Remco Evenepoel completó un feliz debut con su nuevo equipo, el Red Bull-Bora-Hansgrohe, que se impuso en el Trofeo Ses Salines, la primera contrarreloj por equipos de la historia de la Challenge Ciclista Mallorca. El triple campeón mundial de la especialidad fue determinante en el triunfo de la formación alemana, que devoró los 23,8 km en 23 minutos y 55 segundos, a 59,7 km/h de media.
Red Bull Bora, que también alineó a Florian Lipowitz, tercero en el último Tour de Francia, superó al Movistar Team por apenas cuatro segundos. El conjunto español contó con Enric Mas, de regreso a la competición tras la caída que le obligó a abandonar el Tour de Francia.
“Ha ido bien; no era un recorrido difícil en cuanto al desnivel, pero una contrarreloj por equipos siempre es muy dura. Es bonito empezar la temporada con una victoria, es bueno para la moral”, comentó Evenepoel, acompañado por el citado Lipowitz, Mattia Cattaneo, Nico Denz, Lorenzo Finn, Gianni Moscon y Maxim Van Gils.
“cerca de la perfección”
Esta crono, inédita en el Challenge de Mallorca, que propone cinco carreras en otros tantos días hasta el domingo, era muy esperada, ya que también figura en el programa de la primera etapa del Tour de Francia, el próximo 4 de julio en Barcelona. La posibilidad de rodarse en este esfuerzo de equipo espectacular y milimétrico atrajo a los equipos a las Islas Baleares, entre ellos Stefan Küng, quinto con su nueva formación, Tudor.
Evenepoel consideró que era “difícil” sacar conclusiones, puesto que “cada recorrido es diferente”. “Pero hoy estuvimos cerca de la perfección, ya apetece estar en el Tour”, añadió el belga, que también debe participar en el Trofeo Serra de Tramuntana el viernes y probablemente en el Trofeo Andratx-Pollença el sábado.
Quedan 130 días para que España debute en el Mundial el próximo 15 de junio; 114, aproximadamente, para que comience la concentración de la selección en Las Rozas y entre 106 y 110 para que Luis de la Fuente anuncie la lista de convocados para el torneo. Resumiendo, los futbolistas que quieran sumar papeletas para subirse al avión camino de Estados Unidos, México y Canadá tienen unos 100 días para demostrar que merecen un sitio. Esa es la contrarreloj que agobia a Dani Carvajal, cuya situación deportiva actual está más cerca del misterio que de la realidad tras su grave lesión de rodilla y los problemas sufridos durante su vuelta a los terrenos de juego.
El capitán del Real Madrid lleva un mes entrando en las convocatorias de Xabi Alonso y Álvaro Arbeloa, llamado a filas desde el 4 de enero contra el Betis. A partir de esa fecha, el Madrid jugó nueve partidos en los que el español sólo disputó 29 minutos en dos citas, 14 contra el Albacete en la Copa del Rey y 15 ante el Mónaco en la Champions. En los demás, ni el tolosarra ni el salmantino vieron adecuada su presencia en el césped a pesar de las dificultades que pasaron en tardes y noches como la del Benfica, Rayo, Villarreal o Levante.
Los duelos ante Atlético y Barcelona en la Supercopa de España quizás llegaron demasiado pronto para el defensa de Leganés, pero en las últimas semanas el lateral se encontraba ya mucho mejor. Creía que podía aportar, pero ha tenido que ver los toros desde la barrera, centrado en el móvil en Lisboa, avisando de los resultados de los rivales y actuando como capitán antes y después en el vestuario en mitad de la pequeña crisis de juego y sensaciones que vive el Madrid, pero siempre lejos del campo.
En Valdebebas, el defensa repite a compañeros, entrenadores y directivos que se encuentra bien y «listo» para tener más minutos, pero los servicios médicos del conjunto blanco llaman más a la cautela y durante este mes han recomendado que la rodilla del español todavía no estaba preparada para tener tiempo de juego con excesiva continuidad, y menos todavía con partidos entre semana y tan exigentes.
El regreso de Rüdiger y Trent
El partido de Mestalla aparecía como su mejor opción hasta ahora, pero la urgencia de victorias en la que vive el conjunto blanco desde hace semanas obliga a Arbeloa a no dudar, y el regreso de otros lesionados no ayuda a las intenciones de Carvajal. Rüdiger y Alexander-Arnold están ya recuperados de sus lesiones y volverán a la lista de también contra el Valencia, así que las posibilidades del español se han reducido un poco.
«Necesita entrenamientos y minutos para que la rodilla gane movilidad y fuerza», admiten fuentes cercanas al vestuario del Madrid, donde la conversación también se está dirigiendo hacia la finalización del contrato del futbolista, que termina el próximo 30 de junio. Ambas partes han estado de acuerdo en esperar a ver el nivel que podía dar Carvajal en estos meses para saber el contexto de la negociación y de la renovación. Así que la palabra es la misma: misterio.
«Vengo de un proceso complejo, de una lesión muy grave. Realmente, lo que quiero es entrenar y disfrutar jugando. Tengo que jugar, ver el nivel que puedo mostrar sobre el terreno de juego y si el club y yo estamos en la misma línea, no habrá ningún tipo de problema», comentó Carvajal en Arabia Saudí, donde fue el protagonista de la rueda de prensa previa a la semifinal contra el Atlético. «Tengo seis o siete estructuras de la rodilla que han tenido que ser retocadas. No ha sido sencillo, pero vamos por buen camino», añadió.
Todo empezó en octubre de 2024
La cronología de esa rodilla derecha de Carvajal obliga ir con pausa. El 5 de octubre de 2024, se rompió el ligamento cruzado anterior, el colateral externo y el tendón poplíteo. Volvió a jugar el 9 de julio de 2025, 277 días después. El 27 de septiembre del año pasado sufrió una lesión en el sóleo, también de su pierna derecha, que le tuvo un mes de baja. Y el 26 de octubre, después del clásico, se le detectó la presencia de un «cuerpo libre articular» en la misma rodilla derecha, la operada.
Un cuerpo libre articular, para que se entienda, es un trozo de superficie que se suelta de la articulación, se mueve libremente por ella y puede llegar a provocar su bloqueo. Ese es el miedo de los servicios médicos del Madrid, que temen una nueva lesión en caso de que acumule demasiados minutos y aconsejan primero ganar músculo y movilidad poco a poco para evitar la inflamación.
Pero esa pausa se cruza de lleno con las ganas que tiene Carvajal de disputar el Mundial. Sabe que es su última oportunidad, que sería uno de los capitanes, que es uno de los jugadores más queridos del grupo y que la selección tiene muchas opciones de llegar lejos.
Lleva el 19 a la espalda y se ha destapado en su debut en una Eurocopa con una personalidad arrolladora. Que España llegue a la final de la Eurocopa será su mejor regalo de cumpleaños. No piensen que es Lamine Yamal de quien hablamos, es de Vicky López (Madrid, 1996). Con su compañero del Barça y amigo comparte número, precocidad y querencia por hacer diabluras: da igual un regate ante una estrella que un petardo en el patio del colegio, para disgusto de su padre. «Con Lamine hay muy buena relación. Le digo que está loco», reconoce la jugadora a la que Alexia Putellas felicitó tras la goleada ante Portugal «por tomar siempre la mejor decisión, que es lo más difícil».
Hace apenas diez años que Vicky llegó a fútbol por un veraneo en Benidorm. Había probado el fútbol sala con seis años en el colegio de Torrebilano del Ensanche de Vallecas, primero en un equipo mixto y luego con chicas de 10 años. Después llegó el Sport Villa de Vallecas, donde apenas jugó a fútbol 7 media temporada «porque no íbamos bien en los estudios ni mi hermano ni yo y mi padre nos castigó sin fútbol», explicaba la futbolista hace un año, cuando la citó Montse Tomé por primera vez.
Aquel verano se marchó de vacaciones a la casa familiar de la Costa Blanca y allí pasaba ratos jugando con sus primos en la playa. Descarada, Vicky vio a unas chicas con la camiseta del Rayo Vallecano, que ya la rondaba para su equipo femenino. Eran Alba Mellado y Paola Ulloa, jugadoras y entrenadoras del Madrid CFF, uno de los pocos clubes independientes que quedan en la Liga F. A base de partidillos y juegos en el mar con hinchables se la ganaron. Cuando acabaron las vacaciones, Vicky le dijo a su padre que quería fichar en el Madrid CFF.
Jugó en un equipo mixto desde benjamín a infantil, con límite en los 14 años. En esa etapa, Vicky tuvo que enfrentarse con 11 años a la muerte de su madre, Joy Felix, a causa de un tumor cerebral a los 43 años. A ella siempre dedica sus goles, «porque me cuida desde el cielo», decía en Berna. Fueron muchas dedicatorias porque sus goles, a veces de conducción desde a frontal de su área, asombraban.
Precocidad y Golden Girl
En 2022, con 15 años, María Pry, hoy flamante coordinadora deportiva de selección en la RFEF, la hizo debutar en la Liga entonces Iberdrola. Alternó con el filial, con el que marcó 18 goles, y llegó el Barça, jugar con Balones de Oro y el debut en Champions recogiendo el testigo de Ansu Fati como la jugadora del Barça de menor edad que debutaba. Fue ante el Rosengard en el Camp Nou y tenía 16 años. «No estaba tan lejos del recreo», confesaba entonces. Después, el Golden Girl, el Balón de Oro de los Sub'21, un contrato hasta 2028 que le ha permitido comprarse un piso en Barcelona - «hace tres años pagaba por jugar», admitía en febrero a Broncano en La Revuelta-, y la Eurocopa.
Con España, ha sido campeona del Mundo Sub'17, y MVP del torneo, y ha visto cómo se le han escapado dos Eurocopas Sub'17. Porque siempre ha jugado por encima de su edad. Mientras su amiga del alma en el Madrid CFF Cristina Librán es la capitana de la Sub'19, ella ha marcado dos goles en sus dos primeros partidos como titular con Tomé.
Ante Portugal, la estadística dice que tuvo un 90% de precisión en el pase en los 81 minutos que disputó. Logró un gol que la convierte en la española más joven en marcar en una Eurocopa, pero es que los récords ya no caben en su perfil.
Eso sí, en el vestuario aún no le han dejado tomar las riendas del altavoz. Le encanta el trap y el dembow, una derivación dominicana del reguetón y el dancehall, dicen. «Si lo pongo, me taladran la cabeza. Pero ante Japón puse Tacata y marqué, y Patri me la volvió a poner para animarme ante Portugal»», admitía en el túnel de vestuarios. Batalla perdida, es solo cuestión de tiempo que tome la playlist.
Las canciones se cuelan por donde nadie espera y por eso este domingo en las entrañas del estadio Pierre-Mauroy de Lille retumbaban las voces de 16 hombretones cantando sin camiseta y dando botes los siguientes versos: "Oh, soledad, dime si algún día habrá, entre tú y el amor buena amistad, vuelve conmigo a dibujar las olas del mar, dame tu mano una vez más". La Oreja de Van Gogh de Amaia Montero, 'Soledad', nostalgia pop para celebrar un bronce olímpico... ¿Y eso? Nadie explicaba muy bien el motivo, pero al parecer la culpa era de Jorge Maqueda.
La tradición marcaba que cada jugador escogía una canción y ese remix sonaba en el vestuario, pero el lateral de 36 años, charanguero como nadie, se cansó de tanto reguetón y decidió que en estos Juegos de París él sería el DJ. Antes del debut ante Eslovenia su selección musical provocó muchas risas, pero después de la final de consolación, nuevamente ante Eslovenia, todos ya estaban entregados: "Oh, soledad, dime si algún día habrá, entre tú y el amor buena amistad".
Una celebración distinta de aquellos ya acostumbrados a celebraciones. Una celebración distinta tres años después. Como ocurrió en los últimos Juegos de Tokio 2020 -y en Pekín 2008 y en Sidney 2000 y en Atlanta 1996-, España volvió a imponerse en una lucha por el bronce igualadísima que se resolvió en los últimos minutos con un gol de Alex Dujshebaev, un polémico golpe a Aleix Gómez y una parada "fácil" de Gonzalo Pérez de Vargas en el último segundo. "Hemos defendido muy bien esa acción, les hemos obligado a tirar desde la falta y era un lanzamiento bastante asequible. Y luego ya, la celebración, la locura", analizaba el guardameta que no disimulaba su alegría con la medalla al cuello como después de la derrota en semifinales ante Alemania no disimuló su enfado.
"A los que ya estuvimos en Tokio nos costó un poco más digerir la derrota en semifinales porque sabemos lo difícil que es llegar a unos Juegos Olímpicos, pasar la fase de grupos, ganar en cuartos y tener esa oportunidad de jugar por el oro", comentaba Pérez de Vargas, uno de los pocos, poquísimos repetidores, sólo siete: él, Rodrigo Corrales, Alex Dujshebaev, Adrià Figueras, Miguel Sánchez-Migallón, Gómez y Maqueda.
El partidillo que devolvió la risa
Ellos son los que llevaban peor cara después del tropiezo ante Alemania y a los que tuvo que levantar Jordi Ribera. En el día previo a la final de consolación, el seleccionador, un adicto al análisis táctico, a estudiar el balonmano, a editar vídeos, decidió que ese día no habría entrenamiento. Como es lógico, España tenía dos horas reservadas en la pista del Pierre-Mauroy de Lille para prepararse el encuentro ante Eslovenia, pero nadie apareció por allí. En su lugar, Ribera prefirió llevarse a sus pupilos al estadio Lille Métropole, el segundo más grande de la ciudad, al lado de la pequeña Villa Olímpica de Lille, para que jugaran un partidillo de fútbol.
"Teníamos que reírnos otra vez, si algo tiene el equipo es la risa, la alegría", descifraba el entrenador, que añadía: "Para mí también fue más difícil levantarme aquí que en Tokio. Cuando ya lo has vivido una vez, revivirlo es más duro. Además lo tuvimos en nuestras manos. Había que pasar el duelo, el luto, hablar, remontar y divertirse un rato". En la sala de prensa aparecieron los dos, Ribera y Pérez de Vargas, técnico y portero, y al sentarse no se dieron cuenta que los micrófonos ya estaban abiertos. Con alguna crítica a los árbitros, lamentaron el único punto de preocupación entre tanta celebración: "Se lo han cargado, es que se lo cargado".
SAMEER AL-DOUMYAFP
Hablaban del golpe a Aleix Gómez en la penúltima jugada del partido ante Eslovenia. Después del gol decisivo de Dujshebaev (23-21) y un siete metros transformado por Jure Dolenec (23-22), la selección contó con un minuto y 20 segundos para dejar morir el partido, para marcar y subirse al podio y ahí el balón llegó al extremo. Muy escorado, podía marcar. Muy escorado, se lanzó a por ello. Hubo un claro contacto del esloveno Blaz Janc, pero no se pitó nada y todavía hubo que sufrir 20 segundos más. Gómez ya no se levantó. Tendido sobre la pista necesitó ser rescatado por un compañero, el pivote Abel Serdio, que lo cogió en brazos y lo tumbó al lado del banquillo. Incluso cuando Pérez de Vargas hizo la última parada, Gómez siguió inmóvil, dolorido, roto.
Más de una hora después los que salían del vestuario comentaban que ya se encontraban un poco mejor, pero que todavía sentía muchísimo dolor en la pierna izquierda. Al volver a España, este lunes, se realizará pruebas médicas, aunque antes le quedaba la ceremonia de las medallas, la clausura y ya en Madrid "una comilona" que la Federación había prometido al equipo. Allí, en el restaurante que sea, seguramente volverá a sonar el hit: "Oh, soledad, dime si algún día habrá, entre tú y el amor buena amistad".