A juicio de José Luis Mendilibar, la actuación de Urs Schnyder fue determinante para que Olympiacos no pudiera siquiera amenazar con llevarse un punto de su visita a Montjuïc. “Lo habéis visto todos, ¿no? En cuanto nos hemos metido en el partido, nos han sacado, sin hacer nada mal. Ha habido otro que ha cometido los errores”, lamentó el técnico.
“En la víspera me recordasteis que nunca había ganado al Barça ni empatado aquí. En la 2017-2018, con el Eibar, íbamos 0-2 y luego el partido acabó 4-2. Mirad qué penaltis pitó un arbitro que está todavía en Primera. Así es imposible que pueda ganar aquí. En la segunda amarilla a Hezze, hace como que se para, ni le roza, y que eso sea segunda amarilla…. Y el penalti, que mi portero recoge los brazos para ni tocarle… Y él lo ha visto al revés que yo”, abundó el entrenador, quien aseguró que ni siquiera se atrevió a hablar con el suizo.
“He hablado con el cuarto, que ha estado bastante educado, pero no quería hablar con el otro. Con las decisiones que ha tomado, sólo con ir a hablar seguro que también tomaba otra decisión equivocada conmigo”, recalcó un Mendilibar que aboga por cambiar la normativa para que puedan revisarse segundas amarillas.
“Los que están ahí arriba comiendo y bebiendo”
“Como no pinto nada, absolutamente nada… Pintan los que están ahí arriba comiendo y bebiendo y nada más… Es increíble que esa jugada, determinante para un partido de fútbol, no se pueda ver en el VAR… Pero bueno, yo no pongo las reglas ni me van a dejar ponerlas”, reiteró sin entrar a valorar la ‘mano blanca’ que habría mencionado Joan Laporta en la asamblea del domingo. “Estoy muy bien en Grecia con el Olympiacos. No quiero saber nada de aquí”, zanjó.
“No sé, quizás sí les perjudicó. Hay situaciones que van más en contra de ellos y otras que van en contra de nosotros. No me gusta hablar de ello, pero entiendo que esté enfadado”, aseveró por su parte Hansi Flick, que considera que el 6-1 será una inyección de moral con vistas al clásico.
Para todos y, muy especialmente, para Lamine Yamal. “Creo que tanto para él como para los otros es importante esta victoria y en su caso haber podido marcar. El domingo será otro Lamine y estará al 100%. En el último año rindió mucho en los grandes partidos y no tengo duda de que volverá a hacerlo”, aseguró el alemán, quien se muestra muy optimista de cara al Bernabéu. “El pasado es pasado, pero pienso en positivo, por la temporada pasada y porque creo que somos capaces de ganar en Madrid”, sentenció.
La historia podría haber sido diferente de no haber pronunciado esas palabras, pero el caso es que las dijo: «No me gusta correr». Para un niño tímido que hablaba más bien poco, era toda una declaración de intenciones. Por eso su primer entrenador, Iván Mankó, se las tomó muy en serio. Entonces cambió a Andrii de posición y le colocó en la que menos metros tiene que recorrer durante un partido: la de portero. Gracias a aquella decisión, hoy Lunin
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Hay dos lenguajes que Lamine Yamal ha unido para catapultar al Barça: no solo es capaz de hacer diabluras con la pelota sino que también tiene un don para crear emociones. No le hables de futuro, de guardar ventajas, de bajar los brazos o de proteger un resultado que sigue dejando a mano una final de Champions. Háblale de someter y enloquecer a los rivales, de tratar de tumbarlos aunque sea para seguir subido al sueño. Con ímpetu adolescente, fue él quien desató al Barça en unas semifinales de infarto ante un Inter que desnudó sus carencias con suma facilidad obligándoles a un examen de conciencia en San Siro. [Narración y estadísticas (3-3)]
Lamine sembró el miedo el Montjuïc cuando se retiró del calentamiento. Los presagios no eran buenos, pero los espantó nada más arrancar el duelo y en las circunstancias más difíciles. El Barça se encontró con un gol en contra a los 30 segundos por una genialidad de Marcus Thuram. Un centro de Denzel Dumfries y un taconazo ante el resbalón de Íñigo Martínez para marcar el segundo gol más rápido que le han hecho al Barça en Europa. Un golpe inesperado, pero también mucho tiempo para levantarse.
No iba a ser tarea fácil porque el Inter se esforzó en guardar un botín que no tuvo que pelear. Como las legiones romanas, el equipo de Simone Inzaghi es capaz de juntarse en el área sin dejar hueco ni para el aire. Dejaron que el Barça los llevara hasta allí sin contar con que, esa noche, Lamine Yamal iba a ser imparable. Él solo se bastó para ir buscando la rendija hasta que la encontró. Ni bajo la persecución de Dimarco y Bastoni, con las ayudas de Mkhitaryan, pudieron maniatarle. Era noche de desenfreno y no tardó en verse.
Por donde nadie lo esperaba
Primero trazó un centro que sorprendió a Ferran Torres de lo medido que iba a su bota. Después fue el valenciano quien buscó ajustar al palo un rechace de Bisseck. Con el Inter empujado a vivir en su campo, antes de que el Barça lograra reaccionar llegó el segundo varapalo. Un córner forzaron los italianos y Dimarco lo puso al corazón del área pequeña para que Acerbi lo peinara y apareciera Dumfries con una increíble chilena. Dos goles en contra en 20 minutos y, pese al acoso y la posesión, ni un disparo culé entre los palos de Sommer.
El suizo tardó muy poco en dejar de ser espectador. Lamine Yamal se soltó la cadena y tiró del equipo cuando cumplía 100 partidos en la élite azulgrana. La banda era suya y quebraba con suma facilidad a cualquiera que saliera a su paso. Caracoleó desde la frontal, sin miedo, con descaro, colándose por donde nadie lo esperaba hasta sacar un disparo al palo largo que Sommer solo pudo seguir con la mirada. El chaval de 17 años, una vez más, acababa de prender una chispa que guió al Barça al empate.
Volvió a pasillear por el área hasta la línea de fondo para, en un palmo, soltar un zurdazo que el guardameta interista rozó para desviar al larguero. De la electricidad de Lamine se contagió todo el ataque. Probó Dani Olmo a soltar un latigazo girándose entre los centrales y Ferran y Raphinha anduvieron pendientes de los centros desde la derecha del inspirado genio de Rocafonda.
La volea de Dumfries para el provisional 0-2 del Inter.AFP
No se podía sacudir el Inter el agobio ante el endemoniado peligro que generaba el canterano, que llevó otra vez a Sommer a salvarse del empate ante un disparo de Olmo. Lo que no pudo hacer es evitar que Pedri filtrara un balón a la cabeza de Raphinha que picó para la llegada de Ferran entre los dos centrales e igualara un partido en el que el Barça estaba logrando devorar al Inter.
Otro giro de guion lo provocaron las lesiones. Antes de la media parte, Koundé se echó al suelo. Demasiados minutos en las piernas del héroe de Copa y una nueva prueba de fuego para Flick, que tuvo que mandar al campo a Éric ante la ausencia de otro lateral diestro. La desgracia también golpeó al Inter con la lesión de Lautaro Martínez.
Quisieron Flick e Inzaghi bajar las revoluciones y evitar que el partido enloqueciera en la segunda parte. Se habían dañado con suma facilidad y había que recomponerse. Imposible. El Inter dio un paso al frente para sacudirse el dominio y, en un córner ante una mala salida de Szczesny, de nuevo Dumfries fue letal. La satisfacción de volver a adelantarse en el marcador apenas duró unos segundos, porque de otro saque de esquina en jugada ensayada, Raphinha soltó un obús desde la frontal que Sommer solo pudo mandar a su propia red.
El remate con el que Ferran Torres colocó el 2-2 en Montjuïc.AFP
Nadie se conformó. El Barça siguió buscando tumbar al Inter, como si no hubiera un partido de vuelta, y los italianos se oxigenaron y encontraron con facilidad los metros a la espada de la defensa de Flick, con salidas taquicárdicas de Szczesny, un gol anulado por un ajustadísimo fuera de juego de Mkhitaryan y la sensación de que, llegados a los últimos minutos, una tregua era la mejor opción. Pero de eso no entiende Lamine, que aún estrelló un centro chut en el travesaño y contagió a Raphinha en el arrebato. Si quieren estar en Munich, tendrán que ordenarse y evitar que aparezca la locura en Milán. Si es que pueden.
Cerrada la posibilidad de meterse entre los ocho primeros. Habiendo conseguido una victoria épica ante el Inter y una derrota sonrojante frete al Bodo Glimt en la fase de grupos, este Atlético de dos caras llega a la repesca de la Champions ante el Brujas con la necesidad de mostrar su mejor cara para no quedar apeado de la máxima competición continental.
Simeone tiene claro que no es una cuestión de elegir partidos, como insinuó Oblak tras el encuentro ante el Rayo Vallecano en Leganés donde los rojiblancos encajaron tres goles y apenas generaron peligro. Habló el argentino de buenos y malos partidos. "Los futbolistas salen con motivación siempre. Es difícil que un jugador salga a perder o jugar mal. Es complicado manenter esa regularidad, sucede en todas las ligas", explicó el técnico.
Va a ser importante sacar un buen resultado de un campo en el que no tienen buenos recuerdos los rojiblancos. Tres derrotas y un empate es el balance del equipo en el Jan Breydel, resultados que preferirán no repetir si quieren continuar su andadura en esta Champions. "Vamos a encontrar un rival, salvo ante el Arsenal, con resultados de local importantes ante Mónaco, Marsella, Barça...", ha apuntado el entrenador.
Y precisamente el campo es un factor muy importante en un Atlético que tiene especial vulnerabilidad lejos de su estadio más allá de los nombres. Porque Simeone ha querido resaltar que "el equipo es de todos, no de 10", aunque está muy contento con el rendimiento de la pareja Pubill-Hancko y se ha permitido incluso el lanzar un dardo a Clement Lenglet por su rendimiento en Butarque y salvado a Giménez.
El Cholo ha encontrado esta temporada un término medio entre su habitual partido a partido y el queremos ganar el torneo que lanzó por primera vez el año pasado, sólo para campeonatos con eliminatorias. "El objetivo es pasar y estar en la siguiente ronda, luego llegar hasta donde se pueda", ha explicado.
Koke, por su parte, no se pone ningún tipo de presión con la necesidad de sacar un resultado postivo de Brujas y dice que hay que "disfrutar". El capitán ha acompañado a su técnico en rueda de prensa y ha coincidido con él en que "ojalá poder jugar todos los partidos como ante el Betis y el Barcelona", pero que son "personas" y a veces las cosas simplemente "salen mal". "Estamos en una montaña rusa y tenemos que buscar esa regularidad", ha declarado.
El mediocentro colchonero dice tener "ganas de revancha" de las derrotas que ha sufrido el equipo y dice que espera que la tercera vez que juegue en el Jan Breydel, "toque ganar". "Siempre que me pongo la camiseta del Atlético quiero ganar, máxima motivación. Sólo pienso en el partido de mañana", ha espetado.
Pocas bajas
El equipo cuenta con las bajas de Nico, que se lesionó ante el Rayo, y de Barrios. Así que Koke volverá, con toda seguridad, a ocupar una de las plazas en el mediocentro rojiblanco. A sus 34 años, ha bromeado con que muchos le habrían jubilado "por viejo", pero está en una gran temporada y disfrutando de muchos minutos.
"No lo sé si es mi mejor momento, estoy en el que me toca, para lo que necesite el equipo. Soy de los primeros que anima", ha mantenido el futbolista que ha explicado que su propio técnico le dice que estar bien no depende de la edad.