Nadie puede detener a Jannik Sinner, que sumó ante Arthur Fils en las semifinales de Madrid su 27ª victoria en un Masters 1000 y buscará este domingo convertirse en el primer jugador capaz de ganar cinco títulos consecutivos de este rango. No alcanzó con la mejoría del francés, avasallado en el primer parcial, para comprometer el porvenir del número 1 del mundo, que respondió a las dificultades agregadas para imponerse por 6-2 y 6-4, en una hora y 26 minutos.
El paralelo de revés con el que consumó la rotura en el noveno juego del segundo set después de un intenso peloteo fue la expresión manifiesta de la distancia entre uno y otro a lo largo del partido.
Campeón el pasado año en Paris-Bercy y esta temporada en Indian Wells, Miami y Montecarlo, Sinner se encuentra a una victoria de conseguir algo insólito, un registro que, se concrete o no, demuestra la temperatura que ha tomado su raqueta y el dominio que ejerce en la competición.
Superado Rafael Jódar en un exigente partido de cuartos de final, Sinner se enfrentaba al hombre que detuvo al español en las semifinales del Conde de Godó para llevarse después del torneo. Fils, vigésimoprimer favorito, llegaba como un tiro, con nueve victorias consecutivas sobre arcilla, dispuesto a poner fin a la espectacular racha del italiano.
Quedaba por ver hasta dónde llegaría el tenis de Sinner, que se confesó fatigado tras el encuentro ante Jódar y tiene en las dos próximas semanas en Roma la penúltima cita antes de Roland Garros, donde, ausente por lesión Carlos Alcaraz, aparecerá como principal favorito.
Una tormenta incontenible
Las dudas sobre su plena implicación en el partido quedaron pronto resueltas. Tras un primer juego de siete minutos en el que el francés mantuvo a duras penas su servicio, Sinner desató una tormenta incontenible, arrinconando a su rival. Dominaba con su servicio y lo hacía también con el resto, castigando cualquier titubeo de su oponente con formidables devoluciones de revés.
Fils no encontraba su saque y pagó un alto precio por ello. Sinner ganaba en todas las circunstancias posibles: los largos intercambios, que alguno hubo, y los cortos, cuando encontraba el camino directo con la pulcritud y potencia de sus impactos. No daba con soluciones el francés, que se vio pronto un set por debajo.
Más afinado en el segundo, también por el receso que se tomó su oponente, nunca se le vio con verdaderas opciones de voltear el marcador. No creó una sola pelota de break e incluso con su mejoría fue siempre con el agua al cuello. Salvó dos amenazas sobre su saque en el quinto juego, pero no fue capaz de neutralizar la que enseñaría a Sinner el definitivo camino del triunfo. Será su primera final en Madrid, el único Masters 1000 donde no había litigado por el título.






