La clasificación agónica del PSG de Luis Enrique lo sitúa como el coco a evitar en el sorteo del próximo lunes
Mbappé ante el Borussia DortmundFRANCK FIFEAFP
Desde la llegada de Qatar Sports Investments en 2011, el PSG siempre supera la fase de grupos de la Champions: una racha histórica para el club, una racha que este miércoles fue mochila. El equipo francés mantuvo el brillo de 12 temporadas consecutivas en octavos, pero lo hizo de los nervios, sufriendo hasta el final, vestido de funambulista. Con su empate en casa del Borussia Dortmund (1-1) pudo quedarse fuera de la máxima competición europea en cualquier momento y, de hecho, durante casi una hora estuvo eliminado. Las matemáticas para la clasificación del PSG reclamaban un triunfo galo o un tropiezo del Newcastle ante el Milan y fueron muchos los minutos en los que ninguna de las dos condiciones se daba. La remontada italiana (1-2) en el otro partido fue alivio, pero ¡uy! ¡ay! ¡uf!
El gol de Joelington para el Newcastle (el 1-0) en el minuto 33 eliminaba a un PSG que no paraba de fallar y fallar y fallar goles. Ante el Dortmund, un equipo que llevaba dos años sin encajar en casa, Mbappé, Kang-in Lee, Kolo Muani o Hakimi tenían oportunidades clarísimas de gol en la primera parte y perdonaban. Era el peso de la racha en Champions de la propiedad qatarí. Al descanso, el nuevo proyecto de Luis Enrique se hundía con todo y no había excusas, ni su reciente llegada, ni las marchas de Neymar y Messi, ni tan siquiera la mala suerte de caer en el grupo de la muerte, que salvaran al entrenador español. En el minuto 53 del partido, un error de Hakimi permitía el tanto del Dortmund, de Adeyimi, y complicaba todavía más las cosas, pero la reacción del PSG fue rápida. Primero el jovencísimo Warren Zaïre-Emery, de 17 años, empató el encuentro y poco después, en el minuto 59, el Milan empezó la remontaba que otorgaba el billete a octavos al conjunto galo.
La formación de los bombos
En el resto de grupos no hubo tanta tensión, ni mucho menos. Con victoria sobre el Shakhtar (5-2), el Oporto decidió pronto su pase como segundo y el Barcelona, pese a su mal encuentro en Amberes, cruzó de fase como líder. El resto de grupos del día ya estaban resueltos con Atlético y Manchester City como primeros y Lazio y Leipzig como segundos y con esos nombres se cerraron los bombos del próximo sorteo.
El lunes que viene a partir de las 12.00 horas en la sede de la UEFA en Nyon se decidirá qué rivales juegan contra los cuatro españoles clasificados, todos como líderes, Real Madrid, Real Sociedad, Atlético y Barcelona. Al contrario de lo que ocurre en los sorteos posteriores, en los octavos no se pueden encontrar los conjuntos que ya han coincidido en la fase de grupos ni los equipos del mismo país. Por ello los españoles tienen al PSG como adversario a evitar y hay pocas opciones realmente deseables. Para quien no se enfrentó ya a ellos, los tres conjuntos italianos (Nápoles, Inter y Lazio) son temibles y, si acaso, Copenhague o PSV pueden considerarse los menos peligros.
Los clasificados para octavos
Primeros: Bayern, Arsenal, R. Madrid, Atlético, R. Sociedad, Manchester City, Borussia Dortmund y Barcelona.
Segundos: Copenhague, PSV, Nápoles, Inter, Lazio, PSG, Leipzig y Oporto.
A Europa League: Galatarasay, Lens, Braga, Benfica, Feyenoord, Milan, Young Boys y Shakthar.
Días así no compensan. Hablo en serio. Da igual el resultado.
Cuenta la leyenda que hubo un tiempo en que los derbis se disfrutaban. Serían otros. Otros derbis u otras personas. Llegas a la redacción, al taller, al colegio de los niños y es un campo de minas. En cada encuentro aparentemente inocuo hay una trampa, un Vicente Ruiz, un Madueño, una Ana María Ortiz que llevan meses fingiendo ser personas normales, tus amigos incluso, pero son agentes durmientes.
Usted, querido atlético, tendrá sus equivalentes. Horas y charlas, bromas y cafés, pensando que son gente decente y son madridistas de los (más) chungos, de los falsos victimistas, los del contragafe y el "enhorabuena" horas antes de que empiece el martirio. Porque lo peor no es que te vacilen y presuman de Champions, lo peor es que te tomen por tonto. Te quieren vender que el Atleti es favorito, un igual al menos, y en el Atleti es indiscutible Javi Galán. No hay más preguntas, señoría.
No se tome esto como insulto, sino como síntoma. Bastante ha hecho el chaval, un descarte a principio de curso, cubriendo con dignidad el puesto cuando Simeone vio que en el regreso al 4-4-2 residía la resurrección y no tenía otro lateral izquierdo en plantilla. Aun así, el Atleti, demostrando una vez más que la ambición del equipo no se contagia a los despachos, decidió dejar pasar el mercado de invierno, con todos los títulos al alcance, sin reforzar el obvio boquete. A los tres minutos Rodrygo abusó de Galán y le gritó al emperador que iba desnudo. A este nivel, un detalle es un suicidio.
El resto fue igualado porque los puntos flojos del Atleti son más flojos que los del Madrid (como se encargó de recordar dolorosamente Brahim, supuesto fondo de armario, en el 2-1), pero los fuertes no tienen nada que envidiarle. Oblak, este De Paul centrado, Llorente a la carrera, Barrios creciente, el Griezmann organizador... y Julián Álvarez. Sobre todo, Julián Álvarez. Sobre esa piedra construirá el Atleti su iglesia, su catedral o lo que le dé la gana.
Durante todo el día discutí con Perico Simón, con Miki Murcia, con Guisasola, con Luis Martínez, con los buenos, cuál era el mejor resultado. Concluímos que perder por uno, no tener dudas con a qué salir en la vuelta, ira y fuego en el Metropolitano y si tiene que ser un desastre, que sea un desastre esplendoroso. Los Atletis del Cholo siempre empeoran cuando echan cuentas.
Y cuando me venía arriba pensando en eso, recordé que en una semana otra vez la misma tortura. Días así no compensan. Hablo en serio. Da igual el resultado. Pero allí estaremos. No somos listos, pero somos fieles. De algo hay que morir, aunque siempre sea de lo mismo.
Se acabaron las especulaciones y, con el Barcelona ya en octavos de final y el Villarreal y el Athletic ya eliminados, queda la incógnita de con quién se verán Real Madrid y Atlético en la eliminatoria de dieciseisavos de final a la que se han obligado tras sus derrotas en esta última jornada de la fase de grupos.
Primero, el Real Madrid. Ha sido noveno, el primero de los que han de jugar esta repesca. Junto al Inter de Milán, que ha sido décimo, deberá enfrentarse o bien al Bodø/Glimt, el equipo noruego que ha amargado al Atlético en el Metropolitano, o bien al... ¡Benfica! Sí, las carambolas han propiciado que pueda ser el equipo de Mourinho el rival del Madrid para estar en octavos.
Por cierto que, después de eso, en octavos de final espera o el Sporting de Portugal o el Manchester City de Pep Guardiola, repitiendo, aunque no en la misma ronda, la eliminatoria del año pasado.
El Atlético, por su parte, ha quedado en decimocuarta posición. Junto a la Juventus, el equipo que le precede, se va a enfrentar o bien al Brujas o al Galatasaray, a quien no fue capaz de ganar la semana pasada.
El panorama se oscurece en octavos, porque de salir indemne de la repesca, el equipo de Simeone deberá viajar a Inglaterra. Bien a Londres para medirse al Tottenham bien a Liverpool.
La suerte de ambos se conocerá este viernes a mediodía, y su única ventaja es que los dos podrán jugar la vuelta en casa.
Ha traído Simeone la cábala al Atlético y ahora la parroquia no la abandona a un paso de otra final de Champions, la tercera (¿va la vencida?) desde la llegada del argentino. No es sólo que el Cholo cumpla 1.001 partidos, capicúa, en el duelo de esta noche ante el Arsenal. También que la última semifinal ante un equipo inglés, de la que se venía de nuevo tras eliminar al Barcelona, hubo un empate en la ida y, entre duelo y duelo, se jugó y ganó al Valencia en Mestalla. "Variaba muchas cosas en función del resultado según le dieran suerte o no", explica Dani Aranzubia, ex guardameta rojiblanco, que vivió algunas cábalas de su técnico, como la de cambiar de hotel tras una derrota, algo que ha hecho en Londres tras haber perdido con el Arsenal en octubre. "Era más barato", ironizó el Cholo.
Además de cábala, Simeone ha trazado un camino que se basa en una palabra que dos de los jugadores que ya lo recorrieron recuerdan perfectamente: confianza. "Teníamos mucha confianza para eliminar a cualquiera". "Era un equipo que se fue construyendo a partir de confiar en el mensaje del Cholo. Sabía que podía competir con cualquiera", explican a EL MUNDO tanto Aranzubia como Raúl García, miembros de la plantilla que disputó y ganó la penúltima batalla de Londres hace 12 años.
No fue el Arsenal sino el Chelsea de José Mourinho y... Fernando Torres, el que esperaba en Stamford Bridge en el penúltimo escalón de la máxima competición continental. Lo hacía tras arrancar un empate a cero en el Calderón en un duelo en el que "sólo vinieron a defenderse", según rememora García. "Nosotros preferíamos jugar primero en casa por los goles en campo contrario", completa Aranzubia sobre la época, ya pasada, en la que valían doble esos tantos.
Hablan los ex rojiblancos de los nervios lógicos de un duelo tan importante para un bloque que, salvo David Villa, nunca había alcanzado ese tipo de latitudes. "A pesar de no tener futbolistas que hubieran pisado semifinales de Champions, había jugadores con un carácter impresionante: Godín, Gabi, Raúl García, Diego Costa o Villa. Supieron tirar del carro", lanza el ex guardameta. Mientras que el centrocampista apunta a vivir y enfocarse en "disfrutar el momento" como clave a la hora de sacar adelante cualquier tipo de duelos. Los dos coinciden, eso sí, en que el el equipo remaba de manera unánime en "una única dirección": "La fortaleza era el grupo, pero el líder era el míster", destaca Aranzubia, aquella temporada, compañero de Courtois.
12 años
Han pasado 12 años desde aquel 30 de abril de 2014, y a los protagonistas les cuesta recordar los detalles de cómo fueron las emociones y el desarrollo de aquella histórica vuelta de semifinales en Londres. Pero a Aranzubia sí que le llamó la atención lo cerca que estaban los banquillos y los apenas dos metros que separaban a los entrenadores. El estoicismo aparente de Mourinho contrastaba con la efusividad y las carreras del Cholo, especialmente con el gol de Arda Turán, que cerraba un partido que se había puesto cuesta arriba.
"Tener enfrente a Torres ya era un aliciente. Pero él quería pasar y encima te marca el primer gol. Es la típica historia de decir somos el Atlético y tiene que haber este recuerdo", apunta Raúl García sobre ese momento, en el minuto 36, cuando El Niño manda a la red un centro de Azpilicueta y la semifinal se ponía cuesta arriba. Hasta que se desata el vendaval rojiblanco.
Vendaval rojiblanco
Primero Juanfran salvando un pase de Thiago sobre la línea y poniéndosela a Adrián para la igualada. "El empate de Adrián nos dio mucho aire. Tener tan cerca la final, que no era el objetivo al inicio de temporada, pero luego se añade ese punto de presión", cuenta Raúl García que sería el que poco después sustituiría al goleador. "Mucha ilusión jugarlo y sentirte junto a tus compañeros estar a ese nivel. Fuera de casa, te sientes orgulloso. Esa segunda parte yo mismo la disfruté como si fuera un cuento", añora el navarro. Luego ya llegarían el 1-2 de Diego Costa de penalti y el citado tanto del turco para apagar definitivamente la ilusión británica con el 1-3 y seguir soñando en rojiblanco.
Courtois, Arda Turán y Koke celebran el pase a la final en 2014.Eddie KeoghREUTERS
"Nadie hablaba de ganar todo, pero no se descartaba. Simeone nos mentalizo de que era posible", explica Aranzubia, ya que poco después, esa misma plantilla también se sobrepondría a un gol en contra en el Camp Nou, para llevarse la Liga frente al Barça de Messi. "No hay que ocultarlo, aquel equipo estaba hecho de ambición y de confianza en lo que hacíamos. No teníamos tantos nombres, pero no teníamos miedo a competir con nadie", añade García. Una confianza que se mantiene dentro de un vestuario rojiblanco muy diferente al de entonces, pero también un entrenador muy cambiado.
Diferencias y similitudes
El navarro recuerda que en aquel Atlético existía la sensación de que "cuando se adelantaba el partido se acababa", mientras que en el actual el Cholo se ha cansado de repetir que su equipo "ataca mejor que defiende". No obstante, tanto Raúl García como Dani Aranzubia creen que este club, con futbolistas de mayor nombre que entonces y que "te pueden decidir partidos de manera individual", tiene posibilidades de eliminar a un equipo británico que "no es el de principio de temporada". "Tienen una plantilla capaz de vencer y el Arsenal acumula la presión de ganar trofeos", apostilla García.
Budapest está a la vuelta de la esquina como apareció Lisboa tras aquella batalla de Londres. En la misma ciudad pero distinto escenario, este Atlético con diferente piel buscará volver a conquistar Reino Unido. Los símbolos son favorables, pero el nivel futbolístico también lo es y, pese a que los ex rojiblancos coincidan en que "el fútbol nunca te debe nada", la diosa fortuna podría, por fin, dar la primera a Koke y permitir a Griezmann la despedida soñada. ¿Por qué no?
El gol más amargo
«Nunca celebraría un gol contra el Atlético». Fernando Torres tuvo opción de demostrar una frase que lanzó en la previa de la Supercopa de Europa de 2012 que le enfrentaría como jugador del Chelsea a su ex equipo. No marcó entonces, pero la Champions les volvió a unir dos años después en semifinales y allí sí tuvo la oportunidad de exhibir su corazón rojiblanco.
Aquel tanto en el minuto 36 tras un gran pase de Azpilicueta, provocó un inmediato gesto de perdón de El Niño hacia la grada, aunque el partido se celebrase en Stamford Bridge. Posteriormente y con semblante serio, bajó la mirada y fue sepultado por sus compañeros en la celebración. De poco serviría ese gol.
Al filo del final de la primera mitad, Adrián embocaría un pase atrás de Juanfran para poner el empate en el marcador que se encontraría con un hierático Mourinho, entrenador de los blues. Posteriormente, fue Diego Costa el que transformó un penalti generado por él mismo gracias a la inocencia de Samuel Eto'o.
Poco después era sustituido Torres por Demba Ba y habría división de opiniones en la grada británica con aplausos y algún silbido para el delantero madrileño. Desde el banquillo, Torres vería el tercer tanto rojiblanco tras una pared de Arda Turán con el larguero. Ese 1-3 daba el pase a su Atlético a la segunda final de Champions de su historia y la primera del Cholo, quien le recuperaría la temporada después tras una infructuosa cesión al Milan desde Londres.