Las adolescencias cruzadas de Vinicius y Lamine, entre la presión mediática y el peso de Cristiano y Messi: títulos, millones, insultos, dudas físicas…

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Lamine Yamal cumplió en julio 18 años, los mismos que tenía Vinicius Júnior cuando aterrizó en Valdebebas para jugar en el Real Madrid. El conjunto blanco pagó 45 millones por él a los 16, la edad a la que Lamine se hizo gigante en la Eurocopa. Son dos adolescencias cruzadas, marcadas por el foco mediático de los dos clubes más grandes del mundo, por la presión de las críticas y de los grandes escenarios. Se llevan siete años de diferencia, pero en sus caminos hay similitudes evidentes y también diferencias. Todo eso choca hoy de nuevo en el King Abdullah de Yeda, en otro clásico para definir la Supercopa.

Vinicius y Lamine representan dos caras de la misma moneda: el talento precoz sometido al escrutinio mediático, la construcción de su fútbol a la vez que la necesaria coraza ante el ruido exterior, las grandes marcas, el dinero, el entorno familiar… La presión casi hunde al primero durante unos primeros años de irregularidad en la capital, pero Vinicius lo solventó con una explosión mundial de la mano de Ancelotti y con dos goles en dos finales de Champions.

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Yamal, por su parte, dinamitó todos los registros, se consolidó en el primer escalón del planeta con apenas 16 años, se transformó en epicentro de las esperanzas del Barça posterior a Messi y se echó a sus hombros a la selección. Golpeó con fuerza el primer muro de la presión, pero una vez tocado el cielo de la Liga y la Eurocopa, en los últimos meses de 2025 ha experimentado las luces constantes del foco mediático. La polémica le ha acompañado por su cumpleaños, por su pareja sentimental, por su padre, por la pubalgia que inició una guerra entre su club y la selección… Meses en los que ha sentido el análisis sobre cada paso que daba, condicionando, como le pasó a Vinicius, su personalidad.

Las dos estrellas no rechazan la confrontación. El brasileño no se ha callado ante los insultos racistas que ha ido recibiendo en diferentes campos de España, como el Metropolitano, el Camp Nou o Son Moix, e incluso ha protagonizado un documental sobre el tema. Tampoco lo ha hecho Lamine, que los sufrió en el Bernabéu. Han sido la diana de la rabia y la mala educación de algunos aficionados, pero no se han alejado del foco, incluso les gusta. Yamal forma parte del día a día de la Kings League, aparece en sus tertulias y pica a los madridistas de la liga. Vinicius no sale en un programa así, pero también utiliza las redes sociales para responder a quien considera, como sucedió tras el pique con Simeone.

“Un entorno ajustado”

«Los adultos normalmente ya tenemos formada nuestra personalidad y sabemos aceptar mejor las situaciones. Si soy un jugador joven que de repente me ponen ahí con toda la exigencia, necesito ayuda para hacerle frente», explica el psicólogo deportivo David Peris. «La prensa, las expectativas, los aduladores del alrededor. Hay que mantener un entorno lo más ajustado posible, los amigos de toda la vida, la familia, una red que le ayude a funcionar», añade.

En los últimos meses, ambas estrellas han llegado a un punto límite a nivel físico y mental. Un punto que parece de inflexión. Desde que perdiera el Balón de Oro ante Rodrigo Hernández, Vinicius ha ido cuesta abajo, todavía no ha cerrado su renovación con el Madrid, ha vivido una relación tensa con Xabi Alonso y hay cada vez más rumores sobre una posible salida. Cinco goles y ocho asistencias en 26 partidos, pero cero goles y tres pases de gol en los últimos 16, es su balance de esta temporada, cifras discretas para un futbolista que llevaba tres años siendo de los mejores del mundo y que ahora debe definir su rol en el futuro del club tras la llegada de Mbappé. Tras los abucheos contra el Sevilla, el brasileño se quitó la foto de perfil con la camiseta del Madrid en sus redes sociales y acrecentó todavía más la polémica. A mitad de su carrera, con 25 años y después de siete temporadas en la elite, podría buscar un cambio.

Lamine, de momento, asienta su lugar en el nuevo Barça. Perdió el Balón de Oro ante Dembélé, ha heredado el ’10’ de Messi y renovó hasta 2031, un movimiento similar al que hizo el Madrid cuando explotó Vinicius. En 2023, con 23 años, los blancos le dieron el ‘7’ de Cristiano Ronaldo y le renovaron hasta 2027 con una cláusula de 1.000 millones. Acumula nueve goles y 11 asistencias en 22 encuentros y lidia con una pubalgia persistente desde hace meses que, entre otros partidos, le limitó en el último clásico de Liga. El club y el jugador optaron por una gestión conservadora que no requiriera pasar por el quirófano, y Flick le dosifica como puede. Después de ser titular en 16 partidos seguidos con el Barça y de perderse los dos últimos parones internacionales con la selección, el de Rocafonda fue suplente en semifinales, aunque parece que volverá al once en la final.

kpd