La de Lisboa fue la séptima derrota del Real Madrid esta temporada. Siete ocasiones en las que se quedó lejos de su rival y de su propia historia. Atlético, Liverpool, Celta, City, Barcelona, Albacete y Benfica han podido con el conjunto blanco, dejándole sin Supercopa de España, sin Copa del Rey, sin liderato en Liga y ahora sin Top8 en la Champions League, obligado a disputar el playoff ante Benfica o Bodo/Glimt (el sorteo será hoy) en las dos últimas semanas de febrero. Y todo, según las fuentes consultadas por este periódico, sin fichar en el mercado de invierno y mientras en el grupo se reabre las heridas y los problemas de hace unas semanas.
Decía Carlo Ancelotti que «el empate es la antesala de la crisis en el Bernabéu» y con tantas noches negras en pocos meses es normal que el estadio prepare una nueva pitada a su equipo antes del duelo ante el Rayo Vallecano, este domingo a las dos de la tarde. «Da un poco de vergüenza», admitía Kylian Mbappé en la zona mixta del Estadio Da Luz. El francés, que marcó dos goles, fue otra vez el portavoz de la plantilla, como en Atenas y antes del duelo contra el Mónaco. Molesto por la actitud del grupo, el galo parece elevarse como nuevo líder del vestuario.
«Uno sí y uno no… Eso no es de un equipo campeón», declaró el delantero. Tener al Pichichi de la Champions (13 goles) y al segundo portero con más paradas no le ha servido al Madrid para ser uno de los ocho mejores. El belga, el otro líder sin brazalete, se enfadó con sus compañeros por no saludar a los aficionados después del encuentro y sólo sus gestos y gritos llamaron la atención de algunos para acercarse a la grada madridista.
No fue el único enfado de la noche, porque Arda Güler se fue repitiendo «siempre yo, siempre yo» al ser sustituido en la segunda parte, generando un nuevo caso de rebeldía en el vestuario.
Pintus y febrero
En el área técnica, Antonio Pintus, de vuelta a la jefatura de la preparación física del primer equipo tras la salida de Xabi Alonso y la llegada de Arbeloa, analizaba ya los problemas del futuro a corto plazo. El italiano veía en el mes de febrero el momento ideal para intentar una minipretemporada que empujara la condición de su plantilla. Sin Copa del Rey y con el Top8 encarrilado antes de Lisboa, febrero aparecía sin partidos entre semana y sólo con las jornadas de Liga como preocupación. Al caer en Lisboa ya no será así, y el Madrid deberá viajar en la semana del 16 al Círculo Polar Ártico o a la capital de Portugal, y siete días después se jugará su futuro continental en el Bernabéu.
Eso se sabrá en el sorteo de este mediodía, que también dibujará el camino hacia la final de Budapest. En caso de pasar la eliminatoria, al Madrid le tocará cruzarse con el Sporting de Portugal o el Manchester City.
Una situación que ahora queda muy lejana en Valdebebas, donde se piensa en el día a día y en ganar el partido del domingo al Rayo para seguir en la pelea por la Liga. Es la realidad de un vestuario con errores claros en su configuración y de una organización que espera al verano para tomar decisiones importantes. El Madrid nunca ha sido amigo de recurrir al mercado de invierno, y a pesar de la crisis de resultados de esta temporada y de los síntomas que se llevan viendo en el día a día durante los últimos meses, este enero tampoco será diferente.
Ofrecimientos y bajas
Al Bernabéu han llegado varios ofrecimientos, especialmente para la posición de mediocentro y la de central, pero la negativa del club ha sido constante. El único movimiento previsto en el mercado es la cesión de Endrick al Olympique de Lyon, una operación que surgió a petición del futbolista por su falta de minutos con Alonso y que el Madrid ha permitido a pesar de que prefería que siguiera en plantilla. No habrá más, salvo que lleguen ofertas de momento inesperadas por jugadores que no cuentan demasiado, como Alaba o Ceballos, dejando para verano la reflexión sobre el futuro de varios jugadores con más peso en el equipo.
En la zona noble del Bernabéu se empiezan a deslizar nombres en la lista de bajas que hasta hace unos meses parecían intocables, escritos ahora en tinta roja después de unos meses que han dinamitado parte del proyecto construido en los últimos años. Los constantes problemas de actitud y de fútbol del equipo tendrán consecuencias, pero no en este mes de enero.








