Alcaraz, la recuperación exprés para el Godó, un problema reconocido y el halago a Sinner: "Es realmente peligroso"

Alcaraz, la recuperación exprés para el Godó, un problema reconocido y el halago a Sinner: “Es realmente peligroso”

Caía la noche en Montecarlo cuando Carlos Alcaraz llegaba a su hotel para una recuperación exprés. Horas después de su derrota en la final ante Jannik Sinner, este lunes, ya le tocaba ir al aeropuerto para volar hacia Barcelona y este martes debutará en el Trofeo Conde de Godó ante el finlandés Otto Virtanen. Su máxima concesión será saltarse el entrenamiento previo y plantarse directamente en competición.

El calendario ATP no ofrece un respiro, mucho menos unos días para llorar un título perdido, aunque sea un Masters 1000, aunque sea ante su rival histórico. «El objetivo sigue siendo jugar toda la temporada de tierra batida. Ya veremos cómo va. También quise hacerlo el año pasado y no pude por lesión. Así que cruzo los dedos y rezo para que no pase nada. Ahora escucho a mi cuerpo mucho mejor que el año pasado, eso seguro, y si tengo que perderme un torneo, lo haré», comentó mientras su rival, Sinner, anunciaba que no cogería una raqueta hasta el miércoles -no tiene torneo esta semana- y que después decidirá si va al Mutua Madrid Open.

Después de la derrota, Alcaraz podría recuperar el número uno si levanta el título del Godó -el año pasado perdió en la final-, pero eso no es lo primordial. Todo pasa ahora por reconstruir su tenis, por rehacer su confianza, por rearmarse de camino a Roland Garros. En solo seis semanas empieza el segundo Grand Slam de la temporada y, al contrario de lo que ocurrió en el Open de Australia, el español llegará por detrás de Sinner.

«No me sorprende en absoluto lo que ha hecho estos días en Montecarlo. Ya había visto el nivel de Jannik en tierra batida el año pasado, y creo que ha mejorado muchísimo. Está alcanzando un nivel en esta superficie que es realmente peligroso. Ahora entiende muy bien el juego en esta tierra», analizaba Alcaraz que, después del partido, en el típico intercambio en la red, quiso felicitar a su rival histórico por su evolución sobre arcilla. «Pista dura, hierba y tierra batida. Todas las superficies», le dijo, y Sinner le contestó, educado, que «siempre es un placer» enfrentarse a él.

"No jugué bien"

«En los momentos cruciales, en los puntos decisivos, no jugué bien. Tuve muchas oportunidades de break durante el partido y no las aproveché. Fallé en el tiebreak del primer set, cuando él jugó un tenis increíble. Esa fue la clave del partido de hoy. Las condiciones fueron difíciles. Me gusta jugar con viento, creo que me beneficia, y esta vez me pareció molesto porque no soplaba en una misma dirección. Pero el tenis de Jannik fue mejor», reconoció.

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Por su parte, Sinner celebró el título con los recogepelotas y se marchó a su casa, pues vive en el Principado, en el barrio de La Condamine, donde asegura que puede hacer vida normal. Su emoción por la victoria pasaba por ahí, pues por primera vez en mucho tiempo su familia al completo estaba en las gradas. El italiano reconoció estar «sorprendido en el mejor sentido» por su rendimiento a lo largo de la semana.

«Creo que todavía necesito un poco de tiempo para darme cuenta de lo que ha pasado», admitió, antes de explicar que la clave había sido adaptar su juego a cada rival: «No he jugado el mismo tipo de tenis contra todos. Fuimos cambiando pequeñas cosas». De cara a lo que viene, el italiano no se confía: Roland Garros serán duro, pero llega a todos ellos con una certeza nueva bajo el brazo. Nunca había ganado un torneo importante en tierra batida, y ya lo ha hecho. El reto para Alcaraz será mayúsculo.

Carolina Marín, una carrera única en siete momentos: "Exprimí mi cuerpo más allá de lo imaginable"

Carolina Marín, una carrera única en siete momentos: “Exprimí mi cuerpo más allá de lo imaginable”

«No paro de ver las imágenes de mi lesión en los Juegos Olímpicos de París, no tengo más remedio, me las ponen allí donde voy, ¿y qué le voy a hacer? Lo tengo asimilado, lo tengo muy trabajado», reconoce Carolina Marín. Su dolor en aquellas semifinales trágicas vendrá a la memoria cuando se hable de ella en el futuro, pero tiene que haber otros recuerdos. Su palmarés enumera un oro olímpico, tres Mundiales y siete Europeos; su legado va más allá. De repente, de la nada, una española dominó Asia en bádminton. En Huelva, su ciudad, donde lleva días recibiendo homenajes, se sienta con EL MUNDO para repasar siete momentos de su carrera ya terminada.

1. UNA NIÑA EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS

Antes de ser conocida en el mundo, en España o incluso en su Huelva, Marín ya lucía especial en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid, donde se instaló a los 14 años. Contaba su entrenador Fernando Rivas que tenía una ambición impropia.

«Cuando llegué a Madrid ya quería ser la mejor en todo, campeona olímpica, número uno, todo lo que fuera posible. Nunca me conformaba y creo que eso fue lo que me empujó hacia arriba. Tenía dudas por dentro, pero por fuera siempre me mostraba muy segura. Ya entonces, desde los 15 años, empecé a trabajar con psicólogos para controlar los miedos, las inseguridades, los nervios», rememora Marín, que fue bronce en un Mundial júnior, debutó en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 con 19 años y al año siguiente ganó el Grand Prix Gold de Londres, el equivalente a un Grand Slam en el tenis.

MUNDO

«Con Fernando creamos nuestra metodología, fuimos originales, hicimos nuestro propio camino. Si hubiera intentado imitar lo que hacían las asiáticas, tantas repeticiones, siempre hubiera ido por detrás», analiza.

2. EL PRIMER MUNDIAL: NACE EL MILAGRO

«Redunda su nombre, Carolina María Marín Martín, cumpliendo un cometido: la Historia ya no podrá olvidarlo», empezaba así este periódico la crónica de un éxito improbable. En 2014, en Copenhague, la española levantó su primer título en un Mundial y prometió más. «A principios de aquel año aprobé la selectividad y decidí dejar los estudios para centrarme en el bádminton. No es fácil dar ese paso, pero ahora sé que fue acerté», apunta Marín, que meses antes ya había ganado su primer Europeo. Acababa de cumplir 21 años y pasó de ser una rareza, una europea en la élite, a ser la rival más temible.

MUNDO

«Diría que todo cambió en la segunda ronda de aquel Mundial 2014. Gané a la china Wang Yihan, que era la número tres del mundo, y en Asia empezaron a mirarme con otros ojos. Hasta ese momento nadie me hacía caso. A partir de entonces cada vez que jugaba tenía 10 cámaras de televisiones asiáticas alrededor. 'Cuidado, que viene la española'. Hablaban de mi carácter. Cuando iba a los torneos ya era diferente. Para mí era importante ese respeto, ahí noté que me había hecho hueco en el bádminton».

3. CAMPEONA OLÍMPICA, FOTOS EN ESPAÑA

En los años de plenitud Marín controló su deporte como nadie lo había hecho. Después de dos Mundiales consecutivos llegó el oro en los Juegos de Río 2016 y desde fuera parecía que nada fallaba. Aunque ella lo recuerda de otra manera.

«Aquel oro fue el mejor momento de mi carrera. Para mí fue maravilloso que mis padres estuvieran allí, pero detrás de todas mis medallas siempre ha habido una angustia. Antes del Mundial de 2014 me hice una luxación de hombro y no podía levantar el brazo; antes del Mundial de 2015 me rompí el quinto metatarsiano del pie derecho; y antes de los Juegos de Río tuve un problema en el sacro. Estuve los cuatro meses sin poder hacer un buen entrenamiento. He tenido momentos de felicidad, pero mi camino nunca ha sido un camino de rosas», admite Marín, que asegura que aquel oro le cambió la vida.

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«En el bádminton ya era conocida, pero después de los Juegos me di cuenta de que ya no sería anónima en España, que la gente me reconocía por la calle. Eso te cambia un poco la forma de actuar. Es bonito, pero siempre hay ese momento en el que alguien quiere una foto y no entiende que estás en algo personal».

4. EL TERCER MUNDIAL: ¿LA MEJOR DE LA HISTORIA?

«Después de aquellos Juegos fue el único momento en el que noté un vacío. Ya había ganado todo lo que soñaba desde niña; al volver de Río me costaba sacar motivación. Me senté con mi entrenador y pensé: '¿Y si me propongo ser la mejor de la historia?'», narra Marín, quien venció después de haber vencido, lo más difícil.

En 2018, en Nankín (China), se impuso en la final a la india Pusarla Sindhu, la rival más importante de su vida, también amiga, y se hizo con su tercer Mundial. Hasta ese momento ninguna jugadora había conquistado tres títulos, pero la española considera que eso no la convierte en la mejor de la historia en lo suyo.

MUNDO

«Me faltó un segundo oro en los Juegos . Pero igualmente yo ya no me quiero ni considerar ni la mejor ni nada de la historia. Ya no pienso así. Me quedo con que di todo lo que estaba en mis manos, exprimí mi cuerpo más allá de lo imaginable».

5. «EL PEOR MOMENTO DE MI VIDA»

En 2019, con todo su palmarés completo, Marín aún divisaba una década más de éxitos. Podría disputar dos o tres Juegos Olímpicos más y cinco o seis Mundiales... ¿Cuánto más ganaría? En realidad, ninguno. Lo cierto es que su carrera se frenó en seco después de que se rompiera la rodilla derecha primero y la rodilla izquierda después. Pese a sus esfuerzos, no pudo ir a los Juegos de Tokio 2020, aunque eso no fue lo más duro. A principios de 2020 su padre Gonzalo sufrió un accidente laboral y falleció meses después.

«El fallecimiento de mi padre fue el peor momento de mi vida, que a nadie le quepa duda. Las dos lesiones de rodilla que sufrí antes de París no fueron tan malas porque sabía que las podía superar. Me siento orgullosa de haber superado tantos obstáculos. La vida me ha puesto piedras grandes en el camino y siempre he querido tirar adelante. Al fin y al cabo he sido una privilegiada por haber vivido de mi deporte», proclama.

6. UN 'CREC' Y TODO SE ACABA

Un día después, su rival, la china He Bingjiao, contó que la admira. En semifinales de los Juegos de París 2024, tras recuperarse de todo, rozando ya su segundo oro, Marín se volvió a romper la rodilla derecha y toda España empatizó con sus lágrimas.

«Fue muy cruel», lamenta, y añade: «Había hecho la preparación más dura de toda mi carrera. Antes de empezar no confiaba en mí plenamente, pero una vez ya en semifinales la verdad es que tenía mucha confianza. Después tuve que trabajar mucho con mi psicóloga para entenderlo, para superarlo. Fue duro, evidentemente». En el momento de la lesión Marín tenía 31 años y por ello se agarró a un objetivo, un último objetivo. Huelva, su ciudad, había conseguido la organización del Europeo de 2026 y qué mejor lugar para retirarse, sobre la pista, con su gente. Tampoco pudo ser.

Después de un 2025 de dolores continuos, a principios de este año se volvió a operar y jugar de nuevo ya se convirtió en una quimera. «Hasta la última operación me costaba andar, iba coja. Sentía dolor desde que me levantaba hasta que me acostaba. Ahora tengo que ir con cuidado, no puedo salir a correr 10 kilómetros, pero puedo caminar y eso ya es vida», se congratula.

7. VIVIR DESPUÉS DEL BÁDMINTON

«¿Qué voy a hacer? Lo voy a hacer todo», resume Marín sobre lo que viene ahora. Desde la adolescencia su vida ha consistido en perseguir un volante con su raqueta y ahora brilla el sol y el mundo es infinito y no hay nada que la detenga. «Quiero probar todos los deportes que pueda, porque solo hacía bádminton. Quiero conocer mundo, no tenía tiempo libre. Quiero probar cosas diferentes. Estas primeras semanas las dedicaré a mi familia y a mis amigos, a recuperar las horas que no he tenido con ellos y después tengo el futuro abierto. No he decidido nada», asegura Marín, que en los últimos tiempos estudió a distancia Fisioterapia en la Universidad Católica San Antonio de Murcia y Dietética y Nutrición en la Universidad Alfonso X el Sabio, pero que parece improbable que vaya a ejercer.

EFE

Su vida laboral se intuye en los despachos, sean donde sean. «Ahora mismo puedo vivir tranquila. No voy a estar en el sofá de mi casa sin hacer nada, pero he tenido cabeza y he sabido invertir bien. Creo que con mi retirada he tomado la decisión acertada. Debía priorizar mi salud. Soy muy joven y ahora me toca vivir», finaliza.

Sinner derrota a Alcaraz en Montecarlo, levanta su primer trofeo grande en tierra batida y recupera el número uno

Sinner derrota a Alcaraz en Montecarlo, levanta su primer trofeo grande en tierra batida y recupera el número uno

De niño, Jannik Sinner nunca se soñó a sí mismo en París besando una copa enorme. En el refugio de sus padres en los Alpes, allí arriba, muy arriba, solo podía jugar sobre sintético y bajo techo y, por eso, cuando fantaseaba, se imaginaba como un tenista triunfante en Nueva York, si acaso en Melbourne. Pero ninguna leyenda se construye de un único material.

Hace un par de años, en su violento ascenso en el ranking ATP, comprendió que la grandeza pasaba por brillar también en hierba y en tierra batida, y ahora ya domina ambas superficies. Wimbledon cayó el verano pasado. Roland Garros, donde perdió la final ante Carlos Alcaraz, quedó como una deuda pendiente. Esta primavera ha venido a saldarla.

Este domingo, en la final del Masters 1000 de Montecarlo, Sinner venció por 7-6(5) y 6-3 al español, levantó su primer trofeo grande en tierra batida y recuperó el número uno del mundo. Con ese resultado en el bolsillo, París ya no es una quimera: es el siguiente paso lógico. Para Alcaraz, en cambio, las próximas semanas serán de examen. Antes del Grand Slam parisino debe rearmarse, adaptarse y mejorar. Este Sinner es otro, con otro juego, con otro físico, incluso con otra mentalidad. Ahora le toca evolucionar a él.

VALERY HACHEAFP

"Vine aquí para encontrar el feeling sobre tierra batida para los torneos que vendrán y me he sentido muy bien durante toda la semana. En la final las condiciones eran duras: bajó la temperatura, había viento, pero el resultado ha sido magnífico. Estoy muy contento de haber ganado un gran trofeo en esta superficie", resumía al acabar Sinner. En 2022 ya había ganado el ATP 250 de Umag ante el mismo rival, pero aquello era un torneo menor y la deuda con la arcilla seguía viva. Ya no lo está. Solo le queda la conquista de París.

Alcaraz, que en la derrota encontró palabras generosas, le tendió la mano con un dato: "Es increíble que hayas encadenado los títulos en Indian Wells, Miami y Montecarlo. Eres el segundo tenista que lo consigue [el primero fue Novak Djokovic]. Sé lo difícil que eso puede llegar a ser. Enhorabuena". Una frase que dice tanto del campeón como del derrotado.

El viento y el revés

La final, en realidad, no fue un partido excelente para ninguno de los dos. Después de toda una semana de sol, Montecarlo se despertó con nubes y viento, y eso ensució el duelo. El espectador esperaba vértigo y precisión, y hubo de todo; a ratos se encadenaron los fallos. Tanto uno como otro acabaron con el doble de errores no forzados que de golpes ganadores. Tanto Sinner -un 51 %- como Alcaraz -un 58 %- sufrieron para acertar con el primer servicio e incluso se enredaron en dobles faltas. Un desacierto raro en ellos; la culpa era del día.

Si Alcaraz celebraba un break de inicio, Sinner se lo devolvía, y ambos caminaban todo el rato sobre el abismo. En el intercambio de fondo, empate. El español dominaba con la derecha; el italiano, con el revés cruzado. Pero en los momentos clave ya se observaba quién acabaría celebrando. Como le había pasado en otros partidos durante la semana, a Alcaraz le faltó alegría, incluso se le notó irritado, y Sinner se mostró más agresivo.

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El tie-break que decidió el primer set -y el encuentro- fue perfecto para enseñárselo a los críos que quieran dedicarse al tenis. Tanto Sinner como Alcaraz se transformaron de repente para sacar de manera excelente, pero ambos se equivocaron por culpa de los nervios. El italiano estrelló una volea contra la red y, a cambio, Alcaraz le cedió el set con una doble falta. Se suele decir que estos títulos se deciden por los detalles: ahí hubo dos.

El éxito se ponía cuesta arriba para el español, que igualmente intentó escalar. En los primeros juegos del segundo set exhibió su mejor versión y firmó su mejor punto: un pasante de contralejada para conseguir una rotura. Pero justo después reaparecieron sus males y, con ellos, la derrota. Sinner insistió en su dominio de revés y Alcaraz no arriesgó en el resto, siempre demasiado lejos. En cuanto recuperó el break, el italiano se abalanzó a por todos los honores y ya no hubo más discusión.

Queda Roland Garros. Si quiere mantener su reinado en París, Alcaraz necesita sanar algunas heridas de su tenis -el revés, sobre todo- y encontrar de nuevo esa alegría desbordante que le hace diferente. Sinner, mientras tanto, llega a la Philippe Chatrier como lo que ya es: el mejor jugador del mundo en cualquier superficie. Un niño de los Alpes que aprendió a soñar también en ganar sobre tierra batida.

Alcaraz mide la transformación de Sinner en la final de Montecarlo: su primer duelo del año, un duelo clave

Alcaraz mide la transformación de Sinner en la final de Montecarlo: su primer duelo del año, un duelo clave

Hay derrotas que duelen y derrotas que transforman. En el pasado US Open, Jannik Sinner salió de la final ante Carlos Alcaraz sin el título, sin el número uno del mundo y con solo una certeza: había sido demasiado predecible. Su tenis había quedado en evidencia, o así lo entendió. «No hice ni un saque-volea, no usé las dejadas, me quedé siempre en el fondo y, ante Carlos, no puedo hacer eso, tengo que salir de mi zona de confort», admitió en rueda de prensa, donde hizo una promesa: «Voy a perder algunos partidos, pero haré cambios en mi juego. Si quiero ser mejor tenista tengo que ser menos predecible». Aquel objetivo tuvo, en efecto, un coste.

En el último Open de Australia, el italiano perdió en semifinales ante Novak Djokovic y poco después cayó en cuartos del ATP 500 de Doha frente a Jakub Mensik. Pero la inversión ya rinde dividendos. Después de conquistar el llamado Sunshine Double en Indian Wells y Miami, el italiano llegó lanzado al Masters 1000 de Montecarlo y, ayer, en las semifinales ante Alexander Zverev -ganó por 6-1 y 6-4- corroboró que el proceso ha culminado. Este domingo (a partir de las 15.00 horas, Movistar) el nuevo Sinner se medirá en la final a Alcaraz, que derrotó a Valentin Vacherot por 6-4 y 6-4. La rivalidad de la década vivirá su primer episodio de 2026 como un desafío para el español.

Los cambios de Sinner

Porque Sinner ha conseguido mejorar en hasta tres frentes. El primero, el saque. «Voy a cambiar un par de cosas, son pequeños detalles, pero pueden marcar una gran diferencia», avanzó tiempo atrás, y el trabajo ha dado sus frutos. «Ha mejorado mucho su servicio en los últimos meses», admitió esta semana el mismísimo Alcaraz.

EFE

El segundo frente es la variedad táctica. Estos días, su entrenador, Simone Vagnozzi, reconoció que Sinner «antes era más rígido, ahora es mucho más camaleónico», y ciertamente el italiano alterna posiciones y golpes para ser todavía más incómodo para su rival. Y el tercero, y más llamativo, es la red. A lo largo de su carrera apenas subía a volear en el 13% de los puntos y en las últimas semanas ha elevado esa cifra hasta alcanzar el 25% en algunos partidos.

Alcaraz llega a la final en Mónaco como campeón defensor, como número uno y como el jugador que mejor conoce al nuevo Sinner, porque fue él quien lo obligó a reinventarse. Este sábado, ante Vacherot, demostró que la falta de confianza que arrastraba desde su derrota en Miami ya es cosa del pasado. Si en las primeras rondas en Montecarlo se enredó con su mente y su revés, en las semifinales fue el tenista sólido que es, seguro de sus capacidades. Pero ante Sinner todo será distinto.

Una guerra mental

La teoría indica que el español tendrá que impedir que su adversario se instale en el intercambio largo desde el fondo -su terreno más cómodo-, usando las mismas herramientas que forzaron su metamorfosis: dejadas, variaciones de velocidad y subidas propias a la red. Quizá esta vez la clave sea otra. En realidad, el duelo será un espejo: dos jugadores que se han transformado mutuamente, que se piensan constantemente, que se conocen tan bien que la diferencia estará en unos pocos puntos.

Porque en la final estará en juego mucho más que un trofeo. Alcaraz encabeza el ranking con 13.590 puntos, pero esta semana defiende los 1.000 obtenidos como campeón el año pasado sin poder sumar más, solo restar. Sinner parte de 12.400 y no tenía puntos que defender: si gana el encuentro, recuperará el número uno. Los dos han ocupado durante 66 semanas cada uno el primer puesto del ranking, y Montecarlo servirá para romper ese empate histórico. Pero hay algo más trascendente incluso.

Este 2026 todavía no se han medido ni una sola vez -«espero que podamos enfrentarnos aquí, ni siquiera hemos jugado una vez esta temporada», reconoció el propio Alcaraz a media semana- y por ello el duelo llega cargado de una dimensión psicológica distinta. Con los cambios propuestos por Sinner en su juego, quien gane arrastrará esa victoria hasta que empiece Roland Garros el próximo 24 de mayo. Y eso, en una batalla tan cerrada, tan única, tan mental, puede valer oro si se reencuentran en París.

Alcaraz confirma su recuperación para llegar a la final de Montecarlo y medirse a Sinner por primera vez este año

Alcaraz confirma su recuperación para llegar a la final de Montecarlo y medirse a Sinner por primera vez este año

De aquellas dudas ya solo queda el recuerdo. Si hace unos días Carlos Alcaraz parecía otro, envuelto en un halo de inseguridad, ahora ya es él. Está preparado. Este domingo (a las 15.00 horas, Movistar) se medirá por primera vez este año a su rival generacional, Jannik Sinner, en la final del Masters 1000 de Montecarlo después de derrotar en las semifinales a Valentin Vacherot por 6-4 y 6-4.

Pese a la peculiaridad de su rival, un desconocido hace medio año antes de que ganara en el Masters 1000 de Shanghái, no era un partido fácil para el español y lo resolvió en una hora y 24 minutos de juego. La serenidad, recobrada. La confianza, reencontrada. Su fiabilidad en el servicio en el primer set y la capacidad de sufrir en el segundo confirmaron que su mejor nivel está de vuelta. Sinner ha cambiado su juego para poder desafiarle; otro duelo entre ambos que será interesantísimo.

«Es un escenario de ensueño. Yo lucharé por mi segundo título aquí en Montecarlo y Jannik por el primero. Además el número uno del ranking está en juego y eso hace que la final sea aún más especial. Tengo muchas ganas de enfrentarme a Jannik por primera vez este 2026», aseguró Alcaraz tras la victoria ante Vacherot que le dejó varias buenas noticias.

Un enredo en el segundo set

La primera es su recuperación en el servicio. En partidos anteriores había estado incluso por debajo del 50% de primeros y este sábado rondó el 70% en el primer periodo, es decir, regresó a los números del Open de Australia. Sobre tierra batida el servicio no es tan decisivo, pero la mejoría permitió que Alcaraz tomara el control del partido. No tenía que enfrentar bolas de rotura; solo debía mover a su adversario.

THIBAUD MORITZAFP

Vacherot se presentaba en el encuentro con la confianza por las nubes, en casa -es uno de los escasos 10.000 monegascos- y sin presión alguna. Con su altura -1,93 metros- y su servicio obligaba al español a mantener la concentración, un despiste podría tener un alto precio, pero Alcaraz estuvo firme. Si vaciló, fue únicamente en el segundo set, y para entonces ya tenía margen. Con una rotura a su favor, se enredó con un par de errores y una doble falta, permitió que su adversario le devolviera el 'break' y tuvo que sufrir.

Su reacción en los puntos decisivos, especialmente la devolución a la línea de un 'smash' de Vacherot, fue el reflejo de su regreso. «Estoy muy contento por la victoria. Valentin venía con mucha confianza, jugaba en casa y sabía que iba a ser un partido duro. Creo que he estado muy sólido y me voy satisfecho», concluyó Alcaraz antes de su primer enfrentamiento con Sinner de este año. En juego, revalidar el título. En juego, mantener el número uno del ranking ATP. Otro duelo entre ambos que será interesantísimo.

Alcaraz se sacude las angustias ante Bublik y mantiene el pulso por el número uno en Montecarlo

Alcaraz se sacude las angustias ante Bublik y mantiene el pulso por el número uno en Montecarlo

Carlos Alcaraz ya camina por las alturas sobre un alambre: a partir de ahora, si pierde, perderá el número uno. Con ambos en semifinales del Masters 1000 de Montecarlo, Jannik Sinner acecha la mejor posición del tenis mundial y quizá se acabe decidiendo todo el domingo en un cara a cara. Pero de momento el español no se asusta. Si las matemáticas del ranking ATP añaden presión a estas semanas tontas, irregulares, extrañas, a esta leve crisis de confianza, Alcaraz responde con su genialidad.

Este viernes lo hizo para derrotar en cuartos de final a Aleksandr Búblik por 6-3 y 6-0 en una hora y tres minutos de juego y sacudirse las angustias. Hubo más historia de la que muestra el marcador, pero las sensaciones que quedaron fueron mucho mejores que en octavos de final ante Tomás Etcheverry. «En otra vida quizá te gano», admitió el kazajo en la red al finalizar el encuentro, y Alcaraz le devolvió el halago: «Espera a la hierba».

El amable intercambio de palabras, en realidad, sirvió como resumen del partido. Búblik, un bicho raro en la tierra batida, tenista de golpes planos, apareció convencido de que iba a perder y perdió. Capaz de ganar a Sinner dos veces sobre hierba en los últimos años, sabía que ante el español sobre arcilla sus opciones eran pocas, pero tampoco hizo mucho para incrementarlas. Salió a golpear. Salió a arriesgar. Y no le funcionó. Acabó con 28 errores no forzados y, como mucho, dejó alguna invención sorprendente para contentar al público monegasco. Poco más.

THIBAUD MORITZAFP

Lo más interesante del partido estuvo en el rendimiento de Alcaraz. «He vuelto a perder un poco de feeling con la bola, pero he corrido para recuperarlo. Al final he conseguido grandes puntos, he completado grandes intercambios y me voy con más confianza. He sabido jugar ante un tenista anárquico como es Aleksandr, y estoy satisfecho», analizó el número uno que, en efecto, vivió un bloqueo parecido al sufrido ante Etcheverry. Su virtud estuvo en que esta vez lo minimizó.

Un mal rato más corto

Otra vez sus primeros minutos sobre la pista Rainiero III provocaron vértigo y otra vez su tenis se frenó en seco. A los cinco minutos de partido disfrutaba de cuatro bolas de rotura para ponerse 3-0; cinco minutos después no solo había dejado escapar la oportunidad, también había permitido un break de Búblik. Con problemas con su primer saque -acabó con un 57%-, volvió a encallarse en el revés, campo de batalla estos días. Pero se rehizo. Al contrario que el día anterior, controló los pensamientos negativos, estiró los puntos y poco a poco volvió a fluir. De hecho, encadenó nueve juegos consecutivos a favor para decidir.

Con las rarezas de Búblik, tuvo tiempo incluso para entretenerse y multiplicar sus highlights. Si buscan el vídeo del partido, encontrarán la defensa de un smash que cambió el partido, una contradejada deliciosa, un globo a un rival de casi dos metros y, entre otras cosas, un raro remate dándose la vuelta que nadie esperaba. Sus estadísticas no fueron gran cosa -13 ganadores-, pero esta vez se marchó con una sonrisa.

Un hito histórico y a semifinales

«Estoy muy contento de haber llegado a mi victoria número 300 en la ATP», aseguró cuando le mencionaron el hito histórico. Más allá de eso, el valor de haber alcanzado el número 300 está en que solo necesitó 67 derrotas para hacerlo, menos que Novak Djokovic, Rafa Nadal o Roger Federer. De hecho, en toda la historia, solo Rod Laver y Jimmy Connors lo hicieron con mejor balance. «Ahora que sean más», proclamó Alcaraz, y este mismo sábado tendrá la oportunidad.

Ante Valentin Vacherot (no antes de las 15.30 horas, Movistar) buscará el pase a su segunda final consecutiva en Montecarlo para revalidar el título y mantener el pulso con Sinner por el trono del tenis mundial. El italiano se medirá antes (no antes de las 13.30 horas, Movistar) a Alexander Zverev en unas semifinales recurrentes -este año ya se enfrentaron en Indian Wells y Miami- que suelen caer de su lado. El número uno se decide estos días y Alcaraz aglutina argumentos para defenderlo.

Javier Hernández, el olímpico que ahora reparte millones: "No podía seguir viviendo de la vela"

Javier Hernández, el olímpico que ahora reparte millones: “No podía seguir viviendo de la vela”

Un cliente entra en la administración de lotería número 16 de Santa Cruz de Tenerife y agradece: tenía una pensión pequeña, una pensión mínima, apenas llegaba a finales de mes, pero acaba de cobrar 200.000 euros de un décimo comprado allí y sus problemas económicos han desaparecido. Al otro lado del mostrador, a Javier Hernández se le saltan las lágrimas. «Fue muy bonito. Habíamos dado otros premios, pero este año tres agraciados del Niño vinieron a darnos las gracias y nos emocionamos todos», cuenta quien sabe perfectamente qué es luchar con pocos recursos. Durante años lo hizo en el agua.

Antes de ser lotero, Hernández fue regatista y de los buenos. En la clase láser llegó a colgarse un bronce en el Mundial de 2008 y fue olímpico en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 -decimocuarto- y Londres 2012 -decimosegundo-. Fue miembro de una de las generaciones doradas de la vela española, junto a Iker Martínez, Xabier Fernández, Fernando Echavarri o Antón Paz. Pero su palmarés se cuenta ahora en premios: lleva tres años consecutivos repartiendo en Navidad, dos veces en el Gordo y la última, en el Niño. Su administración vendió seis boletos del 06703 agraciado, por lo que repartió 1.200.000 euros.

¿Dar premios multiplica los clientes después?
Es buena publicidad. Todas las administraciones ofrecemos el mismo producto, décimos de lotería, así que la suerte marca el negocio. Antes de Navidad intentamos vender el máximo número posible de décimos para que haya premios y venga más gente. Y luego confiamos en el chicharro, nuestra mascota. Es un pez azul, pequeño, humilde y abundante en las costas canarias, Nos representa. Tenemos una figura de bronce en el mostrador que nos ayuda.

"Todo se me puso cuesta arriba"

La historia de cómo un regatista olímpico acabó vendiendo lotería sigue el camino tortuoso de las vidas que no salen según el plan. A los 28 años, después de los Juegos de Londres 2012, Hernández todavía pensaba en seguir, en llegar a Río 2016 o incluso a Tokio 2020, pero el dinero empezó a escasear. «Acabé undécimo y tenía beca ADO, pero no me daba para mucho», cuenta.

«Por culpa de la crisis de la construcción de 2008, la Federación Española de Vela había reducido mucho las ayudas para viajar y competir y todo se me empezó a poner cuesta arriba. En la vela hay que seguir el circuito mundial, ir de regata en regata, costear desplazamientos, material, entrenamientos... Y no me llegaba», recuerda Hernández que, además, en aquella época perdió a su padre. La motivación por seguir en competición y buscar su medalla olímpica se convirtió en otra cosa.

¿Cómo nace la administración?
Fue una oportunidad. Era de un familiar lejano y se puso un poco a tiro. Pensé mucho en si dar el paso o no, me decidí y le pagué la licencia. Entendí que no podía seguir viviendo de la vela y tenía que empezar a labrarme un futuro. De 2012 a 2014 intenté compaginar la administración con los entrenamientos, pero era imposible.

Entrenador de Santa Lucía o El Savaldor

Hoy, más de una década después, la administración de la calle Bethencourt Alfonso funciona y Hernández todavía está detrás del mostrador casi cada día. «En Navidad estoy muy al público y durante el año suelen ponerme una hora o dos al día. Algunos clientes me reconocen de cuando hacía vela y me piden que les elija yo el número porque me ven como un tipo con suerte», explica Hernández, que nunca se alejó del todo del mar.

Cuando dejó de competir, sus propios rivales le llamaron. Había estudiado INEF y tenía criterio técnico. Empezó entrenando a uno, luego a otro, y sin buscarlo construyó una segunda carrera como entrenador freelance de países pequeños sin estructura federativa propia como Santa Lucía, El Salvador, Trinidad y Tobago, Corea del Sur o Montenegro.

«Llevo tres Juegos Olímpicos de entrenador de los que eran mis rivales, pero ya me voy retirando también. Tengo tres hijos y viajo lo justo. El año pasado solo fui a tres competiciones, ya no quiero hacer el circuito completo», asegura quien ya no vive pensando en el verano y sus regatas. Ahora su competición se disputa en Navidad, cuando planta la figura de bronce del chicharro en el escaparate y espera a que surja la magia. De momento lleva triunfando tres años.

Alcaraz supera el bloqueo mental ante Etcheverry para llegar a cuartos de final de Montecarlo

Alcaraz supera el bloqueo mental ante Etcheverry para llegar a cuartos de final de Montecarlo

«Tengo muy poca confianza en el revés». «Es muy difícil confiar cuando no tengo feeling con la bola ahora». «Es complicado insistir cuando tengo cero feeling». Quedan en Carlos Alcaraz heridas de aquella fea derrota en el Masters 1000 de Miami. Qué cruel es el tenis: incluso el número uno del mundo, el reciente campeón del Open de Australia, un virtuoso como pocos en la historia, puede perder su autoestima por culpa de un mal día. Este jueves Alcaraz venció al argentino Tomás Etcheverry por 6-1, 4-6 y 6-3 en octavos de final del Masters 1000 de Montecarlo, pero para hacerlo tuvo que pasar de las dos horas de juego y superar un bloqueo mental.

En el segundo set acumuló un par de errores con su revés y le abordaron todos los pensamientos negativos del mundo. En comunicación con su entrenador, Samuel López, sus palabras recordaban a su desespero reciente en la gira estadounidense: «No puedo», «No me sale»... El técnico insistía en darle ánimos, pero no había manera. Desconectado de su revés, Alcaraz se invertía una y otra vez para golpear de derecha y así se sucedían los fallos y los puntos perdidos. Llegó a estar dos breaks abajo, intentó remontar, no lo logró y de ahí tuvo que salir.

Pese a un primer set electrizante, pese a la extraordinaria velocidad de su drive, pese a su toque en la red, pese a su superioridad, el español se descubrió nuevamente en el barro. Para su fortuna, esta vez supo escapar. En el tercer set despejó las ideas para volver a dominar a Etcheverry desde el fondo de la pista e incluso se soltó con algún winner de revés. Para los próximos días, quizá quedará el recuerdo del atasco, pero también su capacidad para liberarse y vencer.

VALERY HACHEAFP

Aprender de ello es esencial. Este mismo viernes, en cuartos de final, Alcaraz deberá enfrentarse al kazajo Aleksandr Búblik, un rival incómodo por su imprevisibilidad, y si vence, el fin de semana, sin descanso, se encontrará con adversarios de mejor ranking. En el horizonte, como siempre, una posible final el domingo ante Jannik Sinner, que también venció en tres sets -por 6-1, 6-7(4) y 6-3- en su caso a Tomás Machác, pero antes toca rehacer el amor propio.

El grupo israelí Quantum Pacific también compra el equipo español de SailGP: «Es una inversión deportiva, como en el Atlético o el Movistar»

El grupo israelí Quantum Pacific también compra el equipo español de SailGP: «Es una inversión deportiva, como en el Atlético o el Movistar»

Hace tres años, el equipo español de SailGP estaba al borde de la desaparición. Sin patrocinador, siempre en la parte baja de la Fórmula 1 de la vela y sin garantías de seguir. Este jueves, ese mismo equipo ha anunciado su adquisición por Quantum Pacific Group, el holding del multimillonario israelí Idan Ofer, por una cifra que ronda los 45 y los 50 millones de euros, según fuentes que señalan a EL MUNDO. La operación demuestra el súbito crecimiento del conjunto español, la buena salud de SailGP tras empezar su sexta temporada, y el interés de Ofer en España después incluso del boicot en la pasada Vuelta .

«Hace dos o tres años estábamos al borde del precipicio, estábamos medio regalados. Ahora vamos a ser una de las franquicias de SailGP más altas que se han pagado», cuenta Antonio Alquézar, CEO del equipo, en conversación con EL MUNDO tras el cambio de dueños.

En la creación de SailGP en 2019, todos los equipos eran propiedad de la competición promovida por el multimillonario estadounidense Larry Ellison, el dueño de Oracle. Francia, Reino Unido, Estados Unidos... De inicio se crearon seis conjuntos que se fueron multiplicando hasta llegar a los 13 actuales y, poco a poco, vendiéndose. El curso pasado ya solo quedaban dos sin dueño: España y Nueva Zelanda. O alguien los compraba o corrían el riesgo de desaparecer. El equipo español, apodado Los Gallos, liderado por los campeones olímpicos Diego Botín y Florian Trittel, se salvó al ganar la cuarta temporada, pero seguía el peligro. De ahí la alegría por ser comprados.

«Nadie quería invertir en el equipo cuando estábamos los últimos. Por supuesto que ganar el campeonato ayudó bastante», comenta Alquézar sobre unas negociaciones que empezaron hace muchos meses y que no se detuvieron pese a todo.

¿Habrá protestas?

En la pasada Vuelta a España las protestas y el boicot por la presencia del equipo Israel-Premier Tech complicaron la operación. Quantum Pacific ya poseía un 32% del Atlético de Madrid y un 45% del Movistar, pero la adquisición situaba a SailGP como objeto potencial de ese movimiento político. Los días 5 y 6 de septiembre el campeonato visita Valencia y podría haber protestas, pero no hay temor. «Esto es una inversión deportiva», insiste Alquézar. «Tienen muchas inversiones en otros sitios, como en el Atlético y el Movistar. No creo que tengamos ningún tipo de problema», añade quien se congratula del crecimiento de SailGP.

El certamen ya ha arrancado su sexta temporada con muy buenas cifras. La audiencia televisiva mundial ha pasado de 16 millones de seguidores en sus primeras ediciones a más de 240 millones en la última y las sedes han ido creciendo hasta llegar a 13. De Sydney a Río de Janeiro, Bermudas o Nueva York, luego Portsmouth, Ginebra o Valencia y, al final, Dubai y Abu Dhabi. Todo gracias a la espectacularidad de los F50, los catamaranes que alcanzan velocidades de más de 100 kilómetros por hora.

«Muchas veces dices: esto es vela, pero vamos a metro y medio por encima del agua, a 100 por hora, y no tenemos una vela, tenemos un ala de avión», explica Alquézar. «Hemos acercado la vela al público, por eso competimos muy cerca de la costa y no necesitas un barco para vernos como pasa en la Copa América. Además hemos cambiado la nomenclatura. No ponemos la velocidad en nudos, la ponemos en kilómetros por hora, por ejemplo. Lo hacemos todo en lenguaje más apto para la gente que no conoce la vela.» El año pasado en Cádiz, el evento congregó más de 100.000 personas en un fin de semana. Este año se espera un exito similar en Valencia, haya o no protestas.

El equipo español de SailGP que estuvo a punto de desaparecer acaba de ser adquirido y el precio de la compra, entre 45 y 50 millones de euros, es una gran noticia para la Fórmula 1 de la vela. Si el origen del dinero genera protestas ya se verá en septiembre en Valencia.

Medvedev monta el show en Montecarlo: derrota por 6-0 y 6-0 y raqueta en la papelera

Medvedev monta el show en Montecarlo: derrota por 6-0 y 6-0 y raqueta en la papelera

Fue a mediados del segundo set cuando Daniil Medvedev rompió la raqueta contra el suelo, la lanzó hacia el fondo, repitió una y otra vez hasta ocho, la recogió finalmente y la tiró a la papelera. Listo. Ya había soltado la rabia. Luego volvió a colocarse para el resto y acabó por sufrir el peor partido de su vida.

En su debut en el Masters 1000 de Montecarlo cayó derrotado por 6-0 y 6-0 en solo 50 minutos. Matteo Berrettini, que fue un tenista excepcional y hoy intenta resurgir tras sus lesiones, no le concedió ni un juego. Medvedev no dominó ni sus turnos de saque —solo ganó 17 puntos— y acumuló hasta 28 errores no forzados. Lo tiró todo fuera; no le salió nada. De ahí su desesperación.

VALERY HACHEAFP

No era la primera vez que Medvedev perdía los nervios en una pista. En Wimbledon 2017 vació su cartera y lanzó monedas a la silla de la juez Mariana Alves. En el US Open de 2019 hizo un corte de mangas al público de Flushing Meadows y arrancó una toalla de las manos de un recogepelotas. En el Abierto de Australia de ese mismo año fue multado con 76.000 dólares por destrozar una cámara y lanzar la raqueta durante las dos primeras rondas. En el US Open de 2025, tras perder ante Benjamin Bonzi en primera ronda, golpeó su raqueta contra el suelo y el banco lateral en, al menos, doce ocasiones. La multa ascendió a 42.500 dólares. Y así, muchos, muchos episodios.

10 años sin derrotas así

Pero lo de Mónaco este miércoles tuvo otra dimensión. No fue una explosión de rabia; fue un desastre absoluto. El ruso, que fue semifinalista en el Principado en 2019 y venía de ser finalista en el Masters 1000 de Indian Wells, nunca disfrutó en exceso de la tierra batida, pero tampoco había padecido nunca tanto. De hecho, fue la primera derrota por 6-0 y 6-0 de su carrera profesional.

El último jugador del Top 10 del ranking ATP en caer por 6-0 y 6-0 había sido Tomás Berdych, derrotado por David Goffin en Roma en 2016. Una década después, el sucesor es todo un ex número uno del mundo. Berrettini dijo que había completado «una de las mejores actuaciones» de su carrera. Medvedev se marchó sin decir nada. Sus sentimientos quedaron reflejados en la raqueta dentro de la papelera.