Abdel Abqar (Settat, 1999) llega con cara de cansado. Es la una de la tarde y el sol de febrero aprieta en las gradas del Coliseum de Getafe. El central marroquí, que es duda para visitar al Real Madrid en el Santiago Bernabéu por unas molestias musculares, sufre las obligaciones del Ramadán. Debe ayunar entre el amanecer y el atardecer y aunque a sus 26 años admite estar ya «acostumbrado» a ello, la falta de alimentación y los cambios en la rutina de sueño le pasan factura después de los entrenamientos.
- Está ahora mismo en pleno Ramadán, ¿cómo lo lleva?
- Los primeros días es difícil, pero como lo llevo haciendo desde pequeño pues al final te acostumbras. Intentas llevarlo de la mejor manera y adaptarte para no lesionarte. A las cinco y media me despierto, como algo y al amanecer ya no puedo comer ni beber agua hasta las siete de la tarde, más o menos, que es cuando se pone el sol. Luego ahí rompo el ayuno, como y meto proteína, después vuelvo a comer a las diez de la noche, antes de irme a dormir a las doce. Pero claro, es difícil meter comidas cada dos horas. Trato de adaptarme, meter proteína, agua y todo eso.
- Si le toca jugar a las cuatro de la tarde, lo nota, ¿no?
- Sí, pero en el Ramadán te toca apretar los dientes.
- ¿Cuándo vio un balón por primera vez?
- De pequeño, en la calle, jugando con los niños. Mi padre me llevaba mucho a la tetería y siempre ponían partidos de fútbol en la televisión. Ahí ya me di cuenta de que me gustaba. Jugaba con los niños en el barrio y a los 11 años me vio una persona y me llevó a hacer una prueba a la Academia de Mohammed VI, que es la escuela de fútbol de Marruecos. La hice y me cogieron. Así que desde los 11 años estoy lejos de mi casa. Una situación un poco dura porque era un niño, y aunque me motivaba mucho el fútbol no me daba cuenta de lo duro que era estar lejos. Quizás por eso cuando a los 18 años me fui a Málaga ya no lo pasé tan mal.
- ¿Sabía algo de español?
- Nada, cero. Lo aprendí cuando llegué. Tenía dos compañeros que habían estado conmigo en Marruecos y estaban también en el Málaga. Ellos me ayudaron mucho al principio, y luego el idioma lo aprendí con los compañeros del equipo, escuchándoles.
- ¿Era muy diferente su vida en España a la vida en Marruecos?
- Un poco. En Marruecos tenía todo en el mismo sitio, el colegio, el fútbol, la residencia… Cuando llegué a España me tocó cocinar, hacer la compra… Fui aprendiendo viendo vídeos en internet.
- ¿La pandemia le pilló en Málaga?
- Sí, viviendo solo en Málaga. Estuve casi dos años sin ver a mi familia, bastante difícil. Intentas hablar por videollamada, pero no es lo mismo. Está claro que para conseguir tu sueño tienes que sacrificar muchas cosas y se pasa mal. Yo me he perdido muchas cosas. Cuando me fui de casa mis hermanos eran muy pequeños y no he estado en muchos momentos. Que la gente se piensa que es llegar a España y ya está, ya debutas en el primer equipo. No es así.
- Con 22 años seguía en el filial del Málaga. ¿En algún momento pensó en dejarlo?
- Nunca. Nunca se me pasó por la cabeza. Tuve momentos difíciles, pero no iba a dejar mi sueño. Llevaba desde los 11 años persiguiendo una cosa y no lo iba a dejar a los 22. Después del confinamiento el Málaga no me renovó y me tocó ir a otro sitio, al Alavés, que sí que me dio la oportunidad y eso no lo voy a olvidar nunca.
- Y ahora el Getafe de Bordalás.
- Es un gran entrenador, eso lo sabe todo el mundo y yo ya me fijaba en él cuando le tenía enfrente. Pero como persona es muy cercano, te ayuda cada día.
- No ha podido jugar la Copa África con Marruecos por diferentes lesiones, pero debutó en 2024. ¿Qué significó para usted?
- Pues había jugado en la sub’17 y sub’20 y jugar con la absoluta no se puede explicar. Era mi sueño y el de mi familia, que me pusiera la camiseta. Lo cumplí y ahora me faltan otros sueños, que sería ganar un título con mi selección.
- ¿Hay mucho sentimiento por la selección en Marruecos?
- R. Sí, desde pequeños. Lo primero que escuchas a tus amigos cuando sois pequeños es ‘quiero jugar en la selección’. Hay clubes importantes, pero el sueño de todos, de los niños que quiere ser futbolistas y de sus familias, es la selección.
- P. En la selección de Marruecos hay varios jugadores que nacieron en España, como Brahim o Achraf. ¿Eso explica parte de ese sentimiento nacional que hay?
- Hay un sentimiento muy grande. Es un amor hacia tu país. Da igual dónde nazcas, en España o donde sea, porque lo llevas en la sangre. Al final para nosotros no es diferente que hayan nacido en España, no lo notamos, porque cuando jugamos lo hacemos unidos. Se lleva en la sangre. Las familias, desde que naces, te hacen llevarlo en la sangre. Es algo que se siente y no hace falta que te lo digan.
- ¿Ha hablado con Brahim después del penalti fallado en la final de la Copa África?
- No, pero le mandé un mensaje de ánimo. Hablamos de vez en cuando, pero cada uno tiene su vida.




