El argentino Esteban Andrada, portero del Zaragoza, dio este domingo un puñetazo en el rostro al capitán del Huesca Jorge Pulido nada más ser expulsado en el tiempo añadido del partido entre ambos equipos en la jornada 37 de LaLiga Hypermotion.
Con 1-0 en el marcador y en el minuto 98, Andrada fue expulsado por empujar a Pulido. Nada más ver la tarjeta roja el argentino perdió el control y busco al capitán del Huesca para propinarle un puñetazo en la cara.
El derbi aragonés ente el Huesca y el Zaragoza acabó en una batalla campal en el campo en un final caótico y que se saldó con varias tarjetas y tres expulsiones entre los dos equipos, enzarzados a raíz de una entrada con un puñetazo de Andrada a Pulido.
A partir de ese momento a se produjo una batalla con todos los jugadores y suplentes enzarzados y peleándose entre ellos.
La réplica de los jugadores del Huesca no se hizo esperar y el portero del Huesca Dani Jiménez también propinó otro puñetazo a un rival y por tanto también era expulsado al igual que a Tasende. Tuvieron que intervenir las fuerzas de seguridad.
“Pedir disculpas; no tiene excusas lo que ha pasado”, dijo David Navarro, entrenador del Real Zaragoza en la rueda de prensa posterior al parrido.
“Se va a hablar más del desenlace final que del partido. Quiero entender el sufrimiento de todos y no justifica y no hay por donde coger la acción y entiendo la tensión, pero estoy triste por lo que ha pasado; no hay explicación, ni justificación”, ha dicho José Luis Oltra, entrenador del Huesca.
El Real Madrid desperdició la oportunidad de certificar por sus propios medios el pase a los playoffs de la Euroliga, cediendo su primera derrota en casa de la temporada en el torneo ante el Panathinaikos (86-97) tras un duelo donde fue la mayor parte del tiempo a remolque.
Afrontaba el cuadro local el partido con sus jugadores más o menos cansados después de la resaca de la conquista de la Copa del Rey en Málaga. Así, mientras unos habían tenido más tiempo para recuperarse de la euforia en sus casas, otros volvieron en seguida a la actividad con sus selecciones nacionales.
El buen inicio visitante
Entre estos últimos estuvo el francés Guerschon Yabusele, enchufado con Francia y también vestido de blanco. La mitad de los primeros dieciocho puntos de su equipo llevaron su firma. Y los que no hizo él se los adjudicaron entre su compatriota Fabien Causeur y el español Alberto Abalde. Mientras el Panathinaikos optaba por el juego coral, repartiendo su producción entre seis jugadores (21-13, min.8).
El ritmo anotador del bando griego era pausado pero constante. Y cuando al Real Madrid empezó a fallarle la puntería cambió el panorama. Un parcial de 2-12 entre cuartos, con un 0-7 de salida en el arranque del segundo acto, trajo el equilibrio justo antes de que Mathias Lessort llegase con el mazo.
El 'cinco' del conjunto visitante, que ya había soltado alguna píldora antes, hizo nueve puntos en línea en un arrebato de fiereza que incluyó dos mates de 'concurso' jaleados en uno de los fondos por los seguidores de su equipo desplazados hasta la capital de España. En mitad de esa emboscada, el anfitrión bastante tuvo con no morir desangrado al descanso (36-45, min.20).
Una transfusión de ánimo en el vestuario fue suficiente para que el equipo apareciese en la pista como nuevo. Le aguantó unos instantes el Panathinaikos, pero este acabó siendo arrollado por un parcial de 9-0 'made in France' manufacturado por Causeur y Yabusele.
El momento de Lessort
Parecía el momento ideal para el despegue de los de Chus Mateo, pero les serró las alas Lessort. El pívot, en cuyo puesto los rumores sitúan a Walter Tavares el verano que viene, siguió firme en su afán de reivindicarse ante el caboverdiano, colgándose del aro como si fuera suyo. Y además estaba Nunn, que ya en la primera vuelta en Atenas había sido un incordio. Entre uno y otro transformaron 17 de los 22 del Panathinaikos en el tercer acto (61-67, min.30).
En ese panorama, le tocaba a alguien de blanco dar un paso al frente. Quien pidió la vez en esta ocasión fue Dzanan Musa. El bosnio, relativamente camuflado durante media hora, honró el premio de MVP al mejor jugador del torneo en el mes de enero y metió doce puntos, uno detrás de otro (72-73, min.35).
El parcial final
Pero el rival también tenía en sus filas un gigante dormido, no uno cualquiera sino Kostas Sloukas. El base monopolizó un parcial de 0-8 que impidió abrirle la puerta al contrario y a la postre resultó decisivo para afrontar con más confianza un toma y daca final tras el cual sellaron el triunfo ayudados por Marius Grigonis.
De esta manera el Real Madrid encadena dos derrotas seguidas en la máxima competición europea por primera vez en la temporada y ve profanada una pista hasta ahora inexpugnable. Lo de su pase a los playoffs es solo cuestión de tiempo. De hecho, dependiendo de lo que hagan el viernes el Fenerbahce y el Olympiacos podría ser un hecho antes de la siguiente jornada.
Parecía un paseo pero se enredó el griego Stefanos Tsitsipas en su duelo de segunda ronda de Roland Garros contra el alemán Daniel Altmaier, que acabó ganando 6-3, 6-2, 6-7(2) y 6-4, para optar por sexto año consecutivo a los cuartos de final. Tanto fue así que durante un momento tenso del partido, el griego tuvo un encontronazo con su padre.
Altmaier se disponía a sacar, silencio en la pista. Pero Apostolos Tsitsipas, no paraba de hablarle a su hijo. No sabemos qué le estaba diciendo pero la respuesta de su hijo a su progenitor y entrenador fue clara y contundente cuando un sonoro "cállate" se escuchó en la pista.
El finalista de 2021, que había superado de forma más plácida la primera ronda, tuvo que emplearse a fondo en una reedición de la final júnior que ya ganó hace ocho años al germano en ese mismo escenario.
Estaba avisado el griego, puesto que Altmaier se ha ganado en París una buena reputación de matagigantes, tras haber derrotado en 2020 al italiano Matteo Berrettini, entonces octavo favorito y el año pasado a su compatriota Jannik Sinner, que era noveno favorito.
El italiano Lorenzo Sonego o el chino Zhizhen Zhang separan ahora a Tsitsipas de sus sextos octavos de final en Roland Garros.
Pero el griego parece haber recuperado el rumbo que hace unas semanas había perdido, lo que le sacó del Top-10. Tras su triunfo en el Masters 1.000 de Montecarlo, el tercero del heleno en el Principado, reintegró los 10 mejores del mundo.
Por otra parte, tras haber confirmado que vuelven a mantener un noviazgo, Tsitsipas y la española Paula Badosa pidieron a la organización de Roland Garros una invitación para disputar el cuadro mixto del torneo.
La dupla hispano-helena comenzará su participación contra la japonesa Ena Shibahara y el estadounidense Mathaniel Lammons.
La Real Sociedad le pasó la mano por la cara al Athletic en San Mamés, con un fútbol de altos vuelos que le deja a un paso de la final de La Cartuja. El equipo de Matarazzo concretó su superioridad con el gol de Turrientes, superada la hora de juego, confirmando su formidable estado de forma, con nueve partidos seguidos ya sin conocer la derrota. [Narración y estadísticas (0-1)]
La prudencia guio los primeros pasos del Athletic tanto como sus propias dificultades creativas. El balón no circulaba entre sus centrocampistas y volantes, que lo acarreaban a trompicones. De modo que tuvo que ser Lekue, un lateral no precisamente ducho en tales fines, quien dejase la única pincelada. Regate en un palmo de terreno, centro preciso desde la derecha para el cabezazo duro de Guruzeta, a las manos del portero.
La Real, en cambio, sí tenía un plan prestablecido, con una naturalidad asombrosa para hacer vertical su fútbol. Soler puso sobre aviso, con un disparo a la media vuelta desde el balcón del área, aunque la mejor ocasión fue servida por Guedes, profundizando para la carrera de Pablo Marín. En su duelo frente a Padilla, el canterano txuri urdin, apuntó a la cabeza del portero, que se sacudió el peligro como mejor pudo.
Sin revisión en el monitor
Uno los avales de la Real, aparte de sus ocho partidos sin derrota, era su fantástica actuación en ese mismo escenario hace apenas 10 días, truncada por la inexplicable roja a Brais Méndez. Aun sin los lesionados Kubo, Sucic y Barrenetxea, su caudal ofensivo volvió a crecer por encima de los diques rojiblancos. Guedes, desde la izquierda, desarbolaba a Lekue. Poco antes del descanso, el portugués sirvió desde ese mismo lado un libre directo hacia la frente de Jon Martin, pero Padilla volvió a interponerse, tan efectivo como poco académico.
Tenía el partido por la mano el equipo de Matarazzo, gracias a también la infinita sabiduría de Oyarzabal. En un par de toques del capitán cabía todo el fútbol de la noche. Un disparo de Turrientes, repelido por Laporte, prologó la acción más discutida de la noche. Una mano de Laporte en el área, tan clamorosa como interpretable. Al menos para Sánchez Martínez. Casi cinco minutos anduvo dando vueltas al asunto el árbitro con su colega Melero López en el VAR. Y ni siquiera se acercó al monitor para revisar si se trataba de una acción voluntaria.
Bien pudo agradecer el Athletic tanta confusión, porque antes del descanso, Rego vio al fin una diagonal de Iñaki Williams. A ese disparo sencillo para Remiro hubo que añadir una trifulca entre Adama y Aramburu. Entre tanto trajín se enmascaraban mejor las carencias rojiblancas.
Aramburu, ante Robert Navarro.AFP
Dominaban tanto los donostiarras que el descanso suponía para ellos todo un engorro. Así que cuando al fin pudieron reiniciar el juego, Turrientes comandó otra ofensiva con la autoridad de un mariscal. Fue una jugada asombrosa, con el centro de Sergio Gómez desde la izquierda, el remate de Oyarzabal y la aparición milagros de Padilla. No salía de su campo el Athletic. No le llegaba la camisa al cuello a Valverde, que metió cuatro cambios de una vez.
Nico Williams, Ruiz de Galarreta, Selton y Nico Serrano, si de algún modo podrían ordenarse en cuestión de importancia y necesidad. Precisaban calidad, clarividencia, frescura y piernas los locales, pero la suerte de un partido no varía con un simple golpe de timón. La Real era tan superior que sólo necesitaba la puntada final.
Guedes avisó con un disparo de esos que le valieron fama mundial en el PSG y el Valencia. Turrientes, poderosísimo, detectó una indecisión entre Jauregizar y Ruiz de Galarreta para montar la acción del 0-1. Un robo, el pase monumental de Soler hacia Guedes y la llegada del propio Turrientes donde se espera a los cracks.
Con media por delante, el Athletic sólo podía apelar ya a sus ancestrales vínculos con la Copa. Si la Real bajaba la guardia, allí lanzarían sus fauces Los Leones. Un saque de esquina, un coletazo de Nico Williams, cualquier recurso parecía bueno vista su inferioridad. Tan crecido andaba Matarazzo que no dudó en dar minutos a Odriozola, cargado con una amarilla por sus festejos en la banda tras el 0-1.