Marc Guiu, de 17 años, marcó en su estreno con el primer equipo azulgana un gol que acabó por darles los tres puntos a los de Xavi ante el Athletic
Guiu celebra su gol con Marcos Alonso y Gavi.Alberto EstevezEFE
Seguro que Marc Guiu lo había soñado una y mil veces: debutar y marcar.Y el joven delantero de Sant Celoni, de 17 años, firmó un dos por uno. Su debut con el primer equipo del Barça, de hecho, fue dulcísimo. Nada más salir a terreno de juego, en un partido que amenazaba con atragantárseles a los de Xavi, marcó un gol que valió su peso en oro. Su tanto, a la postre, signficaría un 1-0 que les puso a los barcelonistas en bandeja un triunfo que los coloca a un punto de su gran rival, el Real Madrid, a las puertas del primer clásico de la temporada.
Con una línea de vanguardia inédita, formada por un Fermín y un Joao Félix que fueron intercambiando sus posiciones entre la banda izquierda y la punta de ataque mientras Ferran trataba de arrancar siempre lo más cerca posible de la cal en la derecha, el Barça, a lo largo de los primeros 45 minutos, creó peligro únicamente a bandazos. El portugués fue tal vez el más destacado en tales menesteres, aunque el valenciano también dejó algún que otro destello de calidad.
El Athletic, firmemente plantado sobre el terreno de juego, mientras, ahogaba una y otra vez los intentos de salir trenzando la jugada de los barcelonistas, obligados a buscar una y otra vez el balón largo o el desequilibrio individual para amenazar a un Unai Simón siempre muy seguro bajo los palos.
Los visitantes, por su parte, se mostraron tal vez más cómodos a la hora de cercar los dominios de un Ter Stegen que, de nuevo, se mostró terriblemente concentrado sobre el césped. Así se las arregló el alemán para frustrar las llegadas del equipo de Valverde. Sobre todo, ante un Iñaki Williams que buscó con ahínco la oportunidad de abrir la lata en Montjuïc.
Los de Valverde, que no se vieron excesivamente mermados por las lesiones de Ander Herrera, en el calentamiento, y de Yuri, que tuvo que cederle su puesto a Lekue antes de que se cumpliera la primera media hora de juego, llegaron al descanso con sensaciones del todo inmejorables, mientras que los azulgrana, por su parte, no acababan de encontrar la forma de crear superioridad desde su parcela favorita: el centro del campo.
El Barça, consciente a buen seguro de la necesidad de no tropezar en casa justo antes de recibir al Real Madrid, saltó al terreno de juego tras el descanso con una actitud muy diferente a la mostrada a lo largo de los primeros 45 minutos. En el arranque del segundo tiempo, los azulgrana parecieron que le habían puesto una marcha más a su rendimiento. Pero el Athletic, lejos de dejarse intimidar, aguantó las primeras embestidas y volvió a buscarle de nuevo las cosquillas a la zaga barcelonista. Quien tuvo que emplearse a fondo en los primeros instantes de la reanudación, a pesar de todo, fue Unai Simón, capaz de firmar una doble parada tras dos remates consecutivos de Joao Félix y Fermín López.
También clara fue la opción que tuvo Lamine Yamal prácticamente tras saltar al terreno de juego, tras una buena jugada de Joao Félix. Su remate, con todo, no encontró portería. Cuando el 0-0 amenazaba con quedarse en el marcador apareció la inspiración de otro joven debutante: Marc Guiu. El joven delantero de 17 años no pudo tener un mejor estreno: lo suyo fue salir y marcar. A poco menos de diez minutos para el final del tiempo reglamentario, puso un 1-0 que les dio tres sufridos y trabajados puntos a los azulgrana. Y, de paso, entró pisando fuerte en la élite.
La celebración del Athletic por su conquista de la Copa del Rey en el estadio de La Cartuja dejó en la noche del martes la imagen de Iker Muniain junto a cientos de personas festejando el título en las calles de Bilbao.
Una fiesta que, según informa el diario El Correo y ha confirmado Efe, terminó con cuatro jugadores del conjunto bilbaíno expedientados por "una concentración no autorizada", lo que conllevaría "sanciones administrativas" por incumplir "la Ley Orgánica de Protección de Seguridad Ciudadana".
La naturalidad con la que fue convocada y la amenización por parte de la 'txaranga', a la que pertenece Asier Villalibre, acabó congregando a un amplio número de aficionados que también querían festejar el título de su equipo.
Según las decenas de vídeos publicados en redes sociales, el capitán, subido a hombros de un amigo suyo, fue el encargado de llevar la voz cantante animando a los allí presentes a cantar: "Este es el famoso Athletic, Athletic Club, y estos son los campeones Aupa Athletic txapeldun".
Muniain durante la celebración en BilbaoCopa 90Twitter
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De hecho, el propio capitán bilbaíno se hizo eco de la fiesta a través de sus redes sociales: "Esta tarde hemos ido a calentar motores para la gabarra de modo espontáneo y ha sido increíble vivirlo con todos vosotros. Una gozada la respuesta de la gente, su cariño, su trato, su respeto y hasta su colaboración. Onenoak zarete (sois los mejores). Aupa Athletic"
También el propio club quiso compartir imágenes de la celebración, de la que destaca "la espontaneidad", y "querer celebrarlo como uno más". En el vídeo, aparece Munain arengando a los aficionados y explicando que después de una final de "mucho sufrimiento", "mucha presión" para todo el mundo y tras el tiempo que había pasado desde el último título, los jugadores querían estar allí con la gente.
Uno de los primeros desafíos que Iñigo Pérez (Pamplona, 1988) debió afrontar en el comienzo de esta temporada fue el césped de la Ciudad Deportiva del Rayo Vallecano. La hierba no reunía los requisitos mínimos para un equipo profesional, así que el técnico tuvo que trasladar los entrenamientos al Estadio de Vallecas. Poco parecían interesar aquellas penurias, porque por entonces toda la atención se centraba en James Rodríguez, el fichaje estrella del verano. Sin embargo, el ínfimo nivel competitivo fue relegando al colombiano, que apenas disputó 205 minutos en siete partidos antes de hacer las maletas. Pérez no iba a ceder ante las pretensiones del ex madridista o el pésimo estado de Raúl de Tomás. Tampoco ante Óscar Trejo, su capitán, que sólo ha formado como titular en cuatro jornadas de Liga. El argentino, idolatrado por la afición franjirroja, sólo es siete meses menor que el técnico navarro, el más joven de Primera (37 años). Un tipo que no necesita alzar la voz para imponer su autoridad y que hoy visita el Bernabéu al frente de un Rayo a un paso de los puestos europeos.
«Allí por donde pasa deja una imagen de integridad, de alguien capaz de reunir a gente que quiera hacer camino junto a él. Cuando acabe de triunfar dirán que esto se veía venir, como ahora sucede con Xabi Alonso o Mikel Arteta», cuentan desde el entorno del pamplonés. Sin embargo, a diferencia de los entrenadores de Leverkusen y Arsenal, Iñigo no pudo cumplir las expectativas que había apuntado sobre la hierba.
Desde 2009 a 2022 disputó 87 partidos en Primera, repartidos entre Athletic y Osasuna. A los 34 años, cumplido su último contrato como rojillo, rechazó una oferta del Málaga. Sus horizontes se habían ensanchado. Ya no quería influir en cada partido con su pie izquierdo, sino a otro nivel, más integral. En El Sadar le ofrecieron un hueco en el cuerpo técnico de Jagoba Arrasate. Tras siete temporadas juntos, tres en el Numancia y cuatro en Osasuna, Iñigo ejercía no sólo como la prolongación de Jagoba sobre el césped, sino como su confidente. Sin embargo, una llamada de Andoni Iraola desde Vallecas iba a cambiarlo todo. Los lazos forjados en Lezama, durante su etapa común con Marcelo Bielsa, pesaron lo suyo.
En constante formación
«En el Athletic tuvo una relación muy especial con Marcelo, que continúa hasta hoy. De hecho, Bielsa ya le dijo que cuando finalizase su carrera como futbolista quería guardarle un hueco en su grupo de trabajo», confirman desde el círculo de Pérez. La obsesión de Iñigo por cada detalle, su estricta ética de trabajo y su formación constante, sólo pueden interpretarse como una prolongación de las enseñanzas de El Loco. Iñigo acude cada día a las ocho de la mañana a las instalaciones del Rayo, donde pasa casi 12 horas con su plantilla y sus ayudantes. Entre ellos destaca Adrián López, viejo camarada de Osasuna. A la manera de Bielsa, sólo entiende el oficio desde el compromiso total y el aprendizaje continuo.
Con apenas 21 años, Iñigo obtuvo la titulación de entrenador a través de Kirolene, un centro del Departamento de Educación del Gobierno Vasco donde se imparten enseñanzas de régimen especial de grado medio y superior. Allí se habían graduado, entre otros, Jagoba Arrasate y Gaizka Garitano. Él obtuvo una de las mejores notas gracias a La biomecánica en el fútbol, un trabajo donde analizaba de forma minuciosa cada golpeo, cada remate con el pie o con la cabeza. Grababa todo con una cámara slow motion y señalaba los errores.
«Desde mi primer día junto a él me di cuenta que era alguien diferente, que entendía realmente el juego y veía detalles invisibles para el resto», explica a este periódico Fran Mérida, compañero en Soria entre 2018 y 2020. «Siempre fue alguien muy maduro, responsable, tranquilo, inteligente, muy curioso en todo. Tenía madera de entrenador», desarrolla el ex del Atlético, que hace unas semanas se acercó a Vallecas para seguir un entrenamiento de su amigo.
DENNIS DOYLEGETTY
Siguiendo el patrón de Bielsa, Iñigo no concede entrevistas para no dar privilegio a unos en favor de otros. Su responsabilidad se circunscribe a las ruedas de prensa. «En las distancias cortas siempre ha mostrado un trato muy humano. Y con los periodistas sólo hay que escucharle: la educación con la que afronta incluso las preguntas más incómodas, el modo en que mantiene la calma...», reflexiona Mérida.
Una de las facetas que más ha preocupado siempre a Iñigo es la de las relaciones con el vestuario. En Bilbao ya se matriculó en Psicología y como primer ayudante de Iraola ejerció de nexo entre Andoni y los futbolistas. «Un entrenador debe convencer del mensaje que quiere mandar y si no tiene empatía o feeling, hay poco que hacer. No hay que irse de cañas con los futbolistas, pero cuando hablas has de tener credibilidad y saber enviar los inputs adecuados», relata a EL MUNDO un miembro del staff del Rayo.
«Iñigo tiene la cabeza muy bien amueblada, no le gustan las polémicas. Es un tío muy sencillo, que no trata de buscar tres pies al gato. Cuando le llega un problema trata de afrontarlo y buscar una solución», añaden desde el club presidido por Raúl Martín Presa. Casado, con tres hijos, su sensibilidad dista mucho de la de un entrenador al uso. No se trata solamente de lo aprendido desde la cuna, en el barrio pamplonés de Chantrea, o durante su bachillerato en el colegio Trueba de Bilbao. Entre lo heterogéneo de sus pasiones, sólo citar la filosofía, la poesía o el medio ambiente.
Soria como «sanatorio»
El amor por la naturaleza y los versos de Antonio Machado se exacerbaron en Soria, una ciudad que en 2014 ejerció como «sanatorio», según sus más allegados. A las orillas del Duero llegó después de una difícil etapa en el RCD Mallorca. Apenas unos meses de cesión que él mismo quiso cortar a causa del estrés. «Aquí encontró tranquilidad y cercanía. Era un chico muy educado, se le veía con las ideas muy claras», rememora César Palacios, director deportivo del Numancia. «Se ganaba a todos hablando desde el ejemplo, con valores como la humildad y el respeto», concreta el ejecutivo de un club perdido hoy en la Segunda Federación.
Aquella simbiosis, en la que el entorno ayudó a la hora de potenciar sus virtudes, se actualiza también hoy. En Vallecas cuentan con sobradas razones para dar por buena la traba burocrática que impidió a Iñigo seguir los pasos de Iraola en el Bournemouth. Porque la Federación Española (RFEF) no quiso convalidar su título de Kirolene para obtener la licencia UEFAPro. Tras un inicio titubeante, el Rayo despegó en diciembre con un 0-1 en Mestalla, enlazando nueve jornadas sin derrota, ofreciendo un fútbol muy vertical y vistoso, con permanentes llegadas hasta la línea de fondo, especialmente desde la banda derecha, gracias a Ivan Ratiu y Jorge de Frutos.
Sin embargo, las dificultades se multiplicarán hoy en el Bernabéu, donde el extremo segoviano no podrá jugar tras su roja frente al Sevilla. Tampoco llegan otros dos pilares como Abdul Mumim, lesionado en la rodilla izquierda, y Randy Nteka, con un desgarro en un abductor. Iñigo pretende extender su racha ante el Madrid, a quien arañó sendos empates en sus dos cruces previos. «Tengo mucha fe en estos chicos. Tienen humildad, no hay egos y los resultados llegan gracias a ellos», concluyó Iñigo tras la última victoria, hace un mes frente al Real Valladolid (1-0).