El alemán Thomas Müller, dos veces campeón de la Champions League (2013 y 2020), ha anunciado este sábado su marcha a final de temporada del Bayern de Múnich, club en cuya cantera se enroló en el 2000. El delantero logró la cifra récord de 12 títulos de la Bundesliga con el club.
En un mensaje subido en sus redes sociales en forma de carta enviada a los aficionados del Bayern, Thomas Müller, de 35 años y campeón del mundo en 2014 con Alemania, explica que hubiera deseado estar una temporada más en el club de su vida, pero que la dirección decidió no ofrecerle un nuevo contrato.
“Después de que en los últimos días hayan circulado muchos rumores sobre mí, quiero aportar claridad”, empieza el mensaje de Instagram en el que confirma informaciones que habían aparecido en los medios de comunicación.
“Incluso después de todos estos años, independientemente de los minutos que juegue, me sigue gustando mucho estar en el campo con los muchachos y luchar juntos por títulos para nuestro equipo. Podría haberme imaginado fácilmente asumiendo este papel también el año que viene”, afirma el delantero, que ha visto reducirse drásticamente sus minutos de juego en las dos últimas temporadas, y ahora sólo desempeña un papel secundario a las órdenes del entrenador Vincent Kompany.
“Sin embargo, el club decidió conscientemente no negociar un nuevo contrato conmigo para la próxima temporada. Aunque esto no coincidía con mis deseos personales, es importante que el club siga sus convicciones. Respeto este paso, que la directiva y el consejo de vigilancia no han tomado ciertamente a la ligera”, afirma Müller.
El delantero llegó a las categorías infantiles del Bayern en 2000. En 2008 debutó en el primer equipo y en 2009 se convirtió en titular y dio el salto a la selección alemana absoluta con la que sería campeón del mundo en 2014.
El centrocampista ha jugado 743 partidos con el Bayern y es el jugador que más veces ha vestido la camiseta del club bávaro.
Müller no quiso revelar sus planes para el futuro y dijo que, de momento, quiere concentrarse en lograr las metas de la temporada.
“Ahora hay que concentrarse en las metas de la temporada. Sería un sueño volver a ganar la Bundesliga y alcanzar la “final Dahoem (la final en casa en dialecto bávaro) de la Liga de Campeones. Gracias por todo lo que ha sido y lo que vendrá”, subrayó.
Algunos decían, y dicen, que estos cuartos de final de la Liga de Campeones son los mejores de la historia. Los ocho clubes que han llegado hasta la penúltima ronda de la mayor competición continental asustan, aunque siempre unos más que otros. Los tres equipos españoles sabían lo que querían y lo que no, y en el sorteo de los cruces, podríamos decir que uno de ellos ha tenido más suerte que los demás. El Atlético de Madrid se medirá contra el Borussia Dortmund, el rival más flojo, mientras que el Barcelona recibirá al PSG de Kylian Mbappé y el Real Madrid se volverá a ver las caras con el ogro de Europa, el Manchester City, sufriendo el partido de vuelta en el Etihad Stadium.
Las cuatro eliminatorias son las siguientes, con el primer equipo jugando en casa el partido de ida:
Arsenal - Bayern Múnich
Atlético de Madrid - Borussia Dortmund
Real Madrid - Manchester City
PSG - Barcelona
Lo primero que hay que destacar es el regreso del cuadro de Carlo Ancelotti a Manchester, a la casa del actual campeón, hogar de Pep Guardiola, de Erling Haaland, de Kevin De Bruyne... Un equipo que el curso pasado fue capaz de endosarle al Real Madrid la peor derrota de la temporada. Un 4-0 que le dejó fuera de la final y que dolió más que cualquier otra derrota de los últimos años.
En la ida, en la misma situación que vivirá este año, el conjunto madridista fue capaz de ponerse por delante con un gran gol de Vinicius Júnior, pero el tanto de De Bruyne en la segunda parte dejó la eliminatoria un poco cuesta arriba. En tierras inglesas, el City arrasó a los blancos y se erigió como el mejor equipo de Europa.
Ancelotti aterrizará en la eliminatoria sin Alaba y con las dudas de Courtois y Militao, que están en los últimos pasos de su recuperación de las lesiones de ligamento cruzado y podrían ser parte del equipo durante el cruce. Pero sobre todo, llegará con Bellingham y Vinicius convertidos en una de las mejores parejas de Europa. No está Benzema, pero sí Jude. Ahí reside la ilusión madridista ante un City que no ha cambiado con respecto a la pasada campaña. Al contrario, es todavía mejor.
En Barcelona, la noticia del regreso de Kylian Mbappé ha despertado cierto temor. En los octavos de la 2020-2021, el delantero galo anotó un hat-trick en el Camp Nou para sentenciar el partido de vuelta y eliminar al conjunto liderado por Leo Messi. Será una eliminatoria para juzgar al máximo nivel la capacidad defensiva de los de Xavi Hernández, en una zaga en la que ha sorprendido Cubarsí, ante un PSG guiado ahora por Luis Enrique, ex entrenador culé. Otro reencuentro con miga.
Los franceses, sin Messi ni Neymar, parecen ahora más equipo que antes a pesar de tener menos nombres. En octavos fueron mejores que la Real Sociedad, siempre con Mbappé como ejecutor de su ofensiva.
En el Metropolitano, siempre con cierta calma, no podían esconder las sonrisas esta mañana. En unos cuartos con el City, el Bayern, el Madrid o el PSG, la suerte les ha cruzado con el Borussia Dortmund, sobre el papel el rival más débil de los ocho que estaban en liza. Lo más preocupante puede ser ese partido de vuelta en el Signal Iduna Park de Dortmund, pero los de Simeone aparecen como favoritos ante el equipo liderado por Marco Reus y Jadon Sancho.
Arsenal y Bayern disputarán la única eliminatoria sin equipos españoles de los cuartos de final. Mikel Arteta intentará seguir haciendo historia con los 'gunners' en su regreso a la Champions ante unos alemanes que ahora lidera Harry Kane tras su salida del Tottenham. La vuelta en Múnich decanta un poco el cruce para el Bayern, aunque el conjunto alemán ha dejado muchas dudas este curso en la Bundesliga, superado por el Bayer Leverkusen de Xabi Alonso.
De superar sus eliminatorias, Atlético y Barça se verían las caras en las semifinales, mientras que el Madrid se enfrentaría al ganador del Arsenal-Bayern. Pero para eso primero hay que pasar por los cuartos, que se disputarán el 9 y 10 de abril (la ida) y el 16 y 17 de abril (la vuelta).
El Inter resolvió con un penalti de Hakan Calhanoglu su durísimo compromiso ante un Arsenal que mereció mejor suerte en el Giuseppe Meazza. El equipo de Simone Inzaghi, con una defensa totalmente renovada, llevó a buen puerto su agónico ejercicio de supervivencia. Después de cuatro jornadas, Yann Sommer aún no ha encajado un gol. [Narración y estadísticas (1-0)]
Una mano de Mikel Merino en el añadido del primer tiempo penalizó a los gunners, que llevaron la iniciativa (62% de posesión) y generaron innumerables ocasiones en sus 13 saques de esquina. En la segunda parte, Denzel Dumfries sacó un balón sobre la línea de gol y Yann Bisseck taponó un remate de Kai Havertz que parecía el 1-1. Al vigente campeón de la Serie A le bastó con su único disparo a portería. Desde los 11 metros, Calhanoglu, de regreso tras una lesión en el muslo, batió por primera vez en el torneo a David Raya.
El buen arranque del Inter se limitió a 10 minutos. Desde ese momento empezó a sentirse más conforme cuando lograba sorprender con espacios. Su producción ofensiva de la primera media hora hora se redujo a un madrugador remate de Dumfries que reventó contra el travesaño. Enfrente, el Arsenal también jugaba al despiste, intentando aprovechar algún balón parado.
La mano de Merino
No hubo un remate visitante ante Sommer hasta que Bukayo Saka se animó con una diagonal desde el perfil derecho. Un par de minutos después, Gabriel Martinelli dispuso de tiempo para telegrafiar un centro hacia la cabeza de Merino, obstaculizado de malas maneras por el guardameta suizo. Nada quebaba ya de aquel Inter presionante de los primeros minutos, así que los londinense aprovecharon la inercia para acercarse con siete saques de esquina, nada menos.
Cuando el coliseo milanés suplicaba por el descanso, un libre directo de Calhanoglu hacia Mehdi Taremi fue pobremente defendido por Merino. Mal perfilado para el despeje, el navarro tocó el balón con el antebrazo. Una golosina para el turco, casi infalible desde los 11 metros. Más dudas para los gunners, que llegaban con el paso torcido tras sumar un solo punto en las tres últimas jornadas de la Premier.
La ventaja, cómo no, agudizaría las prevenciones del Inter, intentando esconder su debilidad defensiva en las cercanías de su área. Si a ello añadimos las dificultades de Sommer en los balones altos, lo normal es que el 1-1 se hubiese concretado antes de la hora de juego. Havertz trazó una sutil parábola con la zurda que obligó a Sommer a una reacción felina. El cerco se estrechaba y los más de 70.000 hinchas nerazzurri andaban con el alma en vilo. De nada sirvieron los intentos de Inzaghi para refrescar su línea de medios con Nicolo Barella y Henrikh Mkhitaryan. Para el último cuarto de hora necesitaba cloroformo, pero finalmente le bastó con su tradicional cinismo. Así terminó desesperando a los londinenses.
El cabezazo de Musiala para el triunfo del Bayern.AP
En Múnich, ese mismo triunfo por la mínima se resolvió por cauces totalmente distinos. Un cabezazo de Jamal Musiala hizo justicia al aplastante dominio del Bayern (1-0) frente a un Benfica que sólo quiso ver correr las manecillas del reloj. Manuel Neuer ni siquiera tuvo que atajar un solo disparo, así que la situación de Vincent Kompany ya no parece tan desesperada en la Champions.
La velada ya arrancó torcida en Múnich, con un intervención de urgencia de los servicios médicos en la Südkurve y otro contratiempo aún más extraño. Davide Massa, conminado por la UEFA, debió retrasar un cuarto de hora el pitido inicial para permitir que los aficionados pudiesen llegar al estadio. Según informó el club bávaro, los retrasos se debieron a una avería en las señales del metro que accede a las cercanías del Allianz Arena.
Los riesgos de Neuer
Quien sí se había acomodado en su asiento era Franck Ribery, que eligió mala noche para la visita. Porque el Bayern volvió a mostrar algunas de sus recientes carencias. Caía una ligera niebla sobre Múnich y el equipo de Kompany no concretaba su manejo (76% de posesión). El empuje durante los 45 primeros minutos, con 10 disparos y siete córners sólo inquietó a Anatoliy Trubin con un intento de Harry Kane y otro de Serge Gnabry, solventado con brillantez por el meta ucraniano.
El Benfica, con cuatro cambios respecto a aquel once que decepcionó ante el Feyenoord, mantenía sus naves amarradas a puerto. Su único acercamiento llegó tras una temeridad de Neuer a casi 50 metros de su portería, que quedó en nada por falta previa de Zeki Amdouni sobre Alphonso Davies.
Hasta el más apasionado de los lisboetas podría entender que los 90 minutos se harían demasiado largos en Múnich. También para futbolistas de la talla de Renato Sanches, de regreso a su ex feudo, o Ángel Di María, que saltó al césped en sustitución de Kerem Aktürkoglu. A la vieja usanza, el Bayern encajonó a su adversario hasta hacer justicia. El Benfica suma ya 13 partidos europeos sin victoria frente el gran ogro bávaro.
Ave, César, los que van a ganar te saludan. El César de la Champions no es el César de Roma, al que ofrecían su muerte delincuentes y gladiadores en el coso del Capitolio. La gente del Madrid no piensa jamás en la muerte, ni siquiera con los dos pies en el cadalso, como volvió a estar ante el Bayern, porque su único 'memento mori' es la victoria, la cumpla la estrella de Vinicius o la buena estrella de Joselu en su 'momento Champions', en su 'momento Mbappé'. [Narración y Estadísticas, 2-1]
Una transformación indescifrable la de este antidivo como indescifrable es este equipo. De Lisboa a Kiev, el rastro de sus conquistas es como el perímetro de un imperio, la Roma del fútbol. El apolíneo templo de Wembley aguarda, pues, al Madrid de los increíbles, al Madrid Imperator.
La vida y la muerte, la victoria y la derrota juegan con nosotros, nos escogen, pero no hay nadie a quien el destino quiera tanto como al Madrid, como prueban sus 14 triunfos en 17 finales, no siempre en partidos dominados, en ocasiones asediado, como en Saint Denis o en el Etihad, y al borde de la eliminación, que es como estaba en el Bernabéu cuando Neuer, dueño de un acto pletórico, fue un niño en el patio del colegio. Joselu, el más pillo de la clase, lanzó el balón a la esperanza, a dos minutos del final, y a Wembley, cuando todos mueren menos el Madrid.
Al Bayern le quedan las quejas, y seguramente con razón, por un polémico final en el que se hizo un lío incomprensible el colegiado Marciniak, al pitar antes una acción que debería haber dejado continuar y en la que el balón acabó en la red de Lunin. Para eso está el VAR. Pero la realidad es que el equipo bávaro perdió el partido por sus errores en los momentos de temblor del Bernabéu que nadie sabe explicar. Ni Tuchel ni Guardiola. Nadie.
EL MIEDO A LOS ERRORES
Al Bayern le gustan las mismas cosas que al Madrid. Le gusta correr. Si algo le importaba, sin embargo, es que no lo hiciera el rival, porque cuando eso sucede, el Bernabéu es como un desfiladero por el que no se desboca simplemente un equipo de fútbol. Es un alud, un alud blanco. Las precauciones mandaban, pues, sobre los atrevimientos, con dos futbolistas más capaces de estar en su sitio frente a un ataque posicional que los que lo hicieron en la ida. Se trataba de De Ligt y Pavlovic. Tuchel no tenía prisa ni obligaciones por el resultado, y tenía miedo.
También Ancelotti, que no tuvo reparo en reconocerlo, pese a las bromas de Carvajal. Ningún inteligente esconde el miedo. Lo siente, lo observa, lo analiza y lo combate. Ancelotti no podía hacerlo como Tuchel en el Bernabéu, por lo que lo hizo mediante la seguridad en los pases.
Una pérdida era un apretón del rosario, y en esto es mejor mirar a la pelota que al cielo. Cuando eso ocurre, mal asunto. El Madrid sabía que debería llevar el peso del juego y la instrucción es que siempre empezara en Kroos, un tipo con aspecto de no perder nunca las llaves de casa. Asegurar las transiciones y arriesgar solo cuando el balón llegara a Vinicus y Rodrygo.
El show de Vinicius
Vinicius, en un lance del juego.MariscalEFE
Lo hizo Vinicius nada más sonar el silbato y perder la primera pelota el Bayern. Levantó los brazos y se dirigió a la grada en busca de la acústica que provoca el techo cerrado del Bernabéu. Estaba inyectado, quizá demasiado, pero era lo que el momento pedía. Vini, centrado o en la banda, iba a demostrar quién es, y quién es en la Champions, lo que no ha podido hacer Mbappé, ya eliminado.
Empezó por un lanzamiento al palo que Rodrygo remachó al cuerpo de Neuer. Nada más empezar la segunda parte buscó el uno a uno en la izquierda. Ni Laimer ni Kimmich, dos jugadores excepcionales, pudieron, ni por separado ni juntos, frente al brasileño. Otra vez Rodrygo desperdició el regalo de su compatriota, pero Vini no paró hasta provocar lo mejor de Neuer y, finalmente, lo peor, su error fatal.
La segunda consigna de Ancelotti era cerrar las bandas a Sané y Gnabry, en las que Carvajal y Mendy empezaron por no ceder ni un palmo. Gnabry encontró un aclarado gracias a Musiala en el arranque, aunque mal solucionado. Poco después fue al banquillo, lesionado, para dejar su lugar a Davies. Diablo por diablo, era más diablo en segundo, como demostraría con el 'zigzag' y el latigazo que cambiaba el decorado.
Musiala y el diablo Davis
Que se equivoque el contrario, pensaba Tuchel, al que no le importaba un partido largo, larguísimo, mientras estuviera en la eliminatoria. Renunció a cualquier tipo de presión alta y esperó a que aparecieran los espacios. No llegarían para el Bayern hasta la segunda parte y cuando eso ocurrió aparecieron Musiala y Harry Kane.
Pocos se mueven igual en ese territorio. Tuchel cambió la posición de Musiala, de la banda, donde jugó en Múnich, a la mediapunta. Lo poco que el Bayern podía filtrar con intenciones partía de sus botas, muy poco durante el primer tiempo. Apenas una volea de Kane pudo encontrar el equipo alemán en ese tramo, un pobre balance ofensivo.
La estirada del Madrid en el segundo y el desgaste acumulado los permitieron y fue Musiala el primero que provocó lo mejor de Lunin en un disparo a quemarropa. Estaba claro que el Bayern había encontrado caminos hasta enconces cerrados. Kane se unió a su compañero para encontrarlos. En el caso del inglés hablamos de un delantero centro que es mucho más, con movimientos y cambios de juego propios de un centrocampista cuando se retrasa unos metros. Cumple ese rol en el equipo bávaro como en la selección inglesa. La acción en la que cedió para la carrera de Davies fue un ejemplo.
Ancelotti buscó entonces en el banquillo soluciones, con Joselu y Brahim, como soldados de reemplazo que siempre están en su sitio, dispuestos para la misión. El cazagoles que llegó sin jerarquía para llevar el 9 las encontró en el miedo ajeno, por dos veces, para citarse con el sorprendente Borussia Dortmund en la final del 1 de junio y llevar más allá los límites de este imperio que pocos comprenden y tantos aman.