Fernando Alonso ha vivido de todo en la Fórmula 1, también un año desastroso, aquel 2025 con McLaren Honda en el que apenas puntuó en dos carreras. Ha sido campeón y ha sido último; el éxito y el fracaso. Pero esta temporada será otra cosa. Su Aston Martin y especialmente su motor Honda le van a obligar a un ejercicio absoluto de amor al Mundial. A sus 45 años, ¿Cómo seguir así? Si no hay un cambio drástico en los próximos meses, sólo su pasión explicará que no lo deje en verano, harto de todo, desengañado, aburrido.
Pese a la promesa de un futuro mejor -¿Será 2027?¿2028?¿2029?-, con el monoplaza que tiene sólo puede aspirar a acabar las carreras, y con suerte. En el estreno del campeonato en Melbourne, Alonso apenas duró 14 vueltas en pista en la confirmación del desastre. El primer abandono de muchos.
Entre los muchos problemas de la unión de Aston Martin y Honda, uno es la falta de piezas de repuesto y cuando su equipo vio que el español podía tener problemas no hubo más remedio que llevarle al garaje. El próximo domingo 15 hay carrera en Shanghai y estaba en juego un ridículo todavía mayor: no poder ni presentarse. Por eso la retirada fue la única opción posible. "Los ingenieros vieron un dato anómalo en la telemetría y tuvimos que parar por precaución. Sabíamos que iba a ser casi imposible acabar la carrera", analizó Alonso que a pesar de los pesares rascó alguna alegría en el circuito de Albert Park.
"Esto da miedo", gritaba Charles Leclerc durante su intercambio de adelantamientos con George Russell. La nueva Fórmula 1 semieléctrica enseñó este domingo sus virtudes en el estreno de Melbourne con la batalla entre los líderes de Ferrari y Mercedes. En las primeras vueltas del Gran Premio de Australia, una concatenación de maniobras —ahora tú, ahora yo—; hacía tiempo que no se veía algo así. Puro espectáculo. Aunque al aficionado quizá no le convenza.
Al contrario que en las décadas anteriores, la victoria ya no se decide por la habilidad de los pilotos ni por la potencia de los monoplazas: depende de la gestión de la energía, y esa es una habilidad ininteligible. Si un piloto se queda sin batería, su rival le va a rebasar sin problema, haga lo que haga. "Es muy difícil de entender. De repente te quedas sin fuerza y hay una gran diferencia de velocidad", analizaba Leclerc. En todo caso, hubo un rato de pelea y eso ya era más de lo esperado.
Porque en el ecuador de la carrera, Russell y Antonelli, los dos pilotos de Mercedes, tomaron la cabeza y llegaron así a meta. Chimpún. Como en la clasificación, su superioridad fue tan evidente que pone en riesgo la temporada. ¿Alguien podrá discutirles los triunfos? Ferrari tiene un arma, su aceleración en las salidas, pero no parece suficiente. Después de la lucha del inicio, sus dos pilotos, Leclerc y Hamilton, lo apostaron todo a la degradación de los neumáticos de sus rivales, pero esta no llegó. No hubo más. Dos dobletes, unos por delante y otros por detrás: así terminó la prueba. "¡Me encanta este coche y me encanta este motor!", gritaba en meta Russell, quien se sabe ante la oportunidad de su vida.
Los otros candidatos
Quedan muchas carreras, circuitos distintos, evoluciones mecánicas, pero el año se presenta así: Mercedes domina, Ferrari lo intenta... ¿Y el resto? Después del desastre del australiano Oscar Piastri en casa -se accidentó en la vuelta de calentamiento-, el quinto clasificado fue su compañero, el vigente campeón, Lando Norris, a una distancia sideral de los primeros: 51 segundos. Más que la victoria, su aspiración fue conservar el puesto ante la remontada de Max Verstappen, que salía antepenúltimo y acabó sexto. Un hilo de esperanza. Los Red Bull sufrieron en el estreno, pero en pruebas posteriores quizá puedan estar en la discusión. O no. Está por ver.
PAUL CROCKAFP
En las siguientes citas todos los equipos aprenderán de lo vivido y reajustarán sus análisis. Entonces podría haber novedades. Después del cambio radical de normativa, en el paddock había miedo a una carrera llena de abandonos en Australia, incluso a despropósito, y estuvo lejos de ser así. 16 pilotos acabaron la prueba: nada raro. Todavía hay que descifrar la nueva Fórmula 1, entenderla, acostumbrarse, pero ya ha cumplido con su debut, el test más importante.
Ahora ya hay algunas certezas de lo que será la temporada y, entre ellas, el drama para los españoles. Con varios problemas, Carlos Sainz sólo puedo acabar penúltimo con su Williams, por detrás de su compañero Alex Albon, y el Aston Martin de Fernando Alonso apenas aguantó 14 vueltas. Como le ocurrió a Ferrari, su salida, donde llegó a colocarse décimo, fue prometedora, pero después perdió una posición tras otra hasta la retirada.
Carlos Alcaraz sigue en plan apisonadora en 2026. No solo no pierde: desprende un aura de imbatibilidad que es notoria para cualquiera que se pone delante de él en una pista de tenis. Grigor Dimitrov, un jugador que en circunstancias normales es un hueso, resultó una perita en dulce para el murciano. Lo despachó en una hora y seis minutos (6-2 y 6-3) para meterse en la tercera ronda de Indian Wells, considerado el 'quinto' grande de la temporada, en una reedición de la paliza del año pasado en octavos de final.
Poco le afectó al murciano el viento que soplaba en la central de Indian Wells. "Sabía que iba a ser un partido difícil dadas las condiciones", dijo el número uno de la ATP al final del encuentro. "Su estilo es realmente peligroso, pero creo que me adapté un poco más a las condiciones que él y por eso me llevé el partido al final".
Dimitrov, lejos del nivel que le llevó al número 3 del ránking mundial, fue muy consciente de la situación desde el principio. Dio la sensación de estar a merced de Alcaraz durante todo el encuentro, como si la idea de pasar a la siguiente ronda resultara una quimera. Quizá el objetivo era evitar que se repitiera el paseo militar del año pasado, cuando Alcaraz le endosó un doble 6-1. Logró, al menos, maquillar el resultado, aunque duró ocho minutos menos en pista que el año pasado.
El campeón en Australia aprovechó el primer punto de ruptura en el cuarto juego y puso la directa hacia la primera manga, sin brillantez excesiva ni demasiado desgaste, pero siempre con una marcha más que su rival y aprovechando los fallos del búlgaro, que firmó 10 errores no forzados en los 32 minutos que duró el primer parcial.
Butler y el golf
El 88% de puntos ganados con el segundo servicio y los cinco golpes ganadores fueron suficientes para subrayar el abismo que separa a ambos jugadores en este momento. Baste, también, el dato del vil metal. Con 22 años, Alcaraz lleva el doble de dinero ingresado en torneos que el búlgaro con 34: 63,3 millones de dólares frente a los 31,2 de su oponente, según la ATP.
Jimmy Butler, jugador de los Golden State Warriors y amigo del español, contemplaba plácidamente el espectáculo en la grada, con un cóctel en la mano y disfrutando de otro día espléndido en el que presume de ser el paraíso del tenis, en el valle de Coachella, con su clima privilegiado, sus campos de golf y el sobrecogedor paisaje desértico que rodea las pistas. Es un sitio único que Alcaraz adora. Siempre lo dice. "Es un privilegio volver a estar aquí", jugando al golf cada vez que el torneo le da un respiro.
Subió enteros el juego del búlgaro en la segunda manga. Se movía mejor por la pista y facilitó un partido muy vistoso por momentos, aunque siempre con la sensación de que acabaría por morder el polvo. Su sonrisa de camino a su banco, tras un misil de derecha con el que Alcaraz se anotó el 4-3, lo decía todo. No pudo evitar aplaudir. Unos minutos más tarde, se estaban dando la mano y deseándose la mejor de las suertes para el futuro.
A Alcaraz le espera el francés Rinderknech en tercera ronda, el mismo que le preguntó hace unos días en Doha, con cierta sorna, si pensaba dejarse ganar alguna vez. No tiene pinta.
Al Barça le bastó con un pase genial de Pedri y un no menos genial remate de Lamine Yamal para llevarse por la mínima una victoria tremendamente trabajada de San Mamés. [0-1: Narración y estadísticas]
En un partido ante un Athletic que buscó con ahínco la portería de Joan García, el equipo que dirige Hansi Flick logró hacerse con una victoria que se antojaba absolutamente imprescindible tras el triunfo conseguido por el Real Madrid en Balaídos. A la postre, el hecho de que ambos contendientes se hubieran jugado casi hasta el final sus opciones de meterse en la final de la Copa pasó algo de factura, más a los visitantes que a un conjunto local que quería resarcirse de su eliminación ante la Real Sociedad con una grada absolutamente entregada a la causa. El esfuerzo de los de Valverde, titánico incluso, acabó por quedarse sin premio. En gran parte, también, gracias al buen hacer bajo los palos de un Joan García que se las arregló de nuevo para mantener su portería imbatida.
Y eso que el ritmo que firmaron ambos conjuntos en los primeros 45 minutos fue realmente alto. Incluso, inusitadamente ato. Prácticamente, como si unos y otros no hubieran jugado realmente dos intensos partidos de vuelta de las semifinales de la Copa del Rey en los que buscaron con ahínco darle la vuelta a un destino aparentemente prefijado en la ida. A consecuencia del esfuerzo frente al Atlético, por parte azulgrana no estuvieron de inicio en el césped ni Pedri ni Raphinha. Dos ausencias que se unieron a las ya sabidas de Balde y Koundé, ambos lesionados en ese choque. El Athletic, eso sí, amenazó primero y, de hecho, tuvo una ocasión inmejorable para poner el 1-0 en un mano a mano entre Selton y Joan García perfectamente resuelto por el arquero barcelonista. En el otro extremo del campo, mientras, fue un remate de tacón de Ferran, tras la salida de un córner en el añadido, que se perdió muy cerca del poste derecho de la portería de un Unai Simón siempre atento para interceptar posibles acciones peligrosas de los visitantes.
Visto lo visto, Flick decidió apostar por Pedri nada más volver del descanso. Y lo cierto es que la entrada del canario vino acompañada por una madrugadora acción peligrosa en ataque que el Athletic acertó a desbaratar. Los locales, envalentonados por su resistencia, y con su público protestando una posible expulsión de Cubarsí por falta sobre Iñaki Williams que ni Munuera Montero ni el VAR consideraron como tal, tuvieron otra gran oportunidad de mover el marcador en un remate de Sancet, también novedad en la reanudación, perfectamente abortado por Joan García. Pero, cuando los azulgrana parecían estar más necesitados de claridad, apareció la clarividencia en el pase del canario y la calidad en la definición de Lamine Yamal para romper el empate y poner el 0-1 en el marcador. El joven crack barcelonista, quien no parecía hasta entonces estar demasiado a sus anchas sobre el césped, puso el balón prácticamente en la escuadra.
El ex piloto brasileño Felipe Massa logró que un juez de la corte superior ordene a la Federación Internacional del Automóvil (FIA), a la administración de la Fórmula 1 y al ex dirigente Bernie Ecclestone pagarle 250.000 libras (unos 292.000 euros) en concepto de costas dentro del proceso judicial relacionado con el escándalo del Gran Premio de Singapur de 2008.
La decisión se enmarca en la demanda presentada por Massa, que reclama alrededor de 64 millones de libras en daños y perjuicios por lo ocurrido en aquella carrera, conocida como el caso "Crashgate", que el brasileño considera le hizo perder el título mundial de pilotos.
El tribunal ya dictaminó en noviembre que el piloto brasileño puede intentar recuperar daños económicos derivados de la controversia, aunque rechazó su petición de que se declare oficialmente que debería haber sido el campeón del mundo de pilotos de 2008.
Según una orden judicial conocida este sábado, los demandados deberán abonar esas 250.000 libras por los costes de la última fase del proceso y las partes deberán continuar intercambiando documentos y alegaciones.
Massa sostiene que el resultado del campeonato de 2008 estuvo condicionado por lo ocurrido en el Gran Premio de Singapur de 2008, cuando el equipo Renault ordenó al piloto Nelson Piquet Jr. provocar deliberadamente un accidente para favorecer a su compañero Fernando Alonso, que ganó la carrera.
El incidente provocó la salida del coche de seguridad y perjudicó la estrategia del brasileño, que lideraba la carrera, pero acabó decimotercero. Ese resultado fue clave en la resolución del campeonato, que finalmente ganó Lewis Hamilton por un solo punto.
Son caprichos del destino que quizás gusten a los cabalistas. Parece mentira que hace 72 horas se terminara por decidir la final de Copa y que este sábado los dos clasificados y los dos apeados se enfrenten entre sí en la siguiente jornada de liga. Y como si no se hubieran desfondado en unas semifinales intensas, el duelo en el Metropolitaon fue intenso y de poder a poder. Decidió quien tuvo más aire y ahí destacó Nico, que venía fresco tras una lesión, pero con más hambre que muchos titulares. Su doblete inclinó un duelo ante una Real muy recuperada. [Narración y estadísticas, 3-2]
Puede que fueran las 24 horas, o quizás la importancia de no perder el tren de la liga, por lo que pueda pasar en La Cartuja, pero el Atlético salió a morder a su rival. Quién sabe si estas heridas afecten el próximo 18 de abril. Conviene infligirlas para conseguir ventaja ese día ya desde el vestuario. Y no hay mayor asesino, en estos momentos, que el gigante noruego. Ni cinco minutos tardó en inaugurar el marcador. Honores a la estrategia del equipo técnico de Simeone. Saque de banda kilométrico de Giuliano, peinada y voleón a la escuadra.
Sorloth celebra el primer tanto del encuentro.EFE
Pero esta Real no es la de Sergio Francisco. Este equipo al verse herido responde, no se tumba ni huye. Y puestos a mostrar ya las cartas, hagámoslo cuando tengamos ocasión. Los donostiarras, en una jugada trenzada entre Soler y Sucic se plantaron en el área de Oblak y allí fue el valencianista donde puso el zurdazo a la escuadra para enmudecer al Metropolitano. Armas en alto en esta precuela de la gran batalla y no habían pasado ni 10 minutos.
Extrañaría que la final se pareciera a este simulacro. Los equipos jugaron sin red, tocando el balón con valentía y alternando defensas en bloque bajo con posesiones largas. Da Mendoza eso al Atlético y si corrigiera igual en fase defensiva y limitara las pérdidas, sería un nombre muy interesante para ocupar unas de las plazas del medio del Atlético. Claro que con Koke a tu lado siempre se vive mejor. Lástima que justo antes del descanso, el joven se tuvo que retirar por un contrabalón con Barrenetxea.
Lo que pasa es que con el Tottenham en el horizonte, y con partidos cada 72 horas, si se cumplen, el equipo rojiblanco debe ir administrando jugadores y energías hasta una hipotética eliminación de Champions. Si llega. Ya dijo el propio capitán que así es imposible jugar al 100% todos los encuentros. Así, a la media hora de encuentro, los colchoneros bajaron una marcha. Salvo Giuliano, que por él no parecen pasar los esfuerzos, aunque a veces se confunda con ciertos piscinazos, que quizás colaran sin videoarbitraje.
Se vio un tanto desubicado a Lookman. No funciona tanto el nigeriano jugando por dentro y, aunque buscó la banda izquierda, no terminó de encontrar el espacio que halló en el duelo copero ante el Betis. En aquellos cuartos, el delantero parecía una ganga del mercado. Está claro que es un jugador especialmente peligroso al contragolpe y el Atlético, en casa, es un equipo con tintes de mandón.
Entraron varios tanques al campo por ambas escuadras tras el descanso. Griezmann y Julián por los rojiblancos y Guedes y Oyarzabal por los donostiarras. Era el momento de buscar al rival. Una Real sin miedo en el Metropolitano es un rasgo que le ha inculcado Matarazzo desde su llegada, un técnico que sólo ha perdido en el Bernabéu. Pero en el duelo empezaba a pesar el empuje del público y los rojiblancos comenzaron a inquietar y mucho a Remiro. Primero Sorloth y luego Nico tuvieron dos clarísimas para desnivelar, pero se fueron arriba.
Irrupción desde el banquillo
La siguiente no perdonó el argentino, pero no merece la pena mencionar el gol sino la asistencia de Griezmann, un taconazo que fue una obra de arte para dejar solo en área pequeña al extremo. Lo increíble es que no dio tiempo al Metropolitano a celebrar porque en la siguiente jugada Oyarzabal se sacó un obús para empatar de nuevo. Los viejos pilares que sujetan el castillo.
El empate no alteró el ánimo rojiblanco. Los chicos del Cholo martilleaban la portería de Remiro que respondía bien a los envites como un disparo de Hancko o una falta peligrosísima de Griezmann. Hasta que Nico mostró que está descansado y listo para reclamar un puesto en el once. El argentino completó su doblete con un cabezazo académido para tumbar a una Real muy combativa. Ahora llega el Tottenham... y el Getafe, vuelta en Londres, Madrid, Barça... En fin.
Ganar a Ucrania con comodidad y alejarse lo más rápido posible de la zona de guerra para volver a casa. Ese fue el plan que la selección española cumplió a rajatabla en el segundo partido camino del Mundial de Brasil. Si acaso duele el gol encajado, el primero de la era Bermúdez, y la falta de acierto en ataque, que impidió una goleada más cómoda que permitiera acordar la diferencia de goles que mantiene en cabeza del grupo a Inglaterra. [Narración y estadísticas: 1-3]
España llegó a Turquía, el exilio de las ucranianas, obligada por la UEFA. Las conversaciones de la RFEF y la tensión por la guerra en Oriente Medio no ablandaron al fútbol. Tampoco es novedad. Había que jugar o se escaparían los tres puntos y se complicaría la clasificación, incluso podrían llegar sanciones. Rafael Louzán dejó elegir a las jugadoras, que se subieron al avión acompañadas por el presidente de la RFEF convencidas de que nadie les complicaría la defensa de la estrella el próximo año en Brasil. Ni siquiera un conflicto bélico.
La tensión se disipó al comprobar que en lo único que se notó el difícil momento que vive la región es que en las gradas del complejo deportivo Mardan, en Boztepe, apenas había poco más de un centenar de aficionados. En el césped, el partido se jugó bajo el guion que se esperaba: dominio de España y ocasiones que costó que se convirtieran en goles.
Sonia Bermúdez hizo mudar la piel de su equipo casi al completo: solo Vicky, Alexia y las dos centrales, Codina y María Méndez, se mantuvieron en un once en el que cambiaron las laterales, aparecieron Serrajordi al mando y Salma y Athenea como estiletes en las bandas y Edna Amade instalada en el área.
España jugó la primera parte volcada en campo ucraniano, a pesar de que Hiryn quiso asustar en el minuto 3 con una contra que acabó buscando la escuadra de Misa, que volvía a la titularidad y casi no tocó balón. La respuesta la dio Vicky, con un disparo tan cómodo como manso desde el punto de penalti. Y Salma, con otro golpeo que no cogió puerta. Hasta Alexia puso un centro raso perfecto que nadie embocó. España jugaba en poco más de la hectárea que rodeaba a la portera ucraniana Keliushyk, que salvó un mano a mano con Vicky y evitó que la madrileña consiguiera un gol olímpico en un extraordinario golpeo. Era increíble que la selección no se fuera ganando al descanso y eso lo arreglaron Edna con un impecable testarazo en un saque de falta de Salma y Lucía Corrales con un latigazo desde la frontal en el añadido.
España se había propuesto golear, y en el arranque de la segunda parte, Athenea hizo diabluras y forzó una mano de las ucranianas que, desde el punto de penalti, hizo que Vicky marcara el tercero. La seleccionadora buscó refrescar el ataque, con Eva Navarro, Fiamma e Inma Gabarro, e hizo debutar a Martina Fernández en el centro de la zaga. Mantener el control y la amenaza era el objetivo. Para eso también hizo jugar sus primeros minutos con la selección a Ornella Vignola. Antes de que saltara, en una transición, Ovdiichuk hizo que España encajara su primer gol.
La victoria no estaba en peligro, pero apareció cierta ansiedad que trató de explotar Ucrania. Eso hizo que la selección se desordenara y, sobre todo, que no llegara el número de goles que permitan pisar los talones a Inglaterra, que le endosó seis a las ucranianas. A España le robó el cuarto el poste donde Clara Serrajordi estrelló un centro chut en los instantes finales del partido.
Victoria de Inglaterra
Tampoco hubiera servido para dar caza a las lionesses, que vencieron ayer 2-0 a Islandia en Nottingham y siguen al frente del grupo.
Abrió el marcador Lucy Bronze en el minuto 21 y cerró la victoria Georgia Stanway en el 77 para dejar muy claro que la única plaza de clasificación directa se la jugarán inglesas y españolas. El primer acto del mano a mano, el 14 de abril en tierras británicas.
Escocia otra vez celebra, revive el Seis Naciones. Caminaba Francia inspirada por el torneo, tres triunfos en tres partidos, presumiendo de su vendaval ofensivo mientras sus rivales tropezaban hasta que este sábado, de repente, se ha estrellado en Edimburgo. No es que fuera imposible -el ADN escocés nunca permite descartar nada- pero la trayectoria de unos y otros daba más posibilidades a un triunfo visitante que podría haber finiquitado el torneo a falta de una jornada. Al quince escocés, por el contrario, la derrota en el primer partido ante Italia le auguraba una edición, otra más, sin grandes opciones. Pero venció a Inglaterra, este sábado también a Francia y llega al partido final incluso con la posibilidad de proclamarse campeona.
Escocia solamente atiende a las jerarquías y sus
pronósticos para desafiarlos. A favor y en contra. Imponiéndose a rivales a priori superiores; perdiendo ante escuadras con menos recursos. Este sábado en Edimburgo sacó partido a su osadía por segunda vez en un mes. Reescribió aquella vieja frase atribuida a Jim Calder, jugador de los 80: "Ganar a Inglaterra es un deber, ganar Francia es un placer". Porque el XV del Cardo se ha dado un gustazo durante 60 minutos. Con un comienzo en el que, enchufadísima y muy confiada, se ha adelantado en el marcador (7-0). Andaba todavía con el subidón cuando Francia le recordó el orden natural, con dos ensayos consecutivos para el 7-14.
Ambos zarpazos acabaron de encender a Escocia. Llevó el partido a campo contrario y, casi por primera vez en el torneo, obligó a Francia a defender. Asomaron entonces las costuras de la selección visitante. Muy exigida por la delantera escocesa en el combate, su línea superada por los alas Graham y Steyn. El XV del Gallo no necesita mucho balón para liderar el marcador. Pero hoy, durante un buen tramo, se quedó sin él y sin capacidad de respuesta. Dos ensayos consecutivos de Escocia le devolvían el mando (19-14) del encuentro al descanso y elevaban su confianza a las nubes.
Si la primera parte de Escocia había sido buena, el arranque de la segunda quedará para el recuerdo de sus aficionados. Los medios White y Russell al mando de las operaciones; los delanteros, sobresalientes, gobernando en la mina. Se multiplicaban para llegar los primeros al agrupamiento, proteger los balones propios, presionar los ajenos. En ataque, lanzados como arietes al desgaste hasta derribar el muro.
Cuatro ensayos consecutivos ha metido Escocia a Francia para marcar un sonrojante 47-14 en el minuto 63. El naufragio galo se asomaba a los ojos de la estrella Dupont, que por una vez cometía errores incomprensibles para su categoría. La selección acostumbrada a recoger tantos balones sueltos se encontraba fuera de control. Sentenciado el partido, con Escocia por delante en la clasificación del Seis Naciones, Francia sólo podía aspirar a anotar dos ensayos más que le dieran un punto extra.
A toda velocidad, con un contraataque de lado a lado del campo, sumó Francia la tercera marca en el 73 y al fin se reencontró. El partido agonizaba cuando Francia consiguió desconectar a Escocia, que regresó a su habitual intermitencia para emborronar un triunfo que podría haber sido memorable. Al fin a gusto en el campo, reactivado su instinto anotador, el quince galo posó tres marcas en los cinco minutos finales. No sólo consiguió maquillar la derrota (50-40), sino que recuperó la iniciativa de cara a la última jornada.
Ahora Francia depende de sí misma para llevarse el próximo sábado el torneo: si derrota a Inglaterra en París anotando cuatro o más ensayos se proclamará campeona del Seis Naciones 2026. Si no gana o no llega a cuatro ensayos, Escocia, que visita a Irlanda, podría levantar el título si consigue ambos objetivos. E incluso Irlanda tiene opciones si vence a Escocia y Francia pierde con Inglaterra. Ocurra lo que ocurra, este torneo dejará dudas sobre la solvencia del vencedor como posibles rival de las grandes selecciones del sur. Y un año más, si no de excelencia en el juego, podrá presumir del encanto de la emoción.
Madonna ha respondido, 72 horas después, a la llamada del Real Club Celta de Vigo en su búsqueda de la camiseta que la cantante lució en el concierto de Balaídos en 1990 y ha confirmado que es ella quien todavía la conserva.
"¡Esta camiseta está guardada en mi colección! ¡Llevo y represento a vuestro equipo en espíritu!", ha publicado esta tarde la cantante en su perfil de 'X'. Con este mensaje, ha cumplido el objetivo que tenía la carta que su presidenta, Marián Mouriño, dirigió a la artista el pasado miércoles y con la que le preguntaba: "¿La tienes tú?".
La cantante ha recogido la llamada del equipo después de que, en la pasada noche, el grupo SonDeSeu interpretase el clásico 'Like a Prayer' en la previa al partido contra el Real Madrid, una actuación que ella misma ha incluido en su publicación. El equipo ya ha reaccionado a su respuesta y ha dicho: "Te queremos, Madonna. Gracias por responder y por mantener viva una pieza de la historia del Celta".
CARTA DE MARÍAN MOURIÑO A MADONNA
En su viral carta, Mouriño le pedía "ayuda" para encontrar la prenda y le explicaba que el recuerdo de la noche del 29 de julio "sigue muy vivo" entre la afición: "Tu imagen con nuestra camiseta se convirtió en un mito y forma parte de esa historia del Celta que también se escribe fuera del terreno de juego".
La presidenta aseguraba que la imagen de Madonna con la elástica celeste "comenzó a brillar de otro modo con el paso de los años" porque ahora se entiende mejor lo que la cantante defendía entonces, lo que para Mouriño consiste en "cuestionar lo establecido y hacer frente a quien pretende decirte lo que puedes o no puedes hacer". "En el club que presido, nos reconocemos en esa manera de estar en el mundo", reflexionaba.
Después de cinco meses, desde Lombardía. Después de 147 días, volvió Pogacar a escena. A la Strade Bianche. A las carreteras blancas. Al ciclismo de cualquier color. Y el ciclismo a él, que reúne los del arcoíris. Pogacar es siempre la noticia. Haga lo que haga o deje de hacer. Cuando gana porque gana, que es lo normal. Cuando pierde porque pierde, que es lo raro. Esta vez ocurrió lo normal. Ganó.
Empezar la temporada para él y ganar. Llegar y besar el santo. Llegar, ver y vencer. De Italia a Italia. De Lombardía a Siena. De Siena, salida de la carrera, a Siena, llegada. Del dorsal 1 al dorsal 1. Ganó con el cabello teñido de rubio, un tono que aniña aún más un rostro de querubín sonriente. Ganó porque no podía ser de otro modo. Cuarta victoria en Siena, tercera consecutiva, una más que Fabian Cancellara. Y la número 109 de su historial. Y otra más, ¿y van? Del UAE.
Ganó y lo hizo de esa manera extraordinaria que en él es normal. A 80 kilómetros de la meta, en el séptimo tramo de "sterrato", en Monte Sante Marie, y como en 2024, demarró del grupo que era cabeza de carrera, controlado por UAE, y se acabó la historia sin historia de la carrera. La historia fue la falta de historia, o la única historia posible.
Demarró Pogacar como demarra él, sin auparse sobre los pedales, simplemente aumentando la cadencia y la potencia de la pedalada. Trataron de seguirle Jorgenson, Seixas, Del Toro, Pidcock, Van Aert, Grégoire... No pudieron, y nosotros no podemos saber cuanto hay de inferioridad y de resignación, cuánto de inferioridad y cuánto de actitud, en esa impotencia, en esa renuncia. Cuánto de imposibilidad y cuánto de fatalismo. Todos saben cuándo "Pogi" va a atacar y no pueden remediarlo. Lo saben y no pueden. No pueden y lo saben.
Pogacar, durante la Strade Bianche.MARCO BERTORELLOAFP
Polvo. Cipreses. Iglesias medievales. Cepas. Suaves colinas. La Toscana... Uno tras otro, fueron cayendo los tramos de tierra, cortos, duros, algunos con remates respingones del 15%, del 18%. Uno tras otro, con Pogacar manteniendo una ventaja de alrededor minuto y medio contra todos los notables, que habían acabado juntándose. Hay que mencionarlos, aunque sin pormenorizar, no es necesario, que no nos distraigan, porque la carrera era sólo una, y el corredor uno sólo.
Acostumbrados a las hazañas del esloveno, casi hemos olvidado el inmenso mérito que tiene vencer en solitario contra grupos, o tríos, o dúos, o lo que sea, formados por algunos de los mejores ciclistas del mundo, condenados a verlo partir y a volver a verlo ya en la meta. Pogacar es una bendición individual que vierte una maldición colectiva sobre los demás.
Pedaleaba y pedaleaba con un rictus infantil de esfuerzo y una sonrisa de desmentido a la cámara de la moto. Pedaleaba con el cuadro de la bicicleta cubierto con una capa de polvo y la radiante paleta del "maillot" apagada un tanto por ese mismo polvo pegado al sudor del campeón, del héroe. En los tramos más exigentes del recorrido, la gente, apretada, apelotonada, se volvía loca. No hubieran aclamado más a un italiano.
¿Hemos dicho que no había que pormenorizar con los rivales?... Hagámoslo, sin embargo, con Paul Seixas, ese prodigio francés de 19 años y del equipo Decathlon. En el sector 13, en el segundo paso por Pinzuto, él y Del Toro abandonaron a sus compañeros. El mexicano, también de UAE, como "Pogi", no relevaba. Incluso así, Seixas lo reventó en la durísima subida final a la Piazza del Campo para ser segundo.