Difícil recordar una sesión clasificatoria tan dispar, tan divertida, tan necesaria. George Russell conquistó en Montreal la segunda pole de su vida, con el mismo crono que Max Verstappen (1:12.000). Desde el GP de Europa de 1997, la Fórmula 1 no asistía a un desenlace similar. Y desde el GP de Bélgica 2021, con sus dos coches fuera de la Q3, Ferrari no fracasaba de un modo tan insolente. Entre tantos sobresaltos, Fernando Alonso pudo al menos salvar la situación para Aston Martin, con un sexto puesto en la parrilla que bien debe dejarle satisfecho.
Había que oír gritar a Russell cuando le cantaron por radio la buena nueva. Y ver la cara de satisfacción de Verstappen, víctima de numerosos problemas a lo largo del fin de semana, ante las cámaras. Las actualizaciones aerodinámicas habían convertido a Mercedes en la referencia, mientras Red Bull tenía que esforzarse como uno más. Otro síntoma de que algo anda cambiando en el Mundial 2024.
En verdad, Red Bull había perdido por el camino a Sergio Pérez, recién renovado hasta 2025. Por tercera carrera consecutiva, el mexicano no lograba alcanzar la Q2, sin poder alcanzar siquiera a Daniel Ricciardo y Yuki Tsunoda, los pilotos de Visa Cash App RB, filial de la escudería austriaca. Sobrevolaban las nubes por el Circuito Gilles Villeneuve, sin descargar nunca con la intensidad esperada, mientras Checo pagaba su frustración a base de puñetazos.
El susto en la curva 4
Verstappen ya había padecido lo suyo, salvando la papeleta en la Q2 al volante de un RB20 inestable, impredecible. Russell también pudo esquivar el desastre con un rectificado en la curva 4, rematado con un alarido: “Santo Cielo”. En ese momento, el más inspirado parecía Lewis Hamilton, dominador en el primer parcial, el más decisivo en este trazado. Sin embargo, el heptacampeón se vino abajo en el momento decisivo y partirá séptimo.
Aunque si algún equipo estuvo irreconocible, sólo cabe señalar a Ferrari. Sin estabilidad, sin velocidad en un trazado donde se perfilaban como favoritos, Carlos Sainz y Charles Leclerc cayeron con estrépito en la Q2. Dos semanas después de su triunfo en casa, el monegasco andaba tan furioso que ni siquiera quiso decir nada en caliente. Carlos, algo más comedido, hizo hincapié en la falta de agarre.
“No vamos a ninguna parte”
Esas gotas caprichosas, ese continuo abrir y cerrar de paraguas, terminaron por desquiciar a Ferrari. No aprovecharon un rebufo, no encontraron soluciones en una pista siempre cambiante y perdieron la batalla ante el Williams de Alex Albon. Cuando pudo tranquilizarse, el veredicto de Leclerc ante los micrófonos resultaba demoledor: “En condiciones de seco simplemente no vamos a ninguna parte. El coche, sencillamente, se siente mal”.
En esas aguas procelosas, Aston Martin supo al menos optimizar sus recursos. Durante la Q3, después de que todos optasen por los neumáticos usados para su primer intento, Alonso se sacó de la manga una fantástica vuelta (1:12.228), casi medio segundo más rápido que Lance Stroll. Trepar tres posiciones más hasta el podio, desde luego, se antoja casi una fantasía ante McLaren. Porque Lando Norris y Oscar Piastri, tercero y cuarto, se perfilan con más opciones de pelear contra Russell y Verstappen que de ceder terreno ante el AMR-24.
El 23 de noviembre de 2022 fue uno de los días más funestos en la historia del fútbol alemán, estremecido por una derrota ante Japón que precipitaría el adiós a la Copa del Mundo y supondría el primer clavo en el ataúd de Hansi Flick. Aquel 1-2 estuvo a punto de llevarse por delante la carrera de Nico Schlotterbeck, un prometedor defensa de 22 años a quien su seleccionador venía mimando desde las divisiones inferiores. Las críticas, despiadadas, se cebaron con el central, convertido hoy en jugador franquicia del Borussia Dortmund.
El seísmo originado en Doha tuvo su réplica el 9 de septiembre de 2023 cuando Japón propinó otro durísimo 1-4 del que ya nunca se repondría Flick, el primer técnico destituido en la historia de la Nationalmannschaft. Durante aquella noche lúgubre de Wolfsburgo, Schlotterbeck formó también como titular. Esta vez como lateral izquierdo. Su segunda debacle frente a Takuma Asano, autor del 1-3, que ya le había dejado en evidencia en el Khalifa International Stadium. "Se lo pusimos demasiado fácil, sobre todo en la forma en que encajamos. Especialmente el 1-2: no sé si alguna vez se ha marcado un gol más fácil en un Mundial", lamentó entonces Ilkay Gündogan.
El actual delantero del Mallorca había ridiculizado dos veces a uno de los mejores talentos de la cantera alemana. El mismo que cinco meses más tarde disputaría la final de la Champions ante el Real Madrid y que ahora se dispone a ampliar su vínculo con el Dortmund, asciendiendo, de paso, un par de escalones en el escalafón del vestuario. De tercer capitán, tras Emre Can y Julian Brandt, a próximo portador del brazalete.
Balones largos y buenas conducciones
Schlotterbeck piensa renunciar a contratos más jugosos siguiendo el consejo de Robert Schneider, el agente que ya guio los últimos años de Lothar Matthäus y Oliver Bierhoff. Zurdo de gran prestancia, destaca por su excelente manejo, especialmente en los balones largos. Durante la última Champions fue el segundo central con más pases que rompieron la línea rival (132), sólo por detrás de su compañero Mats Hummels (133). En la pasada Bundesliga lideró dos apartados estadísticos: posesiones ganadas (245) y metros conduciendo el balón (4.690), con amplia ventaja sobre Xavi Simmons, segundo con 3.890 metros.
"Tiene mucha confianza en sí mismo y sabe lo que hacer con el balón", dijo Flick en mayo de 2022, nada más convocarle por primera vez con la absoluta para un partido oficial. A los 22 años y seis meses, Nico debutaría en la segunda jornada de la Nations League ante Inglaterra (1-1). No se trataba de un amistoso cualquiera en Múnich, dado que aquella noche Flick ensayó por primera vez con una línea de tres centrales. Desde el primer minuto, Schlotterbeck evidenciaría su calidad en ataque como las carencias a la hora de guardar la espalda. Un pecado mortal para el actual técnico del Barça, que mecaniza cada movimiento en busca de la perfección defensiva.
"Implica muchos riesgos"
Con cartel de favorito, el líder de LaLiga visita hoy el Signal Iduna Park, guarida de un Borussia demasiado irregular en la Bundesliga, pero que ha sabido optimizar su superioridad ante Brujas, Celtic, Sturm Graz y Dinamo Zagreb. No hay demasiada fe con Nuri Sahin en el banquillo, pero tras la venta de Niclas Füllkrug al West Ham, la leal Südtribüne empieza a acostumbrarse a los goles de Jamie Gittens y Serhou Guirassy. Nada resulta sencillo tras el éxito del pasado curso y las despedidas a Marco Reus y Hummels. Ahora se precisa de un paso al frente de Schlotterbeck.
El viejo Westfalenstadion vibró el pasado 29 de junio con su ídolo, titular con Alemania en el cruce de octavos de la Eurocopa. Nico sustituía al sancionado Jonathan Tah y completó ante Dinamarca 90 minutos a la altura, con asistencia incluida para el 2-0 de Jamal Musiala. «Mi forma de jugar implica muchos riesgos. En los últimos tiempos he intentado minimizarlos, aunque he metido la pata dos o tres veces», admitió durante una entrevista con el Westdeutsche Allgemeine Zeitung. Schlotterbeck, por el que el Dortmund pagó 25 millones al Friburgo en 2022, bien vale hoy tanto riesgo.
Había llegado desde Linares sin sus padres, sólo unos meses antes, con el sueño anticipado de una vida mejor. Tenía 14 años y aún no había completado los estudios básicos, así que tendría que trabajar en lo que saliera. Junto a su abuela y sus tíos, José Urtiaga se instaló en La Serreta. Desde allí arriba divisaba buena parte de las casas de Rubí, uno de los pueblos de Barcelona que por entonces acogía a oleadas de emigrantes. La ubicación de aquella barriada, cosas del destino, iba a salvarle la vida. Porque el 25 de septiembre de 1962 una devastadora riada se llevó por delante a un millar de personas en el Vallés Occidental. Sin embargo, aquella tragedia también sembraría el germen de un equipo de fútbol. O más que eso. Un símbolo de la esperanza. El Juventud 25 de Septiembre, club de barrio, orgullo, inspiración, resistencia.
«Lo primero que dieron a los damnificados fueron casas fabricadas en madera. Luego tardaron unos dos años en levantar el barrio. Como homenaje a las víctimas, lo llamaron 25 de Septiembre. En 1968 nació el club de fútbol con el mismo nombre, gracias un grupo de chavales que sentían la inquietud del balón», relata Urtiaga a EL MUNDO, con un deje charnego inmune al paso del tiempo. A estas seis décadas desde aquella catástrofe hidrológica, desatada en menos de tres horas, cuando se registraron precipitaciones de más de 200 litros por metro cuadrado. La crecida de los ríos Llobregat y Besós arrasó las precarias viviendas instaladas en las rieras secas de Rubí, Terrassa, Montcada, Sabadell, Cornellá y Gavá.
Urtiaga ha ejercido en el Veinti como jugador, entrenador, coordinador de la cantera, directivo y presidente. De 1976 a 2010. Por eso no hay nada en su historia que se le escape. Desde la fundación, en un bar de Rubí llamado Los Cazadores, hasta hoy mismo. Porque Saúl, uno de sus nietos, forma parte del primer equipo, que compite en la Primera Catalana, séptimo escalón de nuestro fútbol. Con un presupuesto anual de 45.000 euros para la primera plantilla. Una suma, casi irrisoria, que emparenta con sus propios orígenes. «Al principio, los chicos recibieron el apoyo de quienes regentaban algún negocio, alguna tienda, lo que fuera. Ni siquiera disponían de un campo de juego, así que tenían que alquilar el de la UE Rubí», añade Urtiaga.
«nadie se ha sentido desplazado»
Eran tiempos de reconstrucción tras las inundaciones. La dictadura había regado Rubí con 50 millones de pesetas en concepto de indemnización y otros 250 millones en obras a fondo perdido. Cantidades fabulosas para la época. Mientras el aparato de propaganda pregonaba la visita del Caudillo a la zona, los viñedos dejaban paso a la metalurgia y la industria química. José compaginaba el fútbol con sus ocho horas en Cremalleras Relámpago. En aquella gran fábrica, reducida hoy a su mínima expresión, conoció a Ana, quien sigue siendo su esposa.
Para asombro de ella, empleaba muchos domingos haciendo por el Veinti lo que jamás se permitió en su propia casa. Lavadoras. Llenas de camisetas, pantalones y medias de sus futbolistas. A finales de los 70, el club ya contaba con su propio rectángulo de juego. «Se aprovecharon unos terrenos abandonados. De un estercolero hicimos un campo de tierra. Y era la envidia de nuestros rivales porque desaguaba mejor que ninguno». Ese carácter familiar dotó de una idiosicransia integradora al equipo, donde a juicio de Urtiaga «nadie se ha sentido desplazado». «Siempre hemos aportado algo para la formación de los niños. Y eso, tarde o temprano, te lo terminan devolviendo».
La fiesta del 25 de Septiembre, tras el ascenso a Primera Catalana.
Cuatro décadas después, el Veinti anda embarcado ahora en la reforma integral de su estadio. Cada mañana, Esteban Camino abre las instalaciones. A última hora, después de los entrenamientos, también echa la llave. Es conserje y director deportivo. Supervisa las obras y realiza labores de scouting. Tras abandonar su anterior trabajo, quiso establecerse a tiempo completo en el equipo de su vida. «Este es un club muy humilde, nacido en una barriada obrera. Al principio todos los jugadores procedían de las casas de aquí al lado y eso le otorgaba un carácter muy familiar. Ahora intentamos mantener ese vínculo participando en todos los eventos organizados por la asociación de vecinos». Y no sólo se trata de una paella popular el primer fin de semana de julio, fiesta mayor del barrio.
«Nuestros padres y abuelos nos contaron muchas historias y hoy nos sentimos muy identificados con Valencia»
Esteban Camino
Cada 25 de septiembre, una delegación del club se acerca a una plazoleta del barrio para el minuto de silencio y la ofrenda floral con la que Rubí homenajea a sus muertos. Jóvenes y mayores, representantes políticos, entidades locales. Todos aferrados a un sentimiento. «Recordar la rierada también es recordar la solidaridad y la resiliencia de la ciudad. Porque de aquellos hechos terribles, Rubí también supo aprender», proclamó en 2023 la alcaldesa Ana María Martínez (PSC). Si aquellas enseñanzas sirviesen hoy para Valencia...
«En el barrio hay consternación con los desastres de la DANA. Nuestros padres y abuelos nos contaron muchas historias y hoy nos sentimos muy identificados. Sobre todo, desde el pasado lunes, cuando nos saltaron las alarmas en los móviles, porque por aquí también estábamos en alerta roja. Afortunadamente, todo quedó en un susto», detalla Camino. En su Veinti, recién ascendido a Primera Catalana, no hay un minuto de tregua. Ni en la competición, ni en la cantera. «En un sitio como este, tan modesto, no puedes venir a lucirte ni a dártelas de nada, sino a trabajar», zanja Urtiaga.
El 25 de Septiembre, en una imagen de finales de los 70.
Antes de jugar con las inferiores de España y debutar con la absoluta de Ecuador, Diego Almeida dio allí sus primeros pasos como central. En su banquillo también se sentó Santi Fernández, campeón de la Superliga y la Copa de la Reina con el Espanyol (2006). «Aunque no se formase aquí no quiero olvidar el apoyo que nos brinda Víctor Sánchez», concluye sobre el ex volante perico, natural de Rubí y con 302 partidos en Primera.
La actual plantilla refleja la diversidad étnica de una ciudad de 80.000 habitantes, situada a apenas 20 kilómetros de Barcelona. Los apellidos españoles conviven con los senegaleses y marroquíes. «Tenemos que acoger a todo el mundo porque cuando alguien tiene una necesidad hay que ayudarlo», sostiene José, con la severidad de quien sufrió los rigores de la emigración. Urtiaga vive desde 1964 en el 25 de Septiembre. Su barrio, su club, su vida. «En mi escalera somos ocho vecinos y aún quedamos seis que llevamos allí desde el inicio. Las otras dos familias son de origen latinoamericano y marroquí. Gente maravillosa».