El éxtasis de Lamine desata a un Barça que peleará la final de la Champions en San Siro

Actualizado Miércoles, 30 abril 2025 - 23:11

Hay dos lenguajes que Lamine Yamal ha unido para catapultar al Barça: no solo es capaz de hacer diabluras con la pelota sino que también tiene un don para crear emociones. No le hables de futuro, de guardar ventajas, de bajar los brazos o de proteger un resultado que sigue dejando a mano una final de Champions. Háblale de someter y enloquecer a los rivales, de tratar de tumbarlos aunque sea para seguir subido al sueño. Con ímpetu adolescente, fue él quien desató al Barça en unas semifinales de infarto ante un Inter que desnudó sus carencias con suma facilidad obligándoles a un examen de conciencia en San Siro. [Narración y estadísticas (3-3)]

Lamine sembró el miedo el Montjuïc cuando se retiró del calentamiento. Los presagios no eran buenos, pero los espantó nada más arrancar el duelo y en las circunstancias más difíciles. El Barça se encontró con un gol en contra a los 30 segundos por una genialidad de Marcus Thuram. Un centro de Denzel Dumfries y un taconazo ante el resbalón de Íñigo Martínez para marcar el segundo gol más rápido que le han hecho al Barça en Europa. Un golpe inesperado, pero también mucho tiempo para levantarse.

No iba a ser tarea fácil porque el Inter se esforzó en guardar un botín que no tuvo que pelear. Como las legiones romanas, el equipo de Simone Inzaghi es capaz de juntarse en el área sin dejar hueco ni para el aire. Dejaron que el Barça los llevara hasta allí sin contar con que, esa noche, Lamine Yamal iba a ser imparable. Él solo se bastó para ir buscando la rendija hasta que la encontró. Ni bajo la persecución de Dimarco y Bastoni, con las ayudas de Mkhitaryan, pudieron maniatarle. Era noche de desenfreno y no tardó en verse.

Por donde nadie lo esperaba

Primero trazó un centro que sorprendió a Ferran Torres de lo medido que iba a su bota. Después fue el valenciano quien buscó ajustar al palo un rechace de Bisseck. Con el Inter empujado a vivir en su campo, antes de que el Barça lograra reaccionar llegó el segundo varapalo. Un córner forzaron los italianos y Dimarco lo puso al corazón del área pequeña para que Acerbi lo peinara y apareciera Dumfries con una increíble chilena. Dos goles en contra en 20 minutos y, pese al acoso y la posesión, ni un disparo culé entre los palos de Sommer.

El suizo tardó muy poco en dejar de ser espectador. Lamine Yamal se soltó la cadena y tiró del equipo cuando cumplía 100 partidos en la élite azulgrana. La banda era suya y quebraba con suma facilidad a cualquiera que saliera a su paso. Caracoleó desde la frontal, sin miedo, con descaro, colándose por donde nadie lo esperaba hasta sacar un disparo al palo largo que Sommer solo pudo seguir con la mirada. El chaval de 17 años, una vez más, acababa de prender una chispa que guió al Barça al empate.

Volvió a pasillear por el área hasta la línea de fondo para, en un palmo, soltar un zurdazo que el guardameta interista rozó para desviar al larguero. De la electricidad de Lamine se contagió todo el ataque. Probó Dani Olmo a soltar un latigazo girándose entre los centrales y Ferran y Raphinha anduvieron pendientes de los centros desde la derecha del inspirado genio de Rocafonda.

La volea de Dumfries para el provisional 0-2 del Inter.

La volea de Dumfries para el provisional 0-2 del Inter.AFP

No se podía sacudir el Inter el agobio ante el endemoniado peligro que generaba el canterano, que llevó otra vez a Sommer a salvarse del empate ante un disparo de Olmo. Lo que no pudo hacer es evitar que Pedri filtrara un balón a la cabeza de Raphinha que picó para la llegada de Ferran entre los dos centrales e igualara un partido en el que el Barça estaba logrando devorar al Inter.

Otro giro de guion lo provocaron las lesiones. Antes de la media parte, Koundé se echó al suelo. Demasiados minutos en las piernas del héroe de Copa y una nueva prueba de fuego para Flick, que tuvo que mandar al campo a Éric ante la ausencia de otro lateral diestro. La desgracia también golpeó al Inter con la lesión de Lautaro Martínez.

Quisieron Flick e Inzaghi bajar las revoluciones y evitar que el partido enloqueciera en la segunda parte. Se habían dañado con suma facilidad y había que recomponerse. Imposible. El Inter dio un paso al frente para sacudirse el dominio y, en un córner ante una mala salida de Szczesny, de nuevo Dumfries fue letal. La satisfacción de volver a adelantarse en el marcador apenas duró unos segundos, porque de otro saque de esquina en jugada ensayada, Raphinha soltó un obús desde la frontal que Sommer solo pudo mandar a su propia red.

El remate con el que Ferran Torres colocó el 2-2 en Montjuïc.

El remate con el que Ferran Torres colocó el 2-2 en Montjuïc.AFP

Nadie se conformó. El Barça siguió buscando tumbar al Inter, como si no hubiera un partido de vuelta, y los italianos se oxigenaron y encontraron con facilidad los metros a la espada de la defensa de Flick, con salidas taquicárdicas de Szczesny, un gol anulado por un ajustadísimo fuera de juego de Mkhitaryan y la sensación de que, llegados a los últimos minutos, una tregua era la mejor opción. Pero de eso no entiende Lamine, que aún estrelló un centro chut en el travesaño y contagió a Raphinha en el arrebato. Si quieren estar en Munich, tendrán que ordenarse y evitar que aparezca la locura en Milán. Si es que pueden.

Koundé, el héroe que no quería ser lateral: "Soy futbolista para jugar partidos como estos"

Koundé, el héroe que no quería ser lateral: “Soy futbolista para jugar partidos como estos”

«No quiero jugar de lateral derecho». Así de contundente fue Jules Koundé en el verano de 2023 en una conversación privada con Xavi Hernández. En La Cartuja, cuando arrancó para interceptar el pase de Modric, plantarse en el área y chutar, nadie pensó en aquel desafío, ni siquiera él, porque desde entonces fue adaptándose hasta convertirse en uno de los mejores laterales derechos del mundo y que su nombre quede para siempre vinculado a la Copa de 2025. «Me estaba guardando este gol para una final», confesaba entre risas nada más acabar el partido.

Para saber más

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Pieza clave en el Barça, no se pierde un partido desde el 28 de noviembre de 2023. Suma 88 como azulgrana y 18 más con Francia, donde Deschamps también le coloca pegado a la cal. Por eso acabó 2024 como el jugador de campo que más minutos acumuló ese año natural, cifra que puede pulverizar en 2025 porque esta temporada ya suma 4.581 minutos. Flick solo le ha dejado en el banquillo una vez y le ha sustituido en tres. Fuera de la convocatoria solo le puede dejar una amarilla que le obligaría a cumplir sanción si la ve en uno de los cinco partidos que vienen en Liga.

Koundé se deconstruyó como central para dar un paso hacia la derecha después de su primera temporada como azulgrana y como campeón de Liga. El Barça no tenía jugadores en esa posición ni recursos económicos para buscarlos. Por eso la resistencia del francés pudo durar poco: la titularidad indiscutible estaba en el lateral de la defensa, desde donde , a sus 26 años, se ha colado entre los mejores del mundo y ha subido su cotización en el mercado por encima de los 50 millones que costó su salida del Sevilla.

Además, Flick le ha dado vidilla. La confianza del alemán le ha llevado a destaparse como arma ofensiva. Ha marcado cuatro goles, dos en Liga y dos en Copa, igualando su mejor registro, que fue como sevillista en la temporada 20/21. A este balance suma, además, ocho asistencias, una cifra poco habitual para un lateral salvo en este regenerado Barça, donde Balde lleva diez desde la izquierda.

Koundé es el complemento perfecto de Lamine Yamal. Con la defensa adelantada que trajo el técnico alemán, puede cubrirle las espaldas y también aparecer para acompañarle en ataque. Eso fue lo que hizo en la final . «Vi que Modric iba a dar el pase y me anticipé. Tenía a Lamine, pero pensé que era jugada de chutar», describió feliz desde las entradas de La Cartuja. Su complicidad con la joven estrella se ve dentro y fuera del campo.

Ambos se retroalimentan y fortalecen el «carácter» y la «confianza» que, para el francés fue clave en la remontada. El ejemplo lo que le dijo Lamine a Araújo en la prórroga: «Da igual si nos marcaban uno o dos goles porque este año no pueden con nosotros». Quizá no lo escuchó Koundé, pero él sabe cómo dañar al Real Madrid. En la final de Copa fue el gol decisivo en el minuto 116. En la Supercopa de Arabia una asistencia para gol de cabeza de Raphinha. «Soy futbolista para vivir estos partidos. Un Clásico es el mejor partido de Europa», confesaba con medalla de campeón al cuello.

Modelo y presidente

Al francés le quedan dos años de contrato en este Barça que inicia una nueva era y ya es también protagonista en la selección francesa. Pero el brillo traspasa los terrenos de juego, donde su pasión por cuidar su aspecto solo se puede reflejar en el pelo. Ahora largo y con cinta, ahora con trenzas o con dos moños. Fuera del campo transmite la misma personalidad en la ropa. No deja nunca indiferente, lo que le ha llevado a ser modelo de la firma francesa Jacquemus.

Entre sus retos está ganar el triplete con el Barça, el deseo de un vestuario canalla de centennials que acaba contagiando con sus looks estrafalarios y sus bailes, pero fuera también tiene proyectos propios de esa Generación Z. Es copropietario junto a su gran amigo Tchouaméni, que también marcó en la final, del equipo 360 Nations de la Kings League francesa, que comparten con el portero del Milan, Mike Maignan, Mbeume y Manu Koné. Todo sin perderse ni un minuto en el campo.

Los bailes del ‘rubio’ Lamine, las gafas de fiesta de Raphinha y el aviso de Ferran: “No hay que pasarse que espera la Champions”

Actualizado Domingo, 27 abril 2025 - 01:37

Rebeldía es bailar sin esperar a que suene la música como lo hacían el 'rubio' Lamine Yamal y Raphinha detrás de unas gafas de sol que auguran algo de fiesta nocturna. Es jalear a la grada como lo hacía Fermín con la bandera de Andalucía al cuello o no querer irse del césped como Cubarsí o Gavi mientras Szczesny, como veterano paciente, les miraba desde una prudente lejanía con las manos en la espalda antes de enfilar el vestuario. Hansi Flick dio su espacio de regocijo a una plantilla que explotó al levantar un partido que se le fue empinando hasta que dos héroes inesperados, Ferran y Koundé, lo encarrilaron. El valenciano para darle vida al Barça hasta la prórroga y el francés para llevarlo a la gloria.

En 120 minutos pasaron por una montaña rusa de emociones y fútbol: de meter miedo a tener miedo y volver al estado de fe y euforia para ser campeón en el minuto 116. De crecer en las botas de Pedri a fiarlo todo a la resistencia imposible de Iñigo Martínez ante la remontada anunciada de Mbappé y Tchouaméni. Pero sin dejar de luchar. "Lo importante es el trabajo, luego el talento para hacer las cosas", decía Ferran, elegido mejor jugador de la final. Eso fue lo que hicieron, no dejar de luchar. Cómo no estallar al menos unos minutos. "Sentimos mucha felicidad y vamos a disfrutarlos, pero sin pasarse que espera la Champions", recordaba el goleador valenciano.

Uno a uno los buscó Flick para felicitarles sin robarles ni un segundo del protagonismo que el alemán, arquitecto de este Barça irreverente, merece."Yo estoy aquí para crear un ambiente en el vestuario para que los jugadores disfruten y jueguen al máximo nivel. Que vean que creemos en ellos. Se trata de eso", resumió el técnico.

Esa forma de concebir el fútbol le llevó a que lo primero fue buscar a Carlo Ancelotti. Se fundieron en un abrazo antes de que los culés hicieran un pasillo al Real Madrid para que subiera a recoger la amarga medalla de subcampeón. Hubo confidencias de Ansu Fati con Fran García y felicitaciones de Courtois a Fermín. Respecto y cordialidad hasta que llegó su turno.

Entonces subieron los escalones de La Cartuja cerrando la fila Araújo, capitán algunos minutos sobre el césped, y Ter Stegen, que ha vuelto y ha levantado un título antes de ponerse bajo palos. El Rey entregó les entregó una Copa que ya esperaban en el césped sus compañeros tras recorrer el pasillo formado por el cuerpo técnico y los empleados del club.

Nadie pudo sacarlos de ahí. Se vació la grada culé, se apagó la música y todos los jugadores, con sus familiares, seguían sobre el césped, a donde bajó Joan Laporta para, en un corrillo con sus directivos, festejar el segundo título birlado a su eterno rival. Eso era tan importante como el gesto que tuvo el veterano delegado del equipo, Carlos Naval, mostrando una camiseta que ponía: "Dr. Miñarro, siempre con nosotros", en recuerdo del médico de la primera plantilla fallecido hace unas semanas.

Pitos al himno contestados con banderas de España y minoría de 'esteladas'

Pitos al himno contestados con banderas de España y minoría de ‘esteladas’

El himno sonó atronador, pero la escena fue un guirigay al que el Rey asistió impasible, como siempre, desde el palco. Recién llegado del funeral de Papa Francisco en Roma, estuvo acompañado por la vicepresidenta María Jesús Montero, el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno y la ministra de Deporte, Pilar Alegría. Junto a ellos, en la primera línea, el presidente de la Federación, Rafael Louzán, en su primer gran acto institucional.

La megafonía no pudo evitar que la final arrancase con una sonora pitada desde la mitad del estadio poblada por los seguidores azulgrana. Además, en el minuto 17 y 14 segundos, desde el fondo sur de La Cartuja llegó el grito "In, Inde, Independencia". Otro episodio que alteraba la normalidad en el palco, con Felipe VI y Louzán como protagonistas.

Desde la elección de Louzán, el pasado diciembre, la Copa ha deparado cambios. El principal es que ambos clubes sabían que el campeón se llevaría el trofeo a casa para siempre, no sólo por una temporada. Hasta ahora había que ganar tres ediciones para poder lucir la Copa original en las vitrinas. «Es lo lógico que el ganador se la lleve. En el fútbol la evolución es necesaria», reconocía Louzán en los minutos previos al inicio de una final que puede que sea la última en La Cartuja.

Han sido seis ediciones consecutivas con Sevilla como sede, pero ahora la RFEF va a abrir la subasta para que otras ciudades puedan pujar por ser sede. «Vamos a dar la oportunidad a todos los que tengan interés y se presenten, pero tanto la Junta como el Ayuntamiento de Sevilla y la Diputación, que forman el patronato de La Cartuja, ya me han manifestado su interés en que la Copa continúe aquí», reconoció el presidente de la RFEF. Durante seis años han abonado un canon de 1,2 millones de euros y ahora han eliminado la pista de atletismo y ampliado la capacidad hasta los 70.000 espectadores para ser el tercer estadio de España en aforo.

La competencia del Metropolitano

Como contrincante tendrá a Madrid, que quiere que al menos la próxima edición de la final de esta competición se celebre en el estadio Metropolitano. La capital no es sede de una final desde 2018, si bien la había acogido durante tres temporadas consecutivas.

Todos quieren ser sede de la fiesta del fútbol español porque supone llenar de color los estadios y la ciudad durante todo un fin de semana. Y es que, en esta edición, antes de retarse en la acicalada Cartuja, más futbolera que nunca y presidida por dos grandes pancartas que rezaban «¡Hala Madrid!... y nada más» y «125 anys d'història», las dos aficiones lo hicieron en las calles de Sevilla, con terrazas llenas animadas por la temperatura veraniega, pero también algún incidente.

Los 2.000 efectivos policiales que velaron por la seguridad en la capital hispalense tuvieron que hacerse muy presentes durante la mañana en el centro de Sevilla. Intervinieron para dispersar a un grupo de radicales del Barça con material pirotécnico y bengalas y en varias peleas en otros puntos de la zona monumental que se saldaron con cinco detenidos, tres de ellos identificados como seguidores culés y uno madridista. Otro aficionado blanco acabó herido con la nariz rota.

La Copa del Rey llega, de manos de un SkySurfer en La Cartuja.

La Copa del Rey llega, de manos de un SkySurfer en La Cartuja.AFP

La fiesta blanca, además de en la fan zone junto al estadio, estuvo en la Alameda de Hércules, punto de concentración del madridismo que fue llegando a la ciudad a cuentagotas para teñir de blanco el fondo norte de La Cartuja rivalizando con el azulgrana que pobló la grada sur. Sonaron los himnos de los dos equipos, coreados por unos y silbados por los rivales.

Pero el momento estelar fue cuando el estadio se apagó para recibir el trofeo, que llegó al centro del campo desde el aire en una tabla voladora antes de que, un joven aficionado del Athletic, el último campeón, la depositó en el centro del campo. Un láser dibujó las alineaciones sobre el césped y, de nuevo, el joven athletizale escoltado por un chaval del Barça y una joven del Real Madrid, la condujo hasta la bocana del túnel del vestuarios para que presidera la salida de los dos equipos. Se desplegaron entonces las pancartas en los fondos. El Madrid con su lema «Hasta el final, vamos Real» y el Barça recordando que, con 31 títulos, es «el Rey de Copas».

Radicales del Barça provocan incidentes en el centro de Sevilla con un detenido

Actualizado Sábado, 26 abril 2025 - 17:41

La Policía Nacional ha tenido que dispersar a un grupo de aficionados radicales del Barça que provocaron algunos incidentes en el centro de Sevilla. Los seguidores azulgranas, con cánticos, material pirotécnico y bengalas, tomaron la calle Laredo, cercana a la Plaza de San Francisco y generaron un ambiente de tensión que hizo intervenir a las unidades de antidisturbios que vigilan la ciudad ante la final de Copa del Rey de esta noche en el estadio de La Cartuja.

Los incidentes no fueron a mayores, salvo por el riesgo que generó la aglomeración, pero hubo otros puntos calientes del centro de la capital donde se registraron incidentes que acabaron con un detenido, según confirmó la Subdelegación del Gobierno en Sevilla. Un aficionado del Real Madrid resultó herido, con la nariz rota, en una pelea con aficionados del Barça, que fueron amplia mayoría por las calles de la ciudad desde primera hora de la mañana.

Las camisetas azulgrana llenaron terrazas y calles, mientras que el goteo de madridistas, con un viaje más cómodo, fue constante. Se prevé que hoy en el estadio haya 30.000 aficionados en las gradas de cada equipo.

Estarán vigilados por un dispositivo de más de 2.000 personas, de ellos 1.400 de la Policía Nacional y 230 de la Policía Local, con especial atención a las fan zone y a los accesos al estadio, pero también custodiando desde primera hora en la zona monumental de la capital hispalense.

Las nueve horas de tensión y llamadas entre el Madrid y Louzán para salvar la final de Copa: "¿Cómo vamos a cambiar a un árbitro?"

Las nueve horas de tensión y llamadas entre el Madrid y Louzán para salvar la final de Copa: “¿Cómo vamos a cambiar a un árbitro?”

"¿Cómo va a venir el Rey hasta Sevilla y no se va a presentar el Real Madrid a una final de Copa?" La tarde andaluza tuvo de todo, con los focos y la tensión esparcidos por varios puntos de la ciudad. Por un lado, el Estadio de La Cartuja, sede de la previa de un clásico decisivo en el futuro a corto plazo del fútbol español y del banquillo del conjunto blanco. En sus pasillos aparecieron a mediodía Ricardo de Burgos Bengoetxea y Pablo González Fuertes, cuyas palabras crearon un efecto mariposa que provocó una reacción histórica del Madrid, muchas llamadas, muchos nervios y, nueve horas después, la decisión definitiva: el Madrid, a pesar de un drástico enfado que le llevó a no presentarse a la previa, anunciaba que jugaría la final.

Las lágrimas de De Burgos, árbitro principal del encuentro, mentando a su hijo y a cómo le decían que tenía "un padre ladrón" dieron la vuelta al país, aunque fueron las palabras de González Fuertes, deslizando una huelga y asegurando que tenían que tomar "medidas serias" ante los ataques de Real Madrid Televisión las que echaron gasolina al fuego de la final de Copa.

La reacción del Madrid fue tan inesperada como contundente. "Suspendemos todo". A las siete menos cuarto de la tarde, media hora antes de la esperada rueda de prensa de Carlo Ancelotti, el mensaje saltaba en todos los móviles de la sala de prensa de La Cartuja. El Madrid no acudía a la previa de la final. Lo nunca visto.

"Nunca se ha planteado renunciar"

En ese momento, Rafael Louzán, presidente de la Federación, trataba de calmar los ánimos de la directiva blanca en varias llamadas de teléfono con José Ángel Sánchez, director general del Madrid. En el club blanco no entendían el show, así lo llamaban, de la rueda de prensa, mientras que la RFEF, que admitía el poco tacto de González Fuertes en sus palabras, no daba crédito a los amagos sobre no presentarse a la final. Lo consideraban una respuesta desmedida.

En ese momento, entramos en el terreno de la incertidumbre. Las voces desde el hotel NH Collection, sede del Madrid en Sevilla, eran contradictorias. Unos apostaban por no jugar y dar el golpe sobre la mesa definitivo, pero otros tenían dudas por la cantidad de aficionados que ya se habían desplazado a la ciudad.

Después de un par de horas de debate interno, a las 22:15 aterrizó en la web del Madrid el comunicado final: "El club nunca se ha planteado renunciar a jugar la final". Dicho, con muchas dudas, pero hecho.

En la RFEF esperaban el gesto de responsabilidad del Real Madrid, sin dejar de reconocer que la polémica pudo evitarse. Consideran que González Fuertes no pensó en la trascendencia de sus palabras, que el Real Madrid interpretó "en tono amenazante" y que durante horas tuvieron en vilo no sólo a la Federación, también a la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento de Sevilla y los patrocinadores. "Todo un año de trabajo", admitían fuentes federativas. "Ha sido muy inoportuno", aseguran. La muestra de transparencia que quiere mantener la RFEF esta vez se convirtió en un problema.

Los árbitros alzan la voz contra Real Madrid TV y De Burgos Bengoetxea acaba llorando

"La venda antes de la herida"

Son conscientes en la RFEF de que el Real Madrid es muy sensible con los árbitros porque son constantes las críticas, y no sólo a través de su televisión. "Si fuera por ellos, los cambiarían a todos", advierten algunas voces. El plan de Louzán desde que llegó a la presidencia pasa por crear, de manera inmediata, una comisión en la que está representado el conjunto blanco. De cara a la próxima temporada, se conformará "un órgano de participación activa" para poner fin a las polémicas que ponen en peligro la competición. "Como las cosas sigan así, estamos a muy poco de que paren el fútbol", advierten desde la Federación.

Por eso, el pulso lanzado por el Real Madrid no podía acabar en un cambio del equipo arbitral. "¿Cómo vamos a quitar a un árbitro un día antes de la final porque lo pida un club? Es imposible", añaden. Sería una declaración de guerra a un colectivo al que Louzán necesita tener de cara. Su relación con Medina Cantalejo es fría y su continuidad al frente del Comité Técnico de Árbitros sigue en el aire. Eso lo saben algunos colegiados, que son fieles a su presidente, como González Fuertes.

Si el Real Madrid no ha provocado un cambio en el equipo arbitral, ¿qué sentido tenía lanzar este pulso? Hay una explicación que corre por los pasillos federativos. "Quieren ponerse la venda antes de la herida, por lo que pueda pasar en el campo", advierten.

Mientras, Joan Laporta apareció triunfante en la cena oficial junto al presidente Louzán y José Luis Sanz, alcalde de Sevilla. Pasara lo que pasara, el Barça había echado la tarde frotándose las manos ante un espectáculo esperpéntico. Un sainete de nueve horas que acabó como esperaba: habrá final de Copa.

Raphinha, la fiera poco brasileña que impulsa al Barça: “Quería tener esa conexión con Ronaldinho”

Actualizado Viernes, 25 abril 2025 - 22:53

Cuesta creer que Inter de Porto Alegre y Gremio rechazaran por pequeño y delgaducho a un futbolista que sus compañeros definen como «superdotado físico» y que, además, suma 53 participaciones de gol esta temporada -30 tantos y 23 asistencias-, ha superado a Leo Messi en su mejor temporada Champions y lleva camino de ser el máximo goleador de la competición. A Raphinha (Porto Alegre, 1996) nadie le esperaba esta temporada en el podio de los mejores de Europa. Ni siquiera el Barça, que le abrió la puertas hace unos meses para darle su dorsal 11 a Nico Williams. El brasileño está acostumbrado a la pelea constante y a apretar los dientes esperando su momento. Y ha sido Hansi Flick quien le ha preparado el mejor escenario.

Lo buscaba desde que con 18 años se subió a un autobús a ocho horas de casa para jugar en el Avaí persiguiendo un sueño. Le habían advertido que había dinero para la ida, pero no para la vuelta ni para mantenerle allí. Como hacía en el campo, también se buscó la vida fuera. Entonces ya sabía lo que era el Barça. Su padre, Raphael, músico percusionista apodado Maninho, tocaba con Samba Tri en las fiestas de Ronaldinho y, en cuanto destacó, le puso en contacto con Deco. El descenso del Avaí y la necesidad de hacer caja le lanzó a Portugal.

Al Vitória de Guimaraes primero y después al Sporting de Portugal. Ahí lo conoció Rodrigo Moreno, el internacional español que años después formaría con él delantera en el Leeds. «Con el Valencia jugamos un amistoso de pretemporada y recuerdo que en el vestuario comentamos la impresión que nos causaron Bruno Fernandes y Raphinha, del que nunca había oído hablar. Yo llegué al Leeds unos meses antes que él y cuando dijeron su nombre me acordé de aquel partido», explica a EL MUNDO desde Qatar.

«era un líder natural»

Antes de llegar a la Premier, el Rennes pagó 21 millones de euros en una temporada en la que jugó junto a Camavinga e impulsó al equipo a la Champions con ocho goles y siete asistencias. No pasó desapercibido para Víctor Orta y Andrea Radrizzani, los hombres que habían devuelto al Leeds a la Premier de la mano de Marcelo Bielsa.

Un pilar de aquel equipo era Pablo Hernández, ex jugador del Valencia. «Fue una sorpresa porque los brasileños siempre tienen esa etiqueta ofensiva, pero él era diferente. Se vio desde el primer día, con un físico superdotado, comprometido en defensa y que no desistía nunca», explica. Fue el estandarte del Leeds durante dos campañas y en la última «fue clave para evitar el descenso». Tanto que hizo la promesa de recorrer de rodillas el campo si lograban la permanencia. Rodrigo fue a abrazarle tras cumplirla: «Fue una locura. Nos salvamos ante el Brighton y dependíamos de otros resultado que se dio. Él, que era un líder natural, se quitó un peso de encima y maduró muchísimo aquella temporada», recuerda el atacante.

Ambos explican lo sencillo que era jugar con él. «Es de los mayores portentos con los que he jugado. Es capaz de repetir una y otra vez acciones de alta intensidad en un partido. Con lo que exigía Bielsa, se adaptó a la Premier en un instante», rememora Rodrigo, que compartió mucho dentro del campo y también fuera. En especial recuerda dos conversaciones personales que acabaron con decisiones que han marcado la carrera de Raphinha.

Abrazo entre Raphinha y Flick.

Abrazo entre Raphinha y Flick.AFP

«Cuando llegó al Leeds tuvo la oportunidad de ir con Italia. Además era año de Eurocopa. Pero tenía muchas dudas, porque deseaba jugar con Brasil aunque nunca le había llamado. Le dije que la Premier le daría la visibilidad que necesitaba y así fue», admite quien hoy le considera imprescindible en la selección por un rendimiento que le puede conducir al Balón de Oro.

La segunda conversación ya versó sobre la oferta del Barça: «El Leeds prefería que fuera al Chelsea, pero él quería repetir la historia de los brasileños en Barcelona. Quería tener esa conexión con Ronaldinho, Romario o Neymar», desvela.

«nunca tiene miedo»

La adaptación no fue fácil. Le costó seis meses de críticas por los 60 millones de traspaso, por llegar de la mano de Deco -a quien dejó- y por no adaptarse «a un juego más táctico, donde siempre hay menos espacios y los partidos son más cerrados que en la Premier, con menos transiciones», describe Rodrigo. Eso le llevó a pensar que LaLiga no era su lugar y que «el fútbol te destruye» con facilidad, por lo que nunca dudó en apoyarse en psicólogos.

Pero resistió y apareció Flick con el brazalete de capitán para propulsarle. «Dentro del vestuario la gente confía en mí y eso emociona», ha reconocido el jugador, con predicamento entre los más jóvenes. Lo mismo le limpia la bota a Lamine Yamal tras un gol espectacular que invita a su fiesta de cumpleaños a Pau Víctor o Gerard Martí tras endosarle una goleada al Real Madrid en la Supercopa.

Su liderazgo es generoso, como refleja su tatuaje en el cuello: «Soy uno, pero no estoy solo». Sobre él puede descansar el Barça porque, como recuerda Pablo Hernández, «nunca tiene miedo».

Flick: “Los clubes, los entrenadores y los jugadores tenemos que respetar y proteger a los árbitros”

Actualizado Viernes, 25 abril 2025 - 18:35

Hansi Flick es hombre de pocas polémicas y menos a 24 horas de su primera final como técnico del Barcelona. El revuelo creado por el Real Madrid en torno a los árbitros y las lágrimas de De Burgos Bengoetxea le permitió lucir su lado más conciliador. "No es fair play no cuidar a los árbitros", sentenció el alemán. "Los clubes, los entrenadores y los jugadores tenemos que respetarlos y protegerlos. Los necesitamos. Esto solo es deporte, fútbol. A veces hay decisiones en el campo que hacen entrar en juego las emociones, pero después hay que dejarlo todo atrás", añadió.

No estaba la mente de Flick en los colegiados sino en frenar la euforia del entorno culé tras las goleadas en Liga y en la final de la Supercopa. "Todo eso es pasado. Jugamos contra uno de los mejores del mundo y una final siempre es distinta, no hay favoritos. El Real Madrid tiene un equipo fantástico y nos puede hacer daño. Tenemos que respetar al rival y hacer lo deberes para jugar como queremos y para luchar por este títulos los 90 minutos o los que sean necesarios", advirtió el alemán, que no soltó prensa sobre si habrá cambios en el lateral izquierdo, con Araújo por Gerard Martín, pero sí apuntó a la titularidad de Ferran como 9: "En los partidos de Copa ya ha demostrado lo bien que puede jugar de 9. Es una muy buena posición para él".

Como entrenador, Flick no ha perdido una final, pero dirige a un equipo en el que para muchos será su primer gran título con el Barça tras la Supercopa. Lejos de ser presión, el alemán lo ve como un acicate. "Es la oportunidad que buscamos cuando iniciamos el viaje a principios de temporada y vamos a luchar por ello. Será difícil, porque es el Real Madrid, pero cuando veo al equipo entrenando, cómo se esfuerza y lo concentrados que están, creo en ellos. Tenemos una idea clara de cómo jugar y lo visteis contra el Mallorca, el Celta... Luchamos siempre y en la final será lo mismo", explicó el técnico que tiene ante sí dos retos en pocos días: este primer título y las semifinales de la Champions ante el Inter. De cara a ese duelo, "jugar una final siempre es positivo para mejorar y aprender".

Su situación es, por tanto, más cómoda que la de Carlo Ancelotti. "No lo creo. Es lo mismo para los dos. Queremos ganar esta final y estamos preparando a nuestros equipos para que puedan hacerlo", admitió.

La sorpresa de Lamine

Un arma con la que él cuenta es Lamine Yamal, que emerge en los partidos decisivos de esta temporada. "Lo hace porque es un jugador increíble", se limitó a decir el entrenador que, con una sonrisa, desveló que su joven estrella tenía preparada una sorpresa. "Ahora os sorprenderéis", algo que no ocurrió porque Lamine entrenó con un gorro que cubría su cabeza. Su peinado será una sorpresa para la final, como lo fueron los brackets azulgranas en el duelo liguero en el Bernabéu.

La forma en que estos jugadores recién llegados al primer equipo encaran esta final ha sorprendido a Ronald Araújo: "Su mentalidad es increíble. Tienen una tranquilidad inmensa porque vienen haciendo esto desde chiquitos en la Masía. Me sorprenden porque no tienen miedo".

La de mañana puede ser la primera final de muchas por el crecimiento que se augura a esta joven plantilla, pero el uruguayo no quiso ver más allá del Real Madrid. "Ganar un título siempre es importante y más contra el mayor rival. Pero la mentalidad de este equipo es diferente. Queremos ganar, pero si no pasa, seguiremos buscando La Liga y los máximos títulos posible. Vamos a intentar ganar todo, partido a partido y con humildad, aunque es cierto que este equipo puede dar miedo", zanjó.

Un empate aleja del sufrimiento al Valencia y el Espanyol, pero no les permite soñar

Actualizado Martes, 22 abril 2025 - 21:28

Sin ansiedad que atenazara las piernas y sin miedo a arriesgar por si el error tenían un coste excesivo, Valencia y Espanyol se retaron con dos goles incontestables de Puado y Javi Guerra que les dejan un pasito más cerca de la permanencia matemática y uno más lejos de soñar con la pelea europea. [Narración y estadísticas (1-1)]

Ambos equipos fueron buscando poco a poco por dónde dañarse, ahora que ya son dos sólidos, que se han sacudido la losa que les lastró en la primera vuelta e incluso podrían en sus manos ilusionarse con un futuro europeo. Lo buscó con más ahínco el Valencia, que acabó empujando a los pericos a sobrevivir en su área agarrados a la estrella que siempre brilla de Joan García.

En casi nada se parecen los dos equipos que se buscaron en Mestalla a aquellos que sufrieron en Cornellá. Era como si no tuvieran pasado. Los pericos porque Manolo González dio con la tecla cuando todo pendía de un hilo; los valencianistas gracias a que Corberán ha obrado el milagro de una resurrección. Este era el partido que permitía respirar de una vez por todas y fue el Espanyol, aquel equipo endeble lejos de su estadio, quien se llevó un pellizco de un Mestalla que parecía inexpugnable.

Sin prisa, sin riesgos

Al inicio, el Valencia se enredaba camino del área blanquiazul, tanto que el mejor portero de LaLiga se permitió cocinar jugadas de ataque. En un saque buscó a Puado a la carrera a la espalda de Gayà para que el capitán descargara en Expósito, que armó un disparo desde la frontal que se estrelló en el palo. Ese atrevimiento a punto estuvo de costarle caro al guardameta, que se dolió de muslo derecho y el runrún de la lesión corrió por la grada hasta quedar en una falsa alarma.

Para despertar al valencianismo apareció Rioja, encadenando recortes a Romero para apoyarse en Javi Guerra y que sacara un centro que Hugo Duro cabeceó alto. Se durmió el partido, sumido en una pelea por el control que no llegó a las áreas. Buscaban los pericos sorprender a la espalda de una defensa atentísima con Tárrega expeditivo. Solo un cabezazo sin fe de Puado a las manos de Mamardashvili inquietó. Nadie arriesgaba porque no había prisa.

Por si acaso, el capitán del Espanyol desequilibró el duelo antes del descanso. Reclamó el Valencia la falta que Pulido Santana señaló de Almeida a Romero cerca del pico del área, pero Expósito acabó con el debate cuando su disparo lo tocó con la punta de la bota Puado para colárselo al portero georgiano por el primer palo. Ni rozó la maraña de piernas antes de acabar en el fondo de la portería.

Más energía con Mir

Obligado, el equipo de Corberán fue empujando a su rival, que se aculó cómodamente para defender una ventaja que les daba la continuidad en Primera, algo que no le pudo arrebatar un remate de cabeza de Javi Guerra desde el punto de penalti. Era la primera vez que probaba a Joan García. La segunda fue gol.

Al regreso del vestuario, el banquillo local energizó el partido. Rafa Mir se convirtió en la compañía de Hugo Duro, incomodando mucho al Espanyol. A la carrera salió el murciano retando a toda la defensa y, cuando se quedó sin opciones, se apoyó en Rioja para que filtrara una asistencia a Javi Guerra, que llegaba al área como un torrente y cruzó a la red.

El empate hizo instalarse al Valencia en campo contrario, trenzando y buscando la victoria mientras Manolo González no encontraba cómo sacar a sus hombres del asedio. Al salvador lo tenía bajo los palos. En el minuto 79, voló Joan García de palo a palo para evitar que se colara por la escuadra un centro de Diego López peinado por Gayà donde cualquier portero no habría alcanzado. Ese muro ya no lo pudieron tumbar.

El Barça más ramplón y mundano sobrevive en Dortmund para ser semifinalista de Champions

El Barça más ramplón y mundano sobrevive en Dortmund para ser semifinalista de Champions

Por soberbia o por pereza, el Barça cometió un pecado capital en Dortmund que tuvo que purgar pasando un calvario. Esperaba un paseo triunfal hacia las semifinales y se encontró con la necesidad de remangarse en un partido industrial en el que el Borussia hizo su trabajo y el de los azulgrana. No fue hasta el minuto 54 cuando un gol en propia puerta de los alemanes permitió al Barça despejar los muchos fantasmas que afloraron. Hacia mucho tiempo que en Champions no se veía al equipo de Flick tan ramplón. [Narración y estadísticas (3-1)]

Quizá fue mérito del Dortmund, que cambió de piel bajo el amparo de su Muro Amarillo. No fue el rival dócil al que vapulearon en Barcelona hace una semana sino que explotó las debilidades del equipo culé hasta aturdirlo y desdibujarlo. Lo volvió mortal. Presionó, robó y se lanzó hacia la portería de Szczesny al toque de arrebato, sin nada que perder. Sus opciones, pocas al inicio, pasaban por enloquecer el partido. Y lo lograron durante tantos minutos que el Barça intimidante no asomó.

Sin Pedri en la brújula, De Jong y Gavi no lograron sujetar a los alemanes. Koundé claudicaba en cada duelo con Adeyemi, Gerard Martín apenas podía vigilar su espalda y, sin retener apenas unos minutos el balón, los milagros del tridente ofensivo es imposible que aparezcan. No quedaba otra que apretar los dientes y agarrarse al 4-0 de la ida.

Malos presagios

Pero es que desde el arranque, el Barça sólo achicaba y tanta fue la presión que acabó llegando el error. Koundé rompió el fuera de juego y Gross se lanzó a por Szczesny, que no pudo atajar el balón sin derribar al alemán. Penalti y gol de Guirassy emulando a Panenka, el undécimo, para convertirse en el máximo anotador del Dortmund en una temporada en Champions. A los 15 minutos, a ese tanto se sumaban tres remates más a puerta que no presagiaban nada bueno. De hecho, respiraron los azulgranas cuando se anuló por fuera de juego el remate de Gross que acabó en el fondo de la portería.

Estaban noqueados y la imprecisión se traducía en pérdidas constantes que aumentaban el peligro sobre su portería. Flick empezaba a mostrar cara de preocupación cuando veía que cada contra de su equipo perdía gas a medida que avanzaban hacia el área. Cayó Fermín en fuera de juego en una escapada en la que le asistió Lewandowski y Raphinha, en lugar de crear peligro cerca de Kobel, concedía faltas peligrosas en campo propio. Que el brasileño ni tenía activado su instinto matador quedó muy claro cuando entre Gerard Martín y Lewandowski le lanzaron en una carrera hacia la portería y se dejó el balón atrás. Tampoco fue capaz de armar un disparo en el área pequeña estorbándose con el polaco.

No encontraba el Barça la chispa que lo activara y solo se sintió algo más cómodo cuando el Dortmund no tuvo más remedio que bajar un poco sus revoluciones sin dejar de amenazar, como hizo Adeyemi de nuevo colándose a la carrera por la orilla izquierda. La réplica la dio De Jong, que filtró una asistencia a Koundé a un suspiro de la línea de gol que el lateral no controló con astucia para batir al guardameta suizo. Al borde del descanso volvió a enfilar la portería Beier, esta vez por el costado derecho, que salva un providencial cruce de Araújo.

Guirassy anota el 2-0 ante la mirada de Szczesny.

Guirassy anota el 2-0 ante la mirada de Szczesny.AFP

Si mandó Flick algún cambio en el descanso, no se notó. El partido se retomó con una doble parada de Szczesny a Adeyemi y Gross y, como una exhalación, llegó el segundo tanto del Dortmund en un córner tocado por Bensebaini para que Guirassy marque el 2-0 a placer. El Barça aún tenía dos goles de ventaja, pero empezaba a temerse lo peor. Hasta que el centro tenso de Fermín se convirtió en un gol en propia puerta de los alemanes que les empinaba de nuevo la eliminatoria. Y menos mal.

Tuvo el andaluz una clara ocasión de sentenciarla y evitar más sufrimiento, pero la mandó a la grada por encima del larguero. Miró Flick al banquillo buscando el tempo de Pedri, el colmillo de Ferran y el pulmón de Éric García. Pero ni aún así pudieron matar un duelo que siguió abierto y provocando taquicardias. Guirassy, desdibujado en el duelo de ida en Montjuïc, se vengó completando un hat trick, que hizo temblar al líder de LaLiga desnudando su cara más vulnerable. Duranville, recién salido en banda, volvió a desquiciar a Gerard Martín para sacar un centro que despejó mal Araújo y rebaño el goleador guineano.

La ventaja del Barça le mantenía vivo, pero el tembleque aumentó cuando Brandt encontró otra grieta para el cuarto, aunque en fuera de juego y los demonios azulgranas se esfumaron para poder disfrutar del premio de volver a una semifinales de la Champions.