Muchas crónicas, incluida ésta, habrán comenzado, habrán titulado con un ‘la tigresa ruge de nuevo’. Lógico. Casi obligatorio. La ‘tigresa’ es Federica Brignone, que lleva pintado en su casco el feroz rostro del felino. Después de haber vencido el jueves en el supergigante, la veterana (35 años) esquiadora italiana se exhibió triunfal en el gigante tras una primera manga prodigiosa. Una exhibición de clase y carácter que remató en la segunda para llevarse otro oro como otro milagro del deporte, como otra demostración de, conocida su historia, la capacidad del ser humano de ponerse en pie después de haber caído. La noruega Thea Louise Stjernesund y la sueca Sara Hector, vigente campeona olímpica, compartieron la plata al empatar a tiempos (2:14.12), 62 centésimas más que Brignone.
El primer sector había ofrecido un asombroso triple empate a tiempos entre Thea Louise Stjernesund, Sara Hector y la italo-albanesa Lara Colturi, todas en 1:03.97. Parece imposible semejante coincidencia. Mikaela Shiffin se había quedado en 1:04.25. No muy lejos. Pero no muy cerca. O sea, descartada en ese mundo que parcela el tiempo en magnitudes mínimas. Esta temporada se muestra intratable en el eslalon, pero no en el gigante. En el eslalon del miércoles deposita su última esperanza en el seno de su última oportunidad.
Con las garras desenvainadas y los colmillos húmedos, bajó entonces Brignone para registrar un crono de 1:03.23. No lo rebajaron ni la alemana Lena Duerr (1:03.57) ni Sofia Goggia (1:03.69). Las medallas se jugarían en un manojito de centésimas, una fracción de tiempo despreciable en la vida cotidiana, pero capital en muchas ramas del deporte.
El legado de Brignone
En el segundo asalto, Stjernesund y Hector, duplicando el anterior asombro, volvieron a igualar sus tiempos. Esta vez los totales (2:14.12). Increíble. No los superaron Sofia Goggia y Lena Duerr, ya fuera de los metales. Quedaba Brignone. Así que cuando ‘la tigresa’ salió desde el portillón como si escapara de una jaula en la que ha estado mucho tiempo retenida, únicamente ella podía derrotar a las siamesas nórdicas.
Y así fue. Con un crono de 2:13.50, las dejó 62 centésimas atrás. Ambas se arrodillaron y postraron para rendir homenaje a una heroína sufriente y rediviva. Recordemos su historia. En abril de 2025, después de haber ganado en febrero el gigante del Mundial de Saalbach, sufrió una lesión terrible: fractura de tibia y peroné, rotura multifragmentaria de la meseta tibial, luxación completa de la rodilla y severa afectación de ligamentos y meniscos. A los 34 años, su carrera estaba acabada y, probablemente, tendría problemas para andar de un modo normal el resto de su vida.
AFP
Antes de un año de aquello, es campeona de supergigante y de gigante y, además, en Italia, donde los esquiadores (y nadadores y atletas) gozan de la misma fama que los futbolistas. Alberto Tomba fue durante años el deportista más popular del país, en gemelo trono invernal con Deborah Compagnoni. Hoy día, entre las mujeres, Sofia Goggia, Elena Curtoni y Federica Brignone no les van a la zaga.
Brignone ha adquirido un suplemento de devoción. Ganadora de 37 pruebas de la Copa del Mundo, unidas a 85 podios, vencedora de la general en 2020 y 2025, ha rematado en el gigante un creciente historial. Obtuvo el bronce en Pyeongchang18 y la plata en Pekín22. Ahora es oro. En la ceremonia de inauguración fue la abanderada italiana. Un augurio. Una premonición de grandeza merecida, de previo reconocimiento nacional a una de sus heroínas.






