Yomif Kejelcha sonríe. Para muchos, lo suyo sería una tragedia: el pasado domingo 26 de abril, en Londres, rompió una de las barreras históricas del deporte, bajó de las dos horas en maratón, y, pese a ello, no ganó. En su debut en la distancia el etíope completó los 42,2 kilómetros en una hora, 59 minutos y 41 segundos, pero el keniano Sabastian Sawe lo hizo 11 segundos antes para arrebatarle la gloria.
Pese a ello, Kejelcha sonríe. Durante su conversación con EL MUNDO, sonríe todo el tiempo porque sabe que esto no ha acabado aquí. Más bien acaba de empezar. Ya era un referente del tartán, doble subcampeón del mundo de los 10.000 metros, pero ahora, a sus 28 años, tiene por delante una década de oportunidades sobre el asfalto. ¿Será récord mundial de maratón? Lo intentará, sin duda, muchas veces; quizá incluso este mismo año. Ya se le espera en otoño en los maratones de Berlín o Chicago. Su derrota, en realidad, fue una victoria.
- Bajar de dos horas en maratón y no ganar la carrera. ¿Cómo se digiere eso?
- Yo estoy muy feliz, de verdad. Para mí no hubo decepción alguna. No estoy frustrado, no estoy enfadado. Pude correr en 1:59 mi primer maratón y compartí un momento muy especial con Sabastian. Especial para mí, para nosotros, para el atletismo, para todo el mundo. Quiero ganar siempre, pero pude demostrar mi nivel. Estoy muy orgulloso de lo que hice y tengo muchas ganas de lo que viene.
- ¿Se ve batiendo el récord del mundo este mismo año?
- Este mismo año no lo sé. Necesito tomarme un tiempo de descanso, recuperarme plenamente y decidir qué hacer junto a mi equipo. Pero creo que puedo mejorar mi marca y el récord. Me quedé a sólo 11 segundos, así que no estoy lejos. Quizá pueda incluso correr en 1:58. Lo más importante ahora es seguir construyendo, paso a paso.
- ¿Cree que hay un límite humano en el maratón?
- Puede que lo haya, pero creo que no estamos cerca de él. Todavía estamos descubriendo de lo que somos capaces. Cuando los corredores nos motivamos mutuamente, como hicimos Sabastian y yo, no paramos de mejorar. Tenemos que seguir empujando y, en unos años, ya veremos qué habrá pasado.
- ¿Podría haber bajado de dos horas sin la competencia con Sawe?
- No lo sé, pero habría sido muchísimo más difícil sin él. Correr juntos nos ayudó a mantener el ritmo y, sobre todo, a creer que era posible. Sabastian ha admitido que le ayudé.
Alex Davidson/Getty
- Y eso que el día antes de la carrera usted proclamó que bajar de dos horas era «imposible».
- Mi entrenador ya me había dicho que estaba preparado. Pero, sinceramente, hasta los últimos metros yo no me lo podía creer. Miré el reloj, vi que estaba muy por debajo de las dos horas y ahí entendí que era posible. Hasta el kilómetro 41 me encontré muy bien, muy fresco, pero ahí, de repente, las piernas se frenaron, no respondían igual. Aun así, necesité cruzar la meta para entender lo que había conseguido.
- ¿Qué importancia tuvo la nutrición?
- Fue esencial. El plan de nutrición y de los geles funcionaron muy bien. Intento seguir las pautas de mi equipo e introducir pocos cambios en mis rutinas de comidas. Eso es muy importante para un corredor, igual que el descanso.
- Y las zapatillas. ¿Qué papel jugó la tecnología de sus mágicas Adidas Adizero Adios Pro Evo 3?
- A este nivel, y en 42 kilómetros, las pequeñas diferencias importan mucho. Las zapatillas jugaron un papel importante porque son ligeras y eficientes. No sé si lo habría conseguido con otras, es difícil de decir. Pero lo que marca la diferencia, lo que marca el rendimiento, es la disciplina y el trabajo duro.
EFE
- ¿Cree que después de bajar de dos horas en maratón le cambiará la vida?
- Cambiarán algunas cosas, sí. A partir de ahora Londres siempre será un maratón especial para mí, aunque corra otros 50. Pero por dentro sigo siendo el mismo. Sólo veo Londres como el comienzo de mi camino en el maratón. Puedo mejorar y lograr objetivos más grandes.
- ¿Por qué corre?
- Un vecino me inspiró a hacerlo cuando era niño. Con el tiempo comprendí que tenía talento y, poco a poco, se convirtió en algo serio. Entendí que podía ser mi vida [dejó el colegio contra el criterio de su padre]. Después, cuando terminé mi etapa en la pista, pedí pasarme al asfalto a mi entrenador.
- ¿Quiénes eran sus ídolos de infancia?
- Admiraba a muchos atletas etíopes que lograron grandes cosas. Ver su disciplina y su éxito me hizo creer que era posible, y eso me inspiró a seguir ese camino. Haile Gebrselassie siempre me ha ayudado mucho. Estoy seguro de que mucha gente en Etiopía estará muy orgullosa de mí ahora y creerá en mi capacidad para correr aún más rápido.







