Mbappe, durante el partido contra Gibraltar.FRANCK FIFEAFP
Con el consecuente hartazgo de todos, menos de su señora madre, Kylian Mbappé ha cultivado dentro de su caja craneana, reproducción sináptica de un sonajero, un jardín de margaritas. Cada día, a ritmo rapero de la mestiza “banlieu” parisina, ha venid
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Por orden de aparición en el calendario, el Giro, el Tour y la Vuelta conforman el trío de joyas de la corona ciclista. Rosa morganita, amarillo oro y rojo rubí. Esencialmente latinas, ampliamente mediterráneas, ejemplos de las viejas jerarquías, forman parte de la cultura no sólo deportiva del país, al que contribuyen a representar en el mundo.
Pero el Giro es la menos cosmopolita, la más apegada a las mentes y los corazones locales. En su univer
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Fin de fiesta en el final de la fiesta, o en la fiesta final, en Singapur. Fin de fiesta, fiesta final con los relevos femeninos 4x100 estilos, resueltos con un récord del mundo a cargo de Estados Unidos (3:49.34). Luego iremos con ello.
Antes, en los 400 estilos, en la prueba individual, Léon Marchand se llevó su segundo oro y Summer McIntosh, su cuarto. El francés fue tan superior (4:04.73) que no necesitó acercarse a su récord del mundo (4:02.50) para abrumar a Tomayashi Matsushita (4:08.32) e Ilia Borodin (4:09.16).
Después de su récord en los 200 estilos, había, claro, levantado la consiguiente expectación añadida. Pero menos de la suscitada por McIntosh y... Yu Zidi, la muñequita de porcelana china de 12 años. Los aficionados imparciales, por simpatía-empatía paterno-materno filial, estaban con ella. Fue por tercera vez cuarta y se vuelve a casa con un bronce en relevos. No hay precedentes y será difícil que haya consecuentes.
McIntosh (4:25.78), al igual que Marchand, tampoco necesitó aproximarse a su plusmarca (4:23.65) para aplastar a Jenna Forrester y Mio Narita, ambas con 4:33.26, que compartieron la plata. Se va de Singapur con cuatro oros y un bronce. Es la reina del Campeonato, por encima incluso de Katie Ledecky (dos oros y un bronce).
Los 50 libres femeninos fueron el triunfo de la suma especialización. Como en el caso de los masculinos, con un Cameron McEvoy que sólo apareció por Singapur para disputar esos 50, Meg Harris no aterrizó más que para lo mismo. Australia se apuntó en esa prueba un par de oros con el mínimo esfuerzo y el máximo fruto posibles. Harris (24.02) dio buena cuenta de las chinas Qingfeng Wu (24.26) y Yujie Cheng (24.28), con unas diferencias muy amplias para tan corta distancia.
Lo mismo que, en los 50 espalda masculinos y los 50 braza femeninos. Éxito de los rusos "neutrales" Kliment Kolesnikov con 23.68, su segunda mejor marca, tras su récord del mundo, y Pavel Samusenko, con 24.17. El mismo registro que Pieter Coetze. Hubo asimismo dos platas y sonó el himno de World Aquatics, no el hermoso, grandioso de Rusia, heredado de la Unión Soviética.
Volvió a sonar tras los 4x100 estilos, récord de Europa (3:26.93). La rabiosa celebración de los NAB (Neutral Athletes B) al borde del agua tuvo mucho de reivindicación política. La ceñuda expresión de Lifintrev, Prigoda, Ainaxov y Kornev en la ceremonia de premiación contuvo también bastante de protesta muda. Que le pidan cuentas a Putin. Por otra parte, Marchand contribuyó a la plata de Francia.
Ruta Meilutyte (29.55), nacida ya en una Lituania independiente de la Unión Soviética, no reivindicó nada a estas alturas. Se limitó a sacarles medio mundo a Qanting Tang (30.03) y a Benedetta Pilato (30.14), y a celebrar su cuarto oro mundialista consecutivo.
Otro triunfador del Campeonato ha sido el tunecino Ahmed Jaouadi. Ya vencedor de los 800, se apuntó también los 1.500 (14:34.41) con un ataque seco, si cabe definirlo así en una piscina, en los últimos metros que acabó con la resistencia de un ambicioso Sven Schwarz (14:35.69). El plusmarquista mundial, Bobby Finke, tercero (14:36.60), también se rindió en el último momento.
Y vamos con los 4x100 estilos femeninos. Un duelo directo entre EE.UU y Australia por el triunfo particular y el general. Empatados a ocho oros en el cómputo de metales, quien ganase coronaría también a su país. Regan Smith, Kate Douglass, Gretchen Walsh y Torri Huske auparon a las barras y estrellas a la cumbre del medallero. Frente a una actuación discreta de los hombres, las mujeres USA han llevado en Singapur el peso principal del equipo y contribuido fundamentalmente al conjunto éxito final.
Tadej Pogacar, a cuyo alrededor ha gravitado la entera temporada, cerró la suya con su quinto triunfo consecutivo en el Giro di Lombardia. Nadie ha sometido de ese modo a la reina otoñal de los Monumentos. Coppi también la sedujo cinco veces, pero no seguidas. Asimismo, nadie ha hecho podio en una misma campaña en los cinco Monumentos. Pogajar ganó el Tour de Flandes y la Lieja-Bastoña-Lieja, y fue segundo en la París-Roubaix y tercero en la Milán-San Remo. Lombardia ha sido su vigésima victoria del año y la 108 de su carrera. Y su décimo monumento.
Cuando compite, Pogacar ofrece algo muy parecido a una certeza que comienza por una frecuencia, prosigue con una costumbre y desemboca en una rutina. La carrera discurría con una cierta apacibilidad, en el sentido de que no ofrecía altibajos o sobresaltos, como si aguardara a que el esloveno tomase la iniciativa dónde y cómo decidiera. El UAE controlaba con Pogacar a rebufo.
Una escapada desde la mismísima salida con 14 hombres (Simmons, Matthews, Bilbao, Ganna, Vervaeke...) se había ido desgastando y perdiendo efectivos en el curso del trayecto de 241 kms., con 4.500 metros de desnivel, a lo largo de las sucesivas cotas, cortas y duras: Madonna del Ghisallo, Roncola, Berbenno... Entre unas y otras había también muritos, muretes y toboganes. Un infierno en un paraíso otoñal de bosques verdes, ocres, amarillos y rojos.
El UAE (Novak, Majka, en su última carrera profesional, Yates, Vine, Sivakov, Del Toro) seguía controlando, con Pogacar, abrigado tras su gente. En la Crocetta, Quinn Simmons, que había sido el alma de la fuga, iniciándola y sosteniéndola, dejó a sus compañeros. Y entonces la carrera se organizó con Simmons, bigotudo, patilludo, melenudo, campeón de Estados Unidos, "hippy" tardío, con el maillot recamado de estrellas, haciendo todo lo posible para que, cuando atacase Tadej, dispusiera de alguna ventaja que le concediese alguna oportunidad.
No la tuvo con todavía por delante la Zambla Alta (9,8 kms. al 3,3% de porcentaje medio) y La Ganda (9,6 al 7,1). Por detrás, Majka se entregaba a morir. Y moría. Lo reemplazaba Vine en el martirio. Y se inmolaba. Landa, que galleaba, humillaba de golpe la cresta. Y Roglic. Y Alaphilippe. Y Bernal. Y Pidcock. Y Carapaz (que se iría al suelo luego)... Quedaron aislados en vanguardia Pogacar, Evenepoel, Del Toro, Storer y los 19 años recién cumplidos de Seixas.
Y, de pronto, ¿dónde? Qué más da. ¿Subiendo o bajando? Es lo mismo. ¿En recta o en curva?. No importa. Súbitamente, donde fuera, estalló la tempestad de un solo hombre. Del único hombre posible. De un solo trueno. De un solo rayo. De Tadej Pogacar. Quedaban 36,6 kms. para la llegada. Pogi aceleró con esa su brutal suavidad. Evenepoel, que, escarmentado, ya ha aprendido todas las lecciones, ni lo intentó. Se hubiera abrasado a cambio de nada, a costa de gastar inútilmente unas energías que iba a necesitar más tarde.
Pogacar, por delante de Evenepoel, durante la prueba.MARCO BERTORELLOAFP
...Y todo había acabado antes de acabar. Pogacar volaba, ángel con alas blancas: casco blanco, culote blanco, calcetines blancos, zapatillas blancas, bicicleta blanca y jersey blanco pintado de arcoíris como adorno colorista del cielo impoluto de toda victoria. Pogacar gana por aplastamiento con una sonrisa que endulza el esfuerzo y lo infantiliza.
Evenepoel, coloso secundario, fue otra vez segundo. Lo celebró. Ya que vencerle es una quimera, escoltar a Pogacar es un privilegio. Michael Storer fue un tercero doblemente feliz.