Llamado a ser una de las grandes sensaciones del Mundial, Yan Diomandé ya está en la agenda de los gigantes de Europa. Con solo 19 años y apenas una temporada en la élite, el joven extremo pasó de forma fugaz por el Leganés antes de protagonizar un millonario traspaso al RB Leipzig, un ascenso meteórico que ahora refrenda maravillando al mundo en su debut mundialista.
Sin embargo, su camino hacia la cima estuvo lejos de ser un camino de rosas, marcado por la trágica muerte de su hermana a los 15 años. A través de una conmovedora carta abierta, el extremo costamarfileño ha decidido homenajearla desvelando su historia vital: la de dos hermanos unidos por un mismo sueño y la promesa de alcanzar el trono de Cristiano Ronaldo.
“Querida Roxane…”
Todo esto se ha dado a conocer gracias a una emotiva carta que el propio Diomandé dirigió a su hermana y que fue publicada en The Players’ Tribune, la famosa plataforma donde los deportistas profesionales desnudan su alma para contar sus historias sin intermediarios. En ella, el jugador del Leipzig rememora la felicidad de una infancia marcada por sus primeros pasos en el fútbol, reviviendo momentos como el día en que le regalaron una camiseta falsa del Manchester United en la que pintó “Ronaldo 7” con rotulador negro porque, como él mismo escribe, “no sabíamos de ricos ni de pobres”. En ese mismo rememorando, Diomandé evoca con nostalgia sus primeras botas “de plástico blanco” o aquellas noches en las que se escaqueaba de la cama a medianoche para ver el fútbol “en la oscuridad”.
Su hermana no solo actuaba como “su representante”, sino también como su fiel compañera de viaje. A ella le dedicó unas palabras que reflejan esa complicidad ciega: “Tú eras la única que siempre creyó que yo podría ser el próximo Cristiano, cuando todos los demás se reían”. Sin embargo, el destino cambió drásticamente poco después de su fichaje por el Leganés.
Tras un debut soñado contra el Real Madrid con apenas 18 años, su teléfono empezó a sonar insistentemente desde casa. El propio jugador confiesa que se sintió molesto al principio, sin entender el porqué de tanta insistencia, hasta que finalmente descolgó para recibir el golpe más duro de su vida: la noticia del fallecimiento de su hermana, que apenas tenía 15 años.
“Tu hermana ya no está. Alguien le puso algo en su bebida en una fiesta y nunca se despertó. Ya no está”, le comunicó uno de sus familiares al otro lado de la línea. Tras este devastador golpe, el futbolista se vio sumido en la culpa por no haber estado allí para protegerla, una herida que se profundizó al no obtener nunca respuestas sobre lo sucedido. Desde entonces, el extremo ha transformado ese dolor en su razón de ser, decidiendo dedicarle cada minuto de su fútbol a la memoria de su hermana: “Intento confiar en el plan de Dios. Es todo lo que puedo hacer. No intento olvidar, porque sé que no olvidaré. Todo lo que puedo hacer es usar el dolor para trabajar más duro y cumplir todo lo que soñamos”.
“Demostraré que tenías razón”
De niños, ambos fantaseaban con la idea de hacerse ricos y comprarse los mejores coches, pero la pérdida de su hermana le hizo comprender que nada de eso tenía valor real. Aunque enviaba dinero a su hogar, llegó a un punto en el que confiesa que ni siquiera lo deseaba: ya no le importaban los coches ni los lujos, su único propósito se había convertido en “demostrarle al mundo que mi hermana tenía razón”.
Ahora, en plena disputa del Mundial, el futbolista se refugia en su recuerdo, agradecido por haber cumplido el sueño de ambos: “Solo desearía que estuvieras aquí todavía para poder decirte… Lo logramos. Siempre dijiste que yo podía ser mejor que Cristiano. Si lo veo, le mandaré saludos de tu parte. Voy a hacer lo que predijiste, lo juro. Antes de que tuviera botas de verdad, le decías a todo el mundo: ‘Mi hermano va a ser el mejor del mundo’. Demostraré que tenías razón, o moriré en el intento“.








