El Real Madrid anunció este lunes en un comunicado que ha presentado una denuncia ante el Comité de Disciplina de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) contra el árbitro que dirigió su partido ante Osasuna, Juan Martínez Munuera, por “la redacción negligente del acta arbitral”, en el que asegura que “omitió de forma voluntaria y deliberada” los insultos que recibió el brasileño Vinicius Junior.
El conjunto madridista también ha presentado una denuncia ante el mismo órgano federativo en relación con los “citados insultos y gritos vejatorios”, y ha dado traslado de los mismos a la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte, con el objetivo de que se identifique a las personas que los realizaron en El Sadar para que sean sancionados.
El Real Madrid da el paso de la denuncia al colegiado Martínez Munuera lamentando “los graves insultos proferidos, una vez más, contra Vinicius Junior”, en esta ocasión en el estadio de Osasuna.
“Redacción negligente”
“Nuestro club ha presentado una denuncia ante el Comité de Disciplina de la Real Federación Española de Fútbol contra el árbitro del partido Juan Martínez Munuera, como consecuencia de la redacción negligente del acta arbitral”, asegura en un escrito en el que apunta que el colegiado “omitió, de forma voluntaria y deliberada, los insultos y gritos vejatorios dirigidos de forma reiterada hacia Vinicius, pese a ser advertido de manera insistente por nuestros jugadores en el mismo momento en el que estos se estaban produciendo”.
“Ante estos lamentables hechos ocurridos en El Sadar, el Real Madrid ha ampliado la denuncia que el pasado viernes 15 de marzo presentó ante la Fiscalía General del Estado contra los delitos de odio y discriminación, por los insultos racistas y de odio dirigidos hacia Vinicius en las inmediaciones del estadio Olímpico de Montjuic y del estadio Metropolitano de Madrid, solicitando que se identifique a los autores de los mismos”.
El equipo presidido por Florentino Pérez cierra su comunicado condenando los “violentos ataques de racismo, discriminación y odio” que está sufriendo de forma reiterada Vinicius, y exige “que se tomen, de una vez por todas, las medidas que sean necesarias a fin de erradicar la violencia”.
La mente es un misterio. La de una estrella del fútbol, sometido a las mil y una presiones, un misterio insondable. Es inútil, pues, preguntarse qué pasó por la cabeza de Mbappé para realizar una entrada como la que hizo sobre Antonio Blanco en el centro del campo. Brutal. Ni siquiera el francés tiene la respuesta, porque no podía achacarse a la derrota ni a la impotencia, ya que en ese momento ganaba el Madrid en Mendizorroza. Simplemente, pasó. Corresponde a Mbappé la penitencia; al Madrid, la reprimenda, y al Comité de Competición, la sanción.
Lo que si es posible es preguntarse por las consecuencias. Por fortuna para el francés, no las sufrió el Madrid en el marcador ante un Alavés tan intenso como romo, y que, además, perdió por lo mismo a Manu Sánchez en el tramo final. El castigo a Mbappé, en cambio, si será una merma en una Liga cuesta abajo para el Barcelona. El gran interrogante es si le privará de la final de Copa. Inicialmente no, al referirse Soto Grado en el acta a una "fuerza excesiva", no a una agresión. Las agresiones pueden ser castigadas con cuatro partidos o más y afectar a ambas competiciones, no sólo a la Liga. El hecho de que Antonio Blanco continuara en el campo juega, asimismo, a su favor.
Primera roja en seis años
El francés no había visto una roja directa desde septiembre de 2018, con el PSG. Hace más de seis años. No estamos ante un futbolista problemático ni siquiera en las protestas, como ocurre con Vinicius. Mbappé suele huir de lo tóxico, de las situaciones conflictivas en el terreno de juego. En Mendizorroza, cuando observó cómo Soto Grado, advertido por el VAR, iba a ver la jugada al monitor tras haber sacado la tarjeta amarilla, ya inició los pasos para irse del campo. Lucas Vázquez hizo su papel como capitán, mientras en el banquillo Davide Ancelotti hacia un gesto claro al ver la acción en un dispositivo. Inapelable. Su padre, sancionado, lo presenció desde el palco, mientras escondía su cigarrillo electrónico.
Era el minuto 38 del partido, con una hora prácticamente por delante. El Madrid se acababa de adelantar, gracias a un disparo de Camavinga, y se disponía a administrar esfuerzos, con el Arsenal en la cabeza de todos. La inferioridad numérica lo complicaba frente a un rival intenso desde el principio, con presión alta y posesión, pero poca claridad para asaltar el área. Apenas unas manos fáciles había tenido que poner Courtois en el primer tiempo. Tras el descanso, el Madrid necesitaría más de su portero, con un rival volcado sobre su área.
Ancelotti estaba ante el dilema de reservar titulares para el sueño de la remontada, el miércoles, o exprimir al equipo para asegurar que la victoria del Barcelona en Leganés no acabara por generar una distancia casi insalvable cuando restan siete jornadas de Liga. Intentó hacer las dos cosas, al dejar a Vinicius y Bellingham en el banco, pero mantener en el once a Rüdiger o Valverde, pese a estar entre los más cargados de partidos. El inglés y el brasileño entraron pasada la hora de juego, en una situación más comprometida.
Güler, error y pase
Güler tuvo sus minutos como titular. En el mejor de los desmarques, falló ante el portero y recibió un impacto de Owono por la inercia del movimiento. Más acertado estuvo en la pared con Camavinga que habilitó al francés para un disparo colocadísimo a la red. Un gol redentor tras la roja que vio en Londres y que le impedirá jugar la vuelta. En Mendizorroza fue de lo mejor, el sostén de los suyos.
La salida de Vini fue providencial, porque en una de sus primeras carreras al espacio fue cazado por Manu Sánchez. Como Mbappé, el jugador del Alavés impactó en la pantorrilla del brasileño, pero con menos violencia. Se marchó entre maldiciones, porque sabía lo que suponía. El conjunto del Chacho Coudet perdía la ventaja numérica sin haber podido igualar el choque. Lo cierto es que sin haber estado cerca.
A las dos expulsiones les acompañaron un saco de tarjetas amarillas en un partido con más tensiones de las esperadas, dado lo ajustado del marcador y la situación de necesidad de ambos equipos, por el título y por la permanencia. El Alavés hubo de correr riesgos, lo que abrió los espacios para Vini y Bellingham, cerca del gol en un 'tuya-mía' de patio de colegio. El partido pedía otra cosa. Mbappé, mientras, continuaba con su debate interno. Podrá jugar la final de Copa y el clásico de Montjuïc, pero la oportunidad de redimirse entre los suyos por semejante mancha llega antes: Arsenal.
«Hola, soy Toni Kroos y quiero que me tatúes a mi perro». A Alejandro del Mazo (@delmazotattoo) le costó un buen rato comprobar que el whatsapp que acababa de recibir no era obra de algún amigo gracioso. Asimilado el encargo, poco después estaba concretando detalles con el futbolista alemán, recibiendo fotos de su brazo, «analizando cada poro de su piel», el tapiz donde iba a plasmar su obra. La existencia le estaba dando un vuelco al joven madrileño, que desde niño se recuerda dibujando «monigotes, monstruos, personajes de Star Wars». Tatuar a un futbolista es como exponer en el Louvre. Nueve días después, el Real Madrid disputó la ida de cuartos ante el Manchester City y cuando Kroos se disponía a botar un córner, ahí estaba, para todo el mundo, el tatuaje realista de Julius.
«Después, en cada abrazo de Kroos al ganar la Champions, todo el planeta tierra estaba viendo mi obra», sigue alucinando Delma, como le conocen sus amigos en Villaviciosa de Odón. A sus 32 años admite que le ha cambiado la vida. De aquel whatsapp tras un cúmulo de casualidades y regates del destino ha pasado poco más de un año y esta misma semana Fede Valverde ha desvelado todo su brazo derecho, jalonado de leones. Alejandro se ha convertido en el tatuador de las estrellas, la recompensa a años de formación para pulir un precoz don artístico, el del dibujo realista, del que es un referente, pues se desempeña con la perfección y el detalle de un orfebre. Impresiona cómo refleja hasta las gotas de sudor, para lo que utiliza con mucha sutileza tinta blanca.
Sentado en su cabina del Drama Tattoo, en Alcorcón, Alejandro repasa su vertiginosa historia de éxito. Hace no tanto «repartía pizzas y vendía maletas en Gran Vía». Su pasión, el retrato, no le daba para mucho más que para exponer sus obras a boli bic en el Auditorio de su pueblo. Hubo dos elementos que lo iban a cambiar todo para bien de su arte. Las redes sociales -«podía llegar a la gente que admiraba, trataba que esa persona famosa viera su retrato. A Connor McGregor conseguimos que le llegara. Me sentía realizado y feliz»-. Y los tatuajes. «Nunca quise ser tatuador. Unos amigos me animaron a hacerlo. Pero fue empezar y llegaron los resultados. Me daba dinero fácil y me resultaba sencillo. Tenía 20 años y trabajaba en curros de mierda», hace memoria.
Del Mazo, con las camisetas y fotos de alguno de los futbolistas a los que ha tatuado.Angel NavarreteMUNDO
Plasmar en piel ajena el rostro de un ser querido, de un antepasado o de una mascota conlleva una mochila de responsabilidad. «Además de la experiencia, tengo mi propia técnica. Lo visualizo todo por capas y uso mucha tecnología. La puedes acabar liando. La piel no siempre tiene las características que uno piensa y te frustra. Es un lienzo humano y hay un montón de cosas que pueden salir mal si no lo tienes todo controlado», admite.
A Kroos llegó a través del brazo de su peluquero, del tatuaje en el que reparó el alemán. «Le dijo que estaba buscando un tatuador de confianza en España y le gustó mi trabajo. Le dio mi contacto. Pero tardó un año en llamarme. Él (Toni) estaba esperando el momento idóneo, como buen alemán es muy cuadriculado. Tenían una semana de descanso en marzo de 2024, justo antes del partido de cuartos contra el City», cuenta Alejandro, que, llegado el momento, se recuerda «acojonado». «Yo estaba muy rayado por si no se le curaba bien. Fue una incertidumbre brutal. Nunca había tatuado a ningún deportista de elite. De normal tienes que dejar unos días sin actividad física por el tema de la sudoración, pero él tenía que entrenar al día siguiente. Le dije que me fuera contado, pero nada, ni un mensaje. Justo el día del partido salió con la camiseta corta y vi mi tatuaje impoluto. Fue como un alivio y empecé a flipar», relata.
Del Mazo, con Toni Kroos.@delmazotattoo
Fueron seis horas en la casa del alemán, donde hasta le invitó a cenar unos solomillos con judías verdes. Alejandro se permitió la osadía de cambiar la idea inicial de Kroos, que quería la huella de su perro recién fallecido. «Mi fuerte es hacer retratos. Al final fue elección mía, también el sitio. Sabía que él era el que sacaba los córners y el antebrazo era el lugar que más se iba a ver. No sólo en la tele, incluso en el FIFA», proclama.
Aunque fue un boom para él, hasta Valverde también llegó por obra del destino, de un retrato del propio uruguayo que había tatuado a un cliente: «De alguna forma lo invoqué». Mina Bonino, la mujer de Fede le contactó por Instagram y al poco se pusieron manos a la obra. Esta vez en sesiones cortas, desde finales de diciembre hasta esta última semana, desde el codo hasta el hombro. «Es un proyecto más grande y fuimos poco a poco. Así pasó más tiempo con él. Y me he ganado su confianza. Estamos viendo a futuro hacer otras cosas».
Alejandro del Mazo, tatuando a Fede Valverde.@delmazotattoo
También con Valverde hubo momentos de tensión. «Me pidió que no se viese el tatuaje, porque quería que fuese sorpresa, sólo enseñarlo acabado. Y por eso siempre juega con camiseta térmica. Pero en una conferencia de prensa salió con camiseta corta y se veía el león sin terminar. Era como ver los cimientos de una obra o el coche en el chasis».
La agenda de Del Mazo echa humo. «Luego he tatuado a Álvaro Rodríguez, que es uruguayo. Fede es su ídolo y son amigos. Le he hecho casi todo el brazo. También del Getafe a Uche. Y a Javi Sánchez, capitán del Valladolid», relata quien confiesa cómo se gana su confianza -«es como un diván y les acabas contando gilipolleces, les enseñas memes...», ríe- y su respeto: «Ponen su piel en mis manos, la dejo marcada de por vida con mi arte».
A Delma, que sueña con trabajar con Ilia Topuria, no le preocupa que muchos tatuadores «puretas» le critiquen. «El éxito depende de lo que cada uno considere como un logro. Yo sé lo que me hace feliz». Por eso nunca les pide dinero, prefiere la experiencia de convivir con sus ídolos y repercusión: «Subir contenido con ellos es más que suficiente. Hubo un Reel que llegó a los 30 millones de reproducciones».