El español Rodrigo Hernández, jugador del Manchester City, volvió a sentirse futbolista este martes al disputar los últimos diez minutos del partido contra el Bournemouth, correspondiente a la trigésima séptima jornada de la Premier League.
El Balón de Oro español se rompió el ligamento cruzado de la rodilla en septiembre en un partido de Premier League contra el Arsenal y esta era su primera convocatoria en ocho meses.
El jugador español había acompañado al equipo en los últimos encuentros, además de estar el pasado sábado en la final de la FA Cup, que el equipo de Pep Guardiola perdió contra el Crystal Palace, y por fin pudo volver a un terreno de juego este martes con el City ganando 2-0 al Bournemouth.
Rodri ha vuelto a tiempo para la recta final de esta Premier League, en la que el City acaricia la clasificación a la Liga de Campeones tras golear al Bornemouth de Iraola (3-1), y esto le servirá como calentamiento con vistas al Mundial de Clubes de la FIFA que comienza el 14 de junio y en el que los citizens son uno de los favoritos.
A los de Pep Guardiola les valdrá un empate en la última jornada para asegurar el pase a la máxima competición continental, ya que en un hipotético empate a 69 puntos tienen mejor diferencia goleadora que Newcastle United, Chelsea y Aston Villa.
El segundo hat-trick más rápido en la historia de la Champions League revivió al Real Madrid en el infierno griego de Atenas. Lo hizo Kylian Mbappé, claro, en seis minutos y 42 segundos, 30 más lento que Mo Salah (6:13 en 2022 contra el Rangers). Los goles del delantero francés descruzaron los brazos de Xabi Alonso, inmóvil después del inicial de Chiquinho para el Olympiacos. "Me quedo con los tres puntos y con las cosas que han pasado dentro del vestuario, con la unión y la implicación de los jugadores", admitió el técnico tolosarra.
Durante 14 minutos, entre el ocho y el 22, el conjunto blanco perdió en Grecia, ampliando su crisis de resultados y sensaciones y situando a este proyecto al borde del precipicio. Ahí surgieron los futbolistas. Arda Güler, Fede Valverde y Vinicius trataron de animar a sus compañeros, aplaudiendo, pidiendo calma y reclamando más combinaciones.
En unos minutos, el estadio Georgios Karaiskakis fue testigo de la reacción madridista, digna de un equipo que, a pesar de las críticas de los últimos días y de las dudas y problemas que han ido surgiendo estos meses, no se dejó llevar. Vinicius, en una de sus mejores versiones, Güler y Camavinga asistieron a Mbappé y el proyecto de Alonso resistió.
"Debemos estar juntos"
"Yo veo bien al equipo, pero claro que hay cosas que mejorar. Cuando juegas en un club como el Madrid es normal que la gente hable. Los jugadores tenemos que proteger al entrenador. Debemos estar juntos", reflexionó Mbappé en el césped del estadio. A unos metros, Camavinga también defendió a su entrenador: "Estamos más unidos que nunca. Haremos todo por ganar y por ayudar al míster. El resto son cosas de la prensa".
El Marriot de Atenas acogió a la expedición del Madrid, sin Florentino Pérez pero con José Ángel Sánchez, director general, al mando. Era un viaje demasiado largo para el presidente, que ya no se suma a vuelos de larga distancia en fase de grupos, pero la llamada admitida por Xabi Alonso en la previa descubrió un punto de apoyo hacia el técnico.
Todavía en el hotel, las molestias de Jude Bellingham en el sóleo dejaban un ataque con menos colapso que otras veces. Alonso apostó por Tchouaméni, Camavinga, Valverde y Vinicius, suplentes todos contra el Elche, y aunque el inicio fue un tanto dramático, los futbolistas más vigilados dieron un paso adelante, algo que también pedía el club durante esta semana. "Es su momento", se repetía desde el Marriot.
Camavinga, ante Podence, en el Georgios Karaiskakis.EFE
Así fue. Xabi recuperó a Ferland Mendy, que disputó su primer partido desde el pasado 26 de abril, cuando se lesionó en los primeros 10 minutos de la final de Copa contra el Barça.
La segunda parte dejó el susto del 2-3, pero el duelo se sentenció con el cuarto de Mbappé, su primer póker en la Champions y el sexto en la historia del Madrid. El francés va a la sombra de otras leyendas del conjunto blanco, como Alfredo Di Stéfano o Ferenc Puskas, que lo consiguieron dos veces, o como Cristiano, que lo logró en una ocasión. "Para los rivales es una pesadilla defender a Vini", elogió sobre su compañero, diferencial.
El brasileño asistió al galo en el cuarto de la noche y fue felicitado por Alonso en la celebración del tanto, en su sustitución y al final del encuentro. Tres abrazos de paz después de las polémicas de las últimas semanas y de su suplencia, la cuarta del curso, en Alicante.
Sin ansiedad que atenazara las piernas y sin miedo a arriesgar por si el error tenían un coste excesivo, Valencia y Espanyol se retaron con dos goles incontestables de Puado y Javi Guerra que les dejan un pasito más cerca de la permanencia matemática y uno más lejos de soñar con la pelea europea. [Narración y estadísticas (1-1)]
Ambos equipos fueron buscando poco a poco por dónde dañarse, ahora que ya son dos sólidos, que se han sacudido la losa que les lastró en la primera vuelta e incluso podrían en sus manos ilusionarse con un futuro europeo. Lo buscó con más ahínco el Valencia, que acabó empujando a los pericos a sobrevivir en su área agarrados a la estrella que siempre brilla de Joan García.
En casi nada se parecen los dos equipos que se buscaron en Mestalla a aquellos que sufrieron en Cornellá. Era como si no tuvieran pasado. Los pericos porque Manolo González dio con la tecla cuando todo pendía de un hilo; los valencianistas gracias a que Corberán ha obrado el milagro de una resurrección. Este era el partido que permitía respirar de una vez por todas y fue el Espanyol, aquel equipo endeble lejos de su estadio, quien se llevó un pellizco de un Mestalla que parecía inexpugnable.
Sin prisa, sin riesgos
Al inicio, el Valencia se enredaba camino del área blanquiazul, tanto que el mejor portero de LaLiga se permitió cocinar jugadas de ataque. En un saque buscó a Puado a la carrera a la espalda de Gayà para que el capitán descargara en Expósito, que armó un disparo desde la frontal que se estrelló en el palo. Ese atrevimiento a punto estuvo de costarle caro al guardameta, que se dolió de muslo derecho y el runrún de la lesión corrió por la grada hasta quedar en una falsa alarma.
Para despertar al valencianismo apareció Rioja, encadenando recortes a Romero para apoyarse en Javi Guerra y que sacara un centro que Hugo Duro cabeceó alto. Se durmió el partido, sumido en una pelea por el control que no llegó a las áreas. Buscaban los pericos sorprender a la espalda de una defensa atentísima con Tárrega expeditivo. Solo un cabezazo sin fe de Puado a las manos de Mamardashvili inquietó. Nadie arriesgaba porque no había prisa.
Por si acaso, el capitán del Espanyol desequilibró el duelo antes del descanso. Reclamó el Valencia la falta que Pulido Santana señaló de Almeida a Romero cerca del pico del área, pero Expósito acabó con el debate cuando su disparo lo tocó con la punta de la bota Puado para colárselo al portero georgiano por el primer palo. Ni rozó la maraña de piernas antes de acabar en el fondo de la portería.
Más energía con Mir
Obligado, el equipo de Corberán fue empujando a su rival, que se aculó cómodamente para defender una ventaja que les daba la continuidad en Primera, algo que no le pudo arrebatar un remate de cabeza de Javi Guerra desde el punto de penalti. Era la primera vez que probaba a Joan García. La segunda fue gol.
Al regreso del vestuario, el banquillo local energizó el partido. Rafa Mir se convirtió en la compañía de Hugo Duro, incomodando mucho al Espanyol. A la carrera salió el murciano retando a toda la defensa y, cuando se quedó sin opciones, se apoyó en Rioja para que filtrara una asistencia a Javi Guerra, que llegaba al área como un torrente y cruzó a la red.
El empate hizo instalarse al Valencia en campo contrario, trenzando y buscando la victoria mientras Manolo González no encontraba cómo sacar a sus hombres del asedio. Al salvador lo tenía bajo los palos. En el minuto 79, voló Joan García de palo a palo para evitar que se colara por la escuadra un centro de Diego López peinado por Gayà donde cualquier portero no habría alcanzado. Ese muro ya no lo pudieron tumbar.