Llega con el móvil, con el que pasa entre tres y cuatro horas todos los días, aunque con la sonrisa con la que estima el tiempo se intuye que es algo más. Nico Williams (Pamplona, 21 años) tiene una de esas risas contagiosas y una de esas personalidades que caen bien. Se extraña un poco cuando se le adelanta que, de fútbol, poco. Pero luego se relaja. Y se divierte. Y convierte las mentirijillas en respuestas sinceras de la juventud que tiene. Ju
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El fútbol le ha salvado la vida a Gianluca Scamacca (Roma, 1999) y no duda en reconocerlo. En el barrio a las afueras de Roma donde nació, Fidene, no había futuro y el presente era perseguir la pelota en la calle con los amigos. "Era difícil no acabar en determinados círculos. Gracias al fútbol no me he descarriado", confiesa el máximo goleador de la Serie A que hoy pondrá en aprietos a España.
A sus 25 años ha trotado por media Europa para acabar encontrando su lugar en el Atalanta en una temporada en la que ha marcado 19 goles, ha sido campeón de la Europa League y se le han abierto las puertas de la selección. Pero para radiografiar a Scamacca hay que volver al extrarradio romano y al origen de la fama de pendenciero que, según el propio jugador, arrastra desde los 16 años.
"Siempre la liaba en el colegio. Un día corté la luz de todo el edificio", relata el delantero, que comenzó a enmendarse en la cantera de la Lazio para después dar el salto a la Roma, donde comenzó a moldearse como goleador y a fijarse en los movimientos de Totti cuando le tocaba ser recogepelotas en el Olímpico. Nunca pudo ni siquiera entrenar con él. Con 16 años, la Roma lo traspasó al PSV, con 270.000 euros.
"Holanda es una escuela de fútbol. Fue una decisión atrevida de la que no me arrepiento", asegura el futbolista, que tuvo como entrenador a otro mítico Ruud Van Nistelrooy. Pero aquel no era su lugar. Scamacca, sin haber cumplido la mayoría de edad, tenía tres o cuatro tatuajes y en el campo era capaz de todo, algo que chirriaba en un equipo modosito. "Si hacía un taconazo me decían si quería imitar a Ibrahimovic. Me veían raro. Y yo no entendía que para ir a tomarme un helado con ellos tuviera que decirlo diez días antes", contaba el delantero en una entrevista a su regreso al Calcio.
Fue incapaz de pasar más de dos años en Eindhoven pero su figura ya apuntaba y sí, además de por los tatuajes, se asemejaba a la del astro sueco. 1,95 de altura, buen juego aéreo, potencia en el remate y capacidad de asociarse en el área. Un tanque que complica la vida a las defensas: "La verdad es que veía sus vídeos y pensaba que sí nos parecíamos. Me gustaba su atrevimiento y yo en el campo me transformo y soy capaz de todo: de dar una carrera más que el rival o de pegarle".
Scamacca, durante el partido ante Albania.EFE
Eso vio el Sassuolo para llevarla de nuevo a Italia A en 2017, pero las lesiones complicaron su carrera y comenzó a trotar por el Cremonese, el Ascoli o el Génova antes de volver para despedirse con 16 goles. Fue entonces cuando la Premier, el West Ham, sacó el talonario y pagó 29 millones. Eso a pesar de un sambenito que arrastraba sin poder evitarlo.
Familia conflictiva y prejuicios
Meses antes, su abuelo fue detenido por amenazar con un cuchillo a los clientes de un bar y su padre por destrozar con una barra de hierro varios coches de directivos de la Roma en la ciudad deportiva de Trigoria. "A mí padre lo veo muy poco. Mi familia son sólo mi madre y mi hermana", tuvo que aclarar el delantero.
Cinco goles en su primer mes en auguraban que había encontrado su lugar en el mundo en Londres, pero todo cambió por una lesión. "En la Premier, si no estás al 100%, te barren". De allí se trajo un enorme león tatuado en la espalda y un convencimiento: "Nunca subestimes el poder que tienes dentro".
Ese poder le llevó a Bérgamo el pasado verano. Gasperini iba a ser su domador y el Atalanta el equipo que le catapultara. 12 goles en la Serie A, seis en la Europa League, y el título, y otro más en la Copa. Son 19 en total y siete asistencias, números que no pasaron desapercibidos para Spalletti, que también ha tenido que amansar a la fiera.
En marzo lo dejó fuera de la convocatoria para los amistosos ante Venezuela y Ecuador. La razón es que en la anterior concentración se había quedado jugando a videojuegos hasta la madrugada.
"Nadie sale lo que hago en la habitación, pero hay prejuicios hacia mí desde que tenía 16 años", contestó airado el jugador, pero el aviso surtió efecto y Scamacca apretó para estar en Alemania: de sus 19 goles que le convierten en el máximo goleador azurro, diez lo consiguió desde marzo. Imposible que Spalletti, necesitado de acierto, le dejase de vacaciones, pero no lo tiene ganado.
Le da una de cal y otra de arena. "Me gustan las mechas con las que ha venido", dijo el primer día de concentración para rebajar la tensión. Después volvió a repartir elogios y avisos. "Veo crecimiento y tiene un poco de todo: tamaño, velocidad, técnica y goles. También un poco de pereza", advirtió el convencido de que, si agita el látigo, Scamacca despertará para ser letal.
Inglaterra vive en el debate y la presión. El país suma 58 años (desde el Mundial de 1966) sin ver a su selección ganar un torneo importante y lleva ya demasiado tiempo anunciando, sin suerte, que "el fútbol está vuelve a casa (football is coming home)". Tiene al mejor jugador de la última liga española, Jude Bellingham, y al nombrado MVP de la Premier League, Phil Foden, elevado por Pep Guardiola a los altares del fútbol inglés. Pero tras el debut ante Serbia en la Eurocopa la diana se ha puesto sobre el futbolista del Manchester City. No es la primera vez ni será la última.
El crecimiento de Foden con Guardiola es inversamente proporcional a la evolución del jugador en la selección. Unos le echan la culpa a Gareth Southgate, otros al propio centrocampista, pero la realidad es que la máxima estrella de la Premier League no rinde con la selección nacional. Y eso, en el país de los tabloides y el sensacionalismo, es carne para las fieras.
"No ha tenido ningún impacto y salía del lado izquierdo para ocupar el mismo espacio que Bellingham y Kane. Un desastre", dijo Yahoo. "No consigue sacar lo mejor de sí mismo con Inglaterra", asegura The Independent. "Inglaterra tiene un problema con él", publicó el Express. "Necesita recuperar su personalidad", le critica la BBC. "Vuelve a sufrir", resume el Mirror. "Tiene riesgo de convertirse en un enigma constante con la selección", avisa The Guardian.
Los dardos también van en la dirección de Southgate, muy criticado tras el estreno por la posición en la que jugó Foden. En el City, el centrocampista juega centrado, pegado a De Bruyne, cerca de Rodri y con la posibilidad de llegar mucho al área rival. Así nacieron gran parte de los 27 goles y 12 asistencias que sumó en la última temporada. Pero contra Serbia Southgate le situó en la banda izquierda y dejó el centro para Bellingham, autor del único gol del partido.
"No ha jugado ahí en el City, no le es familiar", le defiende The Independent. "Tienen libertad para intercambiarse la posición", insistió Southgate después del duelo. Pero la idea no cuajó.
Detrás de estas críticas se esconde una realidad: el deseo de gran parte de la opinión pública del fútbol inglés de que Guardiola asuma el cargo de seleccionador nacional. Nadie mejor que él ha entendido a Foden y justo ahí nace un pequeño conflicto entre los dos entrenadores.
"Preguntadle a Pep, con él juega en la banda, con libertad, no en el centro", contestó, molesto, Southgate en uno de los parones de la temporada. "Gareth sabe que puede jugar en todas las posiciones. Phil tiene instinto, no le voy a parar", contestó Pep.
Con 35 internacionalidades a sus espaldas, Inglaterra sigue esperando una gran noche de Foden con la selección. No la ha tenido. ¿La razón? "Lleva años madurando en la academia del City, donde todo está sincronizado, aquí hay que improvisar", insiste The Guardian.
Y ahí empieza todo, en la academia del City. Ahí le empezaron a poner el apodo de 'El Iniesta de Stockport', en referencia a su ciudad de nacimiento y a su parecido con el centrocampista español. "Andrés era muy, muy bueno. Es un gran elogio", ha dicho sobre el mote.
El número 47
En su espalda con el City, el número 47, en honor a su abuelo, Walter, fallecido a esa edad. Cuando Agüero dejó el equipo le ofreció el dorsal, pero Foden lo rechazó para mantener el homenaje familiar. Por él lleva también el segundo nombre, Phil Walter. "El número 10 es una responsabilidad muy grande, pero tengo una relación especial con el 47", resumió.
En Inglaterra, el 10, por la camiseta y por la posición en el césped, lo lleva Bellingham, mientras que Foden porta el 11 escorado a la izquierda. "Su personalidad no es como la de Bellingham", ha comentado Rio Ferdinand, leyenda de la selección. "Necesita dar un paso adelante", le animó Cesc Fábregas en la televisión británica.
En algunos tabloides han intentado construir una polémica alrededor de la relación entre los dos iconos de los 'Three Lions', pero ambos han salido a defenderse. "Es un gran talento, un líder. Nuestra relación en el césped es buena por momentos, está mejorando. Disfruto jugando con él", ha admitido esta semana Foden.
Recuperó la sudadera colgada del cuello, y en estos tiempos del márketing ya es imposible saber si es casualidad o si responde a una compleja estrategia de ventas de la marca que viste a la selección, que es Adidas y que es alemana, y que aquí tiene un mercado de muchos millones de personas. De negro riguroso, con la prensa de un color impreciso al cuello, el seleccionador compareció ante la prensa apenas 24 horas antes de medirse a Italia, buscando la clasificación directa como primera de grupo para octavos de final si gana y lográndola casi de igual forma si empata.
Luis de la Fuente volvió a insistir, a cuenta de Fabián, en que los españoles debemos valorar mejor lo que tenemos en casa, y la verdad es que viendo lo complicado que es moverse por las carreteras alemanas, quizá hasta tenga razón. Pero el caso es que, cuestiones mundanas al margen, al seleccionador se le ve contento, relajado, cómo no estarlo después de debutar con un 3-0 ante Croacia, un partido que le dejó "muy buenas sensaciones".
Vio el partido repetido al día siguiente y su mensaje es claro: buenas sensaciones, pero hay que mejorar. "Hay que tener humildad, y sabemos que no queda otra que mejorar en todas las facetas del juego", reconoció. "Estoy muy contento con el rendimiento de los jugadores el otro día, pero también estoy contentísimo con cómo entrenan los que no jugaron o no jugaron tanto", prosiguió.
Ganarle a Italia supone estar en octavos como primeros. "Italia es un equipo similar al nuestro. Es como si nos miráramos en un espejo. Han cambiado de seleccionador, tienen un espíritu de equipo encomiable, trabajan en conjunto y luego tienen grandes individualidades", explicó el técnico, que tiene a todos disponibles. "Nosotros estamos preparados para trabajar en el barro, en la grúa y en el despacho, donde haga falta", respondió a Spalletti, el seleccionador italiano, que horas antes dijo que ellos vestían de Armani, pero que se pondrían el mono de trabajo. A lo de Armani, también contestó De la Fuente: "Aquí somos de El Pulpo".
Por cierto, ¿ha muerto el tiqui-taca? "Intentamos ser superiores a los rivales, interpretando cada situación de juego. Tenemos jugadores para tener diferentes registros, pero no renunciamos al fútbol control, más combinativo", respondió. Insinuó que podría haber cambios, aunque aquí en Gelsenkirchen nadie apuesta por ellos.
Fabián, por su parte, que fue la estrella en el primer partido y que ayer compareció también por haber jugado en Italia mucho tiempo (cuatro años en el Nápoles), dijo estar orgulloso de llamarse Fabián Ruiz y sorprendió escucharle hablar en un perfectísimo italiano cuando los periodistas de aquel país le preguntaron. El chico no dijo mucho, pues le gusta más la hierba que los micrófonos. "Italia es la campeona de la última Eurocopa, sabemos los jugadores que tienen y va a ser un partido dificilísimo".
Alemania demostró ante Hungría que tiene todos los ingredientes de un campeón. Lidera su juego un centrocampista de época como Kroos, lo ejecuta una driblador insaciable como Musiala que además repitió gol, su columna vertebral la completan estrellas como Gündogan, que hoy vio puerta, y Wirtz y, por si fuera poco, en su portería brilla como en sus mejores días el veterano Neuer, salvador por momentos esta tarde. [2-0: Narración y estadísticas]
Nagelsmann repitió el once que arrolló a Escocia en la primera jornada, con Wirtz, Musiala y Havertz arriba y Kroos, Gündogan y Andrich en el medio. Los seis fluyen a la perfección, con Kroos en el eje, Andrich como perro de presa y los otros cuatro intercambiando posiciones sin parar. Es un fútbol bonito de ver, la verdad.
Y eso que Hungría saltó al césped consciente de su realidad en el torneo. Después del 1-3 contra Suiza, otra derrota les dejaba en el precipicio. A los 15 segundos, Neuer evitó el primer gol del partido ante la llegada de Sallai, que quería un aprobar un fallo de entendimiento entre Rüdiger y Tah.
Encerrada atrás pero con velocidad para salir a la contra, los magiares agradecieron no llevar el peso del duelo, como contra Suiza, donde sufrieron en las transiciones. En los primeros minutos, a Alemania no le quedó más remedio que buscar en largo a Havertz, poderoso ante Orban y a punto de hacer el primero en el 10. Gulacsi detuvo su volea, pero Hungría supo que su espalda estaba en peligro.
Esos ingredientes que hacen candidata a Alemania le permiten también dominar el juego con la pausa necesaria para generar espacios en la defensa rival. Un rato por la izquierda, otro por derecha, un pase atrás a Rüdiger, empieza de nuevo con Kroos... Y así hasta que aparece un hueco. Es la versión que más se acerca a un hipotético tiqui-taca. Así llegó el 1-0.
En el 21, cuando apareció el espacio, Wirtz recibió entre líneas, se giró y buscó a Musiala en la frontal, éste dejó de primeras a la llegada de Gündogan y después de un forcejeo con Orban, recogió el balón suelto y asistió a Musiala para que anotara su segundo gol de la Eurocopa. Hungría pidió falta, pero el VAR confirmó el tanto.
Los magiares, hundidos en el torneo con el gol, buscaron el empate, pero se encontraron con Neuer. En el 25, el portero voló en una falta de Szoboszlai que apuntaba a la escuadra y estuvo rápido para evitar que Bolla marcara el rechace.
Fueron los mejores minutos de los de Marco Rossi, que estuvieron cerca de empatar cuando Tah saltó para evitar el gol de Szoboszlai, desesperado.
Superado el susto, Alemania volvió a controlar el duelo camino del descanso. De nuevo moviendo a su rival, de nuevo esperando el espacio, sin prisa, sin pausa. En el 43, Wirtz encontró a Musiala en la frontal y el del Bayern armó rápido un disparo que rozó el palo izquierdo de la meta de Gulacsi.
Hungría todavía tendría otra oportunidad antes del intermedio. Szoboszlai lanzó una falta lateral que hizo estirarse a Neuer y Sallai marcó en el desvío, pero era fuera de juego.
En el segundo tiempo no se rompió el guion, asumiendo el combinado magiar que no iba a poder robarle la posesión a Alemania por mucho que lo intentara. Aguantar y esperar a la contra fue su plan. Ante eso, calma germana hasta que aparecieran las opciones.
En el 53, Gündogan comenzó a encontrar su sitio entre los centrales húngaros. Kroos le encontró, aunque Gulacsi sacó el disparo final, pero ya avisaba. En el 68, Mittelstadt arrancó con tiempo por la izquierda, Gündogan esperó el pase en el punto de penalti y definió con la izquierda a gol.
Sentencia alemana y hundimiento definitivo de Hungría, que tendrá que hacer cuentas, si es que le da alguna, para ver si puede entrar como una de las mejores terceras en caso de ganar a Escocia en el último partido.
El duelo no tuvo para más. Monólogo continuo de Alemania en busca de mayores alegrías y minutos para los suplentes de Nagelsmann. Kimmich casi hace el tercero en el 68 y en el 74, pero se encontró con un Gulacsi que evitó una goleada mayor volando también a un disparo de Sané. Alemania ya está matemáticamente en octavos de final.
Leo en 'Mil ojos esconde la noche', el libro monumental de Juan Manuel de Prada, la llegada de las tropas de Hitler a París. Aquellos muchachotes arios, de mandíbula cuadrada, que hacían que a las francesitas se les fuera el miedo al invasor y les entraran ganas de otras cosas. (Y que Ruanito contara de las bondades del Fuhrer y de la magnanimidad con la que el Reich trataba a los derrotados). Muchos años después hay que imaginar cómo serían esas
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El juez Joaquín Aguirre ha acordado citar como imputados a los ex presidentes del FC BarcelonaSandro Rosell y Josep Maria Bartomeu por los pagos que realizaron al número dos de los árbitros José María Enríquez Negreira. Cita también al hijo del ex dirigente arbitral y a los ex directivos azulgranas Albert Soler y Óscar Grau.
El titular del Juzgado de Instrucción número uno de Barcelona precisa que señalará próximamente la fecha para las testificales. Hasta el momento, Aguirre solo había citado como investigado al ex vicepresidente del Comité Técnico Arbitral, que se acogió a su derecho a no declarar esgrimiendo un deterioro cognitivo.
La decisión del juez tiene lugar después de que la Audiencia Provincial de Barcelona haya descartado la existencia de los delitos de cohecho y blanqueo de capitales y exculpado al presidente azulgrana Joan Laporta porque los pagos que realizó en su primera etapa como máximo mandatario estarían prescritos.
El instructor sigue investigando el caso por delitos como corrupción deportiva o falsedad al tiempo que ha acreditado que el Barça pagó 8 millones de euros durante dos décadas a Negreira para intentar influir en las decisiones arbitrales a favor del club catalán.
No era una frase hecha la de Sylvinho alertando de que su Albania pelearía por cada punto en esta Eurocopa. Es su descaro lo que está poniendo picante a esta competición que acostumbra a guardar alguna sorpresa. Desnudó a Italia a los 23 segundos y noqueó a Croacia en el añadido final después de una remontada liderada por Budimir que parecía inapelable. La cenicienta de un grupo con dos campeonas del mundo y una semifinalista ha salido respondona y obliga a echar cuentas a los croatas. En la última jornada, frente a Italia, si no ganan y España se descuida en sus deberes, pueden verse con los dos pies fuera de la Eurocopa.
Habían escuchado el avisoq ue lanzaron los albaneses en su estreno con Italia, pero no lo interiorizaron y a los once minutos ya deambula por el campo con el marcador en contra y sin encontrar su fútbol. No le coge la medida el equipo de Dalic a esta competición en la que está sufriendo mucho más de lo que esperado.
Ramadani, cómodo ante Modric, Brozovic y Kovacic sesteando bajo el sol de Hamburgo, vio escaparse a Asani en la banda y le buscó para que fabricara la jugada del primer gol. El ya jugador de Las Palmas, como si en las botas tematizadas con la imagen de Mario Bros tuviera un guante, le regaló un centro al punto de penalti a Laçi para que, de cabeza, batiera a Livakovic. Otra vez estaban por delante antes del cuarto de hora. Otra oportunidad para, esta vez sí, atar la victoria.
Con Croacia sin desperezarse a la le bastó con ordenarse y buscar la espalda de la defensa croata con contras que no podían frenar. De una pérdida de Modric pudo nacer el segundo gol en un remate a bocajarro de Asllani que atrapó Livakovic. Había optado Zlatko Dali por colocar a Perisic de carrilero zurdo y Albania se encontró con un filón que a punto estuvo de aprovechar Rey Manaj con otro testarazo a las manos del meta del Fenerbahçe.
El despertador de Budimir
Necesitaba reaccionar con urgencia Croacia y fue el osasunista Budimir quien hizo sonar el despertador. Recuperó en el centro del campo y asistió a Kramaric para igualar el marcador. Era el minuto 73 y tardaron sólo tres más en ponerse por de delante. Otra vez el goleador rojillo peleó un balón hasta la línea de fondo para dejárselo en el punto de penalti a Sucic, con la fortuna de que Gjasula lo tocó y acabó en el fondo de la portería.
Lo más difícil, salir del sopor, lo habían hecho. Ahora debían tirar de oficio para agarrarse al resultado y no echar una moneda al aire ante Italia en la última jornada. Pero Sylvinho pensó lo mismo. Había apuntalado a su equipo para aguantar el punto de brío que habían exhibido los croatas y se quedaba sin armas. Hasta que apareció Hoxha para estirar al equipo y volver a llevarlo al área croata. Nadie se rinde en Albania. Es una sensación que no conocen aún.
Por eso Hoxha, que juega en el Dinamo de Zagreb y sabe leer bien la mente de los croatas, se lanzó a intentar hacerles más daño. No importaba que el tiempo ya corriera en su contra porque no estaban dando muestras de ninguna seguridad. Aceleró, esperó a que apareciera por la orilla el carrilero Mihaj y asistiera a Gjasula para, esta vez sí, marcar en la portería de Livakovic. Con el empate a dos, Albania suma oxígeno, vida para intentar colarse al menos como tercera en los octavos de final con un fútbol sin miedo.
Es esa la sensación instalada ahora en el vestuario de Croacia, que no para de echar cuentas a ver qué resultado del España-Italia le daña menos para llegar con alguna opción a la última jornada. No tiene gasolina ni ideas el equipo de Modric, el reflejo de que esta generación de croatas que lleva entre las mejores del continente desde 2018, está encarando su final.
Los padres de Sergio Rodríguez se conocieron en una cancha de baloncesto. Eso podría explicar muchas cosas. "Cuando nací, los primeros regalos eran juguetes de baloncesto". En concreto, una canasta de los Celtics con la que jugaba compulsivamente en su habitación. Eso, también. O quizá el secreto del chachismo, esa marca ya para la eternidad de un jugador irrepetible, sea una frase de Pablo Laso: "Lo más importante, él ve esto como un juego".
Pepu Hernández, el entrenador que le hizo debutar con 17 años -en el quinto partido de unas finales ACB, en el Palau-, solía usar un juego de palabras con su pupilo, que también lo sería dos años después en el oro mundial de Saitama con la selección. Las letras que conforman el nombre de Sergio son las mismas que riesgo. Riesgo, imaginación, naturalidad, osadía, talento, profesionalidad y sobre todo, de nuevo, mucho amor por algo que él siempre vio como eso, un juego. El asombroso viaje del Chacho durante dos décadas es todo eso. De Tenerife a Getxo con 14 años, del Siglo XXI a Madrid, del Estudiantes a Portland, de Nueva York (paso por Sacramento) de nuevo a Madrid, del Real Madrid a Filadelfia, de la NBA a Moscú, del CSKA a Milán y del Armani de nuevo al Real Madrid, para cerrar una carrera repleta de éxitos, tres Euroligas, un Mundial, dos Eurobasket, Ligas y Copas en España, Rusia e Italia... y todo un MVP de la Euroliga en la temporada 2013-2014.
Pero Sergio Rodríguez es mucho más que su palmarés, es casi una filosofía. Un jugador que trasciende. Es el Chacho, el apodo que le pusieron en su primera preselección con España, en 2002, porque no paraba de decir, como buen canario, aquello de "muchacho". Jugaba entonces en La Salle con su primer maestro, Pepe Luque, y fue justo antes de marcharse a Bilbao, a esa experiencia llamada Siglo XXI, donde chavales cadetes y juniors convivían y se formaban baloncestísticamente. Fue por entonces cuando dio el estirón físico, aunque todavía le llamaban "polilla" porque no paraba de moverse.
Sergio considera aquellos años lejos de casa, previos al Estudiantes, clave en todo lo que iba a suceder después. El primer año en Madrid, donde se le atragantaron los estudios en el Ramiro, combinó el equipo EBA con el júnior y llevaba un mes de vacaciones cuando Pepu le llamó para la final contra el Barça. La noche antes había estado viendo la NBA y tuvo que despertarle una vecina. Aquella canasta en penetración en el Palau es el comienzo de un época. "Esos 20 segundos del final de liga con Estudiantes me marcaron. Nunca había ido convocado con el primer equipo. Venía de vacaciones, no me sabía las jugadas, estaba preocupado... Esa tensión desde el minuto uno de profesional me ha ayudado", confesaba en una entrevista con este periódico años después.
Ese verano también ganó el Europeo júnior, en Zaragoza, a las órdenes de Txus Vidorreta y con el 10 a la espalda (el eterno 13 lo llevó Antelo). "Un chico con mucho gancho", tituló su primer artículo en EL MUNDO un periodista que era a la vez admirador (como todos) de aquel insólito mago.
"El sueño de toda mi vida". La NBA fue la siguiente estación, a la que llegó con 20 años -dos años antes estuvo por primera vez en EEUU, en el Nike Hoop Summit de San Antonio-, campeón del mundo (esa semifinal contra Argentina...), número 27 del draft (por los Suns que tenían a Steve Nash y deciden traspasarle a Portland) y sin saber inglés. Y con el golpe de realidad de tantos, mucho banquillo y "pocas explicaciones" de Nate McMillan. Pero sin perder la esencia. "Podría estar triste si estuviese aquí perdiendo el tiempo, pero al contrario. Estoy mejorando técnica y físicamente y aprendiendo un idioma. Todo va muy bien para mí", confesaba en una entrevista a ABC en diciembre de 2006.
Sergio Rodríguez posa para EL MUNDO en Nueva York, en su etapa en los Knicks.EL MUNDO
Estuvo tres temporadas y media en Portland (coincidió con Rudy Fernández, con quien el destino le tenía preparada una despedida a la vez), unos meses en Sacramento (con Nocioni) y otro curso en los Knicks, vida en la Gran Manzana. El sueño se cumplió, con toda su realidad y toda su crudeza también. Se codeó con aquellos que admiraba (Iverson, Garnett...), danzó en ese mundo idealizado desde la infancia e incluso coleccionó momentos deportivos inolvidables. Pero se amontonaron las ganas de más. Tan valiente para partir como para regresar, sin pronunciar jamás una frase de arrepentimiento, y un fichaje por el Real Madrid de Messina.
Nada sencillo aquel ambiente, donde, él mismo lo reconoce, todo se magnificaba en negativo. Con Messina huido y Lele Molin a los mandos, los blancos se colaron muchos años después en una Final Four, la que iba a ser primera de muchas para el Chacho (aunque aquello fue un revés en el Sant Jordi, acabaría jugando seis finales y ganando tres Euroligas). Sin saberlo, aquel verano de tiroteos, de la llegada con pocas bienvenidas de Pablo Laso, era el comienzo de una era.
Rudy, Chacho y Llull, tras ganar la Euroliga de 2015.EL MUNDO
Con el estallido personal del Chacho en los playoffs de 2012, especialmente en las semifinales contra el Baskonia, cuando a su virtuosismo e imaginación se unió el acierto desde el triple. Esa primera etapa de lasismo fue su cénit, el MVP de la Euroliga, el título en 2015 en el Palacio... Hasta que la NBA volvió a cruzarse en su camino. Y los sueños de infancia, sueños son. Aunque el Chacho y Ana ya fueran padres de Carmela y aunque Claudio, su bulldog, no pudiera viajar con la familia a Filadelfia, donde eligió un apartamento en el centro de la ciudad.
Los Sixers se encontraron a un base diferente, maduro, inteligente, ambicioso. El Chacho asistió al debut de Joel Embiid, que le saludaba con una peineta en la visita de este periódico en febrero de 2017. Fue a menos en la rotación de Brett Brown y las ofertas para seguir un año más, demasiado inestables, no le convencieron.
Sergio Rodríguez, tras proclamarse campeón de la Euroliga en 2019 con el CSKA.Juan Carlos HidalgoEFE
Y cuando tocó volver a Europa, el Madrid ya había armado su equipo y el CSKA le puso sobre la mesa una oferta de esas que no se pueden rechazar. De USA a Rusia, la familia Rodríguez, una aventura vital que iba a coronar con su segunda Euroliga, en Vitoria 2019 (primer español en ganarla) con un club extranjero. De ahí a Milán, siempre cotizadísimo, el reencuentro con Messina, donde de él se enamoró cada aficionado del Armani e incluso el propio dueño Giorgio, que llegó a decir: "Me gusta todo de él. Amo a sus niñas. Su actitud dentro y fuera de la cancha es ejemplar. Y luego su sonrisa y su mirada profunda dicen mucho de él, son el espejo de su alma". Y un par de temporadas para cerrar el círculo en el Real Madrid, hasta otra Euroliga, la de Kaunas, protagonista principal el Chacho en la Final Four y en la feroz serie de cuartos contra el Partizán en la que se echó al equipo a la espalda, otro destello maravilloso.
Y, durante todo este tiempo, siempre su querida selección, de la que se retiró tras los Juegos de Tokio y se ausentó, por descanso, en el Mundial de 2019 que fue oro en Pekín. Más de 150 partidos y siete medallas con España, de Saitama a Saitama.
"Siempre soñé con retirarme estando bien físicamente y ganando mi último partido. Y ahora la vida me ha ofrecido este regalo", dice en su carta de despedida quien no ha querido homenajes jugando. Pues para él, el baloncesto siempre fue diversión, no nostalgia. El secreto lo guardó y las canastas ya echan de menos el chachismo, al eterno 13.
El Chacho dice adiós. Sergio Rodríguez ha publicado este miércoles un comunicado en sus redes sociales en el que anuncia su retirada del baloncesto tras 20 años repletos de éxitos.
El Chacho se marcha con 24 títulos en su palmarés y siete medallas con la selección española. Entre sus triunfos destacan las tres Euroligas con el conjunto blanco, siendo MVP en una de ellas, y los títulos de Liga en Italia, Rusia y España.
Sergio formó parte de la generación dorada de la selección que conquistó el Mundial, Eurobasket y la medalla de plata en los Juegos Olímpicos.
"Ha llegado el día. Después de 20 años como jugador de baloncesto, me gustaría compartir con todos vosotros una decisión que va a cambiar mi vida. Ha llegado el momento de poner punto final a mi carrera deportiva", ha escrito el base de 38 años.
El canario ha ganado esta temporada con el Real Madrid la Liga, la Copa y la Supercopa, así que considera que es el momento "ideal" para decir adiós. "Siempre soñé con retirarme estando bien físicamente y ganando mi último partido. Y ahora la vida me ha ofrecido este regalo", señala.
'El Chacho' debutó con el Estudiantes en una final de Liga en 2004 con apenas 18 años, donde alcanzó el subcampeonato liguero, y en la siguiente temporada fue nombrado Jugador Revelación de la ACB al llevar a su equipo a semifinales.
En el verano de 2006 el tinerfeño se proclamó Campeón del Mundo en Japón, primera vez en la historia de España, con una actuación estelar en semifinales contra Argentina, consiguiendo 14 puntos saliendo desde el banquillo, y, posteriormente, pondría rumbo a la NBA, competición en la que pasó por las franquicias de Portland, Sacramento y Nueva York.
8 temporadas de blanco
Tras esa experiencia norteamericana, el jugador fichó por el Real Madrid, donde estuvo ocho temporadas, divididas en dos etapas (2010-2016) y (2022-2024), con el que ganó 17 títulos: 2 Euroligas, 1 Copa Intercontinental, 4 Ligas, 5 Copas del Rey y 5 Supercopas de España.
Además, el jugador fue MVP de la Euroliga e integrante del quinteto ideal en la temporada 2013-2014, MVP de la Supercopa de España en 2013 y en tres ocasiones miembro del quinteto ideal de la Liga.
Entre medias de las dos etapas, Sergio Rodríguez volvió a probar suerte en la NBA recalando en los Philadelphia 76ers, conjunto en el que disputó 68 partidos, para después volver a Europa y fichar por el CSKA de Moscú, equipo con el que ganó 1 Euroliga y 2 ligas VTB, y después por el Emporio Armani Milán, donde ganó 1 Liga, 2 Copas de Italia y 1 Supercopa de Italia antes de volver a Madrid.
Con la selección, además del campeonato del Mundo en Japón, ha sido campeón de Europa en el Europeo de Francia 2015, donde fue integrante del quinteto ideal, ha ganado dos medallas de plata (Juegos Olímpicos de 2012 y Europeo de 2007) y 3 de bronce (Europeos de 2013 y 2017 y Juegos Olímpicos de 2016).
En su adiós, el Chacho agradece su apoyo a su mujer, Ana, a sus cuatro hijos, a sus padres y a su hermano Javi. También a sus agentes, a su fisio y a sus patrocinadores.
"Ha llegado el día. He dado todo lo que tenía y he disfrutado como nunca pude imaginar con el deporte que amo. Gracias. Muchas gracias por este increíble viaje de 20 años", concluye el escrito.
"Una de las más grandes leyendas de nuestro club"
El Real Madrid ha querido mostrar su agradecimiento a un jugador "fundamental en uno de los ciclos de éxitos más importantes de nuestra historia" en un comunicado en su página web.
"Ante el anuncio de Sergio Rodríguez sobre su retirada del baloncesto como jugador profesional, el Real Madrid C. F. quiere mostrar su agradecimiento, su cariño y su admiración a una de las más grandes leyendas de nuestro club y del baloncesto europeo", expresó el club, que esta temporada ha visto cómo dos leyendas de la talla del tinerfeño y Rudy Fernández anunciaban su retirada.