Una victoria azulgrana milagrosa. Estuvo amaestrado por el Oporto durante más de 60 minutos, pero el Dragao nunca echó fuego. Sólo provocó dos penaltis, que el amigo Anthony Taylor inutilizó. Algún día día habrá que mirar a la UEFA.
El gol del Barcelo
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No ha dejado empezar al jefe de prensa del Atlético de Madrid la comparecencia previa al duelo de Champions ante el FC Barcelona. Antes Diego Simeone tenía unas palabras que decir sobre "uno de los mejores jugadores a los que ha entrenado". Las había pensado apenas seis horas antes, cuando supo quién le acompañaría frente a los periodistas. Su jugador y amigo Antoine Griezmann.
"Quería dar desde el entrenador que soy y el hincha del Atlético que estaré en su lugar, agradecerte tu trabajo, tu humildad. Sos una persona admirable en una sociedad que necesita gente como vos. Gracias por lo que nos diste, nos das y seguís dando", ha expresado el argentino en un discruso de algo menos de dos minutos en el que, por partes, se le rompía la voz.
Pero el Cholo tiene claros los roles de ambos y en dos ocasiones repitió que el francés antes era jugador que amigo. "Quedan ocho partidos de Liga, uno de Copa y si Dios quiere, vamos a jugar cinco partidos más en Champions", ha añadido el argentino para luego recordarle: "Te quiero mucho, pero soy tu entrenador y sabes que si no corres vas afuera".
Parecía complicado, después de estas emotivas palabras, ponerse a hablar del FC Barcelona. Pero unos cuartos de Champions no se juegan todos los días. "Es un rival importante en un momento importante de su competición", ha apuntado el argentino sobre un equipo que sólo ha perdido un partido de los 23 duelos de esta temporada en el Camp Nou.
Precisamente, lo que más teme el técnico rojiblanco son los arranques ofensivos del Barça. El perfil ofensivo blaugrana, uno que también está adoptando el Atlético, tiene una máxima difícil de cambiar. "Todos los equipos cuando atacan mejor defienden peor. El Barcelona es uno de ellos porque se juega con riesgos", ha explicado.
Pero, esté quien esté, el argentino cree en las posibilidades del Atlético. Quiere "seguir adelante y adelante" sin importar quién esté y se ha mostrado ilusionado con la posibilidad de llegar a la final de un torneo que se le ha escurrido dos veces en su último escalón.
El Atlético amagó con lograr el título con un partido de desempate en 1974, estuvo a segundos de conseguirlo en 2014 y un poste le privó de hacerlo en 2016. El Arsenal ha visitado el último escalón sólo en una ocasión, pero una tempranera expulsión de Lehman, su portero, fue el primer clavo de su ataúd ante Barcelona de Rijkaard. Fue aquella Champions League de 2006 que Messi no celebró porque un desgarro le sacó de la convocatoria y él decidió quedarse en el vestuario.
Ganar una Champions es muy difícil. Comprende una cantidad de intangibles entre los que están, además del juego, la suerte, el estado anímico y, claro, la historia. "La historia la queremos hacer nosotros", dijo Julián Álvarez sobre la aún lejana posibilidad de alcanzar el partido de Budapest. "No sé si pesa en ese ámbito, pero creo que tenemos un buen equipo, hemos hecho un buen campeonato", respondió, por su parte, Piero Hincapie, lateral del Arsenal.
Es el duelo hispanobritánico una semifinal de aspirantes, de equipos que han rozado la gloria. Los rojiblancos son los que más veces la han disputado sin haberla conseguido, lo han hecho las tres mencionadas. Dos subcampeonatos tienen el Reims y el Valencia y con uno hay 18 equipos, entre los que está el propio conjunto inglés.
Rice, en el entrenamiento previo al duelo con el Atlético.AFP
La estadística que debe servir de acicate a ambos es que hay más ganadores de Champions que finalistas que nunca la han conseguido. Son 24 equipos los que han logrado la Orejona, con el PSG como último en hacerlo y salir del grupo de aspirantes. El Bayern, rival de los franceses en la otra semifinal, la ha conquistado en seis ocasiones, pero ha perdido cinco finales, las mismas que el Benfica. El club que más ha perdido es la Juventus, con siete.
"Es lindo soñar, por qué no pensar en eso, siempre pensamos en positivo. ¿Por qué no soñar si no cuesta nada?". Es Nico González un hombre de fe, un futbolista que nunca ha vivido las decepciones que sí han sufrido tanto Diego Simeone como Koke Resurrección. La segunda casi hace que el técnico argentino abandonara su puesto por el duro golpe sufrido. De hecho tuvo que ir el propio Miguel Ángel Gil a Buenos Aires a ayudar al Cholo para superar un "duelo" del que no se habría repuesto. "Ahí interpreté que no había manera (de dejar al Atlético) venga quién venga. En ese momento hubo novias que querían seducirme", reveló Simeone en una entrevista al club.
El pasado y el fútbol son dos elementos crueles, que no pagan siempre, que no son justos y que no deben nada a nadie. Así lo ven los rojiblancos. "No siento que se le deba una Champions al Atlético. El fútbol no te debe nada, la vida no te debe nada", apuntó Llorente, que, curiosamente, sí ganó una Champions en 2018, pero como jugador del Real Madrid. Precisamente, fueron los blancos los dos últimos verdugos del Atlético, en 2014 y 2016, mientras que el papel de villano en 1974 le tocó al Bayern Munich, que arrasó al equipo de Adelardo y Reina en el partido de desempate por cuatro tantos en el mítico estadio de Heysel, en Bélgica.
Griezmann remata de cabeza en un entrenamiento.AFP
Tampoco Oblak, uno de los capitanes de la plantilla, y sufridor de una de las dos finales perdidas en la época del Cholo, cree que Europa es un deudor del Atlético. "El fútbol no lo veo así, lo que debe o no debe. La vida no siempre es justa y si piensas así, a cada uno de nosotros le falta algo. Estamos vivos y con opciones de pelearlos", dijo el probable portero titular en esta eliminatoria ante un Arsenal que no es el equipo que arrasó a los rojiblancos en el Emirates en el pasado octubre.
Un Arsenal diferente
Están los ingleses en un periodo convulso de su temporada. Los gunners han dilapidado 12 puntos de ventaja en la Premier ante el Manchester City y, aunque no han perdido ningún partido en esta Champions, han mostrado signos de debilidad ante el Sporting de Portugal en los cuartos de final. "Tenemos que vactuar como si ahora hubiéramos empezado la liga y volver a nuestros inicios, que hicimos un buen trabajo desde el principio", ha pedido Hincapie, que también añadió que es consciente de que las cosas se "vuelven difíciles" tan pronto avanzan las competiciones.
Uno de los dos volverá a tener una oportunidad de cumplir un sueño, aunque Simeone quiere bajar el suflé: "Soñar está bien, pero la realidad es lo que pasa en la tierra". Koke, el otro futbolista que tiene la doble herida europea espera que se puedan restañar las suyas y la de Griezmann. "Si se puede despedir con la Champions sería increíble para todos. Más allá de su despedida, es nuestra máxima motivación", concluye.
«Son parecidos a nosotros». Carlo Ancelotti clavó el perfil de la eliminatoria justo antes de que empezara. En Múnich dominó el Bayern, en el Bernabéu lo hizo el Madrid. Ambos, quizás, más cómodos en el rol del que tiene que esperar y no en la piel del que debe proponer. Lo sufrieron los alemanes en el Allianz, condenados a no acertar ante Lunin y a una arrancada de Vinicius cuando casi nadie lo esperaba. Y lo vivieron los blancos en Chamartín, perdonando ocasiones muy claras durante una hora de partido, dejando vivo a un equipo al que, como el Madrid, hay que matar varias veces para tumbar en la arena.
Los 0,71 goles esperados del cuadro de Ancelotti al descanso, esa estadística que sacó a relucir Luis Enrique tras caer ante el Dortmund, hablaban de la superioridad madridista en las sensaciones, pero no en el marcador. Y los tópicos del fútbol siempre dicen que eso se paga. Ocho remates, dos de ellos a puerta, uno al palo... Vinicius, en una actuación colosal, acumuló regates sin parar, se convirtió en el mejor futbolista del duelo e inició todos los ataques del Madrid, que no pudo concretar ni uno frente a un Neuer gigante.
Y de repente, el chispazo. Como el de Rodrygo en Manchester ante el asedio del City, como el de Vinicius en Múnich... Una contra de Musiala, un pase en largo de Kane, una arrancada de Davies y un derechazo impecable del canadiense para destrozar el Bernabéu.
El lateral es, curiosamente, uno de los nombres que suenan para reforzar la plantilla del Madrid. Termina contrato en 2025 y el conjunto blanco le quiere, quizás más tras un gol que celebró con rabia, sin guardarse nada. Lógico.
El exorcismo de Joselu
Tras el gol, Ancelotti sentó a Kroos y apostó por Modric, norma no escrita de esta Champions en la que el italiano no jugado ni un sólo minuto sin alguno de los dos sobre el césped. El Madrid reaccionó, pero se encontró con el VAR.
Szymon Marciniak anuló el empate de Nacho por un manotazo y parecía que la decisión había hundido al psicológicamente al Madrid, centrado en las ocasiones falladas. Pero quién va a hundir al Madrid.
Los blancos olvidaron el 25 de abril de 2012 y aquellos penaltis dramáticos contra el Bayern. Aquel Mourinho de rodillas en el césped, aquel disparo de Ramos a las nubes y aquel Cristiano llorando a mares. Una de las noches más tristes de la historia reciente del madridismo desapareció ayer, fundida a negro tras otra remontada histórica.
El doblete de Joselu evitó la primera eliminación europea del Madrid en casa desde 2019 contra el Ajax y continuó la serie de inexplicables triunfos ante la orilla de la Champions. PSG, City y Chelsea en 2022, Bayern en 2024, otro gigante de Europa que se vio triunfando en el Bernabéu y que murió sin saber cómo.