Athletic y Real Sociedad se vieron durante muchos minutos fuera de la Copa del Rey, pero con un penalti en la prórroga los bilbaínos y dos paradas de Unai Marrero, en la tanda de penaltis, los dos equipos vascos están en cuartos.
El partido más loco se vivió en el Reino de León, con los seis goles en los primeros 45 minutos, una prórroga y una pena máxima decisiva para culminar la remontada. Y es que la Cultural puso al Athletic contra las cuerdas desde el minuto 16, con un gol de Iván Calero. Guruzeta empató en el 26 pero, en la jugada que se inició en el saque de centro, el madrileño volvió a marcar.
La respuesta se la dio de nuevo el goleador del Athletic. Sufrían los de Valverde, que se vieron 3-2 abajo con un penalti de Rubén Sobrino por mano de Vivian. Sin embargo, Sancet con el tiempo cumplido, marcó un penalti hecho sobre Nico y puso la igualada.
La situación se complicó más para el Athletic al inicio de la segunda mitad con la expulsión de Paredes por insultar al árbitro. No se arrugaron los leones, pero tampoco el equipo de Ziganda, que les forzó a una prórroga decidida con otro penalti a Nico que marcó Unai Gómez.
Iñaki Williams intenta recortar a la defensa de la Cultural.J.CASARESEFE
Tanto o más que el Athletic se tuvo que aplicar la Real para remontar a Osasuna. Le sorprendió Moncayola en el minuto 4 con un derechazo a bote pronto desde la frontal del área y, en el 17, puso un córner que, un mal despeje de Oyarzabal, convirtió en el 0-2.
Espabilaron los donostiarras, pero el zafarrancho de remontada lo tocó Turrientes con un gol en el 75 que incendió Anoeta para, con el tiempo cumplido, forzar la prórroga con otro de Zubeldia.
En el tiempo extra, como el Athletic, tuvo un penalti a favor por mano de Javi Galán que, inesperadamente, Oyarzabal falló. Guedes tuvo en sus botas evitar los penaltis, pero erró. En la tanda apareció su héroe, Unai Marrero, que atajó dos penaltis a Moncayola y Catena.
Los países de Oriente Medio se han convertido en la última década en un destino muy apetecible para jugadores y entrenadores de fútbol y fútbol sala por los altos salarios que ofrecían federaciones y clubes, pero ahora, tras el estallido de la guerra con Irán, esos contratos se han convertido en muchos casos en un problema que les ata a permanecer en esos países.
Desde la pasada semana se está produciendo la evacuación de deportistas y sus familias tras paralizarse las competiciones por la amenaza constante de los ataques iraníes a sus vecinos del Golfo, aunque hay países que van retomarlas. En la Liga de las Estrellas de Qatar, suspendida el 1 de marzo, se volverán a disputar partidos este jueves 12 de marzo. La mayoría de clubes han recuperado los entrenamientos, lo que ha retenido a muchos profesionales ante el temor a incumplir sus contratos o, simplemente, porque los equipos no les permiten marcharse.
Es el caso de un jugador que tuvo que bajarse del autobús que este lunes le iba a conducir de Doha a Riad para coger el vuelo chárter fletado por la Federación Española (RFEF) para volver a España. Su club no le dio permiso para marcharse. "Por la mañana están entrenando y por la tarde caen misiles", cuenta a El Mundo fuentes federativas que siguen en contacto con todos los españoles que permanecen en Oriente Medio.
De hecho, a todos ellos les ha ofrecido asesoramiento legal sobre qué recogen sus contratos sobre situaciones de peligro. "Muchos de ellos tienen abogados, pero alguno ya nos ha remitido su contrato para estudiar si hay alguna cláusula que recoja lo que pueden hacer ante una situación como la que están viviendo", asegura el secretario general de la RFEF, Álvaro de Miguel.
La situación entre los futbolistas y entrenadores de los países afectados, fundamentalmente Qatar y Kuwait, ha sido en las últimas dos semanas de "temor" por la situación de sus familias, en algunos casos con menores, y "caótica" por las informaciones contradictorias sobre qué pasará con las competiciones en toda la zona.
Una directriz de la FIFA
Los primeros en alzar la voz pidiendo ayuda a la FIFA han sido los comités de entrenadores de las federaciones de Portugal, España, Italia, Alemania, Inglaterra, Francia, Países Bajos y Turquía. Todos han firmado una carta conjunta remitida al departamento legal del máximo organismo solicitando "orientación y medidas regulatorias de protección" ante la "incertidumbre jurídica y contractual" que viven los entrenadores.
Varios de ellos, informan a la FIFA, han mostrado su preocupación por abandonar "temporalmente" el país donde trabajan por razones de seguridad. De hecho, insisten en que en muchas jurisdicciones del Golfo, los contratos de trabajo y la residencia "están vinculados al club empleador a través de sistemas de patrocinio, lo que significa que salir del territorio puede requerir autorización previa del club u otras autoridades administrativas", explican en la carta.
Por eso recuerdan a la FIFA que, como su marco regulatorio reconoce "la posibilidad de rescisión del contrato por justa causa (artículo 14 del RETJ)", así como por "circunstancias de fuerza mayor en situaciones excepcionales que afecten al normal cumplimiento de las obligaciones contractuales". Por eso le piden que les oriente y tome postura sobre la situación que se ha dado en Oriente Medio.
abandono de funciones
En especial, piden que, si los entrenadores extranjeros se marchan del país por "razones de seguridad", eso no se interprete como un "incumplimiento contractual o un abandono injustificado de sus funciones" y que proteja los derechos contractuales y profesionales. También solicitan su mediación con "las federaciones nacionales, ligas y clubes de los países afectados" para que aborden cada situación "de forma equilibrada y responsable".
En la misiva, los comités de entrenadores ponen sobre la mesa la preocupación que existe por las "consecuencias disciplinarias o contractuales derivadas de una salida motivada por consideraciones de seguridad", porque podrían enfrentarse a acusaciones de incumplimiento de contrato o abandono de funciones. En este sentido, le piden a la FIFA que aclare si, en situaciones de conflicto armado o de grave riesgo para la seguridad personal, la salida temporal del territorio por parte de un entrenador podría considerarse justificada según los principios de causa justa o fuerza mayor, "contribuyendo así a prevenir posibles disputas ante el Tribunal de Fútbol de la FIFA o el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS)".
"Creemos que el marco regulatorio del fútbol internacional debe ser capaz de responder adecuadamente a estas circunstancias extraordinarias. Dada la creciente preocupación expresada por los entrenadores que trabajan actualmente en la región, agradeceríamos enormemente la orientación de la FIFA lo antes posible, para que nuestras instituciones puedan brindar el apoyo y la claridad jurídica adecuados a nuestros miembros", concluye la carta firmada, en nombre de todos los comités, por el presidente portugués Henrique Calisto.
A España no sólo la ha encaminado hacia la cuarta Eurocopa de su historia el desparpajo de chavales en el campo, también fueron ellos los que dirigieron los festejos. En el césped hubo lágrimas, abrazos, manteos a De la Fuente y fotos, muchas fotos, pero pareció una celebración contenida hasta que estalló en el vestuario. Música y baile bajo la batuta de, cómo no, de Nico y sobre todo Lamine Yamal. Fue el DJ, contagió a Álvaro Morata en calzoncillos e hizo bailar no sólo a su hermano Williams, MVP de la final, sino a los lesionados Rodri, Pedri, Ferran y hasta Gavi y Navas, que movió su dolorida cadera. No se quedaba atrás tampoco Fermín, otro del clan salvaje.
A sus 17 años, Lamine tuvo un momento de tranquilidad sobre el césped, jugando con su hermano pequeño, pero luego dio rienda suelta al festejo, primero con un sombrero y después con gafas de sol camino del autobús. "Es increíble poder estar aquí. ¿A Cibeles? No, a Madrid". Antes, una foto con la copa y dos checks: "La ESO. Campeón de Europa". La fiesta acababa de comenzar.
Ya había sonado Raphael, la Potra Salvaje y toda la playlist que ha acompañado las previas de los siete partidos y había quien empezaba a desesperarse. "¡Creo que ya me están llamando!". Cucurella no dejaba de apretar el claxon del autobús, rápidamente personalizado con la pegatina de campeones de Europa, mientras Rodri se emocionaba recordando su lesión, su MVP y su primera Eurocopa. "Cuando ha marcado Mikel, me he puesto a correr como un loco y se me ha olvidado la lesión hasta que el médico me ha dicho '¡eh, ojo!'. Estaba muy triste, pero chapeau por estos chavales".
A su lado, Nico Williams casi soltaba una lágrima recordando a su familia. "He hablado con mi hermano a través del móvil de mi madre porque yo no he podido ver el mío todavía. Me ha dicho que me quería y que está muy orgulloso, que el nombre de los Williams está en el cima del fútbol mundial", y casi se rompe al hablar de su madre: "Mis padres lo han pasado muy mal, especialmente mi madre. Esto es para ellos".
La fiesta en la zona mixta la puso Álvaro Morata, capitán y convertido en DJ de la selección por un ratito. Con un altavoz gigante en la mano con la bandera de España, el grupo caminó con por el pasillo de medios con una cerveza en la mano y al ritmo de una versión tecno del Viva España de Manolo Escobar. "Esto es tremendo", admitía Le Normand. "Algo único", reconocía Navas. "Dentro de nueve meses va a haber un boom de natalidad", vacilaba Cucurella. El lateral, uno de los hombres de esta Eurocopa que aún ayer escuchó pitos, tendrá que pensar si se tiñe la melena de rojo, como prometió. Antes pagó otro peaje: en la cena de los campeones, ya en el hotel con las familias, Morata le hizo subirse a la mesa, agarrar el micrófono y cantar la canción que le dedican en Inglaterra. "Cucurella se come una paella, se bebe una Estrella. Tiembla Haaland, que viene Cucurella", interpretó entre el júbilo de sus compañeros.
También tuvo tiempo el lateral del Chelsea para enviarle un recadito a Gary Neville en sus redes sociales. El comentarista de Sky Sport había dudado de él. "Pienso que Cucurella es una de las razones por las que España no puede llegar a la final", dijo. "Llegamos a la final. Gracias por tu apoyo", le contestó el catalán son sorna.
Era el momento de las risas, aunque a Oyarzabal, autor de un gol para la historia, le costó desatarse. "Lo primero que pensé al marcar fue en si había sido fuera de juego, porque era muy justo. Luego ya sólo escuchaba gritos", bromeaba. Alguno eran de Álex Remiro, el único jugador que no ha disputado un minuto en esta Eurocopa, pero que predijo el gol de su compañero en la Real. "En la merienda me dijo que hoy marcaba", confesó el vasco. No fue el único. "Le dije 'cómo te huele el pie a gol, niño', y he acertado. Igual me tengo que dedicar a eso", bromeaba Morata.
No salió el capitán con un balón bajo el brazo, pero sí Ferran, Pedri y Fabián. "Nos los vamos a llevar todos", decía el andaluz entre los gritos de Viva España del canario, enfundado en su bandera. A todos les costó anoche hacerse fotos en el césped con sus amigos y familiares. La seguridad del estadio impedía que bajaran al césped y Laporte o Dani Olmo tuvieron que acercarse a negociar.
Lamine juega con su hermano pequeño.F. VOGELEFE
Lo consiguieron Zubimendi, cuyos familiares llevaban la camiseta de la Real Sociedad, los de Ferran y los hijos de Morata, que lloraron de emoción tanto como su padre antes de comenzar a jugar con un balón en el césped ajenos al jolgorio en el que Lamine se había puesto un sombrero con los colores de la bandera y Luis de la Fuente volaba por los aires manteado.
Guardó el seleccionador un discreto segundo plano. Eso sí, se hizo una foto con sus sobrinos y la bandera de La Rioja con el nombre de Haro e hizo una piña con sus seres queridos, como si el partido fuera a comenzar. Quien fue corriendo a abrazarle fue el padre de Lamine, consciente de lo que la apuesta del seleccionador ha supuesto para su hijo. Lo llevaba en la mano: el trofeo de mejor joven. Apareció poco más De la Fuente, por los compromisos federativos y por su perfil. Salió del vestuario casi por la puerta de atrás y con la camiseta de Reyes de Europa en la mano.
La Copa fue del vestuario al autobús en un arcón, pero era imposible que permaneciera guardada. La sacó Morata, que le cantó el 'No puedo vivir sin ti' de Coque Malla y la manosearon todos. Hasta el Rey Felipe la alzó sobre el césped como si fuera un jugador más.
A la celebración sólo le faltó una traca, esa que el delegado Fernando Giner, valenciano, se quedó con ganas de tirar a las puertas del Olímpico.
No puede el Barça vestir siempre de gala, pero cuando se pone el mono y se afana también se convierte en un equipo temible que te destroza en tres zarpazos. Así, con más control que brillantez, liquidó al Brest para encaramarse a los primeros puestos de una Champions en la que se maneja con un andar seguro, en el que casi nadie acierta a cortarle el paso. [Narración y estadísticas: 3-0]
No fue tan fiero el Brest como lo pintaban o quizá al Barça le caló hasta los huesos el mensaje de desconfianza. Lo cierto es que logró que el equipo francés pareciera ramplón, la versión que ofrece en la Ligue 1 tan alejada de sus números europeos. Y eso que su gigantón delantero Ajorque quiso intimidar y marcar territorio ante Cubarsí en la primera pelota del partido. Fue la única vez que pudo hacerlo porque su equipo apenas fue capaz de pisar el área.
El Barça estaba dispuesto a sacudirse las dudas que le lastraron en Vigo y San Sebastián, pero es que antes siquiera de asimilarlo ya tenía el marcador a favor. Un pase de Pedri al corazón del área lo controló con el pecho Lewandowski cuando fue arrollado por el meta Bizot. El colegiado bosnio ni dudó. Señaló el punto de penalti y el polaco marcó su gol 100 en la Champions League, el que se sienta en la mesa de Cristiano Ronaldo (141) y Messi (129). La segunda juventud que está viviendo desde la llegada de Hansi Flick está haciendo que sea un arma infalible que siempre, siempre aparece cuando más lo necesitan, como los superhéroes.
El susto se lo habían llevado los franceses y los azulgranas se ajustaban el traje de que les ha confeccionado el alemán. Recuperaron la presión alta, por momentos asfixiante, y Pedri, batuta en mano, aceleraba el juego buscando las diabluras de Raphinha y que Dani Olmo y Fermín entraran en calor. El equipo se había adueñando del balón y obligando al Brest a esforzarse mucho en defensa para evitar los huecos que iba encontrando Raphinha. Primero entre los centrales para dejar a Fermín en un cara a cara y después con un centro al punto de penalti que el andaluz engatilló al lateral de la portería.
Amasaba el partido el Barça pero le faltaba romperlo. Ataques largos, buscando a Gerard Martín, a Dani Olmo, algo precipitado siempre, y Raphinha, para que de nuevo la segunda mejor ocasión del partido fuera un testarazo picado de Fermín que Bizot salvó con los pies como un portero de balonmano. No lograba engordar un marcador que noqueara a su rival y reflejara la facilidad con la que lo había maniatado. Al regreso del vestuario, los azulgranas sabían que tenían que afinar para no vivir en el alambre de una ventaja corta, pero antes despertó el Brest.
No le quedaba más remedio a los franceses que dar un paso adelante, igualar la presión, el robo y las carreras hacia Iñaki Peña. Apareció Sima, movió el banquillo Eric Roy y puso el campo a Baldé para romper a la espalda de Gerard Martín. Nada le funcionó. Y mientras, Dani Olmo se empeñaba en salir de la zona gris. Remató un centro de Koundé que salvó bajo palos el capitán Chardonnet para, justo antes de que Flick le mandara al banquillo, cazar el centro raso de Gerard Martín para vengarse del central francés con un control orientado, un regate y batir el arquero francés. Suspiraba el jugador, que necesita volver a ser tan explosivo como cuando se vistió de azulgrana por primera vez. Además, debe mostrar que puede hacerlo junto a Pedri antes de que el regreso de Gavi y De Jong, anoche silbado en Montjuic, le multiplique la competencia.
Con los tres puntos más cerca del bolsillo, Flick agitó su banquillo para que la revelación no se le revolviera. Y no pudo hacerlo el conjunto que había sorprendido en esta Champions. Hasta pudo verse con un gol más en contra en un error en salida de balón que Pablo Torre, en un robo en la medialuna, remató excesivamente cruzado. Parecía que el Barça no tenía chispa para golear al Brest, pero entonces apareció Robert Lewandowski para hacer el tercero, agrandar su figura y mantener su camino firme por Europa.