Yo también pensé que nadie correría tan rápido

Yo también pensé que nadie correría tan rápido

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Lo reconozco. Yo también fui escéptico. Cuando estaba entre la élite me preguntaban si algún ser humano correría el maratón en menos de dos horas y yo respondía que no, que eso era imposible, que no lo verían mis ojos. Estaba equivocado. El pasado domingo me emocioné mucho. El maratón de Londres me pareció un espectáculo para recordar, un hito histórico y, además, una lucha por la victoria muy bonita. Los tres primeros, Sabastian Sawe, Yomif Kejelcha y Jacob Kiplimo, fueron muy valientes al correr tan rápido pese a estar jugándose el triunfo y nos regalaron unos minutos preciosos.

Cualquier aficionado al deporte e incluso cualquier persona puede apreciar la importancia de un récord así, de romper la barrera de las dos horas. Es la prueba que el ser humano avanza, que mejora, que cada se conoce mejor y que cada vez tiene mejores herramientas a su alcance. Indudablemente las nuevas zapatillas son un avance muy importante. Los atletas kenianos siempre han entrenado como lo hacíamos nosotros, como cosacos, hasta la extenuación, sumando muchos kilómetros, y con este calzado pueden hacerlo todavía más. Yo mismo lo he probado y sé lo que es. Antes después de una sesión intensa de entrenamientos tenías que descansar e ir al fisioterapeuta para que te arreglara, ahora muchas veces no necesitas ambas cosas. Pero creo que en el récord de Sawe hay muchos más factores en juego.

La alimentación es clave. Los kenianos, que suelen venir de familias pobres, ahora cuentan con nutricionistas y fisiológicos a su alcance, y en unos años compensan las carencias que pudieran tener en su infancia. Tienen dietas personalizadas donde les miden perfectamente cuántos hidratos comer, cuánta proteína y qué suplementos tomar. Por no hablar de los geles y los isotónicos que utilizan en carrera, cada vez más potentes y fáciles de digerir.

La especialización de los jóvenes

Nosotros sólo llevamos dietas muy básicas, con muchísimo hidratos y durante las competiciones no teníamos nada. Aún recuerdo que el día antes de los maratones comprabamos refrescos y les quitábamos el gas: ese era todo el azúcar que tomábamos. Luego bebíamos agua cada cinco kilómetros y en los últimos minutos, si eso, un plátano o una naranja. Imaginen las diferencias.

Todo es distinto y era difícil de prever hace dos décadas. Cuando Paul Tergat, Haile Gebreselassie, Kenenisa Bekele, Abel Antón o yo dimos el salto al maratón ya habíamos conseguido muchas cosas en la pista y éramos bastante mayores. Ahora hay adolescentes que se especializan en el maratón y empiezan a competir muy, muy jóvenes. Eso les da ventaja: más velocidad, más resistencia, más potencia.

Por todo ello creo que este mismo año se va a batir la plusmarca de Sawe y estoy seguro que tarde o temprano veremos éxitos parecidos en la pista. En esfuerzos cortos, como en los 100 metros o en el salto de longitud, el margen es más pequeño, pero esas mejoras en el material, en la nutrición o en la especialización va a acabar por dar portentos que batan los récords actuales. Visto lo visto ya no voy a caer en el mismo error. El ser humano no tiene límites y, si los tiene, no creo que vaya a verlos.

kpd