Según Javier Tebas, la nota de prensa del Tribunal de Justicia de la Unión Europea “provocó una innegable malinterpretación sobre el verdadero sentido jurídico de la sentencia”
Javier Tebas, en un acto, la semana pasada.Daniel GonzalezEFE
La UEFA y LaLiga han reclamado al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) que modifique el comunicado de prensa de la sentencia sobre la Superliga por considerarlo inexacto y contradictorio.
Según publica ‘The Times’, en su carta, la UEFA denuncia que la nota enviada a la prensa fue errónea y que, entre otras cosas, no incluyó puntos claves como que las organizaciones deportivas pueden solicitar exenciones de las normas de competencia europeas si son de interés público. “Los comunicados de prensa del TJUE deben reflejar al menos fielmente el contenido real de la sentencia. Si bien apreciamos que los comunicados de prensa no vinculan al tribunal, son el punto focal de la atención de los medios en casos de alto perfil, y dañan la percepción y reputación de la UEFA, dada la extrema gravedad del asunto”.
“Los comunicados también permanecen en el sitio web del tribunal. Además, en un caso de alto perfil como éste atraen mucha atención e influyen en la forma en que se percibe el caso. Pedimos, en consecuencia, que se asegure que el comunicado de prensa se modifique para reflejar con precisión la sentencia del tribunal”, concluía el escrito del organismo europeo dirigido al TJUE.
Por su parte, LaLiga, a través de su presidente, Javier Tebas, también criticó la redacción del comunicado de prensa porque “provocó una innegable malinterpretación de éstos sobre el verdadero sentido jurídico de la sentencia”.
“El comunicado de prensa oficial del TJUE, sobre el que todos los medios de comunicación basaron sus informaciones, contenía un titular erróneo que llevó a confusión a los periodistas y demás ciudadanos que accedieron a este comunicado”, argumentaba Tebas sobre ese polémico escrito.
Samu López, el nuevo entrenador de Carlos Alcaraz, reúne a los seis medios españoles desplazados a Melbourne, entre ellos EL MUNDO, en una salita de entrevistas del Open de Australia. Acostumbrado a un trato relajado con la prensa desde que dirigía a Nicolás Almagro o Pablo Carreño, se ofrece a hablar de todo, aunque pide que no haya confrontación. Ferrero fue su compañero en la academia Equelite de Villena, su pupilo y su amigo, y un enfrentamiento sería desagradable.
"Esto es un juego, no nos va la vida en ello", afirma, y subraya así su manera de ver las cosas. Si Alcaraz, ya en semifinales del Grand Slam, ha encontrado en él al aliado perfecto es por su conocimiento del tenis, pero también por su carácter. Hombre afable y tranquilo, amante del running y de la pintura, apenas se altera ante la presión de dirigir al número uno del mundo.
Alcaraz, el otro día, reivindicó su trabajo. ¿Cree que no se valora al entrenador?
Es normal. Pasa en todos los deportes. No es lo mismo que Zidane entrene al Real Madrid a que lo haga un entrenador de la base. Se valora más a un gran exjugador que a un técnico sin nombre. A mi modo de ver, eso tiene ventajas e inconvenientes. No he vivido lo que es jugar la final de un Grand Slam, pero llevo muchos años trabajando en el circuito, aprendiendo de todo el mundo y esforzándome para ser uno de los mejores.
Su actual posición es una victoria para los currantes.
Esa es una de las mayores satisfacciones que tengo. El otro día me lo decía un amigo. Pongo en valor que se puede llegar con trabajo, sin haber sido antes un megacrack como jugador. He currado en todos los peldaños del tenis, del minitenis a los aficionados, y ahora estoy aquí arriba. Siempre he tenido mucha pasión, he buscado mi camino y me ha sonreído la suerte. Hay entrenadores que saben muchísimo, pero nunca tienen una oportunidad como esta.
¿Dudó cuando le ofrecieron ser entrenador principal?
Tuve que reflexionar, está claro. Tengo una mujer y dos hijos y, antes de nada, hablé con ellos para valorar si valía la pena. Ahora tengo que viajar muchas más semanas; ese es el cambio principal. Pero es muy complicado que aparezca una oportunidad así para un entrenador sin renombre. Viajar con Carlos, con lo que es Carlos, con lo que mueve Carlos, es algo que quizá nunca más se me iba a plantear.
James D. MorganMUNDO
¿Cuánto ha cambiado su rol?
No ha cambiado nada. Ya lo teníamos todo planificado, lo habíamos hecho en conjunto, y he ido siguiendo el plan, añadiendo algunas cosas. Para mí no ha cambiado nada. Quizá tengo más responsabilidad, pero todo lo demás, prácticamente nada. Para Carlos, el cambio es que intento que sea más partícipe.
¿Cómo?
Carlos está madurando. Al tenista, desde pequeño, le crían en la disciplina: le dicen lo que debe hacer y él hace, sin preguntas. Pero llega un momento en el que quiere participar en el aprendizaje, incorporar sus reflexiones. Y Carlos está en esa fase. Ahora el mensaje es bidireccional: él da su opinión, lo hablamos y llegamos a un acuerdo.
Se nota la complicidad entre ambos. Incluso en los partidos le suelta alguna frase y él se ríe.
Siempre he sido así. Me gusta comunicarme con el jugador con palabras o frases que solo él entiende, porque han surgido de los entrenamientos o de la convivencia. Es mi forma de dar instrucciones, de una manera un poco alegre, quitándoles importancia. Al final, esto es un juego, no nos va la vida en ello. Todos queremos que Carlos gane y Carlos quiere ganar, pero si no lo hace no se va a acabar el mundo. Incluso con Nico [Almagro], que tenía mucho carácter, ya le mandaba mensajes así para destensar.
Hollie AdamsMUNDO
Es un juego, pero hay mucha gente pendiente. ¿Siente ahora una mayor presión como entrenador?
Yo busco hacer todo lo que pueda, dar mi 100% y llegar hasta donde llegue. En las primeras rondas de este Grand Slam quizá sí sentía algo, por la situación con la que veníamos. Pero día a día me he ido sintiendo más cómodo. Hay presión, sería estúpido decir que no la hay, pero me concentro en hacer todo lo que pueda y disfrutar del camino.
Está preparado, sobre todo mentalmente. Está listo para aceptar si las cosas van mal. Tiene que jugar como le gusta jugar. El otro día se puso la camiseta de la selección brasileña de fútbol y es un poco eso: jogo bonito, dar espectáculo. Así es él. Con su tenis, si tiene buena actitud, las cosas le van a salir.
Decía que el resto de uno y otro será la clave.
El que pega primero, pega dos veces. Carlos no es un jugador que dependa del saque, tiene muchas más armas, pero para Zverev va a ser importante. Dependerá de su porcentaje de primeros. Luego, el resto marcará quién domina.
Las cortes reales han sido un caladero de conspiraciones e intrigas con dos objetivos: el reparto del poder y la sucesión. El Versalles de Luis XIV o Luis XV, un grand palais de las vanidades, suele ponerse como ejemplo, pero España no ha sido precisamente ajena. Isabel la Católica vivió las conspiraciones contra su hermanastro Enrique IV antes de acceder al trono, se hubo de casar en secreto con Fernando y, desde la tumba, no sólo escuchó los gritos de su hija Juana la Loca, sino que fue testigo post mortem de las tensiones entre su viudo y su yerno Felipe el Hermoso. El Bernabéu no es una corte real. Es una corte del fútbol, rica y en plenitud de su reinado, pero que afronta decisiones capitales para consolidarlo en el futuro, una vez terminado el gran palacio-estadio, como son la viabilidad de la Superliga, dentro o fuera de la UEFA; la definición de la nueva naturaleza jurídica de la entidad, con socios-accionistas, y la sucesión, a largo plazo, de Florentino Pérez. Algunas generan debates; otras, susurros.
La Superliga, el proyecto con el que Florentino desafía al establishment, afronta un momento crucial, con la UEFA reforzada en su alianza con la EFC, nueva organización de los clubes europeos, antigua ECA, donde se dan palmadas todos los enemigos del faraón blanco, desde Aleksander Ceferin a Nasser Al-Khelaifi, con Javier Tebas y Miguel Ángel Gil en un segundo plano. Al decorado se unió la pasada semana Joan Laporta, el único aliado de Florentino en la Superliga, pero con un mensaje claro: «Queremos un acuerdo con UEFA».
Laporta, Ceferin y Al-Khelaifi, en Montjuïc.Emilio MorenattiAP
Encuentros con UEFA
En la corte del Bernabéu no ha sobresaltado su presencia en Roma, atribuida a su necesidad de estar cerca de la UEFA por el alto riesgo de su situación económica e institucional. El Barça se añade, pues, al decorado anti Superliga pero no sale oficialmente de la Superliga. Laporta cuenta más, y es que los primeros pasos para el acuerdo ya se han dado. Se trata de reuniones entre la empresa de la Superliga, A22 Sports Management, y representantes de la UEFA, junto a enviados de Barça y Madrid. Es cierto.
Eso no significa que el acuerdo esté próximo, pero en el entorno de los clubes creen que es inevitable: «O eso o muere la Superliga y queda un peligro para la UEFA». El peligro es la validez jurídica que todos los tribunales han dado al proyecto, especialmente en Europa, a la espera de una sentencia más pendiente en la Audiencia Provincial de Madrid, y que es una amenaza permanente de escisión para el organismo de Ceferin. Mañana podría ser otro Florentino.
Quienes han estado próximos a las reuniones sugieren que el acuerdo podría llegar con un win-win que dejara la gobernanza en manos de la UEFA, como hasta ahora, a cambio de que el organismo aceptara un cambio en el modelo del torneo y, especialmente, de su explotación comercial. Es decir, que asumiera el business plan de A22, con sus inversores y la plataforma por la que se emitiría el torneo en abierto con publicidad y sin ella en el formato premium, de pago. Un YouTube del fútbol. El hecho de que la UEFA y la antigua ECA anunciaran en Roma su estrategia de comercialización para 2027-2033, no implica que el pacto no pueda llegar, como tampoco que Florentino repita en todas partes que la Superliga sigue en marcha al margen de la UEFA.
Anas Laghrari, cerebro en la sombra
Detrás de Florentino aparece la figura de Anas Laghrari, financiero francés, hijo de un constructor marroquí que ya tuvo relaciones con el presidente del Madrid. Laghrari fue clave en operaciones para ACS, en especial la reestructuración de la deuda tras el intento fallido por controlar Iberdrola, y eso le hizo ganarse la confianza de Florentino, que le abrió las puertas del Madrid. Los acuerdos con Providence o Sixth Street tienen su marca. El financiero francés, que pasó de Société Générale a Key Capital, una boutique financiera, no es, hoy, únicamente el ideólogo del proyecto inversor de la Superliga, sino que se ha convertido en una llave para las decisiones estratégicas en el Madrid, con implicación, asimismo, en la búsqueda de capital para los sobrecostes del nuevo Bernabéu.
La operación más importante, por encima de la Superliga, es la transformación de la naturaleza del club para convertir una parte en sociedad mercantil. El socio sería también accionista y, de ese modo, la operatividad de la entidad permitiría una capitalización mayor. La operación es compleja, pues la intención es no perder el control y no exponer al Madrid a OPAS.
Un coste superior a 20.000 euros
Las consultas realizadas a algunos bufetes de referencia, entre ellos uno de los mayores del mundo a nivel global, no acaban de encajar la fórmula. Se han buscado ejemplos, como el de algunos clubes de golf, donde los socios son accionistas, pero aparecen problemas, porque no es lo mismo comprar una acción que convertir el patrimonio en una acción. Por eso se paga. Al repartir una parte del capital social entre los socios-accionistas, éstos tendrían que pagar impuestos por la adquisición, sin intención de vender la acción. En función de los cálculos, el coste fiscal podría superar los 20.000 euros.
Florentino Pérez junto a Martínez-Almeida, alcalde de Madrid.JUANJO MARTINMUNDO
El cambio de naturaleza jurídica es uno de los proyectos clave de Florentino, observado con silenciosa atención por Joan Laporta, más necesitado que el propio Madrid de una transformación similar. De producirse, el arrastre sería imparable. Hasta en sus palancas ha pedido ayuda, Laghrari mediante. Una vez levantado el estadio, la transformación y la Superliga culminarían la obra de Florentino.
A sus 78 años, el dirigente gobierna con mano de hierro el Madrid, sin abrir el debate de su sucesión en el largo plazo, al contrario que en ACS, con Juan Santamaría posicionado, pero de la sucesión se habla en la corte. El único intento que hizo en su primera etapa, con Fernando Martín, fue un desastre. Apoyado en su eficaz primer ejecutivo, José Ángel Sánchez, la figura de Laghrari crece, aunque ninguno parece con la querencia y las condiciones para ser sucesor. La incógnita es qué puede representar más poder en el futuro, si ser presidente institucional o presidente de un futuro consejo de administración. Interrogantes que, hoy, nadie abre públicamente, aunque bajo el temor de que a Florentino le pueda ocurrir como a Luis XV: après moi, le déluge. Después de mí, el diluvio.