Djokovic, custodio de otra tripartita que agoniza y con él expira. El tiempo no se había detenido para permitir a Nole jugar otra final de Grand Slam. Únicamente se había tomado un descanso antes de volver a transcurrir en beneficio de quien tiene la edad para aprovecharlo y no para sucumbir ante su peso.

Desde el crepúsculo de su grandeza, intacta en la historia y el recuerdo, Djokovic, orgulloso, quiso morir matando. Lo hizo hiriendo. De gravedad en el primer set y, en el cuarto, con un estertor muy parecido a una reacción. En un regalo al aficionado, en una oda y una ofrenda al tenis, Alcaraz lo fue macerando con la cruel violencia de los servicios y la venenosa dulzura de las dejadas. Nole nunca se rindió, aunque siempre careció de auténticas posibilidades. Incluso agotado, no entregó las armas: se las tuvieron que arrebatar.

A casi cuatro meses de cumplir 39 años, no volverá a jugar otra final de Grand Slam. En Australia ha compartido con Alcaraz el mejor partido posible. A partir de ahora, ese mejor partido volverá a ser un Alcaraz-Sinner.

Mbappé, con un penalti en el 99, evita una nueva calamidad del Madrid bajo los pitos del Bernabéu

Mbappé, con un penalti en el 99, evita una nueva calamidad del Madrid bajo los pitos del Bernabéu

Un penalti en el minuto 99 evitó una nueva calamidad del Real Madrid ante un Rayo Vallecano con diez futbolistas. Desde los once metros, Kylian Mbappé dio el triunfo a un conjunto blanco que se mantiene a un punto del Barcelona en la lucha por la Liga a pesar de otra tarde de abucheos, poco fútbol y caos en el Santiago Bernabéu. Vinicius puso por delante a los suyos, De Frutos empató el duelo, Ciss vio la roja directa y Bellingham se fue lesionado entre los pitos de la afición.

Arbeloa sólo realizó un cambio con respecto al equipo que cayó en Da Luz ante el Benfica. Sentó a Carreras, que sufrió esa noche, y dio entrada a Camavinga en el lateral izquierdo. El técnico tenía a tres futbolistas con experiencia en el lateral zurdo en su equipo, el propio Carreras, Alaba y Fran García, pero apostó por el centrocampista francés, que compartió cambio posicional con Fede Valverde, de nuevo lateral derecho. Decisiones de emergencia para situaciones de emergencia como la que vive el conjunto blanco, incapaz de construir fútbol y obligado a parches momentáneos por las lesiones y la negativa de la directiva a fichar en invierno.

Mientras el público, enfadado con el equipo desde hace semanas, volvía a silbar con fuerza a los futbolistas, especialmente a Bellingham y a Vinicius, al Madrid le costó entrar en el ritmo del partido ante un Rayo europeo pero con problemas en Liga. El conjunto de Iñigo Pérez está pagando su buena participación en la Conference League con una mala racha de resultados que le han hundido hasta rozar el descanso. Situación crítica para un club sumido en la problemática institucional y social desde hace ya demasiado.

Aún así, los vallecanos son un equipo valiente asentado en la fuerte ideología futbolística de su entrenador. Confía en su salida de balón y en su presión, y le creó problemas al Madrid en los primeros minutos. Tanto que perdonó el 0-1 cuando Ilias Akhomach se adentró en el área y definió desviado ante Courtois.

La clara ocasión rayista provocó de nuevo los abucheos de la grada madridista, necesitada de muy poco para silbar a los suyos. Vinicius, el más buscado por la afición, se encargó de reivindicar el apoyo del público con su primera carrera del día, dando una patada a la valla de publicidad y levantando los brazos para arengar a la masa.

En el 10, la tarde se le puso todavía más en contra a los blancos con la lesión de Bellingham, que sintió un pinchazo en el isquio de la pierna izquierda y pidió el cambio. Entró Brahim, más delantero que centrocampista, y el equipo, con el tiempo, se rompió aún más.

La ausencia del inglés revolvió a sus compañeros durante unos minutos y Vinicius anotó un gol extraordinario tras amagar a su par en varias ocasiones y enviar el balón a la escuadra de Batalla. Fue un impulso del Madrid, un breve espacio en el que el equipo de Arbeloa presionó, mordió e incidió hacia el área rival. Duró poco, aunque pudo sentenciar en ese tramo. Güler, en jugada individual, regateó a su defensor en el pico del área y probó a Batalla, que estuvo ágil. Era el minuto 18 y el Madrid disfrutaba de sus mejores minutos, pero pasada la media hora se apagó.

El Rayo, confiando en esa ideología de la que hablábamos, apostó por sus ideas y se plantó en campo rival para dominar a un Madrid inmaduro, sin estructura ni ganas. Un equipo que vive de las individualidades, escasas según el día, de sus estrellas y que sobrevive como puede en área propia. El Bernabéu, territorio de las sensaciones, no le perdona a sus futbolistas haberlas perdido todas en este mes de enero y le pitó de nuevo en el descanso.

Tras el intermedio el guion empeoró para los blancos. Mbappé pidió penalti en el 47, nada para Díaz de Mera, y De Frutos convirtió en gol una buena jugada ensayada por el cuerpo técnico de Iñigo Pérez. Centro de Gumbau tras sacar en corto un córner, dejada de cabeza de Álvaro ante Valverde y definición del rápido De Frutos adelantándose a Tchouaméni, central después de que Arbeloa sentara a Asencio en el descanso. Tres de los centrocampistas llamados por el Madrid a dominar esta década futbolística han jugado hoy de lateral derecho, central y lateral izquierdo.

El Bernabéu recibió el gol con más pitos y el equipo reaccionó como pudo. Casi incapaz de nada. El larguero de Mbappé tras una contra fue la ocasión más clara antes de la expulsión de Ciss después de una fea entrada sobre Ceballos. A partir de ahí, asedio madridista, más por inercia que por fútbol. Camavinga se encontró con el palo en el 84 y el Madrid encontró premio rozando el final de los nueve minutos de añadido. Brahim se internó en el área y Mendy, al fallar el despeje, impactó con él. Penalti y gol de Mbappé en el minuto 99 para mantener al equipo en una pelea por la Liga en la que tendrá que mejorar, y mucho.

La reivindicación ‘en caliente’ de Alcaraz: “Nadie sabe lo duro que he trabajado”

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No fue una celebración descontrolada. No parecía que hubiese hecho lo que ha hecho. Estaba contento, sí, pero no aparentaba ser el tío más feliz del mundo. Aunque seguramente lo era. Al ver cómo la derecha de Djokovic se marchaba fuera, Carlos Alcaraz se tiró al suelo, se llevó las manos a la cara y respiró fuerte. Fueron unos pocos segundos. Se levantó porque su rival había cruzado la red para felicitarle. El abrazo entre ambos significaba, como pocas veces, un relevo en la historia.

Después se marchó a celebrarlo con su equipo, todos fuera de sí con su nuevo entrenador, Samu López, a la cabeza. Para él, para Samu, de hecho, fueron algunas de las primeras palabras de Carlos cuando le dieron el micrófono: "Nadie sabe lo que hemos pasado, gracias por estar ahí. Ha sido duro, nadie sabe lo duro que hemos trabajado para conseguir esto", explicaba el número 1 del mundo, completado ya su gran objetivo de este 2026. Y estamos a 1 de febrero.

Porque él arrancó la temporada buscando lo que ya tiene. Es el hombre, el chaval, más joven de la historia en completar los cuatro Grand Slam. Con 22 años y 274 días, destrona a Rafa Nadal, para el que también tuvo un cariñoso recuerdo. "Tú me viniste a ver en directo cuando yo tenía 14-15 años, pero no habías vuelto. Es un honor y un privilegio que hayas venido y estés aquí viendo mi partido", le dijo.

"Esto es una locura", decía en Eurosport luego, más calmado. "Mucho trabajo, mucho esfuerzo, mucha dedicación, y en fin, muy contento", resumía. "Tener aquí a mi equipo, a mi familia, a mis amigos, es lo mejor que puede haber", insistía, y entrando ya en lo que ha sido el partido, explicaba: "El primer set Nole ha jugado a un nivel altísimo. Su bola le resbala mucho y así es muy difícil. He intentado estar fuerte mentalmente en el inicio del segundo set, he visto que él fallaba cosas que en el primer set no fallaba y eso me ha dado confianza".

La reivindicación de sí mismo tomó forma, y de qué manera, en esta entrevista televisiva. Le preguntaron de quién se acordaba. "Si te digo la verdad, me acuerdo de la gente que ha dicho que no lo iba a conseguir. Pensaban que iba a venir y no iba a pasar de cuartos. A los que no creían en mí. Me acuerdo de esa gente, cuando en teoría me tengo que acordar de mi equipo, de mi gente, pero esa mentalidad es la que me ha venido ahora. No he venido aquí para decirle a nadie que soy capaz, simplemente venía a demostrarme a mí mismo que soy capaz de solventar los problemas".

Por su parte, Novak Djokovic tomó la palabra para, con la enorme clase que tiene, dedicarle unas palabras muy bonitas a su rival de este domingo. "Felicidades Carlos, a ti y a tu equipo, a tu familia. La mejor palabra para definirte es histórico, legendario", le soltó, antes de animarse con una broma. "Estoy seguro de que nos veremos muchas veces en los próximos 10 años". El público, claro, rompió a reír.

El serbio, el hombre de los 24 Grand Slam, posiblemente el mejor de la historia, también se dirigió a Nadal. "Se me hace raro verte ahí en la grada y no aquí en la pista. En todo caso, es un honor que hayas venido. Gracias".

El rey ha muerto, viva el rey: Alcaraz destrona al mejor Djokovic en Australia y todos los Grand Slam son suyos

El rey ha muerto, viva el rey: Alcaraz destrona al mejor Djokovic en Australia y todos los Grand Slam son suyos

El mismísimo Novak Djokovic, campeón de campeones, inclinado ante Carlos Alcaraz. El rey ha muerto, viva el rey. En la Rod Laver Arena, escenario de muchas de sus hazañas, el tenista más laureado de la historia reconoció a su sucesor y aceptó el traspaso. Djokovic fue Djokovic más allá de su edad, pero Alcaraz fue Alcaraz. La final del Open de Australia de este domingo fue una bella batalla intergeneracional que se resolvió con la victoria del español por 2-6, 6-2, 6-3 y 7-5 en tres horas de juego.

A Alcaraz ya no le queda tierra por conquistar: campeón en los cuatro Grand Slam, ahora solo le resta seguir y seguir y seguir. Tiene 22 años; el horizonte es infinito. En la cuenta histórica suma siete majors, un dato que ya deslumbra, como también lo hacen sus más de 3.000 puntos de ventaja como número uno. Pero en la pista las sensaciones son todavía más incuestionables. Únicamente una lesión o la súbita pérdida de la ilusión se presentan como motivos de una derrota. De otra forma, ¿quién le va a parar?

Un Djokovic "imposible"

Djokovic fue quién era durante media hora. Hace unas semanas, con el estreno de 2026, hubo un trend en redes sociales que proponía regresar a 2016: colgar una foto de aquel año, recordarse entonces. El serbio se lo tomó muy en serio. En su primera final de Grand Slam en más de un año apareció con la concentración, la puntería, la potencia y la velocidad de quien se sabe ante una última oportunidad. Para Alcaraz era un partido importante, quizá el más importante del año. Para Djokovic era un partido para lo que le resta de vida. Si ganaba, qué mejor momento para despedirse. Los sacrificios realizados para llegar hasta aquí -de los dolores a los disgustos, pasando por los días lejos de sus hijos- se los iba a hacer pagar a su rival.

Por eso, en el primer set llevó el tenis a la perfección. Todos sus saques tenían intención, todas sus derechas quemaban, todos sus reveses acababan en la línea. Tomando todos los riesgos posibles, solo cometió cuatro fallos en todo el parcial. "Es imposible", lamentaba Alcaraz en conversación con su equipo, y tenía razón. "¡Novak, Novak, Novak!", gritaba el público de la pista central del Melbourne Park, y el actual número uno se veía en una situación inusual: superado en tierra hostil.

Asanka Brendon RatnayakeAP

La solución fue doblar la apuesta. Alcaraz tenía que ser Alcaraz. Y lo fue. Ante Djokovic, el español suele mostrar demasiado respeto. Ya le pasó en citas anteriores, como en la final de los Juegos Olímpicos de París: sea por fascinación infantil, sea por pura admiración entre iguales, la figura que tiene enfrente le genera más nervios que Jannik Sinner, ya no digamos cualquier otro adversario. En esa primera media hora, Alcaraz cayó en la precipitación y se dejó hacer. Pero después reaccionó con la ayuda de su equipo.

Alcaraz encuentra su tenis

Su actual entrenador, Samu López, le dio un consejo extraño, contraintuitivo, que nadie entendía. "Dale más spin", pedía el técnico: más efecto, más altura, menos velocidad. Con Djokovic abrasando cada bola, ofrecerle golpes más lentos sonaba a suicidio, porque seguiría imponiendo su ritmo. Pero Alcaraz hizo caso y todo cambió. El ajuste le permitió dar un paso atrás, alargar los intercambios, asumir menos riesgos y, poco a poco, con más margen de error, fue encontrando su juego.

Asanka Brendon RatnayakeAP

Con cada punto, con cada juego, Alcaraz se sentía más cómodo en la pista, hasta llegar a disfrutar. La aparición de su dejada fue una revelación. Y pronto fue él quien alcanzó la excelencia, especialmente con la derecha y en los intercambios largos. Hubo varios puntos para el recuerdo, como un passing shot que Djokovic le clavó por fuera de la red y que el español alcanzó a devolver de manera incomprensible, casi milagrosa. El segundo y el tercer set transcurrieron como quiso el actual número uno: breaks tempranos y sin sobresaltos.

Resistencia hasta la extenuación

Pero para derrotar a Djokovic hay que hacerlo muchas veces. En su semifinal ante Sinner también estuvo contra las cuerdas, con dos sets en contra, y fue capaz de remontar para hacerse con el triunfo. Alcaraz había visto ese partido. Vaya si lo había visto. Y sabía lo que le venía encima. Rafa Nadal, presente en el palco, podría haberle dado algún consejo. En el cuarto set, el ganador de 24 Grand Slams resistió hasta la extenuación. En el primer juego llegó a salvar seis bolas de break: era un aviso. Luego aguantó, aguantó y aguantó.

El saque de Alcaraz solo estuvo en duda en una ocasión, pero qué ocasión. Retumbaban los ánimos a Djokovic desde el público australiano y cualquiera habría temblado. Pero el español forzó el error de su rival y luego, solventada la situación, se reía. ¡Se reía! Estaba en la 'zona Alcaraz': de aquellos nervios del principio a este placer en el desenlace. Ya en el último juego antes del tie-break, consiguió la rotura que tanto había costado y celebró por los suelos su primer título del Open de Australia. El séptimo major, el pleno de plenos. Sus números son deslumbrantes, pero las sensaciones lo son aún más.

Lo que para otras leyendas fue un trauma convierte a Alcaraz en historia: el ‘Career Slam’ que confirma su histórica precocidad

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"No sé si fue mi mayor éxito, pero estoy seguro de que fue el Grand Slam en el que me sentí más presionado. Después de aquello estaba completamente en paz conmigo mismo, ya no necesitaba nada más en mi carrera". Roger Federer hablaba con esa grandilocuencia de un logro que le llegó cuando tenía 27 años, cuando ya era Roger Federer. En 2009 ya había convertido el tenis en arte y el arte en gloria en el Open de Australia, Wimbledon y el US Open, pero en Roland Garros solo encontraba derrotas. Hasta tres veces había chocado en la final contra el muro de Rafa Nadal, y ahí podía quedarse por los siglos de los siglos, atrapado en una frustración histórica.

Uno de los ídolos de infancia del suizo había sido Pete Sampras, y este nunca llegó a triunfar en París. ¿Y si le sucedía lo mismo? Para su fortuna, aquel 2009 un sorprendente Robin Söderling eliminó a Nadal en octavos de final y, pese a toda la presión acumulada durante años, le abrió las puertas del cielo: el llamado Career Slam, el pleno en los cuatro Grand Slam, una barrera derribada al fin.

Sirve el sufrimiento de Federer para poner en valor lo conseguido por Carlos Alcaraz este domingo. Después de derrotar a Novak Djokovic en la final del Open de Australia, el español se convirtió, con 22 años y 274 días, en el tenista más joven en dominar los cuatro grandes. El récord anterior lo poseía su amigo y compatriota Rafa Nadal, también presente en la Rod Laver Arena, con 24 años y 101 días, una evidencia de la precocidad de ambos y de una generación que reescribió los plazos. A Nadal, el Grand Slam que más le costó fue el US Open, cuando aún estaba pendiente su transformación en un jugador verdaderamente polivalente, pero igualmente celebró el pleno en sus inicios.

Antes de ellos dos, el Career Slam suponía la culminación de toda una carrera, un colofón, el cierre definitivo de un palmarés. Solo nueve hombres lo han conseguido en toda la historia y la mayoría lo hicieron rondando o superando la treintena, cuando el tiempo ya pesaba. La lista es la siguiente: Fred Perry, Don Budge, Roy Emerson, Rod Laver, André Agassi, Roger Federer, Rafa Nadal, Novak Djokovic y ahora, sí, Alcaraz.

Nadal, durante la final entre Alcaraz y Djokovic.

Nadal, durante la final entre Alcaraz y Djokovic.AFP

"¿Firmarías ser campeón aquí y no volver a ganar un Grand Slam en toda la temporada?", le preguntaron en la previa, y su respuesta fue clara: "Sí, este año sí lo firmaría". Alcaraz sabe que su pleno a edad temprana le define en la comparación entre leyendas. Pase lo que pase a partir de ahora, alcance la veintena de Grand Slam de Djokovic, Nadal y Federer o no, quedará que fue quien más rápido se adaptó a todas las superficies y contextos del juego moderno. Al serbio, derrotado ayer, por ejemplo, le costó un mundo. Como le sucedió a Federer, en Roland Garros tropezó una y otra vez contra Nadal e incluso contra Stan Wawrinka antes de conseguir su título. Cuando lo logró ya tenía 29 años, igual que André Agassi, mientras que los clásicos, como Laver, lo hicieron con más de 30 años y con cierta fortuna.

El tenista más laureado que nunca alcanzó el Career Slam es Sampras, pero hay una larga lista de grandes campeones con algún agujero en su palmarés. Björn Borg nunca ganó el US Open; a Jimmy Connors le faltó Roland Garros; Ivan Lendl no pudo triunfar en Wimbledon; John McEnroe falló en Australia y Roland Garros; Mats Wilander en Wimbledon; Stefan Edberg, Boris Becker, Guillermo Vilas o Jim Courier tampoco completaron el pleno. Manolo Santana nunca llegó a viajar a Melbourne y Sinner todavía sueña con reinar en París, una asignatura pendiente del presente.

"Obviamente es un gran logro para mí. Era el objetivo que me había marcado esta temporada", aceptaba Alcaraz, que además eleva su cuenta de Grand Slam a siete. Ya tiene los mismos que McEnroe y Wilander, apenas uno menos que Connors, Lendl y Agassi. De nuevo, el récord es suyo, aunque ya está acostumbrado: es el más joven en alcanzar esa cifra. Cuando Nadal llegó a siete Grand Slam acababa de cumplir 24 años; Federer estaba en camino de los 25 y Djokovic ya había celebrado su 27 aniversario.

A sus 22 años, a Alcaraz le queda toda una carrera por delante, pero ya acumula récords, consecuciones y adjetivos. Nunca hubo un tenista tan precoz y nunca hubo un tenista tan versátil; solo el futuro dirá si tampoco hubo nunca un tenista mejor.

¿Hasta dónde puede llegar Carlos Alcaraz? Sólo él puede limitarse

¿Hasta dónde puede llegar Carlos Alcaraz? Sólo él puede limitarse

La nostalgia ganó el primer set; la naturaleza, el partido. Lo logrado por Djokovic en este Open de Australia, tras dos temporadas completas sin pisar una final ante el dominio de Sinner y Alcaraz, ha sido memorable, pero estaba condenado a un final amargo. Pudo con el italiano, asustó al español y recordó por qué es el más grande. De la Historia, no de la actualidad. Ése es Carlos.

En un partido normal para sus estándares, bastante espaciadas esas genialidades que ha convertido en rutina, Alcaraz ganó con solvencia al tenista perfecto que, incluso a los 38 años, sigue pareciendo diseñado por ordenador para jugar a esto. Una dejadita por aquí, tres golpes imposibles por allá, la calma que le ha dado la madurez cuando el serbio apretaba y el séptimo Grand Slam para casa antes de cumplir los 23 años. Ya los tiene todos. Es un sinsentido, una aberración histórica, un portento.

A la edad del murciano, Djokovic tenía dos grandes, igual que Federer. Nadal, el más precoz de los tres reyes, iba por seis. Nadie ha escrito un comienzo de su novela como este pero, aunque tenemos tendencia a recordar siempre el principio y el final, lo que define cualquier historia es lo que sucede entre medias. Antes de semifinales, un periodista con menos tacto que una madre cuando coges kilos preguntó a Novak cómo se sentía "persiguiendo" a Sinner y Alcaraz tras comenzar su carrera "persiguiendo" a Roger y Rafa. La elección del verbo molestó, con razón, al serbio, que clavó la respuesta: "Entre medias hubo 15 años en los que yo dominé los Grand Slam. Es importante tener perspectiva". Y tanto.

Esa es la fase de su carrera que ahora afronta un Carlos que ha zanjado en Melbourne la sobredimensionada polémica del adiós de Ferrero. Escuchamos a Samuel López decir a su pupilo: "Va a ir a saco", "disfruta del momento", "háblate, vamos, sé positivo". Ayudó, seguro, pero hay que poner en perspectiva la importancia de este tipo de consejos y recordar que esto es tenis, no baloncesto. Va de un tipo con una raqueta tomando decisiones milimétricas bajo presión durante horas. El 99% es suyo y la importancia de las frases para taza de su equipo es moderada. Federer tuvo ocho entrenadores durante su carrera. No le fue mal.

Si las lesiones le respetan, será Alcaraz y sólo Alcaraz quien decida hasta dónde quiere agigantar su leyenda. Su sentido lúdico de la vida será compatible con dominar el circuito durante unos años más, pero para llegar a los 24 Grand Slam y los 38 años que hoy luce Djokovic necesitará convertirse en un ciborg que viva por y para su legado, poniendo en pausa el resto de cosas que le hacen feliz. Si quiere, puede, pero quizás no le compense. El libro es suyo y va camino de escribir El Quijote. Lo acabe o no, las páginas que lleva serán recordadas siempre. Disfrutémoslo como él disfruta. Dure lo que dure.

El Barça pasa por encima del Elche

El Barça pasa por encima del Elche

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Al Barça solo le faltó algo más de efectividad para llevarse un triunfo escandaloso de su visita al Martínez Valero. Los azulgrana se llevaron al final una victoria clara frente a un correoso Elche, capaz a pesar de todo de no perderle nunca la cara al partido, gracias a los tantos transformados por Lamine Yamal, el jugador más eléctrico de los de Hansi Flick sobre el terreno de juego, Ferran Torres y Marcus Rashford. [1-3: Narración y estadísticas]

Álvaro, por su parte, se encargó de poner el momentáneo 1-1 en el marcador para los locales, que tuvieron que multiplicarse también en tareas defensivas para evitar que el balón besara en más ocasiones la red de su portería. Y, de hecho, el hispano-uruguayo tuvo también una oportunidad muy clara para volver a poner otra vez la igualada en el marcador, en los primeros instantes de la segunda parte, que acabaría finalmente por marcharse al limbo. Con su victoria, los azulgrana se aseguran mantenerse una semana más en lo más alto de la tabla, haga lo que haga el Real Madrid en su choque frente al Rayo Vallecano de este domingo.

Que el marcador del Martínez Valero indicara un 1-2 al descanso era poco menos que sorprendente. Tal y como le pasó en Anoeta, el Barça acumuló un buen número de llegadas ante la portería de Iñaki Peña. Ferran Torres fue quien más podía maldecirse. El de Foios tuvo por lo menos cuatro acciones clarísimas para dar más lustre a su estadística de goles marcados, pero solo acertó a enviar el balón al fondo de la red una de ellas. Fue, de hecho, la acción que permitió a los suyos volver a ponerse por delante en el marcador, a cinco minutos del final del primer tiempo. Mucho antes, en los compases iniciales, Lamine Yamal, tras un gran pase de Dani Olmo, se había encargado de poner por delante a los suyos frente a un rival que trató en todo momento de jugar de tú a tú con los de Flick. Una actitud digna de elogio que encontraría premio en el tanto de la momentánea igualada transformado por Álvaro, quien le ganó la espalda a a zaga barcelonista rompiendo su siempre arriesgada táctica del fuera de juego.

La manera en que Frenkie de Jong se revolvió para aprovechar la asistencia de Ferran y la sangre fría con la que acarició el balón ante la salida de Iñaki Peña para devolvérselo acto seguido al Tiburón en la jugada del 1-2fue también más que elogiable. El holandés, de hecho, estuvo entre los más destacados de los primeros 45 minutos, tanto por sus buenas elecciones a la hora de desplazar el esférico como en sus bajadas para recibir entre los centrales e iniciar la jugada. En la reanudación, Rashford entró por un Raphinha que acusó algunas molestias musculares, pero eso no cambió ni un ápice la apuesta del entrenador barcelonista. Fue el Elche, quizás espoleado por verse aún con vida en el partido, no obstante, el que tuvo una gran ocasión para que el marcador volviera a moverse. El disparo de Álvaro, con todo, se perdió lejos del marco defendido por Joan García.

En el otro extremo del campo, mientras, Ferran volvió a marrar una opción aparentemente clara de echar más tierra de por medio. Y las cosas no cambiaron tampoco, al menos inicialmente, con la entrada en el campo de Robert Lewandowski. El Elche, por su parte, se apuntó aparentemente también al juego de errores en el que parecía encasillarse el Barça desaprovechando quizás su opción más clara de poner de nuevo el empate en el luminoso. Tampoco acertó Rashford, quien se plantó solo ante el arquero local tras conducir en carrera durante un buen rato, a la hora de enviar el balón al fondo de la red. El inglés, en cambio, no marró el remate tras una acción en la que Lamine Yamal salvó aparentemente al límite el fuera de banda para plantarse en el área rival y dar una asistencia que, un poco a trompicones, acabaría por convertirse en el 1-3. Los locales, pese al mazazo, no renunciaron a seguir buscando sus opciones en ataque, mientras que los visitantes pudieron levantar levemente el pie del acelerador pensando, por ejemplo, en los cuartos de final de la Copa del Rey frente al Albacete. Con la mala noticia, eso sí, de la postrera lesión de Koundé. El francés se lesionó aparentemente solo, sin que nadie más interviniera en la acción, y tuvo que ser sustituido en la recta final del duelo por un Araujo que, poco a poco, va entrando en los planes de Flick para la zaga barcelonista. Tanto Eric García como el recientemente retornado Joao Cancelo, eso sí, pueden tomarle perfectamente el relevo al galo.

El Atlético se atasca, una vez más, y sale muy magullado ante un sólido Levante

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Sin fútbol, sin chispa, sin banquillo y sin gol. Demasiadas carencias para un Atlético que se atascó en el Ciutat de Valencia como lleva haciéndolo fuera del Metropolitano todo este campeonato, un mal endémico que dura una década. Dio igual que enfrente estuviera un equipo hundido en la clasificación. El Levante, con sus limitaciones para amenazar, tuvo mucho más claro cómo quedarse al menos con un punto. Sólido, esforzado y con Ryan amurallado, salvó un empate con el que ninguno de sus rivales contaba. [Narración y estadísticas: 0-0]

Todo lo alteró el choque de dos colosos cuando se enfilaba la media hora de partido. Buscó Sorloth rematar un balón servido desde la esquina y se encontró con la cabeza de Matías Moreno. El gigantón noruego cayó inmóvil en el área, tuvo que salir en camilla y, tras un breve paso por el vestuario, acabó en el hospital con un fuerte traumatismo y una herida. Simeone, que ante la ausencia de goleadores se había reservado a Julián Álvarez en el banquillo como agitador, vio alterados sus planes y mandó a la Araña al césped. Hasta ese momento, el Atlético había dominado el juego sin encontrar cómo hacerle daño a un Levante reactivo y bien plantado que esperaba su momento. Ryan había salvado ya un remate de Nico González y también Nahuel Molina había intentado explotar la debilidad de los granotas a balón parado de córner.

Sorloth no pudo seguir, pero Matías Moreno tampoco, lo que obligó a Luis Castro a cambiar sus planes. Había mandado a Matturro, central, a tapar en el lateral izquierdo las peligrosas subidas de Marcos Llorente y ahora esa labor la tenía que hacer Manu Sánchez por el agujero en el centro que le causaba la conmoción del zaguero argentino. El Levante, hasta ese momento, solo había inquietado con Tunde sacándole una falta en la frontal del área a Lenglet. No aparecía en ventaja Carlos Álvarez porque no conseguían tener balón.

El golpe cambió la dinámica, con los dos equipos obligados a reajustarse. De nuevo Tunde tuvo la ocasión, la única antes del descanso, con un disparo que cruzó en exceso. Fue el Atlético el que reaccionó mejor, aunque fuera casi enfilando el vestuario. La tuvo Nico González, primero telegrafiando un centro a Julián que no llegó a cazar y después, tras varias carambolas, armando un tiro que pudo salvar Ryan sin dificultad. Después fue Almada quien aprovechó la indecisión en la salida de pelota de los levantinistas para robar y asistir a la carrera de Julián, pero apareció Matturro para rebañársela. No estaba fino el Atlético ante un rival tan voluntarioso como poco amenazante.

Simeone miraba por el retrovisor al desgaste de la Champions y, además, al partido del jueves en Copa con el Betis. Que repartiera esfuerzos ante un equipo de la parte baja de la tabla no era extraño. Tampoco lo es que mande un mensaje a la cúpula, a un Mateu Alemany que estaba en el palco, de la necesidad de refuerzos en un mercado que se cerrará en pocas horas. Como si el argentino quisiera decir: hasta aquí llego con lo que tengo.

El inicio de la segunda mitad no fue mejor para el Atlético. El entrenador había protegido a Lenglet, con pocas horas de vuelo y una amarilla, sacando a Hancko, pero no habían pasado ni cinco minutos cuando Barrios pidió el cambio. No podía continuar el centrocampista y se augura una lesión muscular que le puede apartar también de la Copa. A Simeone le aumentaban los problemas. Le estaba salvando que al Levante le seguía costando generar el más mínimo peligro, solidificado como estaba en defensa.

Remate de Julián Álvarez en el tiempo añadido.

Remate de Julián Álvarez en el tiempo añadido.B. ALIÑOEFE

Sin hilo en el juego, el Cholo echó mano de Álex Baena, por si un chispazo le daba una victoria que se estaba atascando. No se había arrugado Luis Castro y, con Etta Eyong en el campo, los granotas hilvanaron una contra que plantó al camerunés en el área para que disparara, flojo, ante Oblak. Empezaba a tener faena el esloveno, pero también Ryan, que repelió un chut seco de Nico González. Parecían entonarse los rojiblancos y hasta Johny Cardoso pudo filtrar su primer balón a Julián al corazón del área, pero estaba el argentino, poco inspirado, en fuera de juego. Hasta una mano salvadora de Ryan le birló el gol en un córner que, rebotado, acabó en el segundo palo para que lo cabeceara.

La respuesta del Levante fue un tiro de Toljan que no cogió portería. Sí que lo hizo el testarazo de Dela a un saque de falta de Olasagasti que obligó a Oblak a estirarse para colocar la manopla casi a la base del poste. No iban los granotas a regalar el punto que empezaban a amarrar.

Sin más remedio, Simeone miró a su desolado banquillo y tuvo que confiar en el jovencísimo Jano Monserrate, un mediapunta zurdo que iba a debutar como rojiblanco. No le sirvió para salir del atasco, del que ni siquiera lo sacó Julián Álvarez en el añadido.

Alcaraz, ante Djokovic, a por el único récord que le obsesiona: “Firmo ser campeón en Australia y no volver a ganar este año”

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De visita en Melbourne para recibir un homenaje, Rafa Nadal paseaba ayer por la ciudad lo que no pudo pasear como jugador. O, al menos, lo intentaba. En una de las orillas del río Yarra disfrutaba del sol junto a su padre, Sebastián, y su responsable de prensa, Benito Pérez-Barbadillo, pero la tranquilidad duró poco. En un corto trayecto se montó la marimorena: decenas de aficionados aparecieron para pedirle fotos y hubo que acortar el camino. Nadal se retiró, pero sigue siendo Nadal: uno de los mejores de la historia, ganador de 22 Grand Slam y, entre un millón de cosas más, el jugador más joven en conseguir el Career Slam, el pleno de torneos grandes. Al menos, de momento. Quizá hasta este domingo.

Si Nadal completó su palmarés con 24 años y 101 días, Carlos Alcaraz puede hacerlo con 22 años y 274 días si vence en la final a Novak Djokovic (09.30 horas, HBO Max y Eurosport), y por eso este Open de Australia obsesiona al actual número uno.

«¿Firmarías ser campeón aquí y no volver a ganar otro Grand Slam en toda la temporada?», le han preguntado en las últimas dos semanas. Y su respuesta siempre ha sido la misma: «Sí, este año sí lo firmaría». Los deportistas de la talla de Alcaraz no suelen dar importancia a los récords, porque si no el peso de la historia no les dejaría ni levantarse de la cama. Es el más joven en llegar a 100 o a 200 victorias en la ATP, el más joven en ganar un torneo en todas las superficies, el más joven en alcanzar cuatro finales consecutivas de Grand Slam, el más joven en... De muchos de esos logros ni tan siquiera es consciente, pero el Career Slam es distinto. El Career Slam le sitúa entre las leyendas.

"Es mi objetivo principal"

Si el español vence, será la confirmación de una versatilidad que otros no tuvieron o que, como mínimo, tardaron más en adquirir. Hay campeones históricos con agujeros en su palmarés, como Pete Sampras, que nunca ganó Roland Garros. Y luego están los campeones históricos que sufrieron lo indecible para lograr el pleno, como Roger Federer y su larga travesía hasta conquistar París.

«Este Open de Australia es mi objetivo principal de la temporada. Otros años no había sido así, pensaba en llegar al máximo a la primavera y al verano, pero esta vez ya planteamos la pretemporada con este título en la cabeza. Completar el Career Slam es un objetivo muy importante para mí, sería maravilloso hacerlo», comentaba Alcaraz hace unos días.

Aaron FavilaAP

En años anteriores, en el entorno del jugador se consideraba que para ganar el Open de Australia debía pasar la Navidad en el verano austral, disputar algún torneo previo -como los ATP 250 de Adelaida o Auckland- y llegar rodado a Melbourne. Pero este año Alcaraz planteó a los suyos otro enfoque: hacerlo a su manera. En lugar de centrarse en adaptarse al cambio horario y en jugar partidos antes del primer Grand Slam del curso, organizarían la pretemporada más exigente de su vida, y lo harían en Murcia, rodeado de su familia y amigos. Así llegaría preparado y, al mismo tiempo, feliz.

El trabajo en invierno

Al contrario que la mayoría de tenistas, Alcaraz pasó la Nochebuena, la Nochevieja e incluso los Reyes en casa y solo después tomó un avión a la otra punta del mundo. Pero eso no significa que estuviera descansando. Tras la separación profesional de Juan Carlos Ferrero, Samu López le organizó una serie de sesiones con sparrings de lujo, como Flavio Cobolli, pensadas para exigirle el máximo. Además de perfeccionar el saque, Alcaraz trabajó la concentración con simulaciones de partidos de hasta tres horas en las que relajarse estaba prohibido. Era diciembre y solo eran entrenamientos, pero debía vivirlo como si fuera una final de Roland Garros contra JannikSinner. Visto lo visto, funcionó.

«Hemos trabajado mucho la atención. Ahora cada vez tiene menos altibajos. Lo está haciendo muy bien», valoraba López antes de la cita de Alcaraz con la historia. El jugador más joven en conseguir el Career Slam, un récord que importa.

La NBA impone 25 partidos de sanción a Paul George por tomar un medicamento prohibido

La NBA impone 25 partidos de sanción a Paul George por tomar un medicamento prohibido

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Paul George, jugador de los Philadelphia 76ers, fue sancionado este sábado con 25 partidos de suspensión por violar la política antidopaje de la NBA al tomar un medicamento no permitido.

La NBA anunció la suspensión de Paul George en un comunicado e informó de que la suspensión comenzará este mismo sábado en el partido que los 76ers disputan contra los New Orleans Pelicans en el Xfinity Mobile Arena.

George, de 35 años, promediaba 16 puntos por partido este año con los 76ers, aunque solo disputó 27 encuentros al convivir con una larga serie de problemas físicos. Poco después de que la NBA anunciara su suspensión, el ex de Los Ángeles Clippers admitió su error en una nota facilitada a la cadena ESPN.

"En los últimos años he hablado de la importancia de la salud mental y, al buscar recientemente tratamiento por un problema personal, cometí el error de tomar un medicamento inapropiado. Asumo plena responsabilidad por mis acciones y pido disculpas a la organización de los Sixers, a mis compañeros y a los aficionados de Filadelfia por mi mala toma de decisiones durante este proceso", escribió George.

"Estoy enfocado en aprovechar este tiempo para asegurarme de que mi mente y mi cuerpo estén en las mejores condiciones posibles para ayudar al equipo cuando regrese", añadió.