El mejor jugador de ajedrez del mundo (menor de 10 años) es español y ya ha ganado a Pedro Sánchez: “Cuando le dimos a elegir entre esto y el fútbol, no lo dudó”

El mejor jugador de ajedrez del mundo (menor de 10 años) es español y ya ha ganado a Pedro Sánchez: "Cuando le dimos a elegir entre esto y el fútbol, no lo dudó"

Decir que el futuro de nuestro ajedrez está en manos de un niño de nueve años sería exagerado, porque hay otros jóvenes con proyección, pero lo que ha conseguido Marc Barceló en cinco meses solo está al alcance de los elegidos. El joven jugador del club d’Escacs Tarragona aprendió a jugar en 2024 y ya ha ganado dos medallas de oro y dos de plata en los últimos Mundiales de ajedrez rápido y relámpago. Su Elo corrobora que es el mejor del planeta entre los menores de 10 años.

La lotería del talento es caprichosa y no hay motivos por los que pueda tocar en Noruega y en Uzbekistán, pero no en España. El de Barceló es tan evidente que, en el encuentro que mantuvo Pedro Sánchez con algunos ajedrecistas españoles en el Gambit Café de Madrid —del que salió un vídeo para alimentar las redes sociales—, uno de sus rivales fue precisamente el pequeño Marc, quien no tuvo la menor piedad con el presidente del gobierno.

Marc Barceló Melnyk, hijo de un zaragozano y de una ucraniana, tiene una capacidad natural que a los grandes maestros les salta a la vista. No es el típico niño peligroso que se limita a calcular. Si lo comparamos con el fútbol, deporte que le apasiona, además de regatear y disparar a puerta, sabe colocarse en el campo y distribuir el juego con maestría, y no duda en pasar al final si ve que puede imponer su técnica. Al deporte del balón renunció cuando los entrenamientos se hicieron más intensos. “Cuando le dimos a elegir, lo tuvo clarísimo y se quedó con el ajedrez”, cuenta su padre.

Miguel Illescas, ocho veces campeón de España, quedó tan impresionado al conocerlo que hizo todo lo posible por contribuir a su formación. Así complementa el trabajo del venezolano David Sequera, con la ayuda permanente de Francesc Farran, el primero que comprobó que a su club había llegado un muchacho muy especial.

Barceló, en la partida contra Sánchez.IG

Barceló recuerda a uno de sus grandes ídolos, Magnus Carlsen, para muchos el mejor de la historia. A su edad, el noruego aún no tenía títulos, pero ambos tienen una memoria prodigiosa y aprendieron muy pequeños todos los países y banderas del mundo. Magnus tardó algo más en engancharse al ajedrez. A Marc lo cautivó enseguida, aunque antes, con cinco años, demostró su destreza con el cubo de Rubik. Su colección de medallas no nubla su prudencia: “Aún no pienso en ser gran maestro. Lo primero es ser maestro FIDE, ir paso a paso. Estaría bien ser GM a los 14, por ejemplo”.

En su segundo Mundial, asegura no haber sentido más presión, a pesar de ser el favorito. El pasado mes de diciembre, Barceló disputó el primero en Turquía, donde logró el oro en ajedrez relámpago y la plata en el rápido. En Serbia ha repetido medallas, pero al revés: oro en las rápidas y plata en el blitz. “Iba a por los dos oros, pero estoy contento con el resultado”, declara justo antes de subir al avión de regreso.

El joven posa frente a un tablero.EL MUNDO

En 2024, el año que aprendió a jugar, logró la plata en el nacional sub 8, por detrás de otra gran promesa, Timofey Demchenko. ¿Sigue algún método especial para progresar tan rápido? “Creo que no”, responde. “Lo especial puede ser que me encanta el ajedrez y se me da muy bien”.

Los niños españoles tienen una dificultad extra: van al colegio. En algunos países, las mayores promesas dedican el cien por cien de sus esfuerzos a los tableros. Es un modelo discutible, pero con ventajas competitivas. A los padres de Marc no les gustaría educarlo en casa: “Preferimos que vaya al colegio y socialice. Intentamos que tenga una infancia lo más normal posible. Sí nos gustaría que tuviese una jornada continuada, algo que en Tarragona no tenemos”.

Criar a un campeón

Para los padres también es caro criar a un campeón. “Hay que viajar mucho y son estancias de una o dos semanas”. La Federación Española ayuda, pero cubre solo una parte. En el caso de Marc, le pagan dos horas de clases individuales a la semana y una hora y media en grupo. Además, el año pasado fue a una concentración en Melilla. Como dice Paloma Gutiérrez, coordinadora de Tecnificación y alto rendimiento de la FEDA, “hay muchos niños que lo merecen, pero el dinero no es infinito”.

“Tanto la federación española como la catalana apoyan mucho a Marc, pero claramente es insuficiente, en parte por los presupuestos tan limitados que tienen. En casos así habría que hacer esfuerzos extra, porque se demuestra que merecen la pena”, asegura Javier Barceló, padre del ajedrecista. Gutiérrez explica, por su parte, que Marc “ya recibe un trato especial”: “Se le da el tratamiento de un jugador de élite, lo que no es normal en menores de 12 años”.

Mayor categoría

A Barceló también le pagan el desplazamiento y el alojamiento del Mundial, pero no la inscripción (unos 120 euros) ni los gastos de los padres. En Serbia, por ejemplo, fueron 14 jugadores invitados. Aparte de los campeones, eran cuatro ajedrecistas más, para “darles continuidad” y que no dependan de un resultado. Así pueden ayudar a más personas, explica Gutiérrez. “Sabemos que los más pequeños necesitan ir con sus padres, pero no podemos darles ayudas”, añade la coordinadora de Tecnificación.

Javier Barceló apunta otro problema que no requiere dinero: “En el campeonato de Cataluña y en el de España, Marc tiene que jugar en su categoría, pero a los entrenadores les gustaría que pudiese participar en alguna superior, más exigente. No ha sido posible. Esperamos que en años venideros cambie”. Barceló pone como ejemplo al niño ruso Roman Shogdzhiev, de 11 años, que se colgó el oro en el grupo sub 18, donde el español Daniel Tabuenca acabó en sexta posición.

kpd