No piensen que Estados Unidos es una selección recién llegada a los Mundiales y a los éxitos, aunque es bien cierto que no quedarán aficionados vivos que lo recuerden. Los estadounidenses fueron semifinalistas en la primera Copa del Mundo, en Uruguay 1930, regresaron en Italia cuatro años después, eliminados en fase de grupos, y derrotaron a Inglaterra (1-0) en Brasil en 1950. Desde entonces, y hasta 1986, desapareció. Para aquella edición, que se jugaría en México, había intentado ya ser anfitrión, pero tuvo que esperar hasta 1994. Antes, y como condición, la FIFA le había puesto deberes: crear un campeonato nacional de clubes profesionales. Así fue como nació la Major League Soccer (MLS), cuyo crecimiento ya le ha dado a Estados Unidos para nutrir de talento a una selección que arrancó goleando a Paraguay y que medirá sus fuerzas con Australia y Turquía.
Solo cinco de los 26 jugadores de Mauricio Pochettino en esta Copa del Mundo se han formado en canteras de equipos europeos de la Premier, la Bundesliga o el campeonato holandés. Se trata de Sergiño Dest, Robinson, McKenzie, Tillman y Balogun. Alguno nació estadounidense por casualidad e, incluso, llegó a jugar con las inferiores de los países de origen de sus padres o donde se criaron, pero luego eligieron jugar con la absoluta norteamericana. Esto contrasta con que ocho, que no son ninguno de los anteriores, juegan actualmente en la MLS. Un híbrido de selección que muestra cómo la inversión en talento en cuatro décadas ha provocado que, formados en la MLS, haya futbolistas americanos en equipos de las cinco grandes ligas europeas. El soccer ya es fútbol y desde el viejo continente y Sudamérica no se le mira por encima del hombro ni es un retiro dorado.
Ahora, sus 30 franquicias repartidas por todo el país llevaron en 2025 a más de 11 millones de espectadores a los estadios, con una media que marcó un récord en 2024, 23.234, lo mismo que algunos estadios de Primera División. Quien más llenó las gradas en 2025 fue el Atlanta United, con una entrada de 43.992 espectadores, similar a la que se registra en cada partido de Liga en Mestalla. En este Mundial, hay 44 jugadores que juegan en la MLS, lo que convierte en el sexto campeonato que más futbolistas aporta, por detrás de las cinco grandes y de la Liga Saudí.
Difíciles comienzos
Este despegue del fútbol en Estados Unidos ha tenido tres grandes fases. La primera comenzó en los años 70, cuando la North American Soccer League (NASL) arrastró al final de sus carreras a leyendas como Pelé y, más tarde, a Franz Beckenbauer o Johan Cruyff. Aún era un deporte del que disfrutaban emigrantes de países con tradición como Inglaterra, Italia o Sudamérica. Sin embargo, no consiguieron arraigar un campeonato, algo que la FIFA les puso como condición para ser sede en 1994.
Arrancó la MLS con 10 equipos sin estadio propio, con uso compartido con la NFL o el béisbol. Las pérdidas económicas fueron evidentes a pesar de que el Mundial llevó a los estadios a 3,5 millones de seguidores, lo que fue un récord histórico para la FIFA en ese momento. Eso no evitó que, en 2021, arrastrara en un bache económico tan importante que se replanteó el formato e incluso la existencia.
En 2007, el inicio de la recuperación lo marcó la llegada de David Beckham a Los Ángeles Galaxy. La estrella británica, cuya figura trascendía el fútbol, puso el foco en la competición y comenzaron llegar los grandes jugadores y los patrocinios. Para eso hizo falta la ‘Regla de designación de jugadores’, llamada también Regla Beckham, que permitía a los clubes saltarse el límite salarial para firmar a tres jugadores, que no pagaría la liga sino el propietario de cada franquicia. Esto permitió la entrada de futbolistas como Kaká, Henry, Ibrahimovic, Pirlo o David Villa. Un año después, el precio para invertir en una franquicia se había multiplicado por diez y, aun así, se expandieron.
Balogun y Robinson festejan el triunfo ante Paraguay.
Por primera vez, se estimula la llegada de profesiones que mejoran el nivel físico y táctico doméstico, y que incrementan la competitividad. De 13 equipos se pasó a 29, el impacto comercial fue muy alto y se cambió la percepción de la competición. Ahora bien, la regla Beckham no modificó el límite salarial impuesto a la mayoría de jugadores, lo que comenzó a provocar que el talento que emergía emigrara en su pico de máximo rendimiento.
Sin embargo, la competición encontró otra vía para seguir la escalada y tiene el nombre de Leo Messi. El Balón de Oro en activo, tras dejar el PSG, eligió la MLS para seguir jugando. En concreto, el Inter Miami, donde se rodeó de Sergio Busquets, Jordi Alba y ahora Rodrigo de Paul, todos campeones del Mundo. La MLS había alcanzado un año antes un acuerdo con Apple TV como plataforma oficial de streaming, y solo el anuncio de la llegada del argentino hizo que se duplicaran las suscripciones y más del 50% de la audiencia pasó a consumir los partidos en español. La asistencia creció y los rivales notaron un incremento de sus ingresos cuando recibían al Inter. El fútbol empezó a interesar en Estados Unidos y la MLS en el resto del mundo.
Ese arrastre está provocando que haya grandes cifras de asistencia de locales a los partidos de la Copa del Mundo y que haya crecido exponencialmente el apoyo a una selección que podría convertirse en una de las sorpresas del campeonato. Su listón queda en los cuartos de final, alcanzados en el Mundial de Corea y Japón 2002, cuando Alemania, con un gol de Michael Ballack en el minuto 39, les privó de poder volver a una semifinal. Ahora, en el camino hasta allí habrá una ronda más.






