La servilleta con la que Leo Messi firmó el primer contrato que le unía oficialmente al F.C. Barcelona inicia su subasta en la capital británica con una cifra inicial de 350.000 euros. Un número a la altura de un documento que cambió la historia del club blaugrana y del astro argentino, que por entonces era solo un adolescente de 13 años.
“En Barcelona, a 14 de diciembre del año 2000 y en presencia de los señores Minguella (agente vinculado al club) y Horacio (agente del jugador), Carles Rexach, secretario técnico del F.C. Barcelona se compromete bajo su responsabilidad y a pesar de algunas opiniones en contra a ficha al jugador Lionel Messi siempre y cuando nos mantengamos en las condiciones acordadas“.
Con ese pequeño texto, firmado por las partes en el Restaurante Club de Tenis Pompeia de Montjuic, el Barça, presidido entonces por Joan Gaspart, se comprometió finalmente a fichar a un chico que arrastraba problemas de crecimiento y que, con su padre y sus agentes, viajó a Barcelona tres meses antes para pasar unas pruebas. El argentino ya había demostrado en las categorías inferiores de Newells Old Boys sus condiciones y calidad como futbolistas, pero el club blaugrana necesitaba verlo jugar en directo y despejar las dudas que se tenían sobre su problema físico.
Minguella, Horacio y Carles Rexach firmaron el acuerdoAndy ReinEFE
Según ha declarado el propio Horario Gagglioli en diversas ocasiones, el documento se ha quedado bajo su custodia durante todo este tiempo ya que el club, en la etapa de Sandro Rosell no la quiso comprar para el Museo. En declaraciones a la cadena COPE, Josep María Minguella no tardó en señalar su enfado al enterarse de la próxima venta de la servilleta y declaró que siempre ha defendido que se quedara en el club para que la gente pudiese verla.
La servilleta, después de pasar por París y Nueva York está ahora mismo en Londres en manos de la casa de subastas Bonhams y su venta se extenderá hasta el día 17 de mayo. Su director, Ian Eihling ha declarado lo siguiente acerca del documento: “No había papel disponible, por lo que está servilleta de papel representa el primer contrato informal“.
Carlos Alcaraz aseguró este viernes llegar a Roland Garros sin sentir excesivamente el peso de la defensa del título y "con buenas sensaciones", tras su victoria sobre Jannik Sinner en la final de Roma. "Cada partido contra él es una batalla física, táctica y mental", reconoció el número dos mundial, que puede volver a medirse a su eterno rival en semifinales.
Su primer oponente será el japonés Kei Nishikori, de 35 años, actual número 62 del mundo, tres veces cuartofinalista del torneo. "Sé que viene de tener varias lesiones, pero siempre es toda una leyenda", advirtió Alcaraz. "Intentaré darle alegría a mi juego. Es lo que intento en cada partido: no sentir miedo, no pensar demasiado en ser sólido, sino darle alegría a mi tenis, disfrutarlo, pasarlo bien".
"Me estoy encontrando cómodo y contento con el nivel que estoy alcanzando", reconoció Alcaraz. "Y es verdad que la mayor parte de los partidos siento que dependen de mí, de si encuentro el buen camino y la buena dirección, si soy capaz de disfrutar".
"Espero empezar a un buen nivel", reconoció el tenista español, que posiblemente debutará en la pista Philippe-Chatrier donde el año pasado levantó su primer Roland-Garros, recibido como "el nuevo rey de la tierra batida" (tomando directamente el relevo a Rafa Nadal, que el domingo tendrá un sentido homenaje).
Aunque está en la misma parte del cuadro que Sinner, Alcaraz evitará al menos a Djokovic, que llega a París con el número seis a sus espaldas, y con quien solo se enfrentaría en una hipotética final. El italiano Lorenzo Musetti (a quien también venció en Roma), el noruego Casper Ruud y el norteamericano Taylor Fritz serían sus posibles rivales si logra avanzar.
"Tengo un visión más bien global del cuadro", reconoció Alcaraz, que en el fondo piensa y trabaja ya en un posible enfrentamiento contra Sinner. "Sé que él intentará mejorar, pero hay que pensar que hizo un torneo muy bueno, teniendo en cuenta que llevaba tres meses inactivo, y quizás al final aquejó la falta de partidos".
A la pregunta sobre si se ve un pie por delante de todos sus rivales en tierra batida, Alcaraz aseguró que no se ve en un plano superior y que hay "un gran nivel en el top 30" que deja abierta la posibilidad a sorpresas. Las "buenas sensaciones" a su vuelta a París se leían en el tono "disfrutón" de sus palabras. Alcaraz no torció siquiera el gesto ante las críticas recibidas por el documental en Netflix que, a decir de Nadal, explora demasiado su lado personal y poco su aspecto profesional. "Me gusta salir, como a cualquier chico de 20, 21 o 22 años, y tengo mi lado fiestero. Pero soy un profesional y procuro no perder el foco en el tenis. Me gusta también disfrutar con el tenis".
Vienes de un marzo negro, de una depresión de resultados preocupante y atisbas el domingo con los periódicos informando de un tropiezo de los colosos. Estás lejos, pero quién sabe... Es imposible, pero y si... Tienes que ganar todo y ellos perder bastante, pero quizás...
Toda época oscura tiene final. Tras semanas de lluvia, siempre sale el sol. La luz es Barrios. Hay que sentir para seguir creyendo. Y el canterano lo hizo, y con él, el Atlético, que remontó el gol de Agoumé con un tanto de penalti del de siempre y la fe del número 8. [Narración y estadísticas, 1-2]
Quiere creer y soñar el Sevilla. Poco importan las dos últimas y dolorosas derrotas, que su temporada en casa sea floja, por decirlo educadamente, y que la planificación deportiva sea cuestionada día sí, día también, por la grada del Pizjuán. De hecho, uno de sus fichajes más cuestionados, Lucien Agoumé, quiso transmutarse en Toni Kroos, ahora que estamos en cuaresma, y cuando despertaba el partido metió un putt con el interior desde el borde del área para batir a Oblak. Quedaba un mundo, pero la declaración de intenciones no era mala.
El Atlético, por su parte, empezó vago, con una presión desordenada y un bloque medio, como sin saber si morder o esperar. Un sueño para un Sevilla que tiene una identidad extraña este año, más largo que compacto y con querencia por el juego directo. Jugadas de cuatro pases y gracias. En una de esas, Ejuke desbordó a Molina para ponerla en el corazón del área pequeña, Oblak y Le Normand salvaron el segundo antes de los primeros 20 minutos.
Entonces llegó uno de los errores, habituales este curso, que impiden que el Sevilla aspire a mayores hazañas. Un balón que no iba a ningún lado en el área, Badé decidió perseguirlo como un búfalo hasta que arrolló a Gallagher. Penalti incuestionable y esta vez, pese a la historia interminable del doble toque, lo pateó Julián y lo introdujo en la portería de Nyland. El partido empezaba de nuevo con media hora menos.
Julián celebra su tanto.Jose Manuel VidalEFE
Sevilla y Atlético son espejos en esta fase de la temporada. Jugando a destellos, acodados en sus mejores jugadores y con poco control del juego. Uno de esos destellos lo protagonizó Lukebakio, la estrella sevillista, la única esta temporada, puso un pase medido a Akor que lo estrelló ante un atento Oblak. Lo dicho, poco fútbol y muchas oportunidades. Las defensas, especialmente la rojiblanca, apáticas. Aunque Badé, a veces, no sabía qué portería guardaba.
Simeone apremió a sus pupilos que terminaron apretando al final de la primera parte. Tras 45 minutos en tercera, decidieron jugar en sexta los cinco del descuento. A estas alturas de liga ya no te puedes permitir tirar una parte a la basura y menos tras la mala experiencia ante el Espanyol. Aún así, si Gallagher hubiera resuelto mejor una contra tres para uno, el Atlético se habría ido uno arriba en el marcador. Inmerecido, sí, pero a falta de ocho jornadas hay que ganar por lo civil o por lo criminal.
Sacó Simeone a Molina en el descanso, cuya primera parte no iba a pasar a la historia, y la segunda comenzó parecida al inicio del encuentro, intensidad sevillista y ocasión de Akor, bien resuelta por Lenglet y luego otra de Kike Salas. Ambas provocadas por errores de Griezmann en salida. Cada vez se explican menos los minutos que el Cholo concede al francés. Una cosa es respetar la historia, que la tiene e inmejorable, y otra que sea intocable en un maratón de partidos ya complicado para un veinteañero, imposible para un veterano.
Oblak recoge objetos del césped.Jose Manuel VidalEFE
Lo retiró en el minuto 55 por Sorloth y también saltó al terreno de juego Koke, ausente el último mes. El equipo creció en intensidad, pero el partido se interrumpió por una protesta contra la directiva por parte de la grada Gol Norte. Soto Grado detuvo la contienda cinco minutos tras la caída de decenas de objetos.
Lanzamiento de objetos
Tardó un tiempo el Atlético en recalentarse tras el parón y aprovechó la electricidad de Riquelme, que salió por un invisible Giuliano, para volver a empujar hacia la portería de Nyland. Precisamente, podría haber desnivelado el marcador el canterano rojiblanco si Gallagher hubiera puesto bien el pase atrás. Estaba solo en el punto de penalti. El Cholo vio el momento y quiso prolongarlo con Lemar, más toque y profundidad que el inglés al que sustituyó, pero casi lo lamenta después de que Badé, tras un córner, por poco adelantara a un Sevilla que ya se centraba más en aguantar que en atacar.
El Atlético, pese al cansancio, pese a la depresión, nunca dejó de creer y tuvo que ser un canterano, el que tiene marcado el escudo en el pecho, el que aprovechó el tropiezo de los titanes en el descuento. Barrios puso la izquierda tras un gran eslalon y Nyland solo pudo mejorar la foto. A tres del Real Madrid y a siete del Barça, Imposible... o casi.
Marc Márquez tiró de épica para sumar su tercer triunfo de la temporada en MotoGP en uno de sus circuitos favoritos: Phillip Island. Por mucho que las circunstancias le obligaran a firmar una salida extraña, supo sobreponerse para engancharse pronto a los puestos de cabeza, desde donde pondría a su vez los cimientos para pelear codo con codo con Jorge Martín por hacerse con el triunfo. Ambos supieron aprovechar a la perfección sus bazas. El de Cervera, su maestría en las curvas, muy especialmente, la cuarta, donde forjaría finalmente su victoria. Y el de San Sebastián de los Reyes, su arrojo y la mayor potencia de su máquina, si bien, con Bagnaia muy lejos ya de discutir ni la primera ni la segunda plaza, sacó a relucir su lado más cerebral para aumentar las distancias con el italiano en la clasificación hasta los 20 puntos.
"Era difícil ganar, así que damos por bueno lo que hemos conseguido. Ahora, vienen dos carreras en las que me siento mejor a nivel de sensaciones Lo di todo, pero empecé a encontrar dificultades en la entrada de las curvas y ellos lo han hecho mejor", reconoció un Bagnaia que tuvo que conformarse con subir al tercer escalón del podio en el Gran Premio de Australia. "Ha sido una carrera difícil, sin duda, tenía un ritmo fuerte, pero las sensaciones no fueron como las que tuve el sábado. Cuando me pasó Pecco, cambié la energía para dar un poco más. Luego, es verdad que sabía que Marquez estaba ahí y que lo intentaría en la curva cuatro, no tenía nada que perder, así que, después, preferí asegurar. Son 20 puntos de distancia y ahora vamos a un circuito, Tailandia, que me encanta", señaló por su parte Martín.
"Siempre ocurre algo. Nunca me quito el tear-off en la parrilla, pero esta vez tenía algo muy grande delante de y no me quedaba otra. Por desgracia, se puso ahí, delante de la rueda trasera y, aunque traté de quitarlo, fue imposible. En la salida, la moto hizo algo de spinning y no sabía donde estaba la primera curva ni nada, pero, después, logré adelantar a muchos pilotos. A partir de ahí, hubo momentos en los que pensé que sería imposible pasar a Martín, pero mantuve la calma y estoy muy contento con la victoria. Aunque Jorge apretó durante toda la carrera, yo guardé algo de goma para ese último ataque", apuntó un eufórico Marc Márquez. A partir de la vuelta 19, de hecho, la pelea por el triunfo fue cosa únicamente de ellos dos. Bagnaia, poco a poco, fue perdiendo fuelle y se descolgó demasiado como para tener opciones de hacerles sombra, si bien también era muy improbable que alguien lograra bajarlo del podio.
Con Marc Márquez sediento de sumar una nueva victoria, viéndola tan de cerca, y Jorge Martín más que dispuesto a no dar fácilmente su brazo a torcer, la pelea entre los dos pilotos españoles fue de altísimo voltaje. Si el de Cervera lograba ponerse por delante en un paso por curva, el madrileño respondía tirando de la mayor potencia de su montura para devolverle la jugada en la recta de meta. Hasta que, al final, en la penúltima vuelta, tras el último ataque del seis veces campeón del mundo de MotoGP, el ahora mismo gran favorito para hacerse con el campeonato de este año decidió finalmente no volver a discutirle la victoria en pos de afianzar un poco más el camino hacia su gran sueño.
En cuanto al resto de pilotos españoles, Maverick Viñales fue octavo, Raúl Fernández, décimo, Álex Rins, decimotercero, Álex Márquez, decimoquinto, Aleix Espargaró, decimosexto, y Augusto Fernández, decimoséptimo. Joan Mir, por su parte, sufrió una caída que le obligó a abandonar la prueba y Pedro Acosta fue declarado no apto para competir como consecuencia de las secuelas que dejó en su hombro izquierda la caída sufrida en la sprint race del sábado.